Disclaimer: Black Clover y sus personajes pertenecen a Yūki Tabata.
-Eterno-
[Yamichar Week 2022]
Día 1. 'Promise' / 'Nightmares'
Tras su largo rato en el baño, en el que reflexionó de forma distendida y concienzuda sobre las impactantes noticias que acababa de conocer, decidió que no podía seguir perdiendo el tiempo.
No podía, porque no le veía sentido a que la situación siguiera enmarañada y sin resolver entre ambos. Había pasado más de un año desde que la supuesta declaración se llevó a cabo y, durante todo ese tiempo, se había estado preguntando qué pasaba con Charlotte.
Normalmente, lo trataba de forma fría e indiferente, pero al menos le dirigía la palabra. Sin embargo, los últimos tiempos los habían llevado a una espiral de cero interacciones que no comprendía del todo. Y ahora que tenía la respuesta a toda esa incógnita sobre su comportamiento, no le parecía creíble.
Jamás había sentido un movimiento similar al del ki de Charlotte en otra persona cuando estaban cerca. Era violento, fluctuaba de forma enérgica y desprendía un aura extraña, intensa, casi explosiva. Siempre pensó que realmente lo odiaba con una intensidad fuera de lo común. Lo que nunca imaginó fue que ese ki tan masivo, tan sumamente distorsionado, significaba que estaba enamorada de él.
En realidad, tenía sentido. Si se detenía a pensarlo, Yami nunca había sido amado. Sí lo había sido como figura paterna, como mentor, capitán, maestro, familia. No era ese tipo de sentimiento, porque eso sí que lo conocía, sino que nunca había sido amado de forma romántica, en otro plano distinto del sentimiento más complejo que puede experimentar el ser humano. Así que no podía conocer cómo se comportaba el ki de una persona enamorada.
Era… desconcertante y raro. Si le gustaba a Charlotte, no entendía que ella, teniendo un increíble arrojo y valentía en prácticamente todos los aspectos de su vida, no hubiese sido clara desde un principio. Y realmente ni siquiera podía trazar ese inicio de su sentir, pero quería averiguarlo y, sobre todo, quería saber por qué no había sido capaz de decírselo.
No le gustaba que actuara así. No le agradaba la idea de pensar que ya siempre huiría cuando él estuviera presente, que se sentaría lo más lejos posible en las reuniones para evitarlo, que le apartaría la mirada constantemente o que ni siquiera le dirigiría la palabra. Cada vez que lo pensaba, que lo notaba, una especie de quemazón inusual se empezaba a esparcir por su pecho y era algo que no quería seguir experimentando.
Recordaba bien la primera vez que la vio. Sus ojos eran tan azules que lo dejaron casi paralizado, porque le dieron la sensación de que eran cuchillas de hielo afiladas y listas para atacar. Charlotte nunca lo había tratado demasiado bien —pronto entendió que era simplemente por ser un hombre—, pero a él le gustaba sentirla cerca. Hacerla enfadar era una sensación divertida y entretenida, pero siempre supo que había algo más.
No, no podía afirmar que estuviera perdidamente enamorado de ella, pero sí que le gustaba de una forma irracional y que muchas veces no lograba comprender. Siempre le había parecido preciosa, alguien que sin duda alguna le despertaba un sentimiento de deseo bastante potente. Pero no se quedaba todo ahí. A Yami le gustaban las mujeres fuertes, lo supo desde siempre. Y cuando la veía luchando, desplegando su hermosa e increíble magia llena de rosas y espinas y siendo la guerrera espléndida que era, sentía una especie de latido intenso e inexplicable en su corazón.
Nunca le había dado demasiada importancia hasta ese momento, porque siempre pensó que lo detestaba profundamente, pero ahora todo había cambiado. Lo que no entendía bien era que absolutamente nadie le hubiese dicho que Charlotte se le había confesado y por eso actuaba más extraño de lo normal en más de un año, pero ese hecho no importaba.
Tenía que confrontarla. Tenía que saber si había alguna oportunidad, aunque fuera mínima, de acercarse de un modo más estrecho e íntimo a ella; en definitiva, de la manera en la que siempre había deseado.
Recorría el pasillo principal del Palacio Real a paso más bien rápido. Estaba deseando salir de allí, aunque no supo cómo, se había entretenido en su huida hacia su base al haber sido interceptada por Rill, que quería comentarle algunos temas sobre sus últimas misiones. Pero la conversación ya había acabado definitivamente, así que decidió ponerse en marcha de nuevo para irse de la forma más apresurada posible.
No quería ni siquiera pensar en la idea de volver a encontrarse con Yami. Solo verlo hacía que las manos, nerviosas y ansiosas, le temblaran con violencia. Lo estaba pasando muy mal. Pensaba que confesarse era difícil, pero en el contexto en el que lo hizo, le resultó tremendamente sencillo. El problema fue que sus palabras, repletas de amor genuino y sinceridad profunda, jamás le llegaron. Y a partir de ese momento solo pensaba que nada valía la pena; que ni siquiera ella lo hacía.
Quería volver a hablarle, aunque fuera de la forma distante y apática con la que lo solía hacer justo antes de la fallida confesión, pero es que ya no le salía. Las palabras se quedaban ancladas en su garganta, sus ojos azules no podían observar su rostro por más de dos segundos seguidos y ni siquiera podía soportar la idea de imaginarse estando a su lado o sosteniendo una conversación con él, por trivial que fuera.
Eso no significaba, por supuesto, que sus sentimientos hubieran cambiado. Charlotte seguía amando a Yami. Y lo hacía de forma visceral, agresiva, potente y real. Pero no podía exteriorizarlo y el sentimiento de amargura que aquel hecho le provocaba le estaba reconcomiendo las entrañas y por ende, su tranquilidad estaba pendiendo de un hilo constantemente.
Solo anhelaba ser sincera. Quería llegar un día cualquiera a la base de los Toros Negros, cruzarse de frente con Yami y gritarle en la cara con todas sus ganas y fuerzas que estaba enamorada de él hasta los huesos, que ya no le importaba decírselo o si alguien más lo sabía… y hacerlo todo sin pensar en la respuesta, sin esperar una reciprocidad de sus sentimientos. Al menos, si sufría, quería hacerlo sabiendo que había sido honesta con sus propios sentimientos y con el hombre que llevaba en su pensamiento casi doce años, sin abandonarlo ni un solo día.
Pero no era capaz. Y sufría en silencio sin rechazo de su parte, solo por la incertidumbre de saber qué era lo que Yami pensaba sobre ella y por su cobardía con ese tema, nada acorde a su personalidad y a su arrojo innato además.
Frenó en seco en mitad del pasillo, sintiendo una presión anómala en su pecho. Se detuvo y respiró un par de veces de forma profunda para calmarse. Cerró los ojos y apoyó su mano derecha sobre su corazón. Estaba harta. Estaba completamente hastiada. Y no era de la situación, no era del despecho, de la incertidumbre… era de sí misma. No soportaba la idea de seguir huyendo de forma infinita.
Justo antes de volver a ponerse en marcha, escuchó una voz llamándola a través del pasillo. No estaba demasiado lejos. Reconocía la voz perfectamente. No solo la había escuchado haciendo bromas y desafiando a enemigos durante más de una década, sino que también la había logrado oír en sus sueños, de forma tenue, dulce, diciéndole que no podía seguir viviendo sin ella a su lado, susurrándole que la amaba o gimiendo su nombre cerca de su oído mientras hacían el amor.
Por pura inercia, se dio la vuelta con los ojos vibrando con miedo. No quería afrontar ese momento, así que sus piernas se movieron automáticamente, pero no logró dar ni un solo paso. Yami sujetó su antebrazo para que esta vez no pudiera huir y ella volvió a mirarlo con una mezcla indescriptible de rabia y miedo brillando con intensidad en el azul de sus ojos.
—Charlotte, ¿podemos hablar un momento?
La Capitana de las Rosas Azules observó su rostro con algo de detenimiento, de un modo que llevaba sin hacer durante meses. Parecía serio, decidido. Sus ojos oscuros se afianzaban de forma penetrante en su rostro, tanto, que estaba llegando a intimidarla, ya que nunca la había mirado así. Sus labios cobijaban un cigarro encendido y a medio fumar y sus cejas se veían algo tensas.
—Tengo prisa —espetó sin pensarlo mientras se trataba de zafar de su agarre.
Sin embargo, no hizo falta. Repentinamente y sin previo aviso, el suelo bajo sus pies se derrumbó, provocando que cayeran, y las paredes se hicieron añicos tras formársele gruesas grietas en su superficie.
No hubo tiempo de reaccionar apenas. Lo único que Yami pudo hacer fue atraer el cuerpo de Charlotte hacia él para ponerla debajo, hacerle de escudo y que los escombros cayeran sobre su espalda.
Todo pasó muy rápido. Tanto, que Charlotte apenas vio unas ráfagas: el pecho de Yami delante de sus ojos, los trozos de paredes y suelo a su alrededor y después, su rostro adolorido encima de su cara. Su pelo negro caía casi acariciándole la punta de la nariz y no había rastro del cigarro que sostenían sus labios hasta hacía apenas unos segundos.
Sus pupilas temblaron al verlo en esas condiciones. Se movió un poco, haciendo que Yami se quitara de encima y se sentara mientras su cara formaba muecas de dolor. Los escombros habían hecho que quedaran atrapados en un habitáculo extraño y bastante pequeño, en el que apenas cabían los dos sentados. Algo muy grave debía estar pasando para que los robustos cimientos del Palacio Real se hubieran desmoronado de esa forma tan sencilla.
—¿E-estás bien? —musitó la mujer con la voz temblándole.
Quería ir a revisar sus heridas. Sabía que había tenido mucho peores, pero aun así no podía evitar preocuparse. Se arrastró un poco como pudo para quedarse más cerca y justo detrás de su cuerpo.
—Sí, no te preocupes. ¿Tú estás bien? —le preguntó con la voz suave, y le pareció tan melodiosa y llena de inquietud por su estado que le entraron unas ganas desorbitadas de abrazarlo.
—Sí… Yami, gracias. Yo…
—No hace falta que me las des.
—Pero tu espalda…
—Estoy bien. He tenido heridas peores.
Charlotte se quedó en silencio durante algunos segundos. Tragó saliva con insistencia y estiró su mano sin pensárselo dos veces hasta dar con el borde de la camiseta rasgada de Yami. La levantó y le pareció ver su piel erizándose por el acto, pero lo ignoró; no quería hacerse ilusiones en vano.
Acarició la superficie de su espalda ancha con delicadeza con las yemas de sus dedos. Estaba bastante magullada, con cortes, tenía sangre y contusiones. Incluso era posible que tuviera alguna costilla rota, pero no se quejaba en absoluto de su toque.
«Supongo que ya no puedo escapar», pensó, algo abatida. Era cuestión de tiempo que Yami retomara su casi inexistente e interrumpida conversación anterior. No se equivocó, porque en menos de un minuto, lo hizo.
El Capitán de los Toros Negros no se caracterizaba por su delicadeza o consideración, pero no esperaba que fuera tan visceralmente directo como lo fue en ese momento.
—¿Es verdad que estás enamorada de mí, Charlotte?
Al escuchar aquellas palabras, la mujer enrojeció completa. Sus piernas le pidieron huir, pero era consciente de que aquello era algo imposible. No entendía cómo lo sabía de repente, pero supuso que al fin alguien se lo había dicho. Suspiró y aún sonrojada, contestó a media voz.
—Sí…
El mundo pareció detenerse por completo en ese instante. Lo había dicho por fin y ahora Yami sí la había escuchado. Se sintió muy avergonzada, pero tremendamente aliviada también. Al fin había sido valiente, capaz de verbalizar lo que sentía y además de forma directa ante la persona a la que amaba.
—¿Quieres… tener una cita conmigo?
Charlotte parpadeó un par de veces, completamente incrédula ante aquella pregunta. No entendía qué estaba pasando, pero no quería darle vueltas sin sentido al asunto y desaprovechar aquella valiosa oportunidad, así que no le costó contestar en absoluto.
—Por supuesto que sí. Aunque primero debemos salir de aquí y averiguar qué está pasando, ¿no crees?
—Sí. Es una promesa entonces. Cuando todo esto que aún no tengo ni idea de qué es se acabe, tendremos una cita.
Simplemente asintió y lo vio mirándola de reojo. Le pareció ver una media sonrisa también en sus labios. Charlotte, de forma irremediable, le sonrió con verdad. Después de mucho tiempo esperando, por fin se sentía realmente en paz.
Decepciones, luchas, traiciones, muerte y destrucción se sucedieron en las siguientes semanas en el Reino del Trébol. Tanto Yami como Charlotte batallaron hasta no poder más, estuvieron al borde de la muerte y finalmente sobrevivieron, aunque, eso sí, su cita tuvo que posponerse un tiempo.
Tras la estabilización del reino, decidieron que era hora de que se vieran. Yami tenía muchas ganas de conocerla, de hablar con ella y, sobre todo, de escudriñar en esos sentimientos que revoloteaban en su corazón cada vez que la veía o escuchaba su voz, pero que se habían pasado muchos años dormidos en su interior.
Quería experimentarlo todo con ella. Charlar de cualquier cosa hasta bien entrada la madrugada, contarle toda la pesadumbre que su cuerpo arrastraba por el hecho de no saber nada de su familia que aún estaba en su país natal, que ella le describiera todas y cada una de sus cargas, su relación con su maldición y cómo se llegó a enamorar de él. Quería acariciarle la espalda desnuda y mirarla mientras dormía entre las sábanas de su cama a diario.
Tras esperar por menos de cinco minutos, la vio por fin a lo lejos. Le dio una calada a su cigarro y lo tiró al suelo para después pisarlo y apagarlo. Se acercó a ella.
La observó concienzudamente. Llevaba el pelo suelto, radiante, completamente dorado y más bonito que nunca por los efectos que hacía la luz del atardecer sobre él. Se había puesto un vestido sencillo de color violeta, que le cubría hasta la mitad de los brazos y le llegaba por encima de la rodilla. Su sonrisa tenue iluminaba todo su mundo y sus ojos azules resplandecían como jamás pensó que lo harían, mientras lo miraban directamente a él.
—Estás preciosa —dijo sin siquiera pensarlo, creyendo que aquella idea se había quedado encerrada en su pensamiento.
—Gracias… —musitó Charlotte mientras se sonrojaba ligeramente.
Yami la alcanzó y comenzaron a caminar uno al lado del otro, en silencio y con tranquilidad, con una complicidad inimaginable pululando por el ambiente.
Esa cita iba a ser, sin duda alguna, una de las mejores experiencias de su vida. Porque ese era el día en el que su vida junto a Charlotte Roselei finalmente daba comienzo.
FIN
Nota de la autora:
¡Ya está aquí la yamichar week! Estaba deseando que llegara porque los prompts de este año son muy buenos y amo esta parejita, así que tendréis contenido por mi parte durante toda la semana. Además que estoy segura de que habrá muchos fanarts preciosos y otros fanfics también.
Escribí hace un tiempo este one-shot, así que obviamente han pasado otras cosas en el manga (y pasarán), pero espero que os haya gustado mucho.
¡Nos leemos mañana!
