-Eterno-

[Yamichar Week 2022]

Día 2. 'Text Phone' / 'Hurting Words'


Todo comenzó con un malentendido. Palabras que se escuchan sin demasiado contexto y sin tener en cuenta qué está pasando por la cabeza de la persona que las dice o por qué expresa de esa forma ciertos hechos.

Charlotte estaba en el Palacio Real. Había tenido una misión con un grupo de sus chicas e iba a reportarla, justo como el protocolo establecía. No esperaba encontrarse allí con Yami que, en uno de los pasillos, fumaba mientras hablaba con Finral.

Lo miró desde la distancia, sin que él fuera capaz de verla. No sabía si había captado su ki cerca o si estaba tan concentrado en la conversación que no se había dado cuenta de su presencia, pero no quería interrumpirlo, así que se quedó allí simplemente observándolo.

Había habido avances sustanciales y muy importantes entre ellos. Charlotte, cansada de esconder sus sentimientos y dispuesta por fin a mostrarlos de una manera clara, para que Yami no tuviese dudas de su amor por él, lo había besado una noche tras una reunión de capitanes muy larga y que acabó cuando el sol ya se había puesto.

Con las estrellas de fondo, se había atrevido a hacer lo que llevaba deseando durante tanto tiempo que no se acordaba de la época en la que no soñaba con sentir el tacto de los labios de Yami contra los suyos. Él la había correspondido sin titubear un instante.

Desde ese momento, habían pasado dos noches juntos, aunque no solo se limitaban a tener sexo. Hablaban, se estaban conociendo mucho más profundamente y Yami se mostraba como un hombre cariñoso y ligeramente más vulnerable de lo que los demás pensaban; incluso de lo que ella pensaba.

Nunca había experimentado una felicidad igual. No solo sentía que la persona a la que amaba realmente tenía sentimientos fuertes por ella, sino que le daba la sensación de que quería ser quien verdaderamente era solo cuando estaban juntos y mostrarle facetas de su vida, mentalidad y personalidad que nadie más conocía.

Eso era lo que pensaba hasta que escuchó la conversación que se produjo entre Yami y su chico de magia espacial.

—No… si lo digo porque la vi saliendo de la base muy tarde. Pensaba que le había pasado algo.

—¿Ahora vas a fingir que te preocupas por ella?

—Bueno… quiero decir, algo le pasaría para estar allí tan tarde.

—¿Ah, sí? ¿Y tú qué crees que es?

Finral se puso medio pálido y Charlotte sonrió. Yami podía ser muy intimidante si se lo proponía. Continuó escuchando, esperando a que la conversación terminara para acercarse a él y hablarle.

—Pues, bueno, creo que es obvio… Estáis juntos, ¿no?

La sonrisa de Charlotte se esfumó enseguida de su rostro. Frunció el ceño ligeramente y se decidió a prestar atención a las palabras que dijera Yami a continuación. Lo notó nervioso y observó cómo tiraba la colilla, apagándola con un pisotón después, para meterse la mano en el bolsillo y sacar un nuevo cigarro para seguir fumando.

—No estamos juntos. Charlotte y yo… solo nos hemos acostado un par de veces. No hay nada más entre nosotros.

Al oír su nombre saliendo de sus labios, su corazón latió, completamente apresurado, porque estaba hablando de ella con alguien más. Sin embargo, al procesar la información por completo, sintió la tristeza más grande de su vida. Le dolía mucho confirmar que era un divertimento para él, que no estaba intentando construir un vínculo entre ellos y que simplemente la quería para pasar un rato.

Tragó saliva para evitar que las lágrimas le cayeran de los ojos, se dio la vuelta y se fue rápidamente. Sin embargo, a medio camino fue interceptada por Yami, que la sujetó del hombro para detenerla y que se diera la vuelta.


Finral solía ser molesto, pero ese día lo estaba siendo de más. Aunque sabía bien que era su culpa por haberse descuidado.

Charlotte había pasado un par de noches en la sede de los Toros Negros y parecía que el mago espacial la había visto saliendo en al menos una de las dos ocasiones. Odiaba dar explicaciones. Lo odiaba con todo su ser desde que era pequeño y su madre le preguntaba qué hacía por las tardes en el puerto.

Se sentía muy raro. Tenía claro que en ese punto de su vida amaba a Charlotte Roselei, pero no se atrevía a decirlo, no sabía en qué momento estaba su relación y tampoco creía que tuviera derecho a decidir por sí mismo qué eran. No habían hablado sobre el tema. Solo quería que las cosas siguieran un curso natural, que fluyeran si que nadie se interpusiera en ello, no ponerse etiquetas.

Por esa razón, ante la insistencia de Finral, le confirmó lo que no podía negar: que Charlotte y él habían tenido dos noches de intimidad. ¿Si no, que iba a hacer ella saliendo de la base de madrugada?

Nunca fue bueno con las palabras. Las soltaba sin pensarlas, decía lo primero que se le ocurría y sabía que muchas veces la fastidiaba por eso. Nunca le había importado demasiado hasta ese día.

En cuanto sintió una alteración extremadamente brusca en el ki de alguien que no era Finral, se concentró en saber quién los estaba escuchando. Y cuando se dio cuenta de que precisamente Charlotte lo había oído hablando de esa forma tan superficial del vínculo que intentaban edificar, supo que había metido la pata hasta el fondo.

Yami había sentido muchas fluctuaciones distintas en el ki de Charlotte a lo largo de los años. Hubo un tiempo en el que las confundía constantemente, pero nunca había percibido un altibajo tan fuerte emanando de su energía vital. Estaba decepcionada, enfadada y, sobre todo, muy triste. Y sabía que era completamente su responsabilidad por decir cualquier cosa sin analizarla previamente, así que quería solucionarlo lo antes posible. Porque Charlotte le importaba de verdad y, por primera vez en la vida, sentía que quería pasar el resto de sus días observando el mismo rostro al despertarse.

Se fue detrás de ella sin pensárselo dos veces, dejando a Finral con la palabra en la boca y sin entender bien qué era lo que estaba sucediendo. La alcanzó rápido a pesar de que llevaba paso ligero. Sujetó su hombro con determinación pero también con gentileza para darle la vuelta. Y lo que vio en sus ojos le rompió el alma en mil pedazos, porque lo último que quería era hacerla sufrir.

El azul de su mirada irradiaba una profunda desilusión hacia él. Era raro verla así y sentir que toda esa situación era su culpa era muy doloroso. Pero lo iba a arreglar. Tenía que hacerlo, porque llevaban poco tiempo viéndose en esos términos, pero ya no podía imaginar un futuro sin ella. No quería visualizarlo, más bien.

—Charlotte, yo…

—No necesitas darme ninguna explicación. Me ha quedado claro.

—No era eso lo que quería decir.

—Igualmente lo has dicho —espetó ella, tajante.

Yami fijó sus ojos en su labio inferior. Temblaba. Sabía que estaba fingiendo ser distante y apática y que realmente quería reclamarle más, enterrarlo en sus zarzas o echarse a llorar. Se acercó un paso hacia ella, pero Charlotte se movió a la misma vez, dejando el espacio suficiente entre sus cuerpos.

Estaba dolida y podía entenderlo, pero también era cierto que nunca habían definido su relación, así que se lo transmitió de ese modo.

—Pero realmente es la verdad. No estamos juntos.

La vio desviando la mirada. Cada vez que decía algo se equivocaba un poco más, porque con cada frase que pronunciaba parecía ver a Charlotte más triste.

—Y tampoco merece la pena que lo estemos.

Yami sintió una presión extraña en el pecho. No quería que la conversación sobre la situación que compartían acabara así, pero realmente no sabía qué más decir. No tenía ni idea de cómo arreglar todo ese embrollo, de cómo hacer que Charlotte confiara en él o que supiera que verdaderamente quería que estuvieran juntos. Así que simplemente no dijo nada.

Charlotte volvió a mirarlo, pero no siguió hablando más. Se dio la vuelta y se fue. Yami no fue capaz de detenerla, porque sinceramente no sabía qué decirle para revertir la situación. Necesitaba pensar. Pero arreglaría ese malentendido porque desde el momento en el que se dio cuenta de sus sentimientos por ella, solo se imaginaba formando parte de su vida para siempre.


Aquel domingo había sido un día largo y aburrido. Las luces rosadas y anaranjadas del atardecer cubrían el cielo y Charlotte decidió salir al jardín a tomar el té sola y en silencio. Muy pronto, a esas horas haría tanto frío que no podría estar allí tranquilamente, así que disfrutaría de los pocos días de temperaturas afables que quedaban.

Se sentó y colocó la taza en la superficie de la mesa blanca. Le dio un sorbo y miró uno de los rosales que había en el jardín. Sus ojos azules se estancaron completamente allí y después empezó a darle golpecitos ligeros a la mesa con el dedo para tratar de tranquilizarse por completo.

Sin embargo, no podía. Y aquello le sucedía desde hacía tres semanas, concretamente desde que discutió con Yami. No habían vuelto hablar. Ella lo rehuía como en los viejos tiempos y él no parecía querer actuar con mucha efusividad, así que, aun con el corazón roto de dolor por la situación, decidió que lo mejor sería pasar página.

No era fácil. Habían tenido una pseudo-relación corta pero muy intensa y todavía recordaba la forma suave en la que le besaba el cuello cuando quería pedirle algo de cariño.

Podrían haber sido todo juntos, pero se quedó en la nada y todavía no estaba segura de cómo iba a hacer para seguir adelante y volver a estar bien. Incluso sus chicas habían notado que su estado de ánimo era mucho peor en las últimas semanas y habían intentado subírselo, pero nada había servido.

—Capitana, tienes visita.

La voz de una de sus chicas se coló en medio de sus pensamientos. No la escuchó siquiera llegar, pero ahí estaba, así que volteó la cabeza inmediatamente para verla. No tenía ganas de aguantar a nadie, así que fue clara en su respuesta.

—Dile que estoy ocupada.

—Es que… ya está aquí.

—Es muy feo eso de mentir a las visitas, Reina de las Espinas —escuchó decir a Yami, que estaba ligeramente apartado de ambas mujeres.

Fijó su vista en él. No esperaba que fuese a su base y mucho menos que trajese entre las manos un ramo de rosas rojas gigante que, presumiblemente, sería para ella.

—Yami…

Se quedaron solos, así que Charlotte se levantó y se acercó despacio. No era alguien que dejara atrás los enfados de forma fácil, pero tenía que reconocer que estaba muy sorprendida —y avergonzada también— por aquel regalo.

—Te he traído algo. Finral dice que a las mujeres os gustan las flores y sinceramente yo no le veo la gracia, pero como no tengo ni idea de relaciones, le he hecho caso por una vez.

Al escuchar el término 'relaciones', Charlotte sintió su corazón latiendo por un instante más rápido de lo normal, pero se obligó a calmarlo, porque no quería ilusionarse para nada. Le había sucedido en demasiadas ocasiones y no estaba dispuesta a pasar por algo así de nuevo.

—¿Piensas que por darme un ramo de rosas se soluciona todo?

—No —dijo Yami de forma suspirada.

Ofreció de nuevo las flores y Charlotte las cogió para soltarlas en la mesa del jardín. No podía negar que eran bonitas y que el aroma que desprendían era muy bueno, pero no por eso las palabras que había escuchado de su parte le dolían menos.

Se dio la vuelta de nuevo y lo miró. Parecía arrepentido, pero quería escucharlo directamente de él. Que la hubiera ido a buscar y el regalo eran pasos importantes, pero no debían ser los únicos.

—No dije que estábamos juntos porque no lo sabía y tampoco quería comprometerte a ti ni exponerte de formas en las que no quisieras.

—¿Exponerme? Le dijiste a tu chico que nos hemos acostado, ¿no? ¿Hay otra forma de exponerme aún más?

—¿Qué querías que le dijera? Te vio saliendo por la noche de mi base. Son todos idiotas en general, pero no tanto.

Charlotte se sonrojó levemente y sus ojos se posaron en el suelo. La conversación no estaba tomando buen rumbo, así que supuso que no había nada más que hacer.

—Mira, Yami, está claro que estamos en niveles distintos. Será mejor que nos olvidemos de esto que ha pasado entre nosotros y…

—No. —Ante la decisión con la que la interrumpió, Charlotte volvió a mirarlo—. No quiero que olvidemos nada y sé que tú tampoco. Siento muchísimo si te hice daño. No estaba seguro de hablar sobre lo nuestro sin tener una confirmación de tu parte. Pero estoy enamorado de ti, Charlotte, no te puedes imaginar cuánto. Así que he venido a decirte que quiero estar contigo. Si tú quieres también, claro.

Se quedaron ambos en silencio mientras se miraban. Charlotte sentía un ardor muy conocido en el pecho, pero parecía que su cerebro no era capaz de enviar la orden necesaria a su cuerpo ni a sus labios para abrazarlo y decirle que jamás había anhelado algo más que tener una relación de pareja con él.

—¡Dile que sí! —gritó repentinamente una de las chicas de las Rosas Azules.

Los dos capitanes se giraron para verlas a todas medio escondidas entre los arbustos y las columnas del jardín. Yami se rio mientras se rascaba la cabeza y Charlotte enrojeció por completo.

—Entonces, ¿qué me dices? —le preguntó con una sonrisa juguetona en los labios.

—Siempre les hago caso a mis chicas… —susurró ella suavemente.

Sintió a Yami acercándose, sujetando su cintura y atrayéndola hacia su cuerpo.

—Démosles un poco más de entretenimiento.

Antes de poder reclamar nada, la besó. Y ella realmente estaba algo avergonzada y confusa, pero también muy feliz, así que correspondió al beso mientras lo abrazaba y escuchaba los gritos exacerbados de todas las chicas que vivían en esa base.


FIN


Nota de la autora:

Ay, los seres humanos y sus múltiples errores y tropiezos. Las relaciones son complicadas en algunas ocasiones y cuando vi el prompt de este día, automáticamente pensé en Yami diciendo palabras hirientes porque hablar no es su fuerte xd y ni me planteé el otro prompt porque, como sabéis, no suelo hacer AUs.

Espero que hayáis disfrutado mucho leyendo y que nos veamos mañana también.