-Eterno-

[Yamichar Week 2022]

Día 3. 'Bonds' / 'Mirror'


Parecía que iba a llover. Las nubes oscuras se arremolinaban en el cielo, justo sobre sus cabezas, como presagio de una fuerte tormenta que descargaría toda su fuerza en los próximos minutos. Sin embargo, Yami no pensaba moverse de ese lugar, no al menos sin que Charlotte le dijera la verdad. Y no una verdad contada por otros o susurrada en rumores por toda la extensión del Reino del Trébol, sino una verdad que saliese de sus propios labios.

Llevaba mucho tiempo pensando en qué sentía con respecto a ella. Siempre había sabido que su físico le atraía mucho, que admiraba sus capacidades y que la consideraba una gran persona y guerrera. Pero todo explotó en su interior cuando Finral le soltó la bomba: Charlotte estaba enamorada de él.

No tenía sentido. Ella era una noble destacada, educada, fuera de su liga. Él, en cambio, era un plebeyo extranjero, dotado con una magia que solía despertar repulsión entre la mayoría de la gente y conocido por sus malas costumbres y vicios y por ser el líder de una orden completamente desastrosa. No la merecería ni aunque naciera cien veces de nuevo.

Pero aun así, ella parecía amarlo. No entendía la raíz de ese sentimiento, si siempre lo había tratado poniendo límites. No podía decir que fueran amigos, pero sí que le tenía mucho aprecio —después de todo, habían estado al borde de la muerte juntos en varias ocasiones—, pero pensaba que la Capitana de las Rosas Azules tenía otro pensamiento sobre él.

Y en realidad, no se equivocaba en lo absoluto sobre la idea, pero sí sobre el trasfondo, ya que siempre pensó que lo odiaba de forma completamente irracional e irreal, ¿y lo que le ocurría realmente era que lo quería? No tenía mucha lógica.

Aun así, aunque toda esa situación pareciera completamente contradictoria, quería saber la verdad. Así que, tras la reunión de capitanes que se llevó a cabo cuando la nueva amenaza que surgió en el Reino del Trébol se atajó, decidió encararla.

Se iba a su base a paso más bien rápido, pero no le importó. En mitad de la calle, la llamó entre la muchedumbre. Ella se detuvo. Parecía que su cuerpo estaba tenso, nervioso, pero también que no le apetecía más huir de lo que sentía, y que quería enfrentarse de una vez por todas a sus sentimientos.

Le miró la espalda y se quedó en silencio. Tras algún que otro minuto esperando y dándole el tiempo que fuera necesario, se dio la vuelta. Su rostro reflejaba preocupación, miedo, angustia… y aquello a Yami lo emocionó como nunca. Porque jamás había visto sus ojos titilando con tanta autenticidad y ese hecho lo tenía completamente conmovido.

Estaba sonrojada también. Se notaba que ese paso era uno que le costaba mucho dar, pero ya bastaba de esconderse. Bastaba de decir verdades a medias, de rehuir la realidad; Yami quería que fuera sincera. Quería saber si él podía llegar a serlo también.

Dio un paso al frente. El labio inferior de Charlotte tembló ante su movimiento, pero se quedó allí, de pie junto a él. Estaba siendo fuerte. Sabía que le costaba la situación, porque no debía ser fácil confesarle a la persona que amas tus sentimientos, que no los oiga y vivir durante más de un año con nulas consecuencias y expectativas de un futuro compartido y, sobre todo, sin saber qué piensa esa persona sobre ti.

Pero todo iba a cambiar a partir de ese momento. Yami iba a ser claro y esperaba que ella también. No, sabía que ella también iba a serlo. Se le notaba en la mirada que, aunque asustada, destellaba también un brillo lleno de decisión.

—Yami, yo…

—No sabes cuánto me alegra que estés bien y poder verte de nuevo —le soltó, de la forma más natural del mundo.

Las batallas que se habían sucedido las últimas semanas habían sido francamente duras y, al igual que él, Charlotte había estado a punto de morir en varias ocasiones. Pero, como si se tratara de una obra del destino, que pretendía que ese momento sucediera, habían sobrevivido ambos y eso les permitía por fin saldar las cuentas que tenían pendientes.

Quería que lo supiera, que ella le importaba, que velaba por su bienestar y que se sentía aliviado de verla allí, justo enfrente de él y completamente a salvo.

—Yo… también me alegro de que estés bien. Ha sido una guerra difícil. Realmente pensé que no… podríamos hablar nunca más.

Yami la observó. Había bajado un poco su rostro para mirar hacia el suelo, mientras su sonrojo crecía tenuemente. Era preciosa. Dios, era tan perfecta que seguía sin poder comprender por qué una mujer de esas características se había fijado en alguien como él, si literalmente podría tener al hombre o la mujer que ella quisiera.

Le sujetó la barbilla y le alzó el rostro para que lo mirara. Quería que se fijara en él en todo momento. Se sentía un poco egoísta, pero sentía un deseo extraño de que, a partir de ese día, no dejara de mirarlo jamás.

No supo qué más decirle. Estaba completamente convencido de que le preguntaría de forma directa qué sentía por él, pero las palabras no le salían, porque se quedó prendado y perdido en el brillo de sus ojos azules e intensos.

No necesitó, sin embargo, hablar. Cuando menos lo esperaba, Charlotte se inclinó un poco y rozó sus labios tímidamente con los suyos, mientras él seguía sujetándole la barbilla. Cuando se separaron, notó que sus pupilas vibraban con algo de congoja. No pudo aguantarle la mirada por demasiado tiempo, así que lo abrazó, escondiendo su rostro en su pecho y sujetando con fuerza su camiseta por la parte de su espalda.

Yami rodeó su cuerpo con sus brazos. No supo qué estaba pasando, pero sentía el corazón de Charlotte latiendo con fulgor sobre su pecho. O tal vez era el suyo, tal vez eran ambos haciéndolo al unísono, pero no le importaba demasiado. Solo quería que ese momento único y mágico no dejara de repetirse mientras siguiera existiendo.


Coló la mano por debajo de la almohada y la sujetó con fuerza mientras sentía una de las manos de Yami sobre su cintura. Sus caderas se movían de forma inexperta, pero el momento estaba desarrollándose mucho mejor de lo que esperaba.

Siempre supo que las primeras veces son algo difíciles, pero la suya no estaba yendo tan mal como lo imaginaba. Yami estaba siendo muy gentil. Se notaba que tenía ganas de moverse con mucha más potencia, pero se estaba conteniendo y sabía que lo estaba haciendo por ella.

Abrió los ojos un instante. Parecía bastante concentrado, no sabía si en su propio placer o en tratarla suavemente para no dañarla. Sus ojos se cruzaron y no pudo evitar un movimiento un poco más profundo, que hizo que Charlotte arqueara la espalda de placer y se mordiera los labios.

Lo vio inclinando la cabeza para besar uno de sus pechos y entonces no pudo reprimirse más y gimió, haciendo que el sonido inundara toda la habitación. La miró de nuevo. Sabía que estaba algo sonrojada por dejarse llevar tanto, pero no podía aguantar más. Estaba disfrutando y su cuerpo le pedía que lo expresara claramente.

Sintió a Yami colando la mano debajo de la almohada, justo donde ella tenía la suya. Entrelazó sus dedos, acariciándolos y transmitiéndole así que no pasaba nada, que todo estaba bien y que no tenía nada de qué avergonzarse.

Se dejó de mover un instante y, con los ojos aún pegados en su mirada azul, le habló.

—¿Estás bien? ¿Te está gustando?

Charlotte asintió rápidamente. Nunca pudo imaginar que Yami tendría esa faceta tan tierna, delicada y hasta un tanto tímida, pero no podía negar que le encantaba, porque la hacía sentir cuidada, amada. Y no había mejor sensación en el mundo que sentir que la persona a la que llevaba tantos años amando se sentía genuinamente igual con respecto a ella.

—Me está gustando mucho.

—A mí también —susurró y luego rozó suavemente la nariz contra su mejilla.

Lo sintió apoyando su rostro contra su cuello y los movimientos continuaron. Alzó las piernas para rodearle la cintura. Quería que estuviera tranquilo, que supiera que lo estaba disfrutando y que no había nada que deseara más que ese momento.


Nunca había sentido tanto miedo como cuando escuchó esa frase. Sí, efectivamente, Charlotte le había dicho el típico «tenemos que hablar» y desde hacía dos días, andaba nervioso e irritado por toda la base.

No habían discutido ni habían tenido ningún problema aparentemente, así que no sabía a qué venía eso. Lo que sí sabía era que, en el fondo, estaba muy asustado. Su cuerpo lo traducía en reacciones de enfado pero lo que realmente le sucedía era que tenía mucho miedo. Miedo de perder a la única persona en la que se veía reflejado siendo alguien mejor.

Dio un par de vueltas más por su despacho, nervioso. Llevaba apenas cinco minutos esperando a Charlotte, pero ya se sentía ansioso. Ella no solía retrasarse ni por un solo minuto cuando quedaban para verse, así que su tardanza solo podía ser un presagio de algo malo que iba a pasar.

Escuchó tres toques en la puerta y se detuvo. Fue hacia allí y la abrió. Era ella. La dejó pasar y entró casi en silencio. Estaba muy seria. Yami tragó saliva. Llevaba cuarenta y ocho horas rezándole a todos los dioses habidos y por haber que la hubiese fastidiado, Charlotte le dijese el motivo y se quedara en nada tras pedirle perdón, pero no creía que fuera el caso.

La observó atentamente. Estaba rara. Para empezar, no iba vestida con su uniforme ni llevaba el usual moño que se solía hacer. Parecía que había ido a algún sitio, a hacer una visita o algo similar.

No importaba. Lo único que necesitaba saber con urgencia era qué pasaba, porque en sus ojos, a pesar de que desprendían seriedad, también había miedo. Lo sabía. Hacía no demasiado tiempo que estaban juntos, pero sabía leerla y esa mirada y ese semblante solo podían significar que estaba preocupada.

Le sujetó las manos delicadamente. Le pareció notarla temblando, pero aun así, le sostuvo también la mirada.

—¿Qué pasa? —preguntó, sin esperar a que ella hablara primero, porque los nervios que estaba sintiendo en la boca del estómago casi no lo dejaban pensar.

—Yami… Quería decirte esto de otro modo, pero creo que es mejor que sea directa.

Yami soltó el agarre de las manos. Lo iba a dejar. Estaba claro. Se había cansado de su actitud, de sus malos hábitos o simplemente de estar con él. El amor se acaba, eso es innegable. Pero pensaba que el vínculo que estaban construyendo era sólido, pensaba que todo iba bien entre ellos. No podía soportar la idea de vivir sin ella. No era algo que le hubiese sucedido hasta hacía poco tiempo, pero en ese momento estaba sintiendo cómo su alma se despedazaba por completo.

—No he venido hasta hoy porque no estaba segura. Hace unos días noté una falta en mi período y justo esta mañana he ido a ver a Owen. Estoy embarazada, Yami.

El hombre alzó una ceja con incomprensión.

—¿Eh?

—Que estoy embarazada —repitió, algo molesta.

Entonces, ¿no iba a dejarlo? ¿No se había cansado de sus vicios, de sus malas palabras o de su manera de vivir y pensar? Podía seguir viviendo con ella, sintiendo con ella y encima le iba a dar un hijo. Era tanta información que procesar que no sabía qué responder.

—¿No dices nada?

—Perdón, es que… me ha pillado por sorpresa.

—¿Te ha pillado por sorpresa? ¿Con todas las veces que lo hemos hecho sin tomar precauciones? ¿De verdad? —Yami intentó balbucear algunas palabras, pero nada salió de su boca. Realmente, había sonado muy estúpido—. Vamos a dejar que la noticia se enfríe un poco y ya lo hablamos. Será mejor que me vaya.

A pesar de sus palabras y sus intenciones, no la dejó irse. Sujetó su antebrazo y la atrajo hacia sí para abrazarla. La sintió temblar. Quería hacerse la fuerte, pero la noticia la tenía sobrepasada, nerviosa, asustada… y era más que probable que completamente entusiasmada e ilusionada también. Esa amalgama de emociones tan contradictorias la estaba experimentando él también, así que quería ser su apoyo. Que los dos se dieran el soporte que necesitaban.

—Sois lo… mejor que me ha pasado en la vida. Gracias.

La sintió suspirando sobre su hombro y apretando el abrazo, aliviada.

Sus vidas iban a cambiar mucho a partir de ese momento, lo sabía, pero también estaba deseando vivir ese futuro nuevo junto a su familia.


Charlotte llegó tarde y cansada. Había sido un día largo, duro, con mucho trabajo y solo le apetecía dormir, a pesar de que no era alguien a quien le gustara pasar mucho tiempo en la cama.

Al llegar, se encontró con una estampa que le enterneció el corazón e hizo que se sintiera mucho mejor, más relajada y orgullosa de todo lo que había conseguido.

En el sofá de la sala estaba Yami durmiendo. Lo acompañaban sus dos hijas. Hikari dormía contra su costado y Hana, que era aún muy pequeña, entre sus brazos y apoyada en su pecho. Probablemente, se habrían quedado dormidos mientras la esperaban.

La imagen le produjo una felicidad inconmensurable. No podía creer que tuviera una familia tan especial. Había valido completamente la pena la espera, los años en los que pensó que Yami jamás le correspondería, la tristeza por no ser capaz de confesar lo que sentía y, sobre todo, haber sido capaz de saltar al vacío, de vivir, de entregarse a un hombre que era un desastre, de carácter difícil y descuidado, pero increíblemente bueno, atento y cariñoso también.

No podía pedirle más a la vida. Tras una infancia y adolescencia marcadas por su maldición y una época impregnada por la incertidumbre de no saber si algún día podría vivir el sueño de compartir sus días con la persona que amaba, lo había logrado. Y no solo eso, sino que tenía dos niñas preciosas, amables y únicas.

Se acercó a ellos y le acarició la mejilla a Yami, que se despertó algo desubicado.

—Vamos a la cama, anda.

Yami asintió. Afianzó el agarre de Hana y se levantó tras haberse asegurado de que Charlotte hubiese sujetado a Hikari para que no se cayera. La alzó para llevarla en brazos a su habitación, pero antes, sintió un beso tenue en los labios.

—¿Ha ido bien el día?

—Sí, no ha estado mal. Aunque ahora estoy mucho mejor.

Lo vio sonriendo y después subieron las escaleras los cuatro juntos.

Sin duda alguna, su lazo era cada vez más fuerte, más potente… y también más maravilloso que nunca.


FIN


Nota de la autora:

Escogí el prompt de 'lazos' para el día tres y se me ocurrió poner distintos momentos en los que el lazo de Yami y Charlotte se afiance. Hay muuuchos momentos en los que el vínculo de una pareja se refuerza, y muchas veces no tiene por qué ser con situaciones bonitas como estas, pero quería que la mayoría de los one-shots fueran fluffy, así que ahí vamos.

Es curioso que en varios fanfics yamichar, se describa a Yami teniendo una reacción de sorpresa ante un posible embarazo de Charlotte aun sabiendo que han tenido sexo sin protección xd (me incluyo, por supuesto) y me pareció interesante incluirlo por aquí por la casualidad que supone que salga en varias historias. Supongo que es un headcanon compartido porque Yami es idiota.

Por cierto, que me he dado cuenta últimamente de que escribo a Yami de la manera en la que más o menos me gustan a mí los hombres y no cómo es él jajaja así que perdón por el OOC intenso durante estos tres años en los que llevo escribiendo yamichar.

En fin, me despido aquí, con el deseo de que hayáis disfrutado mucho con la lectura.

Nos seguimos leyendo mañana.