-Eterno-
[Yamichar Week 2022]
Día 4. 'Sweet Dreams' / 'Last Words'
Advertencia previa: este one-shot es de clasificación M, por lo que tiene contenido adulto.
Patrullaba las calles más transitadas de la capital, como solía hacerlo todos los domingos. El sol estaba en su punto más alto y apretaba con fuerza, así que se detuvo unos instantes a beber un poco de agua en uno de los puestos del mercado, que se solía montar en la plaza central todos los fines de semana.
El día pintaba bastante tranquilo. La gente simplemente deambulaba alrededor de las calles, salía a comer fuera, a pasear con sus hijos y había algunas parejas dándose amor —de forma algo grosera, para su gusto— enfrente de todos.
Se detuvo a mirar el mercado desde unos metros de distancia y suspiró con pesar. ¿A quién pretendía engañar? Estaba celosa. Lo estaba de esas parejas jóvenes con toda la vida por delante y que se entregaban sin recelo al amor. Mientras tanto, ella, una capitana de orden fuerte, honorable y valiente, balbuceaba sin control cada vez que veía al hombre del que llevaba enamorada más de una década. Era increíble que estuviera rozando la treintena y se comportara delante de él como si fuera una quinceañera estúpida e inexperta.
Decidió seguir caminando un rato. Era buen momento para escurrirse por los callejones en los que menos gente había y, por ende, más delitos se cometían. Así que comenzó su recorrido, fijándose detenidamente en la gente que veía. Detuvo un robo a una señora mayor, enterró al hombre que lo intentó con sus zarzas y se lo llevaron detenido. Sin embargo, ella continuó con su labor.
Se encontraba en el último callejón de la zona, el que por una razón que no lograba entender, era más oscuro y frío que los demás. Se le erizó el vello de la nuca al notar una presencia extraña, así que se volteó, pero no había nadie. Continuó andando algunos pasos más. La presencia no se iba. Echó la mano a la funda de su grimorio, extendió sus zarzas y rodeó el cuello de la persona que la estaba acechando.
—¿Esta es la forma en la que saludas a tus camaradas, Reina de las Espinas?
Al ver a Yami completamente rodeado por sus espinas furiosas, arqueó una ceja con sorpresa. No entendía bien qué estaba haciendo allí ni qué pretendía persiguiéndola por ese callejón apartado y oscuro.
Deshizo su magia y guardó su grimorio mientras su rostro componía una mueca de desagrado y hastío fingida.
—No deberías ir haciendo eso. Podría haberte herido.
—¿Quieres que peleemos a ver si eso es posible? —le preguntó, medio susurrando y mientras se acercaba a su rostro.
Charlotte enrojeció y dio dos pasos hacia atrás. Ese hombre la sacaba por completo de sus casillas, la desquiciaba como ninguno y, sin embargo, no podía negar que le encantaba ese tira y afloja raro que siempre habían tenido y que tantos malos ratos le había hecho pasar.
—Claro que no. No perdería mi valioso tiempo peleando con alguien como tú.
Escuchó las carcajadas inquietas de Yami y después cómo le daba una calada intensa al cigarro para acabar de fumárselo y tirarlo al suelo. Lo miró de reojo. Sonreía de lado, su actitud parecía desafiante y no podía comprender bien a qué pretendía jugar esta vez… pero no estaba dispuesta a seguir su voluntad. Giró la cara, se cruzó de brazos y frunció el ceño.
El siguiente movimiento que esperaba de su parte era algunas palabras nimias, como que siempre lo trataba con frialdad injustificable, y que se fuera. Sin embargo, aquel día nada de eso pasó.
Yami se acercó a Charlotte y, con cada paso que daba, la mujer daba uno hacia atrás, hasta que su espalda dio con el muro del callejón. Nerviosa, lo miró a los ojos. Había fuego en ellos y una sensación abrumadora comenzó a recorrerle el cuerpo.
—¿Q-qué haces? —balbuceó con nerviosismo al darse cuenta de que la separación entre ambos empezaba a ser mínima.
—He venido a darte lo que quieres.
Charlotte se sonrojó de forma aún más furiosa y trató de escapar. Sin embargo, Yami había edificado un muro infranqueable con sus brazos, los cuales apoyó en la pared y cerca de su rostro. Tragó saliva y lo miró de nuevo. Se relamía los labios de forma desconcertante.
Sin previo aviso, la besó. Charlotte entonces se dio cuenta de que no quería escapar, de que realmente lo que más anhelaba en su vida era que sucediera algo como aquello, así que acarició su cuello despacio y le correspondió al beso. Lo notó agarrándole la cintura, así que se movió para darle espacio y continuar así sintiendo sus caricias, que eran intensas pero delicadas a su vez y muchísimo mejores de lo que jamás las había imaginado.
Se siguieron besando durante minutos que parecían a veces segundos y otras, días completos, hasta que ella no pudo más y se separó un poco para que tomaran aire. En todo momento, los besos habían sido ansiosos, pasionales e incluso desesperados. Se notaba que ambos llevaban esperando por ese momento durante mucho tiempo y también que querían mucho más.
—¿Quieres que vayamos a una posada que hay aquí cerca?
Charlotte se sorprendió a sí misma diciendo esas palabras, pero no le importó. No quería frenarse nunca más, así que, a partir de ese momento, haría lo que verdaderamente le apetecía. Yami, casi sin aliento, asintió sin dejar de mirarla ni un segundo.
Fueron juntos, rápido y sin importarles si alguien los veía. En la recepción estuvieron apenas dos minutos, porque las ganas los tenían descontrolados, así que no fueron demasiado formales. Simplemente pidieron una habitación y subieron las escaleras con velocidad.
Al entrar en la estancia, Charlotte se quedó mirándola. Tenía una cama grande y que no parecía demasiado incómoda e incluso un baño pequeño. No le dio tiempo a fijarse mucho más en la decoración, en la alfombra manchada junto a la cama o en una pequeña humedad que había cerca de la puerta.
Yami se acercó por detrás y empezó a besarle el cuello mientras apoyaba sus caderas sobre su cuerpo, manifestando así su más que evidente excitación. Charlotte respingó un poco al sentirlo, pero enseguida echó la cabeza hacia atrás para apoyarla en su hombro. Notó que las piernas comenzaban a temblarle ligeramente, pero sabía que aún se podía sostener sobre ellas, así que lo ignoró y se concentró en todo el placer que aquella situación le estaba proporcionando.
Lo escuchó gruñir de forma molesta cuando fue a tocar sus senos y se encontró directamente con la armadura, así que Charlotte se separó un poco de él, se dio la vuelta para encararlo y se la quitó. Supuso que Yami, al verla tan decidida, actuó de la misma manera, y le ayudó a quitarse la camiseta. Se quedó mirando su pecho con anhelo, así que fue ella misma quien se despojó del sostén para enseñarle algo de piel desnuda.
Se quedó mirándole los senos. Parecía que jamás en su vida había observados unos con tanta cercanía o dedicación, así que, con algo de timidez, nada propia de alguien que había estado besándola de una forma tan sumamente intensa, acunó uno de sus pechos con su mano derecha.
Era bastante ruda y cuarteada por el sinfín de batallas que había librado, pero la caricia era gentil y ardiente a la vez. Movió su dedo pulgar hasta llevarlo a su pezón y tocarlo mientras lo presionaba levemente. Charlotte, ante aquel movimiento, se mordió los labios.
Lo miró seria y lo condujo hacia la cama, donde se puso de rodillas sobre el colchón. Yami la imitó y ella aprovechó para sacarle la camiseta sin cuidado alguno. Le besó el pecho con desesperación, sin poder creerse aún que ese momento de verdad y por fin estuviera sucediendo.
Entonces, Yami le sujetó el mentón y subió su rostro. Le soltó el pelo antes de continuar. La besó de nuevo. Y esta vez los besos eran completamente dulces, tenues, en los que sus labios parecían fundirse con toda la superficie de su piel.
Ambos se tumbaron en la cama y se quitaron las prendas que aún llevaban puestas. Él se posicionó encima para seguir besándola. Y ya no solo le besaba los labios, sino también las mejillas, el lóbulo de las orejas, la nariz, el cuello, la clavícula y básicamente toda la piel expuesta que se encontró a su paso.
Bajó hacia sus pechos. Empezó a besar sus pezones como había hecho anteriormente con el resto de su cuerpo, pero pronto los lamió con lujuria, mientras Charlotte sujetaba las sábanas entre sus manos para no gritar por el placer que estaba experimentando.
El reguero de besos no terminó. Se desplazó por su abdomen cada vez más hacia abajo, hasta que llegó a su pubis y se acomodó entre sus piernas entreabiertas. Jugó primero con ella. Besó sus muslos y todos los alrededores de aquel lugar que sabía que necesitaba con urgencia que rozara con su lengua.
La miraba de vez en cuando. Le sonreía con picardía y, aunque le molestaba que no fuera directo, no podía negar que le estaba encantando, porque aquella sensación que le producía el casi sentir que estaba en el cielo la tenía completamente excitada.
Por fin, Yami se adentró con su lengua bajo los pliegues de su intimidad y Charlotte arqueó irremediablemente la espalda mientras sujetaba con ligera fuerza su cabello negro entre sus dedos. La intensidad, los movimientos y la velocidad fueron cambiando. Ella sentía que jamás podría experimentar algo mejor, ni siquiera igual, así que disfrutó completamente de ese instante de placer hasta que su cuerpo no pudo más y el orgasmo la golpeó con fuerza.
Mientras su respiración se controlaba, lo observó irguiéndose. Se seguía lamiendo los labios y no pudo evitar sentir una palpitación extraña en su interior mientras lo miraba. Todos sus movimientos, hasta el más mínimo, le parecían sumamente sensuales y le daban ganas de más.
Y él, por supuesto, no la dejaría así. Por lo tanto, abrió sus piernas aún más, se colocó de rodillas enfrente de ella y pudo observar su erección palpitante frente a su cuerpo. Entró decididamente y de un solo movimiento. Charlotte cerró los ojos, pero pronto los abrió, porque no quería perderse ni un solo gesto, caricia o mueca que pudiera llevar a cabo. Empezó a moverse con determinación.
Sus pechos comenzaron a subir y bajar al ritmo de cada embestida y ella, completamente sobrepasada por la situación, se mordió los labios, porque sentía que los gemidos se le iban a escapar de la boca en cualquier momento.
Yami lo notó. Y lo supo porque de repente sujetó uno de sus muslos con la mano derecha, mientras que la izquierda la pasó por debajo de su otra pierna para sujetar su cintura y que las estocadas fueran más certeras. Retomó el vaivén.
—¿Por qué no gimes, Reina de las Espinas?
La voz le salió en un susurro grave, excitante. Pero Charlotte no quería ponérselo todo tan fácil, así que frunció el ceño ligeramente y dejó de moverse.
—No me llames así.
Yami arqueó una ceja con algo de asombro, pero rápidamente sonrió.
—Está bien… Quiero escucharte, Charlotte, por favor.
Le pareció casi una súplica. Le gustó tanto oírlo en esos términos que decidió que lo complacería, aunque también sabía que no podría reprimirse durante mucho más tiempo y que aquellos sonidos extasiados habrían salido de su boca tarde o temprano. Entreabrió los labios y sus gemidos impregnaron toda la habitación, motivando a Yami a que soltara alguno que otro de vez en cuando también.
Charlotte movía las caderas debajo de él, pero quería más. Así que sujetó sus antebrazos para que parara. Lo instó a tumbarse y Yami lo hizo sin dudar. Se puso encima y unió sus cuerpos de nuevo, mientras se movía y notaba sus manos grandes acariciándole la cintura, los muslos, los glúteos, y sus dedos afianzándose profundamente en su piel, pareciendo querer dejar huella allí para siempre.
Tras algunos minutos más en los que los movimientos frenéticos, los gemidos y la fricción de ambos cuerpos no se detuvieron ni un segundo, Charlotte alcanzó el orgasmo de nuevo, esta vez siendo acompañada por Yami, que se aferró a su espalda mientras lo experimentaba.
Al terminar, deshizo la unión y se tumbó sobre su pecho. Comenzó a sentir caricias pausadas sobre su pelo y sus hombros y, pronto, se quedó completamente dormida bajo su toque, entre sus brazos… de la manera en la que había anhelado desde hacía tantos años.
—o—o—o—
Charlotte despertó completamente sobresaltada; tanto, que incluso tuvo que sentarse en la cama. Cuando su corazón pareció calmar un poco el ritmo acelerado de sus latidos, se tumbó de nuevo, posando su antebrazo sobre su frente.
A lo largo de los años en los que había estado enamorada de Yami, había tenido muchos sueños de ese tipo con él, pero nunca uno con tantos detalles como ese.
Sin embargo, después de todo, solo había sido un sueño. Sus besos húmedos y ardientes eran una recreación de su subconsciente y la forma en la que la tocaba y le hacía el amor, solo parte de su imaginación.
Sintió su entrepierna húmeda, así que, con los recuerdos tan vívidos que tenía de las secuencias del sueño, coló su mano debajo de su ropa interior y acabó ella misma con su excitación.
Cuando finalizó, se levantó para ducharse, desayunó algo ligero y se fue al Palacio Real, ya que ese día, para colmo, había reunión de capitanes. No sabía bien cómo iba a mirar a Yami después de verlo de esa forma tan explícita en sus sueños, pero, al contrario de lo que pensaba, estuvo más participativa en la reunión que nunca e incluso charló un poco con sus compañeros cuando se acabó, algo que realmente no solía hacer con frecuencia. Estaba de buen humor.
Yami se acercó hacia ella y, notando su simpatía inusual, le habló.
—Te veo muy contenta, Reina de las Espinas. ¿Has pasado buena noche?
—La verdad es que sí —respondió ella sin titubeos.
—¿Has tenido un buen sueño o algo así?
Charlotte lo miró directamente, haciendo que sus ojos azules se clavaran en su mirada oscura con más intensidad de la que pretendía. Tras algunos segundos, sonrió tenuemente.
—Sí, algo así —respondió y se dio la vuelta para por fin marcharse a su base.
—Entonces seguro que no aparecía yo, ¿eh? —bromeó Yami antes de darle una calada a su cigarro y reírse de forma escandalosa.
—¡Por supuesto que no! —gritó levemente la mujer, que se sonrojó profusamente mientras agradecía con alivio estar dándole la espalda para que no le viera la cara.
Sin embargo, al alejarse un poco, sonrió de nuevo. Tal vez, si lograba algún día ser sincera, sus sueños podrían convertirse en una realidad.
FIN
Nota de la autora:
Uy, ni idea de por qué salió esto jaja hacía tiempo que no escribía nada así y además no se me ocurría otra cosa para este día, supongo.
Espero que os haya gustado.
¡Hasta mañana!
