-Eterno-
[Yamichar Week 2022]
Día 5. 'Bruises' / 'Lullaby'
Sabía bien que, si ese ataque la hubiese alcanzado, habría muerto sin lugar a duda. Por eso, cuando vio al enemigo lanzándole su hechizo por la espalda y a traición, desplegó su magia y la apartó de allí varios metros con ella.
Yami y Charlotte habían sido destinados a una misión juntos. No era demasiado fácil y el estado final en el que había quedado la Capitana de las Rosas Azules era prueba de ello. Yami se encargó de acabar con su contrincante, tras verla en el suelo mientras se sujetaba el costado con dolor.
Al terminar, se dirigió deprisa hacia donde estaba. Se agachó para verla y la ayudó a levantarse con bastante dificultad, pues parecía que sentía mucho dolor en todo su cuerpo. La apoyó contra él y miró al cielo. Estaba muy oscuro, así que suponía que pronto empezaría a llover. Antes de que el chaparrón les cayera encima, decidió que se resguardarían en una cueva cercana que había visto mientras iban de camino y que quedaba cerca.
A Charlotte le costaba bastante andar, así que el camino fue más lento de lo normal. Pensó en cargarla entre sus brazos, pero podría molestarse o incluso podría hacerle aún más daño en sus heridas, así que lo dejó estar. Simplemente, la ayudaría a caminar hasta que llegaran a la cueva.
Cuando entraron, la sentó como pudo en el suelo, mientras observaba sus muecas de dolor. Parecía grave, así que la tumbó y se agachó para observarla. Ella en todo momento se dejó hacer y eso era sumamente raro tratándose de Charlotte Roselei, pero supuso que realmente se encontraba muy mal.
Jadeaba constantemente, parecía que estaba sudando por la más que probable fiebre que tenía y se llevaba de manera recurrente la mano al costado, en una zona muy cercana al pecho.
—Charlotte, déjame que te vea la herida.
La mujer entonces abrió los ojos, los cuales tenía apretados justo anteriormente. Lo miró de forma directa. Negó con la cabeza tras algunos segundos en silencio.
Yami chistó con fastidio. Sabía que estaba en una zona delicada, que él no era médico y no tenía por qué ver partes de su cuerpo que ella no quisiera, pero había tratado con muchas heridas a lo largo de su vida y conocía sus características. Si se le había roto alguna costilla —que, por el dolor y la fiebre parecía que eso había sucedido— y se le perforaba algún órgano tendrían un problema grande.
Fuera, cayó un gran rayo cerca de la cueva y después comenzó a llover con fuerza. Estarían atrapados durante un buen rato, así que necesitaba saber su condición.
—Vamos, ponte de espaldas y déjame verla. Necesito saber si tengo que vendarte.
Charlotte dudó un segundo. Se sonrojó profusamente ante la idea de que tuviera que desnudar parcialmente su torso, pero llevaba razón. Se sentía mareada, casi sin fuerzas, así que, sin pensarlo demasiado, se incorporó. Yami la ayudó en cuanto la vio moviéndose. Para que no tuviera que hacer más esfuerzos, fue él quien se colocó detrás.
Le quitó la armadura, que aún llevaba puesta, y escuchó un suspiro de alivio saliendo de sus labios. La fuerza del metal le tendría la herida comprimida, así que supuso que le había hecho mucho bien sentirse más liberada.
—Voy a… levantarte un poco la camiseta.
La vio asintiendo sin mucha decisión. Yami llevó su mano al borde de la prenda y la fue subiendo mientras notaba la piel de la espalda de la mujer erizándose por completo. Debía ser por el frío que se colaba por el hueco de la cueva y que ahora le daba de forma directa en el cuerpo, así que ignoró las señales más que claras que todo su sistema le transmitía.
Tenía el costado lleno de contusiones. Una de ellas, justo como pensaba, le cubría toda la parte de las costillas, colándose incluso en su pecho izquierdo. Yami continuó subiendo la camiseta. Le estorbaba estar pendiente de las heridas y estar sujetando la prenda y Charlotte se dio cuenta, así que sin rodeos levantó los brazos como pudo y se la quitó por completo.
—Si se te ocurre mirar… te juro que cuando me recupere… te las vas a ver conmigo… —profirió con algo de dificultad.
Yami sonrió. Su decisión siempre lo conseguía conmover. Se quedó mirándole la espalda. Tenía varios moratones repartidos por toda la superficie, pero el más grave era el de la zona del costado. Parecía que, en efecto, tenía al menos un par de costillas rotas. Pero no se veían signos de hemorragia interna, así que eso lo tranquilizó mucho.
A pesar de los rasguños y las contusiones, tuvo que admitirse a sí mismo que tenía una espalda preciosa. Algunos lunares la adornaban y era uniforme, pálida. Sin embargo, no era momento de dejarse llevar por sus insulsas fantasías, porque realmente en lugar de vendarla quería acariciarle las heridas con las yemas de sus dedos y besárselas para que se sintiera reconfortada. Pero no se atrevería a hacerlo jamás. Yami conocía los sentimientos que la Capitana de las Rosas Azules tenía por él y sabía que eran todos negativos, así que probablemente lo empalaría con sus zarzas si se dejaba llevar, aun estando en ese estado.
En la parte de debajo de los omóplatos, tenía una herida seria también y que además sangraba. Así que Yami decidió que lo mejor era vendarla para al menos controlar la hemorragia, pero era cierto que no tenía los utensilios necesarios. Sin embargo, con un trozo de tela le bastaba, así que se levantó y se quitó la camiseta. Charlotte trató de mirarlo de reojo y se sorprendió mucho al verlo con el torso desnudo. Su rostro enrojeció aún más.
—¿Q-qué estás haciendo?
—Voy a vendarte una herida que tienes en la espalda.
—No es necesario.
—Sí lo es—afirmó con decisión y Charlotte no pudo replicarle más.
Rajó la tela de la camiseta en varios trozos. La mayoría los usaría como vendas, pero reservó uno para cubrirle la frente. Lo mojaría con el agua de la lluvia aunque fuera.
—Está bien —dijo colocándose de nuevo cerca de ella—. Te doy la tela y te la pasas por debajo del pecho para devolvérmela y que yo pueda afianzar el agarre en la espalda, ¿de acuerdo?
Charlotte asintió con inseguridad. Con una de sus manos, se tapó los senos. La situación le producía una vergüenza insoportable, pero en el fondo, sabía que también mucha ternura por el hecho de que Yami se estuviera preocupando tanto por ella.
Entre los dos, vendaron la herida. Yami tuvo sumo cuidado de no tocar demasiado su cuerpo, porque sabía que la situación era extremadamente incómoda para ella, pero era su responsabilidad que esas contusiones se hubiesen producido, así que se lo debía.
Cuando acabaron, metió su cabeza en el hueco de la camiseta negra que ese día llevaba y ella terminó de ponérsela. Se intentó tumbar, pero no lo logró, así que Yami se acercó de nuevo para ayudarla.
—¿Quieres que te suelte el pelo para que estés más cómoda?
—Por favor —dijo ella, consciente de que le costaba mucho alzar los brazos.
Con una gentileza completamente inusual para su persona, lo hizo, e incluso la peinó levemente con los dedos. Después, la ayudó a tumbarse. Salió a mojar un trozo de tela de la camiseta que aún tenía y se lo posó en la frente para que la fiebre le bajara un poco.
Charlotte lo miró casi sin parpadear, como nunca había sido capaz de hacerlo. Se estaba comportando de una forma muy rara. Yami siempre había basado sus interacciones con ella en burlas y bromas, pero en ese momento estaba serio, concentrado, abrumado y posiblemente se sintiera totalmente culpable por haber sido el causante de todos esos moratones y heridas, aunque realmente, gracias a él, seguía con vida.
Quería agradecerle todo lo que había hecho por ella, pero no era el momento. No se sentía bien, sabía que no iba a elegir las palabras adecuadas y llegó a la conclusión de que lo mejor era descansar, aclarar las ideas y después hablar con él.
—¿Te cuesta respirar?
—Un poco.
—Si en algún momento notas que te falta demasiado el aire, dímelo —comentó y se echó la mano al bolsillo para sacarse un cigarro—. La herramienta de comunicación que traía se me cayó en la batalla y se rompió, así que esperaremos a que deje de llover y te llevaré al hospital de la aldea más cercana que encontremos. Ahora… trata de descansar.
Yami se fue al hueco que servía de entrada de la cueva a fumar para no molestarla. Mientras tanto, Charlotte lo observaba. Seguía lloviendo. Y con el sonido de la lluvia y la imagen de la espalda desnuda del Capitán de los Toros Negros fue notando que sus ojos le pesaban hasta que se le cerraron y se quedó profundamente dormida.
Se despertó en una cama que no reconocía. No recordaba bien cómo había llegado hasta allí, así que era posible que Yami la hubiese cargado durante todo el camino. Estaba débil, pero eso no era justificación para que no se pudiera valer por sí misma. Le daba mucho apuro pensar que había tenido que llevarla en brazos.
Se sentía un tanto extraña. No sabía por qué, pero cuando recordaba los momentos en los que vio a Yami tan cuidadoso con ella, sonreía de manera inevitable. Le gustaba mucho sentir su protección, su afecto.
Ya no le dolía nada. La habían cambiado y previsiblemente también curado, aunque sí era cierto que se sentía algo cansada. Escuchó un par de toques en la puerta repentinamente, así que hizo pasar a la persona que esperaba para entrar.
Cuando vio a Yami entrando en la habitación, se puso algo nerviosa. No se le olvidaba que tenía que darle las gracias por todo lo que había hecho por ella, pero es que solo de pensarlo se quedaba completamente paralizada y le entraban unas ganas inmensas de huir y no volver a verlo nunca más, pero también quería dejar de esconderse.
Se sentó en la cama, a su lado. Le sonrió, pero sus ojos tenían un destello culpable que no pasó desapercibido para Charlotte. Sin saber cómo fue capaz de hacerlo, sujetó su mano, provocando un enorme gesto de sorpresa en la cara del hombre, pero no se apartó.
—¿Estás mejor?
—Sí, mucho mejor. Gracias, Yami.
—¿Gracias? —preguntó él de forma sarcástica—. Fui yo quien te provocó esas heridas.
—Sí, gracias por protegerme y cuidarme. Me salvaste la vida.
Charlotte sujetó aún más fuerte su mano y la levantó. Se la llevó a la boca y besó su dorso, sin un ápice de vergüenza y sin dejar que su raciocinio tomara parte en sus acciones. Solo quería sentir, vibrar, dejarse llevar. Y lo estaba consiguiendo por fin.
Yami se estremeció al sentir el roce de sus labios contra su mano. Se acercó aún más y, con la misma mano que había sido besada apenas unos segundos antes, le acarició la mejilla. Le quitó algunos mechones de cabello dorado que tenía en el rostro y se los colocó detrás de la oreja.
Y justo cuando iba a hacer el siguiente movimiento, mucho más arriesgado, para besarla, la puerta se abrió sin previo aviso ni anuncio, el médico entró en la habitación y Yami simplemente se levantó de la cama.
El doctor estuvo haciéndole algunas preguntas a Charlotte, pero cuando se fue, el ambiente se había roto por completo. Por eso, pensó que lo mejor era irse, dejarla sola y que ya continuarían cuando estuvieran en un entorno más privado e íntimo.
—Voy a salir para dejarte tranquila. Por la tarde nos marcharemos. Descansa un rato más.
—Yami —lo llamó Charlotte antes de que se fuera—, ¿te gustaría que nos viéramos algún día? Quiero decir, tú y yo… solos.
Sonrió ante la propuesta. No había idea que le gustara más que esa, si era sincero. Llevaba mucho tiempo queriéndose acercar a Charlotte, porque le encantaba todo lo que tenía que ver con ella, pero no había podido encontrar el momento oportuno debido a su constante actitud distante para con él. No desaprovecharía esa oportunidad.
—Por supuesto.
Salió de la habitación para fumarse un cigarro en la calle y Charlotte sonrió en cuanto se fue, completamente emocionada.
Todo pasa por algo, de eso no le cabía duda. En cierto modo, había valido la pena estar herida y adolorida si esas circunstancias la habían llevado a sentir al hombre que amaba más cerca finalmente. Ya solo le quedaba ser valiente una vez más y terminar ese beso que se había quedado a medias cuando se vieran a solas.
FIN
Nota de la autora:
Lo que me gustaría a mí ver a Yami preocupado y cuidando a Charlotte no tiene nombre. Espero que se dé alguna situación de este estilo, porque creo que además les iría muuy bien. Aunque probablemente no pase, pero se vale soñar jaja.
Nos acercamos al final :( pero bueno, disfrutemos de lo que nos queda.
¡Nos vemos mañana!
