-Eterno-

[Yamichar Week 2022]

Día 6. 'Cigarette' / 'Birthday'


Empezó a fumar como parte de una promesa, de un simbolismo y el mismo día en el que decidió que crearía una orden de Caballeros Mágicos. Era curioso y muy paradójico que alguien como él fuese a formar parte de los destacados capitanes del Reino del Trébol, porque con ello se comprometía a proteger a una ciudadanía que siempre lo había detestado todo sobre él. No le importaba demasiado, sin embargo.

Con el tiempo, el tabaco se convirtió en un vicio que no podía dejar. Incluso en las batallas, sentía como si fumar le diera más energía, aunque aquello no tenía demasiado sentido.

El conflicto surgió cuando Yami, también contra todo pronóstico, empezó a salir con una mujer que odiaba que fumara. Y sinceramente, nunca había imaginado que tendría pareja o que tendría una mínima visión de futuro con alguien, pero la vida da muchas vueltas. Para colmo, esa persona era Charlotte Roselei, la noble que siempre se jactaba de odiar a todos los hombres sin excepción.

No podía negar que la Capitana de las Rosas Azules siempre le había llamado la atención y que le gustaba mucho. Pero ante su actitud, completamente agresiva y distante para con él, había ido dejando pasar esos sentimientos porque no veía una salida posible para ellos.

Sin embargo, con el tiempo descubrió que Charlotte realmente estaba enamorada de él y que huía constantemente porque simplemente no sabía exteriorizar sus sentimientos con propiedad. Porque le daba vergüenza o algo así, le contó más tarde.

No importaba. El pasado ya le daba igual, porque quería centrarse de pleno en todos los momentos que pudiera vivir y disfrutar con ella. Porque no estaba dispuesto a perderla jamás, a dejar que su felicidad, que había descubierto hacía muy poco que también dependía de que ella estuviera a su lado para siempre, se le escapara de entre los dedos.

Desde hacía tan solo dos meses, la vida se resumía en observar su rostro dormido algunas mañanas, en hablar de cualquier asunto hasta altas horas de la madrugada o en pensar cada minuto de cada maldita hora en que amaba la forma en la que había conseguido que sonriera de manera más frecuente y genuina.

Yami no era una persona demasiado romántica o detallista, pero sí entregada. Y cuando sentía que su alma misma le exigía que diera todo lo que tenía y más a algo, a alguien, lo hacía sin más, sin pensar, dedicándose completamente a ello.

Así le había sucedido con Charlotte. No sabía si estaba siendo exagerado, si todo en su corazón era tan intenso y desbordante que la estaba abrumando, pero no podía contener lo que sentía, no podía encerrarlo. Así que simplemente se dejaba llevar, la buscaba cuando tenía ganas de verla, le decía palabras indecentes al oído en mitad de reuniones sociales importantes para divertirse con sus enfados y sus sonrojos furiosos o le sujetaba la mano de forma delicada mientras caminaban por cualquier calle del reino, porque no quería esconder algo tan especial como lo que estaba surgiendo entre los dos.

La miró mientras ese pensamiento no se iba de su cabeza. Estaba recostada sobre su pecho, con los ojos abiertos y clavados en su cara. Le sonreía tenuemente y él no pudo hacer otra cosa que acariciarle el pelo y después la espalda con toda la suavidad que sus toscas manos le permitían.

—Es increíble… —susurró sin pensar que las palabras se le deslizarían con tanta facilidad de entre los labios.

—¿El qué es increíble? —preguntó ella, algo confundida, mientras le acariciaba la mejilla izquierda.

—Nada, son solo cosas mías.

Charlotte formó una mueca de conformidad con las cejas y Yami le dio un toque rápido y juguetón en la nariz con su dedo índice, haciendo que se riera ligeramente y cerrara los ojos durante un segundo por la sorpresa.

Realmente, sí que lo era. Era completamente inverosímil que una mujer tan especial, enigmática, con carisma, llena de belleza y de bondad hubiese puesto sus ojos en él. Pero como firme creyente del destino que era, no lo cuestionaría. Lo aceptaría sin más y lo disfrutaría, aunque sabía que probablemente no la merecía. Pero quería hacerlo, así que simplemente viviría el momento sin preguntar cuestiones de las que sabía que jamás hallaría respuestas.

—Oye, ¿te importa si me fumo un cigarro?

La cara afable de Charlotte cambió por completo y Yami se dio cuenta enseguida. No le gustaba el tabaco, era completamente consciente, pero es que realmente no había nada mejor que un cigarrillo tras hacer el amor.

—Claro que me importa. Sabes que no me gusta que fumes en la cama —le contestó, apartándose de encima de su cuerpo y tapándose como pudo con la sábana.

Yami, sin pudor alguno, se levantó de la cama completamente desnudo, y, habiendo cogido el paquete de tabaco y el mechero previamente del bolsillo de sus pantalones, se apoyó en el alfeizar de la ventana de la posada en la que habían tenido aquel encuentro íntimo. Apartó un poco la cortina, abrió la ventana, sacó y prendió el cigarro y se lo llevó a la boca mientras observaba la muchedumbre caminando por la calle con completa normalidad y tranquilidad.

Acabó de fumarse el cigarro y lo apagó en el alfeizar. Cerró la ventana de nuevo, acomodando la cortina para que no entrara demasiada luz en la habitación y, justo antes de volver a la cama, sintió las manos de Charlotte abrazándolo. Una de ellas se posó en su pecho y la otra, en su abdomen, cerca de su ombligo. Podía sentir sus senos suaves contra su espalda, su rostro delicado acariciándolo levemente y sus labios dándole algún que otro beso de vez en cuando también.

—Yami… Te quiero.

Se quedó en silencio por completo. El tono de voz de Charlotte había sido tan suave que quería escucharlo a partir de ese momento para siempre. La verdad con la que pronunció esas palabras y su corazón latiendo contra su espalda con fervor provocaron tal emoción en su interior que no sabía qué contestarle.

¿Qué podía decirle? ¿«Yo también te quiero», «Te amo, Charlotte», «Estoy tan enamorado de ti que en lo único en lo que pienso es en estar todo el día a tu lado»? Todo en su cabeza sonaba insulso, incompleto, porque era totalmente consciente de que ninguna palabra, frase o discurso de ningún idioma del mundo entero podría encerrar, definir o aclarar la magnitud de las sentimientos que su alma albergaba por la mujer que se lo había entregado absolutamente todo.

Se dio la vuelta, haciendo que el contacto terminara, pero enseguida le sostuvo la cintura para acercarla a su cuerpo. Le acarició el cuello y se acercó a su rostro para darle un beso en la mejilla, muy despacio. La vio cerrando los ojos para vivir el momento más intensamente. Desplazó sus labios hasta llegar a la comisura de los de la mujer y la besó con tanta dulzura que Charlotte se quedó quieta, sin ser capaz de corresponderle al beso, porque estaba completamente paralizada de placer mientras recibía sus atenciones.

Se separó durante un segundo para hacer que lo mirara. Y ahí estaba el azul de sus ojos, hundiéndose en su mirada oscura, pero no como en otros tiempos en los que sentía una hostilidad indescriptible de su parte, sino proporcionándole un remanso de paz que pocas veces en su vida había logrado experimentar.

La siguió besando mientras la conducía a la cama. Cuando se tumbaron, colocándose él encima de su cuerpo desnudo, Yami se dio cuenta de que prefería infinitamente el sabor de los labios de Charlotte que el de cualquier cigarro.


Miró el cenicero que, repleto hasta arriba, casi parecía suplicarle que no pusiera más cigarros dentro de su superficie, pero Yami aplastó los demás como pudo y logró meter dentro el último que se había fumado.

No recordaba un momento en su vida en el que hubiera estado más nervioso y no era para menos. Su primera hija estaba naciendo y sentía el ki de Charlotte retorciéndose de dolor por completo. Había notado muchos tipos de altibajos distintos en su ki a lo largo de los años, pero jamás algo así.

Cuando su ki se calmó, sintió el de Hikari con más potencia y Owen le dijo que todo había salido bien, suspiró por fin, aliviado. Se fumó otro cigarro y después se le permitió entrar a la habitación.

Miró hacia la cama, observando el rostro cansado pero increíblemente alegre de Charlotte, que lo miraba con una media sonrisa y con un aura extraña pero hermosa rodeándola y que ya jamás se alejaría. Tenía a su hija entre los brazos, así que le hizo un gesto con la cabeza para que se acercara a ellas.

Él, de forma inusualmente algo tímida lo hizo. Se sentó en la cama, justo al lado de Charlotte, que le había hecho un hueco, y pasó su brazo alrededor de sus hombros para abrazarla y mirar a la pequeña, que tenía sus ojos grandes y azules abiertos en ese momento.

Le acarició la mejilla con un solo dedo, haciendo que se moviera, algo inquieta. Sonrió al verla. Era tan perfecta que no se podía explicar cómo él había contribuido a crearla. Suponía que era porque se parecía mucho a Charlotte, pero también era su hija, así que no se quitaría ese mérito.

—Yami.

—¿Sí?

—Apestas a tabaco —le regañó la mujer, haciendo que ese ambiente idílico se quebrara por completo—. ¿Ni siquiera en un día como este podías dejar de fumar?

—Lo siento —dijo él, mirándola esta vez—. Estaba muy nervioso.

Charlotte observó su rostro sonriente. En el fondo le derretía el corazón la preocupación que había mostrado desde que se puso de parto, así que, solo por ese día, lo dejaría pasar. Decidió cambiar de tema de conversación.

—Es guapísima, ¿verdad? —le preguntó con un tono de voz más relajado.

—Sí. Es preciosa —susurró Yami.

Los dos se quedaron mirándola, completamente embelesados, y Yami apretó ligeramente su abrazo.

A partir de ese momento, tendría que reducir bastante su consumo de tabaco, pero no le importaba en lo absoluto, porque el motivo para hacerlo merecía completamente la pena.


Subió las escaleras de nuevo, maldiciendo por haberse dejado el paquete de tabaco olvidado en su cuarto. Entró para cogerlo y por fin marcharse, pero la imagen que vio lo dejó totalmente sorprendido, porque no se esperaba jamás tener que presenciarla.

Hana, de quince años por ese entonces, tenía uno de sus cigarros entre los dedos. Se lo estaba acercando a la boca e incluso tenía el encendedor en la otra mano para prenderlo. Se veía que estaba bastante concentrada, porque ni siquiera fue capaz de sentir el ki de su padre hasta que formó una fluctuación llena de furia.

Lo miró con miedo en los ojos y soltó instantáneamente tanto el cigarro como el mechero.

—Papá, yo…

—¿Me puedes explicar que estás haciendo, Hana?

La chica miró hacia otro lado. Oír a su padre llamándola por su nombre le daba un miedo indescriptible, porque siempre le decía «mocosa», así que eso solo podía significar que estaba furioso. Tragó saliva y se atrevió a mirarlo. Más que enfadado, realmente parecía decepcionado.

—Lo siento. Era por pura curiosidad… Yo…

—No vuelvas a hacer algo así, ¿de acuerdo?

—Sí…

—Bien. Ahora baja a la cocina a desayunar con tus hermanos.

Hana se dirigió hacia la puerta de la habitación, pero, justo antes de salir, volvió a hablarle a su padre.

—Papá… no le digas nada a mamá de esto, por favor.

—Está bien.

La joven asintió algo avergonzada y Yami la vio saliendo de la habitación. Cogió los cigarros y se marchó él también tras cerrar la puerta.

—o—o—o—

—¿Estás cansada? —preguntó Yami mientras acariciaba el cabello dorado de Charlotte.

Ella, acostada a su lado mientras lo abrazaba, levantó la cara un instante para mirarlo. Yami siempre sabía cómo se sentía desde que empezaron a estar juntos y a veces no sabía si era porque sabía leer el ki de las personas o porque simplemente la conocía tan bien que sabía lo que le pasaba con solo ver su rostro.

—¿Por qué preguntas eso?

—Porque se te nota en la cara. Y llevas unos días así. Deberías descansar más, Charlotte.

Charlotte se incorporó un poco y apoyó sus manos en el pecho de Yami. Siempre se preocupaba de más y realmente le encantaba. Cuando se enamoró de él, jamás pensó que tendría esa faceta dulce cuando se trataba de la gente a la que quería, pero no podía negar que era algo precioso y que la conmovía mucho.

—No te preocupes. Trataré de descansar un poco en estos días, ¿vale?

Yami asintió y le acarició la mejilla derecha. Ella solo se dejó llevar mientras cerraba los ojos y sentía su toque. Se quedaron en silencio un rato hasta que Yami decidió quebrarlo.

—Oye… Si te cuento algo, ¿me prometes que no le dirás nada a Hana?

—¿A Hana?

—Sí.

—Vale, no le diré nada.

—Esta mañana la he visto intentando quitarme un cigarrillo.

Charlotte frunció el ceño y se sentó en la cama, haciendo que Yami imitara su gesto inmediatamente.

—¿Ves qué pasa cuando los niños ven que su padre fuma todo el día sin parar? Sabía que tendríamos este problema tarde o temprano.

—Hana ya no es una niña.

—No te atrevas a cambiar de tema, Yami —le recriminó mientras lo señalaba con el dedo de forma acusatoria.

Luego suspiró y se cruzó de brazos. Yami le acarició el hombro y se acercó un poco a ella. Después, le dio un beso en la mejilla y se quedó mirándola intensamente, hasta que consiguió que relajara el semblante.

—Lo sé, es culpa mía. Lo siento. Pero no creo que lo vuelva a hacer.

—Claro que no, porque mañana voy a hablar yo con ella.

—Charlotte, no me hagas eso. Me dijo que no te lo contara.

Tras oír esas palabras, se quedó observándolo unos instantes. Sabía que a Yami le costaba un poco comunicarse con su hija y si hablaba con ella, sentiría que había traicionado su confianza.

Se tumbó en la cama y Yami lo hizo también, esta vez de lado para seguir mirándola.

—Está bien. Pero si vuelves a verla haciéndolo, me lo dices y entonces sí que hablaré seriamente con ella.

—Vale.

Yami le dio un beso en la mejilla, la abrazó y Charlotte no pudo evitar corresponderle, porque le pareció algo muy tierno que quisiera contarle lo que pasaba con su hija pero también aparentar que le había guardado el secreto para no deteriorar su relación.

Justo antes de dormirse pensó que, aunque detestaba con todas sus fuerzas el tabaco y nunca toleraría que alguno de sus hijos fumara, no podía negar que Yami se veía muy sexi con un cigarrillo entre los labios. Aunque claro, eso jamás lo diría en voz alta.


FIN


Nota de la autora:

Siendo sincera, detesto el tabaco con todas mis fuerzas, aunque no puedo negar que a Yami le queda muy bien fumar jajaja. Así que un poco surgió de ahí la idea, pero luego quise añadirle más partes y salió tooodo esto que no sé bien qué es xd. Espero que haya quedado bien.

Nos veremos mañana en el último día de esta semana que tanto he disfrutado.