Disfruten de la adaptación!

Ni la historia ni los personajes me pertenecen.


Sinopsis

Cuando Naruto Uzumaki ve a Hinata Hyuga, no ve la chica torpe y dulce que creció al lado. Ve a una mujer segura de sí misma e impresionante... que quiere aplastar las más íntimas, y apreciadas, partes de su anatomía bajo los tacones de sus Christian Louboutins.

Naruto nunca ha permitido que la pérdida de su pierna en un accidente en su niñez afecte su capacidad para llevar una vida plena. Se fija metas altas y luego las alcanza.

Y ahora tiene la vista puesta en Hinata.

Cuando Hinata Hyuga mira a Naruto Uzumaki, todo lo que ve es el adolescente egoísta y digno de catálogo de Abercrombie & Fitch, que la humilló en la preparatoria para unirse a la población popular. Una población que volvió esos años un infierno viviente.

Ella ya no es una marginada social enferma de amor, es una fiscal de DC con una larga racha de victorias tras ella. Naruto es el abogado de la oposición en su siguiente caso y cree que es el momento de hacerlo pasar por un pequeño infierno.

Pero las cosas no salen exactamente de esa forma.

Debido a que cada intercambio intenso la tiene preguntándose si es tan apasionado en el dormitorio como lo es en la corte. Cada argumento y objeción solamente la hace desearlo aún más. Al final, Naruto y Hinata sólo pueden encontrarse en el amor... o en desacato de tribunal.


1

—¡Despreciable bastardo!

Hinata se sienta y me mira como si ni siquiera me reconociera. Lo que es bastante raro, teniendo en cuenta que estamos con el culo desnudo en mi cama. Cada parte de nosotros está íntimamente familiarizada. Pero es el tono de su voz lo que más me molesta, plano con ira estrechamente controlada y entrecortada por el dolor. Como si hubiera robado el aire de sus pulmones, como si le hubiera dado un puñetazo en el estómago.

Las palabras no me preocupan. Los insultos son nuestro flirteo. Discutir es nuestro juego previo. Una vez, estaba tan alterada que se movió bruscamente y se lanzó hacia mí, y mi reacción fue una erección innegable… No es tan retorcido como suena. Funciona para nosotros... Al menos lo hacía hasta hace diez segundos.

—Espera. ¿Qué? —pregunto, en verdad sorprendido.

Pensé que estaría agradecida. Feliz. Tal vez me ofrecería un trabajo oral para demostrar su aprecio supremo.

Sus ojos brillan peligrosamente, y los pensamientos de dejarla en cualquier lugar cerca de mi pene huyen como pequeños peces en un gran acuario. Porque no es una mujer para ser tomada a la ligera; ella es una fuerza a tener en cuenta. Un interruptor de corazones y un destructor de bolas.

—Planeaste esto todo el tiempo, ¿verdad? Follarme, adormecerme en una falsa sensación de seguridad para que baje la guardia y puedas ganar el caso —sisea. Se mueve para bajarse de la cama, pero la agarro el brazo— ¿Piensas que mi pene es lo suficientemente potente como para revertir tu estupidez? Oh, preciosa, eso es muy halagador, pero no es necesario venderme a mí mismo para ganar mis casos. Estás enloqueciendo por nada.

—¡Jódete!

Solía tener una especial habilidad con las mujeres. Si la palabra joder salía a jugar, siempre eran seguidas por mí y luego palabras como más duro, por favor, y mi amigo, más. Esos eran los días...

Se suelta fuera de mi alcance y se levanta de la cama, recogiendo con furia la ropa esparcida por el suelo de madera dura. Y porque lo está haciendo desnuda, agachándose, balanceando todos los mejores lugares, tengo que ver. Hay marcas de dientes en su culo, mis marcas de dientes. Sin piel rota, solo hendiduras de color rosa oscuro. Es posible que me dejara llevar un poco anoche, pero su trasero es tan condenadamente dulce, redondo y apetecible. Agarro la manga de la prótesis de la mesita de noche y la deslizo sobre el muñón de la pierna izquierda. Sí, parte de mi pierna fue amputada cuando era un niño, una amputación transtibial si quieres el término técnico. Voy a entrar en eso más adelante, porque ella no está esperando. De hecho, me gusta eso de ella, no cede un ápice. Ni pensar en hacer concesiones especiales o tratarme de forma diferente al hombre plenamente capaz que soy. O el pene que al parecer piensa que soy en este momento.

Cierro el pasador en la pierna protésica y me pongo de pie, justo cuando encuentra su zapato en la esquina, añadiéndolo a la pila en sus brazos.

—Cálmate, gatita —intento, mi voz nivelada.

—¡No me llames así! —chasquea— Dijimos que no hablaríamos sobre el caso, ese fue nuestro acuerdo.

Me acerco con las palmas hacia fuera, signo universal de Vengo en paz.

—Acordamos muchas cosas que ya no aplican, mejillas dulces.

Sus orificios nasales se abren ante el apodo. Supongo que puedo añadir "mejillas dulces" a la columna del no, lo cual es una lástima. Se adapta a ella.

—Traje el tema porque intento ayudarte.

Es oficial: Soy un jodido idiota. De todas las cosas malas que podría haber dicho, esa fue la peor de todas.

—¿Crees que necesito tu ayuda? ¡Condescendiente hijo de puta!

Se vuelve hacia la puerta, pero le agarro el brazo de nuevo.

—Suéltame. Me voy.

Quiero responder con una buena vieja "Como el infierno lo haces" o el más directo "No te vas a ninguna parte". Pero ambos tenían algo psicótico, del tipo Buffalo Bill en El silencio de los inocentes. Y eso no es a lo que voy. En cambio, arranco la ropa de sus brazos y las arrojo por la ventana.

—¿Qué estás…? ¡No lo hagas!

Demasiado tarde.

Su falda de diseñador, blusa de seda sin mangas, y ropa interior de encaje rojo flotan en el aire por una fracción de segundo, luego caen a la acera y calle debajo de nosotros. El sujetador se engancha en la antena de un coche que pasaba y ondea majestuosamente por la calle como la bandera en el vehículo de un diplomático de un país impresionante llamado Tetaslandia. Siento como si tuviera que saludarlo.

Cierro la ventana, cruzo los brazos y sonrío.

—Si intentas irte ahora, el pobre Iruka estará marcado de por vida.

Iruka es mi mayordomo. De nuevo, más tarde.

—¡Hijo de puta!

Y sus puños vienen volando a mi cara. Todos esos años de clases de ballet la han hecho rápida, ágil con gracia. Pero tan rápida como es, y tan poderosa como su disposición es, mide solamente un metro y cincuenta y dos centímetros de lo mejor. Así que antes de que pueda conseguir un golpe, o pensar en patearme las bolas, fácilmente la tiro sobre la cama. Entonces me pongo a horcajadas sobre su cintura, me inclino para presionar sus muñecas en el colchón encima de su cabeza. Mi pene se pone caliente y duro contra la suave piel justo debajo de sus pechos, lo que le da algunas ideas, pero eso va a tener que esperar hasta más tarde también.

Lástima.

Miro hacia ella.

—Ahora, melocotones, continuaremos nuestra conversación.

Ese apodo se ajusta también. Su piel de seda es simplemente melocotones y crema. Y la forma en que huele, Jesús, la forma en que se siente en mi lengua, más dulce y más suave que un melocotón maduro en un día de verano. Las hebras de cabello oscuro bailan a través de su clavícula mientras se siente de un millón de dólares debajo de mí, dándole a mi pene ideas aún más fabulosas.

—¡Qué te jodan! Ya he terminado de hablar.

—Bien. Entonces, ¿qué tal callar esa hermosa boca y escuchar? O siempre podría amordazarte.

Puede que la amordace de todos modos, solo por el gusto de hacerlo. Probablemente debería haberme aferrado a sus bragas.

—¡Te odio!

Me río.

—No, no lo haces.

Sus ojos grises queman dentro de mí, de la misma manera que me marcan desde hace décadas.

—Nunca debería haber confiado en ti de nuevo.

Manteniendo sus muñecas por encima de ella, me inclino un poco hacia atrás para disfrutar de la vista.

—Mierda. La mejor decisión que jamás has tomado. Ahora escucha, botón de oro...

Y comienzo a decirle todas las cosas que debería haber dicho hace semanas. No, hace años...


Cuatro semanas antes…

—Tuve un sueño extraño anoche.

Paso por detrás del sofá con una pelota de ráquetbol en la mano. Cuando llego al final, reboto la pelota contra la pared, la cojo con una mano, y luego doy la vuelta y voy hacia el otro lado. Hablo más fácil, pienso mejor cuando estoy en movimiento.

—Estaba en una playa... al menos creo que era una playa, no recuerdo nada de agua. Pero había arena, estaba cavando en la arena.

Rebota, captura, gira.

Algunas personas piensan que es débil ver a un terapeuta, pero no podrían estar más llenos de mierda. Toma unas grandes bolas de latón desnudar tus pensamientos a otra persona. Tus miedos, defectos, deseos profundos y sucios. Es como un entrenamiento para el alma. Te obliga a verte, el verdadero tú. Y creo que ese es el problema, la mayoría de la gente no quiere verse a sí misma. Prefieren creer que en realidad son la persona que todo el mundo en el exterior piensa que son, no el egoísta, idiota que está realmente llamando a los tiros.

—Los granos eran toscamente blancos, beige, y negros, y me quedé excavando más profundamente. Sin saber qué buscaba, pero lo supe cuando lo encontré.

Rebota, captura, gira.

—Era un rubí. Un rubí en la arena. Pero aquí está la parte extraña, cuando traté de recogerlo, se deslizaba de mis manos. Sin importar cuánto lo intentara, lo mucho que apretara las manos, no podía aferrarme a él. Malditamente espeluznante, ¿verdad, Kakashi?

El nombre de mi terapeuta es Kakashi Hatake. Es un hablador suave, de tipo contemplativo de hombre, con unos cortos años antes de su retiro. Todos sus otros clientes lo llaman doctor Hatake, o doctor Bing para abreviar. Pero me gusta Kakashi, es más o menos el nombre más increíble que alguien podría tener. Si el nombre de tu hijo es Kakashi, en algún momento de tu vida, vas a tener que decir, ¿Dónde está Waldo? Y eso es hilarante.

Me observa con paciencia. Se quita su oscuros anteojos de época de montura gruesa, de 1960 Walter Cronkite, y los limpia lentamente con un pañuelo de papel. Es una estrategia que ha utilizado a menudo en los años que he estado viniendo a su consulta. Está esperando que hable, me da tiempo para responder a mi propia pregunta.

Rebota, captura, gira.

Pero esta vez, estoy realmente decidido a escuchar su opinión profesional.

—¿Qué carajo significa todo esto, Kakashi?

Al fin parpadea.

—Creo que esta semana hemos decidido discutir cómo utilizas las relaciones sexuales para evitar la intimidad.

Pongo los ojos en blanco.

—Sexo, sexo, sexo, eso es de todo lo que quieres hablar. Es que todo lo que soy para ti, ¿es un pedazo de carne? ¿Un pene con piernas? Bien —Río, tocando mi prótesis— con pierna, de todos modos. ¿Está tu mujer reteniendo cosas de nuevo?

Escribe una nota en la computadora de su regazo.

—También podemos añadir cómo utilizas el humor para desviar las conversaciones que te hacen sentir incómodo a nuestra lista de temas para futuras discusiones.

Rebota, captura, gira.

—No, solo soy un tipo divertido. La vida es demasiado seria, me arrastrará. Además, creo que estás muy lejos de la base en la teoría de la intimidad. Tener sexo es, por su propia naturaleza, íntimo.

—No de la forma en que lo haces.

—¿Me estás juzgando, Kakashi?

Sí, acabo de recibir una patada por decir su nombre.

—¿Quieres que te juzgue, Naruto?

—¿Crees que debería querer que me juzgues?

He estado en terapia desde que tenía diez años, puedo dar vueltas así todo el día.

—Creo que utilizas este sueño para evitar la discusión de cómo utilizas el sexo para evitar la intimidad.

—No: solo está jodiendo con mi cabeza. Quiero saber qué significa.

Rebota, captura, gira.

Kakashi suspira. Dándose por vencido y cediendo.

—Los sueños son un reflejo de nuestro subconsciente. La expresión de los sentimientos y deseos que nuestra mente consciente no quiere reconocer. No importa qué significa el sueño, solo lo que significa para ti. ¿Cuál es tu interpretación?

Lo primero que pienso es que mi subconsciente me está diciendo que necesito unas vacaciones. En algún lugar cálido y tropical, con bebidas y mujeres calientes en pequeños bikinis. O mejor aún, sin bikinis.

Pero eso sería demasiado simple. El sueño era diferente. Parecía... importante.

—Creo que significa que estoy buscando algo.

Kakashi se pone sus gafas.

—¿Y?

—Y cuando lo encuentre, me temo que no voy a ser capaz de mantenerlo.

Asiente con la cabeza. Como un papá orgulloso.

—Creo que tienes razón.

Rebota, captura, gira.

Esto es por lo que la terapia es buena. Con esas cuatro palabras de aprobación, siento una sensación de poder, sólida conciencia de mí mismo y competencia. Puede que no sepa lo que viene alrededor de la curva, pero seguro como la mierda que voy a ser capaz de manejar la situación cuando llegue aquí.

—Ahora... volviendo a los problemas de intimidad.

Hago un sonido caprichoso en la parte posterior de mi garganta, gruñendo como un niño que ha sido obligado a sentarse en la mesa a hacer su tarea. Me acomodo en el sofá, descansando un brazo en la espalda del mismo.

—Bien. Golpéame, sempai.

Suprime una sonrisa y mira a sus notas.

—Mencionaste que Shion venía a la ciudad la semana pasada. ¿La viste?

Shion es una vieja amiga. En el sentido bíblico. También tiene una vida de princesa. Si Disney alguna vez decide ponerse travieso, Shion podría ser su musa. Ella está un par de docenas de parientes lejos del trono, pero su sangre es azul. Y si hay una cosa que la realeza sabe hacer, es una fiesta.

—Nos juntamos, sí.

—¿Y cómo fue?

Estiro mis brazos sobre la cabeza, sonando mi cuello.

—Ella llegó y se fue.

Los dos llegamos en realidad. En la cama, la cocina, la bañera de hidromasaje en el patio trasero. Fue una agradable visita.

Kakashi asiente con la cabeza.

—¿Dijiste que Shion está comprometida ahora?

—Eso es correcto. La próxima vez que vuelva a los Estados ella tendrá Duquesa delante de su nombre.

El último deber real de la nobleza de hoy es asegurarse de que la fortuna quede en la familia, mediante la producción de pequeños herederos y herederas que puedan heredarlo. Lo cual, por desgracia, significa que no hay más momentos divertidos para mí y Shion.

—Tu socio de negocios, el señor Hanare, ¿También está comprometido?

—Sí, tres meses y contando. No ha perdido oficialmente su mente, pero está terriblemente cerca.

Pocas cosas en este mundo son más divertidas que ver a Neji Hanare, una gran montaña de hombre, verse obligado a contemplar arreglos florales para los centros de mesa en su próxima boda.

—¿Y tus otros socios, el señor Uchiha y la señora Haruno, ¿están esperando su primer hijo?

Asiento con la cabeza de nuevo.

—Sí, un niño. Pequeño Hanare Uzumaki Haruno Uchiha.

Ese es el nombre de nuestra firma de abogados, donde todos somos socios, abogados defensores penales. Creo que es adecuado que el primer niño nacido en nuestra firma lleve su nombre. No he convencido a Sasuke y Sakura aún, pero estoy trabajando en ello.

Aunque ahora que lo pienso, me pregunto si estarían más abiertos a Kakashi.

—¿Cómo te sientes acerca de eso, Naruto? Que todos los que forman parte tu círculo íntimo se van a casar, tener hijos, avanzar en sus vidas.

—Creo que es genial. Estoy encantado por ellos. Es decir, hasta el año pasado, Neji era un soltero experto, un Caballero Oscuro en una Baticueva sin una Vicki Vale. Pero ahora tiene una mujer preciosa y una casa llena de niños. Es más feliz de lo que jamás lo había visto.

Kakashi garabatea en su libreta.

—¿Y es algo que deseas en tu vida? ¿Matrimonio, niños?

Entrecierro ojos.

—¿Ha estado mi madre llamándote de nuevo?

—Todos los meses —suspira Kakashi, frotándose la frente— Pero sabes que no discuto nuestras sesiones con ella.

Mi querida madre tal vez debería programar algunas sesiones para ella, teniendo en cuenta que el mes pasado le pidió a su mayordomo, Henderson, hacer investigaciones sobre la adopción de un nieto. Desde que yo, su único hijo, he estado tan abandonado en mi deber de darle uno. Señal de viaje de culpa.

Me inclino hacia delante, apoyando los codos en mis rodillas.

— Muy bien, aquí está la cosa, estoy feliz por ellos, por supuesto. Pero hay una parte de mí que piensa que ahora están atrapados. Atados con toda esa responsabilidad. Yo, por el contrario, tengo mi trabajo para mantenerme ocupado, pero todavía puedo salir de viaje a Suiza para hacer puenting, o pescar en Nueva Zelanda. Con una sola llamada telefónica puedo follar a dos herederas de hoteles de seis maneras un domingo, y luego ver que se vayan a la ciudad, mientras me recupero para la segunda ronda.

Para su información: No hay demasiada información en el consultorio de un terapeuta.

—Si deseo satisfacer la necesidad de una familia, puedo ir por las casas de mis amigos a cenar y ser el tío favorito de sus hijos —Abro los brazos para enfatizar el brillo de mi teoría— Todas las ventajas, ninguna obligación. La vida es corta, quiero vivirla. Y me gusta mucho vivir libre.

Me mira por un momento y dice:

—Mmmm. Entonces, nada.

—Mmmm, ¿qué? —pregunto— Creo que estamos más allá de "mmmm" ¿no lo crees, Kakashi?

Golpea ligeramente sus labios con la punta de su pluma.

—Bueno, es evidente que crees lo que dices. Que piensas que quieres este auto-impuesto estilo de vida de baja responsabilidad. En la forma en que Pinocho quería cortar sus cuerdas para que pudiera ser un niño de verdad.

—¿Pero?

Siempre hay un pero.

—Pero me pregunto, en el fondo, si has pasado esa filosofía. Si realmente anhelas algo más profundo en tu vida. El compromiso no es siempre una carga, Naruto. También puede ser una fuente de alegría y satisfacción inimaginable.

Aclaro mis pensamientos y realizo búsquedas en mi mente, de la forma en que Luke Skywalker hizo cuando Obi-Wan le enseñaba los caminos de la Fuerza.

No, no tengo nada.

—Estás ladrando al árbol equivocado en este caso.

Se encoge de hombros.

—Entonces pregúntate esto: Tan "atados" como tus amigos pueden estar, ¿crees que alguno de ellos sueñe con rubíes en la arena?

¿He mencionado que Kakashi también puede ser un astuto hijo de puta?

He visto mi apellido impreso en bibliotecas, alas de hospitales, cosas por el estilo, pero hay una emoción extra al verlo en la Oficina de Leyes de Hanare, Uzumaki, Haruno & Uchiha. Porque es mío, no de mi familia, es algo que hice yo por mí mismo. Cuando creces a la sombra de todos los logros de esos que vinieron antes que tú, eso es algo grande.

Jessica, nuestra ayudante de verano, también conocida como interna, me recibe con ojos destellantes y una pila de mensajes.

—Buenas tardes, señor Uzumaki.

Tomo los mensajes y evado el contacto visual, manteniendo mi rostro neutral. Es un movimiento bien practicado. Porque los internos están hambrientos, entusiastas, dispuestos a hacer lo imposible. Y eso es particularmente cierto en Jessica.

La manera en que mira, la forma en que accidentalmente roza sus tetas contra mi brazo, la forma en que camina cerca de mi oficina cuando trabajo hasta tarde, dice que está dispuesta a que la doble de cualquier modo que desee. Y Jessica no es una ayudante de apariencia promedio; alta, pelirroja, con caderas que cada hombre imaginaría sostener al estilo perrito. Es caliente. También tiene veinticuatro años.

No sé cuándo veinticuatro se volvió demasiado joven… simplemente sé que lo es.

—Gracias, Jessica.

Subo las escaleras hacia el piso de arriba. Pisos de madera oscura, molduras de corona originales y ventanas con cortinas oscuras, le dan al área una elegancia histórica y profesional. Dos escritorios —uno ocupado por nuestra secretaria, la señora Higgens, y otro para nuestro asistente legal— se encuentran ubicados en paredes opuestas, con dos largos sofás de cuero marrón enfrentándose en las paredes restantes.

Asiento hacia la señora Higgens y me dirijo hacia mi oficina para trabajar el resto de la tarde.

A las cuatro en punto saco la cabeza por la puerta de la oficina para reunirme con mi cliente, Justin Longhorn. Él es un típico chico millonario… cabello marrón desordenado, vaqueros ajustados, una camiseta retro de Nirvana sobre su cuerpo larguirucho, su pulgar deslizándose ocupadamente sobre su iPhone de última generación.

Antes de que pueda saludarlo, Hanabi Ama de dieciséis años camina por el pasillo. Ha trabajado aquí por un par de horas a la semana este verano. Hanabi es la mayor de los seis chicos Ama.

Los chicos Ama de Neji.

Si no entiendes el significado de eso, lo harás en un segundo. Porque lo que pasa después se siente como ver un accidente de auto en cámara lenta. O la danza de apareamiento de dos púberes avestruces. Hay cosas realmente raras en YouTube.

Sus miradas se deslizan sobre el otro, desde la cabeza hasta los pies cubiertos de zapatillas Converse a juego. Justin levanta la barbilla.

—Hola.

Hanabi empuja su ondulado cabello oscuro detrás de la oreja.

—Hola.

Nada bueno puede salir de esto. Y no soy el único lo piensa.

—Hooola —dice Neji, con un lento gruñido desde la puerta de su oficina, donde ocupa un lugar preponderante con brazos cruzados y ojos grises como mercurio.

Neji Hanare es un diablo de hombre, uno de mis amigos más cercanos. También puede ser un hijo de puta aterrador y sobreprotector cuando quiere serlo. El ceño que manda en dirección a mi cliente ha reducido a hombres mayores y más grandes a las lágrimas. Pero Justin no lo ve, porque está demasiado ocupado chequeando a Hanabi.

—Tengo algunas clasificaciones para que hagas, Hanabi —Neji lanza su pulgar sobre su hombro— En mi oficina.

—De acuerdo. Ya vo. —Pero no lo hace… al menos no de inmediato. No hasta que se muerde el labio en dirección a Justin y musita su clásico— Hasta luego.

Justin asiente.

—Definitivamente.

Ajá. Nunca habría marcado a Justin como del tipo suicida. Pero supongo que nunca lo sabes.

Después de que Hanabi se desliza más allá de Neji a su oficina, él sigue sujetando a Justin bajo el agarre de su mirada helada. Y el chico tiene instintos de auto preservación de mierda, porque mueve su barbilla con un despistado:

—Qué tal, hombre.

La cara de Neji es tan amigable como una roca. Siento algo de responsabilidad por Justin. Es mi cliente; es mi trabajo mantenerlo fuera de la cárcel y, ya sabes, vivo.

—Neji, yo me encargo. Le… explicaré las cosas.

—Apreciaría eso —me dice con un tono sombrío. Luego, sin darle otra mirada a Justin, desaparece dentro de su oficina.

Apresuro al adolescente a entrar y cierro la puerta detrás de él.

—¿Quién era…? —comienza a preguntar.

—No lo hagas —advierto. Luego apunto a la silla— Siéntate.

—Pero…

—Detente.

Mi voz retumba, atrayendo su atención. Porque soy un tipo feliz. Despreocupado. De trato fácil. Hasta que no lo soy. Cuando llegan esos momentos, consiguen una reacción. Justin se sienta. Lo enfrento a través de mi escritorio.

—¿Ves Juego de Tronos, Justin?

—Sí, claro —responde, arrugando las cejas.

—¿Recuerdas el episodio cuando ese tipo aplastó la cabeza del otro tipo con sus manos desnudas?

—¿Sí…?

Apunto hacia la puerta.

—Si sigues pensando en esa chica de la forma en que lo hiciste hace un minuto… eso es lo que hay en tu futuro.

Se echa hacia atrás, considerando mis palabras, y probablemente imaginando la aterradora escena brutal que nunca puede dejar de ser vista por los espectadores de todo el mundo. Pero el chico es persistente; tengo que darle eso. Porque todavía lo intenta:

—Pero yo…

—Eres un hacker de diecisiete años que es procesado por robo, fraude electrónico y anfitrión de otros cargos federales. Y seamos honestos, Justin… eres jodidamente culpable —Apunto hacia la puerta de nuevo— Esa chica es la hija de mi compañero. Su hija mayor. ¿Me entiendes? —Pongo las manos sobre mi escritorio, luego aprieto los puños despacio— Aplastado… al igual que una uva.

No es un mal chico. Es listo, gracioso. Me recuerda a Mathew Broderick en Juegos de Guerra; que no se dio cuenta de que estaba en una mierda profunda hasta que se encontraba preparado para un supuesto ataque. Pero Hanabi es como una sobrina para mí, así que cualquier chico que haya sido "acusado como adulto" en algún punto de su vida simplemente no va a dar la talla.

Rematé la idea con una advertencia final.

—Y antes de que tengas alguna idea sobre los amantes de Bajo la Misma Estrella, recuerda, Romeo y Julieta no es un romance. Es una tragedia. Ellos mueren.

Mira hacia la puerta una vez más, luego me da un sólido asentimiento.

—Lo tengo, jefe.

—Bien —Empujo mi silla— Ahora, hablemos sobre tu caso. ¿En dónde está tu madre?

Justin eleva un hombro desgarbado.

—Recibió una llamada de su abogado y tuvo que irse. Tomaré el autobús a casa.

Los padres de Justin se están divorciando. Como, realmente divorciando. Olvida estar en la misma habitación; ni siquiera pueden estar en la misma conferencia telefónica. Su madre es amargada y su padre es un imbécil. Ambos se encuentran totalmente ensimismados y pasmosamente desinteresados en algo que tenga que ver con su hijo.

Lo que es más o menos cómo terminó hackeando el sistema informático de un banco internacional en primer lugar, porque Chico Listo + Padres de Mierda = Problemas. E incluso con su juicio realizándose en pocos días, sus cabezas todavía se encuentran en sus propios traseros. Es triste.

—Tu caso ha sido asignado a un nuevo fiscal —Miro el archivo en mi escritorio— H. S. Hyuga. Nunca he escuchado de él, pero programaré una reunión para discutir un acuerdo extrajudicial.

Justin asiente, con las manos cruzadas sobre la cintura.

— Libertad condicional, ¿cierto? ¿Por qué este es mi primer delito?

—Así es. Y porque no gastaste nada del dinero que tomaste. No quiero que te preocupes, Justin. Ni siquiera verás el interior de un juzgado, ¿de acuerdo?

—Gracias, Naruto —Deja salir un suspiro y se inclina hacia adelante— En serio. Si no lo he mencionado antes, eres como… un súper héroe para mí. Gracias.

Mi padre fue quien me compró mi primera historieta. Me la dio en el hospital; después del accidente que se llevó la mitad inferior de mi pierna izquierda. Era el primer número de Superman; que valía casi un millón de dólares en ese momento. Me la enseñó, arrancó el plástico que la cubría que aseguraba su valor y la leímos juntos. Porque, había dicho, ser capaz de leer conmigo valía mucho más para él que un millón de dólares.

Me convertí en un ávido lector después de eso, y un coleccionista. En esos meses tempranos, las historietas hicieron que el tiempo pasara más rápido, incentivaron a enfocarme en algo más que el dolor y todo lo que perdí. Y —entre tú y yo— los héroes de las historietas me hablaban. Entendí de dónde venían. Porque cada uno de ellos tenía algo terrible —horrible— que les sucedió. Y salieron adelante, no solo bien, sino mejor debido a eso. Y así era cómo también quería ser. Cómo decidí mirar la pérdida de mi extremidad. Sería la cosa que me haría mejor —más— de lo que habría sido nunca si nada me hubiera pasado.

Así que, aunque Justin no tiene idea cuánto significan para mí esas palabras en particular, valen malditamente mucho.

—Es para lo que estoy aquí, compañero.

Incluso cuando era niño —aún antes del accidente— tenía una sobreabundancia de energía. Mientras crecía, el peor castigo que mi niñera podía infligir era hacerme sentar en la esquina. Sin nada que mirar. Nada que hacer. Solía hacerme sentir como un mono de laboratorio en una jaula… realmente loco.

Ese rasgo me siguió en la adultez. Es por lo que corro diez kilómetros al día, el por qué lo primero que hago cada mañana es un largo conjunto de flexiones y abdominales. Es por lo que tengo un par de asideros en la gaveta de mi oficina que aprieto cuando dicto una moción o tomo una llamada. Eso me deja con un cuerpo duro y fuerte, y resistencia para gastar.

Las mujeres en verdad disfrutan ambos, y chico, son apreciativas.

Es también la razón de que, a pesar de que tengo un mayordomo en casa que también hace la función de chofer, camino a mi oficina cada día.

Está oscuro para el momento en que atravieso la puerta de mi casa. La casa en sí se encuentra decorada profesionalmente, y aunque el tamaño es solo una fracción de un solo piso del monstruo en donde crecí —en una calle de alta gama, llena de jóvenes profesionales que conducen BMW y Lexus híbridos— es del tamaño perfecto para un soltero. Bueno… un soltero y su fiel compañero.

Me siento lo suficientemente seguro de mi masculinidad para gritar:

—Cariño, estoy en casa.

Solo para meterme con él. Porque, británico o no, Iruka es más serio de lo que alguien de veintidós años debería ser. Es el hijo del querido mayordomo de mis padres, Henderson. Cuando él decidió entrar al negocio familiar —y porque mi madre todavía rompe en urticaria ante el pensamiento de que yo viva solo— estuve más que feliz de tomar al chico bajo mi ala. Y ahora que lo tengo, espero corromperlo hasta la médula.

Iruka toma mi maletín.

—Bienvenido a casa, señor.

Elevo una ceja, sintiéndome como un padre que tiene la misma conversación con su adolescente cientos de veces. Porque el día en el que me convierta en "señor", solo jodidamente dispárame.

Sus ojos marrones se cierran un poco, luego fuerza:

—Naruto. Quiero decir, bienvenido a casa, Naruto.

Con la piel blanca y una abundante dosis de pecas, Iruka se ve más joven que su edad, algo que tenemos en común. Es por eso que decidí dejarme crecer la barba, una mandíbula llena de vello oscuro bien cuidado. Las mujeres también aprecian eso; esas cerdas tienen todo tipo de usos creativos.

—¿Cómo estuvo tu día?

Lo palmeo en la espalda.

—Estuvo genial. Estoy hambriento… ¿Qué hay para cenar?

—Cordon bleu de pollo. He puesto la mesa en el patio trasero; parecía una noche encantadora para cenar afuera.

Los cordon bleu de pollo de Iruka son lo máximo.

Mi pequeño patio se encuentra profesionalmente organizado. Una valla blanca enmarca la propiedad, lo que solo es considerado porque es grosero forzar a tus vecinos a verte follar. Y lo de follar pasa mucho por aquí debido al enorme jacuzzi que tiene el lugar de honor en una plataforma elevada e iluminada en el centro. Un pequeño parche de césped, una dispersión de arbustos de hoja perenne, algunos arces japoneses, y un fragante árbol de limón completa el escenario.

Me siento en la mesa redonda cubierta de tela y Iruka remueve la tapa de plata de mi plato caliente.

—Tu madre llamó hoy —menciona, moviéndose para pararse detrás de mí— Tu prima Mildred organiza la celebración del primer cumpleaños de su hija este sábado, en la finca Potomac. Las palabras exactas de la señora Uzumaki fueron: "Insisto en que asista, y vendré personalmente a llevarlo si no lo hace".

Esa es mi madre para ti; Jaqueline Bouvier Kennedy por fuera, Harry el Sucio por dentro. Cuando llega una orden directa, en verdad no quieres desobedecer; a menos que te sientas mocoso suertudo. Y los mocosos nunca tienen suerte.

Antes de empezar, miro sobre mi hombro:

—¿Te gustaría unirte a mí, Iruka?

No es la primera vez que le he preguntado recientemente, pero su respuesta siempre es la misma.

—La invitación es muy apreciada, pero si acepto, mi padre podría repudiarme. Y soy bastante aficionado a mi padre.

Asiento.

—Ve a disfrutar de tu propia cena, entonces. No voy a necesitar nada más.

Con la más leve inclinación, regresa al interior.

Después de unos pocos minutos y mordidas, cae el silencio; ni siquiera los grillos salieron esta noche. No me gusta el silencio más de lo que me gusta quedarme quieto.

Nosotros cuatro solíamos salir mucho después del trabajo. Cenar, beber, algunas veces bailar. Pero en estos días hay cunas que armar, niños que llevar y traer, y planes de boda que hacer. Hay otras personas con las que puedo pasar el rato… conocidos, antiguos amigos de la escuela, mujeres que estarían emocionadas de recibir mi llamada. Pero esas opciones no parecen valer el esfuerzo.

El silencio se siente sofocante —con escozor— como una pesada manta de lana. Así que me levanto, tomo mi plato y entro. Porque tan asombroso como es mi patio, la cena frente a la televisión parece mucho mejor.