Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
3
Una semana y media después, entro a la corte para el primer día del juicio Longhorn, vestía mi mejor traje azul marino y mis gemelos de plata de la suerte. Listo para la pelea. La pequeña señorita "la fiscalía nunca realiza acuerdos" dejó bastante claro que busca una pelea. Y si es así como lo quiere, así es cómo lo tendrá. Pero cuando peleo en la corte, lucho para ganar. Si ella no va a jugar limpio; me encuentro más que dispuesto a jugar sucio. También aplicable fuera de la sala del tribunal.
Pongo mi maletín en la mesa de la defensa. Justin ya ha llegado, viéndose muy joven y respetable en una chaqueta y corbata gris burdeos. Parecía comprensiblemente asustado cuando le dije que existía un cambio de planes; que él iba a asistir a la sala de audiencias. Su padre se encuentra aquí hoy, sentado detrás de él en la primera fila, mirando a su teléfono, apenas dando un vistazo a su hijo. Hemos elaborado un plan de asistencia para sus padres, con días alternos. Espero que lo cumplan, porque lo último que necesito es preocuparme por mantenerlos calmados.
Hinata entra a la corte, vestida para matar.
Literalmente; se ve como una súper ardiente y ruda mujer de negocios asesina salida directamente de una de mis historietas. Una falda tubo de cuero negro hasta la rodilla, una blusa de seda negra que se aferra a su torso en todas las formas adecuadas, con el cuello abierto mostrando un collar de ónix incrustado en plata. Su cabello recogido en un moño alto y su maquillaje es sutil, lo que acentúa la belleza de sus rasgos.
Toma su lugar en la mesa de la fiscalía, con deliberación, voltea a verme; y sonríe. Y mi pene reacciona como si fuera un encantador de serpientes, revolviéndolo y engrosándolo, creciendo en la presencia de esa sonrisa.
Es la combinación perfecta de dulce y maligno. Deliciosa pero mortal. Una sonrisa que dice: "Voy a destruirte, y vas a amar cada puto segundo".
Todavía lleva los lentes de contacto de color turquesa, y es un alivio. Gracias a lo que sus ojos naturales harían conmigo, estaría babeando.
Se vuelve un poco para colocar algunos archivos en la mesa, mis ojos pasean sobre su forma exquisita. Jódeme, ella tiene esa línea en la parte posterior de sus medias; un atractivo hilo negro que se desliza sobre su pantorrilla hasta la suave piel de sus muslos, debajo de la falda a la tierra prometida. Por si acaso, deslizo los nudillos sobre la barbilla.
No, sin baba. Estamos bien.
El agente judicial instruye a que nos levantemos y el Honorable Juez Phillips entra en la sala del tribunal, tomando su lugar detrás de su banco. Comprueba la sala para asegurarse de que todas las partes principales se encuentran presentes. Espero que él llame al jurado, así puedo comenzar nuestros alegatos iniciales y lo admito, estoy deseando ver a Hinata en acción.
Pero eso no es lo que sucede.
Hinata se pone de pie.
—Su Señoría, nos gustaría presentar una moción para inhabilitar de testificar al experto en informática forense de la defensa.
Un técnico en computación forense examina los datos que quedan después de los delitos cibernéticos. Mi experto es el mejor en el negocio y va a declarar que la evidencia de los rastros del pirateo y robo al banco que la fiscalía dice llevan hasta la computadora de Justin son defectuosos. Claro que el equipo de Justin puede haber sido utilizado en los crímenes, pero hay una pequeña posibilidad de que no lo fuera. Y pequeño es todo lo que se necesita para que haya una duda razonable.
Si esto fuera ajedrez, mi experto en informática sería mi torre, no la parte más poderosa de mi defensa, pero sigue siendo una pieza esencial en la gran estrategia.
Me pongo de pie.
—¿Por qué motivos?
Los ojos de Hinata se desplazan hacia mí.
—Debido a que no está autorizado a declarar ni en este momento sería de uso. Una audiencia se hará cargo de eso.
El juez está de acuerdo a una audiencia sobre la moción, y dos horas más tarde el juez descalifica mi testigo. Por una cuestión técnica. Debido a que se encuentra fuera de Londres y no se molestó en actualizar su visado de trabajo, que ahora está caduco.
Parece que Hinata también vino preparada para arrasar.
Y es muy buena en eso.
Después de la vista con el juez, una vez que nuestros alegatos iniciales se dan al jurado, Hinata comienza con un experto en informática forense propio. Sus preguntas son rápidas, precisas, y desprenden un olor embriagador de confianza. Las respuestas sobre la tecnología son detalladas y aburridas, como la mayoría de los aspectos técnicos tienden a ser, pero él está pulido. Explica las cosas para el jurado a un nivel que entenderán.
Lo que no augura nada bueno para Justin.
En poco tiempo, el juez me llama para plantear mis preguntas de contrainterrogatorio. Lo que sería genial, excepto que Hinata apenas me permite hacerle una pregunta.
Es algo parecido a esto:
—¿Puede explicar…?
—¡Objeción!
Y esto:
—¿Cómo puede estar seguro…?
—¡Objeción!
Y después:
—¿Cuándo determinó…?
—¡Objeción!
La mayoría de sus objeciones son denegadas, pero ese no es el punto. Es una estrategia. Ella quiere romper mi ritmo, me impide encontrar la zona a dónde puedo llevar al testigo para que diga lo que él quiera, y luego tirarla su respuesta en su cara.
Intenta desestabilizarme; y funciona. ¿Acaso he dicho que esto iba a ser divertido? Me equivoqué. Empiezo a imaginar cómo se verían mis manos envueltas alrededor de su hermoso cuello, y ni siquiera de una manera excitante.
Así que cuando pregunto:
—¿Cuáles son las probabilidades...?
Hinata aparece de pie con:
—¡Objeción!
Grito—: ¡Objeción!
El juez se asoma hacia mí a través de sus gafas.
—¿Está en contra de su propia pregunta?
—No... Juez —tartamudeo—. Estoy en contra de su objeción.
Él levanta una ceja.
—Eso es nuevo.
—¿Se me permitirá interrogar al testigo? A este paso, mi cliente estará tramitando el seguro social para el momento en que se acabe el juicio.
—Si el señor Uzumaki formulara sus preguntas de forma correcta, no estaría obligada a objetar, señoría —dice Hinata con serenidad.
—No hay nada malo con la forma en que formulo mis preguntas —gruño.
El juez nos reprende:
—Vamos a mantener las alegaciones dirigidas a mi manera. Y, señorita Hyuga, vamos a abstenernos de cualquier objeción frívola en el futuro.
—Desde luego, señor.
—Y en ese caso, vamos a terminar aquí. La corte vuelve a reunirse mañana, a las nueve de la mañana. Se levanta la sesión.
Después de que el juez se retira, tranquilizo a Justin con una palmadita en la espalda y una charla. Entonces tomo mi maletín y me doy vuelta para salir. Y quién termina saliendo exactamente al mismo tiempo a mi lado; la Perra Sexy.
—Desde luego, señor —imito su voz aguda. Luego más bajo— Lameculos.
—Prefiero ser una lameculos a un idiota. No me di cuenta que recibiste tu título de abogado de una caja de galletas que pagó tu papito.
—Oye. —Me balanceo a su alrededor, apuntando su pecho— Compré mis propias galletas.
Levanta un hombro poco impresionada.
—Si tú lo dices.
La dejé ir por delante de mí, porque eso es lo que hace un caballero; y porque puedo ver el vaivén de su apretado culo mientras camina.
Me hace sentir un poco mejor.
A mitad de camino por el pasillo, Tom Caldwell llama a Hinata y se detiene a hablar con él. Tom es un fiscal que ha enfrentado a nuestra firma antes. No es un mal tipo, simplemente muy molesto, como un pastel de manzana demasiado dulce. He oído que se comprometió hace poco, con una maestra de escuela llamada Sally.
Con sigilo, me agacho para atar mi zapato a unos pocos centímetros de ellos, escuchando. No me juzguen.
—Un grupo de nosotros estamos yendo hacia Red Barron para beber unos tragos —le dice Caldwell— Deberías venir.
—¡Suena divertido! Gracias, Tom, cuenta conmigo.
Su voz es alegre, amable. No me ha hablado con ese tono en años. Puntas de celos crecen en mi interior como un puercoespín. Los miro caminar juntos.
Maldito Caldwell.
Entonces tomo mi celular del bolsillo. Y llamo a Sasuke.
—Amigo —le digo cuando contesta— Prepárate… Necesito un compañero. Tú, yo, tragos después del trabajo. Como en los viejos días... el año pasado.
Su voz es marcada por el sueño.
—Lo siento, hombre, no puedo. Estamos tomando una siesta.
—¿Tomando una siesta? —Compruebo mi reloj— ¡Son las cinco!
—Si no te has dado cuenta Sakura transita un estado de gestación avanzado.
—Sí, ¡pero no tiene ochenta! Y ella es la embarazada, ¿cuál es tu excusa?
Bosteza.
—Volvimos a casa temprano. Solo descansa si me acuesto con ella, y luego ambos terminamos durmiendo. Luego permanezco completamente despierto toda la maldita noche tratando de ponerme al día en el trabajo. Este bebé me está convirtiendo en un vampiro.
Niego con la cabeza.
—Lo siento por ti, amigo. Decepcionas al equipo.
—¿Dónde está Neji?
—En el ensayo de ballet de Moegi. Se quejaba sobre el asunto esta mañana. Tiene suficiente castigo.
—Lo siento, Naruto.
—Sí, sí; vuelve a tu siesta, abuelo. Que no se te olvide quitarte la dentadura.
Se ríe.
—Qué te jodan.
Cuelgo y doy un suspiro. Parece que vuelo solo en esta misión.
No me dirijo directamente al Red Barron; sería demasiado obvio. Me retraso cuarenta y cinco minutos más o menos, entonces entro al pequeño bar. Es de la vieja escuela: cerveza, vino y whisky. Hay un tablero de dardos en la esquina trasera, una pequeña televisión detrás de la barra, y un par de mesas y sillas que han visto mejores días colocados a lo largo de la pared de espejos. Aunque está deteriorado, el lugar se encuentra repleto. Me muevo entre unos pocos clientes, y ubico la alta figura de Tom Caldwell mezclado en un grupo de hombres vestidos de traje y mujeres agrupadas en el bar.
Tom se vuelve cuando toco su hombro y sus ojos muestran sorpresa, pero sonríe.
—Hola, Uzumaki.
Sacudo su mano.
—¿Cómo va todo, Caldwell?
—Bien. Pasaba por una bebida después de la corte.
—Sí, yo también.
Sobre el hombro de Tom, diviso a Hinata. Aquellos ojos turquesas con gruesas pestañas me ven por un momento, como si se preparara para despedazarme una vez más, pero entonces bufa y niega con la cabeza. Una señal de que solo tal vez, parece dispuesta a desistir de hacerme pasar un mal rato. Al menos por el momento.
Me entremezclo en el grupo, señalando con la cabeza un par de caras conocidas, hasta que me encuentro frente a ella. Tan cerca que tiene que mirar hacia arriba para mantener el contacto visual. Una de las esquinas de su boca se eleva.
—¿Te das cuenta de que el acoso es un delito?
—¿El acoso? —me burlo— Alguien tiene una muy alta opinión de sí misma. Vengo aquí todo el tiempo.
—¿Vienes aquí? ¿A este bar?
—Sí —Me encojo de hombros— No seas paranoica.
Se eleva, su aliento hace cosquillas en mi oreja.
—No es paranoia, es la verdad. Mira alrededor.
Lo hago. Y es entonces me doy cuenta cuál es la razón por la que no me cree. El lugar se encuentra lleno de oficiales de policía, algunos de uniforme, algunos vestidos de civil con sus armas e insignias aún visibles. Es un bar de policías. Los policías y los fiscales se juntan porque, por lo general, pertenecen al mismo lado.
¿Sabes quién no está de su lado? Abogados de defensa criminal.
Las cejas de Hinata se elevan.
—¿Quieres reformular tu declaración?
—No. Esa es mi historia y me apego a ella.
Se ríe.
—Hola, Naruto. ¡No te he visto en mucho tiempo!
Michelle Lawson, una fiscal morena deliciosa. Salí con ella brevemente hace unos años, se acerca a mi lado y me besa en la mejilla. Es una chica agradable, tuvimos unos buenos momentos, y me refiero exactamente a lo que piensas y entonces siguió su curso. Sin resentimientos.
—Hola, Michelle. ¿Cómo estás?
—Igual que siempre. Te ves bien, Naruto.
—Gracias —Le guiño un ojo— Igualmente.
Una sombra infeliz cae sobre la cara de Hinata mientras observa nuestro intercambio.
Interesante.
—¿Qué estás bebiendo? —le pregunto, después de que Michelle sigue adelante.
La lengua de Hinata se asoma, mojando su voluminoso labio inferior.
—Pinot Grigio. —Coloca su mano en mi bíceps, a propósito, casi posesivamente. Y se apoya tan cerca que puedo oler el dulce vino en su aliento— Tráeme otra, ¿por favor?
En verdad no sé lo que pasa aquí. No tengo la certeza de cómo pasamos que me llamara un idiota en la corte hace una hora, a que coquetee conmigo ahora. Pero no existe manera que lo cuestione, le conseguiré a la dama su bebida.
Pasamos la siguiente media hora conversando, burlándonos, riéndonos acerca de cosas sin importancia. A veces con las personas que nos rodean, pero sobre todo entre nosotros. Hinata me mira de arriba abajo. Con audacia. Seductora. Toca mi brazo, mi pecho. Se apoya más cerca y me habla en voz baja al oído. Estoy duro como una roca todo el puto tiempo; pero no me quejo. Quiero saber cuál es su juego. ¿Por qué el repentino cambio de actitud? Tengo la intención de preguntarle tan pronto como estamos solos, pero me sacude de un puñetazo.
—¿Quieres salir de aquí? —pregunta, con una mano en la cadera, la otra frotando arriba y abajo de mi pecho. Volviéndome loco.
—Me quitaste las palabras de la boca.
Su sonrisa es lenta, reservada.
—Entonces tal vez tendrás que poner algo en la mía para que sea un intercambio justo.
¿Acaba de decir eso de verdad? Mierda, si esto es un sueño; pónganme en un maldito coma.
Mi corazón late un poco más rápido.
—Suena como un plan.
Engancha el dedo pulgar detrás de ella.
—Voy a ir al baño de mujeres primero.
Mientras se da vuelta, termino el resto de mi cerveza, deseando que fuera algo más fuerte. Tengo que hacerlo bien. Tengo un montón de preguntas, hay tantas cosas que quiero saber y tantas posiciones con las que quiero penetrarle.
Un vaso se estrella en una mesa en la parte de atrás, muevo mi cabeza en esa dirección. Hacia dos grandes, bebidos, idiotas insultándose y empujándose, listos para pelear. Hay un estrecho pasillo hacia el baño, y Hinata no tiene una gran cantidad de espacio para ir más allá de ellos.
Sé exactamente lo que va a ocurrir; y no hay manera que vaya a dejar que pase.
Un segundo más tarde tengo mi brazo alrededor de la cintura de Hinata, la levanto y la giro, poniéndola a salvo detrás de mí. Entonces empujo la espalda del idiota con el que ella hubiera chocado.
—Si quieres golpear a alguien, hazlo afuera —gruño.
El idiota se olvida del tipo al que originalmente quería golpear y se gira hacia mí.
—¿Quién demonios eres tú?
Me pongo frente a él, mi voz baja y letal:
—Casi golpeas a mi chica. Si lo hubieras hecho estarías ahora mismo en un jodido mundo de dolor. Así que soy el tipo que te dice que dejes de ser un imbécil. Si eso va a ser un problema, yo también puedo ir afuera.
Observa mi rostro, tal vez tratando de deducir si hablo en serio. Lo sobrepaso por unos centímetros, mi mandíbula es rígida y mis ojos se ven duros, estoy jodidamente hablando en serio. Después de un momento, lo percibe y se aleja.
—No tengo problemas contigo —Se encoje de hombros, tambaleándose.
—Bien.
Después de que se aleja caminando, me giro hacia Hinata. Deslizo mi mano detrás de su cuello, gentilmente acunando su cabeza, buscando su rostro.
—¿Estas bien? —No me gusta su color. Está pálida, sus ojos se ven vacíos— Vamos, ¿qué está mal?
Parpadea, apartando la mirada, negando con la cabeza.
—Nada está mal. Estoy… Iré a buscar un taxi afuera. Sola.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Porque no puedo… —Se detiene y se tensa en mis brazos. A la defensiva— Porque he cambiado de parecer.
Hinata se zafa de mis brazos y se desliza entre las personas hacia la puerta. Es mucho más delgada que yo, así que también más rápida. Para el momento en que llego a la puerta ya ha detenido un taxi.
Abre la puerta pero la empujo y la cierro.
—¿Qué haces?
—Me voy a casa, Naruto.
Intenta abrir la puerta de nuevo, pero la cierro, más fuerte esta vez.
—No hasta que me digas que te asustó ahí dentro.
Ya no luce sorprendida, asustada o confundida. Luce enojada. Conmigo.
—¡No me digas que hacer! ¡Tú no tienes el derecho de decirme que hacer! —grita.
—Chicos, ¿todo está bien? —pregunta Tom Caldwell. Su voz es bastante amistosa, parece genuinamente preocupada— Nosotros, eh, llamamos un servicio de taxi. Llegarán en cualquier momento. Hinata, ¿vas a venir con nosotros?
Peina su cabello hacia atrás, componiéndose.
—Sí, gracias Tom. Iré contigo —Su expresión se vuelve fría cuando se gira hacia mí—. Te veré en la corte mañana, Naruto.
Golpeo el techo del taxi, frustrado porque esta no es una batalla que pueda ganar esta noche.
—Sí. Te veo mañana Hinata.
Más tarde esa noche, alrededor de las dos de la madrugada, me despierta una sensación de electricidad que corre desde el fin de mi muñón hasta el muslo. Despierto sudando frío, todo mi cuerpo tenso, todos los músculos contraídos en agonía.
Sucede en algunas ocasiones.
Al inicio era pesar de un miembro fantasma, el sentimiento de dolor en un miembro que ya no existe. Entonces, solo eran calambres en el pie. Quería moverlo, frotarlo y torcerlo hasta que se volviera cómodo, claro que eso era imposible.
Ahora es diferente. Neuralgia.
Es la razón por la que las rodillas de tu tío duelen cuando llueve, incluso años después de la cirugía de esa vieja herida de fútbol. Algunos nervios no saben cuándo renunciar, quieren encenderse, y se enojan si no pueden hacerlo.
Un espasmo recorre mi muslo cuando otro golpe llega, este quema y es filoso. Gruño y llamo a Iruka para que traiga mi silla de ruedas. Usar mi prótesis se encuentra fuera de cuestión, y también volver dormir. He consultado a demasiados especialistas y todos tienen explicaciones; el clima, estrés, pero no respuestas definitivas. Uno quería que me pusiera bajo el bisturí, pero no podía garantizar que lo curaría, así que decliné. En su lugar, intento con masajes médicos, acupuntura y simplemente aguantármelo.
Después de que me desplazo en la silla de ruedas hacia la sala y le digo a Iruka que regrese a la cama, le envío un mensaje a Sakura, diciéndole que no iré a la oficina mañana.
Ni a la corte.
En la mañana, mi masajista viene a casa, una anciana mujer asiática con manos seguras y fuertes que maldice como un marinero. El dolor es menor cuando se va, pero solo un poco. Paso el día en la silla de ruedas, usando una camiseta y pantalones deportivos.
Más tarde, recibo una sorpresa. Hay un fuerte golpe en la puerta y Iruka va a abrirla. Regresa a la sala con Hinata atrás de él, luciendo fantástica en una falda blanca, ajustado blazer negro y brillantes tacones, su cabello; suelto, grueso y ondulado.
También luce algo enojada.
—La señorita Hinata Hyuga —la anuncia Iruka.
Se para en seco.
—¿Tienes un mayordomo?
Me encojo de hombros.
—Mi madre se preocupa. ¿A qué debo este placer?
Hinata me apunta con su dedo.
—Si crees que vas a pasarle el caso a tu compañera como una gallina, ¡estás completamente loco!
—No sé a qué te refieres.
—Me refiero al hecho que no fuiste hoy a la corte. ¡Pero la barracuda de tu compañera si lo hizo!
Me río, aun cuando un dolor intenso recorre mi pierna.
— Barracuda, a Sakura le va a gustar eso. Le haré saber tu cumplido.
—No intentes abandonar esto, Naruto. Presentaré una queja en la corte, contactaré a la asociación de abogados, haré…
Aunque es muy entretenido ver su diatriba, la hago callar.
—Hinata, este caso es mío, el cliente es mío. No me sentía en forma para asistir hoy a la corte y Sakura se encontraba libre, eso es todo —Mis ojos la recorren y fuerzo un guiño— Aunque es bueno saber que me extrañaste.
Su boca se cierra de golpe, y sus cejas se juntan mientras me observa.
—No pareces enfermo.
—No estoy enfermo —respondo.
Mira hacia las ruedas de mi silla, luego a mi rostro, sé que nota los círculos bajo mis ojos, la mandíbula tensa, el sudor en mi frente.
—¿Es tu pierna? —pregunta con suavidad.
Hago un esfuerzo por sonreírle, pero se siente amargo.
—Soy uno de esos afortunados que experimentan dolor crónico años después de una amputación. Hace que sea casi imposible usar mi prótesis y no me gusta usar silla de ruedas en la corte. Distrae al jurado.
Procesa lo que dije y su voz se vuelve aún más suave.
—Un año y medio después de tu accidente mis padres y yo fuimos a tu casa para cenar. Me escapé hacia arriba porque quería verte; necesitaba saber si estábamos bien, llegué a la mitad del pasillo camino a tu cuarto, y entonces te escuché llorar. Henderson se encontraba contigo, sonaba… horrible.
Inclino cabeza.
—En ese entonces, era peor. Y era joven, no sabía cómo lidiar con ello. Ahora sí.
Tomo mi tiempo antes de alzar mi mirada hacia ella. Hay una diferencia entre lástima y compasión, y he tenido veintidós años de práctica en notar la diferencia. Lástima es sentirte mal por alguien mientras te alegra que no seas ellos. Compasión es compartir el dolor, sufres con ellos, te apropias de su dolor. Puedo aceptar curiosidad e incomodidad acerca de mi pierna, son inevitables. Pero no puedo manejar la lástima.
No de ella
Cuando dirijo la mirada hacia su rostro, mi pecho se llena de alivio. Porque sus ojos brillan con dolor; el mío y el suyo.
—¿Hay algo que pueda hacer?
Sonrío.
—Ahora que lo mencionas, las mamadas siempre me hacen sentir mejor. ¿Supongo que no te interesa?
En realidad, se ríe; bajo, dulce y hermoso. Y logra que el dolor sea un poco más fácil de ignorar.
—Lo siento, no estoy interesada.
—Maldición —Chasqueo los dedos— Entonces, ¿qué tal un trago? Beber solo apesta —Desplazo el dedo hacia mi mayordomo— E Iruka es demasiado apegado a las reglas.
Muevo mi silla de ruedas y le hago señas hacia el sofá.
—Siéntate. Iruka, por favor, trae mi mejor brandy. En la repisa superior del gabinete de licores, a la izquierda.
—Tu medicina… —me advierte, pero lo ignoro.
—Un trago estará bien.
Hinata se sienta en el sillón de cuero café, lo suficientemente cerca para que nuestras rodillas casi se toquen. Iruka nos entrega a cada uno una copa redondeada de base sólida llena con líquido color ámbar, y sin hacer ruido, abandona el cuarto.
La observo. ¿Por dónde comenzar? Tantas preguntas, e incluso más campo minado.
—¿A dónde fuiste después de la escuela? Fui a casa ese verano pero…
—No quiero hablar sobre eso Naruto. —Mira fijo hacia adelante, su voz con una nota incuestionable al final.
Doy marcha atrás.
—Bueno, entonces… ¿cómo sucedió? El cabello, la ropa, los lentes de contacto; tu madre y tu hermana Claire quisieron hacerte su Barbie durante años. ¿Qué fue lo que hizo que por fin las dejaras?
Una sonrisa curva sus labios.
—No las dejé —Se inclina hacia mí, sus hombros se relajan un poco— Con el transcurso del tiempo, esa fase rebelde pasó de moda, mirar a mi madre cagar ladrillos sobre la manera en que me vestía se volvió menos satisfactorio. Pero el verano después de mi primer año en la escuela de leyes tuve que hacer una práctica en la corte de apelaciones…
—¿A dónde fuiste a la escuela? —interrumpo, hambriento por cada detalle.
—Yale —Toma un trago de su brandy y continúa— Así que… trabajaba bajo el mando de Justice Bradshaw, que no solo era una jueza fenomenal, además era una mujer impactante. Transcurrido cerca de un mes de mi pasantía me llamó a su oficina y dijo que se sentía impresionada con mi trabajo pero que si no hacía algo sobre mi apariencia no permanecería mucho tiempo más en el internado con ella.
—¿En verdad te dijo eso? —logro decir— Mierda, eso hubiera dado inicio a una interesante demanda por acoso sexual.
Hinata asiente.
—Le dije que quería ser juzgada por mi trabajo no por mi apariencia. Y ella respondió: "Eso está bien para la tierra del Bla Bla pero este es el mundo real".
Su lengua se suelta mientras habla más. La máscara de hielo se derrite mientras su rostro se vuelve más suave y abierto. Y no puedo quitarle los ojos de encima, porque esta es la chica con la que crecí. La chica que conozco.
—Me dijo que el banquero y el vándalo, todos éramos juzgados por cómo lucíamos. Y si me veía desaliñada la gente pensaría que todo lo que hago sería así. Pero que si me veía impecable, me darían el beneficio de la duda de que mi trabajo también sería impecable. Así que empecé a hacer un esfuerzo por verme más refinada. Y en unas cuantas semanas estaba teñida, depilada y personalizada en cada centímetro de mi vida —Pasa sus manos por el frente— Fue mi momento de Devil Wears Prada.
Asiento, aunque no tengo una jodida idea a qué se refiere. Y ella me descubre.
—No tienes idea a qué me refiero ¿verdad?
—Ni una pista.
Hinata sonríe.
—Me refiero a que Justice Bradshaw fue mi mentora de la moda. Y básicamente ese fue el verano en el que me volví bonita.
La observo; la delicada curva de sus mejillas, su suave piel, las gruesas y largas pestañas y la llena y rosada boca que siempre ha tenido.
—No, en realidad no.
Sus ojos se encuentran con los míos por un largo momento, luego aparta la mirada. Traga algo de brandy y tose.
—Es un poco fuerte, ¿no? —digo.
—Sí. No por ser grosera pero si esto es tu mejor brandy, tengo miedo de averiguar como sabe tu licor barato.
Sonrío.
—No es el mejor brandy por el gusto —Tuerzo mi dedo, trayéndola más cerca hasta que nuestros brazos casi se rozan, y detecto el aroma de duraznos en su piel. Entonces levanto mi copa, moviéndola con suavidad— ¿Ves el ligero color café, que tan suave luce, como terciopelo arrugado?
Hinata observa el vaso y sonríe.
—Pero también se percibe ahí un café más oscuro, dándole más complejidad. Una riqueza.
—Ajá.
—Y también hay un toque de lila que hace que se vea casi etéreo. Como si estuviera iluminado desde adentro.
—Sí. —Asiente de nuevo.
Dejo de mover el vaso. Y le digo en voz baja:
—Ese es el color exacto de los ojos de Hinata Hyuga.
Su respiración se atasca, casi como un jadeo.
—Eso fue lo que pensé la primera vez que lo bebí, y es lo que pienso cada vez lo que hago desde entonces —Me giro para estar frente a ella, mi voz bajando de tono— Nunca te he olvidado, cariño. Ni siquiera estuve cerca.
Ella no esperaba eso. Luce sorprendida; pequeña y de repente muy vulnerable. Entonces se cierra y su rostro se vacía de emoción. Se vuelve duro.
—Eso te enoja —Intento que me mire de nuevo— ¿Por qué te enoja?
—Sabes por qué —Se empieza a mover para ponerse de pie.
Tomo su mano.
— No, Hinata. No lo sé. Nunca lo hice.
Se aleja de mí y posa su copa en la mesa de café. Entonces se aleja un paso, poniendo espacio entre nosotros.
—No haré esto contigo de nuevo Naruto. No vas a absorberme otra vez.
Mi mandíbula se tensa.
—Bien, ¿qué tal si me explicas qué significa eso?
—¿Qué tal si vas y te jodes a ti mismo con un palo de lacrosse?
Hola de nuevo, primer escalón; tanto tiempo sin verte.
Inclino mi cabeza, como si lo estuviera pensando.
—El equipo deportivo es un límite duro para mí. Pero si quieres jugar con juguetes estoy dentro.
No le hago ninguna gracia.
—Me voy.
—Huyes.
Sus labios se fruncen y sus ojos brillan, y maldición si no es linda cuando se enoja. No puedo esperar a ver como luce esa mirada cuando está completamente furiosa, algo me dice que tendré mi oportunidad muy pronto.
Una mano se apoya en su cadera, la otra apuñala el aire frente de mí.
—Silla o no silla, más vale que vea tu trasero en la corte mañana o haré de tu vida un inferno.
—Lo contrario a la maravilla que haces ahora.
Lanza las manos hacia arriba y se desplaza hacia la puerta.
—Te veré mañana, ángel —le digo a su espalda.
Un minuto más tarde, Iruka entra tranquilamente en el cuarto después de llevarla a la puerta delantera.
—¿Ángel? —pregunta.
—Seguro —Levanto la copa a mis labios— Era un ángel quien llevó las plagas a Egipto.
—Ah, ya veo —Asiente— Pero algo me dice que ranas y langostas eran más fáciles de manejar.
Y yo estoy de acuerdo.
