Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

4

A la mañana siguiente, llego a la oficina temprano para compensar el haber faltado el día anterior. Me pierdo en las mociones y apelaciones, y antes de saberlo, el edificio se llena de vida a mi alrededor; el sol del mediodía entrando por las ventanas, el ruido de los pasos de la señora Higgens, el olor del café en el aire… el golpe contundente viniendo a través de la pared, haciendo vibrar el juego de dardos de mi escritorio.

¿Qué demonios?

Antes de llegar a mi puerta, se escucha otra vez, ahora acompañado por un grito amortiguado; ahogado, dolorido, y claramente masculino.

¿Qué carajo?

Doy un salto y corro por el pasillo, y me doy cuenta de que el sonido viene de detrás de la puerta del despacho de Sakura. Neji y Sasuke salen de sus oficinas al mismo tiempo, sus expresiones preocupadas reflejando la mía. Cuando suena otro golpe, la boca de Sasuke se aprieta en una línea dura y sus ojos parecen dos bombas nucleares a punto de detonar. Toma la ventaja mientras todos entramos a la oficina de Sakura.

Sakura siempre ha tenido la cosa de bomba brasileña, pero ahora luce una curva extra… su panza de siete meses de embarazo. Lo que hace que el hecho de que esté sosteniendo a un tipo boca abajo sobre el escritorio, con la mano de este de una forma poco natural detrás de su espalda, sea aún más preocupante. Y... medio impresionante.

—¡Aaaarrrgh, me vas a romper el brazo! —gime el hombre.

—¿Estás bien? —le pregunta Sasuke.

—Magnífica. —En realidad, sonríe.

Él se acerca justo cuando Sakura da un paso atrás, entonces Sasuke agarra al tipo y lo clava contra la pared, su gran mano alrededor de la garganta del hombre.

—¿Qué demonios hiciste? —gruñe Sasuke.

Los ojos del hombre se abren.

—¿Yo? ¡Ella casi me rompe el maldito brazo!

Sasuke tira de él a unas pulgadas de la pared y lo golpea contra ella.

—¿Qué hiciste para que casi te rompiera el brazo?

—Le dije que iba a tener que pasar algún tiempo en prisión —Sakura empuja su largo y rosado cabello hacia atrás, dejando al descubierto su sudoroso cuello— Que no había una oferta que pudiera hacer que no incluyera de dos a cuatro años, como mínimo. No le gustó eso, y se abalanzó sobre mí.

—¿Le lanzaste un jodido golpe a mi esposa? —Los dedos de Sasuke se aprietan alrededor de la tráquea del tipo— ¡Mi esposa embarazada!

Sakura se convierte en la voz de la razón.

—Estoy bien, Sasuke. De verdad. Por favor, solo sácalo de aquí —Luego, le da al pedazo de mierda una mirada que podría matarlo más rápido que el agarre de Sasuke— Voy a dejar caer tu caso y mantenerte retenido. Cualquiera que sea el abogado con el que termines no será lo suficientemente bueno como para conseguirte ni siquiera de dos a cuatro años, así que diviértete con eso, idiota. Sal.

—Deja que te ayude —dice Neji, bajo y peligroso.

Luego toma al bastardo de las manos, literalmente, de Sasuke y lo arrastra hacia la puerta. Las manos de Sasuke pasan sobre el estómago de Sakura, por sus hombros.

—¿Estás segura de que estás bien?

—Totalmente. Ni siquiera me tocó.

Sasuke asiente y la abraza. Pero al momento en que Neji está de vuelta en la habitación, se pone todo alterado de nuevo.

—Es todo, Saku, se acabó.

Sus manos cortan a través del aire, su mandíbula tan apretada como el granito.

—No empieces de nuevo —dispara Sakura.

Es posible que desees tomar un poco de palomitas de maíz. Porque un buen abogado puede discutir contra sí mismo. Dos abogados cara a cara son como una pelea verbal de la MMA en jaulas pero sin reglas.

—Se acabó, Sakura. La licencia de maternidad comienza ahora —Sasuke cruza los brazos, nunca es una buena señal.

—No, claro que no, Sasuke. ¡No voy a alimentar tu fantasía de "descalza y embarazada en la cocina"!

Sasuke se inclina hacia adelante.

—Eres más que bienvenida a usar zapatos. Soy parcial con los talones.

Sí, eso irá muy bien.

A continuación, Sasuke, sin demostrar su marca registrada de encanto, pierde el control:

—¡Eres mi esposa, ese es nuestro hijo! No voy a esperar y ver que cualquiera de los dos resulte lastimado, así que se acabó, no más idiotas violentos y drogadictos. ¡Quieres sentarte detrás de tu escritorio, levantar los pies con un lindo evasor de impuestos o uno que lava de dinero, sé mi puto huésped!

—¡Esa no es una decisión que te corresponda tomar!

—¡Lo acabo de hacer!

En voz baja, le digo a Neji:

—Odio cuando mamá y papá pelean.

Él esboza una sonrisa. Sakura mira con aire de suficiencia a su marido.

—Entonces es algo bueno que esta sea una asociación de igualdad, y que tomemos ese tipo de decisiones firmes juntos.

Sasuke asiente, sin preocuparse.

—Buen punto. Deberíamos votar, ya que es una decisión firme.

La sonrisa de suficiencia de Sakura tambalea.

—¿Neji? —pregunta Sasuke, la mirada centrada en su esposa.

Hay una pausa por un solo latido, y Neji dice:

—Estoy de acuerdo con Sasuke.

El rostro de Sakura se tensa, pero antes de que pueda discutir, prosigue:

—Los soldados, bomberos, policías, todos tienen deberes restringidos cuando están embarazadas.

—¡Pero no soy ninguna de esas cosas! —Levanta las manos— ¡No tengo que sacar personas de edificios en llamas ni esquivar fuego, maldita sea!

La voz de Neji es firme como el acero.

—Aun así no vale la pena el riesgo de algún idiota abalanzándose sobre ti. Y no tiene nada que ver con que seas una chica, si Sasuke estuviera en tu lugar, le diría exactamente lo mismo. Gracias a Dios que no es el caso.

La autosatisfacción de Sasuke llena el aire y hace eco en su voz.

—¿Naruto? ¿Cuál es tu voto?

Los ojos color esmeralda de Sakura me observan suplicantes. La miro directamente.

—Eres una de mis mejores amigas, así que puedo decir que creo que te comportas como una tonta.

—Pero…

Elevo mi mano.

—Son unas pocas semanas con clientes limitados, no es el fin del mundo. Y nos dará a todos tranquilidad mental.

Entonces canalizo mi Kakashi interior.

—No tienes que demostrarnos nada, Sakura, aunque tal vez sientas que tienes que demostrarte algo a ti misma. Pero no vale la pena tu salud. O la salud del pequeño Hanare Uzumaki Haruno Uchiha.

Sasuke se ríe.

—Gracias.

—No tan rápido, no he terminado —Tomo una respiración— A pesar de que veo tu punto, Sakura es una mujer adulta, no una niña. No voy a quitarle su decisión. Así que mi voto es para hacer lo que Sakura quiera hacer.

Sasuke rechina los dientes.

—¿Me estás jodiendo?

—No.

Sakura cruza los brazos victoriosamente.

—Gracias, Naruto.

Pero Sasuke no ha terminado. Porque a pesar de que somos de la misma edad, los tres siempre me han mirado como si fuera un hermano pequeño o algo así. Como si necesitara ser instruido o que me dieran sermones. No sé de dónde coño viene eso; quiero decir, tiene que haber un montón de hombres adultos que tienen un estante entero en su oficina solo para libros de historietas. ¿Cierto?

Sasuke pone su mirada de papá, y dice:

—Uno de estos días te vas a preocupar más por alguien de lo que te preocupas por ti mismo. Y entonces sabrás lo que se siente; y que acabas de tomar el voto incorrecto.

—Lo mantendré en mente, pero mi voto se mantiene —Compruebo mi reloj— Y ahora tengo que llevar mi culo a la corte.

Mientras me giro y camino hacia la puerta, escucho a Sasuke amenazando con llamar a la madre de Sakura. Sakura es una chica dura, pero también es un poco reina del drama.

—¡Si metes a mi madre en esto, nunca te lo perdonaré!

Y puedo oír el guiño en la voz de su esposo.

—Nunca es mucho tiempo, querida. Voy a tomar mis posibilidades.


Un par de horas más tarde, Hinata tiene una de las víctimas de Justin Longhorn en el estrado. Abordó las cosas más técnicas ayer, y mientras que Sakura ejecutó un fuerte interrogatorio, hizo daño. Pero no tanto como el daño que está pasando en este momento. Porque Hinata, de aspecto tan delicioso como una magdalena de vainilla en su ajustado traje de color crema, está interrogando a Eloise Potter. Una pequeña ancianita de voz suave, jodidamente adorable. Se parece a mí abuelita. Se ve como la abuelita de todos.

Para el momento en que Hinata termina de hacerla hablar de la forma en que laboriosamente había juntado peniques toda su vida, planificando así su jubilación y la del señor Potter; después de narrar entre lágrimas el miedo de ver que los ahorros de su vida, literalmente, desaparecieron… el jurado mira a mi cliente como si fuera el hermano perdido hace mucho tiempo de Menéndez. Son los monstruos que volaron a ambos padres con escopetas solo para poner sus manos en su herencia, en caso de que no lo supieras.

Así que, sí, no es bueno.

—Eso es todo por ahora, su señoría —le dice Hinata al juez.

Me sonríe sinuosamente mientras regresa a su asiento detrás de la mesa de acusación. Y cuando inhalo, el dulce, afrutado aroma me da una semi-erección instantánea.

Jodidamente genial. Ahora tengo que interrogar a la señora Clause a media asta.

Tomo una respiración profunda y me levanto, abrochándome el traje. Luego sonrío cálidamente.

—Buenas tardes, señora Potter, soy Naruto Uzumaki.

Asiente y sonríe.

—Hola, joven.

Doy un paso lejos de la mesa.

—Señora Potter, ¿le dijeron los detectives que investigaban el caso que los fondos habían sido recuperados?

—Sí, lo hicieron, gracias a Dios. Harold y yo nos sentimos muy aliviados.

—Estoy seguro que sí. ¿Y también explicaron que su dinero les sería devuelto?

—Sí, es correcto.

Gesticulo hacia Justin, sentado mansamente pero atento, en su uniforme escolar de chaqueta azul y pantalones marrones, Sus manos juntas sobre la mesa.

—¿Cómo se siente sobre mi cliente, señora Potter? ¿Sabiendo que tiene solo diecisiete años de edad? ¿Siente que deba ir a la cárcel, que el resto de su vida deba ser arruinada por un supuesto error de adolescentes?

Hinata salta sobre sus pies, como sabía que lo haría.

—¡Objeción! Los sentimientos del testimonio de la parte demandada no tienen relación con los hechos del caso.

Pero esta vez, estoy listo para ella.

—La señorita Hyuga abrió la puerta a los sentimientos de los testigos cuando ella le preguntó a la señora Potter al respecto, en relación con el descubrimiento de los fondos faltantes de su cuenta, su señoría.

El juez Phillips toma un momento para considerarlo, luego me da la razón.

—Su objeción es denegada, señorita Hyuga.

Satisfacción bombea tan fuerte en mis venas que se me escapa en un bajo ja. Las cosas van cuesta abajo rápidamente después de eso.

—¿Me acabas de decir ja? —chilla Hinata, como un gato mojado.

Me giro, enfrentándola completamente.

—No, no te dije ja. Eso sería poco profesional.

—Definitivamente oí un ja.

—Entonces estás escuchando cosas, cariño.

Sus ojos llamean, luego se estrechan drásticamente. Habla con el juez, pero su mirada se mantiene centrada en mí.

—Solicito que el señor Uzumaki sea disciplinado por el tribunal. Por referirse a la oposición de un modo despectivo…

Doy un paso más cerca de ella.

—No hay nada despectivo sobre cariño. Es una expresión de afecto.

—¡Es denigrante!

—¡Es de admirar!

—Lo que no es apreciado ni permitido —se burla Hinata— Claramente lo dice en Billings vs. Hobbs.

—Tendrías razón, si no fuera por Probst vs. Clayton.

Nuestros ojos chocan. Da un paso hacia mí, su respiración agitada.

—Probst vs. Clayton fue anulado.

Avanzo, mi pulso golpeando, hasta que estamos prácticamente nariz con nariz.

—Dwyer vs. Bocci, entonces —Y murmuro solo para que ella pueda oír— Chúpala.

Sus ojos se centran en mi boca.

—Muérdeme —susurra. Luego, más fuerte— Veré tu Dwyer vs. Bocci y te levantaré un Evans vs. Chase.

Y joder, quiero besarla. Está justo ahí; sería tan fácil. Sería tan bueno.

El juez Phillips se aclara la garganta, y nos separamos. La habitación está en un silencio mortal, todos los ojos sobre nosotros.

—¿Le gustaría estar solos? —Frunce el ceño— Podría hacer que desocupen la sala.

Mi mirada va al suelo y prácticamente puedo sentir a Hinata marchitándose de vergüenza.

—No, su Señoría.

—No será necesario, señor juez.

—Ah, recuerdan que soy el juez. Eso es alentador —Coge el martillo— A mí, sin embargo, me gustaría un momento a solas, con ambos —Su voz resuena cuando se dirige a la corte— Es viernes, así que cerraremos la tienda temprano. Nos reuniremos el lunes a las nueve de la mañana. —Golpea el martillo— Suspendido. Señorita Hyuga, señor Uzumaki, a mi despacho.

Conversaciones y movimientos inundan la sala. Todos se levantan cuando el juez deja el banquillo, los espectadores salen por la puerta, y la señora Potter baja desde el estrado de los testigos, en dirección a un hombre de cabellos grises que, supongo, es Harold Potter. Hace una pausa mientras me pasa, con un brillo en sus ojos.

—Estaba segura de que se encontraba a punto de doblegarla. He leído un montón de libros, y fue igual a una escena que termina con el héroe deslumbrando a la doncella.

—Me hallaba más cerca de estrangularla.

La pequeña anciana se ríe con una especie de complicidad.

—Ese es un tipo diferente de libro, hijo.

Voy al despacho del juez con Hinata detrás de mí, prácticamente pisándome los talones. El alguacil cierra la puerta después de entrar. El Juez Phillips cuelga su manto negro en el pequeño armario, ajusta los puños de su camisa, y luego se sienta detrás de su enorme escritorio de madera oscura.

—Señor Uzumaki, señorita Hyuga, tenemos un problema —Suspira como un padre cansado.

Hinata salta al instante.

—¿Puedo hablar libremente, señoría?

—Este no es el ejército, señorita Hyuga. Diga lo que tenga que decir.

Me señala.

—Él es un idiota.

—¿Yo soy un idiota? —Me ahogo— ¿Qué pasa contigo? ¡Me has estado rompiendo las pelotas desde el primer día!

Su boca se abre con horror.

—¡No tengo ningún interés en tus pelotas!

—Protestas un poco demasiado, ¿no es así?

Y estamos de vuelta a la cosa de nariz a nariz. Excepto que, incluso de puntitas, Hinata es muy baja, así que tengo que agachar la cabeza.

—Tengo la sensación de que ambos se conocen —interrumpe el juez Phillips.

Hinata y yo respondemos al mismo tiempo.

—Realmente no.

—Es correcto.

Le doy una mirada exasperada, a continuación, informo al juez:

—Crecimos al lado del otro.

Hinata resopla y cruza los brazos.

—En casas que estaban a veinte acres de distancia. No es como si hubiéramos sido compañeros de cuarto.

—Nos besamos una vez cuando éramos adolescentes —digo— Luego ella rompió mi corazón. Fue brutal.

La boca de Hinata cae abierta de nuevo. En realidad es un lindo aspecto en ella. Si no fuera por la expresión asesina que la acompaña.

—¡Yo rompí tu corazón! ¡Ja! ¡Eso es una mentira!

Hago un gesto con mis manos y elevo la voz.

—¡Saliste con William Penderghast antes de que la saliva estuviera seca en mis labios!

Y antes de que el semen estuviera seco en mi estómago. Pero mantengo ese detalle particular para mí, ya que soy un caballero.

Hinata se viene encima de mi cara.

—¡Porque tú ya habías vuelto con tu atroz novia zorra!

Y el juez se aclara la garganta. De nuevo.

Uups.

—Sí, definitivamente ustedes se conocen. —Se recuesta en su silla, sus ojos yendo entre los dos.

Hinata da un paso hacia su escritorio, por lo que no puedo ver su expresión. Pero su voz es más suave, y deliberadamente estable.

—No nos hemos visto en casi quince años, Juez. Así que la verdad es, que no nos conocemos en absoluto —Menea la cabeza, solo un poco— Ya no más.

Tal vez es la forma en que lo dice —monótona— sin un atisbo de ira, molestia o incluso tristeza. O tal vez es solo que las palabras son ciertas. Pero mi estómago se desploma. Desciende en esa clase de forma mordaz, inesperada y anhelante… que se siente exactamente igual que el arrepentimiento.

El juez Phillips nos mira por un momento más largo. Después se gira en su silla, quita una fotografía enmarcada del estante detrás de él, y nos la muestra.

—Tengo cinco hijos. Aún después de los primeros tres, mi Alice estaba decidida a conseguir su hija. Después de que Timothy llegó, al fin aceptó que tendría que estar satisfecha con nueras.

En la foto, el juez Phillips y su esposa, que envejece malditamente bien, se encuentran parados en frente de un faro, rodeados de cinco chicos de cabello oscuro y veintitantos años, usando camisas celestes y vaqueros.

—Tiene una hermosa familia, Juez —le digo.

—Parecen jóvenes honrados y buenos —agrega Hinata.

—Lo son. Ahora. Cuando eran adolescentes, eran bastardos destructivos con mal genio que amaban hacerse enojar entre sí.

Sonrío, porque suena como Neji y su progenie salvaje de Ama.

—Cuando dos de ellos realmente se hacían enojar —continúa el Juez— los encerraba en una habitación y los dejaba pelear a puñetazos. A veces escuchaba una colisión o un porrazo contra la pared, pero la mayoría de las veces arreglaban sus problemas. Y más importante aún, no tenía que escucharlos mientras lo hacían.

Saca su billetera del bolsillo y arroja un par de billetes de veinte en el escritorio. Mira la pila, menea la cabeza de un lado a otro, y arroja un par más.

—Esa estrategia funcionó tan bien que voy a usarla con ustedes —Señala al dinero— Salgan, siéntense, consigan algo de cenar y quizás un par de tragos, y arreglen sea cual sea el problema que tienen que está convirtiendo mi corte en un circo.

El plan del juez me consigue tiempo a solas con Hinata por mandato judicial, por lo que me gusta.

A ella no.

—Su Señoría, esto es altamente irregular…

—Sí, lo es, señorita Hyuga, pero lo estoy ordenando de todos modos. Verlos a arremeter y espetarse entre ustedes me ha sacado de quicio.

—Juez Phillips, puedo asegurarle…

—No quiero sus garantías, damita, quiero un juicio que funcione a la perfección —Señala de nuevo al dinero en el escritorio— Eso me lo conseguirá, así que ni siquiera piensen en volver aquí el lunes hasta que los problemas entre usted y el señor Uzumaki hayan sido hablados largo y tendido.

Estampa su pie.

—¡No tenemos problemas! Usted no puede…

—Oh, por el amor de Cristo —Tomo el dinero y agarro la mano de Hinata en un agarre de hierro— Lo solucionaremos. Que tenga un buen fin de semana, Juez.

Entonces salgo de la habitación, arrastrándola detrás de mí como un carro obstinado.

En el pasillo fuera del despacho del juez, arranca su mano de un tirón.

—¡No me arrastres!

—Entonces camina, joder —gruño en respuesta.

Cuando siento su resistencia aflojarse, le devuelvo su mano y mantiene el ritmo a mi lado.

—¡No puede hacer esto! ¡No puede ordenarnos tener una cena! ¡Qué clase de primitivo…!

—Es el juez, genio. Puede ordenarnos cualquier maldita cosa que le plazca. Y ya lo hemos fastidiado. Irritarlo más no nos hará bien a ninguno de dos.

—Pero…

Me detengo en seco y me vuelvo para enfrentarla. Dejo caer mi voz, tentadora y persuasiva.

—Es una comida. Una conversación. Luego dejamos todo atrás y puedes volver a fingir que no existo. ¿No es eso lo que quieres?

Busca en mi cara. Estoy mintiendo, por supuesto. Ya que ahora que está de regreso, aquí donde puedo verla y tocarla, donde puedo hablar con ella y provocarla, quizás un día hacerla sonreír; no hay una maldita manera de que la deje ir otra vez.

No parpadea. Y no retrocede. Libera un largo aliento, luego dice:

—Bien. Una comida, una conversación. Es todo.

Mi sonrisa es calmada. Encantadora.

—Ves, ¿fue tan difícil? Hasta seré agradable y te dejaré escoger el restaurante, Víbora.

Sus labios se aprietan y se gira para continuar caminado por el pasillo.

—No me digas Víbora. Suena como el nombre de una stripper.

Camino junto a ella.

—¿Qué hay de malo con el nombre de una stripper? Algunas de las mejores personas que conozco son strippers. Además, Víbora era un personaje genial del comic Capitán América. Era mi villana favorita, y era caliente. La mayoría de los adolescentes tenían a Playboy para inspirar sus fantasías. Yo tenía a Marvel. Deberías tomarlo como el más grande de los cumplidos.

Resopla, sacudiendo la cabeza. Pero casi suena como una risa. Y eso, justo allí, es un progreso.

Nos sentamos en una mesa redonda en la esquina del fondo de un pub vacío a solo unas manzanas de la corte. Las luces son tenues y la música es lo suficientemente baja para hablar sin tener que gritar, pero todavía llena cualquier silencio.

—Dos hamburguesas con tocino, medio cocidas —le digo a la camarera— Ella tendrá aros de cebolla en lugar de papas fritas y salsa barbacoa en lugar de kétchup. Y dos cervezas de barril, por favor —Le echo un vistazo a Hinata mientras regreso los menús— Deberíamos controlar nuestros ritmos, ahorrar las cosas duras para después.

Después que la camarera se marcha en su alegre camino, la víbora rubia se me queda mirando, su boca en un adorable arco molesto.

—¿Qué?

—Tal vez quería la hamburguesa vegetariana. Podría ser vegetariana ahora.

Hago una mueca.

—¿Lo eres?

—No.

—Entonces amablemente cesa el fastidio.

Me reclino en mi silla, piernas abiertas, poniéndome cómodo, debatiendo cómo comenzar. Hinata saca el problema de mis manos.

—No puedo creer que le dijeras al Juez Phillips que rompí tu corazón.

Entonces hace una especie de resoplido, sacudiendo la cabeza, como si la idea en sí misma fuera ridícula. La miro directo a los ojos.

—Lo hiciste. Han pasado catorce años, pero todavía puedo recordar cómo se sintió. Estuve devastado cuando saliste con William.

—No conoces el significado de la palabra devastado.

—Sí. Lo sé. Es cuando me das el mejor orgasmo de mis diecisiete años de vida, me dejas escucharte gemir mi nombre mientras te vienes espectacularmente alrededor de mis dedos… y entonces diez horas después, me botas en la maldita acera por William jodido Penderghast.

¿Eso sonó resentido? Bien.

Hinata se inclina hacia adelante, sus ojos ardiendo.

—¡Ya habías vuelto con Cashmere antes de que acordara salir con William!

Parpadeo.

—No, no había vuelto.

—Sí, claro que sí.

Y la camarera trae las cervezas, sincronía perfecta. Ambos tomamos un trago saludable.

Después de que mi bebida helada está de vuelta en la mesa, sugiero:

—Comencemos por el principio.

—Bien —concuerda— Fin de semana de padres, tercer año.

¿Estás preparado para un poquito de viaje en el tiempo? Porque es tiempo de festejar como si fuera 1999…