Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
5
—¡Kushina!
—¡Mitzy!
Nuestras madres se abrazan como si no se hubieran visto en años. Un aviso de "Bienvenida a los Padres" cuelga a través de la entrada del edificio principal, el sol brilla, y el aire es cálido con un toque de vivacidad de principios de la primavera. Eagle-Eye Cherry suena en una radio en alguna parte a través del patio, y grupos de familias salpican el césped verde y exuberante.
—¡Siento como si hubieran pasado años! —dice Mitzy— ¡Todos deberíamos almorzar juntos! Hay ese fabuloso y pequeño lugar junto al lago…
Mientras mi madre concuerda en silencio, aprovecho mis oscuras gafas de sol, del tipo Risky Business, para comprobar a Hinata. Ella se ve muy linda hoy. Su cabello oscuro enroscado en la cima de su cabeza en un desordenado y de algún modo atractivo moño. Lleva unos pantalones vaqueros ajustados y una camisa abierta de franela, de gran tamaño, a cuadros azul marino pero la camiseta blanca que lleva debajo muestra su cintura plana, y las tetas de aspecto dulce. Le quitaron sus aparatos el mes pasado también. Bono.
Y en este momento, está haciendo esa cosa con su labio, agarrando el inferior regordete entre sus dientes, chupándolo solo un poco. Ese movimiento me dio mi primera erección cuando tenía trece años de edad, y, maldición, si no me golpeó de la misma manera en este momento.
Hinata y yo siempre hemos estado tensos… hasta este año. Cuando llegué a ser capitán en el equipo de lacrosse y empecé a salir en serio con Cazz. En serio, como… follarla. En estos días, Hinata sale con su compañera de cuarto, Vicki Russo, y yo salgo con… otra gente.
Se ajusta las gafas y me sonríe.
—Hola.
—Hola.
Como un fantasma desaprobador, la hermana de Hinata aparece a su lado.
—¿Te habría matado arreglarte un poco? En serio, Hinata, madre y padre condujeron hasta aquí…
Meto mis manos en los bolsillos y me balanceo sobre los talones.
—Hola, Claire. Es bueno verte.
—Naruto —Sonríe tensa— Te ves… —Toma nota de mis pantalones vaqueros, zapatillas de deporte, y una camisa blanca de cuello bajo un suéter azul marino—… típico.
Levanto mi mano.
—Claire, por favor, me doy cuenta de que soy un espécimen irresistible de perfección masculina, pero tu obsesión conmigo se está volviendo embarazosa.
Hinata resopla. El impulso incontrolable de reír brota de mi pecho y yo ni siquiera trato de resistirme a eso, porque la mirada agria en el rostro de Claire Hyuga se siente mucho más divertida de lo que es. Se da la vuelta y sigue a nuestros padres por el sendero, dejándonos a Hinata y a mí relativamente solos.
—¿Estás drogado? —me pregunta en voz baja.
Me inclino cerca.
—Un montón. Era la única manera en que puedo superar este fin de semana.
Conozco a algunos chicos que son principalmente drogadictos, y yo no soy uno de ellos. Pero una refrescante hierba antes de un largo y estresante día es totalmente aceptable.
Niega con la cabeza y su nariz se arruga con exasperación. Esto también es en verdad jodidamente lindo. Emparejamos el paso uno al lado del otro, siguiendo detrás de nuestros padres conversando.
—Veo que tu hermana aún no ha optado por hacerse esa cirugía.
Responde con:
—¿Quieres decir la que va a quitar el palo de su culo? No, no todavía.
Me río en voz alta.
—Mierda, Hinata, se siente como que no hemos pasado el rato desde hace rato. ¿Dónde has estado?
La he visto por ahí, ya que el campus no es tan grande. Pero no la he visto, de verla. No puedo recordar la última vez que realmente hablé con ella, y es una chica genial para conversar.
Vuelve la cabeza, mirándome durante unos segundos, y su voz es casi un suspiro.
—He estado justo aquí todo el tiempo.
—La postura, Hinata. Encorvarse es para chicas con columnas débiles.
—¿Por qué no vas a usar lentes de contacto, Hinata? Tus ojos son tu mejor rasgo, sin embargo, insistes en esconderlos.
—¿Otro rollo, Hinata? Esos carbohidratos son el enemigo de un bailarín.
Ha sido así desde que nos sentamos. Durante la última hora, Mitzy Hyuga ha criticado a Hinata hasta por sus malditas uñas. Mi mareo se ha ido y mi cabeza se siente como si fuera a explotar si tengo que escuchar un comentario más de la señora Hyuga.
Y, por supuesto, dice:
—Hinata podría haber sido una primera bailarina clásica, si solo hubiera conseguido ser más alta.
Y digo:
—Bueno, tal vez la prensa volverá a ponerse de moda y podremos atarla para un buen estiramiento.
Los cuatro padres se detienen. Y me miran con rostros inexpresivos. Cuando estoy a punto de decirles a dónde irse, Hinata comienza a reír a mi lado. Es ese tipo de risa forzada, una señal para todos los demás de que se dijo una broma y deberían reírse para ser educados. Y siempre y cuando no seas su hija más joven, Mitzy Hyuga es el epítome de la cortesía.
Lo mismo va para mi madre.
—Naruto, querido, quítate esas gafas de sol. Es grosero usarlas en la mesa.
Me las quito y trato de ocultar mis ojos mirando hacia abajo. El jadeo de mi madre es de horror, por lo que, obviamente, el plan se derrumbó.
—Dios mío, ¿por qué tienes los ojos tan rojos? ¿Tienes una infección?
Claire Hyuga finalmente asoma una sonrisa. Apuesto a que le gusta ver a los gusanos retorcerse bajo una lupa en un día soleado también.
—No, mamá, no están infectados.
—¡Pero se ven terribles! —Su mano descansa en el antebrazo de mi padre— ¿Minato, querido, tal vez deberíamos hacer que el médico venga ver a Naruto?
—Alergias —dice Hinata, sonando como si se le acabara de ocurrir eso a ella sola— Sus ojos están rojos por las alergias.
—Naruto no tiene ninguna alergia.
Hinata le sonríe a mi madre, y suena tan segura que me lo habría creído.
—Todos tenemos alergias aquí. Algo relacionado con las especies especiales de árboles en Connecticut. El polen que… eyaculan.
¿Eyaculan?
Luego estornuda para acentuar su argumento. Es obvio que Claire no se lo cree, pero el resto de ellos lo traga como un whisky escocés de cien años.
Entonces solo pasan unos minutos antes de que:
—Haz una cita en el salón, Hinata. Puedo ver tus puntas partidas desde aquí.
Me pongo de pie tan rápido que los vasos en la mesa traquetean.
—Vamos a dar un paseo.
Los ojos de mi madre se abren grandes como los de un búho.
—¿Por qué?
Es probable que no vaya a funcionar bien decir que estoy a punto de meter el mantel por la garganta de su mejor amiga.
—Acabo de ver a un… petirrojo doble de pecho azul por el lago. Son súper raros. Hinata y yo tenemos que estudiarlo para horticultura…
—Las plantas de horticultura —susurra Hinata frenéticamente.
—… y la clase de la fauna alada.
Soy un portero de lacrosse; me gusta el salvamento. Y se lo creen.
Cinco minutos más tarde, Hinata y yo caminamos por la orilla exterior del lago. Tomo una piedra y la lanzo con fuerza hacia el agua.
—¿Cómo lo soportas?
—¿A qué?
—La postura, Hinata, puntas abiertas, Hinata, jodidos carbohidratos, Hinata… Quería meter el tenedor en mi oído para no tener que escucharlo más… ¡y ella ni siquiera hablaba de mí!
Hinata sonríe. Y no es triste ni falsa ni amarga. Es bonita.
—No quiere decir esas cosas tal como suenan.
—Entonces, ¿cómo diablos las quiere decir?
Hinata encoge un hombro y tira una piedra por su cuenta.
—Quiere que sea feliz. Su visión de la felicidad. Si no le importara, no diría nada. Me ignoraría. Y eso sería peor.
Nuestras miradas se sostienen durante unos segundos y me doy cuenta de cuánto he echado de menos a esta chica. No es varonil decirlo, pero es cierto. Las personas con las que paso mi tiempo y hablo cada día; no son reales. No se fijan en las cosas tal como lo hace ella. No se fijan en mí como lo hace ella. Incluso hoy, después de todo este tiempo sin salir, no perdemos el ritmo. Porque me conoce, de principio a fin. Todas las partes, buenas y malas, que me hacen quien soy.
Y nadie más me hace sentir de la forma en que me siento, en este momento, mirándola. El dolor en mi pecho, el nudo en mi estómago, el zumbido de mi pulso.
—Me sorprende que no hayas almorzado con la familia de Cashmere —dice Hinata.
Eso provoca un nudo en mi intestino por una razón completamente diferente. Cashmere es la chica más sexy en la escuela, y las cosas empezaron salvajes entre nosotros. Fue divertido. Pero en el año que hemos estado saliendo… ella ha cambiado. Se ha vuelto pegajosa y mandona al mismo tiempo. Miserablemente celosa e insegura. Esa es otra razón por la que Hinata y yo no hemos pasado el rato últimamente, Cashmere no está demasiado interesada en ella.
—Terminamos.
Las cejas de Hinata se elevan.
—¿De verdad? ¿Cuándo? ¿Por qué?
Y por la chispa feliz en sus ojos, parece que el sentimiento es mutuo.
—Sí. Ayer. No estoy exactamente seguro de por qué.
—¿No estás seguro?
—Hubo un montón de gritos; era difícil distinguir las palabras. Está en algún lugar entre estoy sofocándola y no le doy la atención que merece. —Con las palmas arriba, me encojo de hombros otra vez.
Hinata traga mientras caminamos junto al agua.
—Guau. Tú, ah… no pareces demasiado deprimido por esto.
—No lo estoy.
Una ligera brisa sopla, y ella aparta un mechón de pelo suelto de su mejilla.
—¿Tú crees…?
—¡Hinata! —llama Mitzy Hyuga desde la colina hasta donde estamos— ¡Hinata!
Su voz me recuerda a la tía Em llamando a Dorothy cuando se acercaba el tornado.
Nos hace un gesto para que subamos y de mala gana, lo hacemos. Mitzy gesticula con sus manos mientras nos explica.
—¡Todos hemos tenido una idea magnífica! El Hotel Remington se encuentra a unos pocos kilómetros, tienen el bar más fabuloso y un casino muy exclusivo. Así que todos vamos a pasar la noche allí y los llevaremos de regreso a la escuela mañana. ¿No suena eso divertido?
Le sonrío a Mitzy y lanzo un brazo alrededor de los hombros de Hinata. Esto significa tiempo a solas con ella.
—Parece muy divertido, señora Hyuga.
—Hinata, ¿estás despierta? —susurro.
Intento escuchar algo fuera de la puerta de la habitación de los Hyuga, pero no oigo ningún movimiento en el otro lado. La decepción se asienta en mi estómago. Porque pasamos todo el día con nuestros padres, caminando y hablando y, maldición, hablando un poco más. Tuvimos una cena tardía en el "fabuloso" restaurante de la planta baja, luego nuestros padres prácticamente nos enviaron a la cama. Mientras ellos iban al casino.
La discriminación por edad es algo terrible.
Pero ahora es apenas después de la medianoche, y tengo una idea increíble. Que solo funciona si Hinata continúa despierta. Llamo de nuevo, esta vez más fuerte.
—¿Hinata?
La puerta se abre hasta la mitad, y Hinata me echa un vistazo. Sus gafas han desaparecido y sus ojos, que nunca he notado antes, son espectaculares. Espesas y largas pestañas enmarcan unos chispeantes orbes color lila. Suaves y tan… cálidos. Esos ojos que un chico querría mirar mientras se mueve por encima de ella, esos que tú esperarías que ella dejara abiertos mientras la besas, profundo y lento.
¿El resto? Bien, siempre, de alguna manera, lo he notado. Desde que comenzó a usar un sujetador de entrenamiento, descubrí el delicioso pecado de la masturbación. Y tendría que ser ciego para no notarla ahora. Una camiseta sedosa de color rosa con tirantes delgados que está, de alguna manera, envuelta a través de su pecho. No muestra ningún escote, pero si se mueve de la manera correcta, estamos hablando de una vista privilegiada. La mitad inferior hace juego con pantalones cortos de color rosa que quedan sueltos alrededor de sus muslos, mostrando las increíbles piernas tonificadas.
Y no soy el único en notar cosas.
Los ojos de Hinata se deslizan a través del pecho de mi camisa sin mangas y hacia abajo, por los músculos torneados de mis bíceps. Mi piel tiene un bronceado de surfista de los entrenamientos al aire libre y las prácticas de la tarde. Luego sus ojos pasan por mi cintura, tal vez imaginando el paquete de seis debajo de esta, y luego… más abajo. Y me pregunto si se da cuenta de lo dura que es mi reacción al verla mirándome.
El tinte color rosa en sus mejillas me dice que podría ser así.
Su mirada se posa sobre mi cara sonriente. Se lame los labios y dice:
—Hola. ¿Qué pasa, Naruto?
Sostengo las llaves del Ferrari 250 GT California de 1961 de mi padre. También conocido como el coche del Día Libre de Ferris Bueller. Menos de un centenar fueron hechos y, al igual que en la película, es el orgullo y la alegría de mi padre. Y se encuentra estacionado en la planta baja en este momento.
Me enteré hoy que Hinata no tiene licencia de conducir. Con los chóferes de su familia, su madre no ve el sentido.
Y voy a rectificar eso.
—¿Lista para tu primera lección de conducción?
—… a continuación, lleva tu pie hacia atrás al mismo tiempo.
Estamos en el gran estacionamiento vacío de un oscurecido edificio a unos pocos kilómetros. Hinata escucha mis instrucciones con atención, con el ceño fruncido, ajustando sus gafas. Parece excitada, determinada y totalmente adorable.
—¿Lo entiendes?
—Lo entiendo.
Asiente. Y va por ello.
Hay un sonido chirriante cuando mueve la palanca de cambios, y le agradezco mentalmente al embrague por su valiente sacrificio. Empezamos a avanzar, corcoveando, centímetro a centímetro, y le digo:
— Acelera ya. Aprieta el acelerador.
Y entonces nos estamos moviendo. La sonrisa de Hinata es enorme y brillante, como la mañana de Navidad y el Cuatro de Julio, todo en uno.
El coche da un ligero tartamudeo mientras cambia a la segunda velocidad, pero se suaviza reduciéndose después de que su pie abandona el embrague. Con una mano en el volante, ella agarra mi brazo con la otra.
—¡Lo estoy haciendo, Naruto!
Es impresionante, y me río.
—Sí, así es.
—Necesitas un apodo. Hinata es como muy largo de decir.
Nos encontramos estacionados en una zona de picnic por encima de las luces de la ciudad. Es tranquila y silenciosa. El techo del coche está abierto pero el cielo se siente como un oscuro dosel por encima de nosotros, salpicado de innumerables estrellas brillantes.
No chocamos contra nada y el coche aún se encuentra en marcha, por lo que en mi mente, las clases de conducción de Hinata fueron un éxito rotundo. Dijo que no se sentía lista para la carretera abierta, pero la llevaré allí en algún momento. La mirada en su cara cuando le agarró el truco a los cambios, era de pura alegría y agradecimiento. El observar esa expresión se sintió igual que cuando bloqueo el gol de un equipo contrario, como algo para lo que nací para hacer una y otra vez.
—¿Mi nombre es demasiado largo? ¿A menudo tienes dificultad con las palabras largas? —pregunta con una sonrisa de sabelotodo— Tal vez deberías ver a alguien por eso —Luego pregunta— ¿Cuál es tu apodo?
—BC.
Frunce el ceño, tratando de averiguar el por qué.
—¿Porque tu segundo nombre es Charles?
Niego con mi cabeza y le digo con la cara inexpresiva:
—Big Cock.
Hinata se ríe.
—¿Pensaste en todo eso tú solo?
—Los chicos del equipo me lo dieron. Está mucho más a la altura, no quiero decepcionar a todos los cadetes más jóvenes. Pero en las palabras inmortales del Hombre Araña: Un gran poder trae consigo una gran responsabilidad.
—En realidad lo dijo el tío Ben.
—¿Qué?
Inclina la cabeza.
—El tío Ben dice eso, no el Hombre Araña. ¿Recuerdas?
Así es. Pero el hecho de que ella lo recuerde… es jodidamente impresionante. Eso me provoca cosas … del tipo de emociones profundas, reflexivas y serias.
Pero nunca he sido el tipo de persona seria, así que bromeo:
—¿Qué hay de Hyugy? Hyugy Hyuga. ¿Puedo llamarte así?
Hinata frunce el ceño.
—No si esperas que responda.
Hablamos más, de todo y nada en particular. Y de alguna manera, a pesar de que no era lo que había planeado, o esperado, mi brazo termina alrededor de sus hombros, con su cabeza apoyada en mi clavícula.
Lentamente, le quito los anteojos y con cuidado los pliego antes de colocarlos en el tablero. Como si fuera lo más natural del mundo, inclino mi cabeza y presiono mis labios contra los suyos. Son muy suaves y cálidos. Trazo sus labios con mi lengua, pero siguen herméticamente cerrados, y me río contra su boca.
Se aparta.
—¿Qué?
Miro los preciosos ojos de la chica que conozco de toda la vida, y mi único pensamiento es: ¿qué demonios me tomó tanto tiempo para hacer esto?
Mi pulgar se desliza lentamente por su mandíbula.
—¿Alguna vez has besado a alguien?
La última vez que hablamos de ello, en el segundo año, no lo había hecho. Pero no se sonroja ni se echa hacia atrás ante la pregunta. Su voz es baja y como que jadea.
—Por supuesto que sí. ¿Por qué? ¿Estás diciendo que soy mala besando?
No sé a quién diablos ha estado besando, pero quienquiera que sea, debió haber sido muy pobre al hacerlo. Esto me agrada.
—No. Pero estás a punto de mejorar aún más. —Me inclino hacia delante, rozando sus labios de nuevo— Abre tu boca para mí, Hinata.
Entonces solo hay besos; con la cabeza inclinada, con succión de labios, del tipo en donde deslizas la lengua. Su sabor me hace sentir un poco borracho. Y el susurro de mi nombre en sus labios me hace sentir un poco loco.
La ropa encuentra el camino hacia el suelo del coche. Y cada momento es fácil, natural, y tan jodidamente correcto.
Después de todo, nos encontramos presionados uno contra el otro en el mismo asiento, sin ropa y exhaustos. Y entiendo por qué hacen tantas escenas de películas cursis, que terminan de esta forma, porque simplemente no puede ser más perfecto que estar aquí mismo, en este mismo momento.
Hinata me sonríe y beso su frente, y juntos vemos la salida del sol.
A la mañana siguiente, mis padres me hacen levantar temprano, llevándome de regreso a la escuela temprano porque mi padre tiene alguna reunión a la que tiene que llegar al volver a casa. Dejan un mensaje para los Hyuga en la recepción. Apesta que no consiga ver a Hinata antes de irme, pero soy consolado por el pensamiento de que volveré a verla en la escuela.
Todo va a ser diferente ahora.
Cuando llego a mi habitación, brinco en la ducha. Mis pensamientos impotentes regresan a la última noche. El tacto de las manos de Hinata sobre mí. Los sonidos que hacía: pequeños gemidos y quejidos voraces.
Digamos que es conveniente que me encuentre en la ducha.
Salgo del baño con una toalla alrededor de mis caderas y el agua todavía corriendo por entre las ranuras de mis abdominales.
—Hola, cariño.
Cashmere se encuentra acostada en mi cama, usando mi camiseta de lacrosse y nada más. Tiene los ojos entornados, los labios carnosos, piel bronceada, y cabello rubio arreglado, listo para una sesión de fotos de Playboy. Hubo un tiempo en que mi pene me habría dirigido directamente hacia ella y felizmente lo habría seguido, con todos nuestros problemas resueltos.
Pero ya no más. Ya no dejaré que mi pene me dirija, es hora de empezar a seguir a mi corazón. Y sé cuán cursi suena, pero no me importa una mierda.
—¿Qué haces aquí?
Me pongo calzoncillos por debajo de la toalla; simplemente no se siente bien dejar que me vea el culo al aire.
—¿Necesito una razón para visitar a mi novio?
—Ya no soy tu novio.
Pone sus ojos en blanco.
—Por supuesto que sí.
—Rompiste conmigo, ¿recuerdas? —Me coloco el jersey de la práctica por encima de mi cabeza.
Cashmere se arrastra hasta el extremo de la cama.
—Fue un error —ronronea— Lo siento. Déjame recompensártelo.
He estado con esta chica durante un año. La he follado de cada forma que conozco, y pensé que eso era amor, pero en este momento, no siento nada por ella. Es casi aterrador. Sin culpa, sin un impulso litigante de proteger sus sentimientos. No estoy seguro de que tenga alguno. Es muy jodido.
—Si no lo hacías, yo habría terminado contigo. Hemos terminado, Cazz.
Sus ojos bajan al bulto en mis calzoncillos y se lame los labios. Se levanta sobre sus rodillas y se mueve para envolver sus brazos alrededor de mi cuello.
—Para mí no parece que hayamos terminado.
La agarro por las muñecas y la miro con dureza.
—Confía en mí, he terminado.
La ira destella en sus ojos color avellana, aguda, vengativa y tan familiar.
—Escuché que saliste con tu amiguita rara este fin de semana.
Mi agarre en sus muñecas se aprieta.
—No la llames así.
Su boca se tuerce de una forma desagradable.
—¿La follaste? ¿De eso se trata?
Dejo caer sus muñecas y doy un paso hacia atrás.
—Esto no tiene nada que ver con Hinata.
—Oh, por favor. Jamás me rechazarías a menos que ya tuvieras un nuevo lugar en donde meter la polla. Te conozco, Naruto —Se levanta de la cama y arrastra la punta de su dedo lentamente por mi brazo— Y es por eso que sé que cuando hayas terminado con tu pequeño viaje a la Villa de los Perdedores: vas a venir directamente hacia mí, de nuevo. Somos muy buenos estando juntos.
Porque ella es la chica más caliente en la escuela, solía emocionarme cuando la escuchaba hablar de esa forma, una oleada de confianza. Ahora solo me hace pensar que Cashmere es un material total de chica sexy.
—Quítate mi jersey. Tenemos un partido mañana por la noche; es mala suerte si lo usas. Déjalo en la cama.
Y antes de que siquiera comience a sacárselo, salgo por la puerta.
La práctica de lacrosse tiene horas extras. Uno de nuestros defensores que recién empieza reventó su tobillo la semana pasada, tratando de hacer parkour entre dos contenedores de basura. Es un poco idiota. El segundo en la cadena para que tome su lugar es un estudiante de primer año, bueno, pero nervioso, así que el entrenador y yo nos quedamos después de la práctica para trabajar con él y para repasar las cintas de juego del equipo contrario. Ha anochecido para el momento en que me voy del gimnasio.
Caminando de regreso a mi dormitorio, con mi bolsa de lacrosse por encima del hombro, estoy en un buen estado de ánimo. Creo que no he dejado de sonreír en todo el día. Incluso puede que haya silbado una melodía alegre. Mi madre tenía algo por Gene Kelly, cuando era niño, y en mi cabeza, estoy haciendo el baile de "Cantando bajo la lluvia".
Tres chicos se encuentran de pie en los escalones del edificio del dormitorio. Y a pesar de que no soy del tipo de persona que escucha conversaciones de otras personas, dos palabras me atraviesan directo los tímpanos, como un misil nuclear: Hinata Hyuga.
Y mi Gene Kelly mental es golpeado por un rayo y estalla en llamas.
—Te dije que diría que sí, idiota. No sé por qué esperaste tres años para preguntarle.
Ese es Peter Elliot. Es un chico de ciencias, de biología. Obtuvo una beca del gobierno federal el año pasado por cruzar orugas venenosas, creo. Y habla con William Penderghast y Alfonso DiGaldi. También se hallan en el extremo del espectro de los más inteligentes y tranquilos, del tipo de chicos un poco sosos que pasan la mayor parte del fin de semana en la biblioteca.
—No puedes precipitar estas cosas. El momento tenía que ser el adecuado. Pero ahora las estrellas se han alineado y Hinata Hyuga va al cine conmigo este viernes. Tal vez debería alquilar una limusina.
William ríe sin motivo. Las sonrisas tan grandes y brillantes que casi me hace daño mirarlo, porque se parece a lo que sentía hace solamente diez segundos.
Camino hacia ellos, con mis ojos sobre William.
—¿Acabas de decir que vas a salir con Hinata Hyuga?
William infla la postura un poco.
—Eso es correcto.
De ninguna jodida manera.
—Cuando… ¿cuándo se lo pediste?
Me mira.
—Hace un par de horas. ¿Por qué?
De ninguna jodida manera.
—Yo… es que…
Solamente hay una explicación, hay dos Hinata Hyuga en esta escuela. Decido que es eso.
—¿Hinata? —pregunto, usando las manos para imitar su altura Pequeña, con anteojos, de cabello oscuro? Mi… —Trago saliva— ¿Esa Hinata?
Y de repente, empieza a lucir molesto. Afrentado.
—Eso es correcto. Es inteligente, divertida y tiene el corazón más grande de todos los que conozco. También tiene una sonrisa hermosa y unos ojos que son los más fascinantes…
Me alejo. No puedo escuchar más. Si lo hago, lo golpearé, maldita sea.
Voy directo hacia los dormitorios de las alumnas del segundo ciclo. No pienso, no me detengo a hablar con nadie, y mi mandíbula está tan apretada que es un milagro que mis dientes no se hayan roto para el momento en que llego.
Golpeo su puerta con el costado de mi puño y no me detengo hasta que se abre.
Sus ojos lucen brillantes detrás de los anteojos, su nariz un poco roja, como si estuviera por tener un resfriado. Su mirada pasa sobre mi cara durante unos segundos y luego su espalda se endereza.
—¿Qué pasa?
—¿Vas a salir con William Penderghast?
Da un paso hacia el pasillo conmigo, cerrando la puerta detrás. Y luego envía mi alma a un reino lejano.
—Sí, así es. ¿Por qué lo preguntas?
Por un segundo no le contesto. Me toma tiempo encontrar cualquier palabra.
—¿Por qué te pregunto? ¿Por que qué hay con lo de anoche? —Trato de ocultar la devastación en mi voz, pero no sé si logro hacerlo— Pensé… Quería…
Su voz me interrumpe, como una hoja de afeitar en las muñecas.
—Lo de anoche fue divertido. Pero no significó nada, ya lo sé. Puedo manejar la diversión como todos los demás. Y ahora voy a hacer lo mío con William y tú haz lo tuyo con…
—¿Harás lo tuyo con William? ¿En serio? ¿Qué mierda fui yo… el acto de calentamiento? —grito, mostrando la ira por completo.
La furia destella en sus ojos, convirtiéndolos en llamas.
—¿Cuál es el problema, Naruto? ¿Herí tus preciosos sentimientos de niño?¿Esperabas que te siguiera por ahí como cualquier otra chica en la escuela? ¿Que recogería tus migajas cuando te sintieras con ganas de hacer algo de caridad?
En realidad no entiendo muy bien todo lo que dice, ya que la bruma de la decepción es demasiado aplastante. Porque, sí, duele. Tan patético como suena, lo de anoche significó algo para mí. Ella significa algo para mí. Y, aparentemente, no quise ser un imbécil con ella. Así que hago lo que me sale naturalmente.
Me cubro.
—Simplemente me sorprende, es todo. Si hubiera sabido que eras tan fácil, me hubiera enganchado contigo hace años.
Sus mejillas se vuelven de un color rojo fuego llameante, por vergüenza o por ira, no puedo notarlo.
—No soy fácil.
—¿Estás segura? Puede que no lo creas, pero las acciones hablan más que las palabras. William y yo tendremos que comparar notas para ver. Porque ni siquiera tuve que intentarlo anoche. Se sintió jodidamente fácil para mí.
Es una mierda decir eso. No me sorprendería si me da una bofetada, que es lo que hacen las chicas cuando están ofendidas. Es por eso que la llaman una bofetada de perra.
Pero, como siempre lo he sabido, Hinata Hyuga no es una chica promedio. No me da una bofetada.
Me da un puñetazo. Justo en la boca.
Mi cabeza se mueve bruscamente hacia atrás y saboreo sangre.
—¡Maldita sea!
Pero cuando abro los ojos, cuando miro de nuevo a su cara, toda la ira se desangra, como una arteria desangrándose. Porque Hinata ya no luce furiosa, ni siquiera enojada.
Luce… aplastada. Conteniendo las lágrimas, pero solo apenas.
—Te odio —dice de forma forzada, sacudiendo la cabeza—. Te odio.
Sus palabras resuenan en mis huesos, en mi cabeza.
En historia, vimos un documental sobre la guerra de Vietnam, con imágenes auténticas de una batalla de la cámara de un reportero, de un soldado, un chico joven que recibió un disparo.
Muy feo.
Y cuando sucedió, su rostro, más que nada, se veía pálido y sorprendido, completamente pálido por la sorpresa… porque de repente había un agujero en su pecho, en donde recién había estado su corazón.
Cuando Hinata me da la espalda y cierra la puerta en mi cara, me siento exactamente de la misma manera.
