Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
6
El presente, en el bar.
—Fui a tu habitación esa mañana. Ella abrió la puerta en tu suéter, dijo que estabas en la ducha. Ofreció dejarme esperar, pero me advirtió que estaban juntos de nuevo. Que yo parecería realmente desesperada apareciendo en tu habitación así.
Hinata traga fuerte y respira profundo. Como si únicamente el recuerdo está causándole verdadero dolor.
—Nunca me dijo...
—No, ella no lo haría, ¿cierto? —Hinata me mira a los ojos, sonriendo con amargura— Iba a esperar, pensé que al menos merecía escucharlo de ti —Su voz se estrangula al final, sus ojos más brillantes de lo que deberían estar— Pero entonces Cashmere me preguntó qué había esperado realmente. Dijo que tú eras un héroe y yo era un cero a la izquierda, y nada iba a cambiar eso. ¿En serio pensé que dejarías a alguien como ella por alguien como yo? —Se lame los labios lentamente— Aún no me recuperaba de la noche anterior. Del entusiasmo, la total maldita alegría acerca de lo que habíamos hecho. Pero entonces lo puso así… y le creí. Así que, me fui. William me detuvo en el patio en el camino de vuelta a los dormitorios. Me invitó a salir… y dije que sí.
No puedo hablar; estoy demasiado ocupado reviviendo esos momentos, viéndolos ahora desde su lado. Y dándome cuenta de todas la cosas que no hice, todas las cosas que nunca dije.
—Me gustabas —susurro a la mesa. Entonces la miro— Me gustabas muchísimo.
Aún lo hace. Detrás de esos lentes de contactos, bajo el maquillaje y la ropa de diseñador, todavía es ella. Incluso puedo saborearla, sentirla en las puntas de mis dedos, tan delicada y resbaladiza. Valiente en la forma que ella me quería, me abrazaba cerca como si nunca hubiera querido soltarse.
Su frente se arruga con confusión.
—Pero volviste con Cashmere. No me hablaste ese año entero hasta...
Hinata obviamente aún no entiende una mierda sobre los hombres. O los chicos, porque en aquella época, definitivamente era un chico.
—Me dijiste que nuestra conexión no significó nada para ti. Que yo no era nada y que estabas saliendo con William. Cuando me enfadé por ello, me dijiste que me odiabas —Paso una mano por mi rostro— Volví con Cashmere porque tú no me querías y ella sí. Era una sustituta. No quise lucir como un perdedor. Y no hablé contigo porque era tan jodidamente difícil.
—Éramos amigos...
—No para mí —Niego con la cabeza capturando su mirada y sujetándola— No después de esa noche. No quería tu amistad, Hinata, te quería a ti. Y si no podía tenerte, tenía que pretender que no existías. Así entonces me podía decir a mí mismo que no estaba perdiendo todo lo que sabía que era.
Pero había pensado en ella. Había soñado con ella. Y la eché de menos, todo el tiempo.
Mira fijamente la mesa, perdida en sus pensamientos. Entonces levanta la mirada, humedeciéndose los labios, luciendo como si hubiera decidido algo.
—Así que por eso lo hiciste —dice en voz baja— Querías vengarte de mí, y herirme. Felicidades, tuviste éxito.
Algo en su tono me pone en alerta, y me inclino más cerca.
—¿Exactamente qué piensas que hice?
Su boca es dura.
—Me tendiste una trampa. Me humillaste. Tú... me rompiste esa noche, Naruto.
Vuelvo a comprobar.
—¿La noche del baile de graduación?
—Sí.
Esto es. Esto es lo que he estado esperando catorce años por saber.
Le digo:
—Pretende que eres un testigo en el estrado. Comienza desde el principio y cuéntame sobre el baile. Hazme entender.
Se raspa el labio con sus dientes.
—En abril, comencé a recibir mensajes instantáneos cuando estaba en línea. De ti. Decían "lo siento" y "te extraño". Hablaste de cómo querías estar conmigo, pero no podías romper con Cashmere en ese momento. Dijiste que era una cosa familiar, algo sobre un acuerdo de negocios entre sus padres.
Toma un trago de su cerveza, entonces continúa.
—No creí que fueras tú, al principio. Pensé que era una broma. Pero los mensajes siguieron llegando, y sonaban tanto como tú. Así que como prueba, te pregunté sobre nuestro primer beso. Donde fue.
Se detiene y contengo el aliento.
—Dijiste el techo, en Año Nuevo, cuando teníamos nueve años. Y ahí es cuando supe que eras tú. Estaba tan emocionada. Durante tanto tiempo, había querido... De todos modos, la semana antes del baile, me enviaste un mensaje diciendo que querías verme. Querías bailar solo una canción conmigo. Me pediste que te viera junto al lago detrás del auditorio. A Vicki no le gustó, pero yo ya estaba muy involucrada para preocuparme. Llamé a Claire y le pedí que viniera a ayudarme con mi maquillaje y un vestido. Ella estaba tan feliz, como una hada madrina.
Su voz se quiebra en la última palabra, y siento ganas de vomitar. Porque sé cómo termina esta historia.
—Mi vestido era blanco, bonito, y también me hizo sentir bonita. Mi cabello estaba suelto, y rizado y más brillante de lo que alguna vez recuerdo que estuviera.
Me mira a la cara con la sonrisa más triste.
—Y llevaba lentes de contactos, por primera vez en mi vida.
Mis manos se hacen puños sobre la mesa; mi garganta tan seca que apenas puedo tragar.
—Esperé junto al lago, podía escuchar la música desde el auditorio. Escuché un sonido, como una pisada, y dije tu nombre. Pero nadie respondió.
Toma una profunda y lenta respiración.
—Y entonces, me golpearon en el pecho con lodo. Había más de una persona, y se estaban riendo. Pareció como si viniera desde todas las direcciones, todos a la vez. Era frío y grumoso. Golpeó mis brazos, mi vestido, mi cara. Una piedra me cortó —Apunta hacia una diminuta cicatriz en su mejilla— Duró solo unos segundos, pero se sintió como una eternidad. Caí y les supliqué que se detuvieran. Y lloré.
Ahora no llora. Sus ojos están secos y parecen lejanos.
—Al principio ni siquiera me di cuenta que se había detenido. Me quedé allí sobre el suelo por mucho tiempo. No podía creer que me habías hecho eso, y estaba tan enojada conmigo misma por creerte. Al final, me puse de pie, me limpié lo mejor que pude. Sabía que tendría que caminar por delante del auditorio. Y por supuesto, fue mi suerte que la completa clase de último año estuviera afuera cuando lo hice.
Recuerdo verla, sus ojos desorbitados y heridos. No sabía que había pasado, y ella no me hablaría.
—Parecías tan horrorizado, Naruto. Tan devastado, y cuando envolviste tu chaqueta alrededor de mí, casi creí que de verdad no tuviste nada que ver con ello. Pero entonces Cashmere se acercó, me ofreció un pañuelo de papel, y pretendió ser tan compasiva. Podía ver en sus ojos que se estaba riendo, pero sonó tan convincente. Por lo que supe que tú también debiste ser parte de ello.
Aún puedo escucharle, su voz un susurro crudo cuando me dijo:
—Eres un enfermo. Hay algo malo contigo. Mantente lejos de mí. Solo... aléjate.
—Entonces Vicki y Brian vinieron y me llevaron a la enfermería, entonces de regreso a nuestra habitación.
Y allí está. La ira hace que mis manos tiemblen sobre la mesa. Tan jodido.
¿Dije que los niños a veces son unos imbéciles? No, a veces son unos sociópatas. Y al parecer salí con su reina.
—Debí haberte seguido —Mi voz raspa. Más que nada, quiero retroceder en el tiempo y patear hasta la mierda a mi yo de diecisiete años— Esa noche, debí haber ido contigo a la enfermería. Siempre me arrepentí de eso.
No dice nada.
—Cuando fui a tu dormitorio a la mañana siguiente, no estabas.
—Claire vino a buscarme —responde en voz baja— Arremetió contra el director Winston por teléfono y lo convenció de dejarme terminar mis clases en línea.
—Te esperé, todo el verano, continúe yendo a tu casa. Nunca volviste. —Es importante que sepa que la busqué.
—Claire y yo pasamos el verano en Europa. Todo el asunto en realidad nos hizo más cercanas.
—No sabía.
Su cabeza se inclina hacia el lado y la sacude con duda.
—Naruto, vamos...
Apenas me contengo de gritar.
—¿Por qué mentiría? Después de todo este tiempo, todos estos años, ¿qué podría posiblemente ganar al mentirte ahora? No te haría eso. No sabía.
Pero Hinata no está convencida.
—Los mensajes, venían de tu cuenta de la escuela.
—Tuvo que ser Cashmere. Ella siempre estaba en mi habitación y se sabía todas mis contraseñas. Era la única que... querría herirte así.
Nunca hay una buena razón para poner tus manos sobre una mujer. Pero si mi exnovia estuviera aquí, tendría un momento difícil aferrándome a eso.
El rostro de Hinata es inexpresivo mientras examina la evidencia desde todos los ángulos.
—¿Cómo supo sobre el beso en el techo? No creí que realmente fueras tú, hasta ese momento.
Froto la parte posterior de mi cuello, los músculos tensos y anudados.
—¿Quizás le conté en algún momento? O durante uno de los estúpidos juegos de Verdad o Reto que solíamos jugar. Alguien probablemente me preguntó sobre mi primer beso.
Sus ojos se suavizan solo un poco.
—¿Me consideraste tu primer beso?
La comisura de mi boca se curva.
—Eras una chica, tus labios estaban sobre mi cara, así que sí. Siempre lo he recordado de esa forma.
Asiente. Lentamente extiendo la mano y acuno su mandíbula, sujetándola.
—¿Me crees? Necesito que me creas, Hinata.
Analiza mis ojos.
—No sé. Todos estos años, estaba tan segura. Ahora... hablando contigo... lo que dices tiene sentido —Su mandíbula se pone tensa— Nunca más seré la tonta de nadie.
Dejo caer mi mano, vacío el resto de mi cerveza. Hinata está en silencio por un momento. Entonces dice:
—Estoy lista para terminar la noche. ¿Podemos salir de aquí?
La escucho. Las revelaciones son malditamente agotadoras. Siento como si he tomado un mazo en el pecho. Magullado y agotado.
—Claro. —Lanzo unos billetes sobre la mesa, deslizo la silla hacia atrás, y tiendo la mano hacia ella.
Afuera en la acera, ofrezco pedirle un taxi.
—Mi casa solo está a unas cuadras de aquí. Caminaré.
—De acuerdo, entonces te acompañaré a casa. Muestra el camino, Lassie.
Esboza una sonrisa y empuja su cabello detrás de la oreja.
—No tienes que...
—Sí, de verdad jodidamente lo hago, ¿vale? Solo... déjame hacer esto. Por favor.
Me mira, ojos arrugándose, nariz frunciéndose, como si soy un rompecabezas que está tratando de resolver. La hace lucir más joven, más linda.
—Bien. Vivo por aquí.
Caminamos uno al lado del otro en un silencio calmo, y aproximadamente diez minutos más tarde, llegamos. La casa luce como una casa de muñecas victoriana, con una torre redonda a un lado, un balcón envolviendo el segundo piso, ventanas con forma de arco, y una valla de puntas forjada de hierro enmarcando el techo. La misma valla rodea el gran estacionamiento de la esquina. La casa necesita un trabajo de pintura, nuevas persianas, nuevos escalones donde los viejos están hundidos y desiguales, pero hay mucho potencial. Con un poco de amor, podría ser magnifica.
—La estoy restaurando, lo cual es tan miserable como suena cuando estás viviendo aquí —dice Hinata— Pero valdrá la pena. Mi tía Edna me la dejó.
Mi cabeza gira bruscamente.
—¿La tía Edna murió? Mierda, ella era genial. ¿Por qué nadie me dijo?
Hinata asiente.
—Estabas en un viaje de esquiar, escuché a alguien hablando de ello en el velatorio. Tu madre probablemente olvidó mencionarlo cuando llegaste a casa.
Miro de nuevo hacia la casa.
—Estoy contento de que te la dejara —Entonces sonrío, fácilmente imaginándola como una niña en esa gran casa vieja con sus telarañas y secretos— Apuesto que te lo pasaste a lo grande revisando el ático.
Sus ojos se ensanchan.
—Lo hice, sí.
En el blanco. Porque la gente en realidad no cambia cuando se trata de atributos como esos. Un amor por la aventura, por la exploración, incluso si es del pasado. Ella no ha cambiado.
—¿Quizás puedas darme un recorrido en algún momento?
Aún luce un poco recelosa, desconfiada de mis intenciones. Los viejos hábitos son difíciles de quitar, y este va a luchar para desaparecer.
Abre la puerta principal, entonces se voltea.
—Adiós, Naruto.
Deslizo la mano por su brazo, porque no puedo evitarlo.
—Buenas noches, Hinata. Estoy... me hace feliz que habláramos. Aclarar las cosas. Y si no lo dije antes, de verdad estoy malditamente contento de que hayas vuelto casa.
Su sonrisa es pequeña, pero está allí.
—Yo también.
Le doy a su brazo un ligero apretón, entonces bajo por los escalones hacia la verja.
—¿Naruto?
Me doy la vuelta.
—Esto no cambia nada. Quiero decir, sobre el caso. El lunes, espero que vengas a mí con todo lo que tienes. Si no eres duro conmigo significará que no me respetas, que piensas que no puedo manejarlo. Y nunca te perdonaré por eso.
Le doy un rápido asentimiento y ella entra, cerrando la puerta al hacerlo.
Mi yo de once años tenía razón: las chicas son raras.
El sábado despierto antes de lo habitual, con el eco de las palabras de Hinata en mi cabeza. La curiosidad me frota en carne viva, como dos palos dentados desatando un fuego. Así que me salto mi carrera matutina y paso una hora en la oficina de mi casa haciendo una búsqueda en la red.
Es sorprendente, y un poco malditamente aterrador, cuanta de nuestra información personal está flotando allí afuera, y cuán fácil es acceder a ella. Después de que consigo la información que quería —una dirección a solo una hora a las afueras de DC— tecleo la información en Google Maps, entonces me dirijo al exterior.
Cuando llamo a la puerta, escucho voces amortiguadas dentro, entonces el sonido de pies caminando. Y luego la puerta se abre. Y Victoria Russo, la vieja compañera de habitación de Hinata, me mira fijamente.
—¿Naruto Uzumaki?
Asiento.
—Hola, Vicki.
Luce bien, casi exactamente igual. Sus líneas de la risa son un poco más pronunciadas, pero su cabello hasta los hombros todavía es negro azabache con una mecha de azul brillante, su nariz está perforada con un tachón de diamante, y sigue teniendo en sus ojos ese agudo brillo de "no acepto mierda". La última vez que la vi, trató de patearme en las bolas.
—¿Por qué estás aquí? —pregunta.
La miro directo a los ojos.
—Necesito tu ayuda.
Diez minutos después, Vicki pone una taza de café frente a mí en su mesa de la cocina. Tiene una casa linda y familiar en un complejo de casas con pastos verdes, entradas pavimentadas y piscinas en patios alineados con árboles para mantener la privacidad de los vecinos. Su cocina es enorme, con paredes color malva y gabinetes crema. Hay fotos que enmarcan todo alrededor, algunas de unas niñitas morenas, algunas de Vicki y Brian Gunderson. Brian también fue un estudiante de Saint Arthur. Un niño alto y desgarbado a quien se le caían los pantalones, escuchaba a Snoop Dogg, y asistía con una beca. Recuerdo verlos juntos alrededor del campus, él fue su cita la noche del baile de último año… y parece ser que ahora están casados.
En la sala de estar fuera de la cocina, hay un racimo de cubiertas de libros con hombres sin camisa en varios escenarios abrazando a unas mujeres calientes igualmente semidesnudas. Y la autora es V. Russo.
—¿Eres escritora? —pregunto, sorbiendo mi café.
—Sí. Escribo romance.
Miro de nuevo las fotos.
—Brian es un chico con suerte.
Se ríe.
—Sí, lo es —Luego su expresión se torna pensativa— Un héroe romántico con una prótesis en la pierna haría una excelente historia.
—Bueno, si necesitas un consejero técnico, llámame. —Luego pregunto— ¿Aún hablas con Hinata?
Levanta una ceja perfectamente delineada. Luego grita por el pasillo:
—¡Louise! Ven aquí por favor.
Una cosita, quizá de unos cinco años con un largo cabello negro alborotado, entra a la cocina y se para al lado de Vicki.
—¿Sí, mami?
Ella se agacha a su lado.
—Louise, este es un viejo compañero de clase de tu mami, el señor Uzumaki. ¿Puedes saludarlo?
La pequeña niña sonríe, en absoluto tímida.
—Hola, señor Uzumaki.
—Hola, Louise.
—¿Puedes decirle al señor Uzumaki tu nombre completo, cariño?
—Louise Hinata Gunderson.
Asiento entendiendo.
—Es un nombre hermoso.
Vicki palmea la espalda de su hija.
—Ya puedes regresar a jugar, nena.
Mientras Louise deja la habitación, Vicki lleva la taza de café a sus labios.
—Hinata es la madrina de todas nuestras niñas. Y tiene la custodia completa si morimos, a pesar de que tengo dos hermanos casados y Brian una hermana.
Esto hará esta conversación ligeramente más complicada, pero no debería ser un problema.
—¿Asumo que Hinata te contó acerca de nuestro caso en la corte? —pregunto.
—¿El caso en el que está limpiando el piso contigo? Sí, oí sobre él —Sonríe un poco demasiado amplio para mi gusto, pero lo dejo ir— También me contó sobre la charla de anoche. Sobre cómo proclamaste tu inocencia.
Hay un ardor en sus palabras al final.
—No tuve nada que ver con lo que le sucedió en el baile.
—Tuviste todo que ver con eso. Tu novia y sus amigos le hicieron la vida un infierno a Hinata por ti, y no hiciste nada.
—No sabía que era tan malo.
—Sabías lo suficiente.
Y no tengo respuesta ingeniosa. Porque tiene razón. Es fácil mirar atrás, con el conocimiento y la confianza de un adulto, y ver todo lo que debimos haber hecho de forma diferente.
Mis palabras son fuertes y exigentes.
—Esa es la razón por la que vine a verte. Necesito que me digas qué otras cosas desconozco.
Lanza en respuesta:
—¿Por qué?
Mi mano pasa por mi cabello.
—Porque creo que ella no lo hará, no del todo. Porque quiero congraciarme con ella. Porque, me siento como un ebrio sin recuerdos que acaba de despejarse, y necesito oír acerca de los pedazos de tiempo que me estoy perdiendo. Porque… ella siempre fue la indicada.
Vicki rueda los ojos.
—¿La indicada? ¿En serio? Soy una escritora de romance e incluso me da náuseas.
Sacudo la cabeza, tratando de ser más claro.
—¿Alguna vez has tenido a alguien con quien comparas a todas las otras personas? Esta es agradable, pero no tanto… esta es inteligente, pero no tanto… Ella siempre ha estado en mis pensamientos, incluso cuando no me daba cuenta. La única con la que he comparado a otras mujeres, y he quedado corto. Y yo… la he extrañado, Vicki. Quiero conocerla de nuevo.
Me mira, mordiéndose el interior de su mejilla. Y entonces asiente.
—Está bien.
Durante la siguiente hora, Vicki Russo relata dos años de tortura sicológica y emocional. Algunas acaecidas en el patio de escuela, miradas sucias y golpes de hombros. Otras más siniestras, notas bajo la puerta del dormitorio diciéndole que se matara, llamándola fea, fenómeno, inútil. Fue calculado, organizado, e implacable.
—¿Por qué demonios no se quejó? ¿Por qué no reportó a Cashmere con el director? —pregunto, con frustración en cada palabra.
Vicki se encoge de hombros.
—Muchas razones. Llámalo el síndrome de la chica de rosa, Hinata no quería que Cashmere pensara que había ganado, que la había roto. Además la perra tenía su grupo de chicas detrás, si se desmoronaba su mundo contra el mío y el de Hinata, ¿a quién crees que le habría creído el director? Y si lo hubiera reportado y la escuela se hubiera puesto de lado de Cashmere, habría sido mucho peor. Cosas así siempre pasan.
Maldición.
Alguien necesita quemar Saint Arthur. Chamuscar la tierra y nunca reconstruirlo.
Mi primer golpe sobre la mesa.
—¿Por qué no me lo dijo?
—Porque tu cabeza estaba tan metida en el coño de tu novia, que Hinata no sabía si te habría importado.
La apuñalo con mis ojos.
—Me habría importado.
—Se sentía tan avergonzada. Tienes que entender… eras todo para ella, Naruto. Cuando comenzaste a alejarte… incluso si ya no podía tener tu amistad, nunca quiso tu lástima. Eso la volvió loca por mucho tiempo —dice Vicki— Es decir, Hinata sabía quién era, pero todo hizo mella, golpeó su seguridad. ¿Cómo no podría? Y su habilidad para confiar… después de lo que pasó en la universidad, eso la destruyó.
Miro a Vicki cuidadosamente.
—¿Qué pasó en la universidad?
Se encoge, sin querer tener que decirlo. Cada estadística que conozco pasa por mi cabeza, y voy con la rabia preventiva.
—¿Fue… violada?
—No debería…
Mi voz se eleva.
—Si fue violada, Vicki, juro por Dios que voy a matar a alguien.
—No fue violada —me asegura rápidamente— Tuvo un novio en la universidad, su primer novio "real", sabes lo que significa. Un chico de fraternidad. Salieron unos meses, y ella pensó que estaba enamorada. Y entonces un día él le contó que comenzó a salir con ella por una apuesta.
—¿Una apuesta?
Asiente.
—Una competencia de fraternidad. Quién pudiera tirarse más chicas, puntos extra si era virgen.
Me froto los ojos, no sé cómo lo hacen las mujeres. No sé cómo incluso les gustamos, una porción significativa de la población masculina merece que le corten la polla. Y no creo decir eso a la ligera.
—Lo triste es —continúa Vicki— el bastardo realmente terminó teniendo sentimientos por ella. Ese es el por qué se lo dijo, no quería basar su relación en una mentira. Pero después de que Hinata lo supo, terminó con él. Y ahora, nadie entra. Brian, su hermana y yo, somos los únicos en quienes confía.
Después, frente a su puerta, le agradezco a Vicki por llenar los huecos de información. Aún duda de mí, reservándose su opinión, pero puedo vivir con eso.
Digo—: Vas a decirle que estuve aquí, ¿no?
Vicki sonríe.
—En el espíritu de la divulgación, voy a estar hablando por teléfono con ella antes de que llegues al auto.
Manejando de regreso a DC, un pensamiento se clava en mi cabeza como la hoja de un cuchillo: nunca dije que lo sentía. Toda la mierda que Hinata y yo hablamos anoche, todas las cosas que arreglamos… pero nunca dije que lo sentía. Y debí hacerlo. Porque lo siento. Y ella merece oírlo.
No la defendí cuando importaba. No levanté el cuello por ella. No la protegí. Ni siquiera lo intenté.
Y es el mayor arrepentimiento de mi vida.
Pienso en las cosas que Vicki me dijo. La mierda con la que lidió Hinata, en algún punto, con la que aún tiene que vivir. Es como mi pierna: es lo que es, y no se interpuso en mi camino. Pero es algo con lo que tengo que tratar cada día. Parte de lo que me hacer ser quien soy. Una parte que nunca recuperaré. Y creo que hay una parte de Hinata, una pieza de su niñez, de la seguridad en sí misma, que está alterada para siempre a causa de Saint Arthur.
Necesito decirle que lo siento. No puedo esperar otro día.
Así es cómo terminé en el salón de baile de uno de los hoteles más elegantes y de los "mira cuánto dinero tengo porque puedo estar aquí". Un evento convocado por Toneri Ōtsutsuki, diez mil dólares un plato. Tuve que llamar a unos primos que conocían algunas personas para conseguir un boleto de último minuto, pero lo obtuve.
Usando mi esmoquin, y luciendo como el jodido James Bond, si así me lo digo a mí mismo, me muevo a través de las mesas, escaneando la multitud, buscando y buscando. Ōtsutsuki se para en frente del salón, dando un discurso. Y ubico a Hinata atrás, cerca del bar. Está usando un cómodo vestido blanco sin tirantes que termina en sus pantorrillas, acentuado con unos tacones plateados sensuales de correa. Su cabello se encuentra suelto, una brillante cortina dorada.
Habla con alguien, sonríe, justo en el borde de una carcajada. Y literalmente me roba el aliento.
Mientras camino hacia ella, Hinata me ve aproximándome. Y no mira a ninguna otra parte. Cuando la alcanzo, la otra persona tiene que alejarse, así que solo somos ella y yo, de pie, a pocos centímetros de distancia.
—¿Qué haces aquí?
—Tenía que verte.
—No creo…
—Lo siento, Hinata.
Lo que sea que iba a decir se perdió en un aliento. Y hay una suavidad en sus rasgos, la ligera curva de su boca, la relajación de su mandíbula que me dice que se siente aliviada. Que incluso si no se dio cuenta, había estado esperando mis disculpas. Esperando las palabras.
—Debí haberte defendido. Y siempre lamentaré no haberlo hecho. Fui egoísta y estúpido, y te merecías algo mejor.
Desvía la mirada, como si fuera demasiado, pero cuando sus ojos regresan a mí, hay una paz en ellos que no he visto en mucho tiempo.
—Gracias.
Y ahí es cuando noto qué hay de diferente en ella. Por qué cada célula de mi cuerpo está contenta de solo estar aquí de pie observándola.
Sus ojos.
Los lentes de contacto color turquesa no están, y su mirada me inunda de una belleza color brandy, pura y quitadora del aliento. Y aunque ella no supiera que estaría aquí esta noche, quiero creer que es por mí. Que es algún tipo de señal. Porque esos ojos son míos, la chica detrás de ellos, una vez, fue mía. Y tal vez esté dispuesta a serlo de nuevo.
Mientras felizmente me sumerjo en los ojos que no he visto por mucho tiempo, todos los otros ojos de la audiencia se encuentran enfocados en Ōtsutsuki. Micrófono en mano, convence la habitación, sus dientes blancos brillando bajo las luces.
—Y no puedo pensar en otro anuncio más precioso para mí que proclamar que la hermosa Hinata Hyuga va a ser mi esposa.
Mi cabeza se levanta de golpe.
—¿Qué acaba de decir?
La cabeza de Hinata se levanta incluso más rápido.
—¿Qué acaba de decir?
La habitación explota en miles de aplausos. Me inclino así ella puede escucharme sobre el ruido.
—¿Estás comprometida?
Su cabeza se levanta.
—¿No?
—¿Segura?
No suena muy segura, y parece que es el tipo de cosa sobre la que ella debería tener conocimiento previo.
—Toneri fue a hablar con mi padre la semana pasada. Dijo que tenía que discutir algo importante —explica Hinata, sus ojos entrecerrándose como si estuviera intentando descifrar en su cabeza un jeroglífico antiguo.
—¿Pero en realidad nunca te preguntó?
—No. Supongo que se saltó esa parte.
La multitud viene hacia nosotros como un tsunami, y Hinata es tragada en un mar de buenos deseos y llevada hacia el frente del salón. Frunzo el ceño tan fuerte que mi cara duele.
La siempre elegante señora Hyuga aparece a mi lado, en el lugar que su hija acaba de dejar vacío, observando el alboroto con una sonrisa.
—Parece que las felicitaciones están bajo control —le digo.
—Así parece.
Mi mirada nunca se aleja de Hinata mientras es llevada hacia adelante. Y hay una sensación pujante en mi pecho, como si mis pulmones hubieran sido enganchados por un anzuelo y estuvieran siendo extirpados de mi caja torácica.
El sentimiento pone mi voz ronca.
—¿Lo ama?
La señora Hyuga piensa por un momento, luego responde con ligereza:
—Toneri es un buen joven. Creo que un día será presidente. Es un excelente partido para mi hija.
—Eso no es lo que pregunté.
Suspira.
—Claire y yo siempre hemos sido cercanas, nos entendemos. Pero Hinata… temo que siempre será un enigma para mí. ¿Qué piensas, Naruto? ¿Esa es la mirada de una joven enamorada?
Ahora Hinata se encuentra de pie al lado de Ōtsutsuki. Micrófonos negros son empujados hacia ella, y las luces brillantes iluminan su pálido rostro y sus amplios ojos.
¿Enamorada? No.
¿Muy aterrorizada? Absolutamente.
Parece un ratón atrapado en una trampa, lista para morderse su propia pierna para escapar.
En el internado fui un amigo de mierda para Hinata, ahora veo eso. ¿Pero sabes algo? Esto no es un maldito internado. Camino hacia adelante, empujando y codeando, haciendo un camino entre la multitud.
—Perdonen. Disculpen. Pasando.
Por fin, alcanzo a la infeliz pareja, y asiento hacia Ōtsutsuki.
—¿Cómo vas, Toneri?
Se ve un poco confundido.
—Eh… bien, gracias.
—Bien.
Entonces alzo en brazos a Hinata… y corro.
El elemento sorpresa está de nuestro lado, varios momentos pasan antes de que alguien detrás piense en reaccionar.
—¿Qué estás haciendo? —chilla Hinata.
—Salvándote.
Por un horrible segundo, pienso que tal vez no quiera ser salvada. Hasta que sus brazos se aprietan alrededor de mi cuello y su cuerpo se presiona más cerca.
—Apúrate. Van a venir.
Conquisto la paz y sonrío.
—Relájate. Te tengo.
