Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
7
Salimos corriendo por las puertas laterales a la acera y movemos el trasero por la cuadra. Sin perder el paso, saco mi teléfono.
—Iruka, encuéntrame en la parte posterior del edificio. Código Rápido y Furioso.
Hinata se inclina hacia atrás para mirarme a la cara.
—¿Rápido y Furioso?
Me encojo de hombros.
—Tiene veintidós; todos ellos aman esas películas. No pretendo entenderlo.
Momentos más tarde, mi Rolls viene chillando alrededor de la esquina y se detiene a mis pies. Voces gritando nos siguen mientras Iruka salta y abre la puerta. Lanzo a Hinata en el interior antes de sumergirme detrás de ella. Mi confiable sirviente lo acelera, como estoy seguro que ha hecho en sus sueños llenos de óxido-nitrógeno-elevador de voltaje, y hacemos nuestro escape.
Hinata se coloca frente a mí en el asiento, respirando con dificultad y nerviosa.
—¡Oh Dios mío! ¡Oh mi jodido Dios, Naruto!
Extiendo la mano.
—Si alguna situación exige alcohol, es ésta.
Presiono un botón en la consola central entre los asientos de teca a través de nosotros, revelando el minibar reflejado con un decantador de cristal. Vierto dos vasos de whisky, y luego le entrego uno. Y lo bebe como un chico de fraternidad durante la semana de la promesa.
Impresionante.
Exhala con dureza, luego, abre la boca para hablar.
—Todavía no. —Relleno su vaso.
El que sumariamente drena, estremeciéndose cuando el licor de ochenta años pasa por su garganta.
—Guau.
Tomo un sorbo de mi propio vaso y apunto hacia ella.
—Ahora, adelante.
Exhala de nuevo.
—¿Eso realmente sucedió?
—Creo que sí.
—¡Toneri y yo ni siquiera andamos en serio! Nos hemos visto durante dos meses y hemos vivido en diferentes estados la mitad de ese tiempo. Pensó en la posibilidad de vivir juntos una vez, lo que era suficientemente loco, pero nunca matrimonio. ¿Quién hace eso? ¿Quién anuncia a una habitación llena de gente, y cámaras de televisión que voy a ser su esposa, sin siquiera discutirlo conmigo?
Es posible que el chico Toneri pensara que era romántico, pero no oirá eso de mí.
Niego con la cabeza.
—Qué idiota.
—¿Cierto?
Vuelvo a rellenar su vaso. Y lo bebe.
—Además, estoy bastante segura de que anda follando por ahí. ¡Con una interna!
Resoplo.
—¿Quién se cree este payaso que es, Bill Clinton? Lo siguiente que sabes, es que estará tocando el saxofón y no inhalando.
—¡Exactamente! —Entonces se queda mirando sus manos y su voz se vuelve más suave— La peor parte es que no me molestó. Ni siquiera un poco. Eso significa algo, ¿verdad?
—Mierda, sí. Esto significa que deberías haberle pateado el culo a la acera hace mucho tiempo.
A medida que termina la bebida número tres, puedo decir que empieza a volverse un poco confusa en los bordes. Solo el más ligero engrosamiento de la voz.
—Pero todavía no puedo creer que lo hice. Cuando un hombre se propone, no merece que huyas, ¿verdad?
Sigo sorbiendo mi propia bebida.
—Técnicamente fuiste alejada a rastras, pero, viene siendo lo mismo.
—Mis padres... —Golpea su mano en la frente— Mi madre ama a Toneri. Estará tan decepcionada de mí.
—Mi padre ha estado decepcionado de mí durante años, no es tan malo como piensas.
Termino mi bebida. Es hora de pasar a temas más felices.
—Deberíamos salir a despejarnos un poco. Te lo has ganado. Llama a Vicki y Brian, los recogeremos.
Hinata llama a Vicki por teléfono y le da la versión corta de nuestra fuga épica. Desde este lado, suena como que Vicki tampoco era una gran fan de Ōtsutsuki. Y cuando Hinata le pregunta si quieren salir con nosotros, escucho la voz de Vicki desde el otro lado del coche.
—¡Brian! ¡Llama a tu madre!
Y parece que somos un cuarteto.
Terminamos en un bar universitario no muy lejos de la casa de Brian y Vicki. No parece como que alguno de la prensa nos siguiera. Después de unas cuantas rondas, Brian Gunderson intenta su mano en el karaoke. Canta "No puedo sentir mi rostro cuando estoy contigo", y su esposa aplaude y baila todo el tiempo.
Un par de rondas más tarde, Hinata va por ello. Canta "Canción de lucha", y aunque su voz no es nada por lo que debería renunciar a su trabajo algún día, su sexy pequeño cuerpo envuelto en ese vestido blanco, girando y bailando, consigue una ovación de cada chico de fraternidad en el lugar, y hay un montón de ellos.
Una hora antes del cierre, disfruto de un buen mareo y mis tres compañeros están totalmente acabados. Vicki ruega a Hinata cantar otra canción, pero cuando trata de subir al escenario, termina sobre su trasero, riendo como una loca. Un chico universitario se mueve a ayudarla, pero ya estoy allí. Lo ahuyento con una mirada oscura, entonces le digo:
—Está bien. Es hora de irnos, cacahuate.
—¿Irnos? ¡Pero me gusta estar aquí! Es divertido.
La balanceo en mis brazos. Incluso en peso muerto, se siente como nada.
—Es todo diversión y juegos hasta que alguien consigue una conmoción cerebral.
Brian salta del coche frente a su casa. Apoya el antebrazo en el techo del auto y me ofrece su otra mano.
—Amigo, deberíamos hacer esto de nuevo en algún momento, estoy tan feliz de que ya no seas el idiota que eras en la preparatoria.
Creo que es un cumplido. Al menos es como elijo verlo.
—Gracias hombre. Eso significa mucho.
Vicki le da un abrazo de oso a Hinata en el asiento trasero.
—¡Te quiero, Vicki! —farfulla Hinata.
—¡Te quiero, Hina-Hina! —responde Vicki.
Entonces Vicki empuja mi hombro.
—¡Y tú! ¡Cuida bien de mi Hina! ¡No me hagas patear (empuja) tu (empuja) trasero (doble empuje)!
Le doy un asentimiento.
—Los días de patada en el trasero ahora se encuentran detrás de nosotros.
—¡Bueno! Entonces hay algo que debes saber —La expresión de Vicki es seria, y me hace gestos para que me acerque antes de arruinar el efecto al susurrar en voz alta— Hinata no ha tenido un orgaaasm... orggggasm... Hinata no ha llegado en muuuucho tiempo. Al igual que, años. Al menos, no con un chico.
—¡Shhhhhhh! —Hinata golpea a su mejor amiga como una mosca— ¡Essse es un secreto!
—¿Tal vez Naruto te puede ayudar con eso?
Le doy a Vicki el pulgar hacia arriba, y no es lo único que está arriba, eso es seguro.
—No te preocupes, Vick, estoy sobre el caso. Y creo en el pago retroactivo, así que será compensada por toda la diversión de la que quedó fuera.
Con eso, Brian ayuda a su esposa a salir del coche y entran en la casa. Eran divertidos. Un poco locos, de una manera que me hace pensar que encajarían justo en una de mis funciones familiares, pero siguen siendo divertidos.
—¿Recuerdas cuando teníamos catorce y hablábamos de masturbar?
Esto, sin embargo, no es divertido.
—Te pregunté si realmente hacías eso, y dijiste "Me cortaron la pierna, Hinata, no la mano, lo hago todo el puto tiempo".
Presiona la cara contra mi cuello, disolviéndose en un ataque de risitas adorables.
Esto empezó en el coche. Un desliz de su mano, un toque inocente que no se sentía del todo inocente. Y el hablar, Cristo, a Hinata borracha le gusta hablar.
—Luego me preguntaste si lo hacía. Y dije "Por supuesto que no".
Sobre sexo. Todo tipo de sexo. Sexo oral, le encanta darlo y recibirlo. Sexo anal, nunca lo ha intentado, pero en realidad quiere hacerlo.
—Mentí. Solía hacerlo en la habitación de los dormitorios, en silencio, así Vicki no escuchaba.
La cargué a mi casa. Iruka sostuvo la puerta abierta y la cerró detrás de nosotros, entonces no podía salir de la habitación lo suficientemente rápido, con las mejillas tan rojas como la nariz de Bozo. La traje a mi casa porque si se enferma, quiero estar aquí para cuidarla. Mantener su cabello hacia atrás por ella. Pero Hinata no se siente enferma en absoluto. Se siente muy, muy bien.
Levanta su cabeza y se lame los labios, mirando con ansia la línea de mi mandíbula.
—Y siempre pensé en ti.
Esto es lo que es el infierno. Aquí y ahora.
Se mueve, mueve sus piernas para que pueda deslizarse por mi parte frontal a sus pies, presionando su pecho contra mí, frotando sus caderas.
—Me acostaba ahí en mi cama, mis piernas muy abiertas, y…
Cubro su boca con la mía, así dejará de hablar. Lo mantengo allí, porque sabe malditamente bien. Nos besamos por unos momentos, y luego me alejo, antes de que no sea capaz de hacerlo.
—Te deseo tanto, Naruto.
No quiere decir eso, en realidad no. Está borracha, lo sé. Mi pene, por el contrario, no está tan seguro.
—Hazme el amor.
Su voz es más profunda, y cada palabra, cada sílaba, aleja mi tenue control. Hinata da un paso atrás, sosteniendo mi mirada mientras sus dedos se deslizan sobre su clavícula reluciente, hasta sus pechos, haciendo círculos donde sus pezones esperan debajo de la blanca tela de seda.
—Por favor, hazme el amor.
Por último, encuentro mi voz estrangulada.
—No podemos, nena —Agarro su mano y la beso en la frente, oliendo su cabello con olor dulce— Estás borracha.
Sus magníficos ojos heridos me arruinan por completo.
—¿No quieres hacer el amor conmigo?
¡Evita! ¡Evita! ¡Es una pregunta con truco, no hay una respuesta correcta! Ahora no.
Acuno su mejilla.
—Estás borracha. No podemos hacer el amor ahora.
Envuelve sus brazos alrededor de mi cuello. Y suspira contra mí.
—Bueno. Entonces solo fóllame.
Gimo.
Y no me avergüenzo. Porque si hay algo que traerá a un chico de rodillas, son esas tres palabras, cuando; no, no puede, de hecho, follarte. Porque sería un error.
Impresionante y trascendental. Pero equivocado.
El cumplimiento de catorce años de fantasías eróticas. Pero equivocado.
Tipo de placer con trompetas que suenan, ángeles cantando, fuegos artificiales explotando en el cielo. Pero equivocado.
Repito el mantra en mi cabeza para asegurarme de que no lo olvido. Pero es difícil. Tan. Difícil.
Y los golpes siguen llegando.
Hinata alcanza detrás de su espalda, tirando de la cremallera de su vestido. Un segundo más tarde, la tela se desliza hasta el suelo, dejando al descubierto la piel perfecta color melocotón y crema. Sus pechos están desnudos y más bellos que cualquier sueño que haya tenido. Duros pezones color rosa oscuro piden mis labios, mis dientes, mi lengua. Luego se vuelve, las caderas agraciadas balanceándose mientras camina por el pasillo. Empuja la tela diáfana de las bragas color beige y cae por sus piernas hasta el suelo.
Al igual que magia.
Revelando un culo delicioso en forma de corazón que merece ser adorado y glorificado. Creo que gimo de nuevo, pero no puedo estar seguro. A medida que camina por las escaleras, no ve por encima del hombro hacia mí, no dice mi nombre. No tiene por qué.
Porque ya estoy avanzando.
La sigo por las escaleras hasta el dormitorio. Y cierro la puerta detrás de nosotros.
Espero pacientemente en la tumbona de la esquina, con las piernas extendidas, observándola. Disfrutando la linda imagen que hace acostada en el medio de mi gran cama.
Sin advertencia Hinata se levanta, tan rápido que su largo cabello color miel cubre su rostro. Con un resoplido se lo aparta, sus ojos disparándose por toda la habitación. Baja la mirada hacia su cuerpo, cubierto con mi camiseta negra de El Hombre Araña, la que prácticamente le puse con una llave de cabeza.
—Buenos días, pastelito. —Sonrío.
Me mira.
—¿Tuvimos sexo?
Me toco el labio con un dedo, contemplando su pregunta.
—No puedo decidir si estoy más ofendido que pienses que tendría sexo contigo mientras estabas borracha, o que de hecho no recuerdes si tuvimos sexo.
—No respondiste mi pregunta.
Ruedo los ojos.
—Por supuesto que no tuvimos sexo. No por ninguna falta de esfuerzo de tu parte, por cierto. Me sentía tan usado. ¿Toda clase de bebidas alcohólicas te vuelven una gatita caliente, o solo el escocés en particular? Si ese es el caso, compraré un almacén de ello. Tal vez toda una compañía.
Se cubre el rostro y se recuesta en la cama.
—Joder con mi vida.
Mierda dura.
—Vamos a ser cuidadosos con las imágenes, no estoy seguro de poder manejar algo duro ahora mismo. O completamente duro, si soy talmente honesto.
Compruebo mi reloj.
—No hemos siquiera llegado a la mejor parte aún. Tres, dos, uno…
Mi teléfono repica en la mesa junto a mí. Me lo llevo a la oreja.
—Hola, mamá.
Las noticias viajan rápido, ¿y noticias de tus hijos potencialmente teniendo sexo con la persona con que eligió para ti cuando tenían tres años? Eso es jodidamente rápido.
Mi madre se sumerge de cabeza en el interrogatorio.
—Sí, está justo aquí. —Le sonrío a Hinata, quien me mira a través de sus dedos con pena, luciendo miserable.
—No, mamá, no nos fugamos. Siento decepcionarte.
Cubro el teléfono con la palma de mi mano y le doy a Hinata las malas noticias.
—Tu madre te está buscando.
Se cubre por completo sus ojos. Pero gime cuando escucha mi respuesta a la siguiente pregunta de mi madre.
—No, Hinata no está esperando un hijo mío. Al menos no que yo sepa.
Una almohada vuela hacia mi cabeza. Y respondo la próxima pregunta de mi madre.
—Oficialmente no dijo que no a la propuesta de Ōtsutsuki, pero las proximidades lucen como que fracasarán la próxima vez que lo vea —me río— Una foto, ¿eh? Lo comprobaré. Sí, también creo que hacen una linda pareja.
—¿Dónde está mi teléfono? —se queja y sisea Hinata.
—Escucha, mamá, me tengo que ir, ¿bien? Sí, te llamaré luego. No, no podemos poner esto en la hoja informativa de la familia. También te amo. Adiós.
Presiono el botón de finalizar y observo a Hinata arrastrarse hasta el final de la cama. Alzo mi cabeza, tratando de conseguir otra mirada en el paraíso que vislumbré anoche.
He sido un buen y caballeroso chico. Creo que eso se merece una recompensa.
—Mi madre dice hola, por cierto. Tu teléfono se encuentra en tu cartera junto a la cama, pero ha muerto, tu madre lo mató anoche con llamada tras llamada.
El pie de Hinata golpea el piso. Respira profundo, entonces se levanta lentamente.
—Van a desheredarme.
—¿En verdad sería tan malo?
Se lanza hacia la silla donde sus ropas se hallan pulcramente dobladas.
—Mi padre siempre quiso un chico. Nunca le agradé a mi madre. Este es el momento que han estado esperando. Van a desheredarme.
Me pongo de pie, caminando hacia ella.
—Te cubriré con un préstamo. Con intereses muy atractivos, eso es lo que hacen los amigos.
Finalmente sus ojos se encuentran los míos, y luce tan despampanante que mi corazón salta.
—Mi vida es un desastre, Naruto.
Le aparto el cabello.
—Si quieres hacer un omelette, tienes que romper algunos huevos. Y tú, mi pequeña Lush, te mereces solo gourmet. Tus padres lo superarán. Todo va a estar bien, lo prometo.
Antes de llevar a Hinata a su casa, me cambié la ropa de anoche a pantalones cortos de correr y una camiseta. Se sale de mi coche usando pantalones de chándal. E incluso arremangado en los tobillos y lo suficientemente apretado en su cintura, son casi doce tallas más grandes.
Luce jodidamente adorable.
Cuando la llevo a su pórtico delantero, la puerta posterior de una camioneta negra con las ventanas tintadas estacionada en la acera se abre. Y Toneri Ōtsutsuki sale, con gafas oscuras en su rostro, su perfecto cabello marrón peinado de lado y húmedo. A pesar de que estoy molesto de que el bastardo no le ha dado ni siquiera a Hinata la mañana para procesar, me encanta saber que estaré alrededor de este intercambio. Porque en serio quiero verla decirle que se joda.
Y si no lo hace, yo lo haré por ella.
Sigo a Hinata hacia su puerta y Ōtsutsuki se desliza detrás de mí. Cierra la puerta y se cuadran a unos cuantos metros de distancia en el medio de una sala decorada con buen gusto. Me posiciono junto al sofá beige, lo bastante lejos para permitir a su confrontación desarrollarse, pero lo suficientemente cerca para interponerme en medio si es necesario. Ōtsutsuki luce predeciblemente infeliz, pero lejos de desdichado. La sonrisa que adorna sus carteles promocionales es reemplazada por un horrible ceño. Alza sus brazos al aire.
—¿Qué demonios, Hinata?
Los hombros de Hinata están hacia atrás, su mandíbula en alto, la misma postura que toma en la corte, audaz y temeraria, lista para derribarte.
—Podría preguntar lo mismo, Toneri.
—¡Me humillaste anoche!
—Te humillaste tú mismo. La simpatía que acumularás solo te ayudará a ganar las encuestas, y ambos sabemos que eso es lo que en realidad te preocupa. Si te hubieras molestado en preguntarme qué quería…
—Pensé que estábamos en la misma página. —Da un paso hacia Pero mantiene su guardia. —No, no lo hacías, de otra forma no hubieras tendido una emboscada.
—¡Era una sorpresa! Un gesto de atención.
—¡Fue una picadura de sonido! —grita Hinata en respuesta— Ambos sabíamos que iba esta relación. Era una cara bonita y profesional sonriendo junto a ti en tus sesiones de foto, y tú…
—Sí —interrumpe, dando un paso más cerca— ¿Qué era yo?
—Tú eras conveniente. Alguien con quien disfrutaba pasar el tiempo, pero quien no me importaba lo suficiente para molestarme por ti arruinándolo; con una interna.
Palidece justo lo suficiente y entrecierra sus ojos. Entonces se mueve para agarrarla del brazo, pero me muevo más rápido. Envuelvo mi mano alrededor de su muñeca. Y aprieto.
—Si tener una muñeca en funcionamiento es importante para ti, querrás retroceder. Y calmarte.
Toneri baja su mano y lo dejo ir. Me mira de pies a cabeza, entonces se gira de vuelta a Hinata y escupe:
—¿ Es por esto por lo que he sido reemplazado? ¿Un lisiado?
Cuando Hinata abre su boca para replicar, echo la cabeza hacia atrás y me río.
—¿Lisiado, Toneri? ¿Es lo mejor que tienes? ¿Ni siquiera cojo o un cuarto de hombre o achaparrado? Si vas a insultar a alguien, ten la decencia de hacer un insulto inteligente. De otra forma, no lucirás solo como un imbécil, te ves como un gran idiota. También, jódete, parásito, intitulado, doble cara, cabrón chupa sangre.
Toneri hace su mejor intento para ignorarme y mira a Hinata con una expresión que intenta persuadirla, pero se queda corta.
—Somos buenos juntos, Hinata.
Sacude su cabeza.
—No lo suficientemente buenos.
—Podríamos haber llegado a la Casa Blanca. Aún podemos.
Qué romántico. ¿Este imbécil quiere una novia o una compañera de cuarto?
—Me gusta esta casa. Hemos terminado, Toneri. Adiós.
Y justo así, se rinde. Si poner tus dedos en tu frente en la forma de una L mayúscula fuera todavía genial. Lo haría ahora mismo, porque este tipo es un perdedor.
Se gira hacia la puerta, pero solo da dos pasos antes de volverse a dar la vuelta.
—Sé que no firmaste un acuerdo de confidencialidad, pero si piensas siquiera en hablar con la prensa…
—¿Es en serio? —Su tono es cortante— No voy a hablar con nadie. Tengo cosas importantes con las que lidiar, airear tu ropa sucia no es una de ellas —Levanta su brazo, señalando la puerta— Ahora lárgate.
Para ayudarlo, abro la puerta ampliamente.
—Adiós, adiós, Toneri.
La dejo cerrarse con una explosión después de que sale. Me muevo hacia Hinata, extendiendo los brazos sobre mi cabeza.
—Bueno, sin duda me siento mejor ahora que eso está fuera del camino.
Pensé que se reiría o al menos sonreiría. Pero solo colapsa en el sofá, con los codos sobre las rodillas y las manos en la cabeza. Me arrodillo frente a ella, frotando mis manos por sus piernas.
—¿Estás bien, destellos?
Unos ojos cansados encuentran los míos.
—¿Destellos?
Trazo su clavícula con dos dedos, entonces le muestro la escarcha residual de la celebración de anoche. Eso me consigue una pequeña sonrisa mientras dice:
—Estoy exhausta.
Me pongo de pie.
—Estoy seguro que lo estás. Así que… relájate, toma un baño de burbujas, duerme una siesta, recarga energías, entonces ven a mi casa a las seis. Te haré la cena.
Hinata cierra sus ojos.
—Naruto.
—No soy tan talentoso en la cocina como Iruka, pero puedo manejarme por mi cuenta —Tomando con gentileza su barbilla, alzo su cabeza. Y mi voz se suaviza— Quiero alimentarte, Hinata. Quiero hablar contigo… y quiero besarte de nuevo por mucho tiempo, sabiendo que de hecho lo recordarás en la mañana.
Eso trae de vuelta el fuego en esos impresionantes ojos marrones.
—¡Nos besamos anoche! —Sus dedos golpean mi muslo— ¡Lo sabía!
—Técnicamente, tú me besaste. Me atacaste, de hecho… y no me estoy quejando —Me inclino hacia adelante y presiono mis labios en su frente— Yo solo en serio, en verdad quiero devolverte el favor.
Antes de que pueda decir que no, camino hacia la puerta. Su voz me detiene mientras alcanzo la manija.
—¿Qué estamos haciendo? Me refiero a, ¿qué es esto, Naruto?
Y suena con genuina curiosidad.
—Estamos empezando de nuevo. Este es un nuevo comienzo.
—Pero el caso…
—No hablaremos del caso —le aseguro— Seremos adultos. Confraternizando, no habrá conflicto de intereses.
—Tal vez no quiero comenzar de nuevo —suspira— Hay tanto entre nosotros, no sé si un nuevo comienzo es posible.
—Entonces también hablaremos de eso esta noche. A la seis en punto, cara de muñeca. No llegues tarde.
Me dirijo hacia el Centro Comercial Nacional para ejecutar mi ruta preferida. Grandes chispas de energía recorren cada terminación nerviosa como nunca antes. Es similar a la adrenalina que libero antes de un juego de lacrosse, pero ésta, es más. Me siento muy emocionado por esta noche.
Dos horas más tarde, atravieso marco de mi puerta para encontrar a Iruka limpiando la sala de estar. Arrojo las llaves en la mesa.
—Iruka, mi buen hombre.
Se da vuelta, una mezcla de curiosidad y cierta sorpresa en sus ojos.
—¿Sí, Naruto?
Arrojo un brazo alrededor de sus hombros.
—¿Sabes, la niñera sueca bajando la calle con la que has tenido un enamoramiento los últimos seis meses?
Se atraganta.
—¿Jane?
—Esa misma. Sé con certeza que hoy es su noche libre —Coloco tres billetes de cien dólares en su palma— Es tiempo de carpe diem, amigo. Llévate el coche, invítala a salir, hazle pasar un buen momento, y si tienes suerte, ve a un hotel. No regreses a casa.
Mira al dinero en su mano, con el ceño fruncido.
—No entiendo.
—Tengo compañía esta noche —Esta es la primera vez que le he pedido que desaparezca; por lo general lo animo a observar. Así que se lo deletreo— Hinata vendrá esta noche. Le haré la cena. A pesar de que siempre eres impecablemente discreto, quiero que se sienta completamente cómoda, así somos libres de hablar de nuestros sentimientos.
Hablar. Desnudarnos. Romper el mobiliario, abollar las paredes, y desfilar por cada superficie de la casa. Podría ser una ilusión de mi parte, pero como dicen los Niños Exploradores, es bueno estar preparado.
El entendimiento ilumina los ojos de Iruka.
—Ah, ahora veo —Baja el plumero— Debería ir a cambiarme a algo más apropiado para una visita con Jane.
Palmeo su espalda.
—Ve por ella, tigre.
La duda cae como un espectro de color gris en su cara.
—¿Tú… crees que dirá que sí?
Froto su cabeza, jugando con su cabello de la forma en que un hermano mayor lo haría. —Estaría muy loca si no. Eres un gran partido.
Iruka sonríe, luciendo más relajado. Caminamos hacia las escaleras cerca de la cocina.
—¿Te gustaría que preparara la cena para ti y la señorita Hyuga antes de irme? —pregunta Iruka.
Doy un paso en la cocina y le indico que no con mi mano.
—No, quiero hacerla yo mismo.
—Muy bien, entonces.
Mientras Iruka continúa hacia las escaleras, lo llamo.
—Solo hay un pequeño detalle. ¿Cómo prendo la estufa?
A las cinco y cuarto, tengo un limón y una sencilla receta de pollo en una "fuente de horno-seguro", como decían las instrucciones en línea, listo para funcionar. Lo deslizo en el horno y voy a tomar una ducha.
A las cinco y media, me pongo unos vaqueros y una camisa manga larga de color azul oscuro con botones.
A la cinco y cuarenta y cinco, la mesa está lista —servilletas de lino, vasos de cristal, platos de porcelana, utensilios de plata— Iruka estaría orgulloso. Enciendo las luces bajas y pongo una botella de vino blanco en el cubo de hielo para enfriar.
A las seis, tengo el pollo cocinado en la parte superior de la estufa, con la esperanza de que sepa mejor de lo que parece. Enciendo las velas en la mesa, me siento en el sofá, y espero que Hinata llegue.
A las seis y quince, aún sigo esperando, ya que nunca he conocido a una mujer que sea puntual, así que está bien.
A las seis y media, enciendo el televisor y uso mis empuñaduras mientras camino alrededor del cuarto. Observando y esperando.
A las seis y cuarenta y cinco, me sirvo un vaso de vino.
A las siete, me arriesgo a lucir completamente patético y marco el número de Hinata. Va al buzón de voz y no dejo un mensaje.
A las siete y media, voy por el vaso número dos. Y apago las velas.
A las ocho, pensé oír a alguien en los escalones del pórtico, pero cuando voy a comprobar, no había nadie allí.
A las nueve, empieza a llover con intensidad, truenos y relámpagos en abundancia. Me acuesto en el sofá, con el brazo doblado debajo de mi cabeza, las piernas extendidas y la camisa abierta.
Pero no es hasta las diez que en verdad pienso que Hinata no vendrá.
