Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

11

En esta ocasión, Hinata aparece: a las siete en punto golpean la puerta.

Espero en el patio trasero, mientras que Iruka va a abrir. Toda la tarde, mi nivel de energía se mantuvo a un tope aún mayor de lo habitual. Traté de trabajar un poco, pero me preguntaba cuándo Hinata llegaría a casa. Y cuál fue su expresión cuando abrió el paquete que le habían entregado; una gran caja blanca con un lazo rojo. Suficientemente grande para el vestido, los zapatos y el bolso que se encontraban en su interior.

Mi madre tiene un comprador personal con el que ha trabajado durante años. Con la cantidad de tiempo que mis manos han pasado sobre el cuerpo de Hinata, conozco bastante bien sus medidas. Lo suficiente para describir el vestido perfecto que encajaría en ella como un guante hecho a medida.

Y soy tan bueno como pensaba que sería.

Porque cuando Hinata entra al patio trasero, ella me deja de golpe sin respiración. El cuello y los brazos delicados sin defectos se encuentran descubiertos en el vestido blanco y sin tirantes, que prácticamente brilla a la luz de la luna. La tela suave y brillante abraza a sus pechos uniéndolos, creando una línea; la más sabrosa hendidura en la que quiero poner mi lengua. El vestido se ciñe a su pequeña cintura, su falda es acampanada, de la gasa más trasparente que revolotea ligeramente con la brisa suave, justo encima de sus rodillas. El vestido es precioso. Sexy, pero elegante. Algo que una mujer podría lucir en una noche especial... o una chica se pondría en su baile de graduación.

Su cabello, suelto y rizado alrededor de sus delicados hombros, sus labios radiantes con un toque de brillo. Y su sonrisa irradia esperanza, admiración y asombro. Mi corazón late en mi pecho porque he sido capaz de generar esos sentimientos.

Hinata observa el patio, las luces brillantes intercaladas entre los árboles y arbustos, las velas que iluminan con suave intensidad la mesa puesta para dos. "Kiss Me", de Sixpence None Richer suena en los altavoces; ha sido un gran éxito en los años noventa. Cuando esos impresionantes ojos se posan sobre mí, sé que lo conseguí. Ella entiende qué trato de hacer.

Me encojo de hombros.

—No llegaste a ir al baile de graduación... Me imaginé que es tiempo de rectificar ese hecho.

—Naruto... —suspira— Esto es… guau.

Muerdo mi labio inferior con un movimiento de cabeza.

—Oh, hay más.

Abro la caja pequeña de la mesa y doy un paso hacia ella.

—¿Me conseguiste un ramillete? —Hay risa en su voz.

—Sí —Me comienzo a fijar en los pequeños capullos de rosa rojos— Cuando tenía diecisiete años, tal vez te hubiera conseguido una pulsera, porque hubiese estado demasiado intimidado para poner esto aquí —Mis dedos rozan su suave piel debajo de la parte superior del vestido— Pero ahora soy todo un hombre, por lo que este ramillete no es rival para mí —Una vez, mi mano roza su brazo, haciéndola temblar— Y llego a tocar tu teta, así que… recompensa.

El sonido de su risa resuena a través del patio y calienta mi sangre. Entonces inclina la cabeza cuando la canción cambia. "Photograph" de Ed Sheeran y la sonrisa de Hinata resplandece aún más.

—Me encanta esta canción.

Levanto un hombro.

—No lo hizo al principio. Las estaciones de radio exageran, haciéndolo molesto —Y me mira a los ojos— Pero últimamente, me gusta mucho más. Me recuerda a ti. A nosotros.

Asiente con lentitud y toma mi mano.

—¿Bailas conmigo, Naruto?

—Pensé que nunca lo preguntarías.

La envuelvo entre mis brazos, amoldando su calor contra mí. Sigo sus pequeños pasos, pero sobre todo solo nos balanceamos. La mejilla de Hinata se apoya en la solapa de mi esmoquin y beso la coronilla de su cabeza.

—Te ves hermosa —le digo, aunque la tienda de campaña en mis pantalones, presionando contra ella, probablemente ya se lo hizo notar.

—Gracias —Levanta la cabeza y me mira— Gracias por hacer esto. Es como... un sueño hecho realidad.

Antes de inclinarme para besarla, deslizo el pulgar por su mejilla.

—Sí, realmente lo es.

Una semana más tarde, Hinata me llama a media mañana a la oficina.

—Hola, vas a venir esta noche, ¿verdad?

Nunca ha visto la original de Escape de Nueva York; un clásico cultural y mi película favorita. Pero accedió a tener esta noche su iniciación en el mundo de Snake Plissken.

Me recuesto en la silla.

—Perros salvajes no podrían mantenerme lejos.

—Bien, bien. Necesito tu palo de lacrosse. Lo necesito fervientemente.

Me toma un segundo antes de saber cómo responder.

—¿Es, como, una palabra clave para mi pene?

Su risa me hace cosquillas en la oreja a través del teléfono.

—No, es un código para: "Hay un murciélago en mi ático y necesito tu palo de lacrosse para atraparlo".

Me incorporo para poder procesar completamente su declaración tan ridícula.

—¿Hay un murciélago en tu ático?

—Sí.

—¿Y piensas que lo vas a atrapar con un palo de lacrosse?

—Eso es lo que dije.

—De acuerdo. Hinata, déjame exponerlo para ti. Eres hermosa, brillante y jodidamente talentosa en la cama. Pero apestas en lacrosse. Te he visto jugar. No podrías agarrar una bola de básquetbol con un palo de lacrosse ni aunque estuviera anclada al piso.

Prácticamente la escucho rodar sus ojos.

—Bueno, voy a tener que hacerlo. Llamé a dos exterminadores y los dos quieren matarlo. Los murciélagos son criaturas inofensivas, y comen su peso en insectos cada noche. No lo quiero muerto, simplemente no quiero que viva en mi ático.

—Entonces es una suerte para ti que tenga dos palos de lacrosse. Vamos a atraparlo juntos.

Escucho su risa.

—Estaba esperando que dijeras eso.

Con mis palos en la mano, aparezco en la casa de Hinata antes del anochecer así estaremos en posición cuando la rata voladora se muestre. Asiento con la cabeza al alguacil estacionado en su coche camuflado en la acera y atravieso su puerta sin llamar.

Para este momento ya hemos superado esa etapa.

La encuentro en el sofá, tumbada sobre su estómago; dándome una vista ostentosa de sus nalgas firmes que se asoman por debajo de los pequeños pantalones cortos para correr, acariciando y hablando con su gato Jasper. Empiezo a sospechar que es el engendro del demonio de Mephisto, el malvado gobernador de los demonios en el universo Marvel.

—¿Quién es un gatito dulce? —ronronea— Un minino bonito.

—Más bonita es su propietaria. —Sonrío.

Hinata rueda de lado para mirarme.

—Ja, ja.

—No bromeo —Levanto los palos— ¿Estás lista para hacer esto?

Salta del sofá.

—Sí. Luego toma un casco de fútbol de Yale de la mesa y lo desliza en su cabeza— Listo.

Se ve tan malditamente linda que mi polla asciende para una mejor visión.

—Lindo casco. ¿Tuviste una cita con un jugador de fútbol y olvidaste decírmelo?

Sonríe.

—No. Este es un disfraz de Halloween de mi primer año en la universidad.

—Mmm… —Y comienzo a pensar en trajes. En concreto, Hinata, en todos los tipos de trajes y fuera de ellos— ¿Tienes un traje de porrista?

Niega con la cabeza.

—Pero fui Supergirl el año siguiente.

Y mi mente explota. Me muerdo el puño con la imagen de su cuerpo perfectamente envuelto en un elastizado y pequeñito traje azul y —esperemos sin fondo de entrepierna— rojo, con una capa roja de satén dando vueltas detrás de ella.

No se puede olvidar la capa.

—¿Por qué demonios recién escucho sobre esto ahora? —me quejo— ¿Aún lo tienes?

Su sonrisa es lenta y sensual.

—Lo tengo. Lo guardo en el ático.

Después de cazar al murciélago; voy a jodidamente besarlo.

Una hora más tarde, después de que Hinata balanceara algunos tiros errados cerca de mi cabeza, que si me hubieran dado me habrían dejado inconsciente, tenemos al pequeño feo ocupante en una caja de cartón cerrada. Lo llevamos a la Cuenca Tidal después del anochecer y lo ponemos en libertad en el medio de la naturaleza.

Entonces volvemos a lo de Hinata y follo a Supergirl inclinada sobre el brazo del sofá de la sala. Dos veces.

La semana siguiente, Hinata está enterrada en los preparativos para el nuevo juicio de los mafiosos Moriotti. Robamos horas juntos, ella se desliza en mi cama después de la medianoche, y llevo la cena, y a mi pene, a su oficina. Así que el sábado, se compromete a dejar de lado el trabajo y conducir hasta la casa de mis padres en el río Potomac para pasar la noche. Mis padres están pasando el fin de semana en la casa del lago en Saratoga, así que tendremos toda la finca para nosotros.

Particularmente tengo ganas de tenerla de vuelta en mi casa de la infancia para personificar todas las fantasías ilícitas que tenía en cada una de sus habitaciones. Y hay un montón de habitaciones en la casa.

Nos dirigimos en mi descapotable con el techo descubierto, el sol brilla, mi mano apoyada sobre su muslo, y Tom Petty todo volumen en la radio. Henderson, el mayordomo de mis padres, nos saluda con la calidez de un querido tío. Recibe nuestras bolsas, y tomamos el barco hacia el río. Después de navegar por un tiempo anclamos el barco, a continuación, nadamos y pescamos toda la tarde. El agua está fría como la teta de una bruja, pero el sol es cálido cuando desembarcamos en la costa. Extendemos una manta en la playa y luego, porque es totalmente aislado, nos calentamos... De otras maneras.

Su piel huele al coco de playa; aceite bronceador. La piel desnuda alrededor de su vagina es suave y tiene un sabor ligeramente a sal en mi lengua. Entonces la extiendo con los dedos y me inmerso en el interior, con sus rodillas clavadas en la arena a cada lado de mi cabeza. Hinata se encuentra en mi torso, su cabeza rubia en mi entrepierna, su boca se desliza de arriba hacia abajo sobre mi pene con una perfecta succión. Presiono su culo, acercándola, dando a mi boca el más completo de los contactos con su coño. Mi sangre silva a través de mis tímpanos como un torrente de agua y me siento un poco borracho. Voy a su centro con succión y besos, frotando mi cara y la lengua contra su clítoris. Canturrea alrededor de mí y mis caderas se elevan.

Ella está cerca. Lo sé por la forma en que sus caderas ruedan salvajemente; dejando de lado todas las inhibiciones, perdiendo la razón. Buscando, necesitando preocuparse por esa sensación construyéndose que está a punto de estallar. Aprieto su culo y trazo la línea entre él con un dedo, burlándome. Algún día, me dejara tomarla allí. Y va a ser jodidamente magnífico. Pero si va a ser bueno, el anal requiere un poco más de premeditación de lo que tenía para este viaje de un día. Así que en su lugar, deslizo un dedo en su culo mientras que al mismo tiempo froto círculos cerrados y planos sobre su clítoris con mi lengua. Y estalla con una jodida explosión, con un largo gemido sin fin que resuena profundamente en mi interior.

Luego se afloja y se inclina sobre mí. Y tan fantástico como su boca se siente, no he llegado todavía. Tengo otros planes.

Nos ruedo a un lado y de vuelta alrededor por lo que mi pecho se aprieta contra su húmeda espalda. Tirando de sus caderas contra mi pelvis, levanto su pierna y me deslizo sin esfuerzo en su interior. La cabeza de Hinata descansa sobre la manta mientras que me empujo dentro de ella, dando a mi boca accedo sin restricciones a su cuello y a su hombro. Chupo, beso y lamo la suave piel. La araño con mi barbilla y presiono mis dientes contra ella, deteniéndome justo antes de morderla. Y suenan gruñidos que se arrastran hasta mi garganta. Con mi pene profundamente dentro de ella, mi mano libre presiona y frota su clítoris sensible, deslizándose por su estómago, apretando sus pechos terciopelo.

Escalo al clímax, el punto máximo y sus réplicas me atraviesan. El placer se acentúa —tan intenso— que pierdo el control de mis movimientos. Y mi boca.

—Tan bueno. Me gusta esto... Cristo, jodidamente te amo...

Cuando recupero el mando de mis facultades, mi frente se apoya en el omóplato de Hinata y su peso se apoya fácilmente en mi contra. Pero a medida que disminuye el ritmo cardíaco, se pone rígida. Tiesa. Y se aleja.

Mierda.

Me alzo en un codo y la volteo así que está de espaldas, sin ningún lugar donde mirar pero me mira.

—Oye.

Sonríe, pero es forzado.

—Oye.

Mi voz suena más profunda. Áspera.

—¿Estás bien?

—Sí.

Pero no le creo.

No dice nada durante varios momentos. Luego sus cejas se juntan una pulgada más la una con la otra.

—¿Es por cómo me veo ahora?

—¿Qué?

Sinceramente, no tengo idea a qué demonios se refiere.

—¿Es por eso que me quieres? ¿Es por eso que estoy aquí?

Un ceño fruncido tira de mi cara.

—No. Por supuesto que no —Mis ojos se pierden en su rostro, recordándola a los nueve y a los trece años, y todos los años que la conozco hasta ahora— Eras mi mejor amiga, siempre pensé que eras divertida. Increíble. Y luego, cuando crecimos, pensaba que eras jodidamente linda. Incluso detrás de tus gafas y debajo de tus suéteres voluminosos, pensé que eras bonita. Una vez que las erecciones se convirtieron en algo habitual, la idea de los aparatos de ortodoncia me asustó un poco, pero nunca me desagradaron.

Se ve... pensativa. Ni feliz por mi revelación ni aliviada, como pensé que estaría. Se sienta y cambio de posición, apoyando los codos en las rodillas, mientras mi pene se encuentra agotado contra mi muslo.

Los ojos de Hinata me miran por encima del agua.

—¿Recuerdas la última semana del verano justo antes de penúltimo año, cuando tenías unos pocos de los chicos de lacrosse aquí por el fin de semana? Eran del grupo de amigos de Cashmere.

Me toma un minuto para recordar vagamente.

—¿Sí?

—No sabía que se hallaban aquí, así que vine para ver si querías hacer algo. Estaban en la piscina. Me encontraba de pie en el patio trasero, pero ninguno me vio. Hablaban de chicas... de mí.

Mi estómago se anuda y mis ojos se cierran. Porque ahora recuerdo.

—Dijeron que era rara. Que olía raro...

Mi cabeza se mueve bruscamente hacia ella.

—No olías raro.

Su voz es más baja que un susurro.

—Y dijeron que era fea. Que tendrían que ponerme una bolsa en la cabeza si querían...

—Hinata... —ruego.

Porque quiero matar algo. Pulverizar algo. Quiero meterme en su mente y arrancar todos esos recuerdos así nunca más tendrá que pensar en ellos.

—Me fui después de eso.

Le agarré el hombro.

—Eran unos imbéciles, ¿de acuerdo? Pequeños y crueles imbéciles al decir esas cosas. Nunca las dije.

—No, lo sé —Entonces, un dejo de odio llena su voz— Nunca dijiste nada. Luego de que se fueron, viniste a mi casa y pasamos el rato... como siempre. Porque era lo suficiente buena para ser tu amiga, siempre y cuando nadie estuviera alrededor para ver.

Todo lo que puedo hacer es mirarla fijo, sacar las palabras de lo más profundo y dárselas.

—Lo siento. Siento tanto el haberte lastimado. Era un idiota y estúpido por preocuparme de lo que pensaban. Pero me gustabas. Rubia o morena, con ropas de diseñador o con una bolsa de basura, quería estar cerca de ti. Incluso entonces.

Cuando baja la mirada, le levanto la barbilla.

—Si pudiera volver atrás y cambiar todo eso, lo haría. Pero aquí es dónde estamos ahora. Tenemos que seguir adelante. Estoy enamorado de ti. Y si te toma un tiempo poder creerlo, que tu corazón lo haga, entonces esperaré. Porque la espera vale la pena. Siempre lo ha valido.

Las cosas están de nuevo bien para cuando entramos a la casa de mis padres, tomados de la mano y dirigiéndonos a mi habitación por una ducha.

Hasta que un chillido nos detiene en el vestíbulo. Porque de pie allí, mirando nuestras manos entrelazadas, como si fuera un ser vivo, un milagro que respira, está mi madre.

—¡Hola, cariño! —Si sonríe más grande, su cara se romperá por la mitad— Hinata querida, no puedo decirte la alegría que es verte de nuevo. Aquí. Con Naruto.

—Hola, señora Uzumaki, también es bueno verla.

Hay besos y abrazos por todos lados. Intento lo mejor que puedo no sonar tan decepcionado como me siento.

—¿Qué haces aquí, mamá? Pensé que estaban en Saratoga.

—La espalda de tu padre no andaba bien, así que tuvimos que volver a casa.

Ahí es cuando mi padre pasa justo por la puerta abierta de la biblioteca, y su espalda se ve lo más bien para mí. Mis ojos se estrechan hacia Henderson. Y huelo un traidor.

—¿Tuvieron un buen día? —pregunta mi madre.

—Sí, estuvo bien —le digo— Tomamos el barco. Estábamos a punto de ir arriba para ducharnos.

Hasta acá llegó la idea de agregarle una mamada.

—Eso es bueno —dice suavemente— En caso de que hayan hecho otros arreglos, creo que sería mejor que ambos pasaran la noche en el cuarto de Naruto. Y que también usen su baño, las otras habitaciones de la casa, desafortunadamente, no están preparadas para invitados.

Pobre Henderson baja la mirada insultado.

—Perdón.

Mi madre mueve la mano, haciéndolo callar.

—No están preparadas, Henderson. Y se acabó.

Ahora simplemente acaba de asustarme. Una cosa es si quiero follarme a Hinata de diez maneras diferentes. Pero pensar en mi madre animándonos, sentada en un banquillo con una bandera en la mano y una polla de espuma en la otra, simplemente está mal.

—Está bien. Gracias, mamá.

Dirijo a Hinata hasta el piso de arriba. Pero no hemos estado en mi habitación por más de dos minutos cuando su teléfono suena con un mensaje. Se sienta en el extremo de la cama, leyéndolo. Desde la silla de escritorio, toco mi frente como si leyera mentes.

—Espera, no me digas. Dado que mi madre no pudo resistir contarle a tu madre que estamos aquí, es un mensaje suyo. Y estamos invitados a su casa para la cena esta noche.

Hinata suspira y me muestra el teléfono.

—Deberías llevar tu acto a Las Vegas, serás un éxito.

Entonces se lanza de espaldas a la cama y suelta un suspiro frustrado hacia el techo.

La cena en casa de los Hyuga es un asunto formal. Los hombres llevan trajes, las mujeres vestidos de cóctel. Tenía la ropa apropiada en casa de mis padres, y mi madre le prestó un pequeño vestido negro que compró en Paris hace unos años a Hinata. Siempre estaré agradecido de que todavía tenía las etiquetas, que mi madre nunca se lo puso. De lo contrario, la enorme erección que mantengo desde que Hinata salió del vestidor podría haber sido rara.

La mesa del comedor es lo suficiente larga para acomodar a treinta. Sin la música clásica tocando de fondo, la habitación hubiese estado torpemente en silencio los tres primeros platos. Porque nuestros padres no están hablando, solo nos observan.

Expectantes.

Por fin, el padre de Hinata intenta una conversación normal.

—¿Cómo está progresando tu caso de Nevada, princesa?

Le frunzo el ceño y le susurro:

—¿Te tiene un apodo? ¿Por qué el sí y yo no?

—Ahora no, Naruto.

De mala gana, lo dejo pasar. Pero puede apostar su dulce trasero a que lo hablaremos después, incluso si tengo que atarla a la cama hasta que la conversación alcance su plena culminación. Es posible que solo esté buscando una excusa para atarla a la cama.

—Va bien. Estoy segura de que seré capaz de conseguir una segunda condena.

Mitzy se aclara la garganta, lo que indica que la parte de observación de la noche se ha acabado, y la parte del interrogatorio comenzará ahora.

—Sí, eso es todo muy genial, Hinata. Pero ¿hay algo que quieras decirnos? Un anuncio, tal vez, ¿que debas compartir?

Hinata parpadea como un pequeño muñeco moreno.

—No se me viene nada a la mente, no.

Mitzy arroja la servilleta de lino y le entrecierra los ojos a su hija, como un halcón con garras afiladas.

—Estaba en la beneficencia, señorita. Vi a Naruto llevarte lejos después de la propuesta de mal gusto de Toneri. Por lo tanto, lo que me gustaría saber, lo que creo que todos aquí presentes tienen derecho a saber, es ¿qué está pasando exactamente entre ustedes dos?

La parte de interrogar es el fuerte en la familia de Hinata. Mitzy Hyuga hubiese sido una abogada patea traseros.

—Naruto y yo... somos amigos.

Y maldición, los beneficios son fantásticos.

Mitzy resopla.

—No seas tímida, Hinata, no eres buena en ello.

Y entiendo por qué Hinata es reacia a compartir con su madre. Es como esa escena de la película Cenicienta. Cuando Cenicienta hace su propio vestido color rosa de la nada, y sus malintencionadas hermanastras lo rompen en pedazos. Desde que la conozco, no hay un solo aspecto de la vida de Hinata que Mitzy no esperara rasgar en pedazos. Pero esto será diferente. Hinata me tiene ahora.

Arrojo mi propia servilleta, moviendo mi mano por la mesa y tomando la mano de Hinata.

—La verdad, señora Hyuga, es que Hinata y yo estamos saliendo. Estamos viendo cómo funcionan las cosas... disfrutando de la compañía del otro. Más allá de eso, en realidad no es asunto suyo.

Hinata me mira como si fuera un príncipe que acaba de despertarla con un beso, que encuentra su zapato de cristal, que la lleva en un viaje en una alfombra voladora y derrota a la malvada bruja.

Y nos perdemos por un momento; mirando al otro. Hasta que mi madre chilla lo suficientemente fuerte como para romper los vasos de cristal sobre la mesa. Aplaudiendo.

—¡Tenías razón, Mitzy! ¡Tenías tanta razón!

—Te lo dije, Kushina. ¡Igual como lo planeamos!

Hinata frunce el ceño.

—¿Qué quieres decir con igual como lo planeamos?

Y como el villano de un cómic de Batman, Mitzy revela su retorcido plan.

—Tienes treinta y dos años, Hinata; es obvio que no ibas a conseguir casarte por tu cuenta. Kushina y yo lo sabíamos, una vez que arregláramos la reunión tuya y de Naruto, las cosas avanzarían. Y mira lo perfecto que todo resultó.

—No arreglaste nada, madre. Con Naruto nos volvimos a ver en la fiesta. Nos asignaron el mismo caso.

Mitzy levanta su perfecta ceja.

—¿Y quién te trajo a casa, haciendo posible que asistieras a esa fiesta y tuvieras tu pequeño caso?

La mandíbula de Hinata golpea el suelo.

—¡Dijiste que papá estaba enfermo! ¡Qué necesitaba exámenes!

—Un medio para un fin, querida.

Sus ojos lilaes indignados se mueven hasta su padre.

—¡Tenías un tanque de oxígeno cuando te visité! ¡Y la —mueve la mano delante de su rostro— cosa de la nariz!

—Ese era el oxígeno de tu tía Edna —dice su madre inútilmente.

Su padre tiene la decencia de parecer avergonzado, pero solo un poco.

—Solo quiero que seas feliz, princesa.

Ahí es cuando mi madre vuelve a entrar a la conversación.

—¿Sabes lo que no puedo decidir, Mitzy?

—¿Qué es, Kushina?

—¿Verano u otoño? Junio es un clásico, pero la amenaza de una tormenta eléctrica estará sobre el asunto. Y lo de "la lluvia es buena suerte en un día de boda" es una tontería. No hay nada suertudo acerca de barro y vestidos empapados.

—Dependerá de la ubicación —dice Mitzy— La ubicación lo es todo. No lo tendremos en la ciudad. ¿Quizás Palm Beach?

—Madre... —gruñe Hinata.

—Aunque la humedad en Palm Beach es atroz. Pero definitivamente al aire libre. Carpas blancas, colinas verdes, atardecer...

Hinata se pone de pie.

—Madre...

—¡Y flores blancas! —dice Mitzy— Pero no lirios, me recuerdan los funerales.

Hinata pisotea.

—¡Madre!

Mitzy hace un sonido como de una gallina disgustada.

—Hinata, ¡en serio! ¿Qué te pasa? ¿Es esta la forma de que una novia se comporte?

—¡No estás haciendo esto! ¡No estás a cargo!

—Baja la voz. Todos esos gritos harán que se te rompa un vaso sanguíneo, y tu tez en realidad no puede permitírselo.

—¡Tomaremos nuestras propias decisiones, y no tendrás palabra al respecto, madre! ¡Si queremos casarnos en Tahití, lo haremos!

Mitzy hace un movimiento de mano de indiferencia hacia Hinata.

—Sí, sí, eso está bien querida.

Entonces se gira hacia mi madre y le pregunta quién diseñó el vestido de novia de Ivanka Trump.

—De hecho —le sisea Hinata a nadie— eso es justamente lo que haremos. ¡Nos casaremos en Tahití! —Golpea la mesa— ¡En un bar!

—¿Es una propuesta? Esto es tan repentino. —Entrecierro los ojos como si estuviera pensando y luego asiento— Acepto.

—¡Desnudos! —le grita Hinata a su madre, moviendo el dedo— ¡Y no tomaremos fotos!

—Si vamos a estar desnudos, de verdad deberíamos tomar unas cuantas fotos —insisto— O un video.

Pero nuestras madres simplemente siguen cotilleando. Puede que con Hinata ya ni siquiera deberíamos estar aquí, lo cual es la mejor maldita idea que he oído en toda la noche.

Me levanto y le agarro la mano.

—Vamos.

No viene voluntariamente al principio, por lo que le doy un tirón.

—¿No te molesta? —se queja, señalando hacia nuestros padres, quienes ni siquiera se dan cuenta de que hemos dejado la habitación. Están teniendo una discusión demasiado seria. Acerca de nosotros.

—No, no me molesta.

—¿Cómo no? ¿Cómo pueden...?

La interrumpo con un profundo beso, una mano sujetando la base de su cuello, la otra en la parte baja de su espalda, presionándola contra mí. Entonces le digo:

—Déjalos que se diviertan. Deja que hablen y planeen hasta aburrirse. Cuando el momento llegue, haremos lo que sea que queramos de todos modos.

La llevo hacia la puerta trasera.

—Ahora, vamos a dar un paseo. Me puedes meter en tu casa de botes.

—¿Eso es un eufemismo?

Me sorprende que tenga de preguntar.

—Sí.