Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

12

Mis padres están en los consejos de varias organizaciones benéficas, instituciones y sociedades cuyos objetivos son cercanos a sus corazones; alimentar niños en los países del tercer mundo, otorgar iPads a escuelas del interior del país, protección de la flora en peligro de extinción en la selva tropical. Las recaudaciones de fondos, fiestas lujosas que reúnen donaciones para esas dotaciones, son parte del curso. Y a veces mis padres me piden que los sustituya, para representar a la Fundación Uzumaki. Así es como Hinata y yo terminamos caminando a través de las puertas arqueadas del Instituto Esmitsoniano el siguiente jueves por la noche, para una gala de apoyo a la creación de agua potable sostenida en África. La habitación está iluminada con rayos de luz color naranja, estratégicamente colocados, festivas franjas de tela a través del techo. Hay un rugido constante de charlas y risas y el tintineo de copas de champán mientras señores vestidos de traje y señoras repletas de joyas se divierten a fondo.

Hinata se ve excepcional en una vestido corto color azul hielo, que abraza su cuerpo, con un escote sin hombros que da la impresión de que el vestido pudiera simplemente deslizarse de ella en cualquier momento. Voy a probar esa teoría más adelante. Tomamos una copa y charlamos un poco con el organizador principal y maestro de ceremonias de la noche, Calvin Van Der Woodsen, un viejo conocido de mi padre.

Después de unos minutos, Calvin es llamado porque la cocina se ha quedado sin la col púrpura para la guarnición. Y es entonces cuando mi primo despreciable se acerca a nosotros.

—Hola de nuevo, primo. No esperaba verte esta noche.

—Louis. —Asiento.

Y mira lascivamente. A Hinata.

—¿A quién tenemos aquí?

—Hinata Hyuga, recuerdas a mi primo Louis, ¿verdad?

Sus labios se juntan como si hubiera chupado un limón. Lo tomo como un sí.

—Hyuga, ¿eh? Solía conectar con tu hermana, en aquellos días. Claire... —Louis hace hincapié en las consonantes en una especie de forma sórdida— Te pareces a ella. ¿Cómo le va?

Hinata lo mira.

—Está casada. Felizmente.

—Qué mal —Entonces me señala, derramando parte de su whisky en el suelo— Hablando de matrimonio, por lo que escucho, estoy en camino a ganar la apuesta.

Mierda. Me olvidé de eso.

Hinata se pone pálida, y prácticamente puedo sentir su corazón tartamudear.

—¿Una apuesta? —susurra.

—Sí —Louis asiente— Gracias a ti, Naruto va a deberme una botella de whisky de diez mil dólares —Le hace un guiño— Pensaré en ti cada vez que disfrute de una copa.

Después de que se aleja, Hinata me da la espalda. Me inclino, siseando contra su oído:

—No hagas esto, jodidamente no te atrevas. Estaba en la fiesta de cumpleaños en casa de mis padres, y apostó que mi madre me casaría para el final del año. Eso es todo. Qué Dios me ayude, cortaré mi otra maldita pierna si estoy mintiendo.

Le doy la vuelta y sus ojos son amplios, inciertos. Buscando un poco de tranquilidad que no estoy seguro de cómo dar.

—¿Me crees?

Inhala lentamente.

—Quiero. Pero... Es difícil.

Maldigo en voz baja. Y envuelvo la mano alrededor de su brazo.

—Vámonos.

Pasamos a Calvin en nuestro camino hacia la puerta, le digo que Hinata tiene migraña y no seremos capaces de quedarnos por el resto de la noche. En el exterior, diviso a Iruka estacionado en la calle y le hago señas con la mano. Después meto a Hinata en el asiento trasero y pulso el botón para subir el divisor que nos separa del asiento del conductor.

Por un minuto, el asiento trasero está en silencio. Luego dice en un hilo de voz:

—Por favor, no te enojes conmigo.

—¿Enojado contigo? —Me río— Cariño, estoy furioso con mi yo más joven, quiero retroceder el tiempo y golpear a ese niño en las bolas. Y estoy lívido con el tipo que jodió con tu cabeza en la universidad. Está tomando todo lo que tengo no saber en dónde está ahora, en donde trabaja, comprar la compañía, y arruinarlo —Acuno su mandíbula y suavizo mi voz— Pero nunca me enojaría contigo. No acerca de esto.

Sus cejas se juntan.

—Entonces, ¿por qué nos fuimos? A dónde vamos….

—No confías en mí. Así que volveremos a mi casa, y haré el amor contigo hasta que lo hagas. Gran plan, ¿verdad? También lo creo.

Sus ojos se vuelven dorados con calor.

—Eso... podría tomar un tiempo.

—Entonces es algo bueno que mi resistencia sea incomparable. Vamos a joder hasta que confíes en mí, o que muramos de hambre, y eso es definitivo.

Suena sin respiración. Excitada.

—Iruka nunca nos dejaría morir de hambre.

Le guiño.

—Exactamente.

Dos días más tarde, Hinata todavía está en mi casa. Mientras la acaricio hasta despertarla, me dice que si tiene un orgasmo más, incluso uno pequeño, caerá muerta. Por lo tanto, me compadezco de ella y salgo a correr. Cuando vuelvo, está acurrucada en el sillón en la sala de estar, con uno de mis bóxers a cuadros azul con blanco y una camiseta de Linterna Verde. Su cabello suave cae sobre su hombro mientras da vuelta a la página y bebe un sorbo de café.

Y calidez florece en mi pecho y brazos, haciendo que mis dedos cosquilleen.

Con la pertinencia de todo esto. ¿Qué decía Kakashi sobre las relaciones? Satisfacción. Tenerla en mi casa, llevando mi ropa; es mucho más que satisfactorio. Es jodidamente jubiloso. Exuberantemente cumplidor de un modo que es posible no puedo describir.

Todavía quiero vivir mi vida libre, pero quiero vivirla libre con ella. Hinata debe sentir que la miro, porque levanta la cabeza.

—¿Todo bien?

Asiento, sonriendo lentamente.

—Sí, todo está perfecto.

Beso la cima de su cabeza mientras paso junto a ella, dirigiéndome a las escaleras para tomar una ducha. Cuando salgo del baño con la toalla alrededor de la cintura, escucho voces que vienen de abajo. Una sin duda es de Hinata, la otra es demasiado profunda para ser Iruka. Todavía goteando, bajo las escaleras y escucho.

—... Conoces a su familia. Pero tienes que entender que nosotros también somos su familia. No jodas con su cabeza.

Ese es Neji, hablando con Hinata en mi sala de estar. No hay ningún indicio de amenaza en su voz; se cortaría la lengua antes de amenazar a una mujer. Pero tiene esta manera de poner las cosas que hace que la frase más simple suene como una advertencia.

—¿Piensa que podría hacer eso, señor Hanare? ¿Joder con la cabeza de Naruto? —Hinata suena casi sorprendida.

—Viendo la forma en que se ha puesto de cabeza por ti las últimas semanas, absolutamente.

Hay una pausa, y me imagino la expresión de su cara, su postura, la forma en que sus ojos probablemente se estrechan, con los brazos cruzados, y sus caderas se inclinan, como cuando está en la corte, dimensionando a su adversario.

—Usted es muy protector con él, ¿verdad?

—Sí —dice Neji, simple y sin titubeos.

Y luego Hinata suena defensiva. Tal vez incluso... ofendida en mi nombre.

—¿Por qué? No lo necesita. Se cuida muy bien. Si piensa que ser condescendiente con él es ayud…

La risa profunda y retumbante de Neji la interrumpe.

—No tengo ninguna duda de que Naruto es plenamente capaz de manejar su propia mierda. No se trata de eso.

—Entonces, ¿de qué se trata?

Ahora Neji hace una pausa. Y sé que está analizando los ángulos, eligiendo las palabras para expresar eficazmente su posición.

—Nunca he tenido hermanos... No hasta que conocí a Naruto y Sasuke.

Eso entonces cuando hago saber mi presencia. Camino desde el pasillo a la sala de estar, todavía envuelto en una toalla. Que Neji no aprecia.

—Jesús, preferiría no volverme ciego por un vistazo accidental de tu escroto. ¿Qué pasa con ponerte algo de ropa?

Me encojo de hombros y lanzo un brazo alrededor de los hombros de Hinata.

—La ropa no tiene sentido en este punto. ¿Qué te trae por aquí, muchachote?

Sus cejas castañas se levantan, y el reproche se refleja en sus ojos color gris acero.

—He estado llamando a tu teléfono, ¿está descompuesto?

Bromeo:

—Mamá, te ves diferente. ¿Cambiaste tu cabello?

Me saca el dedo medio. Entonces le doy la explicación real.

—Estuve muy ocupado, he estado teniendo mucho sexo.

Hinata pellizca mi pecho, y jodidamente duele. Mientras tanto, la cara de Neji permanece inexpresiva.

— Felicidades.

Alzo las cejas.

—Entonces, qué pasa, ¿por qué la llamada de casa?

Apenas lo he visto en la oficina esta semana. Ha estado mucho en la corte, trabajando en un caso de asesinato. Y en verdad ha estado quebrándose el trasero, porque realmente cree que su cliente es inocente. Eso es un lujo poco común, de doble filo, que no tenemos permitido a menudo.

—Vamos a tener una barbacoa esta tarde. Estás invitado —me dice. Luego vuelve su rara y encantadora sonrisa de Neji Hanare a Hinata— Tú también estás invitada.

Esa tarde, Hinata y yo nos dirigimos a la casa de Neji y TenTen para la barbacoa. Su casa tiene un gran diseño para el entretenimiento; una piscina integrada, un precioso jardín y una cocina exterior que Neji acaba de instalar.

Sakura le sonríe cálidamente a Hinata, el vínculo de ser una mujer en la profesión legal supera cualquier animosidad persistente de su enfrentamiento en la corte unas semanas antes. El hecho de que Hinata esté aquí conmigo, que sea importante para mí, probablemente también ayuda.

Le presento a Hinata a la prole Ama, y su cabeza prácticamente gira para el momento en que termino de pasar a través de Hanabi, Konohamaru, Udon, Sumire, Moegi, hasta el más pequeño, Mitsuki, de tres años de edad.

Disfrutamos el cielo despejado, el sol cálido, y unas cuantas cervezas, hasta que Neji coloca un plato de hamburguesas y perros calientes en el centro de la mesa cubierta con un mantel a cuadros blanco y rojo, y todos nos sentamos a la mesa de picnic para comer. Mientras que el agradable zumbido de la charla de niños llena el extremo inferior de la mesa, Hanabi Ama se sienta con un resoplido en la silla frente a mí, su boca fija en un puchero y ojos azules infelices que lanzan miradas afiladas en la dirección de Neji. Un silencio palpable fluye entre la adolescente y su figura paterna, es pesado y torpe.

Así que, por supuesto, tengo que mencionarlo.

—¿Todo bien por aquí? —pregunto, mirando a cada uno de ellos.

Neji toma un bocado de su hamburguesa.

—Sí.

Los ojos de Hanabi se estrechan.

—Si consideras que vivir bajo el gobierno fascista de una doble dictadura "está bien", entonces sí, supongo que lo está.

La boca de Neji se levanta en la esquina.

—¿Fascista? Eso es lindo.

Me inclino hacia Hinata y susurro:

—Esto suena jugoso —Luego levanto la barbilla hacia Hanabi— Pensé que habíamos pasado la fase de adolescente enojada que nadie entiende y estábamos felizmente asentados en la etapa de joven adulta trabajando medio tiempo. ¿Qué pasa?

Hanabi y Neji se quedan en silencio, un enfrentamiento mexicano si alguna vez vi uno. TenTen, como la muñeca que es, llena los espacios en blanco.

—Hanabi y Neji tuvieron ayer un desacuerdo. Ella tenía un amigo aquí. Un amigo que es un chico. En su habitación. Con la puerta cerrada.

Y todo se vuelve claro. Me giro hacia Neji.

—¿Enloqueciste?

Se encoge de hombros, su cara engañosamente indiferente.

—No enloquecí. Solo traje el taladro de la cochera. Problema resuelto.

—Resuelto ¿cómo? —Ya estoy sonriendo a lo que estoy seguro será una respuesta entretenida

Y no me decepciona.

—¡Me quitó la puerta! —grita Hanabi— ¡No tengo ninguna puerta!¡Tengo dieciséis años, con cinco hermanos y hermanas, y ninguna puerta!

—Como dije, problema resuelto —dice Neji uniformemente.

—Tengo derechos, ya sabes —argumenta Hanabi.

La sonrisa de Neji es paciente.

—Sí, los tienes, y ninguno de ellos incluye tener una puerta. O una ventana, para el caso. Es posible que desees tener eso en mente, y renunciar mientras estás en ello.

Hanabi aprieta los dientes, pero se queda en silencio. Y apuesto a que le está sacando la lengua en su cabeza, o, más probablemente, sacándole el dedo medio.

Conozco la sensación.

—Vamos, Hanabi —dice Sasuke— no seas así. Podría ser peor.

—No sé cómo —se queja la adolescente, cruzando los brazos.

—Podrías ser Sarada, así es cómo.

Sasuke se refiere a su hija de quince años, que vive la mayor parte del año en Mississippi con su madre. Ha estado considerando la posibilidad de universidades en el Este, y él ha estado positivamente atolondrado de la emoción.

El rostro de Hanabi se afloja con curiosidad.

—Le envié un mensaje el otro día, pero no me lo ha devuelto. ¿Dónde está?

—En su habitación, sin Internet, televisión o teléfono, lo que será por algún tiempo.

Ante nuestras miradas inquisitivas, aclara:

—Parece que trató de escabullir a Ethan Fortenbury por el árbol de roble fuera de la ventana de su dormitorio.

Noto al chico de once años, Udon, frunciendo el ceño. Entonces Neji lee mi mente y le dice a Sasuke:

—Pareces sorprendentemente tranquilo por ese desarrollo.

El antiguo padre adolescente ondea su mano.

—Ino y yo hemos estado esperándolo durante años. Todo se había planeado. Fortenbury, la pequeña mierda, apareció y se encontró a Ino esperándolo junto al árbol. Ella… y su escopeta.

Silbo. Sasuke le hace un guiño a Hanabi.

—Así que ya ves, querida, siempre podría ser peor.

Hanabi suspira y sacude la cabeza.

—Ninguno de ustedes nos entiende.

—Au contraire, Príncipe de Belair, entienden demasiado bien, ese es su problema —le digo sabiamente.

Pero ella solo se ve confundida.

—¿Qué es un Príncipe de Belair?

Me quejo:

—Me siento tan jodidamente viejo. Gracias, Hanabi.

Hinata palmea mi mano. Y sus ojos brillan cuando bromea:

—Eres viejo. Es bueno que finalmente te hayas dado cuenta. Debemos pasar el rato con estos niños más a menudo.

Es la primera vez que se ha referido a nosotros como un "nosotros". Uno solo. Una pareja. Y tan jodidamente femenino como me hace sonar, me gustan las palabras en sus labios.

—Debemos, ¿eh?

Su sonrisa se clava en mi intestino. Es cálida y sensual, tierna y traviesa, todo en uno. —Sí, debemos hacerlo.

Nos miramos por un momento de la manera en que lo hacen las nuevas parejas, en nuestra propia, pequeña y brillante burbuja de lujuria. Entonces el pequeño Mitsuki Ama se mete.

—¡Papi!

Se deja caer sobre el regazo de Neji sin miedo, con la certeza de que sus fuertes brazos siempre lo atraparan.

—¡Arriba, papá, arriba! —exige.

Sin levantarse de su asiento, Neji sostiene al niño bajo sus brazos y lo lanza por encima de su cabeza, lo atrapa mientras él grita. Y la sonrisa de Neji es tan amplia y grande; una extraña mezcla de felicidad y envidia surge a través de mi pecho. Pone al niño de pie y Mitsuki trota hacia el columpio. Terminando de comer en un tiempo récord, el resto de los niños siguen su ejemplo, dejándonos a seis adultos solos en la mesa.

Sasuke pregunta:

—Papi, ¿eh?

Los ojos de Neji parpadean hacia TenTen, y se funden en cálido mercurio líquido cuando atrapa la mirada de adoración que ella guarda solo para él.

—Sí.

—¿Cuando sucedió eso? —pregunto.

TenTen pone su pequeña mano sobre la mano enorme de Neji y explica:

—Este fin de semana, Moegi y Mitsuki nos sentaron para charlar.

—Moegi llevó adelante la mayor parte de la conversación —interviene Neji— Pero Mitsuki asintió mucho.

TenTen continúa con voz suave:

—Dijeron que sabían que Asuma y Kurenai eran sus padres y que se encontraban en el cielo, pero que no los recordaban, no como los otros niños lo hacen. Y dijeron que todos sus amigos tienen papis y mamis…

Cuando se apaga, Neji acaba por ella:

—Y luego preguntaron si seríamos su mami y papi.

—Guau —murmura Sasuke, y los ojos de Sakura están llenos de sentimiento.

—Sí —suspira TenTen.

—¿Lloraste? —le pregunto a Neji.

Porque soy lo suficientemente hombre para admitir que si yo hubiera estado en su lugar, con esas dos caras adorables y regordetas mirando hacia mí, habría perdido el control.

—Estuve muy cerca —admite.

TenTen levanta la mano.

—Yo lloré como un bebé.

Asiento y empujo al hombretón con mi codo.

—Entonces ahora eres oficialmente papá.

Su boca se curva en una lenta, humilde sonrisa.

—Supongo que sí.

—Es impresionante, hombre.

Él asiente.

—Jodidamente lo es.

Un poco más tarde, Konohamaru llega a la mesa con un balón rojo y grande en sus manos, y su hermano gemelo, Udon, muy cerca de él.

—Vamos a jugar a la pelota, ¿ustedes quieren?

Con mi brazo apoyado sobre los hombros de Hinata, contesto:

—Cuenta conmigo. Soy un jugador campeón.

—Genial.

El normalmente tímido Udon ajusta sus gafas y apunta su mirada audaz a la caliente chica bajo mi brazo.

—¿Quieres ser parte de mi equipo, Hinata?

Hinata sonríe.

—Por supuesto.

Arrugo la nariz.

—Ewww, ¿por qué la eliges a ella? Es una chica. Patea como una chica también. Hablo por experiencia.

Udon se encoge de hombros.

—Es más bonita que tú. Y, además, te gusta, por lo que es probable que lo tomes con calma con ella.

—No es una mala estrategia, Udon.

—Soy todo sobre la estrategia.

Hinata se levanta y toma el balón de Konohamaru, haciéndolo girar entre sus manos y retándome con esos preciosos ojos.

—Mis patadas de chica fueron suficientes para destrozarte en aquel entonces.

Me burlo:

—Me dejé ganar. Incluso a los once era un caballero.

Ríe y se agacha, acercándose por un beso.

—Y a los treinta y dos, eres un mentiroso.

Justo cuando estoy a punto de conseguir una probada, Konohamaru me detiene de besarla.

—Amigo, sin besos. Tengo que aguantar lo suficiente de esos dos —Apunta con su pulgar hacia Neji y TenTen, quienes no parecen tener vergüenza en lo más mínimo.

Pobre niño. Las cosas que debe escuchar viniendo de su dormitorio.

Luego señala con su dedo índice hacia mí.

—Y tienes que patear con la derecha, no está permitido hacerlo con la pierna biónica.

Me encojo de hombros.

—No hace ninguna diferencia para mí —Le digo a Hinata— Soy un perfecto ejemplar de macho, todavía golpearé tu culo sin ella.

Mmm… golpear su culo, ahora, esa es una buena idea. Ella pone los ojos en blanco. Y eso me pone duro.

—Voy a jugar también —anuncia Sakura— Amo jugar a la pelota.

Konohamaru sacude de nuevo la cabeza, con el ceño fruncido hacia el vientre creciente de Sakura.

—¿Estás loca? Deberías tomártelo con calma.

Sasuke levanta las manos.

—¡Gracias! —Ve con dureza a su esposa— Eso viniendo de la boca de un niño.

Pero Sakura no se deja engañar. Mira a Konohamaru de cerca.

—¿Sasuke te dijo que dijeras eso?

Konohamaru sonríe.

—No. Sin embargo, Neji me pagó cinco dólares para meterlo en la conversación. Pero aunque no lo hubiera hecho, todavía no puedes jugar. No lanzaré una pelota a una mujer embarazada.

Sumire viene corriendo por el patio, arrebata la pelota de las manos de Hinata, y consuela a Sakura.

—Puedes ser árbitro —Inclina la cabeza hacia Moegi de cinco años— Mantén un ojo en esa, hace trampa.

Moegi frunce el ceño y estampa su pie en respuesta. Luego, Mitsuki va hasta Sumire, enterrando la frente en su estómago y estirándose por la pelota.

—¡Yo!

Sumire sostiene el balón hacia arriba, fuera de su alcance.

—No puedes jugar, Mitsuki, eres demasiado pequeño.

Su cara llena de pecas se vuelve de color rosa con resentimiento.

—¡Yo!

Neji abraza a Mitsuki y lo coloca sobre su hombro.

—Vamos, amigo, vamos a matar a una sandía.

Pero a medida que Neji se lo lleva, el niño extiende sus brazos hacia la pelota, gimiendo lastimosamente—: ¡Yoooooooooooooo!

El equipo de Udon y Hinata terminó aplastándonos.

Nos quedamos con dos hombres menos cuando Hanabi fue rescatada por una llamada telefónica "urgente" y Moegi consiguió ser expulsada por discutir con el árbitro. Podría haber llegado a Hinata dos veces, pero cuando mi instinto competitivo y mi pene fueron cabeza a cabeza por el tema, mi polla ganó. Porque sabía que seríamos recompensados más adelante. Y ver su culo en pantalones cortos ajustados mientras corría las bases, simplemente no era algo que fuera capaz de interrumpir.

Konohamaru me llamó tonto, y tenía razón por completo. Pero era un tonto que conseguiría un acostón; y eso era lo mejor.

Más tarde, después de que tiré a Hinata a la piscina y ella a su vez trató de hacer lo imposible por ahogarme, después de que los niños se tiraron con nosotros y jugamos un feroz juego de Marco Polo; nos despedimos y nos fuimos.

Estaciono mi coche en la acera frente a mi casa y apago el motor. Los ojos de Hinata lucen mitad cansados, mitad satisfechos, y sus mejillas y nariz son de color rosa por las horas bajo el sol. Su cabello está agarrado en la parte superior de su cabeza en un moño desordenado, con algunos mechones dorados sueltos cepillando su cuello.

Es casi aterrador lo hermosa que es. Aún más impresionante que la primera vez que la vi en ese vestido rojo, y en verdad no creía que eso fuera posible.

—¿Ni siquiera me vas a preguntar si quiero ir a casa? —pregunta con una sonrisa y una ceja levantada— Un poco presuntuoso, ¿no es así?

—Prefiero verlo como razonamiento deductivo —Salto fuera del coche, lo rodeo, y abro su puerta. Toma mi mano y la jalo directamente a mis brazos— Además, tienes que ducharte, yo tengo que ducharme, hay que cuidar el agua...

—En California.

Muy lentamente, bajo mis labios a los de ella, solo un toque burlón.

—Todos tenemos que hacer nuestra parte.

Siento su sonrisa contra mi boca.

—Suenas como mi tío Jameson.

Eso me perturba. De lo que recuerdo de su conservacionista tío, es un cruce entre el General Patton y un humorista. Un viejo raro, un hippie militante en el que no quiero pensar mientras la beso.

Así que me dejo de tonterías y opto por ser honesto.

—Realmente no me importa el ahorro del agua —Paso mi nariz por su cuello, tocando la delicada piel a lo largo de su clavícula con mi barba, dejando piel de gallina a mi paso. Después, le susurró al oído— Solo quiero follarte en la ducha hasta que ninguno de nosotros pueda más. —Mi lengua recorre la concha de su oreja, haciéndola temblar de la mejor manera— ¿Eso es malo?

Cuando contesta, su voz es inestable—: Eso suena… bien para mí.

Jalo a Hinata contra mí y aprieto su culo.

—Vayamos, entonces.

La primera cosa de la que soy consciente la mañana siguiente, antes de abrir los ojos, es la sensación de suaves labios sonrientes arrastrándose hasta mi mandíbula, el hormigueo de una respiración en mi cuello, y el cosquilleo de cabello a lo largo de mi hombro.

Y esta vez, definitivamente no es el gato.

Hinata entierra su cara en el hueco de mi cuello y me inhala. Estiro los brazos, la agarro, luego le doy la vuelta, así la estoy enfrentando, atrapada entre mis brazos. La beso adecuadamente, con aliento mañanero y todo. Entonces me doy cuenta de la hora que es. El sol ha salido, pero joder, a duras penas.

—Tengo que ir a la oficina —dice ella.

Aliso su pelo suelto y ahogo su cara contra mi pecho, para que deje de decir tonterías.

—Shhh… estás soñando. Vuelve a dormir.

—Naruto —dice con una risa— No he hecho nada de trabajo desde ayer. Realmente tengo que ponerme al día hoy.

Gruñidos infelices caen de mi garganta. Hinata los alivia con manos suaves y un beso en mi boca.

—Volveré esta noche. Pero traeré a los chicos conmigo.

Abro un ojo.

—Tienen comida y agua. Los gatos no necesitan nada más.

—Necesitan amor. Atención —insiste.

—Los gatos desprecian el amor y la atención. Está por debajo de ellos.

Se ríe de nuevo.

—No los míos. He estado descuidándolos, y si esto va a funcionar, no quiero que te odien.

La mujer sabe cómo dar un argumento convincente.

—Bien. Los gatos pueden venir.

Planta un dulce beso en mi esternón. Y después se escapa… como arena entre mis dedos. Debo haberme dormido otra vez, porque al siguiente instante Hinata está vestida. Sus pechos cubiertos se presionan contra mi espalda y susurra un adiós mientras besa la piel caliente de mi nuca.

Le respondo, aún medio dormido:

— Adiós, nena. Te amo…

Es pasado el mediodía para el momento que me arrastro fuera de la cama. No tengo que decir que eso es completa y jodidamente raro para mí. Mi única defensa es que Hinata fue una gata salvaje anoche, me desgastó por completo. Unas pocas horas y un Red Bull después, tengo suficiente energía para una carrera, y desciendo por mi ruta de correr favorita cerca del National Mall.

Después, camino de vuelta a casa, sonriendo como un idiota a cada paso del camino. Porque pienso en cierta pequeña rubia que es mi dueña por completo. Estoy deseando escuchar sus quejas y maldiciones sobre su día, verla comer, escuchar su risa. Tiene una gran risa.

Maldita sea, soy patético. Estoy empezando a molestarme a mí mismo.

Cuando llego a mis escalones de entrada, Neji, Sasuke, y Sakura se encuentran allí, esperando. Viéndose demasiado serios para una tarde de domingo.

—¿Por qué las caras largas? —bromeo— ¿Quién murió?

Ninguno de ellos sonríe, y un escalofrío se desliza por mi columna vertebral. Sasuke aparta la mirada y Neji me observa, listo y tenso, como si estuviera anticipando una reacción. Sakura da un paso adelante.

—Naruto, cielo... algo ha pasado.

Las puertas automáticas hacia la sala de emergencias se abren y me dirijo directamente a la recepción.

—Hinata Hyuga.

Detrás del mostrador, la boca de la mujer morena se queda abierta un poco antes de que se recupere.

—Mmm... no hay ninguna Hinata Hyuga aquí.

Miente.

Incluso si no fuera mala haciéndolo, detectar de forma automática lo que la gente hace cuando están nerviosos o escondiendo algo es necesario para mi trabajo. Este es el segundo hospital al que hemos llegado, y la recepcionista en el primero no mentía.

Uno de los contactos de Neji, un investigador privado, lo llamó después de ver todo el asunto. Vio a la fiscal rubia entrar en un sedán oscuro con placas del gobierno, un conductor al volante. Y a solo unas pocas cuadras de la carretera, en una intersección, vio al sedán ser chocado por una camioneta, y se volcó.

Intencionadamente.

Disparos. FBI en la escena. Luces intermitentes y sirenas.

Lesiones, médicos.

Bolsas para cadáveres.

Así que es en realidad un alivio que la recepcionista me esté mintiendo; aumentando las probabilidades de que Hinata no se encuentre en una de esas bolsas. O no lo hacía cuando llegó aquí, de todos modos.

Me inclino sobre la mesa.

—Sé que está aquí, y sé por qué me está diciendo que ella no está... —Mi voz vacila y mis manos se cierran con frustración y pánico; el impulso de hacer pedazos el hospital en su busca, o de ir en busca de los hijos de puta que se atrevieron a hacerle esto y hacerlos pedazos a ellos—. Y tienen que dejar que la vea.

Incluso antes de que abra la boca, sé que me va a echar.

—Señor…

—Soy su marido.

No es una mentira inteligente; demasiado fácil de refutar. Pero entraré… o por lo menos llegaré a alguien más arriba de la cadena de mando a quien pueda convencer que me deje entrar.

El rostro de la señora de recepción se ablanda.

—Solo un momento.

Toma el teléfono, volteándose para susurrar.

Sasuke, Sakura y Neji me miran mientras voy y vengo, con los dedos aferrados detrás de mi cuello, cada músculo apretado y ejerciendo presión. Después de unos minutos, un hombre de mandíbula cuadrada que lleva pantalones vaqueros aparentemente casuales y un botón desplegable, surge de la puerta que conduce a las entrañas del hospital. Sus ojos son observadores, pero su rostro se halla deliberadamente en blanco.

—¿Puedo ayudarle? —pregunta.

—Hinata Hyuga… —empiezo.

—No está aquí —finaliza.

—Sé que sí.

—No, no lo sabe.

—Soy su…

—No, no lo es.

Toma todo lo que tengo no agarrarlo por el cuello y hacer salir las respuestas a la fuerza. —¿Eres del FBI? ¿Estás con los alguaciles? El trabajo de tu departamento era seguridad… mantenerla a salvo —Mi mejilla se contrae— Gran trabajo el que están haciendo, Skippy.

—No tengo información para usted. Es hora de que se vaya. Ahora.

—¿Está viva? —Mi voz suena como la de un cautivo que ha sido torturado por información, y finalmente se quiebra— Solo dime eso, por el amor de Dios.

No me importa el resto —su pelo, su cara, sus brazos, sus piernas— no importan. La amaré sin ellos. Mientras siga respirando. Mientras que siga siendo ella.

Cara de piedra no me dice una mierda.

—La información sobre un caso activo solo puede darse a la familia inmediata. No estoy confirmado de que haya un caso activo, pero si fuera así, no es familiar directo de nadie. Así que no tengo nada para usted. No le diré que salga de nuevo.

Me muevo hacia adelante, listo para ir contra su rostro, pero la mano de Sakura en mi brazo me jala hacia atrás.

—Vamos, Naruto. Eso no va a ayudar. Vámonos.

Dejo que me lleve hacia la acera.

—¡Joder! —Empujo mis palmas contra mis ojos—. ¡Dios puta maldita sea!

¿Era esto lo que parecía para mis padres después de mi accidente? ¿Mientras esperaban a que el médico saliera a decir si me había ido? Es como si hubiera un hierro caliente bajo mis costillas, presionando contra mi estómago, mis pulmones, mi corazón. Quemándome vivo lentamente, desde el interior.

Dejo caer mis manos y me giro hacia la puerta.

—Voy a volver a hablar con ese agente. Voy a hacerle…

Sasuke se mete en mi camino.

—Vas a ser arrestado. No es la manera de ir, hombre.

Aprieto la mandíbula con tanta fuerza que el sonido hace eco en mis tímpanos. Neji pone su mano sobre mi hombro, y su voz es clara y calmante.

—Naruto, cálmate. Tienes recursos: toma una respiración y cálmate.

Siempre he odiado los imbéciles que utilizan su dinero y conexiones para ejercer influencia indebida, y créanme, he conocido a muchos de ellos. Pero en este momento, nunca he estado más agradecido de mi apellido. Porque abre puertas.

Tomo mi teléfono y marco.

—¿Papá? Necesito tu ayuda. ¿Conocemos a alguien en el Cuerpo de Alguaciles de Estados Unidos?

Cuando él contesta, mis cejas suben.

—El director, ¿eh? Eso es conveniente. ¿Puedes llamarlo por mí?

Diez minutos más tarde, el hombre vestido de vaquero camina de vuelta dentro de la sala de espera.

—Naruto Uzumaki.

Me quedo de pie, pero cuando los cuatro nos trasladamos hacia él, levanta una mano como un policía de tráfico.

—Solo usted.

Estoy engullido en el fuerte abrazo de Sakura.

—Llámanos tan pronto como puedas… haznos saber cómo le va.

—Lo haré.

Neji me aprieta el hombro, Sasuke me da un golpe en la espalda.

—Cualquier cosa que necesites.

—Gracias.

Entonces entro en el ascensor con Superpoli. A medida que las puertas se cierran, me dice:

—Ella está bien.

Mis pulmones colapsan. Se desinflan. Como si hubieran estado conteniendo la respiración durante un milenio, a la espera de escuchar esas palabras.

—Brazo roto, dos costillas rotas, algunas contusiones faciales, pero nada grave.

Bueno. Ella está herida, pero se va a curar. Voy a ayudarla a sanar… Gracias, Dios.

A medida que el ascensor comienza a subir, siento sus ojos en mí.

—Mi supervisor llamó, me dijo que lo llevara al piso de arriba de inmediato.

Asiento.

—Sí.

—Dijo que el director le llamó personalmente.

—Eso suena bastante correcto.

Se detiene por un instante y luego me pregunta:

—¿Quién diablos es usted?

Solo hay una manera en que pueda responder. Bajo mi voz y lo miro a los ojos.

—Soy Batman.

Y él en realidad esboza una sonrisa. Entonces el ascensor se abre en el décimo piso y me conduce por un pasillo. Hay algunos agentes allí, pero solo una puerta tiene a un guardia armado afuera. Se asienten el uno al otro, el alguacil abre la puerta, y entro solo.

Las luces son bajas, las persianas están cerradas. Hinata se halla apoyada en una cama de hospital, su brazo izquierdo enyesado y colgando en un cabestrillo. Me quedo ahí por un minuto, recordándome a mí mismo que se encuentra viva; mirándola, fijándome en cada marca, contusión. Su cara es un desastre: su labio inferior partido en el medio, cubierto de sangre seca negra; su mejilla izquierda está en carne viva, ya empezando a volverse púrpura; el ojo izquierdo está hinchado y completamente cerrado; y hay una fila de puntos de sutura en la línea de su cabello.

—Estás aquí. —Su voz es suave, áspera, como si le doliera la garganta.

Y entonces me encuentro sentado en la cama, acunando el lado sano de su mandíbula. Ella se apoya en mi palma, y mi garganta está tan apretada que apenas puedo pronunciar las palabras.

—¿Estás bien?

Trata de sonreír, pero no puede hacerlo bien por su labio. Su ojo bueno me mira… ese marrón dulce, suave y dorado.

—Estoy bien.

Mi otra mano, suavemente —muy suavemente— recorre su cabello, sobre su hombro, se ubica en su pecho, disfrutando de la sensación de su corazón latiendo fuerte y constante por debajo de él. Trago saliva y mis párpados queman, porque es mi Hinata y está herida... y pude haberla perdido. Para siempre.

—Jesús, Hinata... déjame solamente...

No puedo terminar. En lugar de eso la jalo hacia mis brazos, pecho contra pecho. Giro mi cara hacia su cuello, respirando contra su piel suave que sigue oliendo a melocotones debajo del aroma de antiséptico de hospital. Está temblando, así que le acaricio el cabello y le froto la espalda y la balanceo lentamente, apoyando mis labios contra su sien.

Y quiero quedarme justo así. Donde sé que está a salvo porque tengo mis brazos a su alrededor, y yo nunca, nunca dejaré que nada le haga ningún jodido daño de nuevo.

—Golpearon el coche fuerte —susurra en mi hombro, sus dedos aferrándose a mi bíceps— No llevaba el cinturón de seguridad, y nos volcamos. Vi sus pies… sabía que venían por mí.

La presiono más cerca y tuve que obligarme a no apretarla demasiado fuerte. Su voz se vuelve inestable y escucho las lágrimas.

—Y en todo lo que podía pensar era que nunca volvería a verte —Se echa hacia atrás solo lo suficiente para poder levantar la mirada hacia mí— Que nunca tendría la oportunidad de decirte eso... que te he amado por siempre… —La última palabra sale en un sollozo, su cara se desmorona—... pero nunca tanto como te amo en este momento.

Me seco las lágrimas con el pulgar, besándola suavemente; solo un roce contras su labio superior. Y mi voz es firme, sólida, con las palabras más fáciles que alguna vez he dicho.

—Te amo.

Entonces la jalo contra mi pecho, y mi barbilla se encuentra en la cima de su cabeza.

—Vamos a tener un montón de tiempo para decirnos eso el uno al otro, Hinata. Una y otra vez. Miles de días para mostrarlo —Beso su cabello— Va a ser exasperante.

Ella ríe.

Y ahí es cuando estoy seguro de que va a estar bien.

Un poco más tarde, después de que una enfermera entre con medicamentos para el dolor y mientras Hinata bebe un poco de jugo de manzana, me pregunto sobre los hijos de puta que fueron tras ella.

—Los agentes les dispararon. Están muertos.

—Bien. —Hay un trasfondo oscuro a mi voz.

Alejo la caja vacía de jugo y la pongo sobre la mesa. Ella se recuesta de nuevo en la almohada, luciendo somnolienta: el medicamento está haciendo efecto. Se toca la mejilla descolorida.

—Ahora puedes empezar a llamarme Bruiser… hay un apodo para ti.

—Bruiser es un nombre para alguien que causa moretones, no para quien los consigue.

Traza las líneas de expresión en mi frente, alisando mi ceño fruncido.

—Es demasiado pronto para bromear sobre ello, ¿eh?

—Un milenio no sería tiempo suficiente para hacer de esto algo sobre que bromear.

Antes de que responda, una voz femenina afilada llega desde la puerta cerrada.

—¿Crees que estoy preocupada por la política del hospital? No me importa si ya tiene una visita, ¡voy a ver a mi hija ahora!

El ojo bueno de Hinata se cierra.

—Oh, no.

—¡Aléjese de mi camino o habrá consecuencias, joven!

—Oh, no.

Mitzy Hyuga entra en la habitación, luciendo demacrada en una blusa de color azul oscuro desencajada, pantalones negros, sus perlas torcidas, su cabello saliéndose del moño. Nunca he visto el cabello de Mitzy despeinado; siempre pensé que las hebras estaban demasiado aterradas como para moverse.

Como un guardaespaldas, me pongo de pie, pero no me muevo ni un centímetro de la cama de Hinata. Porque, madre o no, si escucho algún pequeñísimo insulto, enloqueceré.

—Hola, madre —dice Hinata en voz baja.

La respiración de Mitzy es poco profunda mientras sus ojos vagan por las maltratados rasgos de Hinata. Avanza lentamente, como si estuviera en trance.

—Oh, Hinata, tu hermoso rostro.

—Está todo bien —Trata de poner una sonrisa serena— Solo son moretones. Nada permanente, sin cicatrices.

Los labios de su madre tiemblan y sus ojos se llenan, entonces se desbordan. Nunca he visto llorar a Mitzy y por la expresión de su cara, Hinata tampoco.

—Mi querida y preciosa chica... —Su voz se rompe—... ¿qué te han hecho?

La expresión de Hinata se torna suave y se ve casi apenada y, al mismo tiempo, agradecida de que su madre se preocupa lo suficiente como para estar afectada.

—No llores. Estoy bien, de verdad.

Pero su madre simplemente mueve la cabeza, llorando en silencio. Hago un gesto hacia la puerta.

—Saldré un minuto.

Los ojos de Hinata se dirigen rápidamente a mí y asiente con un agradecimiento silencioso.

Antes de salir, miro atrás hacia ellas. Para algunas personas, así es cómo funciona. Tienes que ser golpeado en la cara con la posibilidad de perder a alguien antes de despertar y darte cuenta de lo mucho que significa para ti.

Mitzy susurra suavemente y baja la mirada hacia su hija como si al fin la estuviera viendo a ella, y no a todas las cosas que quiere que sea.

Por fin llegó la maldita hora.

En el pasillo, diviso al alguacil que me acompañó a la habitación de Hinata y voy hacia él.

—¿Crees que traten de nuevo?

Sus ojos se estrechan.

—Mientras que haya dinero ofrecido, podrían.

Asiento, agarro una pluma de enfermería y saco una tarjeta de presentación del bolsillo. Garabateo y se la doy.

—Cualquier mecanismo de seguridad que se necesite deberá hacerse en esa dirección. Cuando vaya a casa, irá a casa conmigo. Y la mantendré ahí.