Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

13

Por desgracia, no es tan caliente como suena, porque está magullada y adolorida, y sus pastillas para el dolor la mantienen fuera de combate. Pero la cuido: esponjo sus almohadas, cocino su comida. De acuerdo, Iruka cocina realmente, pero le llevo la comida.

También la ayudo a bañarse, y eso es una tortura. Debido a que con dos costillas rotas, el sexo está fuera de la mesa. Ni siquiera puedo comerla, porque sé que correrse va a darle tanto dolor como placer. Ella me dice que valdrá la pena, pero me quedo con mi opinión. Hasta el quinto día, cuando la zorra sexy toma el asunto en sus propias manos. Literalmente. Nos encontrábamos en la cama, todavía en medio de la oscuridad de la noche, y Hinata procedió a describir, con detalle, de forma sucia, todas las cosas que quería que hiciera con ella. Cosas que no podía esperar para hacerme. Entonces me rogó que le mostrara; que tomara mi polla con la mano y me corriera.

Sobre ella.

Y me plegué como una baraja de naipes pornográficos. De rodillas, me cerní sobre ella, tocándome y gimiendo, imaginando que era su mano acariciándome duro. Pero su mano se hallaba ocupada entre sus propias piernas, frotando su clítoris, conduciendo sus dedos brillantes dentro y fuera, a compás con mi propio puño. Me corrí en sus tetas esa noche, y ella demostró de una forma impresionante que estaba lo suficiente sana para manejar un orgasmo.

Así que por supuesto pasé la mayor parte del sexto día, con mi boca unida a su bonito coño para recuperar el tiempo perdido.

Pero el día siete, ella se sentía ansiosa. Enferma de ver la televisión por cable y también deseosa por trabajar. Llamé a las tropas a mi casa para la cena. Iruka cuida a los monstruos Ama para que Neji y TenTen puedan venir. Sasuke llega con Sakura, y su panza, la que podría solicitar su propio código postal ahora. Brian y Vicki aparecen también. Les presento al resto de la pandilla, y todos comemos pizza en la mesa del comedor.

Después de la cena, pasamos el rato en la sala de estar: los chicos viendo el partido mientras que las chicas hablan de bebés y despedidas de soltera.

—Va a ser un almuerzo —le dice Sakura a Hinata, sobre la despedida de soltera que está organizando para TenTen— No es demasiado grande, porque Neji y TenTen son antisociales.

—¡Ja! —Sonríe TenTen— Vamos a ver cuán sociales son tú y Sasuke después del nacimiento de este pequeño. Luego, se multiplicarán por seis.

—Realmente deberían venir —le dice Sakura a Hinata y Vicki— Va a ser divertido: mimosas y bingo travieso. Puesto que ya tienen todas sus cosas para la casa, todo el mundo va a traer ropa interior para el pozo de los deseos.

Los ojos de Neji se iluminan.

—Sí, ustedes dos definitivamente deben venir. Cuantos más, mejor para mí.

—¿Cuándo es? —pregunta Hinata a Sakura, abriendo el calendario en su teléfono.

—El veintitrés.

Hinata hace un chasquido con su lengua.

—No voy a ser capaz de ir, estaré en Las Vegas el veintitrés.

Escalofríos se escurren por mis brazos y espalda.

—¿De qué estás hablando? —le pregunto.

Hinata encuentra mi mirada a través de la habitación, y con tanta naturalidad como si estuviera dando la previsión del tiempo, dice:

—El juicio comienza en dos semanas. Están manejando las mociones previas al juicio sin mí, pero voy a tener que volar en unos pocos días.

Pongo mi cerveza en la mesa de café y le doy toda mi atención.

—Pero... no estás tratando el caso.

Frunce el ceño.

—Claro que lo hago. ¿Por qué no habría de hacerlo?

Gesticulo hacia su brazo, su ojo hinchado.

—Estás herida.

—No, estoy sanando. Para el momento en que el juicio comience volveré a la normalidad, a excepción del yeso.

Mi corazón late en mi pecho, queriendo levantarme y sacudirla. Me pongo de pie. Porque discuto mejor sobre mis pies, y tengo una sensación de que esto está a punto de derivar en un infierno de discusión.

—Hinata... eso es... jodidamente loco. ¿La contusión te volvió estúpida?

—¿Perdón?

—Él trató de matarte.

Se levanta lentamente, su columna vertebral rígida y los hombros hacia atrás.

—Pero no lo hizo. Y es mi caso.

—Van a asignar otro fiscal.

—No, no lo harán. Debido a que no los dejaré. Moriotti está tratando de asustarme, y no voy a dejarlo. Él no va a lograr que abandone.

Mis dedos se presionan contra la sien, y mi voz se eleva.

—Mierda, Hinata… no es matón en el patio de la escuela, es un maldito psicópata, con los medios y motivos para poner una bala en ti. ¿Y vas a entrar en su territorio para darle la oportunidad? ¡¿Por qué no te dibujas un punto rojo en la frente?!

Debo sonar en pánico ya que así me siento, y su postura se ablanda. Su voz llena de simpatía.

—Todo irá bien.

Extiende la mano para acariciar mi frente, pero la alejo.

—¡No lo sabes! ¡Las cosas jodidas ocurren todo el tiempo! —Señalo a Sakura— Ella estuvo en un accidente de avión, ¿lo sabías? Con toda su familia y fue suerte simplemente que no murieran —Señalo a TenTen— Y el hermano de TenTen, él y su esposa conducían a casa y ellos murieron, Hinata. Tenían seis niños que los necesitaban, y murieron.

Me froto la parte de atrás del cuello, arrastrando la mano por la cara, tratando de no enloquecer totalmente.

—Y yo era solo un niño; un niño tonto que consiguió que su pierna fuera arrancada sin ninguna razón en absoluto. Las cosas malas suceden incluso cuando tienes cuidado, incluso cuando no lo mereces.

—Este es mi trabajo, Naruto.

—¡Es un trabajo que no es necesario! Tienes más dinero en tu fondo fiduciario en este momento de lo que harás en tu vida como fiscal.

—Eso no es…

Mi voz sigue bajando.

—Lo entiendo. Tomaste este trabajo porque necesitabas un propósito. Una razón para levantarte de la cama todos los días —Agarro sus hombros, doblando las rodillas y mirándola a los ojos— Pero me tienes ahora. Podemos ser las razones del otro.

Me mira como si estuviera rompiendo su corazón. No, como si su corazón se estuviera rompiendo por mí.

Hay una diferencia.

—Eres mi razón. Y todo lo que quiero en el mundo es ser la tuya —Hinata pone su mano derecha en la parte superior de mi corazón— Pero tengo que hacer esto.

¡Maldita sea!

Algo en mi maldito pecho se oprime, porque no está escuchando. Es demasiado terca. Jodidamente sin miedo. Y si no puedo hacerla cambiar de opinión, podría conseguir ser asesinada.

—Si vas, hemos terminado —digo con frialdad.

—Naruto… —advierte Neji, pero lo detengo con mi mano.

Hinata se estremece. Luego busca en mi cara, busca una señal de que estoy mintiendo. —No quieres decir eso.

—Sí, eso quiero decir. No voy a sentarme aquí y andar loco de la preocupación por ti. No voy a pasar el resto de mi vida en duelo después de que te maten. Si lo haces, hemos jodidamente terminado.

Una pequeña voz lejana que suena sospechosamente a Kakashi susurra que esto es incorrecto. Manipulador. Pero le digo que se joda, porque estoy haciendo esto para mantenerla a salvo.

—He hecho promesas a la gente, Naruto.

Su expresión se retuerce por el dolor. Tal vez incluso un poco de miedo. Como si no hubiera roto su armadura, pero la hubiese golpeado y agrietado de par en par, dejando al descubierto todas sus partes más vulnerables.

Pero no voy a sentirme mal por eso.

—Entonces rómpelas. Las promesas se rompen cada maldito día en el mundo.

—Hay testigos que han arriesgado sus vidas para declarar contra Mariotti. Que han entrado en Protección de Testigo y han renunciado a todo, porque yo sostuve sus manos y les dije que era lo correcto. Debido a que juré que lo encerraría. Y ahora... ¿simplemente quieres que le dé la espalda porque las cosas se pusieron un poco difíciles?

Con una expresión dura, como congelada asiento.

—Sí. Quiero que des la espalda y corras para otro lado.

Niega con la cabeza suavemente.

—No puedo... no puedo creer que me estés haciendo elegir.

—Bueno, lo hago. Y si eso me convierte en un idiota, me importa una mierda —Mis dedos se aprietan en sus brazos— Te estoy pidiendo elegir, y te estoy rogando... que me escojas.

Toda la sala se queda en silencio. No creo que nadie respire. Entonces Hinata acuna mi mandíbula en sus dos manos. Y su voz es un susurro, de la manera en que se habla en un funeral.

—Te amo, Naruto. Realmente te amo, y sé que me amas. Pero no voy a ser la mujer que amas si no hago esto. Y si podemos solo…

No escucho una palabra más después de eso. Debido a que estoy saliendo por la puerta, cerrándola detrás de mí, dejando el marco astillado.

Vago por la ciudad durante una hora o dos porque tengo miedo de lo que voy a decirle si vuelvo demasiado pronto. Pero cuando por fin regreso, no tengo que preocuparme por eso.

La casa está a oscuras. Vacía. Ella se ha ido.

—¿Qué mierda es eso?

A la mañana siguiente, los ojos de Kakashi me siguen como un espectador en Wimbledon mientras camino de un lado a otro frente a su sofá, relatando mi pelea con Hinata palabra por palabra. Casi no dormí anoche, demasiado ocupado repitiéndolo en mi cabeza. Y esperando que llame. Para decirme que ya pasó su locura y se bajará del caso.

Pero mi teléfono se quedó mudo.

Kakashi se aclara la garganta.

—A lo largo de tu impresionante diatriba, no dijiste ni una sola palabra acerca de la perspectiva de Hinata. ¿No has pensado lo que puede sentir en este momento?

Con petulancia, resoplo.

—No. He estado demasiado ocupado estando cabreado para analizar cómo se puede sentir.

Asiente.

—Vamos a examinar eso. Hinata es la que fue atacada y lastimada. Fue la que se abrió a sí luchando tan duro para recuperar su confianza. La que te creyó cuando profesaste su amor. La que te vio marcharte cuando te enfrentaste a tu primer reto como pareja. ¿Cómo crees que se siente acerca de todo eso, Naruto? —Sus dedos repiquetean contra el brazo de la silla— ¿Asustada? ¿Herida? ¿Devastada?

La culpabilidad inculcada por un terapeuta experimentado es una cosa difícil de resistir, pero me las arreglo.

—Ella no sentiría nada de eso si hiciera lo que le digo.

Sus labios insinúan una sonrisa, pero no una buena. Me recuerda a Jasper, cuando tiene su juguete atrapado entre sus garras y está a punto de morderlo.

—Pero las relaciones no funcionan de esa manera. Lo sabes. Hinata necesita tu apoyo, no tu dirección.

Abro la boca para discutir, pero habla justo encima de mí.

—No perdamos nuestro tiempo aquí. ¿Qué tal si intentas ser honesto y me dices lo que estás sintiendo realmente?

Froto mi nuca, frustrado.

—¿Es una broma, o simplemente estás ciego? Estoy enojado, Capitán Obvio.

Su mirada es estable y calma. Conocedora. Es jodidamente molesto.

—No luces enojado. Te ves aterrado. ¿De qué tienes miedo, Naruto?

Lanzo mis manos.

—¡Temo que vaya a ser lastimada!

—¿Que ella vaya a ser lastimada, o que no serás capaz de impedir que sea herida?

Casi me río.

—¿Hay alguna maldita diferencia?

—Sí. Una implica tu preocupación por ella. La otra gira solo en torno a ti mismo. El temor de que le fallarás. Que no vas a ser capaz de protegerla.

La verdad es una pequeña bestia implacable y fea. Rasca y roe, volviéndote loco, hasta que lo dejas salir.

—No la protegí antes, ¿verdad?

Pienso en la noche del baile de último año, Hinata con la cara fangosa y sangrando. Pienso en los años de burlas e insultos venenosos siseados, que pueden romper un alma tan fácilmente como palos y piedras rompen los huesos.

—La dejé con los lobos, y tuvieron una fiesta. Eso no va a suceder de nuevo. De ninguna jodida manera. Estoy tratando de protegerla en este momento.

Asiente.

—Fallaste antes porque eras egoísta. Un adolescente, pensando solo en sí mismo.

—¡Sé eso!

Él abre los brazos con la gran revelación.

—Y sin embargo, estás aquí, repitiendo siempre lo mismo. Pensando en tus necesidades. Tus sentimientos. Como un adolescente irritable de nuevo.

—¡Tengo treinta y dos años, soy un hombre adulto, por el amor de Cristo!

Se inclina hacia delante en su silla.

—Sí lo eres. Y por las últimas semanas, has estado actuando como tal. Por lo que es decepcionante ver una regresión de la noche a la mañana.

Rechino mis dientes, y señalo con un dedo hacia él.

—¿Sabes algo? Jódete, Kakashi.

Entonces salgo por la puerta.

Después de ese desastre, voy a la oficina, aún molesto. En realidad, más molesto, porque no me dijo lo que quería oír. No ve mi punto perfectamente racional sobre que mantener a Hinata al recaudo en mi casa, en mi cama aún mejor, es el único curso de acción aceptable. Hay mujeres que venderían su alma para vivir en mi jaula de oro. Pero no quiero a ninguna de ellas.

Mientras estoy frente a mi escritorio, pasando papeles y golpeando cajones, Neji camina a través de la puerta.

—En lo que respecta a rabietas, la tuya es bastante patética. Debes hablar con Moegi, ella te puede dar algunas indicaciones.

—Vete a la mierda, hombre. —Ni siquiera levanto la mirada.

Cruza los brazos sobre el pecho.

—No puedo hacer eso, amigo. Estás jodiéndolo demasiado para que simplemente me siente y vea.

Golpeo el cajón para cerrarlo con una explosión, y luego apunto hacia él.

—¡Dame un respiro! ¿Sería diferente si fuera TenTen? ¿Cómo reaccionarías si ella caminara en el foso de los leones?

La voz de Neji es baja y letalmente calma.

—TenTen puede entrar a cualquier maldito foso que quiera. Porque yo soy el león. Y me aseguraría de estar con ella.

Respiro más fuerte cuando se coloca delante de mi escritorio.

—Tu problema es que la subestimas. Estableciste un marcador que nunca tuviste intención de superar, y te mandó a la mierda. Ella se irá, Naruto; nada de lo que digas va a detenerla. Así que la única pregunta que queda es, ¿qué vas a hacer ahora?

Entonces Sakura entra en la habitación.

—Oigan... ¿chicos? Creo…

Inmediatamente la corto.

—¿Sakura? Ahora no, ¿de acuerdo?

—Lo sé, pero escucha…

—Al contrario de lo que todos piensan, soy un niño grande. Esto es entre Hinata y yo. Vamos a solucionarlo, y no…

—Rompí bolsa.

Hay pocas palabras en el idioma español que son capaces de atraer la atención inmediata y sin divisiones. El fuego es una. Bingo está bastante alto en la lista. Voy a correrme es mi favorita personal. Pero rompí bolsa supera a todas.

Neji y yo nos giramos y enfrentamos a Sakura, que ahora está apoyada contra la pared. La parte inferior trasera de su vestido verde gotea notablemente líquido por sus piernas, dejando un rastro en la alfombra detrás de ella.

—Guau, eso es una gran cantidad de agua. Se podría ahogar a un cachorro en esa la cantidad de agua.

—Voy a llamar a Sasuke —dice Neji.

Sakura levanta su mano.

—¡No! Está en la corte, y no quiero que conduzca el Porsche al hospital, podría matar a alguien o a sí mismo —Toma una respiración profunda, se tranquiliza y asume su personaje de sargento— Neji, ve a la corte y lleva a Sasuke al hospital. La señora Higgens sabe dónde está. Naruto, haz que Iruka traiga el coche, luego me llevarás a casa a buscar mi bolso y luego al hospital.

Sus labios se contraen y exhala lentamente, casi silbando.

Todo lo demás se desintegra a la luz de este desarrollo monumental. Porque a pesar que Sakura canta que todo está bien a nadie en particular, su rostro está tenso y pálido. Tiembla de miedo, y es una de mis mejores amigas en el mundo. Ella me necesita.

Neji y yo nos movemos al mismo tiempo por la puerta, y levanto a Sakura en mis brazos. Sus manos se enlazan en la parte trasera de mi cuello mientras dice:

—Estoy en trabajo de parto, Naruto, no inválida. Puedo caminar.

—Por supuesto que sí, pero ¿por qué lo harías cuando tienes a un hombre como yo por ahí?

A medida que voy por las escaleras, ajusto el peso considerable de Sakura en mis brazos. Y, por supuesto, se da cuenta.

—Si te burlas acerca de lo pesada que soy, voy a arrancarte los pelos de la barba.

—¿Burlarme? ¿Yo? —Sonrío— Nunca me burlaría de una mujer por su peso, especialmente una mujer embarazada. —Hago un último paso, a continuación, añado— A pesar... que creo que mi prótesis de titanio acaba de hacerse trizas.

Me pellizca. En el cuello, en los brazos, en cualquier lugar que puede alcanzar.

—¡Ay, Jesús! ¡Sin pellizcos! ¡Los moretones no son geniales!

Sakura tiene un agarre letal. Sus hermanos mayores, que se burlaban de ella sin piedad, deben haber parecido dálmatas al crecer, porque dudo que tomara esa mierda sin represalias. Pero a medida que la llevo a la acera, se ríe.

Así que mi misión está cumplida.

Y dieciséis horas más tarde, la misión de Sakura también. Porque es cuando el primer niño de nuestra firma viene gritando —argumentando— al mundo.

—Sanosuke, ¿eh?

Miro al bebé de olor dulce durmiendo en mis brazos. Siempre se habla de cómo los recién nacidos tienen los labios de su madre o la nariz de su padre, pero nunca entendí eso. Todos parecen bebés. Increíblemente lindos, pero más o menos lo mismo.

—Por lo tanto, ¿están haciendo la cosa de la S? ¿Como si Sakura y Sasuke Uchiha no fuera lo suficiente nauseabundo?

Sasuke se inclina hacia atrás en el sillón reclinable junto a la cama del hospital de Sakura. Toma una uva verde de la bolsa en su regazo y la mete en la boca.

—No, él solo parece a Sanosuke.

—Parece un extraterrestre.

Con el ceño fruncido de Sakura, modifico esa declaración.

—Un extraterrestre adorable, pero aun así, tiene una cabeza parecida. ¿Cómo es esa sensación de sacarlo?

Sakura sonríe con dulzura.

—Espero que consigas piedras en el riñón, así lo puedes averiguar.

Entonces nos sentamos en silencio durante unos momentos. Hasta que Sakura presiona suavemente:

—¿Has hablado con Hinata?

Mi corazón se contrae. Mi ira desapareció en algún momento de la noche. Ahora solo sufro por ella.

—No.

Sasuke come otra uva.

—¿Por qué no?

—Todavía estoy esperando que recobre sentido.

—¿La amas? —Sakura se vuelve hacia su marido con la boca abierta— Dame.

Él coloca una uva en su boca.

Arrastro los nudillos a través de la mano perfecta de Sanosuke, imaginando cómo se sentiría sostener una pequeña niña recién nacida con el pelo rubio.

—Sí, la amo.

—Entonces soluciónalo, hombre —insiste Sasuke— Tuvieron una pelea; dijiste cosas que no querías decir. Pero no se rompe por una pelea. No si la amas.

Sakura habla mientras mastica.

—Él tiene razón. Si nos separáramos cada vez que disentimos en algo, la casa de Sanosuke se habría roto hace mucho tiempo.

Sasuke asiente. La voz de Sakura es sincera con experiencia.

—Da miedo, lo sé. Darle a alguien ese tipo de poder sobre ti, aceptar que tu felicidad siempre dependerá de la de ellos. Pero vale la pena. —Se acerca y Sasuke toma su mano, dándole una sonrisa secreta.

Las palabras de hace dos décadas, resuenan en mi cabeza y salen de mi boca.

—El viaje es lo único que hace que la caída valga la pena.

La cabeza de Sakura se inclina con curiosidad y me encojo de hombros.

—Una chica valiente e inteligente me lo dijo una vez.

Sasuke sonríe.

—Suena como una guerrera

Maldita sea, lo es.

En mi cabeza, imagino cada gran gesto con el que fantasean las chicas adolescentes. Estoy fuera de la ventana de su dormitorio con un equipo de sonido por encima de mi cabeza. Corro por el aeropuerto, momentos antes de que aborde el avión, y profeso mi amor eterno. Redecoro completamente mi oficina en casa, poniendo su escritorio junto al mío, para demostrarle lo mucho que la quiero en mi vida.

En realidad, no hago ninguna de esas cosas. Debido a que esto no es una película, esto es la vida real. Y Hinata y yo somos la cosa más real que he conocido.

Lo que más necesita de mí no son gestos o regalos caros que ella podría comprarse sin pensarlo dos veces. Necesita palabras. Y tiene que mirarme a los ojos cuando las diga, para que pueda ver que quiero decir todas y cada una.

Asiento al agente federal estacionado en la puerta de su casa. Me deja pasar y subo los escalones de su pórtico, llamando a su puerta. Después de lo que se siente como una eternidad, abre, y sus brillantes ojos todavía hinchados me miran desde su bello rostro magullado.

Una cuchilla de culpa arremete contra mi caja torácica porque sigue lastimada. Y la lastimé más.

Las palabras se precipitan de mis labios.

—No hemos terminado. Yo no… —Mi voz se quiebra— No quise decir eso.

Su rostro se ablanda con simpatía. Y la cuchilla se sumerge más profundamente, retorciendo con crueldad.

—Lo sé, Naruto.

Toco su mejilla, porque no puedo no tocarla por un segundo más.

—Lo siento.

Suspira.

—Yo también. Siento no poder hacer esto más fácil para ti.

—No. Fui un idiota. No tienes que hacer que sea más fácil para mí, no quiero que te preocupes por eso. Te amo, Hinata.

—También te amo —Toma una respiración profunda, luego sube su barbilla y su voz es más fuerte— No me pidas no ir de nuevo. No creo que pueda soportarlo.

—No lo haré. Lo único que voy a pedirte es… —me muevo más cerca— déjame ir contigo.

Su cara se contrae y arremete en mi contra. La abrazo tan fuerte como me atrevo mientras sus lágrimas empapan mi camisa, y asiente contra mi pecho.

—Sí. Por favor, ven conmigo.

En el primer día de un gran juicio, algunos abogados quieren que su único objetivo sea el caso. Piensan en ello mientras meten avena en sus bocas. Ensayan su exposición inicial mientras toman su café, y pegan sus notas en el espejo mientras se afeitan y enderezan sus corbatas.

Pero Hinata, no. Debido a que esta mañana, en nuestra habitación del hotel de Nevada, su atención se centra por completo en mi pene.

Se encuentra de rodillas delante de mí donde me ubico junto a la cama, jugando con la sensible marca en la parte inferior de mi dura y caliente barra mientras me chupa. Y se siente tan jodidamente bien que prácticamente me decapito cuando mi cabeza rueda hacia el techo. Entierro mi mano en su cabello y lo empuño con fuerza, manteniéndola quieta para poder bombear en su boca.

Maldita sea.

Es lo más duro que me dejo ser con ella en las últimas dos semanas; y lo ama. Gime a mi alrededor, enviando ondas de decadente placer a través de cada nervio de mi cuerpo. Mi barbilla toca mi pecho mientras bajo la mirada, viendo mi pene deslizarse suavemente entre los rosados labios de Hinata.

—Eso es. Tómalo justo así —digo con voz ronca. Porque me siento jodidamente sucio.

Su gemido en respuesta es casi mi perdición. Con una rapidez nacida de la desesperación, la levanto, la lanzo sobre la cama yagarro sus tobillos, arrastrándola hasta el borde. Luego doblo las rodillas y me introduzco en su interior.

—Oh Dios… Naruto… Oh sí…

Me mira, esos ojos marrones y dorados ardiendo como una hoguera de hojas caídas.

El más agresivo de sus moretones se ha desvanecido a una mera decoloración, y un puñado de pequeñas costras se mantiene de la abrasión en su mejilla. Sin embargo, el labio partido y la hinchazón alrededor de su ojo se han recuperado por completo.

Giro mis caderas, empujando profundo, luego cambiando a suaves y constantes embestidas. Deslizo mis palmas hasta sus pantorrillas, agarrándola por debajo de las rodillas y extendiéndola de par en par. Dándome una vista perfecta de su carne oscura y brillante de color rosa.

Es en momentos como este que deseo que mi madre hubiera follado con el doctor Octavius.

Palabras raspan hasta mi garganta.

—Juega con tus tetas. Pellizca esos lindos pezones como si fuera tu jodido trabajo.

Hinata cierra los ojos con un gemido. Y es solo un segundo antes de que haga lo que le pedí; sus pequeñas manos aprietan sus suaves montículos, luego sus dedos tiran de los picos color malva.

Duro.

Oh, sí; esa es mi chica.

Su necesitado coño se aprieta a mi alrededor, tratando de mantenerme en el interior. Y suplica, y Cristo; no hay sonido más dulce en la tierra que Hinata Hyuga suplicando.

Por más.

Por más rápido.

Más duro, Naruto. Más profundo.

Entonces es una sonata de jadeos entrecortados, gemidos desiguales y el sonido de piel contra piel. Los tendones en mi espalda se alargan y se tensan, como la cuerda de un arco estirándose hasta el punto de romperse. Los dedos de los pies de Hinata se enrollan y sus diminutos pies se flexionan, buscando adquirir aire. Con una serie de gruñidos que rasgan mi laringe en carne viva, me corro, mis dedos clavándose en sus caderas, manteniéndola quieta; haciéndola tomar todo lo que tengo para dar.

Sus manos arrasan las sábanas y Hinata llega al clímax justo después. Sus músculos se contraen, succionando hasta la última gota de mi pene aún latiendo. Mi cabeza se aligera, mi visión se hace borrosa. Es posible que esté a punto de malditamente desmayarme. Y me dejo caer encima de ella, mis huesos volviéndose gelatina.

Cuando las réplicas por fin decaen, se ríe. Esa titilante y mágica risa que canta de alegría y levanta mis propios labios en una sonrisa en respuesta.

Ahora así; así es como se inicia un juicio de mierda.

Una vez que, en verdad, me encuentro en condiciones de pararme de nuevo, vamos a la ducha. Con la escayola de Hinata envuelta en una bolsa de plástico, lavar su cabello —y todos sus recovecos— es un desafío. Como es lógico, la estoy ayudando. Es lo único decente para hacer. Y solo un poco más tarde, tengo puesto mi traje —el de la marina con mis gemelos de la suerte— ayudando a Hinata con su primera capa de ropa.

—La tela Kevlar luce caliente en ti —Aseguro la costura de velcro— Definitivamente llevaremos esto a casa con nosotros.

Su cabello dorado se desliza fuera de su hombro cuando se gira hacia mí.

—Eres un bastardo fetichista, ¿verdad?

—No tienes ni idea. Pero no te preocupes, lo serás.

Sello la promesa con un beso en su mejilla. Entonces sostengo la blusa mientras desliza dentro sus brazos.

—¿Cómo te sientes, campeona? —pregunto.

He visto de primera mano en las últimas semanas que Hinata es estelar en separando las cosas. Enterrando cualquier emoción molesta como el miedo o la duda en lo profundo durante el día. Pero por la noche, cuando estamos solos, es cuando los demonios se arrastran desde su cripta y le dicen que está destinada a fracasar; o algo peor. Y me siento agradecido de estar aquí; de ser el hombre que la abraza cuando tiembla, al que le susurra esas preocupaciones, el que la ayuda a soportar esa carga.

Nunca tendrá que hacerlo sola una vez más.

—Estoy bien.

Sonríe de vuelta, y el brillo en sus ojos me dice que eso es cierto.

Dejo caer un beso en su nariz y abotono su blusa, porque la escayola, también lo hace difícil. Pero mirar los restos de sus lesiones —aún visibles a través de su ligero maquillaje— me impacta. Giro la cabeza, revisando la contusión amarillenta en diferentes luces.

—¿Qué pasa?

—La defensa va a pedir al juez que te recuse a causa de los golpes, la escayola. Van a decir que influenciaste al jurado.

Frunce el ceño.

—¿Eso crees?

—Es lo que yo haría. —Me encojo de hombros.

Hinata asiente con lentitud, mirando la alfombra; viendo el cambio potencial de juego detrás de sus ojos.

—Bueno. Entonces voy a estar lista para argumentar esa moción.

—Sí —Le beso la frente ahora— Lo estarás.

Hinata entra en la corte como un general. La forma en que me imagino a Juana de Arco dirigiéndose al campo de batalla, solo desafiando a los ingleses para continuar. Me siento en la primera fila de la galería, justo detrás de ella. A mi lado se encuentra Connor Roth, el jefe de policía de ojos verdes, con cara de piedra que me llevó hasta su habitación del hospital. Desde entonces, ha estado a su lado.

Mientras ella habla en voz baja a los otros fiscales en la mesa, reviso a Moriotti, en el lado opuesto de la sala, junto a su propio equipo de abogados. Está en sus cuarentas, pequeño pero robusto, potente, con cabello negro engominado que comienza a volverse gris en las sienes. Se ve como una basura típica, aun vestido con un traje italiano que sé a primera vista le costó el pago de la hipoteca de una persona promedio. Sigue a Hinata con sus ojos y cuando se da cuenta del yeso en su brazo, el hijo de puta se ríe.

Ira se dispara a través de mi torrente sanguíneo como una bala con exceso de velocidad, tornándome irreflexivo; imprudente. Comienzo a levantarme de mi asiento, con la intención de caminar hasta allí y rasgar la cabeza del hijo de puta con mis manos desnudas. Y compadezco al agente judicial que se interponga en mi camino.

Un fuerte agarre en mi hombro me detiene.

—No lo hagas, Batman —murmura Roth— Ser arrojado fuera de los tribunales y encerrado antes de que el juicio comience no le va a hacer ningún favor a tu chica.

Sus palabras me sacan de mis fantasías sangrientas, porque tiene razón. Es un asco; pero tiene razón.

Tres días más tarde, le digo a Hinata que no voy a estar en la corte por la tarde. Cuando la preocupación ensombrece su rostro, de inmediato, le explico que tengo algo de mi propio trabajo para ponerme al día. Es una mentira; Neji es impresionante en hacerse cargo por él solo, e incluso con baja por maternidad, Sasuke ha estado arreglando la flojera de mi casa. Pero es solo una pequeña mentira, de la buena clase.

Porque si supiera a dónde en realidad iba, esa sombra de preocupación se convertiría en un eclipse total.

El mafioso de hoy en día es muy diferente al de los viejos tiempos de Al Capone, los sombreros de ala y metralletas ocultas en fundas de violín. Los Sopranos lo entendieron bastante bien. Si no lo saben ya, nunca sospecharían que Carmine Bianco —el tipo de setenta años de edad, de cabello oscuro, cara dura en la mesa de la esquina trasera de este restaurante de vecindario— es el líder supremo de una implacable organización criminal multimillonaria que los federales han estado intentando culpar durante dos décadas con la ley del crimen organizado. Se ve como el abuelo de alguien, o un viejo tío benévolo.

A excepción de los dos grandes hijos de puta de pie detrás de él, con cinturones de armas atado debajo de sus chaquetas.

Somos los únicos clientes en el restaurante, así que cuando uno de los grandes tipos llega a mí un par de pasos cortos desde la mesa, automáticamente extiendo mis brazos y me chequea; comprobando armas o un micrófono. Toda mi vida, la gente ha comentado de mi rostro juvenil, mi buena apariencia, y me han subestimado a causa de ellos. En este momento saco partido esa ventaja, y le doy a Carmine una sonrisa afable cuando me siento frente a él.

—Señor Bianco, soy Naruto Uzumaki. Gracias por acceder a reunirse conmigo.

Baja su rebosante sándwich y mastica su bocado, deslizando una servilleta por sus labios con dedos gruesos.

—¿Quieres un sándwich?

Niego con la cabeza.

—Estoy bien, gracias.

Sus ojos son agudos, relucientes como una navaja mientras me analiza: mi traje gris, corbata aflojada, reloj Rolex.

—No te conozco. No sé cómo me conoces, pero mi chico del dinero me dijo que debía reunirme contigo, así que aquí estamos. ¿Qué puedes hacer por mí, chico?

Su asesor de negocios es un socio de un socio de uno de los corredores de toda la vida de mi familia. Así que hice un par de llamadas, ya que no importa si eres un mafioso o un príncipe: El dinero siempre habla.

—Creo que se puede decir que tengo una… propuesta de negocio para usted.

Mi voz me delata. Es difícil. No sé si él ordenó el asesinato de Hinata, o si sus muchachos limpian sus propios líos. Y no puedo preguntar; de cualquier manera, no me diría. Todo lo que puedo hacer es tratar con él, porque cuando uno quiere deshacerse de una serpiente, apunta directamente a la cabeza.

Se inclina hacia atrás en su asiento.

—Estoy escuchando.

—Gino Moriotti. Él trabaja para usted.

La boca del anciano hace una peculiar mueca.

—Supuestamente.

—Por supuesto, supuestamente. —Me río.

—¿Qué hay de él?

Entonces no estoy riendo más.

—¿Cuál es el valor de él para usted? Cuánto dinero está dispuesto a perder cuando se lo sacrifique; y no me cabe duda alguna de que será sacrificado.

Eso consigue su atención. Me mira de la forma en que miras fijamente a alguien que crees que has visto antes, pero no puedes recordar bien. Como si estuviera tratando de ubicarme. Analizándome.

Le doy una mano y dejo mis tarjetas descubiertas sobre la mesa.

—El fiscal principal en su caso…

—La morena. —Me señala, asintiendo con comprensión.

—La morena —confirmo.

—Es linda.

—Sí, lo es. Es también muy importante para mí. Cuando se termine este caso, voy a llevarla de vuelta a DC. Me voy a casar con ella, tener hermosos bebés y envejecer a su lado. Y no voy a hacer eso mirando sobre su hombro todo el tiempo, preocupándome de que alguien de su organización va a tratar de hacer un ajuste de cuentas.

Lo dejé absorber eso. Entonces digo:

—Tengo dinero. Tengo propiedades que no compré, automóviles y alfombras, antigüedades y joyas, y ninguno de ellos significa un bledo para mí si no la tengo. Así que… deme un número.

Nos miramos el uno al otro. Cuando él permanece en silencio, agrego en una baja voz apenas por debajo de amenazante.

—Piense en esto como mi gran y gordo incentivo. Se captura más moscas con miel, ¿sabe? Pero tenga la seguridad de que mi bastón es jodidamente letal y no tengo miedo de usarlo.

La risa sacude todo su cuerpo, haciendo vibrar la mesa.

—Sí, oh… escucharte. Alguien tiene bolas de sobra, ¿eh? Suena como una amenaza —Se gira hacia uno de los ogros detrás de él— ¿Le crees a este chico, Tony?

Tony no lo cree.

—No le creo, señor Bianco.

—Debo haberte oído mal. Correcto… ¿Naruto?

Y tan rápido como una serpiente ataca, energía letal irradia de él, como vapor de una olla hirviendo. Y no me importa una mierda porque he hecho mi tarea.

Me inclino hacia delante, mirando directamente a sus ojos.

—Usted está casado, ¿cierto, Carmine? Con la misma mujer durante más de cincuenta años. Hay algo sobre la chica de al lado; tu amor de infancia. ¿La fiscal? Es mía. Así que… pregúntese si hay algo que no haría para mantener a su esposa segura. Cualquier aversión que no cometería, cualquier ley que rompería. Entonces… me dice si lo estoy amenazando.

Denso y pesado silencio envuelve la habitación. Entonces Bianco se agacha y toma otro mordisco de su sándwich.

Mientras mastica, me dice—: Me gustas, chico.

Me encojo de hombros.

—A la mayoría de la gente.

Toma otro bocado.

—¿Apuestas?

—A veces.

Asiente, tragando su bocado.

—La forma en que apuesto… tienes que tratar de inclinar la balanza a tu favor. Cargar los dados, pesar la rueda, contar las cartas. Pero después de jugar tu mano… si pierdes, se acabó. Dejas tus pérdidas, te alejas de la mesa. Darse la vuelta para sacar al distribuidor solo enoja al casino. Atrae una innecesaria atención, ¿entiendes lo que digo?

Estoy bastante seguro de que lo hago. Bianco se inclina hacia atrás en su silla, observándome.

—Así que… después de que la mano de Gino termine, te casas con tu linda chica, tienen un montón de abogados de ojos celestes y no te molestes en mirar por encima de su hombro. No vamos a estar allí.

Tres semanas más tarde, el veredicto está dicho. Estoy detrás de Hinata cuando el presidente del jurado lee en voz alta. Y soy la primera persona a la que ella abraza después que Gino Moriotti es encontrado culpable de todos los cargos.

Hinata y yo salimos a celebrar con los fiscales y agentes que trabajaron en el caso con ella. Ella bebe vodka. Mucho.

Es una gran puta noche.

Y luego empaco a mi princesa guerrera y la llevo a casa; a mi castillo.