Ginny Weasley


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling


Ginny observaba la luna llena desde la ventana de su habitación. Si Remus siguiera con vida esta noche le tocaría transformarse en hombre lobo. Pero había fallecido hacía apenas unos tres meses junto a Tonks, su esposa, dejando huérfano a su bebé.

Ginny suspiró. Teddy y Andrómeda no eran los únicos que habían perdido a un ser querido, a un familiar. Mañana sería once de agosto. Su decimoséptimo cumpleaños. Su primer cumpleaños sin Fred. Ginny volvió a suspirar. Miró un pequeño reloj que tenía en su habitación. Eran las 23:55h. Quedaban cinco minutos para que cumpliera los 17 años y fuera considerada una adulta en el mundo mágico.

En otras circunstancias habría estado contado los días para su cumpleaños. Lo celebraría con una gran fiesta, rodeada de sus seres queridos. Su madre hubiera cocinado una enorme tarta, Fred y George le habrían gastado bromas a ella y a su víctima favorita, Percy. Pero Fred ya no estaba y ese escenario ya no sería posible. Antes en la Madriguera todo eran risas, pero parece que desde el fallecimiento de su hermano todo eran llantos. Sobre todo de mamá y George. Lo único que la alegraba (aunque jamás lo reconocería en voz alta) era que Percy había vuelto a casa. Se dedicaba a deambular por los pasillos como si fuera un fantasma. Ni siquiera se enfadaba cuando alguien hacía demasiado ruido o le cogían sus libros sin pedir permiso. El Percy de antes de abandonar a su familia habría armado un escándalo por esos motivos. El Percy de ahora respondía "ah, vale" o solo los miraba y seguía a su bola sin responder. En otras palabras, se había convertido en una sombra de si mismo.

Volvió a mirar el reloj. 23:57h. Quedaban tres minutos para su cumpleaños. Lo había pensado con mucho detenimiento. No podía obligar a su familia a hacerle una fiesta de cumpleaños y obligarles a estar sonrientes y fingir que estaban felices solo porque cumplía diecisiete años. Así se lo dijo a su madre, unos días antes durante el desayuno. Molly había quedado un tanto sorprendida por las palabras de su hija y había intentado convencerla de hacer una pequeña celebración pero Ginny se había negado. Le había dicho que no estaba preparada para celebrarlo habiendo tenido la guerra tan próxima y con la sociedad mágica resurgiendo de sus cenizas después de que muchos mortífagos destruyeran muchas tiendas y hogares. Molly asintió. Llevaba desde la muerte de Fred muy pálida, parecía que había envejecido cincuenta años de golpe.

Ginny les había dicho a sus padres y hermanos que iría a recoger flores con su amiga Luna y regresaría para la hora de la comida.

Volvió a mirar el reloj. 00:00h

— Feliz cumpleaños a mí misma. — canturreó. Cogió a Arnold, su micropuff morado, que también estaba despierto y le preguntó — ¿No me felicitas por mi cumpleaños, Arnold? — el animal soltó un pequeño chillido.

— No podemos estar eternamente tristes — le dijo Ginny a su mascota, aunque, en realidad, parecía que se lo estaba diciendo a sí misma en voz alta — Fred no querría que estuviéramos tristes eternamente. — Arnold soltó otro chillido. A Ginny le parecía que su puffskein la entendía perfectamente.

Soltó un bostezo.

— Deberíamos ir a dormir. No queremos que Luna nos encuentre medio dormidos a la hora de ir a recoger flores.

Arnold soltó otro chillido.

...

Ginny estaba desayunando junto a Percy y su madre. Bill, Charlie, George, Ron y Arthur habían salido a ayudar a reconstruir las casas y comercios que los mortífagos habían destruido. Ella no había podido hacerlo antes debido a que era menor de edad. Así que lo máximo que se le permitía era hacer pequeños encargos como traerles la comida y agua o visitar los refugios temporales que el Ministerio había construido para los magos sin hogar mientras les rehacían los hogares desde cero. Percy y Molly no habían podido acompañarles. Ambos hacían magia accidental con bastante frecuencia y podían ser peligrosos para el resto. Percy estaba muy débil mentalmente debido al hecho de haber visto morir a su hermano y físicamente por las torturas que le hicieron los mortífagos por ayudar a huir a los nacidos de muggles cuando los servidores de Voldemort los estaban persiguiendo. Así que el sanador Elphias Doge le había dejado muy claro que si quería curarse debía hacer reposo absoluto y tenía estrictamente prohibido trabajar y hacer esfuerzos tanto físicos como con magia. Molly por otra parte hacia magia accidental debido a la tristeza. De repente se ponía a llorar y si el llanto era muy fuerte podía producir magia accidental. Pero ambos querían ser útiles. Así que Percy enseñaba a leer y escribir a los niños sin hogar y Molly hacia mantas, cojines y ropa para que las personas que vivían en los refugios no pasaran frío por las noches y tuvieran mudas de recambio.

De repente, se oyeron golpes en la puerta. Molly fue a abrir.

— Buenos días, señora Weasley. Es un placer volver a verla. — dijo Luna con su voz cantarina.

— Hola, Luna, cielo. Pasa, pasa. Ginny te estaba esperando. — Molly se echó a un lado para que la Ravenclaw pudiera pasar.

Hoa, Uha. Ejpega que me tegmino ejte plato y voy. — Ginny saludó a su amiga mientras masticaba los huevos fritos.

Percy saludó a Luna con un gesto de cabeza y siguió a comiendo su plato. Se notaba que la pena y el sentimiento de culpa lo consumía. El Percy de hace unos tres años habría regañado a Ginny por hablar con la boca llena.

— Ginny, hija. Ya eres una adulta. ¿Puedes dejar de masticar con la boca llena? — le recriminó Molly.

Ginny se señaló la boca llena y después a Luna.

— En realidad es culpa mía, señora Weasley, por haber interrumpido su desayuno. Debería haber venido después. — Luna sonrió a los presentes.

— No, querida. En absoluto es culpa tuya. Pero no te quedes de pie. Siéntate, que te prepararé un vaso de leche.

Luna se sentó al lado de su amiga y Molly fue a la cocina.

— ¿Cómo estáis tú y Xenophilius? — se interesó Percy.

— Muy bien, gracias. Papá se ha ido temprano a ayudar a reconstruir otras casas. Irá después a la oficina de El Quisquilloso para lanzar en la tirada del mediodía los avances que se han producido en las reconstrucciones y dónde se necesita más ayuda. — explicó — Me alegra ver que ya no tienes tantos torposplos en la cabeza.

Percy enarcó una ceja sorprendido. No esperaba esa última frase. Ginny ya estaba acostumbrada a este tipo de comentarios de su mejor amiga así que siguió comiendo lo que había en su plato.

— ¿Cómo estás tú, Percy? — Luna en verdad parecía interesada y preocupada por su salud.

— Todo lo bien que se puede estar dadas las circunstancias.

— Poco tiempo después de que mi madre muriera en una explosión de un hechizo que ella misma estaba creando, me sentía culpable por haber sobrevivido y ella no. Ella corrió hacia mí para protegerme. Yo solo me llevé unos rasguños, pero ella perdió la vida. Pensaba que si no hubiera entrado en esa habitación, ella habría sobrevivido. Pero después comprendí que ese accidente podría haber ocurrido antes o después y me sentí aliviada porque ella hubiera muerto en compañía y no sola. Me prometí que viviría todo lo que no ha podido vivir ella. Y que todas las noches le contaría lo que había hecho ese mismo día mirando la luna. — se dirigió hacia Ginny. — Ginny, veo que has terminado. ¿Te parece bien que nos vayamos ahora?

Ginny asintió mientras se secaba con la servilleta. Levantó una mano despidiéndose de su hermano y se fueron.

...

— ¿No crees que has sido un poco dura con él? — le preguntó Ginny a Luna en un tono cortante. Ambas estaban agachadas recogiendo flores cerca de la orilla del río.

— Quizá... Pero alguien tenía que decírselo. No puede sentirse culpable siempre por algo que no fue culpa suya. Él no provocó esa explosión, ni sabía que iba a ocurrir, ni le dijo a Fred que se situara al lugar donde murió. Ginny, mi madre también murió por una explosión, provocada por un hechizo experimental mal realizado, yo lo vi. Toda la culpabilidad que está sintiendo tu hermano, yo misma la sentí. Por eso sé de lo que hablo.

— ¿Cómo sabes que se siente culpable?

— Lo veo en sus ojos. — le dijo Luna en tono muy serio.

Ginny asintió. Luna siempre se fijaba en cosas que los demás no. Era lo que más le gustaba de su mejor amiga. Podía ver el interior de las personas como si fueran un libro abierto sin necesidad de oclumancia. Luna se fijaba en todo, por mucho que a simple vista pareciera distraída. A la hora de fijarse en los detalles e interpretar el comportamiento de las personas, Ginny confiaba más en Luna que en sí misma. También te decía las cosas a la cara, te gustaran o no, característica que compartía con Ginny.

— Creo que tú también te sientes culpable, Ginny. — dijo Luna de repente. Estaba agachada recogiendo unos lirios.

— ¿Qué quieres decir? — Ginny se giró de repente hacia su amiga.

— ¿Por qué no quieres celebrar tu cumpleaños?

— Ya te lo he dicho. No puedo obligar a mi familia a celebrar algo y a sonreír si ellos no se sienten listos. La muerte de Fred — se le quiebra la voz — todavía es muy reciente.

— ¿Se lo has preguntado? — Luna se levantó y empezó a ordenar su pequeño ramo de lirios y las margaritas que había recogido hacía un rato — ¿les has preguntado si se sienten preparados para sonreír?

Ginny se quedó de piedra. No, no se lo había preguntado. Eran las conclusiones que ella mismo había sacado mientras veía el estado anímico de su familia durante estos tres meses.

— ¿Crees que Fred lo habría querido?

Ginny se quedó sin palabras. No. Fred habría querido que lo celebrara. Él mismo habría querido organizar la fiesta.

— ¿Quieres volver? — preguntó Luna en tono suave.

Ginny asintió y ambas emprendieron de vuelta el camino hacia su casa.

Podrían aparecerse, al fin y al cabo, ambas tenían el carné de aparición. Pero en ese momento, les apetecía caminar. El paseo las ayudaba a despejar sus mentes y a relajarse.

— ¿Cuándo llegara tu padre a casa, Luna?

— Me dijo que estaría en la redacción de El Quisquilloso escribiendo la edición del mediodía para que los magos que puedan permitirse ayudar sepan el sitio donde serán más útiles mañana. También que llegara tarde a casa.

Ginny asintió. Era una gran labor la que hacía Xenophilius con El Quisquilloso. Publicaba donde se necesitaba más ayuda y el tipo de apoyo que necesitaban. Así la población sabía dónde sería más útil. El periódico del padre de Luna había aumentado mucho el número de ventas desde 1995 cuando Rita Skeeter hizo la entrevista a Harry Potter sobre la vuelta de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Por el contrario, El Profeto había bajado su número de ventas y prestigio al dejarse sobornar y manipular su información por parte del Ministerio cuando estaba bajo el mandato de Cornelius Fudge.

...

Entraron por la puerta de la cocina. Llenaron dos jarrones con agua donde pusieron sus ramos. A la menor de los Weasley le pareció raro que la casa estuviera a oscuras y no oír a nadie.

— ¿Mamá? ¿Percy? — llamó. Pero nadie la respondió.

Por un momento pensó que pudieran haber sido atacados por mortífagos. Es cierto que muchos fueron capturados y encarcelados por la guerra pero muchos otros consiguieron huir al extranjero. ¿Habrían vuelto para vengarse? No, imposible. Estaban en búsqueda y captura por todo el país. Todo el mundo conocía sus caras. Además, sería demasiado arriesgado regresar para vengarse sabiendo que los aurores y el Ministerio se les echarían encima. Quizá, mamá y Percy fueron al Callejón Diagon a comprar o a ver a papá y al resto de sus hermanos.

Le pidió a Luna que la ayudara a buscarlos. El salón estaba a oscuras, subieron a las habitaciones. Tampoco había nadie.

— Seguramente mamá estará dando de comer a las gallinas en el corral y Percy haciéndole compañía. — Cuando Molly tenía que trabajar en el jardín, Percy le hacía compañía, no podía ayudarla porque no podía realizar tareas físicas por orden de los sanadores. Sin embargo, la acompañaba para charlar con ella.

Bajaron las escaleras y se dirigieron hacia la puerta principal. El corral estaba en la parte delantera del jardín.

Ginny abre la puerta y...

— ¡SORPRESA! — gritaron los Weasley, Harry, Hermione, Neville, Fleur, Angelina Johnson, Audrey, Lee Jordan, Oliver Wood, Katie Bell, Alicia Spinnet, Hagrid y el padre de Luna.

— Felicidades, hija. — Molly se acercó a darle un abrazo.

— ¿Qué es todo esto? — preguntó todavía sin asimilar lo que veían sus ojos.

— Tu fiesta de cumpleaños, querida. — dijo su madre como si fuera lo más obvio del mundo. — Sé que dijiste que no querías celebrarlo. Pero papá, tus hermanos y yo lo hemos estado pensando y creemos que mereces celebrar tu cumpleaños. Al fin y al cabo, cumplir diecisiete años te convierte en una adulta. Y eso merece una celebración. Todos tus hermanos tuvieron su fiesta y es justo que tú también la tengas.

En otra ocasión, Ginny se habría enfadado por no haber respetado su decisión. Pero esta vez no. A veces nuestra decisión puede ser la equivocada. Ginny no había querido celebrar su cumpleaños para no obligar a su familia a fingir estar felices, pero ellos no necesitaban fingir. Ella era su hija y era su cumpleaños. ¿Qué clase de padre no estaría feliz por el cumpleaños de su hija? ¿Qué clase de hermano no querría celebrar un aniversario de su hermana?

— ¿Tú sabías algo? — le preguntó a Luna en un susurro.

La Ravenclaw negó con la cabeza. No, ninguna de las dos sabía nada y ambas se llevaron una sorpresa al ver todos los globos, guirnaldas y la pancarta roja donde estaba escrito "GINNY +17" con letras doradas. Cuando Ginny le contó a su familia sus planes para ir a recoger flores con Luna cerca del río, sus padres y hermanos organizaron la fiesta a sus espaldas.

Ginny se acercó a sus amigos y familiares, quienes le dieron un abrazo y la felicitaron. Ella tenía lágrimas en los ojos pero era incapaz de llorar. No le gustaba llorar en público. Incluso cuando murió Fred, prefirió llorar en la soledad. Cuando abrazó a Harry este le dio un pequeño beso en sus labios. También abrazó a Luna, quien iba detrás de ella y se situó al lado de Neville, su pareja.

Se acercó a la tarta. Una enorme tarta de chocolate en la que ponía "Happy Birthday Ginny". Estaba decorada con pepitas de colores y la parte superior untada con vainilla. Cantaron la canción del cumpleaños feliz y sopló las velas. Todos aplaudieron. Se sentaron alrededor de la mesa. A su lado se sentaron, Luna, su mejor amiga, y Harry, su pareja. Molly empezó a cortar la tarta. —

— Feliz cumpleaños, Ginny. — Harry le entregó su regalo. — Lo compré en Estados Unidos cuando fui a decirles a los Dursley que ya podían regresar a Inglaterra.

Los Dursley, los familiares muggles de Harry, como medida de protección por parte de la Orden del Fénix, fueron llevados a Estados Unidos bajo una identidad falsa. El mismo Harry fue a decirles ese mismo verano, justo al terminar la guerra, que ya podían volver a su país.

Ginny desenvolvió su regalo. De él sacó un colgante de madera en forma de caballo.

— El mago estadounidense que me acompañó me dijo que los antiguos chamanes hacían colgantes de sus patronus y los entregaban como regalos a los magos que cumplían la mayoría de edad. Me pareció un buen regalo para ti. — se encogió de hombros, se quitó las gafas y se las limpio con el jersey mientras se le sonrojaban las mejillas.

Ginny miró su obsequio con una sonrisa.

— Muchas gracias, Harry. — abrazó a su novio y le dio un beso en la mejilla.

Hermione se acercó y le tendió su regalo.

Por la forma, Ginny ya se imaginó qué tipo de obsequio era. Lo desenvolvió:

— Un libro sobre quidditch.

— Habla de la historia del quidditch y de las variantes que hay en distintas partes del mundo.

— Gracias, Hermione.

Ron se acercó a su hermana.

— Toma, hermanita.

— A ver... ¡Oh! Grajeas de todos los sabores y ranas de chocolate. Me sorprende que no te las hayas comido ya, Ron. — Ginny se giró hacia su hermano con una sonrisa.

Todos estallaron en carcajadas.

— Ginny — Bill, Charlie y Percy se acercaron, Percy iba detrás de ellos un poco avergonzado — Aquí tienes nuestros regalos.

El regalo de Bill era un adorno para el pelo con un pequeño colmillo, muy parecido al que su hermano llevaba como pendiente.

— Recuerdo que cuando lo viste — Bill se tocó su propio pendiente de colmillo — dijiste que te gustó mucho y querías uno igual. Así que aquí tienes.

El regalo de Charlie era un pequeño libro que hablaba de maderas que se usaban para hacer escobas de quidditch.

— Incluso hay un capítulo dedicado a los bosques de Rumanía. — Charlie infló el pecho muy orgulloso.

— Toma, Ginny, este es mi regalo. — Percy le tendió un paquete a su hermana.

Ginny ya se imaginó que era un libro, por su forma y porque se lo había regalado Percy.

— ¡La biografía de Gwenog Jones! ¡La capitana de las Arpías de Holyhead! — exclamó sorprendida.

Sé que siempre la has admirado. Así que pensé que te gustaría. — Percy se retorcía nervioso las manos.

— Gracias, Percy. — Ginny lo abrazó.

Fleur y Audrey le regalaron unas pulseras de colores rojo y dorado y cincuenta galeones para que se comprase lo que quisiera.

Oliver, Lee, Alicia, Katie y Angelina le regalaron una escoba nueva. Una Nimbus 2001. Su precio había bajado desde que salió en el mercado en 1992 porque ahora existían modelos nuevos y más veloces, como la Nimbus 2008, pero eso no la hacía una mala escoba. Es más, todavía era considerada una de las mejores.

Xenophilius le regaló una edición inédita de El Quisquilloso donde se publicó el debut de Gwenog Jones como jugadora de las Arpías de Holyhead.

Hagrid le regaló unos juguetes para Arnold y se excusó por la falta de la presencia de la Profesora McGonagall, quien estaba muy ocupada preparando el siguiente curso como nueva directora.

Neville le regaló unos ungüentos que había hecho él mismo.

— Por si te lesionas durante los entrenamientos.

Luna le dijo que no tenía regalo para ella, pero Ginny alegó que sus palabras y ese día recogiendo flores en el río eran el mejor regalo que podía darle.

Molly y Arthur le regalaron un colgante.

— Toda bruja que cumple los diecisiete años recibe un colgante para que puedas poner la foto de sus seres queridos. Mira — Molly abrió el suyo y se lo mostró. En la parte izquierda había una fotografía de Fabian y Gideon Prewett, hermanos de su madre, y en la parte de la derecha había una foto de Fred. — Aunque ya no estén con nosotros, al llevar sus fotografías conmigo es como si participaran en todas nuestras celebraciones familiares, incluido tu cumpleaños, querida. — Molly empezó a llorar y Arthur la abrazó.

Ginny también tenía ganas de llorar pero se contuvo porque sabía que entonces ninguno de los tres pararía.

— Ginny — oyó una voz muy familiar detrás de ella.

Ginny se giró hacia su hermano George. Este le tendió un pequeño paquete.

— Antes de cerrar la tienda por los ataques de los mortífagos al Callejón Diagon, Fred — se le quebró la voz — y yo estuvimos trabajando en un nuevo producto.

George le tendió el paquete y Ginny lo abrió. Era una pulsera blanca. Al instante, se volvió rosa.

— El rosa transmite sorpresa. Es una pulsera que cambia de color según las emociones de su portador. Fred dijo que era el regalo perfecto para ti. Así en todo momento sabríamos cómo te sientes en cada momento sin necesidad de preguntarte.

"Fred dice que era el regalo perfecto para ti". El último regalo de Fred.

— ¿Teníais mi regalo de cumpleaños desde hace meses?

George asintió.

— Lo teníamos guardado en nuestro piso y lo llevamos con nosotros a la casa de tía Muriel cuando los mortífagos atacaron la Madriguera. Estábamos deseando que llegara tu cumpleaños para poder dártelo y ver tu reacción, pero llegó la batalla en el dos de mayo y Fred... — George se quedó sin habla.

Ginny asintió. La pulsera cambió de color. Una mezcla entre amarillo y azul

— El azul significa tristeza y el amarillo felicidad.

— El último regalo de Fred... — susurró Ginny. Ambos tenían lágrimas en los ojos y una pequeña sonrisa. Miraron hacia el cielo.


En un principio solo estaban previstos los capítulos de Hermione, Flitwick (cuyas fechas de cumpleaños son cercanas a la mía) y la de Percy (porque cumple 22 años, los años que voy a cumplir yo). Pero un día pensé qué cumpleaños era el siguiente después de la muerte de Fred. Lo busqué en Google y es el de Ginny, el once de agosto (Percy cumple el veintidós). Así que me parecía ilógico mostrar el cumpleaños de Percy justo después de la guerra y no el de Ginny. Y este es el resultado. No pago terapias.

Siempre recordamos la parte de Luna con los pendientes de rábano, hablando de torposoplos y nargles y que siempre está en las nubes. Pero siempre nos olvidamos que Luna si algo no le gusta de ti te lo dice y arrepentimiento ninguno. Se podría decir que Luna no tiene filtros. He insinuado que Percy y Luna (tienen en el caso de Percy y tuvieron en el caso de Luna) el síndrome del superviviente o culpa del superviviente. Una condición mental que consiste en tener sentimiento de culpabilidad al haber sobrevivido a un hecho traumático o a una tragedia cuando otros no lo consiguieron.

Lo de los chamanes y los colgantes de madera que representan lo patronus de los megos me lo he inventado. ¿Os gusta?

Por último, se nos dice que a los magos mayores de edad se les regala un reloj cuando cumplen 17 años. No sabía si se refería a todos los magos y brujas o solo a los varones. De todas maneras, esta tradición solo se menciona en el cumpleaños de Harry, ni en el de Ron ni el Hermione. Así que queda un poco a la incógnita. Sin embargo me he tomado una pequeña licencia creativa poniendo que a las brujas se les regala un colgante en el que pueden poner fotografías. Sé que puede sonar un poco machista (normalmente las tradiciones tan antiguas tienen toques misóginos), pero pienso que en la sociedad mágica había un punto de machismo. ¿Qué se esperaba de Narcissa, Andrómeda y Bellatrix? Que hicieran respetables matrimonios. No que alcanzaran grandes puestos en el Ministerio. Matrimonio de conveniencia. "Tu deber es aumentar el prestigio familiar". Si es cierto que hubo una Ministra de Magia Artemisia Lufjin en 1798, pero eso no significa que la situación de las otras mujeres de su época fuera la mejor. O que los hombres tipo Black, Malfoy vieran bien que los gobernara una mujer. Durante el mandato de muchas reinas (Isabel I de España o Inglaterra, la reina Victoria) las mujeres seguían subordinadas al hombre por mucho que la gobernante fuera una mujer. Así que en verdad no sabemos la situación de la mujer en el mundo mágico en esa época. ¿Qué pensáis vosotros?

En la parte del colgante con fotos de los familiares me he inspirado en la tradición que había en las cortes europeas de que la novia llevara un retrato de su padre en una pulsera. Hay una anécdota en la que cuando María Leszczynska (esposa de Luís XV de Francia) le pidió a su nuera María Josefa de Saboya (madre de Luís XVI) que le enseñar el retrato de su padre, vio que María Josefa tenía un retrato del duque de Lorena, padre de la reina. Eso hizo que la relación entre suegra y nuera mejorara considerablemente. Me gustó esta tradición y esta anécdota. Y me imaginó que la situación de las princesas europeas era muy parecida a las hijas de las familias puristas del mundo mágico (familia Black), con los matrimonios concertados. Dudo que los matrimonios de conveniencia siguieran llevándose a cabo en las familias de clase baja como los Weasley en 1998, pero no sabemos cómo era la situación de las mujeres de clase baja en la época de Artemisia Lufkin, por ejemplo.

Después de toda esta perorata, me despido.

Hasta la próxima