Hermione Granger
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling
Ron intentó levantarse de la cama sin despertar a su esposa. Vio como Hermione hizo un pequeño ronquido y se giró ocupando toda la cama. Ron sonrió. Se fue hacia la cocina.
Justo al lado de la despensa, había un calendario con la fecha marcada. Hoy era un día especial en la familia Granger-Weasley. 13 de septiembre. El cumpleaños de Hermione. Hoy Hermione cumplía 43 años. Por desgracia, Hugo y Rose estaban en Hogwarts en ese momento. Y aunque sus padres estaban felices por ellos, orgullosos de sus notas y de su talento para el quidditch, en fechas como estas extrañaban muchísimo más de lo normal su presencia.
Ron se puso su delantal y empezó a hacer el desayuno para Hermione. Totitas con sirope. Un desayuno un poco infantil pero Hermione llevaba comiéndolo desde que era pequeña. Siempre que comía tortitas se transportaba a su infancia. Por desgracia, ella no podía hacer su desayuno favorito. Ni cualquier otro desayuno. Ni cualquier otra comida. Sus habilidades culinarias eran pésimas. Se le quemaban hasta las tostadas. Por eso en casa de los Granger-Weasley quien cocinaba era el padre de familia, Ron Weasley.
Puso los dos platos de tortitas con sirope en una bandeja y la taza de café para los dos junto al termo.
Abrió la puerta de la habitación y vio que Hermione leía unos pergaminos sentada en la cama.
— Dijimos que nada de trabajo hoy — le reprochó. Ambos se tomaron el día libre en sus trabajos, él en Sortilegios Weasley y ella en el Ministerio, para poder pasar el día juntos.
— Son cartas de nuestros hijos. Y me han mandado un regalo.
Hermione le enseñó un pequeño colgante y un marcapáginas hecho a mano. Ron se sentó a su lado en la cama y puso la bandeja en medio de los dos. Una vez miró ambos regalos, empezó a comer.
— No sé cuándo han tenido tiempo para hacerlo. — dijo Hermione mirando el punto de libro. Llevaba arena pegada y pequeñas conchas y piedras de la playa enganchadas.
— Pues cuando no estábamos mirando.
— Seguro que lo han enganchado con magia. ¡No pueden hacer magia fuera de Hogwarts siendo menores de edad! ¡Está prohibido!
— ¿Crees que les habrá ayudado algún adulto?
— No cambies de tema, Ronald. Eso no está bien. Debería mandarles un vociferador.
— Hermione, los niños han hecho esto con toda la buena intención del mundo para ti. Y parece que tú lo único que haces es desprestigiar su regalo.
— No lo desprestigio. Pero no está permitido hacer magia fuera de Hogwarts.
— Que tú y yo no sepamos hacer bien las manualidades, no significa que los niños no sepan hacerlo
— A Rose tampoco se le da bien.
— Pero a Hugo sí.
Hermione calló un momento.
— Quizá Hugo enganchó la arena, las conchas y las piedras y Rose le dijo el sitio donde tenían que ir. Ya sabes que los dos hacen muy buen trabajo en equipo.
Hermione lo pensó un momento.
— Además, aunque hubieran usado magia, no nos lo dirían. Y sería injusto que les mandarás un vociferador sin pruebas. Así lo único que conseguirás es que se enfaden contigo. Y que en tu próximo cumpleaños te manden excrementos de hipogrifo.
Hermione lo volvió a pensar.
— Bueno, quizá he infravalorado las habilidades de Hugo para las manualidades. Y tampoco sería justo castigarlos sin tener pruebas. — Hermione empezó a comer su desayuno. Con el enfado con sus hijos se le había olvidado comerlo.
— Bien. Así que, ¿qué planes tenemos hoy, cumpleañera?
— Mmmmmm. Mis padres querrán venir a felicitarme. Y Harold también vendrá.
— Mis padres también. Jamás se perderían tu cumpleaños. Y todos mis hermanos vendrán por la tarde cuando salgan de sus empleos.
— Es cierto. ¿Crees que Vic y Teddy vendrán? ¿Y Dominique y Alexia?
— Creo que Fleur les mandará un vociferador si no vienen. Ya sabes cómo se enoja si su marido o sus hijos faltan a una fecha clave de la familia.
Hermione asintió.
— Habrá mucha gente en casa.
— Lo sé. A veces es complicado ser parte de la familia Weasley. Incluso para mí, que lo soy desde que nací.
— ¿Cuándo tendremos tiempo para ti y para mí? — preguntó Hermione con voz melosa acercándose a su marido.
— Podemos ir a comprar la comida para esta tarde — Ron sonrió y habló con voz un poco titubeante.
— Y mirar una película.
— De las románticas no — A Ron no le gustaban nada las películas rom-com.
— Ni ese intento de comedias en las que hacen humor absurdo — Hermione se mostró firme.
— Una película policíaca
— Bien — le secundó Hermione.
— Con palomitas.
— Ron, acabamos de desayunar.
— ¿Qué es una película sin palomitas? — le preguntó Ron como si fuera lo más lógico del mundo.
Hermione iba a responder cuando oyó un sonido en la ventana. Miraron en la dirección del ruido y vieron a varias lechuzas con pergaminos atados a sus patas.
Se levantó, con cuidado de no tirar la bandeja, y abrió la ventana. Las lechuzas le tiraron todas las cartas y se fueron.
La bruja las recogió del suelo. Con un movimiento de varita, Ron hizo que la bandeja se trasladara a la cocina.
Se dirigió a su esposa para ayudarla con los sobres.
Todos eran de sus familiares. Willam y Jean Granger, Arthur y Molly Weasley, Bill y Fleur, Charlie, Percy y Audrey, George y Angelina, Harry y Ginny.
— Lechuzas de Hogwarts — dijo Ron mirando la ventana.
Como no, los sobrinos Weasley que todavía estaban en Hogwarts: Fred, James, Roxanne, Molly, Lucy, Louis, Albus y Lily.
— Ah, mira. Más lechuzas. ¿De quién serán las felicitaciones?
— Neville y Luna, Teddy y Victoire, Dominique y Alexia, la profesora McGonagall, el profesor Flitwick, la profesora Sprout y madame Pomfrey, Hagrid. Ah, mira, Hagrid, Luna y Neville dicen que vendrán esta tarde. — Hermione iba mirando cada uno de los remitentes.
— Otra lechuza — señaló Ron, mirando la ventana, que habían dejado abierta.
— Carta de Harold — Hermione sonrió.
Fue toda una sorpresa ir a Australia en busca de sus padres y ver habían tenido un bebé como Wendell y Monica Wilkins con los recuerdos alterados. Hermione había sido hermana mayor a los dieciocho años. Aunque después del susto, todo fueron alegrías. Y más aún cuando Harold resultó ser un mago también.
— Deberíamos vestirnos y prepararlo todo para esta tarde.
Hermione asintió estando de acuerdo.
— Por cierto, antes de que se me olvide — dijo Ron — prefiero darte esto ahora antes de que venga más gente.
Abrió el armario y sacó una pequeña bolsa.
Hermione sonrió y la abrió.
Era un pequeño jersey de punto con tonos lilas, rosas y blancos.
— Gracias, Ron. Me gusta mucho.
— Pruébatelo. Creo que he elegido la talla correcta.
Hermione se lo probó. Le quedaba muy bien.
— Te queda bien. — dijo Ron.
Hermione se miró en el espejo de cuerpo entero que tenían en su habitación. Todavía tenía una sonrisa boba en sus labios.
— Deberíamos irnos ya a comprar toda la comida para tenerlo todo listo para esta tarde. — se giró hacia su marido.
Compras los dos juntos, una película y una tarde celebrando su comida con la familia y amigos.
Hermione no podía desear nada más.
Dos capítulos en un día. Está bien.
Este creo que es más cortito que los demás. En los otros la guerra era muy reciente, en la época en la que se basa este fic (trece de septiembre de 2022, ayer), la Segunda Guerra Mágica ya está en los libros de historia.
Me ha gustado explorar la vida de Hermione y Ron en su vida de casados. Siguiendo una rutina, disfrutando de las pequeñas cosas, dinámicas de pareja...
Con el tema de la cocina, he visto dos headcanons: o cocina Ron porque Hermione no sabe o al revés. Y aunque los dos son muy divertidos, me gusta más el primero. Creo que lo que hace a Hermione perfecta son sus defectos. La perfección humana no existe. Por mucho que Hermione quiera ser perfecta, no lo es. Y eso es lo que más me gusta de ella.
Vi el headcanon de que los señores Granger tuvieran un bebé en Australia bajo la falsa identidad de Wendell y Monica Wilkins y me enamoré. Con solo imaginar la cara de Hermione... Y de ahí nació Harold Granger, mi OC hermano de Hermione.
Hasta la próxima
