Filius Flitwick


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling


Todos estaban muy tranquilos en la sala de los profesores. Habían terminado las clases y los maestros se dedicaban a corregir ensayos y a cotillear entre ellos.

— ¿Qué te parece Hogwarts siendo profesor, Remus? — preguntó Pomona a su ex alumno.

— Bien, la experiencia está siendo muy diferente. He reconocido a los hijos de antiguos compañeros.

— Sí, siempre es bastante divertido ver las parejas que se han formado y como van ampliando su familia.

Remus asintió.

— Espero que estés pasando un magnífico cumpleaños, Filius — Minerva se dirigió al profesor de encantamientos.

— Bueno, a mi edad ya no queremos cumplir más años. Que ya nos hacemos viejos.

— No sois viejos — dijo Aurora Sinistra, una de las profesoras de la generación de Remus — muchas personas más jóvenes que tú ya les gustaría tener tu agilidad para los duelos, Filius.

El semiduende sonrió. No sabía si tomárselo como un cumplido por decir que todavía era uno de los mejores duelistas del mundo mágico británico o tomárselo como un insulto por llamarlo viejo indirectamente. Decidió optar por la primera opción.

Severus estaba sentado en un sillón bebiendo una taza de té, cuando la terminara se pondría a corregir ensayos y a preparar la clase de mañana. No le gustaba mezclar comida y pergaminos. Solía acabar en desastre.

De repente, entró Albus Dumbledore con una cara muy feliz. Arrastrando a un enfurruñado Argus Filch y a una cabreada Irma Pince. Severus se temió lo peor.

— Queridos compañeros, ¿qué hacéis aquí tan tranquilos? El profesor Flitwick cumple años hoy. Deberíamos estar celebrándolo. — a Albus Dumbledore le encantaba celebrar los cumpleaños de todo el personal docente de Hogwarts, desde la subdirectora hasta el conserje.

— No es necesario, Albus — y como todos los años, para algunos miembros del profesorado, ser el centro de atención podía resultar ser algo embarazoso.

Dumbledore hizo desaparecer los pergaminos con un movimiento de varita, llevándolos a los despachos de cada uno de sus colegas e hizo aparecer guirnaldas y globos con un movimiento de varita.

Severus y Minerva rodaron los ojos. Daba igual los años que hiciera que convivieras con Dumbledore. Nunca te acostumbrabas a las excentricidades del viejo.

Albus dio unas palmadas y aparecieron platos con dulces, sándwiches y otros pequeños manjares.

— Feliz cumpleaños, Filius. — Dumbledore parecía incluso más feliz que el propio cumpleañero. — Rubeus vendrá enseguida y Poppy no puede dejar la enfermería por si se lastima algún alumno, pero dice que intentará hacer un hueco.

— Gracias, Albus. Y dile a Poppy que no se preocupe.

Un elfo doméstico trajo una tarta y Hagrid y Poppy llegaron para no perderse la parte más importante de la celebración.

— Gracias a Merlín, no hay nadie en la enfermería. He dejado a mi elfina a cargo de todo.

— He dejado a un elfo a cargo de la biblioteca. Por suerte no hay muchos alumnos. No quiero dejar a mis libros sin vigilancia cerca de esos mocosos. — Irma Pince se veía preocupada. Por sus libros, no por los estudiantes. Prioridades.

Cantaron la canción del cumpleaños feliz.

Con un movimiento de varita, Filius se elevó de su silla, adaptada a su tamaño, se elevó para soplar las velas.

Los profesores aplaudieron.

Dumbledore cortó la tarta.

Con un movimiento de varita, hicieron aparecer sus regalos, incluido Remus, el profesor de DCAO de este año. Cada año, Albus le decía al nuevo docente de DCAO (o a algún otro profesor si se tenía que rellenar una vacante por algún motivo) que los cumpleaños del personal de Hogwarts se celebraban siempre, adjuntándole un calendario con las fechas y la edad que cumplía cada uno. También se ofrecía a darles algún consejo sobre qué regalarles.

Se sentaron y comieron la tarta. La favorita de Filius, pastel de nata con mermelada de fresa. Argus y Hagrid pidieron repetir el pastel, Pomona pidió un trozo pequeño porque estaba a dieta, Sybill contó que no hubieran doce personas a la mesa antes de sentarse y dijo que los astros le auguraron que hoy habría una celebración entre el profesorado, Severus y Minerva rodaron los ojos. ¡Claro que habría una fiesta hoy entre los docentes! Todos sabían que hoy era el cumpleaños de Flitwick.

Poppy comió su trozo a toda prisa, pidió llevar otro a la enfermería, le dio su regalo a Filius y se despidió invitándolos a tomar el té en su despacho esa misma noche. No le gustaba dejar la enfermería desatendida por si venía algún paciente. Albus cumplió su pedido de inmediato, cortando un trozo de tarta y llamando a un elfo para que se lo trajera.

Una vez terminado el pastel, los profesores le tendieron sus regalos a Flitwick. Algunos eran incluso más grandes en tamaño que el propio profesor de encantamientos. Hagrid se puso a llorar y se secó las lágrimas y los mocos con su pañuelo de cuadros. Siempre lloraba en las fiestas, su corazón se ablandaba más de lo normal.

La mayoría de los regalos eran libros sobre encantamientos, algunos incluso sobre hechizos inventados en el extranjero. También sobre tácticas de duelo. Otros incluso de duendes de otros países que consiguieron cargos importantes. Filius siempre había sentido afinidad por los duendes, al fin y al cabo, su madre era de esa raza. A causa de ello había recibido burlas por parte de algunos compañeros en Hogwarts debido a su falta de altura. Acalladas con un hechizo, por supuesto. Los castigos y las detenciones merecían la pena.

Severus le tendió su regalo a Filius. Un disco con su canción clásica favorita tocada al piano. Él mismo se había grabado mientras la tocaba.

— ¿Por qué no la tocas en directo para nosotros, Severus? — pidió Pomona. A todos les agradaba escuchar a Severus tocar el piano. Excepto a Dumbledore.

— No lo sé, Pomona. — Snape parecía nervioso y se tensó. No quería que Lupin, un miembro del grupo de los Merodeadores, le oyera tocar.

— Sí, sí, por favor, Severus. Me haría muy feliz — Filius le miró como si fuera un niño pidiendo una golosina.

Todos los profesores insistieron menos dos. Remus no tenía ni idea de las dotes para el piano del profesor de pociones y a Albus no le gustaba escuchar a Severus tocar el piano. Pero no dijeron nada.

Severus se acercó al piano que había en la sala y empezó a tocar. Albus se tensó y empezó a toser y a comer caramelos de limón. Minerva lo miró de reojo. Tenía la teoría de que para Albus ver a Severus tocar el piano le recordaba a algo del pasado. Pero nunca le había sacado el tema.

Cuando el profesor de pociones terminó la canción, todos aplaudieron e Irma se despidió. Dejar la biblioteca sin ella presente con alumnos dentro siempre la ponía nerviosa.

— Todavía recuerdo cuando la profesora Smith decía que eras el mejor alumno de la clase de encantamientos y que si estabas decidido a dedicarte a la enseñanza, serías un digno sucesor. — comentó el director. Una vez estuvieron todos sentaron en la mesa de nuevo.

Filius se sonrojó.

— Eras el mejor de nuestro curso — dijeron Minerva, Irma, Hagrid, Pomona y Rolanda.

Aurora, Séptima, Severus, Charity y Remus se sintieron incómodos. Ellos eran mucho más jóvenes que los demás. Es más, fueron sus alumnos antes de ser sus compañeros de trabajo. A veces, les costaba imaginarse a sus ex profesores siendo niños o a Albus no siendo director.

Argus también se sintió incómodo. Él no había asistido a Hogwarts como estudiante. Así que jamás había podido vivir la experiencia de asistir al colegio como alumno.

— Aquí donde lo veis, Filius ganó tres años consecutivos el club de duelos de la escuela. — presumió Dumbledore a los profesores más jóvenes.

— ¿Por qué no hubo club de duelo cuando nosotros estudiábamos? — preguntó Séptima.

— Porque algunos futuros mortífagos aprovechaban para atacar con más fiereza de la permitida a los nacidos de muggles y porque querían reclutar a toda costa los mejores duelistas. Sin importarles la casa a la que pertenecían.

El ambiente se volvió un poco tenso.

— Vaya, han sobrado algunos sándwiches. ¿Alguien los quiere? — Albus intentó alegrar un poco el ambiente.

Hagrid levantó la mano. Albus le tendió el plato y el guardabosque se los zampó en un santiamén.

— Está noche he pedido a los elfos que hagan tu comida favorita.

— ¿No ha habido suficiente con la comida?

— No.

Albus preparó un té y lo sirvió a sus colegas.


Siempre me ha hecho gracia imaginarme como es la interacción de los profesores sin alumnos de por medio.

La habilidad de Severus para tocar el piano, que hubiera un piano en la sala de profesores, que a los profesores les guste oírlo tocar y que Albus lo odie y Minerva sea la única que se percata de ello lo saqué de uno de mis fics favoritos sobre Snape: Sin Nada En Mi Lengua de Ms. Anthrop y traducido por Ontzilore. Me gustó mucho imaginarme a los profesores alrededor de Severus oyéndolo tocar el piano. Eso sí, si quieres leer el fic prepara pañuelos.

Hasta la próxima