Bella estaba sentada en la cornisa de ladrillo que rodeaba el porche de Edward, viéndolo utilizar la parrilla. Pateó sus talones contra la pared y trató de no babear por el olor de la carne. Él le lanzó una mirada mientras pinchaba los trozos de carne para probar su punto de cocción.

—Sabes, no es exactamente lo que imaginé cuando me dijiste que este era Día de Parrillada y Mamadas —dijo él sin expresión. Ella trató de no sonreír, levantando las cejas inocentemente.

—¿Qué quieres decir? Estás comiendo carne ahora.

Él rodó los ojos.

—No creo que cuente si tengo que cocinarla yo mismo —señaló, tratando de picarla con el tenedor de la parrilla, pero ella se lo arrebató.

—¿De verdad confías en mí para cocinar la carne? —Ella lo picó a él. Continuó antes de que él pudiera responder, aunque ya estaba ruborizándose—. Recibirás tu mamada después, al menos, ¿y esa no es la parte más importante? —Él asintió, como si estuviera considerándolo, y la esquina de la boca de Bella se curvó en una sonrisa mientras le arqueaba una ceja—. Sabes que la mamada también puede aplicarse a ambos, ¿verdad?

Edward resopló.

—Mírate, tratando de actuar como si no te comiera el coño lo suficiente —amonestó, recogiendo los filetes de la parrilla y dejándolos caer sobre un plato, luego se alejó de la parrilla. Bella saltó de la cornisa y lo siguió dentro de su casa. En la cocina, pasó de largo para asaltar la nevera, sacando una botella de la sidra que había puesto a enfriar allí cuando había llegado más temprano. Edward colocó las carnes en platos para cada uno, junto con el puré de patatas y espárragos asados que también había hecho para ambos.

Él era el mejor cocinero de ellos dos, eso era seguro.

Retorciendo la tapa de la sidra, se dio la vuelta y lo encontró sonriéndole.

—¿Qué?

Él se rio, mirando la bebida que ella había elegido.

—¿Sidra, en serio? —Ella frunció el ceño en confusión, bebiendo la sidra, y él la acorraló contra la encimera con su cuerpo, envolviendo sus brazos alrededor de ella—. ¿Recuerdas la última vez que tomaste sidra? ¿O mejor dicho, que me hiciste beberla? —murmuró, y su cara se iluminó al recordarlo. Inesperadamente, su cara enrojeció de calor por el recuerdo, y él bajó la cabeza para acariciar su mandíbula. —Realmente estás tratando de conseguir que te coma, ¿verdad?

No había pensado en eso en absoluto, de hecho, aunque no es que ella se opusiera a ello, si él lo estaba ofreciendo.

—Ummm... —Le estaba costando formular oraciones cuando los labios de Edward estaban tirando sin cesar de la delicada piel debajo de su oreja. Tuvo que dejar la botella en la encimera detrás de ella, por miedo a dejarla caer—. No estaba, um... Ni siquiera estaba pensando en esa noche, en realidad.

—¿No? —dijo, tirando de su cabeza hacia atrás para mirarla. Su nariz chocó contra la suya—. Sabes, ni siquiera me importaba la sidra en absoluto, pero como que me diste el gusto por ella.

—¿Oh? —Bella deslizó los brazos alrededor de su cintura, deslizando sus palmas sobre los músculos de la espalda, su piel caliente a través de su camisa. Él le sonrió.

—Tienes sabor a manzanas desde entonces. Y me gusta —murmuró, sus labios acariciando los de ella antes de que él inclinara su boca sobre la suya. Sus lenguas se encontraron con facilidad, y ella se puso de puntillas para besarlo con más fuerza. Sus dedos se arrastraron hacia arriba y abajo a los costados, rozando las curvaturas de sus pechos, y se estremeció, gimiendo en su boca. Ella sintió su polla endurecida contra su pelvis.

No estaba segura si era por él, pero ella nunca había querido la polla de un hombre en su boca con tantas ganas antes. Tal vez era por el entusiasmo con que él le devolvía el favor (¿Sin embargo, era en realidad "devolver" si él lo hacía sin que se lo pidiera?) Ayudaba el que la suya era la más hermosa polla con la que había tenido el placer de estar familiarizada.

Sus manos se movían por voluntad propia, cayendo al cierre delantero de los vaqueros para desabrocharlos. Edward rompió el beso, exhalando una bocanada de aire mientras miraba hacia abajo.

—¿Qué estás haciendo?

Sus ágiles dedos deslizaron hacia abajo la cremallera, su boca siguiendo la suya.

—Pensé que querías una mamada —ella respiró contra sus labios, empujándose de la encimera para dirigirlo hacia atrás. Él chocó contra la encimera de enfrente, y sus manos se agarraron al borde de ella.

—Bueno, sí, pero ¿qué pasa con la comida? —se rió en voz baja; su tono no parecía preocupado en absoluto. Ella sólo empujó sus pantalones y el boxer hacia abajo para liberar su polla y se dejó caer de rodillas. Envolviendo su mano alrededor de su eje, lo bombeó hasta que se hinchó por completo y luego le lamió la cabeza de la polla de forma deliberada. Edward inclinó la cabeza hacia atrás mientras emitía un gemido suave, y Bella continuó recubriendo su carne hinchada con saliva, lamiendo un sendero alrededor de la cresta, hasta la base y de nuevo a la cabeza. La mano de él liberó su agarre en la encimera para pasarla a través de su pelo, palmeando la parte posterior de su cabeza, y ella abrió la boca para llevarlo más adentro.

Edward inhaló profundamente y dejó caer la barbilla para mirarla. Siempre le gustaba observarla. Ella trató de mantener el contacto visual con él tanto como fue posible; las pupilas de él se dilataron más, y sus fosas nasales se ensancharon, la boca abierta mientras respiraba profundo, más rápido. Todo eso la ponía más húmeda. Ahuecando sus mejillas, ella le chupó más duro; su mano bombeando la base de su eje, y su lengua empujando su saliva alrededor de su polla mientras movía la cabeza. Los ojos de Edward estaban fuertemente entornados ahora, y gimió débilmente, guiando el movimiento de su cabeza con la mano.

Cuando ella acarició sus bolas, rodándolas en su mano libre, la cabeza de él cayó hacia atrás, y él gimió más fuerte.

—Mierda —dijo entre dientes, desenredando la mano de su pelo para agarrar la encimera de nuevo. Sus caderas comenzaron a mecerse hacia adelante, empujando su polla en su boca; su mano sobre su eje le impidió ir demasiado lejos. Ella no podía llevarlo tan profundo en su garganta, al menos no todavía. Tal vez algún día podría hacer eso por él. Él le dio el mejor sexo oral que jamás había experimentado en su vida; y quería ser capaz de hacer lo mismo por él.

—Me voy a correr —advirtió con voz ronca, perdido en una bruma de euforia, e inclinó la cabeza hacia delante de nuevo para verla; se esforzaba por mantener los ojos abiertos, y ella le sostuvo la mirada, los labios bien envueltos alrededor de él. La mano de Bella agarró su polla más firmemente también, la boca y el puño conectándose casi violentamente mientras lo chupaba. Sus bolas se apretaron en su mano, y ella instintivamente metió la lengua hacia atrás para coger su semen mientras se venía con un gruñido, sus caderas ondulándose hacia su rostro. Su polla palpitaba en su boca mientras se vaciaba, y sus ojos estaban fuertemente cerrados, sus labios se abrieron mientras jadeaba en busca de aire.

Una vez hubo terminado, se tragó el semen y deslizó su polla de su boca, lamiendo sus labios. Ella le ayudó a meterse a sí mismo de nuevo en sus pantalones, y luego la atrajo hacia él. Sus mejillas estaban rojas, y sus ojos de color verde oscuro vidriosos, pero él le sonrió. Ella sintió que se sonrojaba, sonriendo con timidez cuando él dio un beso en los labios.

—Ahora los filetes están fríos —dijo con ironía, y ella se rió—. Tengo que ponerlos de nuevo en la parrilla por un momento.

Bella se encogió de hombros.

—Está bien, está bien. Ya tuve mi aperitivo.

Edward rió de buena gana, con el brazo apretándola contra su pecho, luego le dedicó una sonrisa lobuna, levantando las cejas.

—Bueno. Vamos a apresurarnos y comer entonces, para que pueda tener mi postre.