Hola, hola, Luna de Acero reportándose.

Bueno, dejaré esto por aquí y me iré rápido. Por cierto, serán tres capítulos, el próximo es el final, ajio, ajio. Bye.

Dedicado a Fa Teufell y Lindsey Lobo


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.

Advertencias: Primer capítulo tranquilo, llevadero, algunas que otras palabras altisonantes, en mi país decimos "puteadas", nada más, ah si, un poco de violencia pero en defensa propia, inmadurez, eso sería.


.

.

"La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener".

Gabriel García Márquez

.

.

Levi llegó a la casa junto con su amiga Petra. Una bonita omega de casi su misma altura, vocecita de princesa y sonrisa angelical. No estaba muy seguro qué había hecho para que esa chica quisiera estar cerca de él, considerando que era muy malo para las charlas.

Pero desde ese día que a ella se le había caído el tupper con el almuerzo y él le había compartido el suyo todo había cambiado. Le gustaba su compañía, era como una pequeña luciérnaga que iba alumbrando todo con su cálida luz. Petra olía bonito, no estaba seguro si era un perfume artificial o bien eran sus feromonas, aún no estaba muy diestro en eso de distinguir olores, pero sin dudas le agradaba. Más allá de un tema de géneros, era su trato, Petra era amable, suave cuando se dirigía a él. Además no tenía muchos amigos, siempre lo dejaban de lado, tampoco es que tuviera tanto tiempo libre, de manera que se había acostumbrado a ser ignorado por la mayoría. Era lindo tener alguien con quien conversar, para variar.

Era la primera vez que ella le ofrecía acompañarlo a su casa, si bien ella vivía al fondo del mismo conglomerado de casas, Levi nunca había visto que tomara ese camino, según ella debido a que en el que tomaba habitualmente se estaban juntando grupos de chicos problemáticos y mejor evitarlos. Por él estaba bien, le estaba ayudando y de paso podía conversar un poco más, que no es que no le gustara, pero era tan malo en eso que pensó que tal vez podría aprender con ella.

—Levi, ¿por qué dices eso? Tú tienes bonitos ojos, y oye, debes pasarme la receta de esas albóndigas que hiciste hoy, uf, ¡estaban super delis!

—No hay tantos secretos, ¿sabes? Mi mamá dice que mi abuela le enseñó, solo agarras el pan viejo que tienes en tu casa, pero no tan viejo, y lo aprietas así —decía mostrándole con las manos—, y luego le hechas medio vaso de leche o menos, depende de cuánto pan, para que remoje, lo dejas un rato y luego lo desmenuzas y eso vas a mezclarlo con la carne, las especias, un huevo batido, es muy sencillo. Dicen que suaviza los sabores, yo no sé.

—¿Cómo no vas a saber? ¿No las probaste acaso?

—Sí, pero es como… no sé cómo explicarlo, comer algo que hice yo mismo no es tan interesante.

—Pues si necesitas una opinión objetiva me la puedes pedir a mí, Levi —dijo ella sonriéndole.

—Claro, claro, aunque soy bueno para los postres pero para las cosas saladas… ahí ya no sé bien, hago lo que puedo.

—¡No seas humilde! —Se rió ella empujándolo con la cadera con suavidad—. Cocinas realmente exquisito, como un profesional.

Levi se rascó la nuca, si bien estaba complacido con el halago, se preguntaba si Eren pensaría lo mismo sobre él, sobre que su comida era fuera de lo común. Debería mejorar pronto, seguramente con la ayuda de Petra podría saber si estaba yendo por un buen camino.

Una vez que llegó a su casa, la muchachita le dejó un sentido beso en la mejilla y se alejó ondeando su mano, siempre sonriendo feliz. Estaba cansado, en la mañana había ayudado a su tío, luego cocinó, fue al colegio y ahora tenía que ir a sacar las hojas que cubrían el patio antes de que llegara su madre. Buscó unas cuantas bolsas de basura para meter allí las hojas y tomó el rastrillo, mientras pensaba en qué podría cocinar para la cena.

Se puso los auriculares y salió, quería apurarse ya que tenía tareas pendientes de la escuela. En cierto momento, ya llevaba más de la mitad del trabajo listo, saltó como gato asustado cuando sintió que le picaban el hombro, es decir, estaba tan concentrado en la música y las hojas, que lo tomó totalmente desprevenido. Era Eren, en su patio, lo miró de arriba abajo dos veces para cerciorarse que no estaba alucinando y luego se sacó los auriculares mientras daba unos pasos hacia atrás tomando distancia. El omega estaba deslumbrante, usaba el short más pequeño y ceñido que Levi le hubiera visto antes, una playera ajustada y lucía su típica mirada de superioridad.

—Ya niño, deja de tenerme miedo.

—N-no, es que, es que, mmm, concentrado y…

—Ya, ya, no trates de explicar lo que no puedes. Como sea, me pregunto como hizo un alpha como tú, no que me esté burlando pero es un hecho que no naciste con el don de la conversación, ¿cierto?, como sea, ¿qué hiciste para echarte noviecita, eh? —Levi tenía ambos manos aferradas al palo del rastrillo y una clara expresión de no entender.

¿Noviecita? ¿Quién? Eren rodó los ojos y se cruzó de brazos.

—La niña esa que te trajo a la puerta de tu casa. Qué rápido cambian los tiempos, ¡mi Dios! Yo siempre creí que los alphas acompañaban a los omegas, es el mundo del revés —sentenció para luego fingir que era interesante mirarse las uñas.

—Oh, ¿P-Petra?

—¿Así se llama? Menudo nombre, pero no la juzgo, ni a su nombre, ni a su mal gusto.

—Es mi compañera, en la escuela, ella es muy a-amable.

—Pues aprovecha, espabila, se nota a leguas que te ha echado el ojo, tan bonita además, no metas la pata —le dijo con seguridad y arrogancia, como si estuviera impartiéndole consejos de persona vieja y sabia.

—Eh, no, ella no es, no, no-

—Deja de balbucear, hombre —lo cortó Eren en seco y lo acorraló rápidamente contra la cerca mientras empujaba su dedo índice sobre el pecho del jovencito—. Ya estás crecidito, o bueno… al menos en edad, tienes que demostrar quién manda, se supone que eres un alpha después de todo. No te pongas pretencioso y saca provecho a esta oportunidad de oro. Deberías besarla u otro te la va a robar.

—¿Qué? No, eso no, porque no es, como-

—No te hagas el monje tibetano, niño, ¿qué a mí sí me podías secuestrar pero a ella un besito no?

—Sssh, ba-baja la voz, mi m-madre puede venir y, eh-

—Solo estoy diciendo la verdad, entonces, ¿eres taaaan virgen que ni siquiera diste un beso en toda tu patética vida?

Levi tragó en seco y se mordió el labio inferior mientras bajaba la mirada, Eren tenía ese poder sobre él, tal vez porque siempre reflotaba ese terrible episodio de su vida que le gustaría borrar de alguna manera, el alpha se puso color bordó y trató de encogerse aún más dentro de su capucha mientras esquivaba la mirada del omega que aunque solo tenía intención de torturarlo, de pronto le pareció que Levi se veía un tanto tierno.

—Entonces es así, nunca le diste un beso a nadie.

—Yo, em, de-debo barrer las, las hojas, así que, así que-

—¿Ella te gusta?

Esta vez Levi lo miró sorprendido y Eren también se sorprendió de su reacción, el omega había estado casi seguro que al jovencito le gustaba esa niñita, ¿entonces, no le gustaba? De cierta manera saber eso era… un alivio.

—No, Petra, um, quiero ser su amigo, solo eso, no, no quiero be-besarla.

—¿Y a mí? ¿A mí sí me besarías?

Eren no pudo evitar reírse porque Levi volvió a ponerse todo rojo y apretó tanto el palo del rastrillo que el mismo crujió. No debería molestarlo, después de todo parecía que Levi seguía teniendo sentimientos por él, sin embargo ese lado malvado y sádico que predominaba cuando estaba con el chico volvió a salir a flote, soltó una suave cantidad de feromonas mientras se acercaba aún más a Levi, quien sentía que el corazón se le iba a salir de lo nervioso que lo había puesto.

—¿Y bien? ¿Tienes ganas de besarme o no? —dijo hablándole sobre el rostro, Levi se olvidó hasta de respirar.

Se quedó hipnotizado observando los rosados y hermosos labios de Eren y preguntándose qué clase de dios se había apiadado de él para darle esa posibilidad. ¡Vamos, qué era un alpha! Y además, ¿no estaba Eren tomando la iniciativa? ¿Acercándose así, hablándole de esa forma tan seductora y engatusándolo con sus feromonas?

—Sí, mucho —dijo con resolución mientras su mirada cambiaba por completo.

Eren puso ambas manos sobre sus hombros y le regaló una sonrisa muy coqueta, bajó dos octavas el tono de su voz y le habló tan cerca del rostro que Levi podía sentir su cálido aliento sobre sus labios.

—Cierra tus ojos, Levi.

Obedeció de inmediato, mientras el cuerpo le temblaba un poco y la sangre se le agolpaba en la cara. Eren se acercó pero evadió sus labios y se acercó a uno de sus oídos.

—Ni de coña te besaría, ¡niñito!

Luego se alejó mientras echaba a reír con ganas, Levi lo miró desconcertado.

—No puedo creerlo, ¿realmente pensaste que iba a hacerlo? No, gracias. Suerte con tu amiguita, nos vemos, debo arreglarme porque mi hermoso novio me viene a buscar a la noche —le palmeó un brazo y luego pegó un brinco para cruzar a su patio.

Levi apretó los labios y tiró el rastrillo para irse muy molesto a encerrarse a su casa. Corrió a su habitación y tomó un almohadón de su cama para apretarlo contra su rostro y gritar de pura frustración. Estaba tan enojado, maldito omega egoísta, nunca más volvería a creerle. ¡Nunca, nunca, nunca!

Se tiró boca arriba en su cama mirando el techo y revolviéndose en su propia bronca, mientras pensaba y pensaba. Su alpha interno se enroscaba furioso, de repente tuvo una idea brillante, o al menos él creyó que así era. Bajó al primer piso y revisó su heladera, evaluó los ingredientes allí y sacó de su billetera un poco de efectivo para ir a comprar lo que le iba a faltar.

Las próximas tres horas estuvo absolutamente concentrado en hacer dos pasteles medianos de fresas, el favorito de Eren. Dos veces hizo la crema que iba a recubrirlo, porque no le había gustado la consistencia de la primera, tenía que apurarse, a las diez volvería su madre y de seguro alguno de esos alphas idiotas caería a buscar al omega. Puso todo su empeño, decoró con fresas arriba del mismo y con copitos de crema que le quedaron mejor que una pastelería. Suspiró y se secó la frente.

Uno de los pasteles lo dejó en su refrigerador y salió con el otro al patio. Lo dejó en una mesita de la galería y se puso a terminar rápidamente de meter las hojas en bolsas. Cuando terminó se acercó a la cerca, sentía la adrenalina contaminándolo, el omega no había salido, por lo que comenzó a llamarlo a todo pulmón.

—¡Oi, Eren, Eren, ven! ¡Ereeeenn!

Al poco rato el omega sacó su cabeza desde la puerta de su casa que daba al patio.

—¿Qué sucede que gritas tanto, niño?

—Ven, ven un momento —lo llamó mientras se giraba para traer el pastel.

Eren apenas vio esa exquisitez, que desde lejos se veía increíble, ni dudó en acercarse de inmediato.

—Oh, vaya, ¿hiciste eso para mí? —dijo con arrogancia y con su eterna sonrisa mofadora.

Eren estaba deslumbrante, se notaba que había puesto esmero en arreglarse, peinarse y acicalarse para su cita.

—Pensé que estabas enojado conmigo —dijo burlón y se relamió al ver el pastel.

—Este no es para ti, solo quería tu opinión, estuve pensando y, voy a regalárselo a Petra, ¿qué dices, se ve bien? ¿Quedará mal si le hago corazones con sirope de fresa?

Eren cambió su semblante y cruzó sus brazos.

—¿Pero qué es esto? ¿Vienes a restregarme en la cara ese hermoso pastel solo para decirme que se lo vas a dar a tu amiguita? Eso no se hace.

—Te lo regalaría a ti, pero bueno, seguro tu novio puede hacerte uno mejor, ¿cierto?

Eren cedió a una sonrisa y ladeó su cabeza.

—Ya, estás celoso, lo entiendo. Pero anda, no seas malo, dame una porción aunque sea, no es justo que me antojes, además, solo bromeaba, no seas rencoroso.

Levi sabía perfectamente lo goloso que era Eren y por eso estaba casi seguro que le iba a pedir que le convidara. Suspiró y se dio ánimos para la última parte de su plan.

—¿Tú novio no se va a molestar si yo te doy el pastel?

—Ush, no le voy a decir, será un secreto entre los dos —dijo el omega guiñándole un bonito ojo.

—De acuerdo, entonces te lo daré todo.

Eren sonrió contento y se acercó más estirando los brazos para agarrar su codiciado bocado, con lo que no contaba era que Levi iba a tomar un enorme pedazo de pastel con sus manos y se lo iba a embarrar en toda la hermosa cara que portaba.

—¡Arhg, hijo de tu puta ma-

Otro proyectil de pastel que le lanzó Levi con habilidosa puntería al rostro, y luego le tiró el resto embarrándole la preciosa ropa y el pulcro cabello. Eren comenzó a gritar como loco.

—¡TE VOY A MATAR, LEVI! ¡ENANO DE MIERDA, ESTÁS MUERTO!

El alpha salió corriendo como todo un valiente adentro de su casa, mientras aún se escuchaban los alaridos del omega insultándolo en todos los idiomas. Sentía que le iba a reventar el corazón dentro del pecho, tenía la mano y su propia ropa llena de merengue y crema, cuando miró al frente estaba su madre que recién había llegado del trabajo.

—¿Levi? —luego se giró al escuchar como su timbre sonaba con insistencia mientras escuchaba a Eren gritando con furia—. ¿Pero qué sucede? ¿Me puedes decir que ha pasado?

—N-no a-abras, no abras, por favor, mamá, luego te explico, lo juro.

—¿Qué?

Levi se fue a encerrar a su cuarto y Kuchel quedó asombrada, finalmente fue a atender y casi se cae en sus cuartos traseros al ver a su vecino Eren con la cara transfigurada de furia y embarrado de pies a cabeza en algo así como pedazos de crema y bizcochuelo.

—¿Sí?

—¿Dónde está tu hijo? —dijo Eren con los ojos inyectados en furia y afortunadamente se activó el instinto protector de la mujer que cerró la puerta detrás suyo y puso cara compungida atendiéndolo en la galería.

—Le-levi se, se está bañando, oh, ¿qué te ha pasado, Eren?

—¿Qué qué me ha pasado? ¡Pues que el idiota de su hijo me ha tirado todo un pastel encima! ¡Mire, mire!

—¡Ah, caray! Pero no entiendo, ¿por qué haría algo así?

—¡Porque es un inadaptado! Mira, Kuku, yo no tengo nada en contra tuyo, pero esto no va a quedar así, ¿eh? ¡No va a quedar así!

Justo en ese momento se sentía un auto llegar a la casa de los Jaeger tocando bocina y Eren gruñó con fuerza. Y luego se retiró a pasos fuertes, mientras mascullaba insultos. Kuchel volvió a su hogar y fue a desplomarse en el sillón tratando de entender semejante despliegue de ferocidad. Le llevó unos minutos serenarse y luego se puso de pie para ir hacia la habitación de su hijo.

—Abre —ordenó con poca amabilidad.

Levi demoró algunos segundos pero finalmente obedeció. Kuchel entró con el rostro serio y se sentó en la cama al lado de su hijo.

—Mamá y-

—No digas nada. Vas a escucharme, Levi Ackerman. Hace treinta y cinco años que somos vecinos de los Jaeger y jamás, jamás hemos tenido malos entendidos o episodios como estos, yo no sé qué se te cruzó por la cabeza para actuar como actuaste, pero ¡estás mal! Quiero que reflexiones sobre tus actos, mañana vamos a ir los dos, porque me has metido en este problema también, y como personas maduras y racionales que somos le vas a pedir disculpas a ese chico por lo que has hecho, ¿me has entendido, Levi?

—¿Ni siquiera me vas a escuchar? —dijo el joven apretando sus puños con molestia.

Kuchel suspiró y se giró para enfrentar los ojos llenos de dolor de su retoño.

—No necesito hacerlo, ya me imagino por dónde va esto. Levi, Eren no es un omega para ti —el joven abrió sus ojos sorprendido y luego bajó la mirada—. Lamento ser tan dolorosamente honesta. Y no es porque no tengamos el mismo estatus social, no se trata de eso, él es un adulto y tú eres un adolescente aún, están en diferentes etapas de crecimiento. Incluso si él acepta todos los postres que tú hagas, eso no significa que vaya a enamorarse de ti. Es mejor no albergar esperanzas, hijo. Concéntrate en tus estudios, en ser una persona de provecho, en hacerte un profesional y tal vez más adelante, quién sabe. Ahora, no es el momento.

Kuchel abrazó a su hijo que se resistió al principio pero luego se doblegó a su cariño aferrándose con fuerza. Podía entenderlo, era más que evidente que se le iban los ojos por Eren, su pequeño estaba creciendo.

—Te amo mucho hijo, vales oro, aunque a veces te portes como pendejo, pero ya que, eres inmaduro y eso es normal. Mira que ir a embarrarlo de pastel, ni que fueran dos criaturas de kínder.

Luego comenzó a reírse con ganas y Levi la miró receloso. Su madre le acarició la cabeza y besó su frente.

—Anda, cámbiate de ropa y ven que he traído empanadas para la cena.

Al día siguiente Kuchel fue a hablar a la casa de Eren, para entonces los padres del omega ya estaban enterados y aceptaron las disculpas de la mujer y su hijo. Llamaron a Eren que se acercó con cara de pocos amigos y fulminó con la mirada a Levi.

—E-Eren —dijo con la voz empequeñecida—, quiero pedirte disculpas por lo de ayer, me comporté como un crío, pido perdón a tus padres también, haré lo que sea para enmendarlo.

—Pues no se puede —dijo el omega enojado y sus padres lo miraron sorprendidos—. Me arruinaste mi salida y eso no tiene precio, pasé horas lavando mi cabello, mi ropa se arruinó con la manteca de tu asqueroso preparado.

—Ya veo, no te preocupes, Eren —dijo Kuchel tratando de sonreír—. Levi trabaja en sus ratos libres y tiene sus ahorros, de seguro podrá pagar la ropa que te arruinó.

—Sí, lo haré —dijo el chico mirando el suelo realmente arrepentido.

—Bueno, entonces todo bien —dijo Grisha—, solo fue una travesura, Eren, no te lo tomes tan a pecho. Descuida, Kuchel, todo está más que bien, aceptamos las disculpas del joven, ¿quién no ha cometido torpezas en su juventud?

—Cierto, todos lo hemos hecho alguna vez —aportó Carla también sonriendo.

—Será una buena anécdota para recordar en el futuro —dijo Grisha y finalmente los Ackerman se retiraron.

Levi luego le acercó todos sus ahorros a la señora Carla, le dijo que si faltaba más dinero que le avisara, pero lo cierto es que era mucho más que lo que habían salido las prendas, aunque Eren se negó a usar ese dinero. Seguía mortalmente molesto.

A partir de ese día Levi no volvió a salir al patio de su casa. Si debía limpiar o acomodar, se levantaba a la madrugada, prácticamente antes de que el sol saliera y dejaba todo acomodado. No volvió a espiar al omega, ni a cocinarle. Si antes era escurridizo para salir o volver a su casa, ahora parecía prácticamente un espía.

Con el correr de los días a Eren se le fue pasando el enojo. Cuando salía a tender la ropa o tomar sol, no podía evitar estar completamente atento a que el chico apareciera, hasta incluso llegó a arrojar algunas prendas, echándole la culpa al viento, al patio de los Ackerman, pero siempre era Kuchel quien se las regresaba. Eventualmente le consultaba por su hijo, pero ella le explicaba que estaba muy ocupado trabajando y estudiando.

Eren sabía que Levi había actuado mal, pero también le pesaba un poco la culpa porque lo cierto es que él lo había provocado demasiado. Notaba que cada tanto la niñita esa, la tal ¿Piedra se llamaba? Venía de visita a casa de los Ackerman, lo que le daba la pauta que Levi si estaba, solo que no salía. No le molestaba que la niñita esa fuera tan insistente, lo que de verdad lo hacía rabiar es que más de una vez la había pescado llevándose postres o bolsas de galletas al salir.

Claro, a él ya no le cocinaba, pero a esa chica sí, ¡qué fastidio! Bueno, mejor, porque de seguro iba a subir unos cuantos kilos con tantas calorías y debía cuidar su figura.

Cuando menos quiso acordar llegó la Navidad. Eren convenció a su madre de ir a saludar a los vecinos, pero se sorprendieron de no encontrarlos en casa. Eren volvió a los días, luego de las fiestas de fin de año y se encontró con Kuchel que estaba en plena limpieza. Lo invitó a tomar té.

Colocó unas preciosas galletas en un patito sobre la mesa, Eren las reconoció de inmediato. Algunas con forma de árboles de Navidad, otras de estrellas, otras de muñecos de nieve, perfectamente adornadas con glaseado. Cuando probó una con forma de Santa, sintió una emoción muy grande que le trepó hasta la garganta. Ese sabor, un exquisito gusto que él conocía bien.

—Voy a extrañar sus postres —dijo Kuchel igual de emocionada que Eren, el omega la miró son sorpresa—. Oh, claro, no te lo dije, mi niño se ha ido, lo siento, aún lo estoy procesando —dijo secándose una lágrima con la servilleta de papel—. Finalmente decidió estudiar para Chef, su tío le consiguió unos prospectos de algunas Escuelas de renombre en la capital y él había ahorrado bastante. Claro que lo ayudaré, pero él dice que va a conseguir un trabajo de medio tiempo, que no me preocupe. ¡¿Cómo no me voy a preocupar?! Es mi niño, después de todo.

—Levi… ¿se fue?

—Sí. Vaya que pasan rápido los años, ¿eh? —Kuchel miró con nostalgia cerca de la ventana—. Aún recuerdo como si fuera ayer cuando tenía dos añitos, no llegaba a ver fuera de la ventana, así que hacía una torre con los almohadones del sofá y se trepaba para ver, siempre fue tan inquieto. La casa se siente tan… grande sin él. Mi compañero, yo realmente quería que estudiara aquí, pero es que será mejor allá, tienen a los mejores maestros, es solo que… no ha pasado ni una semana y ya lo extraño tanto. Lo siento, lo siento, te estoy dando este espectáculo lamentable de vieja sentimental.

—Oh, no, no Kuku, no digas eso. Cuéntame más, es divertido saber acerca del pequeño Levi —dijo Eren tratando de que no le ganaran las emociones.

Conversaron largo rato, incluso pudo disfrutar junto a la mujer de un álbum de fotos de cuando Levi era un bebé.

—Mira esta, lo había olvidado —dijo riendo—. Ese día se había metido a la bañera completamente vestido, con zapatillas y todo. "Me voy a bañar" me había dicho, tenía tres años.

Eren se rió también, Levi estaba todo mojado con la ropa puesta y una mamadera en sus manos.

—Tomó mamadera hasta los cinco años, pero ssshh, no le vayas a decir que te conté esto, le da mucha vergüenza ahora. Y hubiera seguido usándola sino fuera que yo la tuve que tirar, ah, lloró mucho, pero era necesario.

—¿Cómo es que se volvió bueno para cocinar?

—Mmm, no lo sé, supongo que debido a mi trabajo. Él quería ayudarme, así que siempre me decía: enséñame esto, enséñame aquello. La primera vez que hizo la cena tenía ocho, me largué a llorar porque se había cortado en la mano. A partir de entonces pasamos mucho tiempo juntos los fines de semana, dejaba algunas cosas preparadas a medias y luego él hacía su parte. Decía siempre que le hacía feliz verme disfrutar la comida, tuvo que hacer muchas cosas por sí mismo, muchas horas solo.

"Eso explica por qué ideaba planes tan estúpidos", pensó Eren, pero luego una sonrisa floreció en su rostro. Levi no era malo, solo había sido un chico que pasaba mucho tiempo solo, él no había sabido entender eso, aunque no era su culpa, se sentía un poco mal de haberse burlado tanto.

—Oye, Eren, vuelve cuando puedas y toma el té conmigo, ¿quieres? —le pidió Kuchel tomando su mano una vez que el chico estaba por retirarse—. Levi prometió mandarme cajas de masitas y galletas mes a mes, sería un desperdicio que las comiera yo sola.

—Claro que lo haré, Kuku —dijo Eren dándole un sentido abrazo—. Por cierto, si te llama, mándale saludos de mi parte y dile que, estoy muy molesto que no se haya despedido.

Ambos sonrieron y eren se fue. Kuchel suspiró, era muy difícil vivir sin Levi. En contrapartida, a Levi la realidad lo había aplastado. Rentaba una habitación en un piso de estudiantes, no era de lo mejor pero no estaba tan mal. Sin embargo no quería depender de su madre y principalmente no quería ser una carga, de manera que había conseguido un trabajo en el parque industrial, quedaba un poco lejos y la paga no era lo mejor, pero al menos le permitía cubrir casi todos sus gastos. Se encargaba de cargar y descargar camiones con materiales para la construcción. Llegaba molido del trabajo, para bañarse, comer a las apuradas y asistir a la academia El Gourmet, donde tomaba sus clases.

Nunca se había imaginado lo difícil que era, había mucho por aprender, muchos trabajos de investigación, y su principal problema es que no contaba con una cocina propia para hacer muchas de sus prácticas, de manera que había arreglado con algunos de sus compañeros que lo dejaran usar la cocina del lugar a cambio de que él les preparara los almuerzos o a veces las cenas. Aunque para todos era bastante beneficioso, para él se volvía una tarea extra.

A veces sentía que cualquier día iba a colapsar del cansancio, pero ni modo, hasta que no pudiera tener un mejor trabajo para rentar un departamento, tendría que arreglárselas. Dos o tres veces por semana conversaba con su madre por video llamada, se contaban las novedades y se decían lo mucho que se querían y se extrañaban-

—Hijo, tienes unas ojeras muy marcadas, debes descansar más.

—Sí, mamá, cuando el día tenga treinta horas, te juro que no es a propósito.

—Por favor, no te sobre exijas tanto. Por cierto, quería mostrarte al nuevo integrante de la familia.

—¿Mmm?

—Ven Popis, saluda a tu hermano.

—¿Hermano? ¿Mamá? ¿Qué es eso?

—Lo adopté ayer, mira qué lindo es —decía mientras estrujaba a un perro bulldog entre sus brazos, Levi levantó su labio superior con asco.

—Es horrible y además ¿Popis? ¿En serio? Parece que le estás diciendo mierda.

—¡Levi! No seas así con tu hermano.

—No digas que esa cosa es mi hermano, por todos los cielos. Y ni se te ocurra traerlo cuando vengas a visitarme.

—¿Estás loco? No puedo dejarlo solo, es un bebé.

—No mamá, es un puto perro, déjalo con el tío, aquí no tengo lugar, apenas cabemos los dos cuando vienes.

—Antes que me olvide, que dice Eren que si puedes hacer galletas de jengibre que son sus favoritas.

—No me digas, encima pretencioso. ¿Sigue yendo a tomar el té contigo?

—Sí, ese chico es tan dulce, sin falta viene todos los sábados, de hecho elegimos a Popis con él.

Levi rodó los ojos y se cruzó de brazos.

—No te pongas celoso, mi amor.

—Cómo si fuera a estar celoso de un puto perro, espero te hayan hecho un descuento por lo feo que es.

—¡Levi! No lo compré, fuimos a una casa de adopciones, sus dueños anteriores lo abandonaron, ¿puedes creer? ¿A esta belleza?

—Mamá, la soledad te está afectando, búscate un novio cuanto antes.

—Mira quien habla, ¿y tú? ¿Ya conseguiste a alguien?

—¿En qué tiempo, mamá? ¿No te digo que apenas puedo dormir?

—Te vas a volver gruñón y arisco, hijo, la juventud pasa demasiado rápido.

—Ya, no quiero escuchar ese sermón otra vez, mejor iré a descansar. Que a esa cosa ni se le ocurra entrar a mi cuarto, ¿oíste?

—Sí, amor, cuídate mucho, te quiero, hijo.

—Y yo a ti.

—¿Le digo a Eren que le mandas saludos?

—No.

—Que agrio.

—Adiós, mamá. Adiós Popó.

Y cortó la llamada. Apoyó su frente contra la pequeña mesita que fungía se escritorio en su cuarto. Aún le dolía escuchar ese nombre, aún sentía que los fragmentos de sentimientos rotos dentro de su pecho no podían reponerse del todo. Seguía escuchando las palabras de su madre como un martillo sobre su cabeza: "Ese omega no es para ti". Lo sabía, tal vez siempre lo había sabido, ¿pero cómo le hacía entender a su estúpido corazón? ¿Cuánto tiempo tenía que pasar para sobre ponerse?

Tenía el número de Eren pero nunca se había animado a escribirle, nunca se animaría tampoco. Entendía que lo mejor que podía hacer era alejarse, ya sea por su inmadurez o porque a Eren le divertía burlarse de sus sentimientos, no tenía sentido ni siquiera aspirar a una amistad. Se tapó con la colcha y apagó la luz, trató de olvidarse de ese dolorcito instalado en el pecho. Hacía unos días un compañero de la academia lo había invitado a salir, también una chica en su trabajo, ambos omegas, no le eran indiferentes, a veces realmente deseaba tener alguien a quien abrazar.

Sin embargo había dos cosas por las que desistió educadamente de aquellas invitaciones, una era la clara falta de tiempo, no quería estar postergando cosas y no podía darles lo que merecían, y la segunda, ah, la segunda era una tontería tan grande. La segunda es que siempre había soñado con que su primer beso sería con Eren. Aún parecía que la madurez no llegaba a ese rincón oscuro de su corazón.

.

By Luna de Acero.-