Hola, hola, Luna de Acero reportándose.
Luna, que te pasa que no estás escribiendo un lemon super explícito para este Riren? Nu sé, no lo hay, no etciste, jajaja. Bueno, no los entretengo más, tal vez esta historia solo deba quedar con ese aire inocentón con el que la inicié, tal vez más adelante les escriba un Riren por aparte, un one shot, como una continuación de este fic (pero publicado por aparte) para satisfacer sus deseos morbosos, bah, si es que quieren ustedes, quieren?
Dedicado a Fa Teufell y Lindsey Lobo
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.
Advertencias: Último capítulo, fluff, situaciones humorísticas, algo de tensión, sentimientos, en fin, no se preocupen no puse drama, así que disfruten tranquilos.
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"A veces no es amor, sino simplemente mucho hambre".
Luna de Acero (con hambre)
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Se levantó temprano y bajó para prepararse un café. Al parecer todos estaban dormidos aún, ahora habían adquirido esa costumbre de levantarse tarde los fines de semana. Cuando él vivía en la casa, no importaba si era domingo, su madre lo hacía madrugar. Popis le saltó con insistencia encima de las piernas como un desesperado y suspiró rodando los ojos.
—Espera que me prepare un café al menos, bola de pelos —le dijo con apatía.
No le gustaba el perro, pero contrario a sus sentimientos el canino lo seguía para todos lados meneando el trasero, porque como tenía la colita tan corta demostraba su felicidad de esa manera. De todos los residentes de la casa, parecía que el animal lo prefería a él, ¡qué fastidio!
Se sirvió una taza térmica grande, se puso una campera liviana y salió al patio para que el adefesio enano hiciera sus necesidades. Hacía frío y se abrazó a si mismo mientras se sentaba en las escaleras de la galería, observó como el perro ladraba y espantaba a unos gorriones que estaban sobre la cerca. Ese animal tenía una energía increíble. Bebió un largo trago de su café y carraspeó.
Debería arreglar un poco ese lugar, había malezas en algunos sectores. Las cosas habían cambiado mucho en esos cuatro años. No solía volver a su casa, incluso en época de vacaciones trabaja más fuerte para poder ahorrar para comprar los implementos de cocina que necesitaba. Ahora vivía por su cuenta en un apartamento de un solo ambiente en la capital, ya estaba terminando sus últimos exámenes y había comenzado un curso de repostería profesional.
Había hecho unos cuantos amigos y hasta se daba el lujo de salir alguna que otra noche a beber con ellos y divertirse un poco. Además sentía que no se acostumbraba del todo a esta nueva realidad. Su madre hacía tres años había empezado a salir con esa mujer omega, Alma, que estaba divorciada. De por sí no le agradaba la gente divorciada. Habían salido cerca de un año, se habían peleado, se distanciaron unos meses y luego volvieron a salir. Ahora estaban casadas, no solo eso, la pequeña hija de la mujer había ido a vivir con ellos. Historia, era una niña muy agradable y bonita, sin embargo él sentía que había sido desplazado, pero tenía que aceptarlo, prefería eso a que su madre se quedara sola. Convivir con tres omegas mujeres no era fácil.
Extrañaba un poco compartir con su madre como cuando era niño, le costaba no ser el centro de atención, y aunque lo entendía, se sentía solitario. No encajaba en esa nueva familia, tal vez por eso evitaba volver a su casa, pero cuando su madre le suplicaba, no podía decir que no.
Sacó un paquete de cigarros y prendió uno, Popis vino a saltar a su alrededor con una pelota en la boca, toda babeada, y Levi hizo un mohín de disgusto.
—Sal de aquí, no quiero jugar contigo.
El perro abrió la boca para que la pelota rodara cerca del alpha y comenzó a saltar ladrándole, de manera que Levi suspiró y tomó con cuidado la apestosa bola y se la lanzó lo más lejos posible. El perro salió como una flecha hacia su objetivo, le ganó la ansiedad y se tropezó y rodó unos metros por la grada, el chico se rió bajito de la torpeza del animal. Tomó una bocanada grande de su cigarrillo cuando sintió una voz grave justo encima de su cabeza.
—Fumar hace daño.
Escupió el humo y comenzó a toser sin parar mientras se le nublaba la vista por el sofoco. Se giró para ver la figura alta y espigada de Eren demasiado cerca. Popis vino corriendo a ladrarle al intruso, pero Eren se acuclilló y al instante se dejó acariciar jadeando con la lengua afuera por el esfuerzo.
—Te lo dije, es dañino.
—No más que el cigarro – retrucó Levi.
Apagó el pitillo y bebió un poco de su café para aclarar su garganta.
—Se dice buenos días, primero.
—Sí, sí, buenos días —dijo Eren mientras apretaba los mofletes de Popis que ahora estaba encantado con las atenciones—. Parece que alguien se levanta de malas, ¿cierto, Popis, cierto? —Eren tiró la pelota y el perro salió corriendo feliz otra vez—. Así que volviste, ¿ya terminaste tus estudios?
Levi intentó disimular un gruñido en respuesta, no le daba ninguna confianza que el omega se le acercara a conversar, nunca terminaban en nada bueno sus charlas. Aunque la última vez hubiera sido esa donde lo había embarrando de pastel. Luego de eso se habían saludado una que otra vez, muy esporádicamente cuando Levi volvía a su casa, era obvio que al alpha lo seguía evitando como la peste. Pero bueno, ya había pasado mucho tiempo, podían dejar todos esos resentimientos atrás.
—Aún no, pero estoy cerca.
Eren caminó y se sentó a su lado, Levi lo miró de reojo y trató de esconder su rostro dentro de la taza, debería haber dejado salir al perro y quedarse adentro tranquilo bebiendo su café.
—Tranquilo no te voy a morder —bromeó Eren tratando de distender el ambiente—. ¿Ya no haces postres?
—No tengo tiempo.
—¿Y hasta cuando te quedas?
—El otro fin de semana ya debo irme, tengo unos exámenes que se acercan.
—¿Volverás aquí o echarás raíces en la capital?
Levi se encogió de hombros. Eren le apretó uno de los brazos y el chico, ahora casi un hombre se sobresaltó en su lugar.
—¡Mírate, todo lleno de músculos! Dices que no tienes tiempo pero de seguro entrenas fuerte.
—Mmm, no, hace años que trabajo en carga y descarga de un corralón, es por eso.
—Oh. ¿Y tienes novia, o novio?
Levi se quedó en silencio unos segundos mientras giraba la taza entre sus manos, si le decía la verdad de seguro Eren se burlaría como hacía siempre, mentirle tampoco era una opción porque de seguro su chismosa madre lo mantenía al tanto de cualquier información nueva, de manera que resolvió ser ambiguo y que se imaginara lo que quisiera.
—Siempre hay alguien…
Eren se quedó en silencio y volvió a tirarle la pelota a Popis que seguía exaltado, a Levi le llamó la atención que no estuviera mofándose como solía hacer.
—¿Y tú? ¿No te has decepcionado bastante ya? —se aventuró Levi y volvió a beber de su café, escuchó como Eren bufaba y se refregaba las manos por el frío, tenía la punta de la nariz levemente roja.
—La verdad, sí, me he decepcionado bastante, tal vez me quede soltero para siempre.
—Te cortaste el cabello.
—Sí, es que, es difícil mantenerlo largo y brillante. Mira también tengo músculos —dijo levantando sus brazos para mostrarle—, estoy entrenando fuerte en un gimnasio del centro.
—Oh, es bueno estar en forma.
Levi se sacó su campera y se la tiró encima de los hombros a Eren que enseguida sintió la calidez de la prenda.
—¿Quieres café? —ofreció con timidez arrepintiéndose al instante ya que solito se había entregado en bandeja.
—¿Es una de tus trampas para embaucarme y secuestrarme otra vez?
Levi rodó los ojos y Eren comenzó a reír a la vez que lo empujaba con rudeza con su cuerpo.
—Ya, ya, era una broma, anda, ríete.
—Y yo que pensaba ofrecerte las galletas con chispas de chocolate que hice ayer, pero ni modo.
—¡Acepto! Al menos esas no me las vas a poder embarrar.
—¿Te comiste un payaso o algo así? —dijo Levi con indiferencia y se puso de pie. Eren lo siguió adentro de su casa.
Se sentó en los sillones cerca de la estufa y pronto tuvo una humeante taza de café frente a su rostro junto a un plato con exquisitas galletas caseras. Tomó una y la olisqueó para llenarse de la deliciosa fragancia. Levi cocinaba cada vez mejor.
Se comió una en tres bocados y se notaba su alegría.
—Prepara muchas antes de irte, por favor.
—¡Qué glotón!
—Oye, estás grande ¿eh? —dijo Eren magreando su cabeza con cariño y Levi frunció el ceño alejándose al otro extremo del mueble, molesto—. Bueno, al menos desde un punto de vista cronológico, porque en cuanto altura, eh, digamos que no.
—Tsk.
—No seas gruñón, hey, no te alejes —dijo moviéndose en el sofá para acercarse de nuevo al alpha, pero Levi se puso de pie, notablemente nervioso—. ¿Tanto me detestas? Pensé que ya habíamos hecho las paces, ¿estoy equivocado?
—No, no es eso —dijo suspirando fuerte y desviando la mirada.
—Entonces, ¿qué es?
—¿Por qué siempre haces esto?
—¿Esto?
—No te hagas… Vienes y eres todo sonrisas y amabilidad y luego tú, tú… te burlas y simplemente te vas con otro —Eren abrió grande sus ojos y su boca con sorpresa, Levi sintió su rostro arder.
—¿Pensaste que… te estaba coqueteando solo porque acepté un café con galletas?
Levi sintió como si una granada de dolor le explotara en el pecho y se apretó el puente de la nariz unos segundos, luego se serenó.
—No. No importa, el problema soy yo, Eren. Lamento haberte hablado así —Caminó hasta la repisa y tomó las llaves de la casa para abrir la puerta principal, el omega se puso de pie y trató de acercarse pero Levi lo detuvo—. No, tú, termina el desayuno, yo tengo que pensar muchas cosas, nos vemos después —y se fue, sin darle tiempo de replicar nada.
—Tu… campera —dijo Eren estando ya solo y luego sintió a alguien bajando las escalas, era Kuchel.
—¿Eren? ¿Cómo estás, querido? —dijo acercándose para saludarlo—. ¿Levi estaba contigo?
—Sí, pero, eh, creo que salió a comprar —respondió con tristeza en la mirada, la mujer notó que tenía la campera de su hijo entre las manos—. Creo que, a pesar del todo el tiempo transcurrido, seguimos sin entendernos.
—Tal vez deberías sopesar en tu corazón lo que sucede, ¿no crees? Yo sé que Levi, bueno, no es el tipo de alpha que sueles frecuentar, pero de una u otra manera… piensas en él también, lo sé o no preguntarías tanto por él cuando se va a la capital. Sabes que te quiero como si fueras familia, así que esto te lo digo por tu bien, pero más por el bien de mi hijo. ¿Qué es lo que de verdad quieres con él, Eren? Ambos sabemos que es un joven terco y torpe, pero es un buen muchacho, de sentimientos nobles y bondadoso corazón, y aunque no parezca es bastante sensible, así que si realmente no tienes intenciones de tomarlo en serio, por favor, querido… no lo alborotes.
—Lo entiendo, Kuku, no era mi intención lastimarlo —le devolvió la campera a la madre del alpha y se despidió para irse a su casa, sopesando las palabras de la mujer.
Incluso esa tarde, mientras paseaba con otro de sus pretendientes, no paraba de pensar en Levi, en sus expresiones de dolor esa mañana. Tal vez hace unos años atrás él también era inmaduro y estúpido, sin embargo ahora, no había tenido ninguna intención de dañar a Levi, ¿lo había hecho? Sorbió de su malteada mientras su acompañante no paraba de hablar. El alpha le había dicho que siempre hacía lo mismo, sonreírle, ser amable, tal vez en un principio solo era para molestarlo, luego por los exquisitos postres, pero finalmente ahora… se le estaban terminando las excusas.
Había estado esperando su regreso, día tras día, yendo a tomar el té con Kuchel solo para escuchar alguna noticia de él, haciendo guardia para ver si alguien lo iba a buscar o si salía al patio, hasta que tuvo su oportunidad y se fue directo a su lado sin pensárselo mucho. Le encantó ver las facciones más adultas de Levi, sus reacciones más sosegadas, que le hubiera dado su campera… tragó en seco.
—Precioso, ¿me estás escuchando?
Eren levantó su cabeza y no pudo ver al alpha que tenía frente suyo, era como una mancha borrosa, todos se habían vuelto manchas borrosas, excepto Levi. Se puso de pie y le habló a su acompañante.
—Lo siento, Berthold, pero no podemos seguir. Gracias por todo, fuiste muy amable, la pasé bien pero esto no tiene futuro. Adiós.
—¿Qué? Espera, Eren, ¡Eren!
El omega salió prácticamente corriendo del bar y tomó un taxi para dirigirse a su casa, se reía como un loco mientras aceptaba que todo ese tiempo se había estado engañando a sí mismo. Cuando llegó a la galería de los Ackerman, no tuvo el valor de tocar la puerta. ¿Qué sucedería si actuando por un impulso del momento ilusionaba a Levi solo para darse cuenta después que no era lo que quería en su vida? Tenía que ser responsable, ya no era un adolescente desbocado.
Sintió movimientos detrás de él, era Levi que llegaba con varias bolsas de un supermercado cercano. Que sincronía más maravillosa. Ambos se miraron expectantes y entonces Eren sintió a su corazón acelerarse. El alpha caminó con cautela hacia la puerta y el omega le dio su espacio.
—Hola —dijo Levi, para entonces dos días habían pasado desde ese fallido desayuno—. ¿Necesitas hablar con mi madre?
—Hola, no, no.
—Lamento informarte que no tenemos galletas, Historia se las comió todas después del almuerzo y ahora está en cama con dolor de estómago. Pero no te preocupes, me encargaré de preparar suficientes para que mamá y tú tengan por un buen tiempo.
—Oh, gracias pero… tampoco vine por galletas.
Levi dejó las bolsas en el piso y lo miró con vergüenza, estaba seguro que el omega le vendría a recriminar por haberse ido esa mañana haciendo un acto tan deplorable y lamentable.
—¿Entonces?
—Vine porque, necesitaba hablar contigo —Levi se había estado preparando mentalmente para lo peor, siempre terminaban las cosas así, con él siendo regañado por actuar inmaduramente, así que bajó la mirada y asintió, resignado—. Escucha, estuve reflexionando un poco y… no suelo hacer esto pero creo que te debo una disculpa, acepto que me comporté como un pendejo contigo, aunque tú más, pero bueno, yo soy mayor que tú y no fui lo suficientemente maduro. Lo cierto es, que se ha sentido un poco solitario sin tu presencia por aquí.
Levi enarcó una ceja y levantó la mirada desconcertado. Eren tenía las mejillas rojas por el frío y al hablar el vapor salía de sus cincelados labios.
—Aunque no eres de hablar mucho, me divertía verte cada vez que observaba por encima de la cerca, y juro que… no era solamente por los postres. Estuve un poco mareado con algunos pensamientos pero finalmente creo que lo he entendido, sí. Levi, me gustas.
El alpha abrió sus ojos, parpadeó un par de veces, pero luego volvió a su rictus de seriedad.
—No juegues conmigo, Eren, no voy a caer otra vez en eso, no es divertido, ¿sabes?
—¿Eh?
—De todas maneras en unos días me iré a la capital y no tendrás que lidiar con verme, solo deja de bromear con esto, tal vez te parece gracioso pero a mí… a mí me hace daño.
—E-espera-
—¿No te cansas de joderme? —el aplha tenía mucho dolor en la mirada y lo observaba con reproche—. Algún día el karma te va a alcanzar y entonces, te vas a acordar de mis palabras, y no quiero decir cosas de las cuales me vaya a arrepentir después, así que será mejor que te vuelvas a tu casa, Eren. Si normalmente soy malo para hablar, capaz y digo algo irreparable, así que mejor lo dejemos aquí, cortemos de plano toda relación, será mejor de esa manera, Yo no quería porque… no sé, soy un poco estúpido, siempre guardé alguna absurda esperanza pero, ya no.
—Levi, ¿qué conclusiones estás sacando? Ni siquiera dejaste que terminara de hablar.
—No quiero escucharte, no voy a permitirte que hagas esto de nuevo.
—¿Hacer qué?
—¡Pues aprovecharte de mí, sabes que estoy enamorado de ti, maldita sea! —Finalmente los ojos del más bajo se pusieron vidriosos porque ya no se podía aguantar las emociones—. Y vienes y me dices esto, ¡no es justo! ¿Qué te hice para que fueras tan cruel? ¡Ha-hasta compré los ingredientes para hacerte ese estúpido pastel que te gusta tanto! ¿Acaso no tienes cora-
No pudo terminar la frase porque Eren lo había agarrado de la solapa del gabán azul que estaba usando y había estampado sus fríos labios sobre los calientes del alpha. Levi quedó petrificado, completamente sin reacción alguna. Eren permaneció así algunos segundos y luego se alejó.
—Dije que me gustas, idiota, y no es ninguna broma. Yo no sé si podemos tener un futuro próspero o si tan siquiera sería buena idea que saliéramos, pero… no puedo dejar que te vayas de nuevo sin que lo sepas. Me gustas, Levi Ackerman y no digas una sola cosa más que pueda hacer que me arrepienta de lo que te estoy confesando en este momento.
Levi nunca se había destacado por ser demasiado racional, sintió que su corazón era estrujado por todos los ángulos posibles y abrazó a Eren con demasiada fuerza, incluso el omega soltó un quejidito ante su ímpetu, asentó su oreja contra el pecho de Eren y pudo escuchar sus latidos, estaban levemente acelerados y quiso inmortalizar ese recuerdo que estaban forjando ambos. Se alejó después de algunos segundos y Eren tuvo que resistirse a reír, porque no quería que Levi lo interpretara como que se estaba burlando ya que no se trataba de eso, sino que su expresión le producía demasiada ternura, el rostro completamente rojo de ese Levi adulto se le hacía tan adorable que le provocaba burbujas explosivas a la altura de su estómago.
El alpha tomó ambas manos de Eren con las suyas y las llevó hasta su rostro para besar sus dedos con devoción, esta vez fue Eren el que sintió su rostro caliente.
—Yo quiero, quiero… hacerte muy feliz —dijo Levi con la voz afectada—, quiero decir, haré lo posible. Entonces, uh, entonces… ¿vas a salir conmigo?
—Podemos probar, pero no te pongas loquito que ya te conozco, tómalo con calma, y antes de hacer cualquier cosa primero lo hablamos, ¿estamos? Porque a veces das un poco de miedo, si te soy honesto.
Levi asintió como un niño obediente y levantó su rostro para mirar embelesado a Eren.
—Me portaré bien, lo juro, no haré nada que te haga sentir incómodo o mal, de verdad.
Levi soltó las manos de Eren para acariciar su rostro con delicadeza, se puso en puntas de pie y tiró de la nuca del otro para acercar sus labios. Eren sonrió y colaboró con el roce. Ambos se sintieron muy bien, el omega notó la inexperiencia de Levi y se sintió contento como no había estado en mucho tiempo. Eren abrió sus labios para profundizar el beso y tomó a Levi desprevenido, tuvo que abrazarlo para que no se fuera hacia atrás y sus lenguas se encontraron de una íntima, acalorada forma.
Justo en ese momento abrieron la puerta principal, era Alma, la pareja de la madre de Levi y por detrás ésta, ambas abrieron grande sus ojos, pero fue Kuchel la que reaccionó antes y cerró de nuevo la puerta.
Ambos se miraron y sonrieron apenados.
—¿Qui-quieres cenar con nosotros? —invitó Levi nuevamente rojo hasta la coronilla.
—De acuerdo, primero iré a darme un baño y regreso en… ¿una hora está bien?
Levi asintió sin poder ocultar la enorme sonrisa que estaba floreciendo en su rostro, lo observó mientras se alejaba y entraba a su casa y se quedó varios segundos tildado hasta que tomó las bolsas de compras y entró a la suya.
—¡Ay, amor! —dijo Kuchel con cara compungida—. Es que escuchamos voces y, bueno salimos a ver, lo siento. Pe-pero ¿qué pasó?
Levi soltó las bolsas y se acuclilló mientras se tapaba el rostro, su madre se emocionó hasta las lágrimas, se acercó e hizo que se levantara y se fuera a sentar en los sillones, le acercó un vaso con agua y le refregó la espalda. Levi tomó un poco antes de poder hablar.
—¡Vamos a intentarlo! —dijo Levi mientras el agua de su vaso temblaba por el movimiento de sus manos, de pronto los nervios lo estaban devorando—. Va a venir a cenar, así que… mmm, yo traje para hacer pollo y…, ca-carbonada, y…
—Respira, hijo, tranquilo.
—No es un sueño. Mamá, tengo miedo —dijo frunciendo el ceño y apretando los dientes.
Kuchel suspiró y le sonrió con confianza.
—Ni qué decirte, a veces el amor es… un poco espeluznante.
—Dijo que… que le gusto —le contó y dejó el vaso en la mesa baja frente al sofá para taparse la nariz y la boca con sus manos.
—Ya veo, no diré que es no me sorprende pero tampoco es algo tan inesperado. Tómalo con calma, hijo, no es para que sufras es para que lo disfrutes, después de todo este tiempo al fin lo conseguiste.
—¿Tomarlo con calma? Mamá, siento que me va a dar un ataque al corazón. No quiero cagarla, siempre hago algo mal. ¡Ayúdame, por favor!
—Pues, antes de hacer algo por él, mejor me consultas, puedo ofrecerte mi consejo, aunque yo creo que tu instinto te guiará mejor.
—No, mi instinto es un desastre —dijo y sacó un cigarrillo pero luego lo miró por algunos segundos y lo guardó de nuevo—. Creo que dejaré de fumar, a él no le gusta esto.
Se levantó y fue a acomodar los ingredientes que tenía en las bolsas. Tal vez debería haber pensado un menú mejor, ¿pero cómo iba a imaginarse siquiera que Eren le saldría con algo como eso? Era inaudito. Inspiró para focalizarse y aunque había decidido hacer carbonada de pollo y arroz, se concentró en hacer el mejor guisado posible.
—Me pone contenta verte cocinando, hijo —dijo Kuchel acercándose.
—Sí, sí, a mí también, pero deberías estar arreglándote y acomodando el comedor que Eren viene a cenar, lo invité —dijo picando a la velocidad de la luz una cebolla.
—¡¿Qué?! ¿Y recién me lo dices? ¡Almita, vamos, tenemos que poner la casa como tacita de plata que viene mi yerno!
—Oi, que no formalizamos aún, estamos eh, eh, bueno, que nos vamos a conocer y eso.
—Pondré un champagne en la heladera.
—¡Mamá!
—Es la primera vez que me traes a un enamorado a la casa, deja que yo lo festeje como se me ocurra.
—Petra solía venir, por si no lo recuerdas.
—Sí, pero nunca aceptaste su declaración, así que no cuenta.
—No hagas cosas innecesarias.
—Mira quién me lo dice, por cierto, ¿debería preparar toallas y una muda de ropa por si le tiras el guisado encima a Eren?
—¡Fuera de aquí! —dijo Levi molesto y su madre se alejó riéndose.
Luego de un rato cocinando se sintió mejor, sin dudas esa profesión era su cable a tierra, es donde no cometía errores, donde podía salir a flote su talento. Estuvo en silencio y trabajando diligentemente, tal como había estado haciendo las últimas veces en las prácticas del instituto.
—Hijo, si quieres me encargo de cuidar la olla, ve a arreglarte —dijo su madre poniendo su mano sobre su hombro, Levi asintió.
—Vaya, eso se ve delicioso —dijo Alma abrazando por detrás a su esposa.
—Levi siempre es el mejor en la cocina, pero sin dudas hoy se ha esmerado. Estoy un poco nerviosa también —le susurró lo último—, ruego que todo salga bien, no quiero ver a mi pequeño sufriendo de nuevo.
—Bueno, por la forma en que se estaban besando allá afuera yo creo que las cosas saldrán más que bien.
—No pensé que se daría tan rápido, tal vez por eso me asusta. Siempre tuve la corazonada que Eren estaba interesado en él, pero no estaba segura de sí sus sentimientos madurarían o si él le daría una oportunidad a mi pequeño.
Alma fue a atender la puerta, era Eren que además había traído un vino.
—Oh, eso huele delicioso —aduló mientras se quitaba la campera y la colgaba del perchero—. Kuku, ¿te ayudo a poner la mesa?
—No, no querido, eres el invitado, siéntate, en un momento bajará Levi.
—Kuku, no me trates como un extraño, por favor —dijo Eren mientras iba a sacar los cubiertos.
—No se puede contigo.
Levi bajó en un pantalón negro ceñido de muy buena calidad y una remera blanca que le quedaba bastante sexy (de hecho su madre se lo había elegido porque el alpha no le prestaba mucha atención a la ropa, en uno de esos viajes a la capital prácticamente lo había arrastrado a una tienda). Eren no pudo evitar deleitar su mirada y comprobar que Levi tenía una hermosa espalda y unos músculos bien marcados, que ya los venía notando pero ahora era diferente, qué bien le había sentado la madurez a ese joven.
Se saludaron a la distancia, Levi no estaba muy seguro de sí debería acercarse o quedarse donde estaba, decidió actuar con cautela. Eren le había dicho que iban a probar y no quería presionarlo. Sirvió los platos y los decoró con hojitas de perejil y un poco de salsa de pimentón que había hecho por aparte. Aunque no parecía estaba muy atento a la reacción de Eren.
Escucharon unos piecitos bajando las escaleras, era Historia, una niña muy agraciada, de grandes ojos azules y cabello como de oro, venía refregándose los ojos, había estado haciendo reposo por todas las galletas que se había comida por la tarde y que le habían caído mal. Fue corriendo a acurrucarse en el regazo de Levi.
—Oye, ¿cómo te sientes?
—Bien —dijo con vocecita apagada.
—Saluda a Eren, es nuestro invitado —dijo Levi tocando el hombro de la pequeña que se giró y vió la sonrisa del omega.
—Hola —soltó con timidez.
—Mamá, en la olla pequeña hice un poco de arroz y queso por si Hisu tiene hambre.
Eren no dijo nada, pero esa pequeña interacción de Levi cuidando a su hermana le había enternecido bastante. Cuando probó el guisado no pudo evitar emocionarse, era una comida simple, ¡pero el sabor! De alguna manera su mente divagó pensando en las posibilidades, se imaginó a Levi cocinándole solo a él, luciendo un uniforme de chef en color negro, con gorro y todo y mirándolo de manera predadora. Tragó el bocado y luego notó que todos los ojos de la mesa estaban puestos en su persona como esperando el veredicto.
—¡Delicioso! —dijo contento para complacerlos, solo esperaba no haber hecho alguna expresión extraña mientras estaba fantaseando con futuros escenarios tan íntimos.
—Pero claro, Levi es un cocinero asombroso —recalcó Kuchel inflando su pecho con orgullo.
—Ni qué decir, estuvo poco más de una semana y yo ya subí dos kilos —apoyó Alma.
—Quiero que se quede para siempre en casa —aportó Hisu guindándose del cuello de su hermano mayor y todos en la mesa sonrieron ante esa interacción.
Levi no dijo nada, era muy humilde a la hora de recibir halagos, solo de vez en cuando cruzaba miradas con Eren. El omega se sentía complacido y feliz, tranquilo, por su lado el único alpha de la mesa, experimentaba por primera vez una grata sensación de aceptación, no solo por Eren, sino porque después de tanto parecía haber encajado finalmente dentro de esta nueva familia.
Eren lo ayudó a lavar la vajilla y las otras tres omegas se retiraron a descansar.
—Mañana estará listo tu pastel, no tuve tiempo de hacerlo.
—Ya, no te preocupes tanto, aunque no mentiré que lo espero con ganas.
—No te lo tiraré encima —soltó Levi con picardía y miró de reojo al omega.
—Pfff, conste que no fui yo el que dijo algo al respecto, cuantito me vayas a ensuciar te ensuciaré yo también, mocoso.
Se rieron bajito y luego Levi se puso a preparar un café super espumoso, que de solo tenerlo cerca aromatizaba el ambiente. Se instalaron en el mullido sofá del living y dejaron una de las lamparitas del costado de la ventana prendidas, mientras Levi traía una caja pequeña de metal y se la ofrecía a Eren.
—Son galletas de jengibre, es un escondite especial de la casa y como son tus favoritas, quise guardar algunas antes que Historia se las comiera todas.
—¿Me vas a consentir así siempre? —respondió aceptando la caja y abriéndola, Levi cabeceó en conformidad y se sentó a su lado a una distancia prudente, aún no se sentía con tanta confianza.
Disfrutó del rostro de Eren, de sus variadas expresiones, como olisqueaba las galletas y se ponía contento, su hablar pausado, como le caían algunos mechones de lindo cabello sobre el rostro, como sus ojos parecían tirar chispas y lo bien que eso combinaba con su sonrisa.
—Ya, deja de fingir, me quieres poner todo gordito y rechoncho para que otros no me miren, ¿eh?
—No, para nada, es solo que, me gusta cuando disfrutas de las cosas ricas, es como si tu rostro se iluminara y eso es… bonito —dijo y luego tomó su taza para esconder su rostro porque no estaba acostumbrado a ser tan honesto con sus sentimientos.
Eren lo observó por un largo rato y suspiró con sentimiento, inesperadamente la dedicación y el cariño que había en cada una de las partículas de las bebidas o comidas que Levi le preparaba le estaban contaminando hasta los huesos, era agradable, pero abrumador, y eso que el alpha le estaba demostrando un gran respeto.
—Diablos, este café es tan… fantástico, ¿cómo lo haces?
—Oh, bueno, debes batir con el azúcar y luego la crema, la bates también, eso es todo, no hay mucha ciencia.
—Voy a volverme adicto.
Eren se acercó y se acurrucó contra el costado de Levi que se tensó y quedó tieso como una figura de yeso.
—Puedes rodearme con tu brazo, no seas tan tímido —dijo Eren divertido y Levi hizo caso después de dejar su taza en la mesa frente al sofá.
—Aun es tan extraño para mí, es casi, irreal —confesó Levi y contuvo la respiración unos segundos para calmarse.
Se sorprendió cuando tuvo el rostro de Eren tan cerca, decidió acortar la distancia para besarlo otra vez, muy suave, conteniéndose, después de todo estaba en la casa de su madre y además no quería hacer algo que ofendiera a tan preciosa y espectacular criatura.
—Mmm, vamos a tener que hacer algo respecto a tu timidez, me parece —susurró Eren sobre sus labios y Levi volvió a ponerse rojo hasta la coronilla.
Luego decidieron terminar el café y las galletas, que Eren alabó a cada momento porque estaban exquisitas, y finalmente Levi le mostró su galería de imágenes en su móvil con todos los platillos que había preparado en los meses anteriores. Eren hizo muchas preguntas, era muy interesante conocer al fin todo lo que pasaba por la cabeza de Levi, sus aspiraciones, sus pensamientos, incluso sus posturas políticas, religiosas. Cada tanto se reían, discutían un poco pero sin llegar a enojarse realmente, intercambiaban puntos de vista y luego Eren se sorprendió porque Levi tenía un par de fotos de él en su móvil.
—Oye, ¿qué es esto? ¿Guardas fotos mías, mmm?
—L-las, las subes a Instagram, así que son públicas, ¿no? —dijo Levi quitándole su móvil y guardándolo en uno de sus bolsillos.
—No sé si sentirme halagado o asustado, así empiezan los acosadores ahora que lo pienso mejor.
—Oh, no, no, yo, mira, las borraré, las voy a borrar —dijo Levi nervioso tomando su móvil de nuevo pero Eren comenzó a reírse y lo detuvo.
—Ya, me gusta molestarte, lo siento pero no voy a cambiar mi forma de ser, es demasiado divertido verte todo nervioso. No las borres, está bien, de hecho, ¿qué tal si hacemos algunas nuevas?
Eren tomó el celular y buscó la cámara, eligió el modo selfie y apuntó a ambos, mientras abrazaba a Levi con su otro brazo.
—¡Di queso!
—¿Qué?
El primer flash los dejó un poco aturdidos y luego al ver la imagen se rieron, era una foto muy graciosa porque Eren tenía los ojos cerrados y Levi parecía a punto de estornudar.
—Hey, no la borres, está linda, después de todo podemos tomar muchas más, pero guardemos esa como nuestra primera foto juntos.
—Sí, está bien. Ahora déjame a mí —dijo Levi tomando el celular y puso su rostro al lado del de Eren.
La segunda salió más decente y para la tercera Eren propuso que fuera una de ellos besándose, luego se olvidaron de las fotos y se permitieron ponerse un poco más mimosos. Eren nunca había estado con un alpha como Levi, incluso si no tenía experiencia, era cuidadoso, gentil, dulce, buscaba que siempre estuviera a gusto. Les hizo frío y Levi trajo un cobertor de su cama. Se acurrucaron en el sofá y Eren quedó dormido sobre el pecho de su ahora novio y así los agarró la mañana.
Popis los despertó saltándoles encima y exigiendo con sus escasos treinta y cinco centímetros que le abrieran la puerta para ir a hacer sus necesidades. Se asearon un poco, y Levi lo acompañó a la puerta de su casa como todo un caballero y quedaron en salir esa tarde a pasear.
Cuando Levi estaba volviendo a su casa, se giró de nuevo y notó como Eren lo estaba mirando desde la ventana de la suya, como si espiara a través de las cortinas y no pudieron evitar comenzar a reír.
—Hace mucho que no te veía regresar por la mañana —dijo la voz carrasposa de Carla y Eren saltó en su lugar porque lo había tomado desprevenido.
—¡Mamá! Casi me matas del susto. Si estabas tan preocupada de mi paradero podrías haberme mandado un mensaje.
—No lo estaba, después de todo fuiste a cenar a lo de los vecinos, pero ya veo que fue más que una simple cena —lo molestó tratando de contener la risa y Eren la miró con seriedad.
—Fue solo una cena… y un café con galletas.
—No te estaba pidiendo un reporte detallado, pero ya que estás tan hablador, cuéntame, ¿qué te traes entre manos, pícaron?
—Nada, es solo, bueno, estoy saliendo con Levi, ¡y no te vayas a burlar!
—¡Dios mío! ¡Papá, ven a escuchar esto! Es demasiado bueno para reírme yo sola —dijo llamando a su esposo que a los pocos minutos se apareció en el living sonriendo cómplice, Eren rodó los ojos y se cruzó de brazos.
—Disculpa, amor, pero creo que no entendí bien, ¿acaso nuestro retoño no había dicho, y cito: "jamás saldría con ese renacuajo enano"?
—"Ay, mamá, lo odio, lo odio, mira lo que me hizo" —decía Carla recordando las rabietas de Eren.
—Bueno, ya, ¿qué uno no puede madurar y cambiar de opinión?
—Al final le gustó eso de que le unten merengue en todas partes —continuó Grisha sin prestarle atención y a Eren se le colorearon los cachetes.
—Se nota que el merengue de Levi le ha gustado —continuó Carla y largaron a reírse como desquiciados.
—¡Deténganse! ¡¿Qué sucede con ustedes?! —gritó Eren abochornado—. Como sigan mofándose no les convidaré ninguno de los postres que mi… que Levi me prepare.
—Ay, no puede decirle "amorcito", dilo hijo, no te vamos a juzgar, a nosotros también nos encanta lo bien que cocina.
—No se puede con ustedes.
—El karma, hijo, el karma —dijo Grisha divertido—. Te lo mereces, pobre chico todo lo que ha sufrido por tus bromas.
—Miren nada más, no llevamos ni un día juntos y ya están de su lado, traidores.
—Es que el que cocina bien es él —explicó Carla y al fin Eren dejó salir una sonrisa.
—Bueno, ya, me alegra mucho que te hayas permitido conocerlo, en serio —dijo Grisha y palmeó la espalda de Eren—. Ahora, mi amor —se dirigió a Carla—, me debes cien dólares.
—¿Eh?
—Apostamos con tu padre que a que si saldrías con Levi antes o después que se recibiera, yo creí que iba a ser después.
—¡Ustedes son terribles! ¿Cómo se les ocurrió apostar eso?
—Al parecer eras el único, además de Levi, que no se daba cuenta que el chico te interesaba, es un alivio saber que ambos son adultos ahora.
—Ya, mejor me voy a mi habitación a descansar un poco, no quiero seguir enterándome de las cosas que hablan a mis espaldas, padres especuladores —dijo Eren levantando la barbilla haciéndose el ofendido, pero no pudo irse porque ambos lo abrazaron con cariño.
—Estamos contentos por ti, hijo.
—No sé cuánto te durará éste, pero realmente espero que sean felices —agregó Carla y Eren suspiró derrotado.
Una vez que pudo irse a su habitación, tomó un buen baño y se puso el pijama, la noche anterior habían conversado varias horas y necesitaba recuperar el sueño, además quería estar lúcido para la salida que tendrían por la tarde. Antes de cerrar sus ojos recibió las fotos que se habían sacado la noche anterior por whatsapp, ¿desde cuándo Levi tenía su número agendado? Enarcó una caje y luego sonrió al ver que Levi tenía la foto de perfil donde ellos dos estaban mirando a la cámara.
—Si será cursi —dijo mientras guardaba las fotos en su galería y luego se le ocurrió una nueva manera de molestarlo.
"¿Qué estás haciendo? Manda pic"
Levi le mandó una foto de él acomodando el jardín, se notaba un poco sudado y estaba usando una playera negra que se le adhería a ese ardiente cuerpazo que Eren había empezado a notar desde hacía un tiempo atrás.
—Tan obediente —dijo Eren sonriendo y decidió seguir con su plan.
"¿Sólo eso? Pensé que me mandarías una foto más reveladora, si sabes a lo que me refiero"
Eren comenzó a reírse de solo imaginarse la cara de Levi, de seguro se le habría caído el celular al leer su mensaje, sin embargo se sorprendió mucho cuando recibió una segunda foto de parte del alpha. El mismo se estaba cubriendo parte del rostro con la mano libre, era notable que aún le costaba superar la timidez, pero no era eso donde tenía los ojos Eren sino en el torso desnudo del hombre que revelaba cuantiosos y marcados músculos, quedó con la boca como una dona y ahora fue él el que se puso a chillar como gato que le han pisado la cola apretando el celular contra su pecho.
—Que afortunado es Levi de tenerme como su novio.
Sin embargo no pudo con su genio.
"Ahora si me puedes secuestrar si quieres"
Esta vez sí se le cayó el celular de las manos al alpha. Era evidente que tendría que acostumbrarse al trato de Eren, pero siendo honestos, estaba dispuesto a todo con tal de estar con él.
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By Luna de Acero.-
