Sasuke había visto zíngaros antes, aunque nunca tan de cerca. Grandes bandas de ellos acampaban de vez en cuando por las afueras de Londres para ejercer sus numerosos oficios y habilidades y entretener a aquellos londinenses que osaban aventurarse por sus campamentos, pero nunca había ido a verlos. Aun así, había oído muchas historias sobre ellos, la mayoría no demasiado agradables.

Generalmente se los tenía por ladrones y prostitutas exóticas, pero se admitía que también dominaban las— respetables artes de la calderería, la trata de caballos, la música y la danza. Se los consideraba un pueblo feliz y despreocupado que aborrecía la idea de echar raíces en un lugar determinado. Cuando un zíngaro no podía vagar a su antojo se le marchitaba el alma o al menos eso había oído decir Sasuke.

Aquel grupo parecía bastante inofensivo. Su campamento estaba limpio y ordenado. Su música y sus risas no eran excesivamente ruidosas. La mayoría eran de piel morena y aspecto exótico.

Todos llevaban faldas y pañuelos de vivos colores, con blusas más claras, y los hombres lucían hermosos fajines. Había una gran exhibición de bisutería barata bajo la forma de enormes pendientes colgantes y muchos anillos, cadenas y brazaletes.

La muchacha que tan vivamente había cautivado su interés, sin embargo, parecía distinta de los otros. Lucía grandes pendientes y numerosos brazaletes y anillos. Sus ropas eran igual de alegres y de vivos colores, la falda azul y amarillo, la blusa de mangas cortas de un amarillo pálido. Pero ningún pañuelo recogía su cabellera, la cual caía libremente en rizos sobre los hombros y la espalda.

Eran sus ojos, no obstante, los que la hacían tan distinta. El que fueran levemente rasgados les daba una apariencia exótica, de un brillante verde esmeralda. Su piel, tan lisa y blanca como el marfil, también era de un color mucho más claro.

No era muy alta. Su cabeza probablemente no le llegaría a los hombros a Sasuke. Era delicada y esbelta, pero estaba perfectamente proporcionada. Los opulentos senos tensaban el delgado algodón de la blusa.

Sasuke había visto mujeres más hermosas, pero nunca una tan atractiva como aquélla. La había deseado nada más verla. Lo cual ya era de por sí bastante asombroso, puesto que nunca le había ocurrido anteriormente.

Todavía no había respondido a su pregunta. Observándola y disfrutando de su contemplación, Sasuke casi lo había olvidado hasta que la oyó hablar.

—Soy sanadora, vidente e intérprete de sueños —dijo la joven—. No pareces estar enfermo, lord inglés —añadió con una sonrisa.

Sasuke rió.
—No, no estoy enfermo. Y tampoco sueño con la frecuencia suficiente para acordarme de algún sueño en particular que puedas interpretar para mí. En cuanto a ver mi, futuro, tendrás que perdonarme, preciosa, pero no pienso tirar el dinero en algo que no podrá comprobarse hasta que ya estés muy lejos de aquí.

—Un hombre inteligente. —La joven que se veía no estaba ofendida por sus palabras, sonrió—. Pero no veo el futuro.

—¿No? —repuso él enarcando una ceja morena—. ¿Y entonces qué ves? ya que dices ser una vidente?

—Veo a las personas tal como son en realidad y a veces las ayudo a verse más claramente a sí mismas, para que así puedan corregir sus defectos y ser más felices con su suerte.

Sasuke encontró muy graciosas sus descabelladas afirmaciones.

—Ya me conozco suficientemente bien a mí mismo.

—¿De veras?

La pregunta fue hecha en un tono tan significativo que Sasuke no pudo evitar sorprenderse, pero enseguida dejó pasar la curiosidad que le había suscitado. No se dejaría engañar. Aquellas gentes se ganaban la vida aprovechándose de los ignorantes y los supersticiosos, y él no era ninguna de las dos cosas. Además, la joven aún no había mencionado lo que él quería de ella.

—Tengo monedas para gastar —le dijo sin inmutarse. Seguro que tienes alguna otra cosa que vender... que podría interesarme.

El que su mirada recorriera su cuerpo mientras hablaba dejó muy claro qué era lo que quería de ella. Semejante atrevimiento habría hecho que una dama se sintiera insultada, pero la joven no se inmutó. Incluso llegó a sonreír, como si la deleitara que él se mostrase tan descarado en su deseo.

Por eso su respuesta dejó confuso a Sasuke.

—No estoy en venta.

Sasuke se sintió como si acabara de recibir un hachazo. Nunca se le: había ocurrido pensar que no pudiera poseerla. Sus emociones se rebelaron, decididas a no aceptar una negativa.

Se había quedado sin habla, y al notarlo, pasados unos momentos, ella añadió:

—Lo cual no quiere decir que no puedas tenerme...

—¡Excelente! —la interrumpió él, pero con eso sólo consiguió que alzara una mano para pedirle que la dejara terminar.

—Pero no vale la pena que hablemos de ello, porque la condición no será de tu agrado.

Sasuke no supo de qué manera reaccionar ante la serie de intensos altibajos emocionales que le estaba infligiendo aquella zíngara. Acabó frunciendo el ceño, y cuando volvió a hablar lo hizo en un tono bastante hosco y desagradable

—¿Qué condición? —preguntó.

La joven suspiró.

—¿Por qué mencionarla, cuando nunca accederás a ella?

Dándole la espalda, empezó a levantarse como dispuesta a marcharse. Sasuke la cogió del brazo para detenerla. Sería suya. Pero de pronto le enfureció verla tan segura de que jugar con él haría subir el precio.

—¿Cuánto me costará? —preguntó, decidiendo morder el anzuelo.

Su tono hizo que Sakura parpadeara, pero no intentó aplacar su ira.

—¿Por qué todo ha de tener un precio, lord inglés? —se limitó a preguntar—. Te has equivocado al pensar que soy como esas mujeres de allí. Para ellas acostarse con un gajo no significa nada, porque sólo es otro medio de echar comida a la olla.

—¿Y qué te hace distinta?

—Sólo soy medio zíngara. Mi padre era tan noble como el tuyo, si es que no más, porque en su país era todo un príncipe. De él he heredado ideales distintos, uno de los cuales es que ningún hombre me tocará sin haberme tomado antes en matrimonio. ¿Entiendes ahora por qué digo que no vale la pena hablar de ello? No sólo tendrías que acceder a casarte conmigo, sino además convencer a mi abuela de que eres digno de mí, y no preveo que ninguna de esas dos cosas vaya a ocurrir. Y ahora, si me disculpas...

Sasuke no estaba dispuesto a dejarla marchar. Casarse con ella era absurdo, naturalmente, tal como ella misma había señalado. Conque su padre era príncipe, ¿eh? ¡Menuda mentira! Aun así la deseaba. Tenía que haber otra manera de poseerla. Lo único que tenía que hacer era dar con ella, y para eso temía que mantenerla allí y hablar. Fue por esa razón por la que le dijo:

—Cuéntame algo más sobre esa «videncia» tuya.

La joven no se anduvo con rodeos.

—¿Por qué iba a hacerlo cuando dudas de mí?

Sasuke se apresuró a dirigirle una afable sonrisa que esperaba disipara sus sospechas.

—Pues entonces convénceme.

Por un momento la joven se mordió el labio, indecisa. El labio mordido no podía ser más atractivo. Volvió a remover el contenido de la olla, y cada uno de sus sensuales movimientos también removía cosas dentro de él. Parecía estar absorta en sus pensamientos. Después se irguió y lo miró a los ojos, sin decir nada y con penetrante fijeza durante unos momentos interminables. Sasuke no pudo evitar tener la sensación de que la joven realmente estaba escrutando las más oscuras simas de su alma. La tensión era tan insoportable que estuvo a punto de gritar.

—Muy bien —dijo finalmente la joven—. No eres feliz. No es que algo te haya hecho desgraciado, no. De hecho, en tu vida hay muchas cosas que podrían hacerte feliz, pero no lo hacen.

Al parecer su hastío saltaba a la vista. Sus amigos también lo habían comentado, por lo que no le sorprendió que ella fingiera «ver» aquello como su problema.

Furioso al ver que la joven llamaba "videncia" a lo que era tan evidente que cualquiera podía verlo, decidió ponerla en su sitio.

—Y tal vez sepas por qué.

—Tal vez lo sepa —repuso ella, y la compasión que llenó sus ojos hizo que Sasuke se sintiera extrañamente incómodo—. Es porque lo que antes te interesaba ha dejado de interesarse, y todavía no has encontrado nada que pueda ocupar su lugar. Eso ha hecho que te sintieras... ¿ desilusionado? ¿Aburrido? No estoy muy segura, pero sólo sé que a tu vida le falta algo muy importante. Eso no ha empezado a preocuparse hasta hace poco. Quizá se deba a que has estado solo y sin familia durante demasiado tiempo. La atención y el cuidado de una familia siempre son buenos, pero tú te has visto privado de ellos. Quizá sea que aún no has encontrado un propósito para tu vida.

Sasuke sabía que todo aquello sólo eran conjeturas por su parte, pero la precisión con que daban en el blanco era un poco aterradora. Quería oír más, y al mismo tiempo quería que se callará. En realidad, lo que quería oír era algo que no dejara lugar a dudas de que sólo era una charlatana.

—¿Qué más ves?

La joven se encogió alegremente de hombros.

—Cosas sin importancia que no tienen nada que ver con tu bienestar y tu estado de ánimo.

—¿Como cuáles?

—Como que podrías ser rico, pero que en realidad no estás interesado en acumular grandes riquezas.

Sasuke enarcó una ceja.

—Perdona, ¿cómo dices? ¿Qué te hace pensar que no soy rico?

—Desde mi punto de vista, lo eres. Desde el tuyo, sólo disfrutas de una posición razonablemente acomodada. Incluso el administrador de tus propiedades obtiene más beneficios que tú por trabajar para ti.

Sasuke se quedó paralizado.

—Ésa es una observación calumniosa y difamatoria, muchacha, y más vale que te expliques ahora mismo. ¿Cómo puedes saber eso?

Ver que se había convertido en el objeto de su ira no pareció alarmarla en lo más mínimo.

—No puedo saberlo —replicó—. Pero hoy he ido al pueblo y no he podido evitar oír hablar mucho de ti. Como rara vez vienes aquí, cuando lo haces tu nombre está en boca de todo el mundo. Tu administrador fue mencionado en bastantes ocasiones, y también hablaron de cómo te ha estado engañando desde que llegaste. Algunos opinan que un lord se tiene bien merecido que lo engañen. Otros, en cambio, han tratado personalmente con ese hombre y, lo desprecian. Normalmente el que haya dos motivos diferentes para decir lo mismo elimina los motivos y, con ello, sólo proclama la verdad. Y si no fuese verdad, lord inglés, te habrías reído y no le hubieses dado mayor importancia. Tu enfado demuestra que me he limitado a confirmar tus propias sospechas.

—¿Algo más? —gruñó él.

La joven le sonrió.

—Sí, pero me parece que ya te he hecho enfadar bastante: por una noche. ¿Quieres compartir esta frugal cena?

—Ya he comido, gracias. Y preferiría dar rienda suelta a toda la ira ahora, para dejar sitio a... otras emociones. Así pues, sigue diseccionándome.

Ella se ruborizó ante la mención de aquellas otras «emociones», comprendiendo muy bien a qué se refería. Eso disipó la furia de Sasuke, recordándole que estaba sentado allí presa de una imperiosa necesidad causada por aquella joven, y que aún tenía que encontrar la manera de satisfacerla.

—No te gusta atraer la atención hacia tu persona —dijo ella—, y por eso no vistes de manera excesivamente ostentosa. No es porque no te guste la ostentación, sino porque sabes lo apuesto que eres, y eso ya basta para atraer más atención de la que te gusta.

Sasuke no pudo evitar reírse.

—¿Cómo demonios has llegado a esa conclusión?

—¿La de que sabes muy bien lo apuesto que eres? Eso cualquier espejo te lo mostrará. ¿La de que tal vez te gustaría vestir más a la moda, pero no lo haces? Veo cómo tus compañeros lucen con gran elegancia y donaire sus caras joyas, sus colores mucho más vivos, sus adornos y pelucas. Pero tú vistes menos ostentosamente y no llevas joyas, ni siquiera una cinta de terciopelo alrededor del cuello. Esperas que las miradas se posen en ellos más que en ti. Pero es una esperanza vana, porque eres un hombre sencillamente extraordinario.

Sasuke se ruborizó. Estaba emocionado. La pasión le devoraba, y las palabras de la joven hicieron que el fuego de su deseo ardiera aún más intensamente.

Su mano fue hacia la mejilla de la joven. No podía contenerse, tenía que tocarla. Y ella no intentó impedir que lo hiciera. Se limitó a mirarlo sin decir nada, y al ver aquel torbellino e emoción en sus ojos verdes él casi olvidó que estaban sentados a la intemperie delante de su hoguera de acampada y la tomó entre sus brazos.

—Ven conmigo a casa esta noche, zíngara —dijo con voz enronquecida—. No lo lamentarás.

—¿Significa eso que tienes un sacerdote gajo viviendo en tu casa para que pueda darnos su bendición?

La mano de Sasuke se apartó de ella y la frustración llenó su semblante.

—¿Estás diciendo que te casarías conmigo?

—Te estoy diciendo que yo también te deseo, lord inglés, pero sin las palabras del sacerdote no puedo tenerte. No puede ser más simple, ¿verdad?

—¿Simple? —casi bufó él—. Debes saber que es imposible, que la gente de mi nivel social sólo se casa con personas de su clase.

—Sí, sé muy bien cómo los nobles se dejan gobernar por las opiniones de quienes están a su altura, las cuales no les permiten obrar a su antojo. Lástima que no seas un hombre del pueblo, lord inglés. Ellos gozan de más libertad que tú.

—¿Y de qué libertad gozas tú si no puedes hacer lo que quieres? —repuso él con despecho—. ¿O acaso no acabas de decir que me deseas?

—Eso no puedo negarlo. Pero en mi caso no son las opiniones de los demás lo que me limita, sino mi propio sentido de la moral. Ya que quieres saberlo, mi gente se escandalizaría si me casara contigo. Irónicamente, no serías un compañero aceptable para mí, porque no eres uno de nosotros. ¿Me dejaría influir yo por eso? No. En estas cosas lo único que debería importar es el corazón. Pero el mío nunca me permitirá entregarme a un hombre que no pueda conservar. Tengo un concepto mucho más elevado de mí misma.

—Entonces no tenemos nada más que decirnos. —Sasuke se levantó y le lanzó unas monedas al regazo—. Por tu videncia —dijo despectivamente—. Lástima que no puedas «ver» una manera de que estemos juntos.

—Ah, pero es que sí la he visto —repuso ella con tristeza—. Lástima que no me desees lo suficiente para querer tenerme junto a ti.