Era un día común en la Isla DK. Dixie Kong, una joven chimpancé que era novia de Diddy Kong, se dirigía a la casa del árbol de DK para visitarlo. Cuando llegó, se encontró con Diddy, que estaba jugando con su consola de videojuegos favorita.
– Hola, Diddy. –Dijo Dixie con ánimos.
– ¡Dix! ¿Llegaste tan pronto? Pensé que estarías cuidando a Kiddy una media hora más. – Dijo Diddy, sin despegar sus ojos de la consola.
– Si… sobre eso: Tiny insistió que yo fuera contigo, dijo que se encargaría de Kiddy y tendría todo bajo control. – Dijo Dixie.
– Típico de Tiny, siempre nos quiere ver juntos. – Dijo el joven mono entre risas – ¡Listo, por fin acabé ese nivel! ¡En tu cara! – Exclamó Diddy, para posteriormente empezar a estirarse y dejar su consola a un lado.
– Entonces, Diddy, ¿Quieres divertirte un poco? – Dijo Dixie con una tierna sonrisa.
– Claro, solo déjame buscar mi gorra y de ahí partimos. – Dijo Diddy, para luego proceder a buscar su gorra, solo para encontrarse con un gran desastre que tanto él como su tío DK habían provocado, Diddy añadió, con un poco de vergüenza: – Uh… creo que tomará un rato; espera ahí un momento, Dixie.
Mientras Dixie esperaba a que su novio encontrara su gorra, la joven chimpancé empezó a curiosear en la casa del árbol. Lo primero que hizo fue mirar los juegos que coleccionaba Diddy, después ver los recuerdos que tenía de la isla de Timber como de la Isla de las Brujas. Finalmente, llegó a una vieja caja que hacía tiempo le llamaba mucho la atención; pues Diddy generalmente prefería evitar hablar sobre lo que contenía esa caja, cosa extraña, pues él generalmente era un libro abierto en cuanto sus cosas personales.
Dixie dudó en abrirla, pues no quería que Diddy se molestara con ella, pero después de pensarlo un momento, finalmente la abrió. Para su sorpresa, la caja no contenía nada en especial, solo un álbum de fotografías.
"¿Esto era lo que tanto ocultaba Diddy?" pensó Dixie. Quiso echarle un pequeño vistazo a lo que contenía. Había algunas viejas fotos de Diddy cuando era pequeño; en ellas se veía que usaba una gorra muy parecida a la que usa Timber, además de verse bastante adorable, lo que dibujó una sonrisa en el rostro de la joven chimpancé.
– Muy bien, me tomó un rato, más de lo que debería, ¡Pero por fin la encontré! – Dijo Diddy mientras se ponía su característica gorra y añadía: – Un día de estos le diré a Donkey que consiga un perchero; no puedo creer que diga esto, pero Cranky tenía razón.
Pero al terminar de hablar, Diddy había visto algo que lo dejaría perplejo: Dixie estaba viendo su viejo álbum de fotografías.
– ¡Dixie! – gritó Diddy, corriendo desesperado hacia ella – ¡Dame eso! – Dijo avergonzado y molesto, tratando de quitarle el álbum a Dixie. Pero esta se lo alejaba.
– ¿Acaso era esto lo que tanto me ocultabas? Diddy, no tiene nada de malo mostrar tus fotos cuando eras pequeño, ¡Te veías bastante tierno! – dijo entre risas pero algo extrañada por el comportamiento de su novio.
– Hablo en serio, Dixie, ¡Dámelo ya! – Reclamó Diddy, tratando de quitarle el álbum a Dixie sin éxito, ya que esta seguía moviéndose fuera de su alcance.
– No, no hasta que me lo expliques. – Dijo Dixie, determinada a saber la verdad.
Diddy simplemente siguió tratando de quitarle el álbum sin éxito: por más que lo intentara, Dixie lo seguía alejando del alcance del joven mono, que finalmente se rindió y suspiró derrotado.
– Está bien… sigue mirando y te darás cuenta. – dijo Diddy, con un tono desanimado, mientras cruzaba sus brazos y miraba hacia otro lado.
Dixie siguió mirando el álbum. Al avanzar algunas páginas, además de ver más fotografías adorables de Diddy, pronto encontró algo algo que la dejaría perpleja.
Una de las páginas contenía una foto de Diddy cuando era pequeño, pero, a diferencia de las demás, este estaba acompañado de dos Kongs que no podía identificar, ya que Dixie no los conocía. Uno era físicamente parecido a Donkey Kong y la otra a Diddy, parecían bastante felices juntos. Dixie llegó a la conclusión de que se trataban de los padres de Diddy, algo que le llamó la atención a la joven chimpancé, pues Diddy casi nunca los mencionaba, como si hablar de ellos solo le quitara esa sonrisa que tanto le caracteriza.
La joven Kong miró un poco a Diddy: este seguía con la misma cara desanimada, pero al mismo tiempo parecía pensativo; Dixie volvió a mirar el álbum, esta vez de una forma más preocupada. Al seguir avanzando, en vez de ver fotografías, solo había cartas, cuyos destinatarios contenían el nombre "Diddiane Kong". La mayoría de los mensajes hablaban de lo mucho que extrañaba a Diddy y que algún día cumpliría la promesa que le hizo antes de marcharse; por lo visto, Diddiane era una madre cariñosa y su prioridad era ver a su hijo.
"Sin duda hubiese sido un gusto conocerla" pensó Dixie, mientras seguía avanzando con las páginas del álbum. En la última página, solo había una carta escrita por Diddy, con un breve mensaje que decía: "Mamá, ¿Dónde estás?".
Finalmente, Dixie, apenada y arrepentida, cerró el álbum de fotos, devolviéndolo a donde lo había encontrado.
– ¿Ahora ves por qué nunca quise que vieras lo que tenía esa caja? – dijo Diddy, con una pequeña lágrima en el ojo.
– Cuanto lo siento, Diddy, yo… – dijo Dixie mientras suspiraba, y luego añadió – Nunca me imaginé que tuvieras este tipo de cosas. Lo siento por todo… – arrepentida de todo, Dixie procedió a marcharse, no era su intención entristecer a su novio; pero Diddy la interrumpe agarrando su mano.
– Está bien, Dixie, no lo sabías de todas formas, ya no importa… – dijo Diddy entre lágrimas y añadió – Los extraño mucho, y de verdad quisiera volver a verlos, aún tengo la esperanza de que eso pase...
El joven mono procedió a abrazar a Dixie y ella le correspondió, consolándolo. – Dixie… desde que estoy contigo, siento que por fin, después de bastante tiempo, estoy genuinamente bien; gracias…
Ella sonrió, disfrutando el cálido abrazo de su novio.
– Está bien, Diddy; siempre estaré aquí para escucharte y ayudarte, es una promesa. – Dijo la joven Kong, para posteriormente besar a Diddy en los labios.
Si bien la pareja de simios ya se había besado con anterioridad, este resultó ser bastante especial, por alguna razón no querían parar, como si simplemente quisieran estar besándose para siempre; la cola de Diddy empezó a moverse, realmente disfrutaba tener este momento con Dixie, su chica especial.
Finalmente, durante todo el tiempo que ambos pudieron aguantar la respiración, Dixie y Diddy habían terminado de besarse. Este último empezó a limpiarse las lágrimas, y finalmente la sonrisa que tanto le caracterizaba había vuelto. El joven mono empezó a acariciar la cara de Dixie, admirando la belleza exterior e interior de su novia, haciéndola sonrojar un poco, y mientras esto pasaba, Diddy preguntó:
– Y bien, ¿Aún quieres salir a divertirte un poco, Dix?.
– Si… – dijo Dixie, contenta de volver a ver a Diddy feliz, con esa tierna sonrisa que tanto la enamoraba.
Separándose de su abrazo, la pareja de simios se preparó para salir y comenzó a columpiarse entre las lianas de la selva, mirándose todo el tiempo. A partir de ese día, algo cambió en el interior de Diddy y Dixie: ya no eran sólo una pareja feliz, sino también compañeros tanto en el amor como en lo sentimental.
