¡Hola!

Esta idea surgió mientras leía un manga, pensando que quedaría perfecto con esta pareja y no me he contenido.

Universo alterno


Sweet


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Los orbes azules se centraron en el ventanal que tenía enfrente, y a la gente moviéndose dentro. Sonrió sin poder evitarlo y se adentró a la tienda una vez que respiró profundamente.

Sin esperar más tiempo tomó la manija de la puerta y la abrió sintiendo el olor a pan recién hecho golpeando su rostro. Su estomago se agitó ante el delicioso aroma. Esa había sido una de las razones por las cuales había decidido trabajar en ese sitio, una panadería del centro de la ciudad. Las otras razones era aprovechar su tiempo libre en esas vacaciones y conseguir un poco de dinero para comprar sus cosas.

Tuvo bastante suerte cuando regresando de la escuela, unos días atrás, vio el letrero en la panadería de que solicitaban empleado de mostrador. Lo cual calzaba como anillo al dedo sobre qué era lo que estaba buscando. Por lo que sin pensarlo demasiado había entrado ese mismo día para una entrevista de trabajo. Una mujer agradable, dueña de la panadería, le hizo un par de preguntas y quedó en avisarle aunque le dijo que el empleo era casi suyo.

Por lo que no le extrañe el recibir una llamada que confirmaba que se había quedado con el empleo al día siguiente y pidiéndole que se presentara ese mismo día. Por lo que Nejire se había arreglado lo mejor posible y llegado antes de la hora acordada.

Según le había dicho la mujer, estaría encargada del mostrador, atender a la gente, ser amable y servicial, además de mantener todo limpio. No era nada complicado, algo que aprendió en ese primer día cuando asistió, aprendiéndose el precio del pan, como servir café y como usar la máquina registradora. Todo había sido sencillo, pero al terminar ese día la dueña le había dicho que al día siguiente ella no se presentaría, ya que estaban trabajando en una nueva sucursal al otro lado de la ciudad. La joven Hadō le aseguró que no habría problema.

Estaría sola en el mostrador, luego de un día de capacitación, esperaba hacerlo lo mejor posible. Se movió por la parte principal de la panadería acomodando todos sus utensilios y contando el dinero inicial de caja para asegurarse de todo. Finalmente giró el letrero en la puerta y sacó el letrero de piso para atraer a la gente. Una vez que terminó se posicionó al otro lado del mostrador.

Era un poco temprano, por lo que le habían dicho la hora más concurrida era de las 9 a las 11 del día. Un sonido en la parte trasera de la tienda la hizo saltar ligeramente y fue ahí que recordó que no estaba sola. La dueña le había dicho que su hijo estaría en la parte de atrás ante cualquier duda. Lo más apropiado sería presentarse, considerando que el día anterior solo había conocido a los dueños del lugar.

Sonrió tomando valor y caminó el corto pasillo que daba que la cocina, donde se hacía el pan. Cuando llegó a la entrada pudo ver a un chico dándole la espalda.

— ¡Hola! Soy Nejire y tú debes ser… Amajiki-kun ¿cierto? —Se acercó con rapidez hacia él, colocándose a un lado y mientras se inclinaba un poco más para poder verlo.

El chico a su lado saltó ligeramente ante el acercamiento y la miro de reojo mientras asentía para que segundos después siguiera amasando la masa que tenía en la gran mesa de metal que estaba en medio.

—Estaremos trabajando de cerca un tiempo.

Nejire se inclinó un poco más para detallar su rostro. Tenía cierto parecido con el dueño por el cabello azul oscuro, pero sus facciones eran más serias e inexpresivas. Labios delgados, ojos un poco rasgados aunque no pudo ver el color y una nariz pequeña. Era de compresión delgada y más alto que ella. Se quedó de pie intentando pensar en algo que decir cuando la campana de entrada de la tienda la alertó y regresó al mostrador.

Recibió a cada persona, atendiéndolos adecuadamente y manteniendo los nervios a un lado. Quería seguir trabajando ahí, por lo que quería hacerlo excelente. Por lo que todo el día se esforzó en dar el mejor servicio. Había habido mucho más gente que el día anterior por lo que se mantuvo en el mostrador casi todo el día, acomodando, barriendo y asegurándose de que estuviera todo en orden. Cada determinado tiempo Amajiki salía de la cocina con bandejas recién salidas de pan y rellenaba los estantes vacíos. En cada ocasión Nejire esperaba que él se quedara para hablar o decir algo más pero siempre se iba con la misma rapidez con la que llegaba y sin mirarla.

Cuando ella lo llamaba por alguna duda de precios con la caja registradora, él simplemente se acercaba caminando con desgane, resolviendo sus dudas y regresando a la cocina. Jamás desgastada una palabra más.

Al inicio pensó que tal comportamiento era porque estaba lo suficiente ocupado horneando y manteniendo todo abastecido. Entendió un par de días después que Tamaki era reservado, demasiado para una persona como ella que hablaba hasta por los codos. Aunque eso no era algo que fuera a detenerla. Estaba gran parte del día en la panadería, con el Amajiki por lo que debía llevarse bien.

Razón por la cual mientras iban pasando las semanas, cada que no había gente, Nejire se escabullía hacia la cocina, siempre con una sonrisa y haciendo sobresaltar al panadero. Acercándose lo suficiente para asegurarse de que estaba siendo escuchada, hablando sobre su escuela, los amigos que tenía ahí o cualquier percance que pasada en la parte delantera de la tienda. La idea era hablar lo suficiente de tantas cosas como fuera posible y esperar que eso ayudara a que Tamaki fuera más abierto.

Aunque a decir verdad el estar a su alrededor le daba la confianza de contarle cosas que no tenía contemplado. Esperando de verdad que la escuchara aunque su rostro y la forma en la cual estaba sumido en el trabajo le hacían dudarlo. Quiso aferrarse a la idea de que si estaba siendo escuchada. Algo que en el pasado no le había preocupado antes con las demás personas, hasta que lo conoció a él.

— ¿Tu siempre trabajas aquí? — Mencionó aquel día, en un intento de hacerlo hablar.

—Solo en vacaciones. —El Amajiki respondió luego de un par de minutos mientras revisaba el pan en el horno.

—Eres demasiado bueno, Amajiki-kun, todo el pan es delicioso, por eso tenemos tanta gente. —Sonrió mientras lo ayudaba a lavar las bandejas que estaban sucias.

Algo que no le había aprendido por su tiempo ahí podría leer los movimientos siguientes del masculino y anticiparse. Algo que hacía de vez en cuando. Sea lavando, rellenado las mangas pasteleras, acomodando los trastes o llevándose charolas con pan para colocar en los estantes. Nejire no sé quedaba quieta y siempre buscaba ayudarlo.

—Siempre he disfrutado mucho el pan, recuerdo que cuando era niña vivía en un pequeño pueblo cerca de las colinas del sur. Ahí había un templo en la colina más cercana rodeado de árboles de cerezos, la floración era todo un privilegio, los pétalos cayendo como cascada, era tan hermoso. — Sonrió dando la vuelta y apoyándose en la mesa, con la mirada un poco perdida en sus recuerdos.— Cada año hacían una celebración y ahí hacían un pan con pétalos de Sakura encima, eran únicos de ahí y recuerdo eran deliciosos. Pero después nos mudamos aquí y el sabor quedó en mi memoria.

El trabajo de su padre los obligó a cambiarse a la gran ciudad, por lo que abandonó a todos sus amigos y vecinos para ir ahí. Para ella el cambio no fue demasiado porque aún era pequeña pero de vez en cuando soñaba despierta, al ver un cerezo en la ciudad, con el panorama magistral de los pétalos rosas lloviendo y alcanzando el pueblo.

Nejire lo vio abrir el gran horno y sacar las banderas con un trato mientras entrecerraba los ojos por el calor sofocante. En la cocina había calor, por los hornos que estaba ahí. Lo suficiente para hacerla sudar de vez en cuando, podía adivinar que el sacar el pan de aquellas cosas metálicas con fuego no sería nada agradable.

Contempló las manos grandes masculinas y como sus músculos se marcaban al cargar las charolas. La mirada afilada contemplando su trabajo y sorprendida vio una pequeña sonrisa asomarse de la comisura de sus labios. Fue ahí que su pecho se agitó y más aún cuando Tamaki alzó el rostro y la miró con aquellos orbes oscuros.

—Hadō-san, están llamando.

La fémina se sobresaltó al escuchar su voz profunda y asintió mientras daba media vuelta y regresaba al mostrador. Había estado tan enfrascada observando al panadero que no había escuchado el timbre que informaba que alguien había entrado. Respiró profundamente mientras atendía a los clientes.

No iba a engañarse al pensar que Tamaki no le resultaba atractivo. A pesar de solo haber cruzado un par de palabras en esas semanas, todo en él le atraía. Su porte, su rostro, ojos rasgados y oscuros mirándola con intensidad, su cabello azul oscuro que le quedaba tan bien y le hacía preguntarse si olería a pan o aquellos labios delgados que siempre estaban unidos serían dulces, como la crema con la que rellenaba el pan lo era. Además que el hecho de ser tan callado y silencioso la atraía aún más, extremadamente curiosa de descubrir el porqué de tanta seriedad.

Por eso mismo seguía con sus intentos de hablar con él cada que pudiera. Dirigiéndose a la cocina cuando estaban solos, hablando de los panes, como los que hacían eran de gran calidad, halagándolo con lo rápido y la maestría de sus manos para crear pan tan perfecto o como dominaba toda la actividad. Él simplemente agradecía, sin mirarla mientras seguía con su deber o decía alguna frase suelta. Nejire se deleitaba observándolo más de la cuenta e invadiendo su espacio personal, algo que no tenía relevancia para la fémina. En algunas ocasiones se había acercado lo suficiente a su lado y picado con el dedo índice el costado de Tamaki haciéndolo sobresaltar y girar, dándole la espalda para alejarse y salir de la cocina.

Y tal acciones, el verlo huir de esa forma la hizo dudar.

Nejire Hadō era muy segura de sí misma, infantil, animada y completamente ajena a lo que la demás gente pensara. Nunca se detenía a pensar lo que sus acciones significarían para la demás gente. Por eso mismo invadía el espacio personal de la gente, haciendo preguntas impertinentes y enojándose cuando no se salía con la suya. Solo preocupándose de lo que ella sentía y pensaba…hasta ese momento.

Por primera vez pensó que aquellos acercamientos hacia Amajiki podrían incomodarlo. O aún peor, hasta enojarlo.

Y era lo que menos quería, con todo este acercamiento solo buscaba estar lo suficientemente cerca del chico que le gustaba, pero ¿Y si todo eso solo logro que él no la tolerará y la quisiera cerca? Su pecho se contrajo ante la idea.

Por lo que ese día no fue a la cocina, se mantuvo en el mostrador intentando concentrarse en su trabajo y saliendo del local, incitando a la gente a entrar. Había ido a ese sitio a trabajar a fin de cuentas, no quería ser un problema para los dueños o su hijo. Se sorprendió cuando Tamaki apareció a su lado, mirando la parte delantera de la panadería.

Tenía una pequeña charola con un par de panes y los dejó en el mostrador.

— ¿Todo bien? —Habló por iniciativa.

La Hadō sonrió ante ese leve acercamiento.

—Sí, todo en orden. —Tamaki tomó la charola entre sus manos, acción que Nejire siguió. —No te preocupes, yo puedo…

Intentó tomar la charola pero en ese intento tocó las manos masculinas, sintiendo los dedos del Amajiki. Tan firmes y calientes. Antes de que el regocijo la invadiera, Tamaki se removió con violencia soltando la charola. El brusco moviendo ocasiono que esta cayera al suelo y que el pan saliera volando.

Nejire entreabrió los labios sorprendida, viendo al hombre enfrente suyo y como tenía la mirada hacia abajo. Para finalmente dar la vuelta y regresar a la cocina, sin decir ni una palabra.

El pecho se la Hadō se removió incómodo, seco, inseguro y dolorosamente… ¿tan desagradable era para él el tocarla? Presionó los labios entre sí, mientras sus sentimientos por el Amajiki se retorcían, causando estragos en su cabeza. Jamás le había importado lo que los demás pensaran pero ahora… ¿qué debería hacer? Tal vez debería dejar de venir.

Le gustaba su empleo, le gustaba demasiado Tamaki pero no quería incomodarlo y aún más, no quería seguir viviendo esos desplantes. Cada tarde al cerrar la dueña le hablaba para preguntarle cómo había ido todo, por lo que ese día aprovecharía a decir que ese había sido su ultimo día. Con un poco de suerte encontraría un empleo en el centro comercial. Por lo que se quedó en el mostrador, sin decir nada, mirando fijamente al ventanal, atendiendo a los clientes que entraban sin muchas ganas y finalmente haciendo el corte de caja para dejar todo en orden.

Suspiró una vez que terminó y contemplo el cielo anaranjado al otro lado del cristal, pensando que se le había hecho más tarde. Y que esa la última vez que vería el cielo en ese lugar.

—Hadō-san

La voz del masculino la hizo regresar en sí, un poco insegura. Movió las manos en un intento de demostrar que estaba haciendo algo. Giro sobre sí misma, limpiando la cafetera por fuera y asegurándose que estuviera surtida para mañana.

— ¿Qué sucede, Amajiki-kun?

Esperó pacientemente a que dijera lo que pretendía, sin embargo, el silencio se prolongó durante varios segundos. Cosa que la hizo extrañarse ¿había alucinado que le había hablado? Dio media vuelta dispuesta a ver si era verdad o no, y sus orbes azules captaron los oscuros que la contemplaban con intensidad. Notó como él tenía las manos extendidas.

La mirada femenina descendió, encontrando un pequeño plato de porcelana con tres panes en él. Colocados perfectamente en el centro. Nejire entreabrió los labios cuando el entendimiento la golpeó al ver los pétalos de flor de cerezo encima, adornando tan delicadamente el pan que estaba aún mejor de lo que recordaba…

— ¿Qué…?

—Dijiste que eran deliciosos y que el sabor estaba solo en tu memoria y quise traerlo a la realidad —Habló tartamudeando. —Al ser un pan único de tu pueblo natal me costó encontrar la receta y varias prueba y error pero creo que finalmente salieron… puede que el sabor no sea igual, porque yo no los he probado pero… espero sean de tu agrado.

Nejire despegó la mirada del pan y no dejó de ver a Tamaki mientras hablaba, con cierto nerviosismo y con su mirada rehuyendo de vez en cuando, además ¿tenía color en las mejillas?

—Yo pensaba que tú estabas incomodo a mi alrededor.

Tamaki la contempló con la duda presente en su rostro ¿incomodo porque? ¿Acaso lo decía porque no hablaba demasiado? Contemplo el rostro inocente de la fémina, con aquellos orbes grandes, pómulos pronunciados y el cabello recogido en una cola alta… su pecho emprendió una carrera desquiciada y miró el suelo.

—Yo… es solo que…— Trago saliva en un intento de pasar el nerviosismo. Dejo el plato con los panes en el mostrador —Tu… presencia es tal que no puedo evitar ponerme nervioso...

Tamaki Amajiki se había sentido tan nervioso la primera vez que había visto a la Hadō. Antes de darse cuenta la tenía encima en la cocina. Su madre le había dicho que llegaría ese día la persona que le ayudaría en la panadería más especialmente en el mostrador ya que su timidez le impedía lidiar con gente. Pero jamás hubiera pensado que la persona que trabajaría con el fuera tan resplandeciente como el mismo sol, con la sonrisa más cálida y los ojos centellando. Su interior se había agitado con una fuerza torrencial y más cuando ella había pronunciado su nombre. Desde aquel momento el tenerla alrededor lo ponía tan nervioso que no podía pensar con claridad siempre sintiendo su pecho a punto de salirse de su lugar. A pesar de eso, cuando ella iba a la cocina una calidez acogía pecho y la escuchaba fascinado de todas las cosas que le contaba, queriendo decir algo inteligente pero sin que las palabras salieran de su boca.

Por alguna razón Nejire era tan inocente y abierta con él que no percibía el efecto que le ocasionaba. Podía suponer lo al verla acercarse sin limitaciones hasta él y más aun tocándolo. Aquella vez en la cocina cuando su dedo se sumió en su costado Tamaki se estremeció hasta la medula y se mareo por la vergüenza de tenerla tan cerca, fue tan así que tuvo que salir de la cocina antes de desmayarse. Y más aún ese día en la mañana cuando por accidente había tocado su mano. Tamaki se había sentido el hombre más afortunado del mundo y aun así su corazón estaba por salirse. Razón por la cual puso todo de sí para lograr conseguir el pan perfecto para ella.

Esa sería la manera de demostrar lo mucho que significaba para él y todo lo que le hacía sentir.

Era tan mágica y resplandeciente como un hada, con una calidez embriagadora. Él no podía dejar de mirarla cuando ella estaba perdida atendiendo y se sentía mal por no acercarse aún más. El ver el pan recién salido del horno lo hizo pensar que si no se atrevía, si no se acercaba hasta ella, podría arrepentirse toda su vida y aún más todo su esfuerzo de investigación y práctica con aquel pan no valdría nada.

Y con los nervios acogiendo cada celular de su cuerpo y sus labios temblorosos se había acercado hasta ella, con los panes en la mano.

Nejire se quedó en su sitio procesando aquellas palabras. Y a su memoria regresaron cada uno de esos momentos, recordando el color rojo en las mejillas del chico y sus labios comprimidos en un gesto nervioso. Sonrió ampliamente sin poder evitarlo y tomó uno de los panes para después morderlo encantada. Un deja vú eclipsó su cabeza, transportándola años atrás, a su pueblo natal y más específicamente al templo en la colina. Pudo ver los pétalos de cerezo flotando en el aire.

¿Amajiki había hecho eso…por ella? Un nudo en su garganta se formó y el entendimiento la llenó, no estaba incomodo a su alrededor y mucho menos enojado por su cercanía. Él era tímido, demasiado, a su alrededor porque tal vez compartían los mismos sentimientos. Él la había estado escuchando todo este tiempo, cada cosa que le decía y se había esforzado en hacer ese pan para ella, durante todo este tiempo. Su corazón vibró con intensidad.

Presa del recuerdo y añoranza la Hadō dio un par de pasos, acercándose hasta el masculino y abrazando, rodeando su cintura. Pudo sentirlo temblar ante esa caricia, su corazón siendo embriagado por una gran calidez al comprender que los actos que había pensado que eran de repulsión en realidad habían sido ocasionados por la timidez absoluta del Amajiki. En esa posición podía sentir el corazón de Tamaki latiendo tan desenfrenado como el suyo, como si se fuera a salir en cualquier momento Alzo la cara para mirar el rostro sonrojado hombre y sus labios temblando.

Sin poder evitarlo se puso de puntas, solo un poco y presiono sus labios con pos masculinos, aquellos que miraba secretamente cuando estaba en la cocina y que la habían obsesionado hace varias semanas.

—Es perfecto.

Y ese simple roce comprobó la duda que la había atacado desde que lo había conocido.

¿Amajiki Tamaki sería tan dulce como los bizcochos que preparaba?, No, era aún más deliciosamente dulce que el pan.

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