Akatsuki no Yona no me pertenece.

Fragancia

Yona estaba más que preparada, la labor de una reina era muy pesado y no había tenido nada de tiempo a solas con el próximo rey. Pero, esa noche había obtenido un poco de tiempo libre y lo aprovecharía.

Se dio un baño con pétalos de rosa y se puso uno de sus vestidos favoritos y como elemento extra, usó esa fragancia que le habían regalado en casa de Tae Jun. Hak le había dicho en esa ocasión que servía para seducir hombres y eso era lo que quería hacer esa noche, seducir a Hak.

Se sirvió un poco de té y esperó la llegada de Hak quien se apareció diez minutos después.

—¿Yona necesitas algo o estás lista para dormir?

Yona amaba que al fin la llamara por su nombre, la forma en la que lo decía era encantadora.

—¿Podrías quedarte a charlar un rato conmigo?

—Me parece bien.

Estuvieron hablando del futuro que les esperaba, del presente que disfrutaban y de su pasado como el feliz grupo de hambrientos.

Pero, Hak cambió el rumbo de la conversación.

—Yona, ¿tú hueles así? —dijo olfateando—recuerdo ese aroma, ¿cómo es que lo tienes?

—Me lo regalaron.

—¿Y por qué te lo pusiste?

Ese era el detalle más extraño para Hak.

—Para que cumpla con su propósito—fue lo que respondió.

—¿Conmigo? —dijo medio en serio, medio en broma.

—¿Con quién más?

Se estaba muriendo de vergüenza al decir todo eso, pero era lo que quería y lo soportaría.

—Entonces, ¿me estás seduciendo?

La chica enrojeció, pero aceptó con voz fuerte y clara.

—Sí, te estoy seduciendo.

Hak no pudo aguantarlo más y estalló en risas. Yona en verdad había cambiado y al parecer para bien.

—No estamos casados aún.

—¿Qué tiene eso de malo?

—La gente hablará.

—No tienen por qué saberlo.

Hak la miró unos segundos antes de acariciar suavemente su rojo cabello.

—Entonces, hagamos que tu dulce fragancia haga efecto en mí, aunque déjame decirte que no era necesaria, tienes todo para que me encantes sin necesidad de una fragancia.