Hola!
Este one shot no iba a conocer la luz, porque ya paso su día, era para el 26 de agosto, y solo iba a subir otro cap más de esta serie, pero hoy(ayer) en la tarde, estaba viendo tiktok y descubrí que el 10 de septiembre es el día mundial de la prevención contra el suicidio. Así que aquí está.
Angust: Día 6 "Intento Suicida"
"Frío"
El frío no hacía diferencia en su sentir.
Era familiar para ella, y hasta podía ser revitalizante. El frío era parte de su gente, y a través de sus padres, también era parte de ella. Ese no era el problema. El problema es que en sus pies no sentía ese frío, ni la manta con la que cubría sus piernas. El problema es que alguna vez fue la persona más poderosa en la faz de la tierra. Y ahora no se sentía ni la sombra de esa persona.
Creía haber tocado su punto más bajo cuando perdió sus poderes contra Amon, cuando en ese entonces todavía por lo menos podía sostenerse sobre sus propios pies. Podía correr, moverse, aunque no pudiera hacer control, todavía era libre y dueña de sí. Ahora lo único que le quedaba, era mirarse, inutil, incapaz de ocuparse de sí misma. Furiosa y frustrada. La comprensión y el amor de sus amigos y familia solamente la oprimían más. El dolor que sentía en su pecho era eco del dolor que debería sentir en sus miembros.
No era digna. No tenía nada contra lo que dejar de sentir estaba muy por debajo de lo que se esperaba de ella.
Era el avatar, por todos los espíritus.
Soñaba con su poder, desarrollar todo su potencial y ayudar a la gente. Ser la fuerza que hiciera la diferencia. Y se encontró con un mundo en caos, ingrato y peligroso, que solo le devolvía traición y brutalidad.
No soportaba el amor y la compresión en la mirada de sus padres. Se sentía atrapada y que el mundo la dejaba atrás. Estaba tan enojada, por tanto, por todo. Sus amigos avanzaban sin ella, y le gustaba saber que estaban bien y haciendo nuevas cosas, y los envidiaba por lo mismo. Mako atrapaba criminales mientras ella solamente intentaba levantarse. Bolin seguía explorando, esperando encontrar su lugar y en donde encajaría, en lo que ella trataba de no perderse entre la niebla de la depresión, su realidad, y lo alguna vez fue y quizá ya no sería de nuevo. Y Asami.
Asami era grandiosa como siempre. No deteniéndose ni quejándose, del mundo que la había dejado sola, que la había golpeado una y otra vez, alzándose más fuerte, hermosa y decidida. Era un motivo de inspiración para Korra. Más las palabras de Katara, lograron abrirse paso por las negras marañas de sus emociones, logró sentir algo y moverse. Era delicioso poder mover aunque sea un dedo. Creyó que jamás se había sentido más complacida de lograr algo. Y siguió intentando con todas sus fuerzas.
Nadie le dijo que la terapia no era como el entrenamiento.
Estaba acostumbrada a trabajar para conseguir su desarrollo y habilidades. En el entrenamiento practicar y practicar era consistente. Veía sus esfuerzos sistemáticamente recompensados, incluso cuando el aire control no cooperó al principio, cuando lo liberó, todo su entrenamiento dio sus frutos, porque ya conocía cada golpe y movimiento. Pero no, la terapia no era igual. No era todo cuesta arriba.
Ayer pudo dar unos cuantos pasos, y hoy otra vez sus piernas no respondían.
Estaba tan cansada. Las palabras de Katara no lograban entrar en su corazón, a duras penas lo hacían en su mente. Hoy era el reinado de la niebla. La que susurraba que no podía lograr nada, que no era digna, que no era poderosa, y en realidad nunca lo había sido. Por eso no podía contra los malos del mundo, por eso tenía que esforzarse tanto. Por eso ahora debía recibir asistencia para casi todo.
Otra vez no estaba comiendo, tenía pesadillas, no podía dormir. Después del fallo regresaron con nueva fuerza. Las horas y los días se alargaban, desdibujándose. Estaba cansada, muy cansada.
Al principio, cuando Katara la ayudó a ver que no era la primer avatar con problemas, se sintió motivada, y después entre las pesadillas, sus esperanzas y las amables y firmes palabras de Katara resonaron enredadas. Aang había perdido a toda su cultura, su mundo, sus amigos y todo lo que conocía, y se alzó como el salvador que cambio el mundo enteramente en solo un año, mientras ella, Korra, otro avatar que no era ni la sombra de Aang, solamente no podía caminar y ya sentía que se le terminaban las opciones. Era demasiado.
Estaba cansada.
Katara no estaba. Korra estaba sola, como le correspondía. Ahora por lo menos todavía tenía sus poderes.
Se dejo hundir en el agua, conteniendo la respiración por completo. Se emocionó. Era una sensación diferente. Estaba segura. Tenía miedo también. Pero podía hacer esto. Si no podía hacer otra cosa por el mundo, al menos daría el paso al siguiente avatar. Eso si no lo había echado a perder y roto todo el ciclo. Incluso eso le pesaba, otro motivo a los que ya cargaba.
Trató de no respirar hondo y volvió a sumergirse después de escuchar que no viniera nadie. Con un amplió movimiento de sus brazos, convirtió todo el agua en hielo.
El frío llegó mucho más pronto de lo que pensó. Los pulmones le ardían. No podía abrir los ojos y la oscuridad era total. Sabía que fue su mejor opción, porque sus músculos gritaban por oxigeno, pero el hielo no la dejaba mover ni un dedo. No había modo de escapar de su propia prisión de hielo.
Su nariz aspiró, pero no había nada qué tomar. Frío y vacío. Su mundo ardía. Korra no recordaba que el frío quemara tanto.
Al principio, el miedo la invadió cuando supo que no podía moverse. Después la desesperación de no respirar. Más y más miedo. La tensión en todo su cuerpo. Tenía que liberarse, pero no podía. El ardor. No sabía que los pulmones y su garganta podían arder tanto. Era fuego sin ignición. Poco a poco se estaba apagando, consumiendo el poco combustible que tenía.
Korra no podía gritar. El pánico la llenó. Se había enterrado viva a sí misma. Y justo ahora no comprendía por qué lo había hecho.
Pero conforme se le acababa la conciencia, recordó que ahora tendría descanso, y el mundo tendría su nuevo avatar.
El miedo fui sustituido por una llana aceptación.
Korra no escuchó el grito de Katara cuando regresaba con la bandeja del té. La anciana apenas podía con esas emociones a estas alturas. No tenía idea de que Korra se sintiera tan mal.
Con un movimiento fluido, sin pensarlo, regresó el agua a su estado liquido, y el cuerpo de Korra, desesperado por vivir, buscó el ansiado oxigeno. Y lo que recibió fue agua, fría. Empezó a estornudar y ahogarse mientras Katara se maldecía y llamaba a los guardias y que trajeran a Tonraq.
Korra despertó en su cama, sabiéndose viva. El dolor en todo su cuerpo lo gritaba. Y la verdad, no sabía si sentirse agradecida.
El vacío. La frustración. Era todo lo que conocía.
N.A.
Es lo que es, y no hay más.
No he probado personalmente de este veneno, pero es uno que frecuentemente traigo en el bolsillo.
Carpe Diem
