Esto es un chiquero.

Mientras más avanzaban entre las seccionadas multitudes, más penosa era la situación por la que la Unión estaba pasando.

Habían familias descansando a las orillas de las fogatas recién encendidas, personas no dejaban de trabajar a pesar de estar en muy pésimo estado, y sobretodo las carpas de enfermería estaban plagadas de… heridos.

"Perdonen el desorden, lamento que nos tengan que ver en momentos así" decía Caster.

Lancer tomó más la delantera y le siguió un poco más cerca el paso a este viejo, el cual no tuvo problema en darse cuenta de ello.

"¿Por qué hay heridos?" preguntó él.

A lo que Benjamín solo le respondió.

"Y lo dices tú, el que se enfrentó a la causa"

El lancero no le vio gracia y aún así Caster se río entre dientes mientras pasaba adentro de una de las carpas más grandes, dejando ver ahí dentro lo que rápidamente todos reconocerían como una sala de reuniones tácticas con un mapa grande en medio de todo, decorado con muy detalladamente puestas banderas blancas, rojas y azules por todo lo que es el continente americano.

Sudamérica estaba exenta de estas ornamentas, México y parte de Centroamérica tenía estaba plagada de banderas blancas a excepción de muy contadas costas que tenían en ellas banderas rojas. Y finalizando en los territorios más al norte es donde más se desordenaban las ornamentas, pero si había algo en claro, era que todo el Oeste parecía estar dominado por banderas rojas.

"Los rojos…" Gudao quizo tocar ese tema.

Y Franklin no tuvo razón para negarse, mientras se quitaba los guantes y los tiraba por ahí.

"Si, ellos son los malos" sentenció.

Da Vinci pidió un escaneo rápido de ese mapa, y después de que el personal de Chaldea se pusiera en obra una representación holográfica apareció frente a ella.

"Lo suponía. Washington, Pensilvania, Florida… casi todas las raíces de Estados Unidos han sido tomadas"

Ella misma se encargo de suponer que las banderas azules significaban aliados, y tras marcarlos en el holograma ya todo estaba resuelto para ella.

"La Unión está siendo aplastada" y no fue nadie más que el propio Franklin quien admitió eso. "Pero no tengo razones para rendirme todavía, nadie aquí presente las tiene"

Fue seguido por el asentimiento de sus soldados de más alto rango presentes en la carpa.

Daba gusto saber que no había desdicha entre la Unión a pesar de la situación, pero en Chaldea, Mash impuso una pregunta.

"¿Pero contra quién estamos peleando?, digo, se suponía que el ejército americano era el más fuerte de todo el mundo"

A lo que Leonardo contestó con una sonrisa.

"Pues la respuesta es fácil, querida. No hay nadie más que pueda derribar a América que la propia América" sentenció con viveza. "1865 fue un año de milagros, fue el quinto y último año de la guerra más oscura en toda su historia: la guerra de secesión."

Un conflicto bélico entre los ideales supremacistas y la libertad racial, una pelea que encarnó lo peor de la mentalidad humana y marcó un antes y un después en la evolución del pensamiento revolucionario del hombre, pero… en el 1865 que conocemos la guerra cesó por momentos su batalla, todo apuntaba a que en cualquier momento la Unión ganaría y así lo fue, pero esto… ese holograma indicaba que este conflicto estaba lejos de acabar.

"¿Qué fue lo que ocurrió?"

Benjamín Franklin entonces respondió.

"Creo que ya hemos respondido suficiente, es momento de que nosotros hagamos las preguntas, comenzando por… Chaldea"


Otro lugar del vasto territorio occidental estaba transcurriendo una misma reunión al mismo tiempo en que Chaldea desnudaba sus objetivos a la Unión. Aquel mismo Saber al que Cú Chulainn se enfrentó volvía exactamente de esa batalla casi sin ningún rasguño.

"Quieto" una voz le ordenó e inmediatamente el caballero paró su caminar y se postró estoico frente a una gran puerta abierta que resguardaba un trono por encima suyo.

"Como intuyó, hay más servants rebeldes de los que pensábamos" sentenció Saber, con una voz atronante reflectada desde su casco.

"Entendido, ¿algo más?" una mujer al lado de aquel trono de piedra respondió.

Saber la miró de reojo y notablemente se vio irritado por tener que hablar con ella, sin embargo, una silueta masculina, cómoda, en el trono estaba inmóvil, reacia a hablar con alguien o siquiera estar consciente de lo que ocurría a su alrededor.

"¿Por qué no los aplastamos?" Saber le increpó. "Tenemos todas las de ganar; el apoyo de la Reina de las Hadas, miles de soldados mecanizados por esa… cosa"

Desvío la mirada con inentendidas facciones que no fueron aplaudidas por la mujer.

"Mi lord ha hablado, el camino de la violencia solo atrae más violencia que nuestra amada tierra perfecta no necesita"

Saber se burló de esa última palabra, y al instante en que eso ocurrió el cuerpo de aquel hombre sentado en el trono se movió como si reaccionara por instinto a ello.

"¿Qué te resulta gracioso… rey sin rostro?"

Dijo una voz pasible, calmada pero vehemente junto a una mirada que parecía brillar en la propia oscuridad, unos ojos solo dedicados a ver profundamente al que osá burlarse de su imperio perfecto.

Saber no dijo nada, bajo la cabeza, no del todo, pero lo suficiente para resumir su comportamiento frente a este hombre.

"Disculpe mi hostilidad" sentenció este mismo.

La fémina al lado del trono sonrió satisfecha, como si hubiera ganado la discusión, pero tan pronto volteo a ver su lord no volvió a ver la luz del sol cuando una especie de tentáculos salieron desde las sombras y se la llevaron a rastras y penas de sus grotescos gritos hasta que un seco «crack!» la silencio por siempre.

"No es normal que salgas de tu patrullaje." dijo el Lord al aire, y una firme figura hizo presencia al momento.

Su armadura relinchaba con cada paso que daba y sus zapatos se manchaban sin reparar en sentimientos con el charco de sangre que aquella mujer dejó en su desaparición, Saber le observó sin mucha palabrería, y cuando bajó dos escalones dio la vuelta y se postró como un leal siervo lo seria a su rey.

"Me he tomado la libertad de encargar mi labor a las unidades mecánicas, perdone mi osadía"

Saber le preguntó sus motivos, por lo cual ese nuevo invitado en la reunión la contestó tras levantar de nuevo su cabeza y cuerpo.

"Si he oído bien, dices que hay más servants del lado enemigo que el esperado" hizo una pausa y apuntó al pecho del Saber negro. "Servants lo suficientemente fuertes como para matarte una vez"

Saber evidentemente se ofendió, pero cuando miro a su pecho supo que no tenía excusa alguna para justificar el hueco circular que traspasaba su armadura, recordando el Gáe Bolg que recibió del Lancer en el bosque.

"Me confíe, no espere enfrentarme a un Lancer tan versátil, pero no va a volver a ocurrir."

Sin dudar de sus palabras el segundo caballero asintió.

"Que así sea" le felicitó.

A lo que Saber solo tuvo para responderle.

"Y así será." con un tono de voz rozando hacia la agresión.

El segundo volvió a mirar a su lord, poniendo una mano en su pecho y alegando sin farfullar en burla.

"Sin embargo, yo, Gilles de Rais, me ofrezco para terminar con el trabajo. Una labor que ni el propio Balduin IV ha podido completar"

Fue osado con su propuesta pero en sus ojos no discernía rencor o maldición hasta el momento en que de un crugiente sonido hizo el suelo agrietarse bajo los pies del Saber negro, ya que había saltado con espada en mano dispuesto a matar a este hombre por su demencia, cruzando espadas con él cuando esté le respondió con el azote de su sable, cayendo Balduin de pie a unos metros de distancia.

"¡No oses llamar a mi nombre verdadero, templario corrupto!"

Gilles de Rais apuntó la punta de su sable contra él y contestó.

"No evadas la verdad con violencia, ¡no permitiré sacrilegios en nuestra tierra prometida!"

Su enemigo gruñó, apretando con fuerza su arma y lanzandose como una bestia furiosa que, no obstante…

"¡Basta!"

No pudo moverse más de dos escalones al quedar paralizado a medio acto, lo mismo le ocurría a Gilles de Rais.

"No permitiré asaltos entre aliados, no aceptaré discordia en mis filas" decía el Lord, mientras acomodaba su ennegrecida figura en su pedestal. "Gilles de Rais, escudero de la Doncella de Orleans"

El citado respondió con sumisión, arrodillandose ante él, la última palabra se había dado y por ende Balduin IV se retiró sin decir una sola palabra mientras que todo quedaba en manos de una simple oración.

"Traeme la ruina de nuestros enemigos."


"Err… okay, dejame ver si entendí"

Benjamín Franklin, al igual que muchos de sus vasallos se denotaban pensativos con la lluvia de información que les había caído de imprevisto, pero sobretodo, más bien un gesto de maravilla se presentaba en el rostro de aquel Caster de voz rasposa, como si una lluvia de ideas le hubiera pasado por la cabeza con todo eso.

"Chaldea es como una especie de… ¿viajeros del tiempo?" pensó uno de los hombres, pero no pudo estar más equivocado.

"¡Claro que no, estúpido, ¿acaso el caballero negro te comió el cerebro?!," y fue el propio Franklin el que se lo hizo saber. "Serían más como una organización espacio-tiempo, no solo unos estúpidos viajando de aquí a allá"

Gudao se rio con nervios ya que eso último no lo podía defender del todo, pero le alegraba saber que ya habían entendido, quizás Caster más de lo esperado.

"¿Y bien?, nos vendría muy bien su ayuda ahora mismo, la verdad" agregó Cú Chulainn.

Hubo un silencio por respuesta, aunque hasta hace poco estuvieran alegres debatiendo y escuchando sobre la existencia de Chaldea, muchos escépticos sobre el tema mantenían su postura de desconfianza, se veían los rostros y casi era como si se preguntaran entre ellos si realmente Gudao y Da Vinci estaban diciendo la verdad, 2017 era un año muy… lejano para ellos. ¿La humanidad aún existiría realmente hasta entonces?. El único que estaba de acuerdo con eso era el propio Franklin, y rascaba su anciano rostro intentando encontrar una solución a este debate entre mudas opiniones.

"Gudao Fujimaru" se acercó uno de aquellos hombres y preguntó. "Si realmente son viajeros en el tiempo… ¿quién soy?"

El máster obviamente no supo que responder y inmediatamente acudió a Da Vinci. Desde Chaldea se hicieron rápidas investigaciones y después de unos segundos… nada, no había nada para identificar a ese sujeto; se sabía que habían muchos rostros desaparecidos por cada guerra que se cumplía en la historia, muchos nombres que jamás fueron recordados o guardados en algún registro, y él… él era uno de esos rostros olvidados.

"¿Quién mierda te crees, Yvonne?"

Olímpicamente la tensión por esa respuesta fue disuadida al instante en que Caster rompió en carcajadas.

"¿Crees que tú, un simple político de mierda que jamás ha sujetado un arma va a ser recordado?"

Su risa pronto contagio a los demás, y aquel hombre se avergonzo y disculpo, siendo así que dicha respuesta ya no fue necesitada, Franklin los salvó.

"Pero, volviendo al asunto, deben entender que no podemos confiar en ustedes tan rápido"

Gudao intercedió.

"¡Pero estamos diciendo la verdad!"

Y Benjamín lo volvió a sorprender al chasquear sus dedos y apuntarlo a él.

"Sin embargo, aquí los americanos tenemos un bonito refrán…"

«El Enemigo de mi Enemigo es mi Amigo»

Y así, llevo ese mismo dedo al mapa en el centro de la carpa, apuntando a un punto que rápidamente Chaldea escaneo como…

"¿Les suena Texas?" dijo Franklin, de forma sugerente.