DIGIMON: MEMORIES
I.
Una Esperanza en el Infierno
Una chica esperaba al lado de la ventana de un restaurante. Ella movía uno de sus pies con insistencia y ansiedad, realmente preocupada. Era normal que él llegara tarde a todas partes, pero hoy no contestaba llamadas y no respondía mensajes. Sus padres tampoco daban razón de él desde la mañana.
Por otro lado, él nunca faltaría a esa reunión junto con todos sus amigos, una reunión conmemorativa, además. Jeri Katou tenía un terrible presentimiento, como si antiguas sombras del oscuro pasado surgieran a flote después de años de encontrarse sumergidas en el pozo del olvido.
"Tal vez así lo quiso el destino..."
Resonó una voz oscura en el interior de su psiquis, el recuerdo de la malvada entidad que había tomado su forma para jugar con sus amigos y destruir el mundo. Jeri aun tenía pesadillas al respecto.
"El destino..."
"El destino..."
Su cabeza dolió y multitud de voces se escucharon al desorden y al únisono, todo al mismo tiempo. Jeri sintió la temperatura descender de golpe, escuchando además un chapoteo en las cercanías.
Una neblina extraña empezaba a rodearla. Una neblina que se hizo tan densa que apenas pudo distinguir siluetas de diferentes objetos en las avenidas. Las luces de negocios, brillantes en las noches, aparecían difuminadas y distantes.
"Es el destino, serás nuestra nueva Reina..."
Sintió el agua fría entrar por sus zapatos deportivos, lo cual la hizo llevarse un susto de muerte. Jeri sintió que estaba en una pesadilla, una en la que había sido transportada a una especie de lúgubre pantano. Era la única forma de explicarlo.
Tal vez, si se pellizcaba, ella podría despertar.
Lo intentó una, luego otra vez, pero nada. Las sensaciones eran demasiado reales, como la creciente angustía causada por algo que la observaba desde el interior de la espesa niebla.
Terminaría por descubrir, para su horror, que no era una única presencia. Múltiples ojos rojos brillaron en la oscuridad, siluetas negras y viscosas resaltaron y se movieron torpemente hacia ella.
Jeri consideró correr, pero el miedo la paralizó. ¿Qué eran esas cosas?
"Te hemos estado buscando... finalmente te encontramos..."
Dijo una de ellas.
"Nuestro Dios estará muy complácido...", dijo otra criatura, tomándose el atrevimiento de tomarla del brazo.
Jeri sintió repelus, pánico. La mano monstruosa se sentía fría y viscosa. "¡Suéltame!", forcejeó.
"Nos estamos quedando sin tiempo...", gimieron varios.
"Es tu destino venir con nosotros..."
El agarre era fuerte, no había nada que pudiera hacer para liberarse.
Sus gritos se volvieron desesperados, rogando por una ayuda que nadie era capaz de brindársele. Mucho menos contra esas criaturas salidas del mísmo averno. Se sintió sola en la oscuridad, más un destello luminoso se abrió paso por sus recuerdos.
En lo que parecían ser sus últimos momentos, memorias de su rescate del D-Reaper vinieron a su mente. El gigante SaintGalgomon y la hermosa Sakuyamon enfrentando valerosamente a un gigantesco segador hecho por cables rojos retorcidos, armado de hoces afiladas; al asombroso Justimon dale un golpe de gracia a la gran monstruosidad. Vio a su antiguo atormentador, al Señor Demonio Beelzebumon, hacer esfuerzos desesperados por rescatarla de su prisión traslúcida. Y, finalmente, una figura angelical, Dukemon revestido en su armadura ardiente, venciendo a los últimos escolios y liberándola; pareciendo tan fuerte y tan invencible.
Jeri se vio rodeada por todos sus amigos, dándole la bienvenida y recordándole que no estaba sola.
Sin darse cuenta, una luz blanca destello de su interior. Si bien, aquella luz no tuvo el poder de liberarla de sus nuevos captores, hizo de faro en las tinieblas.
En el mundo de la vigilia, Lianjiang salía del restaurante en el que habían hecho reservación, queriendo consultar con Jeri la ubicación de su amigo y compartir sus preocupaciones. Lianjiang observó como Jeri Katou se desvanecía ante sus ojos, mientras era rastreada por una figura espectral.
En un mundo de sueños, Takato Matsuki escuchó su grito de auxilio. El Tamer, Elegido, Iluminado; no importaba cual era su título, juró ante ella y a sí mismo que la rescataría. No importaría hasta dónde tuviera que seguirla para cumplir con su cometido.
Jeri Katou no estaba sola.
Los engranajes del destino empezaban a moverse y, con su rapto, una cadena de sucesos empezó. Una cadena de eventos predicha desde tiempos inmemoriables. Una cadena de eventos que traerían el Fin del Todo.
El Mundo Digital era grande y extenso, mucho más grande que el universo conocido. Un infinito más grande que el infinito.
Las leyendas decían que el Mundo Digital había existido desde siempre, solo que los Antiguos, aquellos que desaparecieron eones atrás, lo conocían por otro nombre. Un lugar en el cual era fácil perderse, pues existían una infinidad de portales y puentes de luz que conectaba con diferentes niveles entre sí. Existían desde la Tierra de los Dioses, habitados por las Bestias Sagradas, hasta el mítico Pueblo del Inicio, el Génesis de los Digimon.
Sin embargo, había una puerta que solo podía ser abierta por una llave maestra. Una puerta que llevaba a un lugar, el cual, no podía ser accesado por medios convencionales.
Incluso Takato Matsuki, el Elegido de los Sueños, debía seguir ciertas normas. Habían poderes más grandes que las mismas Bestias Sagradas a los cuales debía tener en cuenta.
Y era por eso que Takato Matsuki, en compañía de Terriermon, el primero de sus amigos que encontró en el Mundo Digital, se hallaba frente a una gran puerta adornada por calaveras y siete símbolos referentes a los espíritus olímpicos, aquellos que gobernaban una esfera celeste en la antigua mitología.
"Es la puerta de la condenación, ¿estás seguro que quieres pasar a través de ella?", una chica de cabello rubio y vestido gótico preguntó al Tamer en frente de ella. "Lo único que puedo hacer es abrir la puerta, pero no puedo sacarte. Una vez entres, estarás sólo"
Takato asintió con determinación. "No puedo abandonarla, Jeri necesita nuestra ayuda..."
Terriermon asintió con pesadumbres, ajeno a sus bromas.
El compañero de Jianliang se preguntaba como Takato se había enterado del rapto de Jeri en primer lugar, estando ella a un mundo de distancia. De por sí Terriermon debía preguntarse como era posible que Takato llegara al Mundo Digital después de que los cortafuegos hubieran sido puestos. ¿Cómo púdo haberlos superado?
"De acuerdo, abriré la puerta para tí", la chica respondió, observándolo con tristeza. "Procura regresar con vida. En cuanto a tí, pequeño. ¿Quiéres seguirlo? ¿Por qué no te quedas aquí, conmigo?"
Terriermon tragó saliva, arrepintiéndose desde lo que estaba a punto de decir. "No puedo dejarlo sólo, mucho menos en un sitio como ese. Takato vino a buscarnos a todos nosotros. Lo mínimo que merece es que lo acompañemos a dónde sea que decida ir"
"Respeto tu decisión, pequeño. Es una verdadera lástima", ella asintió. "Esperaba que me hicieras compañía, aunque fuera por poco tiempo"
En eso, Takato se acercó a ella y le tomó de las manos. "No tengo más para tí que solo palabras de agradecimiento. Hasta ahora solo nos has ayudado de manera desinteresada y no se siquiera lo que has tenido que pasar, Alice. Te juro que regresaremos y te llevaremos con nosotros", el chico sonrió y ella aseguró ver la luz del sol, dadora de vida, en todo su esplendor.
Era díficil negarse, aunque no hubiera nada que él pudiera hacer.
Dudaba que él saliera del pozo de las Tinieblas, hogar de los condenados.
"Nos veremos del otro lado", Alice McCoy, aun así, no pudo evitar corresponder a su sonrisa.
Entonces la chica se hizo a un lado y dejó que Takato y Terriermon pasaran. Ante ellos, la gran puerta empezó abrirse, revelando no más que oscuridad de su interior. Por ahora, el otro lado les era totalmente desconocido.
"No puedo ayudarlos del otro lado, pero si puedo decirles algo", Alice murmuró. "Para llegar al Pandemonium, deben a travesar el bosque oscuro que lo rodea. Deben seguir el camino rocoso sin desviarse, no importa lo que escuchen o vean. Si se llegan a desviar, por algún motivo, se perderán para siempre"
"Esta claro", Takato contestó serio.
Terriermon volvió a tragar saliva, totalmente nervioso.
Ambos caminaron sin deternerse, a travesaron el portal que los llevaría al Área Oscura.
Pasaron a través de un vacío, flotando sobre la nada misma y siendo halados por una fuerza extraña, sus pies tocaron el suelo rocoso que emergió de repente. Viendo un cielo gris, se dieron cuenta que se encontraban en la cima de una montaña.
"Bueno, ya llegamos...", Terriermon comentó, intentándo aligerar el ambiente, pues la tensión que sentía por el lugar era sofocante.
Takato asintió. "Este es el Área Oscura del Mundo Digital. Terriermon, ¿puedo pedirte un favor?"
"¿Qué es?", Terriermon preguntó.
"Quiero que mantengas en secreto lo que suceda hoy aquí. Ninguno de nuestros amigos debe enterarse. Te lo suplico..."
Terriermon se extrañó ante esa petición y estaba a punto de cuestionarlo, solo deteniéndose por la aprensión visible en el rostro de Takato. Quien antes se mostraba confiado, ahora estaba muy tenso, apretando los puños con fuerza y con la piel pálida. Terriermon decidió no cuestionar, comprendiendo que Takato tendría sus razones.
Sin embargo, no sería algo que estuviera en la oscuridad para el Digimon. Terriermon tenía la intención de comprender.
"Esta bién... tiene que ser algo muy gordo para que no lo quieras comentar libremente"
"No tienes idea", Takato murmuró.
En ese entonces, una presencia se acercó hacia ellos desde la base de la montaña. Takato, sacando su D-Ark con borde dorado, se dispuso a verificar la identidad del Digimon.
'Cerberumon. Nivel Perfecto. Tipo Bestia Demonio. Atributo Virus. Su técnica especial es el Fuego Infernal...'
"¿Tendremos que pelear tan pronto?", Terriermon se puso entre Takato y el posible atacante.
"No es necesario. Él solo es el mensajero", pero Takato desestimó el combate.
"¿Quíenes son ustedes?", Cerberumon resonó con voz grave a la distancia. "Ustedes no son almas de los condenados. No pueden estar aquí"
El perro del infierno apareció delante de Terriermon y Takato, mostrándo sus colmillos blancos, echando llamas verdes por la boca.
"¿Estás seguro? No parece muy amigable", Terriermon frunció el ceño.
Pero Takato, haciendo caso omiso, abandonó la línea de protección imaginaria creada por Terriermon y se aproximó a Cerberumon sin titubear. "Somos invitados de Su Majestad, el Emperador del Área Oscura"
"¿Invitados?", Cerberumon se burló con sorna. "Un simple humano y un Digimon inútil no podrían ser invitados. Las escorias no merecen la atención del Emperador"
Cerberumon se aproximó amenazadoramente, estándo a escasos centímetros de separación del chico insolente. Terriermon, con el corazón en la mano, estuvo a punto de saltar hacia adelante y apartar al chico testarudo. Takato, ni siquiera consideró en moverse, para desconcierto del perro infernal.
Cerberumon pensó que el miedo lo paralizaba, pero, analizándo al humano detenidamente; se dio cuenta que era otra cosa. Entonces, la duda invadió su mente.
"Me sorprende que no lo sepas. Pensé que el guardían de la puerta del Purgatorio estaría más entederado de quién sale y entra al Área Oscura", Takato, por su parte, respondió con insolencia. "El Emperador debería conseguirse un nuevo guardían en ese caso, sin embargo, no se lo diré. Tu trabajo está a salvo conmigo"
"¡Te mataré!", Cerberumon gruñó enfurecido, alzando su garra y dispuesto a destripar.
Sin embargo, la pata de Cerberumon se detuvo milímetros antes de alcanzar su objetivo. Una fuerza retuvo al perro del infierno, para sorpresa de este último. "¿Qué?"
"¿Acaso necesitas más pruebas?", Takato preguntó, sin inmutarse.
Terriermon pensó que era lo más genial que había visto en la vida. Takato, sin dudas, estaba loco.
Cerberumon finalmente comprendió el peso de las palabras del chico y sus ojos se llenaron de horror. Cerberumon retrocedió inmediatamente, mirando fijamente al chico como si esperaba algún castigo abominable de su parte.
"Una disculpa, mi señor...", Cerberumon inclinó su cabeza y cerró sus ojos, Terriermon podía ver como el sabueso del Infierno temblaba por alguna razón. "¿Desea que le sirva en algo?"
"Solo quiero que nos guies hasta el palacio de Pandemonium, después serás libre", Takato sonrió con algo de empatía, como si comprendiera su díficil posición.
"Como ordene", Cerberumon murmuró, dió media vuelta y comenzó caminar directo a Pandemonium.
Takato y Terriermon comenzarían a seguirle colina abajo, mientras observaban el contraste entre el cielo gris y aquel bosque infinito, cubierto una capa de niebla densa. Y, al fondo, una enorme catedral que emulaba al Vaticano, grande y majestuosa.
"Takato, ¿Qué fue eso?", Terriermon preguntó poco después.
"Pronto lo sabrás, lo prometo".
Fue la única respuesta que recibió. "Nuestro anfitrión ya se encuentra esperándonos".
Jeri despierta debido a la angustia, descubriéndose a si misma rodeada por esas extrañas criaturas de ojos rojos que la habían secuestrado. Detenidamente, pudo notar un hedor a pescado podrido venir de cada uno de ellos, la cual no evitó asociar a ese pesado limo negro que cubría sus cuerpos. Aquellos seres parecían ser el híbrido entre una persona y una criatura marina. Jeri dudaba mucho que se trataran de Digimon.
Jeri se puso de pie de inmediato, girando en ocasiones y revisando que aquellas criaturas, las cuales la rodeaban en círculo, no se le acercaran más de la cuenta.
"Nosotros somos los seres Antiguos..."
Dijo uno de ellos entre la multitud.
"Nosotros habitamos este mundo mucho antes que los Digimon. Nosotros existimos mucho tiempo antes de que los humanos evolucionaran por primera vez..."
"¡¿Qué son ustedes?!", Jeri preguntó sintiéndo disgusto de ellos.
No solo era su apariencia. Jeri podía sentir que su escencia era intrínsicamente maligna. Su existencia casi parecía ser profana a la vida misma, un error que nunca debió ser.
"Nuestra Elegida, tu sangre y tu carne es lo único que podrá salvarnos..."
Dijo otro, ignorando sus preguntas y dudas. A pesar de eso, ella palideció, comprendiendo el objetivo final de las criaturas, o eso creyó. La realidad era mucho peor de lo que se imaginaba. De solo ser un sacrificio, Jeri mantendría un poco de su cordura.
"Tu sangre y carne nos hará fuertes ante nuestros enemigos..."
"Seremos fuertes, extenderémos nuestro reino a otros..."
"El Mar de las Tinieblas lo cubrirá todo..."
"¿Quiéren destruir nuestro mundo?", Jeri preguntó.
"No, mi niña, al contrario. Nosotros buscamos salvar tu mundo...", y respondió una voz distinta a todas las demás, una más grave y profunda, la cual parecía venir del oscuro mar que se hallaba tocando la costa.
Cada una de las criaturas dejaron de prestar atención en ella y enfocaron su vista al mar. El círculo que formaban se había deshecho y, en cambio, formaban una línea de lado a lado. Al frente de Jeri, estaba el Óceano Oscuro y el ser que lo habitaba.
"Los humanos sufren, los he visto. Hermanos que matan a hermanos, padres que asesinan a sus hijos, madres que mueren antes de tiempo..."
El recuerdo de su madre, en la camilla del hospital, vino a su mente.
"...Tu raza vive prisionera. Yo busco darles liberación y juntos podemos lograrlo, mi niña... Yo mismo puedo devolverte todo lo que has perdido. Puedo devolverte a tu madre, puedo devolverte a Leomon"
En la niebla, aparecieron las siluetas de Leomon y su madre, a unos cuantos metros de ella y con la mitad de sus cuerpos sumergidos.
"¿Me has estado espiando?", Jeri preguntó, hipnotizada por las apariciones.
"Te he estado cuidando desde que naciste, mi niña. He visto tus aventuras para convertirte en Tamer, las enormes dificultades por las cuales has pasado. Conozco tu dolor más que nadie, solo yo puedo salvarte..."
El demonio de las profundidades estaba seguro que tendría a la chica en sus garras, sin embargo, la luz que dormía en ella despertó y rompió el control hipnótico que tenía sobre ella. Por supuesto, esto lo desconcertó, a él y a sus sirvientes.
"Esas son mentiras", Jeri argumentó. "Tu no tienes ese poder, puedes recrear réplicas, pero nunca devolverme lo que he perdido", respondiéndo con convicción y viendo al vacío con un tono de desafío. "Ya no soy la misma niña indefensa para que puedas manipular"
Con esas palabras, las ilusiones creadas por el demonio se desvanecieron.
"Sin embargo, estás sóla, eres débil...", la voz arremetió, claramente molesta. "Tus palabras vienen de tu fe ciega hacía tus amigos, pero no se encuentran aquí y ahora, ¿o sí? Después de todo, ellos permitieron que mis siervos te llevaran ante mi. Los humanos no quieren hacer nada para ayudarte..."
Nuevas ilusiones aparecieron frente a ella. Se trataba de sus amigos observandola con desprecio. De Kenta y Hirokazu burlándose de ella, de Ruki humillándola y diciéndole que no era más que una carga. Jianliang la miraba con desaprobación. Su padre amenazaba con insultos y regaños mientras que su madrastra le daba la espalda. Takato. quién tanto había arriesgado por ella, le daba la espalda y la miraba con verguenza.
Esas imágenes eran pensamientos que ella tuvo alguna vez.
"Eres un poco tonto si crees que caeré en eso", a lo cual no se inmutó.
"Es muy curioso, pareces ser mucho más fuerte que tu antecesora..."
"¿Antecesora?", Jeri preguntó con el ceño fruncido.
Y risas macabras se escucharon en respuesta, erizándo su piel y poniéndo el ambiente más tenso si cabe.
"Pueda que tengas razón sobre tus amigos, tu familia. Ellos sin duda vendrían a buscarte... pero, preguntate esto, ¿deberían?"
Terriermon se estaba hartando en definitiva.
"¿Y bien?", preguntó exasperado.
"¿Te refieres a lo que sucedió ahora?", Takato respondió con otra pregunta, mientras mantenía la vista al frente, siempre mirando hacia su guía.
A ambos lados de ellos, estaban espesos arbustos y grandes árboles. Digimon de las Tinieblas, tales como Vilemon o DemiDevimon, se aproximaban a curiosear de vez en cuando.
En eso, Terriermon saltó a su cabeza, sacándole un susto.
"Esta bién, esta bien...", Takato terminó dando el brazo a torcer, al menos solo un poco. "Sucede que los habitantes del Área Oscura tienen prohíbido hacernos daño"
Dicho respuesta hizo cortocircuito en la mente de Terriermon. Simplemente no tenía sentido, incluso si ellos supieran que los Tamers y sus compañeros habían salvado al Mundo Digital del D-Reaper.
"¿Por qué?"
Ante esa pregunta, Takato comenzó a reir nerviosamente. "Supongo que tenemos un amigo con muchas influencias de nuestro lado, o eso creo"
"¿Cómo así que crees?", Terriermon cuestionó con sospecha.
Mientras, Cerberumon se detenía, casi provocando que Takato y Terriermon chocaran con él. La razón fue un gigantesco casillo, muy parecido a una gran catedral, que se encontraba a unos cuantos metros. Takato y Terriermon se sintieron contrariados, pues habían perdido la noción del tiempo y se les hizo muy pronto encontrarse con la entrada a Pandemonium.
La verdad era que había pasado mucho más tiempo del cual ellos habían percibido, más no pensaban en ello. Su atención estaba centrada en la gigantesca puerta de mármol con un pentagrama en relieve sobre ella.
Cerberumon, por su lado, retrocedió y se perdió en el bósque, dejándo a sus invitados a su propia suerte. El perro infernal no tenía nada que hacer dentro del palacio.
"Hemos llegado", Takato mencionó.
"Es enorme", Terriermon comentó. "¿Quién vive aquí? ¿Drácula?"
"Has visto muchas películas, ¿no?"
Terriermon pronto iba a averiguar esa cuestión al momento en que las grandes puertas se abrieron de par en par, dejándo entre ver un cámino árido, marcado por antorchas en llamas que señalaban el camino a seguir. Al final, estaba una torre con una simbología muy peculiar, por encima de una pequeña colina.
A medida que se acercaban, la tensión aumentaba y se volvía asfixiante para ambos. Terriermon recordó cuando entró por primera vez al palacio de Zhuqiaomon, sin embargo, fue mucho peor esta vez. No era furía, era otro sentimiento que no podía describir y el cual era más terrorífico de experimentar.
Y, aun así, Takato y Terriermon continuaron. Subieron las escaleras de aquella torre y llegaron a lo que parecía ser la cámara principal. Llegaron una especie de sala del trono, la cual mostraba un balcón con vista al exterior.
Esperándolos, encontraron a un Digimon con el aspecto de un ángel, un querubín de cabello rubio, de ojos azules y diez alas blancas que vestía una toga griega del mismo color. En su mano izquierda tenía gravado el símbolo del Digital Hazard, mientras que en la derecha estaba la Unidad Cero.
"Bienvenidos", el ángel saludó.
"Saludos, Lucemon", Takato hizo una leve reverencia.
"¿Lucemon?", Terriermon pensó con alarma.
¿Se trataba del mismo Lucemon de las viejas historias? ¿Aquel terrible ser que gobernó el Mundo Digital en la época mitológica antes de ser encerrado por sus atroces crímenes?
"Y saludos a ti, Diosa de la Oscuridad, Lilithmon"
Entre las columnas del salón, una sombra se materializó y adoptó la forma de una doncella demoníaca. Uno de los Siete Grandes Señores Demonio, en partícular, aquel que representaba el pecado de la Lujuria.
"Siempre tan perspicaz, Takato Matsuki, nuestro Elegido de los Sueños", Lilithmon correspondió, con una sonrisa coqueta.
Al ver esa interacción, Terriermon pensó que estaba alucinando. Al parecer, los Señores Demonio conocían a Takato y viceversa ¿pero cuándo?
"Debio ser un camino muy largo para llegar hasta aquí. Debiste de atravesar diferentes reinos para ello", Lucemon se aproximó a Takato y compañía. "¿Tuviste dificultades en el camino? ¿Estás bien?"
"Estoy bien, Majestad", Takato respondió, usando un tonó que no era habitual en él. Terriermon pronto cayó en cuenta la razón de eso. Después de todo, no estaba hablando con cualquier Digimon. Takato debía responder ante Lucemon, el Señor Demonio más poderoso y Emperador del Área Oscura. "Pero no es de extrañar. Desde el comienzo, tu has estado cuidando de mi. Siguiendo todos mis pasos"
"Me declaro culpable", Lucemon sonrió amablemente. "No podía perder la pista de mi Elegido de Sueños, ¿verdad? Pero dejando ese detalle de lado, ¿cómo están tus amigos y tu familia? ¿Cómo está Jianliang, Ruki y los demás?"
Lucemon los conocía a todos, Terriermon concluyó con preocupación. Sin saberlo, los Digimon Tamers se habían ganado un acosador terrible.
Aunque no parecía estar plenamente interesado en todos ellos. Su claro tono condescendiente lo demostraba.
Takato también parecio captar ese hecho y cortó de tajo la conversación. "Lucemon, me temo que esta no es una visita social..."
"¿Has venido a unir fuerzas entonces?", Lucemon interrumpió su descortecía. "¿Poner tus poderes a mi servicio?"
Takato parecía estar molesto. "Mis sentimientos no han cambiado al respecto..."
"Los sentimientos cambián. He visto a los humanos cambiar una y otra vez", Lucemon volvió a interrumpir, mostrándo una sonrisa siniestra. "Especialmente cuando nuestro enemigo es el mismo"
"Entonces sabes a qué he venido", Takato no permitió dejarse intimidar, respondiendo con una expresión plana. "Uno de tus demonios ha secuestrado a una de mis amigas. Se qué esta prisionera en tu reino y quisiera salvarla antes de seguir con mi camino"
Terriermon tragó saliva.
¿Takato estaba retando a Lucemon, entre todos los Digimon?
Lilithmon, aunque no lo demostrara, también se encontraba aprehensiva.
"Oh, querido. Si tan sólo fuera así de sencillo", Lucemon exclamó. "Incluso aquí, hay reglas que deben seguirse. ¿Conoces el nombre del Demonio? Dímelo y yo mismo lo traeré aquí"
Takato frunció el ceño y sudor recorrió su frente. Debía saber que Lucemon no pensaba hacer las cosas sencillas, nunca las hizo. "Debo admitir que desconozco de quíen se trata"
"Es una lástima, supongo que tendrémos que llamarlos a todos y entrevistarlos uno a uno. Incluso tendríamos que revisar si hay otros Señores Demonio involucrados en el asunto, aunque no me imagino a Barbamon secuestrándo a bellas doncellas", Lucemon respondió. "En todo caso, creo que nuestra querida Lilithmon sería una sospechosa más factible. ¿Deseas empezar con ella?"
Esto era ridículo. Tal monumental tarea les tomaría una eternidad, les tomaría tiempo que no poseían.
"Estoy ansiosa de tener una charla privada con nuestro precioso invitado", Lilithmon se lamió los labios de forma sugerente.
Terriermon, quien sabía algunas cosas, saltó en defensa. "Ni se te ocurra ponerle una mano encima", exclamó ante las posibles aberraciones que vagaban en la mente del Señor Demonio.
"¿Estás celoso acaso, pequeño?", el avatar de la Lujuria comentó divertida. "Puedes unirte a nosotros si eso quieres, amo compartir mis juguetes"
Escuchar eso hizo que Terriermon experimentara naúseas.
Takato estaba pálido. Prefería que Barbamon y Demon lo despellejaran vivo antes de recibir una caricía de la depravada de Lilithmon.
Lucemon, entre tanto, se reía de su expresión. "Por mucho que me divierta esta situación, debo contarte que tengo otra alternativa para ti"
Eso parecía desinflar un poco los ánimos de Lilithmon. "No es justo, Mi Lord"
"Ya tendrás otras oportunidades de atormentarlo", Lucemon respondió impasiblemente. "Takato, mi querido niño; por fortuna, conozco la identidad del Demonio que secuestró a la joven Jeri. Un portal abierto hacía el Mundo de los Humanos nunca podría pasar desapercibido. Es más, hasta podría recuperarla para tí y asegurarme que ese Demonio nunca los vuelva a amenazar"
"¿Qué tendría que hacer para ganarme tu valiosa ayuda?", Takato preguntó.
La sonrisa de Lucemon se ensanchó. "Jugar conmigo, por supuesto, te propondré un desafío. Si lo aceptas y eres capaz de superarlo, rescataré a la joven Jeri Katou de las manos de Dagomon y lo asesinaré como una prueba de tu victoria. Pero, si fracasas, entonces serás mi sirviente por toda la eternidad y tendrás que cumplir con todos mis caprichos, por más insulsos que sean"
Esta era la trampa.
Lucemon había revelado en primera instancia la identidad del Demonio. Si bien eso no garantizaba que Takato y Terriermon pudieran llegar hasta él. Takato pensó, incluso, que todo había sido planeado desde el principio.
Terriermon lo haló de la oreja, con la misma sospecha en mente.
"Majestad, ¿nos podría dar un momento?", Terriermon preguntó a Lucemon, procurando ser lo más educado que le era posible dadas las circunstancias.
"Tomense su tiempo", Lucemon respondió, retirándose por unos instantes mientras se reunía con Lilithmon.
"Takato, esto es una trampa", Terriermon murmuró en su oreja. "No puedes aceptar sus condiciones"
"Pero no puedo retroceder. Jeri necesita nuestra ayuda", Takato replicó.
"Tiene que haber otra forma de rescatarla. Salgamos de aquí y busquemosla por nuestra cuenta. Ya sabemos a quien tenemos que buscar"
"¿Sabes cuánto tiempo nos tomará eso?", Takato mencionó. "¿Quién sabe que es lo que Dagomon le está haciendo en este instante? Por lo que se, Lucemon nunca me ha dado la salida fácil"
Terriermon pudo ver la mirada atormentada del chico y comprendió. Takato había estado sufriendo en silencio y ninguno de sus amigos se habían dado cuenta de ello. Seguramente, Lucemon debía de estar involucrado.
"¿Estás listo para compartirlo todo?", Terriermon preguntó, esperándo que Takato finalmente se desahogara con él.
"¿Incluso si llegas a odiarme?"
A Terriermon no le gustó el tono temeroso en esas palabras. Takato parecía tan pequeño, tan asustado. Ese no era el Takato feliz y confiado que los ayudó a vencer al D-Reaper.
"¿Han terminado de hablar?", Lucemon interrumpió.
Pero no por producto de su impaciencia, si no más bien por una intención deliberada. El Ángel Caído no permitiría que Takato revelara más de lo necesario, al menos no en su presencia.
Terriermon vio como el sufrimiento de Takato se asimilaba y se convertía en una mirada de determinación.
"Acepto", el Tamer respondió, para el disgusto de Terriermon.
"Excelente decisión, Takato", Lucemon volvió a sonreír, luego de mostrarse frío y distante segundos antes. "Que el juego comience"
Una gran sombra emergió de las profundidades del Mar de las Tinieblas. Se trataba de la silueta de una especie de dragón con cabeza de pulpó y dos enormes alas, de ojos rojos brillantes que parecían traspasar el alma de quien mirase.
"Pueda que no recuerden, pero el Mundo Digital llama a ciertos Elegidos cada cierto tiempo cuando se encuentra en grandes crisis. Hace 16 años en tu mundo, un Señor Demonio cruzó las fronteras y llegó al Mundo de los Humanos buscando hacerse con una reliquía antigua para incrementar sus poderes. Los Elegidos y sus compañeros Digimon de aquel entonces lo confrontaron en batalla y lo desterraron al Mundo de las Tinieblas..."
Jeri vio, en mente, la figura de un Demonio encapuchado, con grandes cuernos y alas, llevando un medallón colgado en su cuello y siempre rodeado por las llamas.
"El Señor Demonio juró vengarse, sin embargo, antes de que pudiera hacer algo, yo mismo intervine y utlicé un hechizo para sellarle. El Señor Demonio es un fuerte competidor, ambicioso... Si no hacía algo antes, él hubiese arrebatado mi reino para sí mismo. Algo que no podía permitir bajo ningún concepto. No obstante, el hechizo requirió no sólo mi fuerza, tuve que llamar a uno de esos Niños para contener al mal encarnado"
Jeri comenzó a comprender.
"Es por esto que ustedes me llamaron aquí, ¿verdad?"
"La luz es lo único que puede contener a las Tinieblas..."
Mencionó una de las criaturas acuáticas hechas de sombras.
"Por poderoso que sea nuestro antiguo Dios, muy pocas criaturas en el universo pueden enfrentarse a un Señor de los Demonios...", dijo otro.
"Entre los Elegidos, aquel que posee la Luz adquiere una gran importancia. Aquel Niño es capaz de usar habilidades que otros no y, ciertamente, pueden sobreponerse a los mismos poderes de la oscuridad. Jeri, tu eres ese Niño que ha venido a salvarnos. Ayudame a restaurar el sello que mantiene al Señor de los Demonios cautivo"
Jeri asintió. "Este Señor de los Demonios es un Digimon, ¿verdad? Si ese es el caso, mis amigos podrían..."
"Ellos no pueden hacer nada al respecto. Solo tu y mis hechizos pueden hacerle frente. Pero no tienes de que preocuparte, solo tienes que hacer todo lo que yo te diga. Solo tienes que procrear con mis siervos, así generaran una descendencia fuerte, impulsados por el poder de la divinidad que usaré para potenciar el sello y expandir las fronteras de mi reino..."
"¿Qué dijiste?", Jeri cuestionó aterrada, rogando porque sus oídos hubieran captado mal el mensaje.
En ello, uno de los Antiguos le tomó por el brazo y la sujetó, impidiendo que pudiera correr a cualquier dirección.
"Aumentaré el nivel del mar y todos los mundos quedarán por debajo. Con tu ayuda, liberaré a la humanidad de todas sus ataduras, de sus emociones y anhélos. Les entregaré la verdadera felicidad..."
"No te lo permitiré", Jeri forcejeó. "Mis amigos no lo permitirán, te detendrán..."
"Pueda que lo intenten, pero será en vano. No sin sus compañeros Digimon con ellos, además, no tienen alternativa. Puedes elegir ser mi súbdita o enfrentar el infierno que lloverá sobre la humanidad gracias al Señor de los Demonios"
"No importa quién sea, lo detendrémos...", Jeri gritó. "No aceptaré esto, nunca lo aceptaré"
"Qué niña tan terca, pero no puedes negarte. Si bien podríamos usar ese chico, Takato Matsuki, eso implicaría complicaciones inecesarias"
"¿Takato?", Jeri preguntó. "¿Qué tiene que ver Takato con todo esto?"
"Además de ti, el chico es un humano privilegiado, con un poder mucho mayor al tuyo. Desafortunadamente, una fuerza mayor a la mia lo ha reclamado para si mismo. Enfrentarlo, en mi estado actual, no tendría caso alguno..."
Jeri recordó que Takato no se había presentado a la reunión y empezó a conjeturar. "Fue por eso, tengo que ayudarlo..."
"No hay nada que puedas hacer sola, el chico llamó la atención del mismísimo Diablo. Pero, si te entregas a mi y a mi horda, ganaré el poder suficiente para desafiarlo. Yo podría salvar a Takato Matsuki..."
Jeri sabía que las palabras del Demonio eran mentiras. No buscaría salvar a Takato sino añadirlo a sus hordas, tal como pensaba hacer con ella. A pesar de todo, la situación era desesperada, aunque cabría la posibilidad que las palabras del Demonio y los Antiguos acerca del Señor de los Demonios y el Diablo reteniendo a Takato fueran no más que habladurías.
Por otro lado, estos monstruos podían forzarla.
En momentos como este, fue cuando deseó con más fuerza tener a Leomon a su lado.
Terriermon y Lilithmon estaban a un lado de la habitación, observándo con detenimiento a los contrincantes que se enfrentaban.
Por un lado, Lucemon, el monarca del Área Oscura, sonreía confiadamente. Al frente de este, Takato dedicaba una expresión seria y neutral.
"Para que entiendas las reglas, haré el primer movimiento. ¿Estás de acuerdo?", Lucemon anunció.
"Bien, realiza tu movimiento", Takato respondió, espectánte.
Terriermon estaba mordiendo las uñas de sus patas mientras tanto. Un humano contra un Señor Demonio, ¿qué clase de locura era esta? Al menos Takato debió aceptar que él se uniera al desafío para apoyarlo.
¿Qué clase de enfrentamiento se llevaría a cabo?
"Yo soy un Devidramon, con enormes garras, fuertes brazos y fauces letales", Lucemon dijo y, acto seguido, la Corona del Orgullo se iluminó en el suelo que el Ángel Caído pisaba.
El Señor Demonio del Orgullo fue rodeado por un áura de color rojo, la cual se expandió y adoptó la forma del maligno dragón.
"Bien, es mi turno. No será difícil superarlo", Takato pensó. "Soy Rapidmon, rápido y veloz, con gran potencia de fuego"
Al igual que Lucemon, Takato fue rodeado por un aura dorada. Terriermon pudo apreciar como, en el dorso de las manos del chico, aparecían los símbolos del Digital Hazard y la unidad Cero. Terriermon no pudo evitar reconocer eso como un paralelismo con el mísmo Lucemon.
Y con asombro, Terriermon presenció como el aura de Takato adoptó la forma de su evolución perfecta. Takato lo había convocado a batalla, sin haberlo convocado a batalla. Era extraño y genial al mismo tiempo.
El falso Rapidmon disparó sus misíles, impactándo en el pecho de Devidramon y destruyéndolo en el acto. Lucemon sintió el mismo dolor de su creación, formándose una quemadura en el mismo lugar del cuerpo en el que Devidramon fue herido. Sus ojos expresaron disgusto al verificar su hérida para luego centrarse en su adversario.
"Soy un Cherubimon, de los Tres Grandes Ángeles, representante de los poderes del clan Bestia".
El aura roja que envolvía a Lucemon adoptó la forma del gran Ángel que, lejos de mostrar sus colores habituales, revelaba que esta versión invocada estaba infectada por un virus malicioso.
"¡Lanza Relámpago!"
El falso Cherubimon invocó un rayo rojo entre sus manos y lo lanzó a Rapidmon, el cual fue destruído al instante.
"¡Ahhhh...!", Takato sintió el impacto en todo su cuerpo, gimiéndo por el dolor mientras las descargas retorcían sus músculos. Terriermon fue testigo como la piel y la ropa del chico se habían quemado en varias áreas.
El Digimon apenas contuvo un grito ahogado.
Lucemon sonreía al ver su clara ventaja en el daño ocasionado, pensando en que el dolor era suficiente para someter a Takato. El Ángel Caído ya se había recuperado de sus propias heridas, por lo que mantenía su confianza intacta.
"Soy Azulongmon, de las Bestias Sagradas, Dios y protector del Mundo Digital..."
Pero Takato no se rendriría. Si Lucemon había convocado los poderes de los Arcángeles para la batalla, Takato tendría que ir más allá y convocar el poder de un Dios.
Pronto, para el asombro de la mayoría de los presentes, el rostro del Dios dragón apareció por encima del tamer. En comparación, Cherubimon era una insignificancia en cuestión de tamaños.
"¡Fuerza Aurora!"
El cuerpo de Azulongmon giró sobre si mismo y desató una explosión de energía que abasalló al falso Cherubimon, reduciéndolo a cenizas.
Al igual que sus invocaciones fallidas, Lucemon sintió la furia de la técnica. Sus alas blancas fueron chamuscadas al instante y grandes porciones de piel quemada recorrieron su cuerpo. El Ángel Caído terminó por caer al suelo, mal herido.
"¡Eso es!", Terriermon exclamó sorprendido, animándo desde las bancas. "Enséñale quién manda. Nadie se mete con los Digimon Tamers"
Llilithmon estaba preocupada, e impresionada, pues nunca se imaginó que un humano fuera capaz de convocar los poderes de un Dios. El Elegido de los Sueños se distanciaba mucho de cualquier otro. Tenía sentido que pudiesen haber vencido al D-Reaper, pero, aun así...
Lucemon estaba furioso, no se esperaba ese movimiento.
El Ángel Caído volvió a levantarse y sobreponerse. "Soy el Error 404, el juicio del Dios Yggdrasil, protocolo de exterminación"
"¿El Error 404?", Takato preguntó contrariado, siendo la primera vez que escuchaba algo así.
¿Esa era una acción?
Takato no tuvo tiempo de pensar en las posibilidades que eso le traería cuando sintió un dolor inimaginable recorrerle. Azulongmon, cayendo presa de la última invocación, se desvaneció envuelto en lo que parecía ser un relámpago de color rojo.
Takato cayó al suelo, horrorizado de ver como un Dios había sido destruído. Algo que no concebía, ni siquiera en sus sueños más dementes.
Terriermon no aguantó más y corrió a su lado, solo para vez como los datos del cuerpo del chico empezaban a fragmentarse, amenazando con romperse en mil pedazos.
"¿Takato?.. Takato, resiste...", exclamó con la voz quebradisa.
"Takato, ¿sigues con nosotros?", Lucemon se aproximó victorioso, preguntándo con falsa preocupación.
Terriermon repudió la arrogancia en el rostro del Ángel y lo confrontó. "Él está y es su movimiento, Majestad", escupiéndo con veneno y lágrimas amenazando con salir de sus ojos.
El Digimon compañero de Jianliang se negaba a creer que Takato moriría. No sabría que hacer o decirle a Jianliang si aquello llegara a suceder.
"No hay más movimientos. ¿Qué puede sobrevivir al Error 404? ¿Qué puede sobrevivir al juicio de un Dios?", Lucemon respondió con frialdad. "He ganado"
Terriermon decidió ignorarlo y ayudar a Takato. "Takato, no puedes rendirte ahora. Tu mismo prometiste llevarnos a todos a casa, aun tienes que buscar a Renamon, a Guardromon, a MarineAngemon y los demás. Tienes que buscar a Guilmon y también le prometiste a Alice que regresarías. Así que si no existe nadie que haya sobrevivido a ese tal Error 404, tu debes ser el primero. Creo en tí, todos creemos en tí".
Takato había demostrado que podía superar las dificultades, una y otra vez. Ese chico era capaz de crear milagros y esta vez no habría excepción. Terriermon esperaba que se levantara, pero el estado de su cuerpo le preocupaba.
Takato apenas hablaba en ese punto.
"Yo... yo..."
Pero las palabras de Terriermon habían hecho su efecto.
Lucemon lo supo cuando Takato empezó a levantarse y las heridas más graves de su cuerpo empezaron a sanar.
"Yo soy Esperanza"
El aura dorada brilló con más fuerza que nunca y el Emblema de la Esperanza se materializó en toda su gloria. Un sol amarillo emitiendo un rayo de luz hizo retroceder las Tinieblas del Área Oscura.
"Esperanza", Lucemon repitió con enojo.
Si había algo que sobrevivía a todo, incluso al juicio de los Dioses, era la Esperanza. Negar eso era negar sus sueños de recrear el Mundo Digital a su imagen y semejanza, a pesar de su humillante derrota hace tanto tiempo.
Pensar que un sentimiento tan banal hubiera podido vencerlo, no una, sino dos veces. Lucemon apretó las manos en puños y el símbolo del Digital Hazard se encendió de manera amenazadora.
"Dime Lucemon", Takato, apenas de pie, sonrió por primera vez desde que entró al palacio. "Es tu movimiento, ¿qué es lo que puede matar a la Esperanza?"
Y el silencio se hizo.
Lilithmon y Lucemon se encontraron aprehensivos.
Lo siguiente que supieron Takato y Terriermon era que, ambos, habían sido transportados al Mar de las Tinieblas.
Continuará.
