Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.


Thank you Ariel for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


.: Cinco :.

Debí haberlo sabido.

La kelpie nunca ha sido una amiga y debí saber que existía una fuerte posibilidad de que enviara a los guardias tras de mí, solo para fastidiarme.

Fui lo suficientemente estúpido para ir directo a esta trampa.

Pequeña está a salvo, de eso estoy seguro. Está sola en el Bosque Hazel, así que su seguridad no está garantizada, pero los guardias no la atraparon y por ahora está más a salvo que yo.

Regresar a la corte se siente un tanto como regresar a casa, y es una dolorosa comprensión saber que una parte de mí extrañaba este sitio hermoso y miserable.

Los guardias me dejan directamente con Ara y veo el cruel placer en su rostro cuando me obligan a ponerme de rodillas frente a ella.

—Oh, mi Mascota —arrulla—. Sí que te has portado mal.

Su voz es como miel envenenada, y a pesar de que una parte de mí ansía sentirla esparcir sus toxinas a través de mí, la mayor parte de mi ser está concentrada en una sola cosa: liberarme de su terrible agarre.

Permanezco en silencio mientras ella se me acerca; el susurro de su vestido sobre el piso es un recuerdo tan potente que tengo que obligarme a no respingar.

—Déjennos —les ordena a los guardias. Mi mirada se queda en el suelo, lejos de sus ojos llenos de veneno—. ¿Dónde has estado, Mascota mía?

No me ha ordenado hablar con el poder de mi nombre, así que no lo hago. Ella tararea y escucho sus serpientes sisear en sus muñecas.

Cuánto odio a esas serpientes.

—Cariños míos, háganlo hablar —murmura. No me ordenará que se lo diga; eso es demasiado simple. Conozco muy bien qué método usará.

Pone una palma en mi cabeza y siento como su serpiente se desenrolla, cayendo sobre mi cabello. Obligo a mi cuerpo a quedarse quieto mientras la serpiente baja por mi cuello, por la espalda de mi camiseta.

Esas serpientes me han dañado antes, y no las dejaré romperme otra vez.

El hundimiento de sus colmillos en mi carne me hace sisear, pero no sale ningún otro sonido.

Ara la deja seguir por un largo tiempo, permitiendo que Dolor me paralice hasta que estoy casi jadeando.

—Suficiente, preciosa mía —murmura, levantando a la serpiente de mi piel. Ara baja la mano, pasando una delgada navaja por la espalda de mi camiseta, y me estremezco cuando separa la tela de los pozos de sangre pegajosa.

»¿Estás listo para portarte bien? —me pregunta. No le respondo—. Oh, bueno —musita, y sé qué es lo que se avecina. Me preparo para la mordida de su segunda serpiente cuando la baja hacia mi piel. A diferencia de Dolor, la mordida de Sudario trae oscuridad; cegando e incapacitando a su víctima hasta que no son más que estatuas que respiran, completamente a merced de la Reina Serpiente.

Siento los colmillos de Sudario hundirse en la base de mi cuello y la oscuridad se apodera de mí. Me hundo en ella, permitiéndome usar esto como un descanso. Todavía puedo sentir todo, pero durante un momento no importa. Empiezo a no existir y en este espacio encuentro un pequeño descanso.

Pero luego la locura empieza a llegar. Los seres vivos no pueden estar atrapados en el velo que provoca Sudario por demasiado tiempo, o empiezan a perder la cordura, se desmoronan y se hunden tanto en la locura que no hay forma de sacarlos.

Ara sabe exactamente cuánto tiempo puede durar una criatura en estas circunstancias antes de que sea demasiado tarde y le saca todo el provecho a ese conocimiento, empujándolos al límite.

Me veo plagado de pesadillas: visiones de cosas que no han pasado, pero que temo que se vuelvan realidad. El veneno de Sudario inunda mi cuerpo, magia y alma hasta que estoy temblando con tanta fuerza que mi cuerpo empieza a convulsionar. Es miedo verdadero, del tipo de miedo que no puede deshacerse una vez que ha sido liberado.

Estoy en la cúspide de perder la cabeza en la locura cuando Ara aleja a Sudario, y me encuentro de regreso en la realidad.

El peso de todo esto es demasiado y me desmorono en el piso, las lágrimas me caen por la cara.

—Oh, Mascota —murmura, agachándose hacia mí para que pueda sentir su lengua viperina junto a mi oreja—. Te he extrañado tanto.