Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you Ariel for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
.: Nueve :.
Ella no está cuando despierto y durante un terrible momento, entro en pánico.
Luego siento su magia, calmándola en el baño.
Me levanto de la cama, sé que debería darle espacio, pero estoy desesperado por verla otra vez. Vacilo en la puerta, pero ya no puedo esperar más, así que entro.
Está detrás de la cortina de la ducha, y durante un momento me distrae la noción de que ella está actualmente desnuda.
Aparta un poco la cortina así puedo ver su cara cuando se sienta en la tina, y por primera vez no puedo leerla.
—¿Puedo entrar?
Me hace una seña para entrar y me siento en la tapa de la taza, no estoy seguro de cómo proceder exactamente.
—¿Cómo te sientes?
Se relame los labios y me distrae. Se ve como sí misma, aunque no. La magia ha curado nuestras heridas de la Corte Hazel, pero ambos llevamos dolores frescos que están más profundos a causa del mar.
Mirándola, su rostro expectante, me doy cuenta de que ya es hora. Tengo que confesarle cosas, tanto como tengo permitido, mientras ella esté lo suficientemente despierta para comprenderme. Se merece más que las respuestas que puedo darle, pero es un comienzo.
Así que se lo digo. Le digo cómo es que conocí a Marcus, cómo Ara buscó usarme para derrotar a mi viejo amigo. Le cuento a Pequeña sobre la miseria que ha sido mi vida hasta que la conocí.
Luego le digo lo mucho que la deseo. Las palabras salen a borbotones de mí, imparables, y si no lo supiera bien, pensaría que ella ha lanzado algún hechizo sobre mí.
Pero lo sé bien. No es ella; soy yo. Es hora de que mi historia sea escuchada.
Luego de confesarle todo, espero que ella me aparte. Espero que me saque de la cabaña, de su vida, para nunca regresar.
Lo que no esperaba es que se pusiera de pie, como una diosa emergiendo del mar. Sus palabras encienden un hambre tan profunda y devastadora que me preocupa que vaya a terminar con los dos.
—Yo también sufro de un hambre profunda, y creo que es momento de que dejemos de negarnos este banquete.
Seguramente es un sueño. He esperado por escuchar esas hermosas y tentadoras palabras de su boca durante tanto tiempo, debo estar perdiendo la cabeza.
Admiro su cuerpo, me veo afectado por un hambre más profunda entre más lo veo. Al final, mis ojos vuelven a encontrarse con los suyos y veo su deseo, su necesidad, ardiendo en ellos.
—Oh, Pequeña —gimo, parándome también. Su cuerpo se ladea hacia mi voz y me cautiva su respuesta tan obvia hacia mí. Me impulsa todavía más—. Una vez que empiece, no podré detenerme. —Obligo a mis ojos a encontrarse con los suyos, para asegurarme de que ella sepa que esta es su última oportunidad de detenerme.
Se sale de la tina y se ve absolutamente encantadora mientras mece las caderas. No respiro cuando se acerca a mi cuerpo, invadiendo todos los sentidos que tengo.
—¿Es una promesa?
No puedo evitar inhalarla, saborear sus sabores. Puedo oler su excitación; puedo sentirla en su magia cuando me agarra como un gato en celo. Ella me desea, tal vez tanto como yo la deseo a ella.
—Una vez me dijiste —susurra, subiendo sus dedos para posarlos justo sobre mi cuerpo. Puedo sentir el calor que se desprende de ella, y deseo más—. Que tu verdadero nombre significa perverso placer. —Sus ojos se mueven a los míos—. Y que no había fin para las depravaciones que deseabas desatar en mí. —Se acerca otra vez a mí y casi gimo cuando siento su cuerpo apoyado contra el mío—. Conmigo. —Toma mi mano, rodeando mis dedos con los suyos más pequeños. Se me atora el aliento cuando me mira directo a los ojos y desliza nuestros dedos entre nuestros cuerpos, dejándolos entre sus suntuosos muslos—. Dentro de mí.
Ella es un calor abrasador y me veo perdido en él. Estallo, soy una criatura desquiciada atacándola, la alzo en vilo para poder devorarla por completo. Estoy perdido ante el puro placer de sus caricias y cuando nuestras lenguas colisionan en un beso desesperado, saboreo la eternidad.
—Eres una criatura perversa. —Las palabras caen de mis labios como una plegaria reverente y un grito desesperado mientras hundo mis dientes en su labio inferior. Su cuerpo aprieta el mío, el calor abrasador de ella arde a través de mí hasta que me encuentro completamente trastornado—. ¿Qué malvados hechizos has lanzado sobre mí, Brujita? —Le chupo la lengua, evitando que me responda. Es como la seda y sabe a ámbar y magia—. Debo probarte.
Se queda sin aliento mientras yo voy bajando por su cuerpo, adorando todo lo que puedo. Un frenesí se ha apoderado de mí y anhelo poder tocar y probar todo de ella al mismo tiempo.
Quiero devorarla por completo.
No puedo detener mis dientes cuando mordisquean su suave carne, trayéndole una tonalidad rosa a la superficie. Mis dedos siguen enterrados entre sus piernas y nunca nada se ha sentido más prometedor ni seductor.
—Oh, Pequeña. Te gusta esa pequeña probada de dolor, ¿no? —Sus caderas se mueven hacia mí, instándome a moverme dentro de ella, y me pierdo mientras mis dedos se concentran en acariciar su sedoso calor.
Quiero explorar el placer del dolor con ella, de la forma en que deben ser explorados. La idea demente de Ara sobre la intimidad no tiene cabida aquí; esto se trata solo de mí y mi Pequeña y qué tan lejos podemos empujarnos hacia un placer cegador y demoledor.
Me pongo de rodillas, enterrando la cara en el sitio donde mis dedos siguen hundidos en ella. Su aroma se magnifica y no puedo evitar respirarla profundamente.
—Oh, Pequeña —gimo—. Estás gratamente rebosante.
He soñado con este lugar sagrado. Soy meramente un acólito, adorando el templo de esta diosa.
Cuando al fin la pruebo, el frenesí en mí empieza de nuevo. Me vuelvo desquiciado, sumiéndome más y más profundo en ella, intentando beber de su centro rebosante.
Ella es la magia más pura y estoy borracho de ella.
Grita, su cuerpo se mueve contra mi cara, y le rodeo las caderas con mis manos para estabilizarla. Ella es maleable en mis ansiosas manos, y en poco tiempo sus piernas se posan sobre mis hombros, con su espalda arqueada contra la pared.
Puedo oler la creación de su magia, urgiendo los espacios a nuestro alrededor para explotar en caos. Eso añade una complejidad a su sabor que no puedo empezar a describir.
Ella sabe a vida y muerte.
La llevo al precipicio una y otra vez hasta que siento que está lista para colapsar, la dejo con dos besos en la parte interna de sus muslos antes de subir por su cuerpo. La alejo de la pared, viendo brevemente la devastación que ella dejó en la estela de su placer.
Esta cabaña tendrá que ser quemada hasta los cimientos para cubrir los rastros de su poder.
Decido no preocuparme por eso ahora mientras la llevo a la habitación para recostarla en la cama.
—¿Estás bien, Pequeña?
Estira las manos con una sonrisa pícara en sus labios hinchados mientras me jala para besarla. Me sorprende al lamerme la cara, limpiándome de su aroma.
Gimo, mis caderas embisten automáticamente hacia ella. No hay nada que quiera más que hundirme apropiadamente en ella.
Pero sigo vestido y Pequeña estira las manos, sus dedos me jalan la camiseta. Luego de quitármela, me acomodo sobre su piel desnuda y ambos nos estremecemos.
La magia entre nosotros canta cuando estamos piel con piel.
Estoy a punto de quitarme el pantalón y hundirme en ella, pero sus siguientes palabras me sorprenden.
—Quiero probarte.
Tengo la respiración agitada. El placer, aunque ciertamente soy una criatura capaz de obtenerlo, no siempre ha sido mi compañero. Ara me lo quitó, destruyendo mi cuerpo y mi mente por sus propios fines retorcidos, y todo el placer que he tomado de los mortales con los que me he cruzado ha sido hueco y poco satisfactorio.
Sigo medio vestido, pero sé que cualquier placer que Pequeña me ofrezca significará más para mí que cualquier otro que haya sentido en mi muy larga vida.
—Sí, Pequeña. —Me pregunto si ella puede escuchar la desesperación maniaca en mi voz, si es que puede escuchar el miedo.
Quiero que esta parte de mí le pertenezca a ella, solo a ella, y me aterra entregarla.
Cambiamos posiciones en la cama de modo que ella está sobre mí y, estrellas mías, es una vista gloriosa.
Le digo que puedo sentir todo su cuerpo dolorido por mí; puedo sentir su magia y algo más, algo mucho más profundo en ella, exigiendo algo de mí.
Por primera vez en mi vida, me alegra entregarme a mí mismo.
—Diosa. —Gime cuando embisto hacia ella.
—Ninguna diosa puede salvarte ahora, Pequeña. Eres mía. —¿Puede sentirlo? ¿Puede sentir el cambio cósmico que ha sucedido entre nosotros?
El universo no será el mismo después de unirnos.
Como prometido, Pequeña tiene un hambre que se equipara con la mía. Es insaciable y cuando recuerda que su objetivo es probarme, me rindo ante ella.
Se toma su tiempo, le ofrece a mi cuerpo la misma exploración que le ofrecí al suyo. Maldigo cuando su hambre voraz se apodera de ella y me muerde, causándome la sacudida perfecta para hacer que mis ojos se den la vuelta dentro de mi cabeza.
Al fin me quita el pantalón y me encuentro congelado, viendo su cara.
Soy un cabrón arrogante, es verdad, pero nadie me ha mirado de la forma en que Pequeña me mira ahora. No me ve como carne para usar y abusar, ni me ve como un medio para un fin.
Por primera vez en mi vida, me siento atesorado, incluso adorado.
Es una sensación que se mueve ágilmente en mi pecho, aferrándose a mi corazón con un agarre fiero.
¿Qué hago con esto? ¿Cómo puedo estar a la altura de esa mirada que me está dedicando justo ahora? ¿Cómo me vuelvo lo suficiente para ella?
No es solo sexo; es todo. Quiero ser una criatura digna de mi Pequeña y de repente no sé cómo hacerlo.
Los ojos de Pequeña se encuentran con los míos y ella esboza esa sonrisa que me atora la respiración.
—Y yo preguntándome si tenías polla —susurra al agacharse para lamer mi longitud.
Suelto una carcajada, estremeciéndome bajo sus caricias. No entiendo cómo es que puede calmar mi mente lo suficiente para hacerme reír.
—Casi me matas con esa pregunta, Pequeña. —Nunca antes me había sentido más motivado a responder una pregunta que esa noche. Si hubiéramos estado en mejores condiciones de salud, se lo habría demostrado justo en ese momento.
Pequeña regresa su atención a mí, y cuando baja la boca, rodeándome, casi me desmorono. Me veo hipnotizado por el hecho de que ella parece sentir tanto placer de hacer esto como yo.
Sus caricias son letales cuando me trabaja, y muy pronto todo se vuelve demasiado.
—Carajo, Pequeña —escupo, estirando las manos hacia ella. La subo por mi cuerpo y la pongo de espaldas, acomodándome en la cuna entre sus muslos—. Necesito enterrarme en ti.
Abre más las caderas y nuestros cuerpos se ven atraídos el uno al otro automáticamente, como si fueran dos imanes siendo atraídos.
—Quiero tomar todo de ti hasta que ya no tengas nada más por dar —le advierto. Espero que sepa que no solo hablo de sexo. Lo quiero todo de ella, todo en lo que nunca antes me he atrevido a creer. Quiero todo lo que ella es, todo lo que puede ser, todo lo que puede hacerme ser.
—Sí —grita—. Carajo, sí, por favor. —Su súplica tiene su propia magia y enciende algo tan profundo en mí que no tengo nombre para ello.
La doblo a la mitad, exponiéndola, y me encuentro con su mirada antes de hundirme tan profundo en ella, que empiezo a perderme a mí mismo.
—Oh, Pequeña. Una criatura podría perderse ante este placer.
Su cuerpo aprieta el mío y siseo, incapaz de contener mis instintos más primitivos. Nuestros cuerpos chocan y cada vez es un placer exquisito y cegador. Soy una criatura perdida a todo menos a ella.
Ella es todo lo que importa, todo lo que siempre ha importado. Ella es un universo por sí misma y me permito caer ante su merced.
