Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de iambeagle, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from iambeagle, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
No voy a fisgonear. Simplemente no lo haré.
Aunque, Dios, es tentador. Si va a proponerme matrimonio pronto, quiero que sea una sorpresa. Al menos sé que no será esta noche, porque sería completamente incómodo proponer matrimonio en la boda de otra persona. A menos que obtuviera el permiso de Alice, a quien totalmente puedo verla de acuerdo porque ese es el tipo de persona amable que es.
Ahora estoy nerviosa. No porque no quiera pasar el resto de mi vida con él. Por supuesto que quiero eso. Puedo verlo tan fácilmente también: tener dos hijos revoltosos, pasar las cenas de los domingos con su familia. No nos mudaríamos a los suburbios de Chicago, porque realmente eso no va con nosotros, pero tal vez compraríamos una casa más acomodable para los niños en la ciudad. Él continuaría con su carrera de mercadotecnia, y tal vez yo dejaría atrás mi puesto en el Tribune antes de pasar a trabajar por cuenta propia. Nuestra vida estaría llena de tiernos besos y tanto amor que no sabría qué hacer con todo eso.
Y, sin embargo, me pone nerviosa que me propongan matrimonio en una habitación llena de gente; teniendo todos los ojos puestos en mí.
Decido que necesito dejar de pensar en ello y empezar a prepararme. Mi ducha dura un poco más de lo habitual, me afeito las piernas mientras mi mascarilla acondicionadora para el cabello hace su magia. Dejo que mi cabello se seque al aire en su mayor parte antes de pasar el secador, solo para suavizarlo un poco. Y luego paso una rizadora a través de secciones de mi cabello, dándole suficiente rizo para que cuando se caiga, todavía esté ondulado.
Uso bastante maquillaje, ya que este es un evento formal. Agrego algunas pestañas postizas y un poco de lápiz labial rojo que resalta contra lo claro de mi piel. Cuando todo está completado, sigo pareciéndome a mí, solo una mejor versión.
Pospongo el cambiarme, no queriendo arrugar la seda de mi vestido antes de lo necesario.
Mi teléfono suena, y sigo el sonido a través de la habitación. Mi pantalla se ilumina con una foto de Edward, y sonrío.
—Hola, tú.
—Hola. Estoy terminando en el lugar de la boda, pero debería estar de regreso en aproximadamente media hora.
—Suena bien.
—¿Vas a estar lista?
—Sí. Estaba a punto de guardar algunas cosas en una maleta.
—Bien. —Hace una pausa y baja la voz—. No puedo esperar a verte con ese vestido.
Mi interior se calienta.
—¿Tal vez si llegas aquí antes de lo esperado, puedes ver cómo me lo pongo? ¿O tal vez deje de ponérmelo y puedes verme hacer otra cosa?
Él gime.
—Por favor detente. No puedo pensar en ti desnuda y tocándote con mi papá a seis metros de mí.
—Entonces no pienses en mí tocándome. Preferiría tener tus manos sobre mí, de todos modos.
—Nena —gruñe en un tono de advertencia.
Me río en el teléfono.
—Bien. Me voy a portar bien.
—Te veré pronto. Te amo.
—Yo también te amo.
Colgamos y me dirijo al vestidor para tomar una bolsa de viaje. No necesitamos mucho, solo ropa para mañana y los artículos de tocador que usaremos.
Lanzo la bolsa al suelo y me muevo hacia la cómoda, dudando antes de abrir el cajón superior. Pienso en Rose y su sugerencia de curiosear. Pero no estoy husmeando, estoy empacando. Algo que él me pidió que hiciera. Si escondiera algo, sería increíblemente tonto pedirme que revise sus cajones.
Deslizándolo para abrirlo, agarro un par de sus calzoncillos, mi mirada rebota alrededor del contenido del cajón, pero en realidad no toco nada más. Lo cierro y paso al siguiente, sacando una camisa casual y un par de vaqueros que le quedan tan bien. No encuentro nada que se considere caja de joyería, pero eso es bueno. No quería encontrarlo, en el sentido de que no quiero echarme a perder nada.
Cuando son cerca de las dos, escucho a Edward cruzar la puerta. Grita mi nombre y yo le grito que estoy en la habitación. Está a mitad de la oración cuando dobla la esquina, pero se detiene cuando me ve sentada en la cama. Sus ojos se oscurecen, la boca se le abre un poco. Podría haberme abstenido deliberadamente de vestirme solo para ver esa mirada en su rostro.
—¿Pensé que te ibas a portar bien? —pregunta, en voz baja y sexy.
—Esto está bien.
Se acerca a la cama, sin dejar de mirar, sin tocar.
—Eres una mujer cruel —reflexiona, la comisura de su boca dibujando una pequeña sonrisa.
Poniéndose de rodillas, me jala hacia el borde del colchón y me mira. Empuja mis piernas para abrirlas un poco, presionando besos desde mi rodilla hasta la parte interna de mi muslo.
—No tenemos tiempo… —exhala, sus dedos se clavan en mi piel—. Mierda.
—No tenemos que estar allí hasta las tres —murmuro, pero una parte de mí está un poco preocupada de que mi cabello y maquillaje se arruinen. No somos gentiles el uno con el otro, y estoy un poco arrepentida de haber comenzado esto cuando tal vez no podamos terminarlo—. Sabes que podemos ser rápidos cuando queremos.
—Pero hay tantas cosas que quiero hacerte.
Mi pecho se agita y me inclino hacia atrás, apoyada en los codos.
—¿Como qué?
—Bien. Primero besaría mi camino hacia arriba. —Besa un rastro hasta mi centro y sopla un cálido aliento sobre mí—. Después probablemente usaría mi boca para hacerte sentir bien. —Lo hace, bajando la cabeza y moviendo la boca.
—Joder —gimo—. Sí. Eso sería un buen comienzo.
—Y luego podría agregar un dedo o dos —murmura, deslizando uno dentro de mí y yo gruño—. Pero solo un segundo dedo después de hacer ese sonido.
—Ajá. Bien, bien. ¿Qué otra cosa? —pregunto, sin dejar de mirar su cabeza entre mis piernas.
—Podría mantener mi boca sobre ti por un tiempo —indica, chupando un poco más—, pero no mucho porque sé que te correrás pronto y hay algo más que quiero hacer.
—Oh, Dios.
Me lleva justo al borde, luego se detiene. Mis brazos están temblando, mi estómago se contrae mientras me mantengo apoyada, sin querer arruinarme el cabello.
—¿Ahora qué?
Se sienta a mi lado en la cama, besando mi boca, pero no tan fuerte como quiero que lo haga.
—Ahora te voy a follar.
Rápidamente se quita la ropa, volteándome para que esté sobre mis manos y rodillas. Su boca está sobre mí otra vez, y mi cuerpo tiembla. No está allí el tiempo suficiente antes de que sienta la punta de él presionando contra mí, deslizándose lentamente. Gemimos al unísono. Sus movimientos son lentos durante algunos bombeos, pero luego empuja contra mí, agarrando mis caderas con mucha fuerza.
Nos movemos uno contra el otro, y ya estoy tan cerca. Pero cuando se inclina, presionando su pecho contra mi espalda, y pasa una mano para frotarme, ahí es cuando me pierdo.
—Joder, joder —gimo, dejando caer mis brazos y presionando mi cara contra el colchón, gritando.
—Joder, te amo —grita, y siento que sigue su liberación.
Se queda en mí por un momento, y recuperamos el aliento.
—¿Ves? —comento mientras besa mi hombro—. Te dije que podemos ser rápidos.
