Hola a todos! Decidí escribir algo lindo para variar, un poco de fluff, así pues, espero que les guste, y que pueda sacarle una sonrisa a cada uno de ustedes. Y sin más qué decir además que apoyen a esta escritora amateur, COMENZAMOS!
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Pacificador.
Capitulo único.
Los primeros dientes de Emma comenzaron a aparecer y eso significaba un enorme problema para el matrimonio Agreste-Dupain. No era por tener a la mano un pequeño ungüento para aliviar sus encías, sino que Emma había tomado por costumbre morder todo a su paso. Por eso, la solución vino en forma de un chupón con cabeza de gato negro. ¡Estaban salvados!
-Eso no está bien.- opinó el Agreste mayor, que a pesar de todo seguía metiendo la cuchara en la vida de su hijo, aunque no tanto como antes.- Un pacificador puede ser perjudicial para Emma y puede dejarle chuecos los dientes, más tarde necesitará frenillos y sufrirá sin comer ciertos alimentos por un tiempo.
-Papá, creo que exageras.- dijo Adrien intentando modular su tono de voz a una que no fuera de fastidio.- Y si así fuera, estos son los dientes de leche, ya luego le saldrán los buenos.- vio a su padre rodar los ojos y Adrien estaba listo para contraatacar pero Marinette intervino.
-Basta los dos. Aquí dejo todo para Emma, su chupón de emergencia, sus biberones, papillas, cuentos y juguetes favoritos. Si necesita algo más nuestro número se encuentra en la agenda. Volveremos mañana.
-No se preocupen. Cuidaré a Emma muy bien.- luego se volvió a su hijo.- Al menos ALGUIEN sí confía en mí.
-Natalie vendrá a verte más tarde. Y todos los demás estaban ocupados, incluyendo a Gorila.- Gabriel sintió que lo atravesaba una flecha pero disimuló muy bien su ego herido, todavía le quedaba un laaaargo camino por delante para reconciliarse con su hijo pero al menos ya hablaban de forma civilizada.
Marinette jaló a Adrien, a veces era cansado servir como mediadora entre ese par.
-Bueno, nos vamos.- le entregó a Emma a su abuelo que se acomodó perfectamente en sus brazos.- Te veré mañana mi niña.- le dio un beso en la cabeza y Adrien hizo lo mismo.
-Volveremos lo más rápido posible Chatonette.- tras darle una mirada de advertencia a su padre fueron a su viaje de negocios fuera de la ciudad. Gabriel alzó a Emma que le miraba con adoración.
-Muy bien, creo que podría trabajar un poco y de paso hacerte algo lindo.
Ya no vivía en la ostentosa mansión, había perdido mucho en su juicio aunque todavía conservaba parte de la empresa y su nuevo hogar era una casa más que aceptable con un gran jardín al que le dedicaba mucho de su tiempo libre. Comenzó a dibujar en su estudio, escuchando el sonido de los juguetes con grandes cascabeles y las pequeñas risas de bebé, pero también estaba ese molesto sonido de succión. Dejó de lado su lápiz de dibujo y se acercó a Emma.
-Dame acá Emma, ese chupón va terminar por arruinarte los dientes.- le quitó el chupón y por un momento le pareció ver una clara ofensa en los ojos de su nieta, cosa que descartó de inmediato.- Te pondré tu ungüento para los dientes para que no te molesten. Vamos a demostrarles a tus obtusos padres que puedes vivir sin el chupón y a tu padre que YO tengo razón.
Dejó el chupón dentro del cajón de una cómoda con la que tenía siempre problemas en abrir. Emma miró su amado chupón desaparecer e infló los mofletes dispuesta a echarse a llorar por el chupón pero al ver a su abuelo sabía que este no cedería, así comenzó a buscar reemplazos. Aunque el ungüento servía, sentía la necesidad de morder algo. Y si su abuelo no le daba su chupón, ya encontraría algo más.
Ni siquiera se molestó en morder su cobijita o juguetes, ya lo había hecho antes y no les satisfizo en nada, así que lanzó uno de sus juguetes a un lado y sus ojos vieron toda clase de cosas a la mano. Un cesto de mimbre con bolas de estambre, rollos de tela, libros, y muebles de madera.
Gabriel escuchaba a Emma moverse por la habitación, mientras no llorara o le llamara la atención todo estaba bien. Se agachó un poco para poder tomar una de las libretas que tenía apilada, y sintió algo extraño…
-Pero ¿qué es…?
La orilla estaba masticada con un rastro de baba todavía fresca. Fue que miró alrededor. Encontró rastro de baba y marcas de pequeños dientecitos en la pata y la orilla del cojín de su sillón favorito, en la orilla de un rollo de tela que todavía no estrenaba, y como tiro de gracia, Emma estaba de cabeza metida en la cesta de bolas de estambres. La sacó enseguida asustado de que hubiese mascado la delicada cesta de mimbre y lastimado sus encías, pero más grande fue su sorpresa de ver que Emma había logrado encontrar el masticador purrfecto para ella. Una bola de estambre que podía sostener con su boca sin siquiera usar las manos.
-¡Bien! Ya sacó tu chupón.- la dejó sobre su mantita y se dio cuenta que el cajón no quería abrir con nada.
Natalie llegó con una bolsa de comida. Su relación con Gabriel ya no era la de asistente, y estaban en un punto medio entre amistad y algo más.
-Gabriel, he traído algo para cenar.- le pareció escuchar ruido en su estudio, así que fue allí.- Gabriel, ¿me escuchas…?- lo que vio la hizo callar. Gabriel Agreste estaba intentando abrir con una palanca el endemoniado cajón que seguía sin querer abrir y la pequeña Emma estaba sentada en el suelo con una pelota de estambre en su boca. Cuando Gabriel se percató la presencia de Natalie escondió la palanca detrás de su espalda.
-Puedo explicarlo…
Horas después, Natalie le informaría al matrimonio Agreste-Dupain que todo estaba bien, como prueba les mandaría una foto donde aparecería Gabriel dormido en su sillón favorito y abrazando a la pequeña Emma que dormida succionaba su chupón favorito y abrazaba una bola de estambre que su dulce abuelo le regaló como un segundo pacificador en caso de que algo le volviese a suceder al chupón.
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Y… espero que les haya gustado! Gracias a todos por leer! Dejen review, nada de tomatazos, acepto bebidas y dulces de temporadas, y sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!
