Mi vecino pianista

por Lila Negra


Síntesis: Eren tiene la fortuna de mudarse junto a un gran pianista, pero lamentablemente también tiene un vecino gruñón con el que no se pueden ni ver… ¿cuál es la misteriosa relación entre esos dos vecinos?

Advertencias: one-shot AU Moderno, EreRi, romance. Este fic fue escrito durante un video en vivo en mi página de Facebook el 05 de abril de 2022 a partir de los pedidos que hacían lxs espectadores en el momento, por eso puede dar algunos giros inesperados y terminar abruptamente (cuando terminó el tiempo del vivo). Agradezco mucho a todas las personas que participaron, ¡esta historia es suya! Yo me divertí mucho siguiendo sus ideas. Para quienes no estuvieron presentes, sepan que aún pueden ver el video en mi página de Facebook. También pueden participar de las próximas sesiones de escritura, aunque de momento están pausadas ya que acabo de tener un bebé. Si desean leer otros fics escritos en vivo, tengo una serie dedicada a ello en Ao3. La portada, que pueden ver en mis redes, fue realizada por la gran artista Annari-Chan, a quien agradezco profundamente su trabajo.


Mientras tomaba su café, Eren escuchó las primeras notas de la mañana. ¿Qué era esta vez? ¿Tal vez Bethoveen? ¿Debussy? Sí, creía que era algo de Debussy. Se preparó dos panes con manteca y se dispuso a disfrutar de la pieza antes de empezar su jornada laboral.

En eso consistían la mayoría de sus días desde que se había mudado a este edificio. Al parecer, uno de sus vecinos tocaba el piano y practicaba las mismas piezas clásicas una y otra vez. Eren se acostumbró tanto a ello que casi no podía sentarse a trabajar sin ese momento inicial de relajación sonora.

Lo cierto era que había llegado a la ciudad hacía poco tiempo, por un traslado en su trabajo, de modo que no conocía a nadie y dado que además la mayor parte del tiempo debía hacer home office aquellas melodías acabaron por constituir la única forma de compañía con la que contaba.

En algún momento, desarrolló el hábito quizás no del todo saludable de hablar con ellas. Sí, hablar con las melodías o quizás con un pianista o una pianista imaginaria que estaba en su cabeza. Les deseaba los buenos días, decía en voz alta cuando un tema le gustaba especialmente y también se quejaba si se repetía mucho alguna pieza que no fuera de su agrado. Pronto también murmuraba sobre otras cosas, como por ejemplo cierta ocasión en la que sus amigos debieron cancelar un viaje que harían para visitarlo y, al estar de muy mal humor, fueron unos temas de Ravel los que lo calmaron. En ese momento, decidió agradecerle en voz alta y señalar:

—A veces, eres lo único que me hace bien en esta maldita ciudad…

Desde ese entonces, Eren notó algunos cambios en los recorridos del piano. Esas piezas de Ravel aparecían cada vez más a menudo y también iban desapareciendo aquellas que no le habían gustado tanto. Sintió que de alguna forma estaba comunicándose con aquella pianista (o aquel pianista, no lo sabía todavía) a través de las paredes de sus departamentos. La música era el lenguaje que los unía.

Esta conexión quizás fantasiosa entre ellos hizo que Eren dedicara cada vez más tiempo a pensar en su relación con esta persona misteriosa. Llegó a hablar de ello con sus amigos, sobre todo con Armin que era el más cercano, y se enfadaba si este hacía algún comentario que, a su juicio, desmereciera el valor de su vínculo con aquel vecino anónimo. Lo más raro fue que cada vez tenía menos interés por viajar a la oficina, a pesar de que eso implicaba que tal vez no socializara con nadie en todo el día. Pero si viajaba se perdía las primeras melodías de la mañana que, él sentía, de algún modo estaban dedicadas a él.

Alarmados por la cantidad de tiempo que Eren pasaba en su departamento, sus amigos intentaron llevarle, cuando lo pudieron visitar, alguna cosa que lo obligara a interactuar. Entre sus ideas, hubo algunas plantas y un pequeño gatito negro.

Eren no prestó mucha atención a ninguno de los dos, hasta que descubrió que tanto el platito para el agua del gato que estaba en el balcón como la planta a su lado resplandecían diariamente de forma independiente de si él se ocupaba de ellos o no. ¿Quién estaba encargándose de eso?

No estaba muy seguro de cómo descubrir este secreto, hasta que notó que el pequeño gatito salía de la casa siempre a horarios similares. ¿No sería que se iba en búsqueda de su benefactor desconocido? Si lo seguía, tal vez podría finalmente descubrir de quién se trataba.

Fue así que en una de esas ocasiones asomó la cabeza rápidamente por la ventana para atrapar al responsable in fraganti. Se llevó una gran sorpresa al encontrarse con que un vecino se estiraba un poco desde su balcón para echar agua en el suyo. Se trataba de un hombre bastante mayor que él pero todavía joven, con un cabello negro brillante que le caía en los ojos rasgados y una boca fina en una mueca de seriedad. Su primer pensamiento, totalmente involuntario, fue que era un hombre realmente apuesto, lo cual lo hizo sonrojarse, muy a su pesar.

Mientras a Eren se le iba la vida elucubrando todo esto, el vecino levantó la vista y le dirigió una mirada mortal.

—¿Tú eres el tipo que está dejando morir a esta pobre planta y que hace pasar sed a este mísero animalito? ¿Qué clase de adolescente irresponsable eres? ¿Dónde está tu madre?

Eso cambió rápidamente el estado de ánimo de Eren. Ahora se sentía indignado y avergonzado. ¿Quién se creía que era ese hombre para tratarlo así?

—Para su información, tengo 22 años, señor —dijo, acentuando el "señor" y el trato de "usted", para marcar distancia.

—¿Y a los 22 años todavía no sabes usar una maldita regadera, vago?

El tono agresivo del tipo no parecía camino a disminuir, por lo que Eren empezó a sentirse algo apabullado.

—Disculpe, pero me trajeron la planta y el gato contra mi voluntad. Yo trabajo todo el día y no tengo tiempo para cuidarlos.

—Te informo, mocoso, que todos los adultos trabajamos durante gran parte del día. Si sigues con esas excusas, solo te harás quedar peor.

—¿Sabe qué? Ni siquiera sé por qué estoy teniendo esta conversación con usted —rugió Eren entonces, y se metió de nuevo en la casa cerrando el ventanal de un golpe.

Alterado, Eren se acercó a la pared de la que solía llegar la música, buscando a su dulce pianista para levantar el humor. Sin embargo, durante un rato, mientras se escuchaba al vecino hablando con su gato, el piano se mantuvo en silencio.

Frustrado, Eren regresó a su computadora, comprendiendo que no era su día de la suerte y que el gato y la planta de alguna manera habían llegado a su vida para arruinarla.

Así se sucedieron los días, discutiendo en el balcón con el tipo que casi que se estaba apropiando de su gato (y que resultó llamarse Levi), y apaciguándose luego escuchando al o a la pianista anónima a la que había ya consagrado su corazón. A veces Eren se preguntaba cómo podían convivir en el mismo edificio dos personas tan contrarias, un viejo amargado (aunque apuesto) y una o un pianista lleno de talento y pasión. Esa intriga lo fue llevando a pensar que quizás sería buena idea averiguar dónde vivía el pianista en cuestión y ofrecerle al menos un café o alguna otra cosa en agradecimiento por todos los buenos momentos que le hizo pasar.

Pero, ¿cómo descubrir su dirección? La oportunidad le llegó de forma inesperada.

Una tarde, estaba regresando de hacer las compras cuando se encontró con que alguien había pegado un post it en la puerta justo aledaña a la suya. En él se leía claramente "Si sigue tocando tantas horas seguidas el piano, lo denunciaremos con la policía". Del enojo, su primera reacción fue arrancar el estúpido papel. ¿Quién podía disgustarse con aquella preciosa musicalización del edificio? Se sentía tentado de buscar al responsable y hacerlo entrar en razón. Sin embargo, pronto comprendió que estaba frente a la oportunidad perfecta para conocer a su pianista misterioso, ya que el post it estaba sobre una puerta específica.

Tocó el timbre y aguardó, ansioso. Le aumentó la respiración de los puros nervios. Recordó cuántos meses llevaba ya imaginando este encuentro. Para él, la o el pianista era de alguna forma una pieza esencial en su vida, quizás incluso un gran amor. No obstante, cuando se abrió la puerta…

—¿Qué quieres, mocoso?

Esa voz… ese tono… ¿Levi?

Eren sacudió la cabeza, tratando de bajar a la realidad.

—Sí, eh… ¿sabe dónde vive el pianista o la pianista del edificio? Estoy buscándolo.

—Soy yo. ¿Qué quieres? Si es para conciertos, tengo este mes ocupado, pero podemos ver la agenda del siguiente. Si es para quejarte del ruido, deja un papel que luego lo leo cuando me sobre mucho, muchísimo tiempo.

Eren estaba pasmado. ¿Levi… y el pianista… eran la misma persona? ¿La fuente de sus irritaciones y su mayor sensación de calma eran lo mismo? ¿Cómo podía ser semejante cosa?

—No, no puede ser… el pianista… o la pianista… no sé, me llevo bien con esa persona, no creo que sea usted.

Levi lo contempló con desgano.

—No sé qué te imaginaste, mocoso, pero yo soy el único puto pianista de este edificio de mierda.

Eren dudó. Después de un rato de incertidumbre e incomodidad, empezó a tararear el tema de Ravel con el cual el pianista lo había conquistado tiempo atrás. Levi pareció sorprenderse un poco, aunque solo guardó silencio. Permitió que Eren acabara por silbar la melodía completa.

Cuando ese momento terminó, se miraron a los ojos, incómodos.

—Entonces… ¿realmente es usted? —insistió Eren.

—Realmente soy yo. Y tú… ¿realmente eres tú?

Esa pregunta ya no tenía mucho sentido. Pero Eren sabía lo que quería decir. Asintió, enérgico.

—Su piano… su piano es lo que…

Entonces Levi se estiró un poco para ponerle el índice en los labios.

—No hables tanto. No es tu fuerte —murmuró, tras lo cual lo tomó de la muñeca y lo hizo pasar a la casa.

Eren quedó deslumbrado por el orden y la limpieza de aquel pequeño departamento. Pronto reconoció a su gato cómodamente ubicado en el sillón. Y, junto a él, un hermoso piano vertical.

—Siéntate —dijo Levi.

Así lo hizo y, desde allí, mientras acariciaba distraídamente a su gato, lo escuchó por fin a Levi tocar para él, en vivo, a pocos centímetros, todos los temas que alguna vez había declarado en voz alta amar. Era evidente que Levi no solo oía todas las paparruchadas que él solía decir a través de la pared, sino que además les daba crédito y se esforzaba con particular interés en tocar sus piezas favoritas por sobre otras.

Sería difícil saber cuánto tiempo estuvieron así, solo compartiendo la música, pero de un momento a otro Eren supo que necesitaba más que eso. Se incorporó despacio pero decidido y se aproximó al taburete del pianista.

Levi lo ignoró como si no supiera que estaba allí, aunque sin dudas lo sabía. Dejó que Eren lo tomara del mentón y lo hiciera girarse hacia él. Sus miradas conectaron y todas sus tontas discusiones en el balcón perdieron sentido. Más bien, lo esencial entre ellos era la compañía que se habían hecho, día a día, a través de aquellas finas paredes.

Dado que el hombre no se apartaba, Eren se animó a un poco más y aproximó sus labios. La sensación que lo embargó durante ese primer y breve beso le demostró rápidamente que estaba haciendo lo correcto. Cuando se apartaron, Levi frunció el ceño.

—Esto no te exime de aprender a regar las plantas, mocoso…

Eren sonrió. Inesperadamente, esas fantasías por las cuales sus amigos tanto lo habían burlado habían acabado convirtiéndose en realidad de un modo que no podía más que agradecer. De ahora en más, la música, el gato y la planta solo serían pequeños ingredientes en la hermosa sensación de saberse por fin acompañado de verdad.

FIN