Sam y Dean iban en el coche en completo silencio. Ninguno de los dos quería hablar de lo que estaba ocurriendo.

Como ya era costumbre, el rubio era el que conducía. Sus nudillos estaban blancos por lo fuerte que apretaba el volante y su mandíbula estaba tensa.

Ambos recordaban a la perfección la discusión que habían tenido tras la muerte de Charlie y las palabras hirientes que el mayor le había dicho al castaño mientras quemaban su cuerpo.

No mucho después, la marca se había salido de control y Dean había terminado matando a toda la familia Stain. Sin mencionar que casi mata también a Castiel.

Aquellos recuerdos aún punzaban dolorosamente en su pecho, junto al sentimiento de culpa. Su hermano y Castiel no merecían haber tenido que pasar por todo eso.

Sam estaba igual o más tenso que su hermano mayor. Durante meses, se había culpado por haber involucrado a Charlie en la traducción del libro; si él no le hubiera pedido ayuda, ella no habría tenido que sufrir aquella horrible muerte a manos de ese psicópata.

No sabía cómo iba a mirarla a la cara cuando llegaran sabiendo que su asesinato había sido culpa suya. Eso si es que era ella realmente.

Un teléfono comenzó a sonar, reemplazando el espeso silencio dentro del Impala.

Soltando una maldición, Dean comenzó a palparse los bolsillos con una mano en busca de su móvil mientras mantenía la otra mano en el volante.

"¿Puedes... puedes mantener la atención en la carretera, por favor?" Preguntó el castaño nervioso mientras buscaba en la guantera para ver si era alguno de sus viejos teléfonos, prácticamente olvidados allí.

El mayor gruñó levemente tendiéndole finalmente su teléfono. "Es Cas. Cógelo."

Sam asintió y cogió el aparato, contestando la llamada y poniendo el altavoz. "Hola, Cas. ¿Va todo bien?"

"¿Dónde estáis?" Preguntó el ángel. Por el tono de voz, se le notaba bastante nervioso.

"Nosotros estamos bien, gracias por preguntar." Dijo el rubio en tono sarcástico rodando los ojos.

"Dean, esto es serio. ¿Dónde narices os habéis metido?"

"Vamos de camino al pueblo que estuvimos investigando hace una semana, donde Lucifer había atacado a una familia entera." Respondió Sam antes de que su hermano pudiera decir nada.

Un suspiro cansado se oyó al otro lado de la línea. Dean disminuyó la velocidad y se aparcó en el arcén de la carretera.

"Cas, ¿crees que podrías venir si te mando la ubicación?"

"No lo creo." Dijo dudoso el ángel. "Aún tengo las alas muy dañadas y seguramente ya estéis lejos."

El rubio maldijo por lo bajo y después asintió pasándose una mano por la cara. "Está bien, nos vemos a la vuelta entonces."

Ya se disponía a colgar cuando volvió a oír la voz de Castiel. "¿Por qué estáis volviendo a ese pueblo?"

Ambos hermanos se miraron sin saber muy bien que contestar.

"Hemos recibido una llamada importante pidiendo que fueramos allí." Decidió contestar Sam.

No querían ocultarle nada a su amigo, pero tampoco querían poner una preocupación más sobre sus hombros y, definitivamente, Charlie resucitando misteriosamente era algo de lo que preocuparse.

"Está bien." No sonaba muy convencido, pero al menos no les forzó a hablar del tema. "Llamad si necesitáis cualquier cosa."

"No te preocupes, Cas. Te llamaremos." Aseguró el menor de los hermanos antes de colgar.

El silencio volvió a cernirse sobre ellos, haciendo el ambiente incluso más pesado que antes de la llamada.

Tras un par de minutos, el mayor carraspeó visiblemente incómodo, captando la atención del otro hombre.

"Sam, quiero que sepas que no pensaba realmente lo que te dije mientras quemábamos el cuerpo de Charlie."

"Estabas poseído por la marca y... y todo eso." El castaño suspiró mirando por la ventanilla. "Entiendo que me quisieras muerto en aquel momento, yo tampoco me he perdonado por lo que le pasó."

Dean frunció el ceño ante sus palabras, apretando un poco más fuerte el volante. "¡Eh, eh! Nada de eso. No fue culpa tuya, ¿vale?"

"Puedes negarlo todo lo que quieras, pero yo sé que sí lo fue. No debí meterla en la traducción del libro." Habló Sam girándose para mirar a su hermano. "Tú ni siquiera querías ser curado. Fue egoísta de mi parte."

Ambos se volvieron a quedar en silencio.

"No." La voz del rubio salió algo más rasposa de lo usual. Traer de nuevo el tema de Charlie a flote le había puesto sentimental.

Su hermano le miró algo confundido, no sabiendo muy bien a qué se refería.

"¿Recuerdas cuando vendí mi alma para traerte de vuelta? Eso sí que fue egoísta." Comenzó Dean. "Lo de la marca es distinto. Tú no sabías las consecuencias que traería intentar salvarme."

"¿Así que ahora la muerte de Charlie es una consecuencia?" Preguntó levemente molesto el castaño.

La mandíbula del mayor se tensó. "¿Podemos dejar de hablar de su muerte? Ella está viva ahora, eso es lo que importa."

"No lo sabemos realmente." Dijo en voz baja Sam.

"¿Qué probabilidades hay de que no?" Protestó Dean.

"¿Y cuántas de que sí?" Contestó el menor. "¿Recuerdas aquel caso en el que trabajamos hace unos años? La gente creía que sus seres queridos contactaban con ellos desde el más allá. Tú mismo creías que papá te llamaba por teléfono."

El rubio trató de no rodar los ojos. "¿Y qué? ¿Entonces crees que es otro de esos seres?"

Soltando un bufido, Sam apoyó la cabeza contra el respaldo del asiento. "Solo digo que existen muchas probabilidades de que no sea ella."

"Quemamos su cuerpo, no puede ser un necrófago."

"Nadie ha dicho que lo sea." Dijo el castaño algo desconcertado.

Dean se encogió de hombros. "Solo descarto opciones."

"Bien, entonces habría que descartar también a un metamórfico."

El mayor asintió con la cabeza.

Por otro lado, en el búnker, Castiel se había quedado bastante intranquilo después de la llamada con los hermanos.

Que volvieran a ese pueblo estando Lucifer suelto no le gustaba nada. Aunque, bueno, realmente no estaban seguros en ningún sitio tratándose de su psicópata hermano mayor.

Salió de su habitación repitiéndose a sí mismo que, por mucho que se preocupara, desde allí no podía solucionar nada.

Mientras caminaba por el pasillo, las voces de los ángeles, llenando su cabeza a través de radio-ángel, le aturdieron hasta el punto de hacerle caer al suelo. Trató de agarrarse de la pared, fallando miserablemente en el intento.

"¡Castiel!" La voz de Mary, llena de preocupación, sonaba lejana, opacada por los parloteos en enoquiano que ocupaban su mente.

No entendía muy bien que estaba pasando. Había tantos ángeles hablando a la vez que solo podía captar algunas cosas sueltas.

"¡Castiel! ¿Qué ocurre?" Notó como la mujer sacudía suavemente su hombro, pero no podía romper la conexión con radio-ángel por mucho que se esforzara.

De un momento a otro, estaba de nuevo en su habitación, tumbado en la cama. Ni siquiera recordaba haber llegado allí, solo oía las voces entremezcladas de los ángeles.

"¿Dean?" Trató de moverse para buscar de dónde venía la voz de Mary, pero no tenía ningún control sobre su cuerpo. "A Castiel le pasa algo, ¿cuanto váis a tardar en volver?" Podía notar la preocupación en su voz. "No lo sé, solo se cayó en el pasillo. Cuando llegué hasta él estaba en el suelo y no se movía. Luego se desmayó y... ¿podéis venir, por favor?"

No oyó lo que la contestaron desde el otro lado, solo pudo oírla responder con monosílabos cada poco tiempo. Radio-ángel parecía irse apagando poco a poco, pero aún les oía, casi mejor que a la cazadora.

Dedujo que Mary se había ido al oír la puerta cerrarse. Cerró los ojos esperando a que los murmullos desaparecieran por completo.

Tras unos minutos de completo silencio, trató de moverse. Comenzó por las manos, comprobando que volvía a tener control sobre su cuerpo.

Poco a poco, fue moviendo cada articulación hasta que se aseguró de que podía moverlas todas.

Abrió los ojos y se levantó de la cama con cuidado, caminando después hacia la puerta lentamente. Antes de que a él le diera tiempo a llegar hasta ella, fue abierta por Mary.

"Lo siento, no esperaba encontrarte levantado." Se disculpó la mujer apunto de volver a salir.

"No importa." Dijo él en tono calmado. "Te he oído hablar con los chicos, ¿van a venir?"

"Dean dijo que estaban llegando al pueblo. Iban a recoger a una tal Charlie y volvían en cuanto pudieran."

Ambos caminaban despacio hacia la cocina mientras hablaban. La rubia mantenía un ojo en cada pequeño movimiento del ángel, tratando de encontrar alguna señal de que le fuera a pasar lo mismo de nuevo.

Castiel frunció el ceño levemente. "¿Estás segura de que era Charlie a quien iban a recoger?"

"Eso dijeron, ¿por qué? ¿Pasa algo?" La preocupación volvía a inundar la voz de Mary.

El ángel negó con la cabeza. Si Dean y Sam no le habían hablado de Charlie, no le correspondía a él hacerlo.

"Solo hacía bastante tiempo que no la veíamos." Respondió lo más tranquilo posible.

Nunca le había gustado mentir, pero, desde que convivía con los Winchester y se había iniciado en el mundo de la caza, se había acostumbrado a tenerlo que hacer de vez en cuando. Además, no era una mentira realmente; sí que hacía mucho tiempo que no la veían, solo había omitido el motivo.

La mujer asintió, conforme con la explicación de Castiel. Después, miró su reloj de muñeca.

"Les llamé hace como una hora, supongo que ya estarán de vuelta."

Llegaron a la cocina y Mary comenzó a prepararse un té. El pelinegro se sentó en una de las sillas.

El silencio llenaba el lugar, pero no era incómodo. La rubia parecía estar sumida en sus pensamientos y el ángel solo la miraba sin saber si debería iniciar una conversación o no.

"¿Para qué me pediste esos libros sobre mitología?" Preguntó finalmente.

Mary le miró apoyándose en la encimera. "Había un caso en el diario de John que me llamó la atención." Comenzó a explicar. "Solo quería buscar algo más de información." Terminó encogiéndose de hombros.

El pelinegro asintió.

"¿Sabes? Aún me cuesta creer lo pronto que empezó a cazar John." Dijo ella sirviéndose el té. "Dean era solo un niño cuando le llevó a su primera caza." Se sentó junto a él con aire triste.

Castiel hizo una pequeña mueca. "Creyó que era la mejor manera de protegerles."

"¡Había otras mejores!" Protestó ella.

"Por supuesto que sí, pero John no valoró otras opciones en su momento."

Mary resopló y le tendió el diario abierto. "Lee ahí."

El ángel tomó el diario y leyó donde la mujer le indicaba. En aquella parte, John explicaba brevemente como había dejado a Sam y a Dean solos en una habitación de motel para ir a cazar.

"Por la fecha, Sam no tendría más de dos años."

Castiel suspiró apartando el diario. "No fue culpa tuya, Mary."

Ella negó tapándose el rostro con las manos. "Si hubiera estado..."

"Tú no sabías que esto iba a pasar. Como tampoco sabías que ibas a faltar en algún momento." Trató de tranquilizarla el ser celestial.

"No puedo evitar pensar que fue mi culpa." Insistió ella. Bajando la mirada a su taza de té, se quedó pensativa un par de segundos. "Sigo teniendo pesadillas en las que veo a John muerto en mis brazos y mi padre poseído por aquel demonio de ojos amarillos."

"¿Son muy frecuentes?" Preguntó el ángel.

"Lo eran cuando hice el trato con el demonio, se fueron con los años y volvieron con forme se acercaba el plazo." Alzó la mirada para verle. Sus ojos verdes azulados estaban cubiertos de lágrimas. "Desde que estoy aquí, han vuelto."

Castiel posó una de sus manos sobre una de las manos de la mujer y la apretó suavemente. Le apenaba ver así a la humana.

"Ahora estás a salvo. Sé que Dean y Sam no van a dejar que te pase nada."

Mary sonrió levemente. "Gracias, Castiel. Mis hijos tienen mucha suerte de tener un amigo como tú."

Volvieron a quedarse en silencio durante unos segundos, hasta que el teléfono de la rubia resonó por la cocina.

El ángel salió volando de la cocina para darle algo de intimidad, y para poder ordenar sus pensamientos.