Los hermanos Winchester llegaron al pueblo sin ninguna complicación en el camino. Eran poco más de las nueve cuando pararon a preguntar por el motel donde se hospedaba Charlie. No fue difícil enonctrarlo, ya que era el único de la zona, pero llegar hasta el lugar fue algo tedioso. Tuvieron que atravesar el pueblo, ya que el motel se encontraba al otro lado y algo alejado para facilitar su acceso por carretera.

Dean iba algo nervioso por la llamada que habían recibido de Mary. No tenía idea de que podía ser lo que le estuviera pasando a Castiel. Sam había intentado tranquilizarle, pero la verdad es que él también estaba algo asustado por el estado de su amigo.

La pelirroja les estaba esperando en el aparcamiento cuando llegaron. De alguna forma, se había hecho con una bolsa de patatas fritas y un mp3.

Aquello fue probablemente lo que menos les importó a ambos hombres mientras bajaban del Impala y comenzaan a caminar hacia ella.

Por que Charlie estaba ahí, estaba viva.

Sentada en el pavimento, movía la cabeza al compás de la música con los cascos puestos y los ojos cerrados, totalmente ajena a su llegada.

Sam sonrió con un ligero toque de nostalgia, recordando el día que la conocieron. Tal vez no había sido en las mejores circunstancias, pero agradecía que sus vidas se hubieran cruzado.

Ambos avanzaban lentamente hacia el lugar donde la chica estaba sentada, casi como si tuvieran miedo de que en cualquier momento fuera a desvanecerse frente a sus narices.

Charlie se quitó los auriculares y abrió los ojos, dedicándoles una sonrisa cuando les vio.

"¡Ya estáis aquí!" Se levantó del suelo y se sacudió la parte trasera de los vaqueros, guardándose después el mp3 en un bolsillo junto con los auriculares. "Pensé que ibais a tardar más."

El rubio no pudo evitar avanzar hacia ella y envolverla en un fuerte abrazo.

Soltando una pequeña risa, la pelirroja palmeó su espalda. "Dean, me estás cortando la respiración."

Separándose un poco, el mayor la miró detenidamente por unos segundos antes de sonreírla suavemente. Había un ligero toque de tristeza en su mirada. A fin de cuentas, se sentía igual de responsable de su muerte que Sam. "¿Cómo te encuentras?"

"Estoy bien. Es raro, pero supongo que me acostumbraré." Sonaba tranquila y, si notó lo tensos que estaban ambos hermanos, no lo mencionó.

Disimuladamente, mientras Dean y Charlie comenzaban a hablar, Sam salpicó a la joven con un poco de agua bendita que guardaba en un pequeño frasco dentro de su chaqueta. Solo para asegurarse.

Charlie miró hacia el cielo con el ceño levemente fruncido, extrañada por las gotas de agua. El cielo no estaba especialmente despejado, algunas nubas grises se arremolinaban sobrer sus cabezas, por lo que no le dio especial importancia.

"Tal vez deberíamos pasar dentro." Sugirió, haciendo un amago de buscar la tarjeta de la habitación. "Creo que va a llover."

"Mejor ven con nosotros." Dijo Sam sonriendo suavemente. "Te llevaremos al búnker."

Charlie cogió la bolsa de patatas y se dejó conducir hasta el Impala sin ninguna queja. Se sentía mucho más protegida en compañía de los Winchester y tal vez Castiel pudiera ayudarla con el tema al que había estado dando vueltas desde que había leído la nota.

"¿Ya te has convencido de una vez de que es ella?" Le murmuró el mayor de los hermanos al castaño.

"Lo habíamos descartado todo menos un demonio." Dijo como respuesta, enseñándole después el frasco de agua bendita. "Es ella."

El rubio asintió y sacó su teléfono. "Id subiendo al coche. Voy a llamar a mamá."

Sam hizo lo pedido, subiendo al asiento de copiloto, mientras que Charlie se acomodaba en el asiento trasero con la vista fija en Dean y el ceño levemente fruncido.

"Dijo... ¿Dijo que iba a llamar a vuestra madre?" Preguntó la chica sintiéndose enormemente confundida. Hasta donde ella sabía, Mary había muerto cuando Sam era un bebé.

Pasándose las manos por el rostro, el castaño suspiró. Después, se giró para mirarla. "Es una historia algo larga. Podríamos resumirlo en que la hermana de Chuck la resucitó."

Aún más confundida, la pelirroja apartó la mirada del rubio para mirar al menor de los hermanos. "¿Dios tiene una hermana?"

Sam iba a empezar la explicación sobre Amara, pero fue interrumpido por un Dean subiéndose al coche de bastante mal humor.

La mayor parte del viaje estuvo lleno de largas conversaciones. Tenían bastante de que hablar y ponerse al día.

La pelirroja les explicó vagamente sobre lo que había pasado antes de su muerte; ellos, más bien Sam, le contaron como consiguieron liberar a Dean por fin de la marca y todo lo que sabían sobre la hermana de Chuck, que no era realmente gran cosa.

El mayor de los hermanos no habló mucho durante las horas que estuvieron en el coche, solo se limitó a conducir y hacer algún comentario de vez en cuando.

Estaba bastante tenso.

Mary le había asegurado que el ángel estaba mejor, pero el necesitaba verlo con sus propios ojos para creerlo.

Cuando finalmente llegaron, Dean aparcó el Impala en el garaje del búnker y salió con las llaves en la mano. Sam y Charlie bajaron también.

Entraron en el búnker, encontrando todo tranquilo y en silencio. Daba la sensación de que estuviera vacío.

El rubio inmediatamente se puso a buscar a su madre y al pelinegro.

Mientras él les buscaba, su hermano llevó a la pelirroja hacia las habitaciones para que pudiera instalarse. Por el camino, Charlie les había pedido quedarse con ellos en el búnker y ambos hombres aceptaron sin ningún problema.

De todos modos, ellos ya habían hablado en el camino de ida sobre la posibilidad de pedirle que se quedara en el búnker. Principalmente para mantenerla a salvo. Ninguno de los dos se perdonaría si la perdían de nuevo.

Al llegar a la biblioteca, Dean vio a su madre leyendo. Se acercó a pasos rápidos mirando alrededor en busca del ser celestial.

"Hola, mamá." Saludó todavía buscando a su amigo con la mirada.

"Hola, Dean." Saludó de vuelta ella levantando la vista del libro. "¿Buscas a Castiel?"

El hombre se rascó la nuca algo nervioso y asintió. "¿Sabes dónde está?"

"Está fuera. Dijo que necesitaba estirar las alas." Mary le sonrió suavemente antes de volver a su lectura.

"Gracias, mamá."

Y, con eso, emprendió su camino hacia la salida del búnker.

Un suave viento le dio la bienvenida al exterior cuando finalmente salió. Había alguna que otra nube en el cielo, pero no parecía realmente que fuera a llover.

"¿Cas?" Le llamó el cazador en voz alta, pero no hubo ninguna respuesta.

Dean frunció el ceño extrañado. Tal vez no le hubiera oído.

La carretera a la que daba el búnker no era muy transitada, pero, aún así, supuso que el ángel habría preferido ir a alguna zona más tranquila donde estuviera seguro de que nadie le veía.

Comenzó a caminar hacia la arboleda que había tras el búnker y la carretera, esperando que estuviera allí.

Una punzada de preocupación le atravesó el pecho al pensar en la llamada de horas atrás que habían recibido de su madre.

¿Y si le había vuelto a pasar algo?

Caminó más rápido abriéndose paso entre los árboles. "¿Cas? ¿Dónde estás?"

Oyó un suave aleteo y, de un momento a otro, el ángel apareció frente a Dean; provocando con eso que, en un torpe intento de frenar, tropezara y cayera directo sobre él.

Castiel sostuvo al cazador en sus brazos para evitar que cayera al suelo. "¿Para qué me llamabas?"

El hombre trató de volver a incorporarse y alejarse del pelinegro. "Mary llamó diciendo que estabas mal."

Apartándose un poco de él, el ángel negó levemente con la cabeza. "Solo fue un llamado de radio-ángel."

El rubio elevó las cejas. "¿Solo un llamado de radio-ángel? ¡Cas, te has desmayado!"

"No fue un desmayo como tal." Trató de explicarse. "La conexión era muy fuerte y me hacía desconectar de lo que pasaba a mi alrededor."

"Sí, claro... porque eso no se parece en nada a estar desmayado." Dijo con sarcasmo el cazador.

Castiel ladeó la cabeza, mirándole con una expresión extrañada. "Claro que no es lo mismo, Dean."

El nombrado suspiró, relajándose finalmente. "¿Y bien? ¿Qué es lo que querían en radio ángel?"

"No lo sé." Respondió simplemente, esforzándose lo mejor posible por sonar natural.

Una mueca de confusión se instaló en el rostro del rubio. "¿Cómo que no lo sabes?"

El ángel se encogió de hombros. "Había muchos ángeles hablando a la vez, no logré entender nada."

Por unos segundos, Dean le miró en silencio con el ceño levemente fruncido. Analizándole. Podía adivinar fácilmente que le estaba ocultando algo, pero no sabía el qué.

Finalmente, el cazador suspiró dándose por vencido, sabiendo que no iba a lograr sonsacarle nada a Castiel.

"Como sea." Murmuró. Metió las manos en los bolsillos de sus vaqueros y miró al pelinegro. "¿Estás mejor? ¿Has vuelto a conectar con radio-ángel?"

"Dean, estoy bien." Aseguró Castiel con voz calmada.

"Vale." El cazador alzó las manos en señal de paz.

El silencio volvió. Ambos se miraban, hundidos en sus propios pensamientos.

Mientras Dean le daba vueltas a qué podría ser lo que ocultara el ángel, Castiel pensaba que tenía que hablar con Crowley sobre lo que había oído en radio-ángel.

No quería contárselo a los Winchester y poner un peso más sobre sus hombros. Los hermanos ya tenían bastante con lo suyo.

Tras algunos minutos, el ángel le hizo un gesto con la cabeza al cazador. "¿Volvemos al búnker?"

"Creí que ibas a volar un rato."

El pelinegro negó levemente con la cabeza. "Lo he intentado, pero es bastante incómodo con tantos árboles."

Dean asintió, tomando nota mentalmente de buscarle un buen lugar donde pudiera volar. "Entonces volvamos dentro, Charlie está deseando verte."

El ser celestial asintió como toda respuesta.

Comenzaron a caminar hacia el búnker. No era un trayecto largo, apenas se tardaban unos pocos minutos, pero el silencio abrumador entre ellos hacia que pareciera más largo.

Castiel no se molestó en preguntar por la resurrección de la pelirroja. Sabía que los hermanos ya se habrían encargado de hacerle toda clase de pruebas a la chica para cerciorarse de que era ella. Y, en caso de que se les hubiera escapado algo, podía usar sus poderes de ángel para asegurarse.

Una vez dentro del búnker, Dean prácticamente desapareció por uno de los pasillos.

Había un murmullo de voces que venían de la cocina, por lo que el pelinegro supuso que el resto de humanos estarían allí.

"¡Cas!" El ángel apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de sentir un peso sobre su cuerpo y unos brazos rodeando su cuello.

"Hola, Charlie." La abrazó de vuelta dando un par de suaves palmadas en su espalda.

Abrazándole más fuerte, la chica se inclinó para susurrar en su oído. "Necesito enseñarte algo, creo que me están vigilando."

Con el ceño fruncido, Castiel susurró también. "¿Dean y Sam te están vigilando?"

"No, ven a mi habitación esta noche para hablar." Respondió la chica y se separó de él con una sonrisa. "¿Cómo va todo?"

"Bastante bien." Respondió algo confundido el pelinegro por el repentino cambio.

"Sam ya me ha puesto un poco al corriente de todo, pero creo que se ha dejado ciertas partes." Tomando su brazo, la chica le llevo hasta una de las mesas de la biblioteca.

El ángel se dejó llevar hasta la mesa sin ofrecer resistencia alguna. "Puedes preguntarme las dudas que te queden." Ofreció amablemente.

Sentándose en una de las sillas, Charlie se apoyó en la mesa y le miró atentamente. "¿Cómo va tu relación con Dean?"

Castiel abrió la boca para contestar, pero la cerró inmediatamente. ¿Qué debía contestar a eso?

Algo incómodo, se aclaró la garganta y se sentó frente a ella. "¿A qué te refieres?"

"Ya sabes." Contestó ella alzando las cejas. "Traté de preguntarle a Sam sobre el tema, pero no me aclaró mucho. Me dijo que seguíais como siempre."

Dean entró en la biblioteca con un par de libros en las manos y se acercó a una estantería para colocarlos sin decir nada.

El ángel abrió más los ojos, dándose cuenta de por dónde estaba yendo la conversación con Charlie.

No sabía que responderle. Sam había resumido todo bastante bien. Efectivamente, estaban como siempre.

Atascados en aquel punto extraño en el que tanto Dean como él seguían negándose a aceptar la posibilidad de que hubiera algo más que una amistad entre ellos, pero en el que todo el mundo parecía ver lo contrario.