Haciendo su mejor intento para ignorar a Castiel y a Charlie, Dean salió de la biblioteca tras dejar un par de libros que tenía en su habitación. No quería entrometerse en su conversación y aún seguía dándole vueltas a qué podría ser lo que Castiel le estaba ocultando esta vez.

Se dirigió hacia la cocina a paso tranquilo en busca de su madre y su hermano para hablar con ellos. Ambos estaban allí tomando café y hablando tranquilamente.

"Oye, Dean." Le llamó Sam cuando le vio entrar. "¿Te acuerdas de lo que te mencioné esta mañana? ¿Lo de la casa encantada?"

"Sí, claro, ¿por qué?" Preguntó acercándose a la mesa.

"Mamá y yo hemos pensado que podríamos ir hoy. Puedo conducir yo si estás muy cansado."

Con un vago gesto de mano, el rubio descartó la idea como quien espanta una mosca. "No hace falta que conduzcas, estoy bien."

"¿Seguro?" Preguntó Mary no muy convencida. "Acabáis de volver de un viaje. Habrás conducido por unas seis horas en total y apenas has descansado un par de minutos."

"Sam y yo hemos hecho viajes más largos." Contestó el mayor de los hermanos restándole importancia mientras se sentaba con ellos. "¿Entonces nos vamos hoy?"

Aún con algo de reticencia, la mujer asintió. "Hemos pensado que sería lo mejor para evitar que se produzcan más muertes."

"Pues habrá que hacer algo de equipaje y hablar con Charlie para ver si viene." Dijo Dean rascándose la barbilla. Llevarla de caza no era la mejor opción, pero parecía mucho mejor que dejarla sola.

"Aquí en el búnker estaría más segura." Contestó Sam antes de beber de su taza de café.

Jugando con sus manos, su hermano asintió en acuerdo. "Lo sé, pero no quiero dejarla sola. Me preocupa que la pueda pasar algo."

"No se quedaría sola. Cas estará aquí también." Resolvió el castaño encogiéndose de hombros. "Él la cuidará."

Frunciendo el ceño, el rubio le miró. "¿Qué quieres decir con eso? Cas siempre viene con nosotros."

"Pero ahora estará ocupado buscando a Lucifer." Contestó el menor sin darle demasiada importancia a la muecaque adornaba el rostro de su hermano. "Estando en el búnker, si Crowley le llama, puede coger uno de los coches del garaje e ir a cualquier parte. Si viene con nosotros tendría que coger el transporte público o pedir a alguno de nosotros que le llevara."

Dean se quedó en silencio unos segundos con el ceño fruncido y la mirada fija en Sam. Un gesto completamente serio se había apoderado de su rostro. Comprendía la situación, pero comprenderla no hacía que le agradara.

Finalmente, se levantó de su silla. "Me voy a preparar mi bolsa." Concluyó en un tono cortante antes de salir de la cocina.

Mary y Sam se quedaron en silencio mientras le veían abandonar la estancia.

Se dirigió a su habitación y cerró la puerta al entrar, tal vez con un poco más de fuerza de la necesaria. Abrió el armario y sacó una bolsa de deporte, tirándola después sobre la cama.

"¿Por qué tienes que estar buscándole, Cas?" Murmuró en voz baja mientras sacaba un par de camisas de un cajón.

Metió las camisas en la bolsa de forma algo brusca y volvió a mirar dentro del armario para sacar un par de vaqueros.

"Maldito ángel cabezota. ¿Por qué no puedes simplemente permitir que se ocupen otros y dejar de ponerte en peligro?"

El suave aleteo a su espalda pasó desapercibido por el ruido de la bolsa mientras colocaba mejor las cosas. Aún tenía que meter su pijama, el neceser y el traje que usaba para hacerse pasar por agente del FBI.

"Sabes que no puedo hacer eso, Dean. Es mi responsobilidad."

La voz del pelinegro le hizo sobresaltarse. No se lo esperaba. Llevándose una mano al pecho, el cazador cerró los ojos tratando de calmarse.

"¡Joder, Cas! ¿Me estabas espiando?" Preguntó mientras se daba la vuelta para encararle.

El ángel ladeó la cabeza confundido. "Por supuesto que no. Tú me rezaste y vine a ver que te pasaba."

Algo confundido, Dean negó con la cabeza. "Yo no te recé."

Castiel soltó un suspiro y avanzó hacia la cama. "Lo de los rezos es algo más complejo de lo que os he explicado a Sam y a ti durante estos años."

"Bueno, pues explícamelo ahora." El rubio se cruzó de brazos mirándole. "¿Me oyes si hablo en voz alta sin importar de qué esté hablando?"

"Solo cuando te diriges a mí mientras hablas o si..." Castiel se quedó callado. En lugar de seguir hablando, se sentó en la cama.

"¿O si qué?" Insistió el cazador.

"Si me invocas con el pensamiento mientrás hablas." Dijo finalmente el ángel.

"¿A qué te refieres con eso? ¿Puedo llamarte por telepatía?"

El ser celestial asintió.

Una idea cruzó la mente de Dean. "¿Y tú también puedes hacerlo?"

De nuevo, Castiel asintió, aunque algo menos convencido.

"¿Fue eso lo que pasó en el coche la semana pasada?" Preguntó el cazador sorprendido. "Oí tu voz en mi mente. ¿Te estabas comunicando conmigo por telepatía de esa?"

Algo avergonzado al recordar la escenita del coche, el ángel volvió a asentir. Esta vez, con la mirada clavada en le suelo. "Lo hice sin querer." Su ceño se frunció mientras alzaba la vista para poder mirar al rubio. "Espera, ¿recuerdas lo que pasó?"

Soltando un bufido, Dean asintió. "Por supuesto que sí, no había bebido tanto."

"¿Entonces por qué me besaste?" Preguntó confundido el ángel.

"Porque... porque...porque..." El cazador tomó aire tratando de buscar las palabras adecuadas. No iba a decirle que lo hizo porque era lo que llevaba queriendo hacer desde hace años. "Creo que sería mejor que te fueras, tengo que terminar de preparar la bolsa."

Castiel se giró para mirar la bolsa. "¿Os vais de caza?"

"Sí. Mamá y Sam han encontrado un caso." Respondió volviendo a ir hacia la cómoda. "¿Vendrás con nosotros?"

"No puedo. Lo sabes." Dijo el pelinegro.

"Ya, ya. Todo eso de colaborar con Crowley para atrapar a Lucifer." Dean sacó varios boxers de un cajón y los metió en la bolsa. "Lo sé."

"¿Tú quieres que vaya?" Preguntó el ángel.

El humano ignoró su pregunta, haciendo como que no la había oído, mientras sacaba su traje del armario y buscaba una corbata.

"Dean." Le llamó Castiel.

"¿Sí?" Preguntó mientras guardaba el traje con cuidado en la bolsa.

"Te he hecho una pregunta."

"¿A sí?" Contestó con fingido desinterés.

Con un rápido movimiento que el cazador no vio venir, el ángel se levantó de la cama y le empujó contra la pared más cercana, sujetándole después para que no se moviera. Con el antebrazo derecho le mantenía pegado a la pared, presionando sobre su pecho más o menos a la altura de sus hombros. Su mano izquierda le presionaba contra la pared, también a la altura de su pecho.

"Llevas toda la semana raro conmigo." Comenzó a decir el pelinegro. "Y ahora ignoras mis preguntas descaradamente. ¿Se puede saber qué narices está pasando contigo?" Preguntó el pelinegro empezando a molestarse.

"¿Conmigo?" Respondió Dean a la defensiva. "¡Podría hacerte la misma maldita pregunta! ¡Eres tú el que ha preferido largarse con el rey del infierno a ver mundo!"

Se quedaron mirándose fijamente a los ojos en la misma posición, no sabiendo que decir para romper aquel espeso silencio que se había apoderado de la estancia.

Castiel podía sentir bajo la palma de su mano como el corazón del humano latía más rápido de lo usual. Su ceño se frunció levemente. ¿Era normal que un corazón humano bombeara tan rápido?

Dean, por su parte, estaba bastante nervioso. Aquella posición no era la más cómoda. Sentía la pared haciendo presión contra su espalda, causándole una leve molestia. No era la primera vez que estaban así, pero si era la primera desde el incidente del coche.

Y ahora el ángel lo había vuelto a sacar a relucir, trayendo esos recuerdos traicioneros de vuelta. Esos mismos que no terminaban de dejar su mente. Por mucho que tratara de arrastrar lo ocurrido a lo más oscuro de su mente, condenándolo al olvido, de una forma u otra terminaba volviendo a pensar en ello.

El ser celestial se inclinó un poco hacia el cazador, sin romper el contacto visual. La distancia entre ellos disminuyendo considerablemente si se tenía en cuenta que desde el inicio no había sido mucha. El rubio contuvo la respiración, atento a los movimientos de su amigo.

Por suerte o por desgracia, el teléfono de Castiel comenzó a sonar y se fue volando de la habitación. Ni siquiera dijo nada antes de que el sonido de sus alas alejándose fuera todo lo que quedara de él.

Dean soltó un suspiró de frustración. Se colocó bien la camisa, que, al haber sido tirado contra la pared y sujetado por el ángel, se había movido y arrugado un poco. Después, siguió preparando su bolsa, tratando de aparentar la mayor normarlidad posible.

Un par de golpes sonaron, indicando que alguien llamaba a la puerta.

Gruñendo un poco, el cazador cerró su bolsa y fue hacia la puerta para abrir, sorprendiéndose al encontrar a su hermano esperando en el pasillo.

Sam le miraba algo preocupado al otro lado de la puerta, con su propia bolsa colgada del hombro. "No he podido evitar oíros discutir. ¿Que ha pasado?"

Dean negó con la cabeza volviendo hacia la cama para coger su bolsa. "Nada, no te preocupes."

"¿Seguro? No sonaba como nada." Insistió el menor.

"Joder, Sam. Ya te he dicho que no era nada." Con su bolsa en la mano, salió de la habitación y apagó la luz. "¿Por qué tienes que complicar tanto las cosas?"

El castaño negó, dándole una mirada al mayor cuyo significado no supo como interpretar este. "No soy yo quien hace que las cosas sean complicadas, Dean." Tras decir eso, simplemente se fue caminando por el pasillo en dirección a la sala del mapa.

El rubio dudó un momento antes de seguirle. "¡Eh! ¿A qué te refieres con eso?"

Sam soltó una suave risa. "¿De verdad no sabes a qué me refiero o simplemente no quieres aceptarlo?"

El menor de los hermanos siguió caminando tranquilamente, mientras que el mayor se quedó de pie practicamente petrificado en el pasillo.

Cuando consiguió salir de su estupor por la sorpresa que aquellas palabras le habían causado, siguió caminando por el pasillopara reunirse con su familia. Mary ya estaba en la sala, al igual que Sam. Las bolsas de ambos estaban sobre la mesa del mapa mientras ellos hablaban con Charlie.

Por otro lado, Castiel había recibido una llamada de Crowley. Habían acordado verse en una cafetería de Kansas City en unos veinte minutos para poder hablar tranquilamente. Preferían hacerlo así en lugar de hablar directamente por teléfono.

Aunque el demonio se manejara bastante bien, ninguno de los dos era experto en tecnología. Una reunión cara a cara les aseguraba menos mal entendidos, bajo su punto de vista, y una mayor agilidad a la hora de resolver los conflictos que pudieran surgir.

Voló hasta el garaje y, una vez allí, cogió las llaves del coche que llevaba usando toda la semana cada vez que tenía que salir. Tecleó un mensaje rápido para Sam mientras le quitaba el seguro al coche, explicándole brevemente que iba a reunirse con Crowley y que les mantendría al tanto si había alguna novedad.

Tal y como estaban las cosas con Dean, prefería escribir al otro Winchester y así ahorrarse una discusión innecesaria con el rubio.

Otro numerito como el que acababan de montar en la habitación del cazador era lo último que necesitaba en ese momento.

Se subió al coche y arrancó. La música inundó el coche en cuanto giró la llave en el contacto. Había olvidado la cinta en el coche la vez anterior.

Salió del garaje, comenzando a conducir hacia la ciudad.

Mientras conducía, su mente volvió a vagar hacia lo que había oído en radio-ángel. Necesitaba hablar con Crowley y ver si él sabía algo más acerca del tema.