"Mamá, de verdad que no es ninguna molestia. Puedo ir a buscarte, no tardaré mucho." Dijo Sam sentándose a los pies de su cama con la toalla todavía envuelta a la cadera.

Acababa de volver a su cuarto después de darse una ducha y había visto las llamadas perdidas de su madre, por lo que había decidido llamarla.

Con lo que había pasado, ninguno de los dos hermanos había estado en condiciones de atender el teléfono durante el camino de vuelta al búnker.

Al otro lado de la línea, Mary soltó un suspiro cansado. "No es necesario. Recogeré las cosas que quedan y volveré en autobús."

Sabiendo que no iba a lograr hacerla cambiar de idea, el cazador se frotó el puente de la nariz. Ahora entendía de dónde había sacado Dean su testarudez.

"¿Tienes dinero para coger el autobús?"

"Con las prisas Dean se dejó aquí la cartera." El ruido que se escuchó de fondo le dio a entender que la rubia estaba hurgando en el interior del objeto. "Hay unos sesenta dólares en metálico. Estoy bastante segura que con eso me da para un billete de autobús."

"Avisa de cualquier cosa, ¿vale?" Pidió el castaño. "Tendré el teléfono encendido y a mano."

"Está bien, Sam. Nos vemos más tarde."

En cuanto la llamada se cortó, el hombre se levantó de la cama. Su espalda crujió al estirarse y no pudo evitar hacer una mueca.

Tras secarse bien el cuerpo, se puso la ropa interior y un pijama limpio, procurando que no se le cayera la toalla pequeña que llevaba envuelta a la cabeza para secarse el pelo.

Salió de su habitación en dirección a la biblioteca, con la intención de pasar por la habitación de Dean para ver cómo se encontraba.

Su hermano había dejado la puerta abierta, cosa que le extrañó, pero no dijo nada.

Al asomarse dentro de la habitación, pudo verle sentado en una silla al lado de la cama. Miraba fijamente a Castiel, que estaba tumbado sobre el colchón y vestido con uno de los pijamas del cazador.

El ángel parecía seguir inconsciente, pero tenía mejor aspecto que cuando le habían encontrado. Tal vez la iluminación y que ahora estuviera limpio tenían algo que ver.

"Dean." Susurró el menor tratando de llamar su atención. "¡Dean!"

El rubio apartó la mirada del pelinegro para mirar hacia la puerta.

"¿Qué pasa, Sam?" Preguntó con desinterés.

"Tengo que hablar contigo." Dijo el castaño esperando alguna reacción por parte del mayor.

Lo único que recibió fue un gesto vago indicándole que pasara.

"He hablado con mamá." Volvió a intentar Sam.

"¿Ah, sí?" Dean volvió a mirar a Castiel, no pareciendo muy centrado en la conversación.

"¿No nos has oído?" Preguntó el más alto cruzándose de brazos.

Al estar una habitación al lado de la otra, era bastante frecuente que ambos se enteraran de las conversaciones del otro.

El mayor se encogió de hombros. "Sinceramente, no estaba prestando atención."

"Bueno, da igual. El caso es que va a coger un autobús para volver al búnker." Resumió el castaño.

"Habrá que ir a recogerla a la estación de autobuses." Contestó simplemente el rubio.

Tras un breve silencio, Dean volvió a hablar.

"No quiero dejar solo a Cas, ve tú a buscar a mamá."

"Está bien." Sam se encaminó hacia la puerta, disponiéndose a salir. Cuando estaba apunto de llegar, se dio la vuelta para mirar a su hermano. "Deberías darte una ducha y cambiarte de ropa, estás malditamente empapado. Terminarás constipándote."

"Estoy bien así, Sam." Murmuró el mayor sin moverse de donde estaba sentado.

No era cierto. Tenía frío, la ropa mojada se le estaba pegando al cuerpo y la marca aún le seguía molestando, pero no iba a moverse de allí y dejar solo a su ángel de nuevo.

Se le encogía el corazón viéndole tan indefenso.

"Venga, Dean." Insistió Sam. "Cas va a estar bien. Ve a darte una ducha, yo cuidaré de él mientras tanto."

Finalmente, el cazador se levantó a regañadientes de la silla, cogió una toalla y salió de la habitación.

Con cada paso que daba, sus botas sonaban como si estuviera caminando sobre bolsas de agua. Su chaqueta, al estar mojada, pesaba más que de costumbre, como el resto de su ropa.

Mientras Dean se duchaba, Sam se quedó en la habitación con Castiel.

Comprobó el estado del ángel, sorprendiéndose al ver que el rubio se había molestado en curar y vendar todas sus heridas. No parecía estar curándose como de costumbre y aquello le preocupaba bastante.

Vigilando que su hermano no viniera todavía hacia la habitación, fue deprisa a la biblioteca. Seguro que había alguna cosa que le pudiera servir en uno de los tantos libros sobre ángeles que tenían en el búnker.

Seleccionó un par de ellos y se los llevo hacia la habitación del mayor de los hermanos Winchester.

Castiel no había despertado para cuando volvió. Seguía en aquel extraño estado de inconsciencia en el que le habían encontrado.

Sentándose en una silla cerca de la puerta, abrió uno de los libros y comenzó a leer.

Charlie se asomó a la habitación poco después. "¿Puedo ayudarte con algo, Sam?"

Haciéndole un gesto para que pasara, le tendió un libro. "Busco algo que podamos usar para ayudar a Cas... o al menos para entender lo que le pasa."

Cogiendo el libro, la pelirroja hizo una mueca. "Siento lo que le ha pasado."

Sam alzó la mirada y la sonrió suavemente. "No te preocupes, encontraremos la manera de que se recupere."

Ella asintió tomando asiento a su lado, para después comenzar a leer también.

Cuando Dean volvió a la habitación, ya habían apuntado alguna que otra cosa en un folio que habían encontrado por ahí. Principalmente conceptos sobre los que tendrían que investigar más a fondo.

"¿Hay una reunión de nerds en mi habitación y nadie me ha avisado?" Preguntó el rubio de forma burlona caminando hacia su armario.

El castaño rodó los ojos. "Intentamos averiguar como despertar a tu novio, idiota."

Un silencio sepulcral cayó sobre ellos como una losa en el momento en que aquellas palabras fueron pronunciadas.

Dean se quedó quieto a medio camino entre la puerta y el armario, sin atreverse a moverse si quiera. Sam simplemente siguió con su lectura. Charlie miró a ambos hermanos bastante sorprendida, pero sin atreverse a hablar tampoco.

Finalmente, el mayor de los dos hermanos se aclaró la garganta y se giró hacia el castaño.

"Primero que todo, Castiel y yo solo somos amigos."

El menor alzó una ceja mirándole, pero no dijo nada. Había visto suficiente a lo largo de aquellos años como para no tragarse nada de lo que pudiera decir el rubio para negar lo que había entre el ángel y él.

"Y segundo... ¿qué habéis encontrado?"

La pelirroja le tendió el papel en el que iban apuntando las cosas que les parecían más importantes.

"Aún no nos ha dado tiempo a revisar todos los libros, pero hasta el momento, los pocos que hemos leído, parecen coincidir en que los ángeles pueden entran en una especie de periodo de hibernación cuando están heridos de gravedad y carecen de gracia suficiente para curarse." Explicó ella lo más brevemente posible.

Dean leyó el papel con el ceño fruncido y luego miró a Castiel, que seguía inconsciente, ajeno a toda la situación a su alrededor.

"Parece encajar con lo que le pasa a Castiel." Añadió Sam. "Está herido y la pelea podría haberle dejado con las baterías angelicales agotadas."

El rubio se apoyó en la pared sosteniendo el papel, con la vista todavía puesta sobre el bulto en su cama que era ahora el ángel. "¿Cuánto puede durar ese periodo?"

"Eso no viene especificado, pero tal vez esté en otro libro." Respondió Charlie. "Los hombres de letras tenían mucha información sobre los ángeles e hicieron muchos experimentos relacionados con ellos."

El mayor de los hermanos asintió lentamente y le devolvió el papel a su amiga.

"Creo que seguiremos con la búsqueda en la biblioteca." Sugirió Sam haciéndole un gesto a la pelirroja y recogiendo los libros.

Ella asintió siguiéndole fuera de la habitación para darle algo de intimidad a Dean. Al salir, cerraron la puerta.

El rubio, una vez a solas con el ángel de nuevo, avanzó hacia su armario para sacar algo de ropa interior y un pijama. Dejó la toalla sobre la puerta del armario, comenzando a vestirse.

Más que animarle, la información que le habían dado su hermano y su mejor amiga le había hecho preocuparse más.

¿Y si Castiel no despertaba? ¿Y si simplemente se quedaba hibernando eternamente?

Él sabía que no era tan fácil que un ángel perdiera su gracia, así que eso también generaba nuevas preguntas. ¿Qué había sucedido para que Castiel perdiera su gracia? ¿Estaba totalmente agotada? ¿Podía recargarla?

Dejando escapar un suspiro agotado, avanzó ya vestido hacia la cama. No quería seguir sentado en aquella silla, ya había pasado muchas horas sentado en el coche.

Se tumbó prácticamente en el borde del colchón, dejando espacio entre el ángel y él.

El pelinegro se veía tranquilo, con los ojos cerrados y una expresión serena en el rostro. Parecía casi humano con su pelo revuelto y aquel pijama con estampado de comida puesto.

Dean esbozó una suave sonrisa. Si se paraba a pensarlo, no recordaba haberle visto durmiendo antes, ni siquiera en la época en que Metatron le robó la gracia.

Había hecho muchas cosas de las que se arrepentía a lo largo de sus casi cuarenta años de vida. Una de ellas era haber alejado a Castiel en tantas ocasiones en las que él le había necesitado.

Esta no era la primera vez que le fallaba al ángel.

Tomó una de sus manos entre las suyas y besó el dorso. "Lo siento, Cas, por todo lo que ha pasado durante estos años."

No esperaba una respuesta, pero, aún así, el silencio que siguió a sus palabras le encogió el corazón.

"Te vas a poner bien, ya verás." Susurró, más para tratar de convencerse a sí mismo que otra cosa.

Siguió mirándole en silencio, como si quisiera grabar su rostro a fuego en su memoria.

Había estado apunto de perderle otra vez y aún ni siquiera sabía si el pelinegro se iba a recuperar realmente. Aquel pensamiento le iba a volver loco.

En algún momento, el sueño le venció y los ojos se le terminaron cerrando. Se quedó dormido allí, sosteniendo la mano de Castiel.

Un par de horas más tarde, Sam llamó a la puerta de la habitación. Mary ya estaba llegando a la estación de autobuses y tenía que ir a recogerla, pero su hermano se había quedado con las llaves del Impala.

Al no recibir respuesta, simplemente entró, encontrándose con aquella imagen del su hermano dormido al lado del ángel.

Esbozando una suave sonrisa, se acercó a la mesilla, donde el rubio había dejado las llaves, y salió tratando de hacer el menor ruido posible.

Su hermano merecía descansar después del día que habían tenido.

Tras salir de la habitación, fue a la biblioteca, donde Charlie se encontraba repasando los libros.

"Voy a recoger a mi madre, ¿vienes?" Le propuso Sam.

La pelirroja dejó el libro que estaba leyendo sobre la mesa y asintió. "Dame un momento."

Charlie se fue hacia el pasillo donde estaban las habitaciones y volvió un par de minutos después poniéndose su chaqueta.

Mientras tanto, Sam había escrito una nota que había dejado en la sala del mapa sobre la mesa. Esperaba volver antes de que Dean despertara, pero era mejor prevenir.

"¡Ya estoy! ¿Nos vamos?"

El cazador asintió y ambos se dirigieron hacia el garage, donde estaba aparcado el Impala.