Castiel abrió los ojos despacio. Trató de incorporarse, pero falló miserablemente en el intento. El dolor de las heridas al moverse le hizo contraer el rostro en una mueca.

Al volver a la posición en la que estaba y mirar alrededor, se dio cuenta de que estaba en la habitación de Dean, tumbado sobre su cama. Levantó la manta que le cubría y vio que alguien se había molestado en vestirle con uno de esos pijamas que el cazador usaba normalmente.

Volvió a intentar levantarse, obteniendo mejores resultados esta vez. En cuanto estuvo de pie, echó a andar despacio hacia el baño, sujetándose de la pared para evitar caerse.

Le dolía todo el cuerpo por la pelea con Lucifer y sentía sus heridas punzar de dolor con cada movimiento.

Cuando llegó al baño, se lavó la cara para espabilarse y se levantó la camiseta para ver como estaban sus heridas, sorprendiéndose al ver que habían sido curadas y vendadas. Probablemente lo habría hecho la misma persona que le había lavado y cambiado de ropa, alguno de los hermanos Winchester.

Lentamente, fue retirando las vendas que cubrían todo su torso para poder dejar las heridas al descubierto. Habían ido sanando poco a poco, pero aún estaban ahí. Al menos ya no eran tan profundas como lo habían sido.

Volvió a taparlas con cuidado y se colocó la camiseta cubriéndose bien el cuerpo. No podía curarse a sí mismo porque el arma con el que le habían atacado era una daga de arcángel. Tendría que esperar a que se cerraran de forma natural.

De la misma forma que había llegado hasta el baño, salió de él en dirección a la puerta de la habitación. Tenía que buscar a los Winchester y explicarles lo que había pasado. Aunque, si él estaba en el búnker, seguramente estuvieran al tanto de lo básico.

Se asomó por la puerta antes de salir. El pasillo estaba totalmente desierto y en silencio, lo que le pareció extraño, pero tampoco podía asegurar cuanto tiempo había estado inconsciente. Tal vez habían pasado horas o, incluso, días completos.

Salió de la habitación y caminó en dirección a la biblioteca, esperando que Sam y Dean estuvieran allí. Para su mala suerte, al igual que el pasillo, estaba completamente vacía.

Al oír una voz en la cocina, decidió ir hacia allí. Total, no perdía nada por probar.

Cuando entró, vio a Mary cocinando de espaldas a la puerta mientras tarareaba una canción de los Beatles. Parecía estar preparando algún tipo de guiso, pero no estaba seguro.

"¿Mary?" La voz del ángel salió mucho más rasposa de lo normal, por el tiempo que había estado sin hablar.

"¡Castiel!" La mujer se dio la vuelta y le sonrió. "Dean se va a alegrar mucho de ver que estás despierto. Ha estado muy preocupado por ti los últimos días."

"¿Dónde están los chicos?" Preguntó mientras se sentaba en una de las sillas.

"Sam y Charlie se fueron a comprar unas cosas que hacían falta. Comida y eso. Ya sabes, lo básico." Girándose de nuevo hacia lo que estaba cocinando, removió el contenido de la olla. "Dean está acostado, le estaba preparando un caldo para ver si le ayuda a mejorarse."

"¿Mejorar? ¿Qué le pasó?" Castiel preguntó preocupado.

"Está bien, solo se ha resfriado. Se le pasará."

Levantándose de la mesa, el pelinegro hizo una mueca de dolor. "¿En qué habitación está? Iré a curarle."

Mary sirvió parte del caldo en un tazón y lo puso en una bandeja pequeña. "¿Puedes hacer eso? Quiero decir, no se te ve en muy buen estado." También puso unas pastillas y un vaso de agua en la bandeja.

"Por supuesto que puedo. Estoy prefectamente." Siguió a la mujer fuera de la cocina cuando ella salió.

"Castiel, no te ofendas, pero no lo parece." Dijo ella caminando por el pasillo. "Estás herido, deberías descansar y no hacer demasiados esfuerzos."

El ángel apretó los labos haciendo una mueca. No iba a ponerse a discutir con la humana sobre su aspecto y sus capacidades celestiales en aquel momento.

"¿Puedo verle?"

Ella se detuvo frente a una puerta y se giró para mirarle. "¿A Dean?" Ante el asentimiento de Castiel, dejó escapar una sonrisa. "Claro que sí. ¿Puedes abrirme la puerta?"

El pelinegro volvió a asentir, abriendo la puerta y sujetándola para que Mary pudiera pasar.

Dean estaba tumbado en la cama, envuelto en una manta, pero se incorporó con algo de lentitud al oír la puerta abriéndose.

"Gracias, mamá. No tenías que haberte molestado." Dijo el rubio viendo a su madre avanzar hacia él con la bandeja.

"No es ninguna molestia, Dean." Dejó la bandeja sobre la mesilla y le tendió las pastillas junto con el vaso de agua. Una sonrisa melancólica adornaba su rostro. "Cuando eras pequeño solía prepárate caldo cada vez que enfermabas."

"Lo echaba de menos." Admitió el cazador en un susurro después de tragarse las pastillas.

La rubia besó la frente de su hijo e hizo una leve mueca acunando su rostro con una mano. "Sigues teniendo fiebre, deberías descansar."

Dean asintió y dejó el vaso vacío en la mesilla. "En cuanto me tome el caldo dormiré un poco."

"Está bien. Si me necesitas, estoy en la biblioteca, ¿vale?" Mary salió de la habitación, encontrándose con el ángel en el pasillo, que se había quedado allí para no interrumpir aquel momento madre e hijo. "Todo tuyo." Le susurró con una suave sonrisa.

Castiel asintió y entró en la habitación. Dean por poco no se atragantó con el caldo al verle.

"¿Cas?" Murmuró el hombre con un hilo de voz.

Había pasado días enteros sentado junto a la cama donde el ángel se hallaba inconsciente y ahora, viéndole frente a él, le parecía que lo que veía no podía ser real.

"Hola, Dean." Respondió el pelinegro aún cerca de la puerta. No se atrevía a entrar del todo en la habitación.

El rubio esbozó una suave sonrisa y dejó el tazón sobre la mesilla, tapándose mejor con la manta después. "Me alegro de que estés despierto, ¿cómo te encuentras? ¿Cómo van tus heridas?"

"Bien, gracias por preguntar. ¿Cómo estás tú?" Preguntó el ángel algo nervioso. Era la primera conversación que tenían desde que había sido atacado. "Tu madre me dijo que estabas enfermo."

"Un poco mejor. En unos días estaré como nuevo." Dijo el cazador. "Ven, siéntate aquí conmigo."

Haciéndole caso, Castiel caminó hasta la cama y se sentó en el borde de esta. "Siento lo que pasó."

Dean negó con la cabeza. "No fue culpa tuya, Cas. No podías saber lo que iba a ocurrir."

"Igualmente debería haber tomado alguna precaución. Haberos llamado o haber pedido a Crowley que..."

El rubio negó interrumpiendo las palabras del ángel. "No, Cas, y no voy a entrar en una discusión contigo sobre eso." Envolviéndose mejor en la manta hizo una mueca. "¿Serías tan amable de traerme otra manta? Me estoy congelando."

El pelinegro se levantó con cuidado esbozando una suave sonrisa. "Tengo una solución mejor para eso." Ante la mirada confundida del humano, desplegó sus grandes alas negras y se volvió a acercar a la cama. "¿Me haces un hueco?"

El cazador asintió de inmediato, moviéndose sobre el colchón para dejarle espacio. Castiel se tumbó boca arriba y le hizo un gesto para que se acercara.

No muy seguro, Dean gateó por la cama hasta quedar frente a él. El ángel tomó su brazo y tiró de él suavemente para que se acostara a su lado, envolviéndoles después a ambos con sus alas.

Acomodándose con cuidado sobre el pecho del pelinegro para no hacerle daño, el rubio cerró los ojos y se dejó cubrir con las suaves alas del ser.

Castiel pasó un brazo por la cintura del humano con una leve sonrisa. "¿Mejor?"

"Mucho mejor que una manta." Respondió el rubio sonriendo también y se acurrucó mejor contra el cuerpo del ángel.

Mientras tanto, Sam y Charlie caminaban hacia el Impala carcagados con un par de bolsas después de salir del supermercado.

"Entonces, ¿Dean y Castiel...? ¿Que hay entre ellos?" Se aventuró a preguntar la pelirroja mientras esperaba a que el más alto abriera el maletero del coche.

"Creo que ni siquiera ellos saben lo que tienen." Contestó el castaño poniendo sus bolsas dentro del maletero y luego cogiendo las de su amiga para colocarlas allí también.

"Vaya plan." Dijo ella negando con la cabeza. "Voy a la farmacia a comprar las medicinas para Dean, ¿vale?"

"Te espero aquí." Respondió él.

Un fuerte aleteo sonó detrás de Sam, haciéndole sobresaltarse y casi tirar las cosas.

"¡Sam! ¡Menos mal que te he encontrado! Necesito tu ayuda."

Al girarse para ver a su interlocutor, se quedó petrificado por la sorpresa. De pie frente a él estaba el arcángel Gabriel, mirando hacia todos los lados como un paranoico. Tenía el pelo revuelto y su ropa estaba rajada en algunas partes.

"No es posible..." Murmuró el cazador frunciendo el ceño.

"Escucha, prometo que te lo explicaré todo, pero necesito que nos vayamos de aquí ya." Pidió el ser celestial tirando del brazo del humano para que se moviera.

"No voy a ir contigo a ninguna parte." Contestó Sam soltándose de su agarre, cerrando el maletero y rodeando el coche para llegar a la puerta del asiento de conductor. "¿Quién eres? Y más te vale decir la verdad porque voy armado."

"¡Vamos, Sam! ¡Soy yo, Gabriel!" Dijo aún más nervioso el rubio siguiéndole.

Tres hombres vestidos completamente de negro les miraban desde la acera de enfrente. Sam no recordaba que hubieran estado ahí antes.

El castaño negó con la cabeza abriendo la puerta. "Eso es imposible. Gabriel está muerto."

"¡Fue solo un truco para librarme de Lucifer! ¿Contento? ¡Y ahora ayúdame, por favor!" Volvió a pedir el arcángel.

"Demuestra que eres él." Sam seguía manteniéndose impasible ante las súplicas del ser celestial.

No podía ser él. Se negaba a que realmente lo fuera.

"¿Va enserio? Te diga lo que te diga, no me vas a creer." Gabriel dejó caer los hombros e hizo una mueca que dejaba ver lo agotado que estaba.

"Prueba a ver." Respondió el cazador.

El rubio suspiró y miró hacia los tres hombres trajeados, que se acercaban cada vez más a ellos. Hacer que Sam le creyera era su única salida. No podía seguir volando de un lugar a otro, le encontraban fuera a donde fuera.

"Dean es fan del Doctor Sexy. Cuando os metí en una secuencia de canales para tratar de convencer a ambos de que teníais que decirle que sí a Miguel y a Lucifer, él fue el que se dio cuenta de que lo que estaba pasando porque me equivoqué de calzado."

La expresión del más alto se suavizó por unos segundos antes de volver a ser una máscara inexpresiva. "Eso sale en los libros de Supernatural."

"¡Jodido Chuck! ¿No podría haberse buscado otro hobby?" Gruñó el rubio.

Un disparo resonó por toda la calle y Gabriel despareció justo a tiempo para evitar que la bala le alcanzara, volviendo a aparecer después dentro del coche.

"Sam, por favor. Haré lo que sea, pero sácame de aquí." Le volvió a suplicar el arcángel al humano, que se había agachado hasta estar protegido detrás de la puerta del coche.

"¿Se pude saber a quién has cabreado ahora?" Preguntó el cazador sacando la pistola que llevaba escondida dentro de la chaqueta y quitándole el seguro.

"Trabajan para Asmodeus, príncipe del infierno." Explicó Gabriel apresuradamente viendo a Sam incorporarse un poco y disparar a los sujetos. "En realidad, no les cabreé, solo me escapé."

Tras un breve intercambio de disparos entre el humano y los tres demonios, el cazador se subió al coche y arrancó.

"¿A dónde vamos?" Preguntó el rubio nervioso.

"A un lugar seguro. No te preocupes, allí no te encontrarán." Sam siguió conduciendo con la vista fija en la calle.