Capítulo 1
Ahí está. El ultimo repique de las campanas que anuncian mi gran día. Es hora de salir, e iniciar mi nueva aventura.
Este día dejaré de ser Steven el soltero hombre que atiende en una tienda de música y me convertiré en el flamante esposo de Diane, la exitosa psicóloga de Galena, un pueblito situado en medio de Illinois.
No estoy muy seguro de cómo debería sentirme al respecto. Pero mi corazón palpita apresuradamente. De seguro es una buena señal. Después de todo, las caricaturas me han enseñado que eso es lo que uno siente cuando ama.
Hecho un último vistazo al espejo frente a mí. Ahí estoy, de pie con un flamante smoking negro. Mi oscuro cabello cuidadosamente ordenado y aplastado con una extraña sustancia, mis azules ojos brillando de emoción y mi corbata...
-Oh no-mascullo intentando ajustar el nudo.
Por alguna razón desde que llegué a este pueblo, me cuesta mucho hacer cosas que para otros es normal. Anudarme la corbata, manejar la bicicleta, nadar, e inclusive alimentarme. Al menos desde que conocí a mi futura esposa, todo mejoró, pero sigo teniendo una que otra dificultad en actividades cotidianas.
-Steven...-la voz de mi padrino me alegra más que nunca. El buen Phil al rescate. -El ministro pregunta si ya podemos iniciar, o debemos esperar. La novia ya llegó y espera afuera...
-Si claro, iniciemos-respondo-Solo ayúdame con un pequeño detalle.
En un abrir y cerrar de ojos estoy de pie en el altar, esperando que la novia avance lentamente y llegue junto a mí. Observo todo a mi alrededor. Estoy impresionado. Para ser un pequeño pueblo en medio de una abundante naturaleza, hay mucho detalle en la decoración de la única iglesia del lugar.
Flores de color violáceo con blanco adornan el pasillo, están colocadas cuidadosamente en pequeños ramos pegados en las bancas. Los balcones superiores llevan enredaderas que casi tocan el suelo, parecen sutiles cascadas naturales. La alfombra roja que conecta con la entrada de la puerta es de una textura suave y afelpada.
Dos pequeños niños avanzan delante de mi novia con canastas llenas de pétalos coloridos. La palabra bella no le haría justicia a aquella mujer que avanza cubierta por un largo velo. Observo a las personas alrededor, creo que todos opinan lo mismo que yo. Que suerte tuve al conocerla.
Hay muchos invitados. Me fijo en cada asiento, hasta llegar al fondo. Sonrío. Me alegra mucho que a última hora decidieran mezclar a las personas. Al inicio planeaban colocar a un lado a los conocidos de Diane y al otro a mis conocidos. Pero hubiese sido algo chocante entrar a la iglesia y hallar muchas personas a la derecha y a la izquierda dos únicas personas: mi jefe, y el doctor que me atendió cuando llegué.
El uno era precisamente mi padrino, y la persona que me había dado trabajo. Alguien que confió en mí a pesar de que no cualquiera lo habría hecho. Y el otro, el buen doctor que sanó mis heridas y me tuvo la paciencia necesaria durante mi recuperación y posterior rehabilitación. De no ser por ellos, no sé qué habría sido de mí. Tal vez seguiría tirado en las afueras del pueblo, en medio de un enorme charco de sangre, muerto y devorado por cualquier animal carroñero del lugar.
-Queridos amigos, estamos aquí reunidos para celebrar la unión entre Steven y Diane Resse. Ambos han venido a unir sus vidas en sagrado matrimonio. ¿Esta decisión ha sido libre y voluntaria por ambas partes?
-Si- respondemos al unísono. El hombre asienta satisfecho y continua con la ceremonia.
Ansío más que nada que todo termine. Me dijeron que el matrimonio es la culminación e inicio de una maravillosa etapa en la vida de todo ser humano. Tal vez sea lo que necesito para iniciar nuevamente de cero. Para avanzar y formar parte de una vida. Y sobretodo para dejar de cuestionarme sobre lo que dejé atrás y no recuerdo.
-Es lo correcto...-repito quedamente para mí mismo. Sin embargo, siento que estoy más perdido que antes. Llega esa sensación, esa horrible sensación que llevo sintiendo desde que desperté en Galena. La sensación de estar precisamente en donde no debo estar.
-Y ahora la pregunta de rutina, ¿hay alguien en este lugar que conozca una razón para que este matrimonio no se realice? Que calle ahora o hable para siempre.
Nada, silencio total.
-Muy bien. Vamos a continuar con los votos. Steven recibe usted a esta mujer para ser su esposa, para vivir juntos en sagrado matrimonio...
Siento un ligero temblor bajo mis pies.
- … para amarla, honrarla, consolarla...
El suelo empieza a moverse poco a poco aunque no todos parecen notarlo.
-...en salud y en enfermedad, guardándole fidelidad, durante el tiempo que duren sus vidas?
-Ah..ce...
-¡Temblor!-la aterrorizada voz de la madre de Diane, interrumpe la ceremonia.
Eso no es un temblor. Es un terremoto. Todo empieza a vibrar, a romperse, a caerse. El lugar es un caos total. Tomo la mano de Diane y nos precipitamos hacia la salida. Al parecer el epicentro es y se mantiene únicamente en la iglesia. Después de haber salido. El movimiento se detiene. Sin embargo, las nubes sobre nosotros empiezan a arremolinarse. Huimos en los autos mientras una cortina de lluvia, nos cubre. Pesados granizos caen sobre el techo de mi camioneta. Diane y yo nos observamos asustados, mientras uno tras otro los rayos siguen nuestro trayecto hasta llegar a la casa en donde sería la recepción. La casa de Diane.
Entramos empapados. Y solamente allí, cuando nos sentimos a salvo, atinamos a reaccionar.
- ¿Qué rayos fue eso? -me pregunta ella, entre frustrada, angustiada y asustada.
-No lo sé. Tal parece que los fenómenos naturales escogieron el mismo día de nuestra boda para manifestarse-respondo intentando ser gracioso y aligerar la tensión.
-Era nuestro día especial, Steven. Y se arruinó-veo como las lágrimas se arremolinan en sus verdes ojos. Solo hasta el momento me percato que el velo cayó y quedó quien sabe dónde.
Enmudezco. Me siento culpable al recordar aquella horrible sensación que me acechó minutos antes de que todo ocurriese. Es ilógico pensar que yo causé todo, pero siento como si mis pensamientos hubiesen atraído esos fenómenos. Sacudo mi cabeza. A pesar del desastre, no puedo evitar sentirme aliviado por la suspensión emergente de la ceremonia.
Las personas empiezan a llegar y no nos da tiempo para continuar con la conversación. Un enorme barullo se arma en aquel enorme salón. Algunos positivamente animan a la novia, otros opinan y critican el día, la hora, las circunstancias en las que nos conocimos. Palabras van y vienen. Yo solo puedo ver como Diane, triste y cansada sube a su habitación para cambiarse de ropa.
Me observo. Estoy empapado y con mi flamante smoking arruinado. Debería hacer lo mismo. Tomo las llaves de mi camioneta y me dirijo al pequeño departamento que comparto con Phil. Tal vez debí despedirme de ella, pero que podía decirle. Ni siquiera yo sabía que decirme.
Ese día, mi día especial había pasado de un momento a otro a ser el más extraño.
Entro al departamento y me dirijo inmediatamente a mi habitación. Estoy cansado, y al mismo tiempo confundido. Abro mi armario, y encuentro algunas camisas y pantalones. Uno que otro saco y una chompa. Y en el fondo cuidadosamente guardado: una gabardina, único recuerdo que podría decir de verdad me pertenece. El resto de la ropa con la que me encontraron había sido desechado por las enormes rasgaduras y machas de sangre que tenían. Solo había sobrevivido aquella pieza. Una pieza que debería responderme mucho, pero solo me traía nostalgia.
-Será mejor que vuelva...-me animo mirándome al espejo, una vez cambiado.
Y así inició mi aventura. Tal vez no como la había concebido, y en la intensidad en la que hubiese querido. Pero era una aventura después de todo.
Una semana ha pasado desde aquel desastre. La boda, por obvias razones se aplazó hasta que la iglesia se reconstruyera. En el fondo agradezco que Diane se haya empeñado tanto en casarse allí, donde sus padres lo habían hecho años atrás. Eso me da más tiempo para pensar.
Pero pensar en qué. La decisión está tomada y una vez todo este listo, la boda llegará. Entonces ¿Qué debo pensar? Últimamente mi mente era un remolino de ideas sin sentido que intentaban hacerme desistir.
El repetitivo golpe en mi puerta me sacó de mis pensamientos. ¿Quién podría ser? Sea quien sea tenía que esperar, esa noche tenía turno en la tienda y no tenía tiempo para visitas sorpresas.
-Voy...-respondo mientras tomo las llaves de la camioneta y me coloco la chaqueta de mezclilla para salir al trabajo.
Abro la puerta.
- ¡Cas, eres un idiota...-escucho mientras veo unos ojos verdes llenos de ira dirigir su puño hacia mi rostro. Todo se vuelve oscuro.
¿Acaso un completo extraño acababa de noquearme?
Esto cada vez se estaba volviendo más extraño.
Primer intento de historia Destiel. Espero sea de mucho agrado.
