Damian Desmond había notado la penetrante mirada de Anya sobre él, aun ahora, sus ojos estaban en su cara. Su pecho se inflo del mismo tamaño que su arrogancia.
Porque la plebeya se habia enamorado de él. Sabia que la primera vez que habia creido eso, habia recibido un golpe, pero esta vez era diferente.
Estaba seguro. Y ahora que la tenia enfrente de ella, mirándolo pero sin querer mirarlo, visiblemente avergonzada, no tenia duda.
-¿Tienes algo que decirme? -preguntó tranquilo, aunque por dentro no aguantaba la curiosidad, del porque lucia tan avergonzada en su presencia. Aunque ya tenia una idea.
"Vamos ya dime" sus pensamientos retrataban lo impaciente que se encontraba.
Anya abrió la boca luego de leer ese pensamiento.
—Umm... Segundo... -llamó Anya sin poder apartar la vista del niño.
—¿Que sucede?
Lo unico que Damian pensaba era las ansias por saber.
—Yo... hay algo que debo decirte, pero... —su manos se movían nerviosamente mientras miraba sus zapatos- No podía mirarlo, pero a la vez sus ojos no podían apartarse de el— Me da pena... -dijo levantando su vista.
Damian se sonrojó por su vergüenza. Su corazón latiendo impacientemente por la espera. No habia duda, ella iba a...
—Habla...
Hizo una pausa de unos segundos y armándose de valor, lo dejó salir.
Cuando la niña pronuncio esas palabras, y por si fuera poco, también le apunto con el dedo. Damian sintió que fue golpeado de otra manera. De inmediato sintió la necesidad de huir de tal humillacion y verguenza.
Esa palabra se repitió en su inconsciente una y otra vez. Estaba en shock.
Anya al escuchar eso, una y otra vez en su mente, ya pensaba que era mejor no haberle dicho que tenia un moco.
