Capítulo II.
Aunque no había pasado ni un mes desde el comienzo de las clases y su retorno a Hogwarts, Neville, en ese tiempo se las había arreglado para visitar más la enfermería que en la suma de los últimos seis años. Y eso, que durante sus cuatro primeros cursos Longbottom había sufrido todo tipo de accidentes, incluso los más absurdos. Por suerte, en aquella época, solo eran heridas superficiales nada que Madame Pomfrey no tardara un segundo en curar.
Neville estaba seguro de que jamás había odiado tanto a alguien como odiaba a ese par de hermanos. Ni siquiera a la perra de Bellatrix, o a la vieja bruja de Umbridge. Y sabía con certeza que no era el único de todo el colegio que se sentía así.
- Los mataré -gruñó Ginny mientras se tiraba en el asiento de al lado de Neville en la mesa de Gryffindor en el Gran Comedor -son unos hijos de puta, acabaré con ellos pero antes quiero verlos suf… -La pelirroja paró en seco al ver a la alumna de segunda sentada frente a Neville.
La niña, tenía unos ojos marrones inmesos que en ese momento estaban llenos de terror, rápidamente recogió su mochila, se levantó de la mesa y salió aprisa del comedor. Haciendo que Neville riera levemente, y Ginny notó un leve sonrojo cubrir sus mejillas.
- La has asustado -comentó burlón
- Si eso la asusta, le va a ir muy mal aquí -la poca alegría que Neville había sentido desapareció al instante.
- Cierto -dijo secamente y volvió a revolver su comida.
Los dos se quedaron en silencio asimilando la veracidad de lo dicho, ¿cómo es que Hogwarts se había convertido en un castillo digno de una historia de terror? Se suponía que ahí los alumnos pasaban siete de los mejores años de su vida. El silencio doloroso y melancólico que se había formado entre ellos fue roto por la pelirroja.
- Hemos empezado con las imperdonables -murmuró Ginny, tenía la vista clavada en su plato pero no se había servido nada y estaba pálida. Su voz apenas había sido un susurro.
- ¿Tan pronto? -Preguntó Neville, quién esperaba tener más tiempo.
Ella solo asintió.
- Joder -atinó a contestar el, no podía decir que le sorprendía, al fin y al cabo lo habían anunciado el primer día -¿qué pasó?
- Nos sacaron a Vane y a mí -empezó a contar Ginny -nunca me ha caído bien, pero yo no podía... no puedo hacerlo ¡es repulsivo!
- ¡¿Cómo?! -Ginny le mandó bajar la voz al instante, había gritado más de lo que había querido y todo el comedor se había girado a mirarlos.
- ¡Shhh Neville no grites!-Susurró/gritó ella.
- ¿Qué es eso que… -no sabía como continuar con la pregunta, tragó saliva para encontrar valor -que no puedes hacer?
Ginny le miró con esos ojos marrones intensos que siempre habían estado tan llenos de alegría y vitalidad. La tristeza y algo más intenso y más oscuro se reflejaba en ellos. El silencio de ella era más que suficiente para entender lo que ella había querido decir, pero aún así Neville necesitaba una confirmación.
- Ginny -insistió él.
- Quiere decir lo que estás pensando Neville -replicó ella rotundamente.
- No… no puede ser -la voz le había fallado -está prohibido, no se pueden…
- Ya no -cortó ella -acuérdate, hace semanas que el Ministerio autorizó su uso.
- No entre estudiantes -respondió él.
- Como si importara -a Ginny le había salido la voz extraña una mezcla entre una risa sarcástica y resignación.
Neville sintió como lo poco que había comido le subía por el esófago, controló las ganas de vomitar, pero estas se debían reflejar en su gesto. Puesto que Ginny dijo.
- Te entiendo.
Pasaron unos segundos en silencio hasta que Longbottom lo rompió.
- ¿Qué pasó después?
- Cuando vieron que ninguna iba a hacer nada, mandaron a Vane sentarse y sacaron a Harper
- ¿Ese es el slytherin de tu…? -Se cortó al ver como Ginny asentía con la cabeza.
- El mismo.
El silencio volvió a asentarse entre ellos, mientras Neville entendía lo que su amiga había querido decir, dirigió su mirada a la mesa de slytherin buscando a esa rastrera serpiente y la rabia le inundó al ver como comía tan tranquilo.
- Deberías ir donde Pomfrey -habló finalmente el rubio.
- No podemos -contestó ella -lo han prohibido, además -añadió un poco después como para tranquilizarlo -apenas dolió.
- Ginny es una "cruciatus" eso siempre duele…
- No como las de Bellatrix estoy segura -respondió ella desafiante y Neville supo que no conseguiría nada más.
- Ginny…
-Fue peor luego -le cortó ella, se había vuelto a poner pálida y había perdido su desafío. -Duele y es una tortura recibirla, pero… es peor ver como se lo hacen a tus amigos y… -se cortó a mitad de frase, y contuvo una arcada.
- ¿A quién? -Exigió Neville, sabía que no debía tampoco forzarla, pero tenía miedo de saber la respuesta si además de Ginny, Luna…¡no quería ni pensarlo!
- Demelza -contestó ella finalmente, y Neville a su pesar y repulsión propia, suspiró sabiendo que no había sido otra de sus amigas.
- Creo que el cabrón disfruta torturando chicas… -Un escalofrío recorrió a Ginny de pies a cabeza.
El timbre sonó y Neville tuvo que despedirse de la pelirroja, odiaba dejarla en ese estado era tan surrealista e ilógico, Ginny Weasley era una luchadora, y verla débil y apagada era horroroso. Por suerte ahora a él le tocaba herbología, cuando llegara al invernadero podría distraerse con las plantas. Las plantas siempre le animaban, y estaba claro que ahora, las plantas eran mejor compañía que las personas.
Cuando Neville llegó a los invernaderos la tristeza volvió a invadirlo, no muchos habían decidido hacer el EXTASIS de herbología, pero ese año faltaban unos cuantos más debido a las nuevas leyes. Por supuesto Harry, Ron y Hermione, sus compañeros habituales, no habían vuelto, tampoco estaban Dean, Justin y muchos otros hijos de muggles.
Ernie y Hannah estaban ahí, pero no hablaban con nadie, ni siquiera con los demás hufflepuff que cursaban la asignatura, resultaba raro. Ernie siempre había sido muy hablador, siempre presumiendo pomposamente de algo, aunque Neville sabía que no lo hacía con arrogancia, simplemente era así. Y Hannah, ya no era esa niña de coletas rubias y mejillas rojas y sonrojadas. No, ahora, Neville ya no sabía quién era.
La clase se le hizo tediosa, extremadamente pesada y lenta, no ayudaba que la siempre enérgica y sonriente profesora Sprout se perdiera en sus ideas. O que cuando hiciera una pregunta mirara siempre al hueco vacío de Hermione esperando verla levantar la mano. Por eso casi lo agradeció cuando sonó el timbre, la palabra clave siendo casi.
Cuando estaban entrando al hall se toparon de golpe con una escena, cuanto menos, espeluznante. Margaret, una hufflepuff de cuarto, y su hermano pequeño George, un chico de primero de gryffindor. Estaban delante de la puerta del gran comedor, unos metros más allá, estaba Alecto Carrow. La adolescente sujetaba un papel en sus manos, y temblaba de pies a cabeza, desde su sitio Neville era incapaz de ver si estaba llorando, pero podría jurar que sí sólo por cómo se sacudía todo su cuerpo y por los sonidos ahogados que le llegaban a través del antaño ruidoso hall.
Alecto los miraba como si fueran mugre en su zapato. Neville nunca sabría si fue eso lo que generó la respuesta del niño o si este se hubiera comportado así de todas formas. Pero supo que las cosas le iban a ir muy mal, cuando lo vio alejarse de su hermana y con un grito y a toda velocidad embestir a su profesora. En menos de un parpadeo el niño salió volando y aterrizó a los pies de Neville, Alecto tenía la varita levantada y la seguía apuntando al niño.
- ¡George! -Gritó Margaret, y corrió hacía su hermano, tirando el papel al suelo mientras le ayudaba a levantarse.
- ¡¿Cómo te atreves?! -Chillaba Alecto enfadada, sin bajar su varita.
- ¡Tu mientes! -Rugió el niño sin importarle que le estuvieran apuntando, y empujando a su hermana para que le dejara enfrentarse a la profesora.
La niña forcejeaba con él para alejarlo, pero parecía que por mucho que le sacara tres años, la rabia del pequeño era más poderosa.
- Yo no miento asquerosa saba...
- ¡Mi madre no ha robado NADA! -Gritó el niño con más fuerza cortando su insulto.
- ¡Claro que sí! Tu madre ha robado la magia a un mago real y deberá pagar por ello. Como la asquerosa ladrona, puta y sabandija que es.
Margaret rogaba a su hermano que se callara, pero él niño fuera de sí no le escuchaba.
- LA ÚNICA ASQUEROSA AQUÍ ERES TÚ.
Neville lo vio venir antes de que sucediera, pero su cuerpo no le respondió, y fue incapaz de impedir nada.
- ¡Crucio! -La maldición cruzó el aire, y chocó directamente contra el niño de once años, cuyo cuerpo hizo un ruido sordo al caer al suelo y cuyos gritos de agonía inundaron el aire.
Su hermana, ya de por sí histérica, perdió la poca calma que le quedaba al ver a su hermanito retorcerse de color en el suelo. Y gritando como una loca y llorando a mares se abalanzó sobre su cuerpo intentando parar la maldición. El resto de alumnos, como Neville incapaces de moverse, miraban impactados la escena. No fue hasta que el niño perdió la conciencia, que Alecto dejó la maldición, su cuerpo inanimado dio un par de sacudidas finales, probablemente un efecto secundario de la maldición, antes de quedarse quieto definitivamente.
Alecto se giró y se perdió entre los estudiantes, quienes se abrieron a su paso como el Mar Rojo, dejando a los dos niños ahí tirados. El primero en reaccionar fue un amigo de Margaret quién la cogió y la apartó del cuerpo de su hermano. La niña seguía histérica y se aferraba a este llamándole sin parar como sí su vida dependiera de ello. El chico apartó a Margaret a un lado, cogió al niño en brazos y sin dudarlo salió corriendo en dirección a la enfermería. Hannah Abbot fue la siguiente en moverse, llegando hasta donde estaba Margaret y obligándola a levantarse y seguir el mismo camino a la enfermería.
El tercer ejemplo llegó unos días más tarde, los de sexto de gryffindor (especialmente Ginny) habían sido el ejemplo de que las maldiciones prohibidas serían usadas en clases por alumnos, contra alumnos. Los hermanos Bierley habían sido el ejemplo de disciplina para aquellos que se negaban a dejarse insultar por los Carrow. Y una niña de quinto de ravenclaw sería el ejemplo de lo que sucedía a aquellos cuyas familias se negaban a apoyar a Lord Voldemort.
Neville sintió auténtica repulsión cuando Eloise Shore, se vió obligada, a enseñar a todos la cicatriz que le habían dejado los Carrow en el brazo, dónde se podía leer la palabra "traidor". La herida estaba hecha con cortes irregulares, por lo cual Neville estaba seguro que no habían utilizado la varita, seguramente se lo habían hecho con un cuchillo encantado que impedía la cicatrización, lo cual explicaría porque Madame Pomfrey no había conseguido hacerlo desaparecer.
Pero la repulsión que había sentido Neville aumentó, cuando no contentos con obligar a la niña a enseñar su cicatriz. También la habían forzado a hacer un "paseo de la vergüenza" como los antiguos. La niña había tenido que pasear por los jardines de Hogwarts delante de todo el colegio, descalza clavándose cosas en los pies, en un pijama que apenas tapaba su cuerpo, mientras sus compañeros le lanzaban basura y la insultaban.
Los Carrow en menos de un mes habían conseguido lo que se propusieron, tener a todo Hogwarts aterrado y bajo su control.
