puro nsfw malo. retroceda antes de que sea demasiado tarde.

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Severus tiene que dejar su libro a un lado con un pequeño suspiro mientras Lucius tararea de satisfacción.

La habitación solo estaba iluminada por las velas en la mesa de noche de Severus y por la poca luz de luna que lograba traspasar las cortinas cerradas en la ventana, pero Severus podía ver con claridad los rasgos de Lucius. Sus ojos estaban cerrados y sus pestañas rozaban sus pómulos, su rostro estaba suavizado con calma, y su cabello sostenido detrás de su oreja le dejaba ver el pequeño y casi imperceptible recuerdo de lo que alguna vez fue un pequeño arete con un diamante, en una etapa de rebeldía que no duró más de seis o siete meses, pero que enloqueció las hormonas adolescentes de Severus. Sonrió ante el recuerdo y colocó una mano sobre el cabello rubio, acariciando suavemente y sacándole un pequeño suspiro de placer a Lucius.

Los ojos grises se abrieron y lo miraron levemente nublados en placer y calma, y Severus levantó una ceja hacia él.

—Estaba ocupado— lo reprende levemente, y tal vez un poco por gusto y un poco para marcar sus palabras, estira el cabello de Lucius con un poco de fuerza. Lucius gime, separándose de él.

Lucius es un maldito pecado, de esa forma. Sus pupilas dilatadas, las mejillas sonrojadas y los labios rojos y húmedos siempre despertaban algo en Severus que normalmente estaba enterrado entre otras ciento de cosas. Pero ahora mismo estaba disfrutando de estar así solamente, siendo lo que Lucius quiere sin tener que hacer nada más que acostarse y dejar que el hombre se acomode sobre él.

Así que cuando el principio de un puchero aparece en esos labios rojizos, Severus rueda sus ojos con falsa exasperación y empuja a Lucius nuevamente en su lugar, para que siga con lo que estaba haciendo, en silencio.

Lucius sonríe contra su pecho y lame la piel bajo sus labios un momento antes de volver a acomodarse y llevar el pezón oscuro a su boca, chupando con avidez. Una de las manos del rubio están sobre el otro pecho de Severus, apretándolo y masajeándolo cada pequeños intervalos, pero su atención siempre está donde su boca. Lucius tiene una pierna entre las piernas de Severus y se frota contra su muslo con movimientos pequeños. Severus lleva una mano hacia la mejilla ahuecada de Lucius y lo acaricia con cariño.

—¿Te gusta, cariño?— pregunta en voz baja, como si fuera la primera vez que esto sucedía y como si no tuviera la erección de Lucius restregándose contra él. Lucius asiente levemente y chupa con un poco más de fuerza antes de pasar la punta de su lengua sobre el pezón, logrando que Severus cierre sus ojos momentáneamente ante la sensación—. Lo haces muy bien, bebé.

Lucius aprieta su mano sobre su pecho y frunce el ceño ante eso, moviendo sus caderas un poco más fuerte contra Severus, lo que le saca una sonrisa. Desde el primer día que comenzaron a tener relaciones sexuales, Lucius siempre tuvo una obsesión con el pecho de Severus, y le encantaba marcarlo, morderlo, chuparlo y lamerlo, y Severus pensaba que era solamente mientras estaba caliente.

Hasta que se dio cuenta que Lucius simplemente siempre parecía mirarlo cuando estaba sin camiseta.

Y bueno, Severus sabía que tenía un físico decente, pero Lucius tenía algo con su pecho que, si a Severus no le gustara tanto, posiblemente sería preocupante. Sin embargo, cuando Lucius le preguntó si simplemente podía mamarle los pechos antes de dormir una vez, Severus necesitó una confirmación de que el rubio sabía que, en realidad, no saldría nada de sus pezones por más que chupara.

Lucius se había puesto un poco más tonto con la pregunta, pero le había asegurado que simplemente tenía ese gusto peculiar.

—Sev— gime Lucius alrededor de su pezón derecho, y Severus vuelve a concentrarse en él, llevando su mano libre a su propia polla para apretarla sobre sus pantalones de dormir. Lucius está babeando contra su pecho, haciendo un desastre húmedo alrededor de todo el pectoral mientras lame la areola y luego vuelve a concentrarse en el pezón erecto, pequeños gemidos en su garganta mientras gira sus caderas contra Severus.

Severus frunce el ceño un poco cuando la atención de Lucius se vuelve un poco dolorosa, pero antes de que pueda decirle, el rubio da una última lamida y se mueve hacia el otro pezón, subiéndose al muslo de Severus y comenzando a corcovear contra él. Lucius lame alrededor del pezón y luego sobre él antes de chuparlo, succionando fuertemente mientras baja su mano derecha por el abdomen levemente marcado de Severus, antes de levantar el elástico del pantalón y tomar la polla dura en su mano, sacándole al pocionista un gemido.

Lucius se separa el tiempo suficiente de su pecho para sonreírle, sin dejar de masturbar a Severus y de restregarse contra su muslo.

—¿Sin ropa interior?— dice juguetonamente mientras pasa su pulgar sobre el glande de Severus y esparce la humedad que brotaba del pequeño orificio en él. Severus gime ante la sensación de los dedos tibios y esbeltos de Lucius, y baja los pantalones y se mueve la ropa interior del rubio lo suficiente para liberar su pene húmedo y rojizo.

—Duermo con un pervertido— responde antes de lamerse la mano derecha y tomar a Lucius en ella, frotando su glande cada vez que volvía a subir por el tronco. Lucius echa la cabeza hacia atrás con un gemido alto y luego vuelve a recostarse casi completamente sobre Severus, esta vez para morder su pezón descuidado. Severus aprieta la base de su pene con fuerza en represalia un momento y luego vuelve a masturbarlo—. Entiendo que seas el perro del ministro, pero ahora estás conmigo. Evita morder.

Lucius lo mira con sorpresa desde su pecho, respirando pesadamente contra su pezón y con la boca abierta. Severus repite mentalmente lo que dijo, y casi suelta a Lucius para disculparse cuando siente cómo su pene se está sacudiendo en su mano, y la humedad comienza a esparcirse sobre su pantalón. Levanta una ceja.

—¿Acabas de llamarme "perro"?— pregunta Lucius en voz baja.

—Sí— asiente Severus lentamente—, y te acabas de correr por eso.

Lucius levanta un poco sus caderas y mira hacia abajo, como si él tampoco entendiera lo que sucedió. Severus necesita mover la mano de Lucius de su propio pene antes de comenzar a masturbarse él mismo, porque aunque sabe que debería disculparse, está jodidamente excitado.

Lucius se sienta sobre su muslo, su polla suavizándose fuera de sus pantalones y sus mejillas y cuello sonrojados. Se lame los labios mientras mira el desastre hecho en los pantalones de Severus, luego mira cómo Severus se está masturbando bajo sus pantalones y, finalmente, mira a Severus a los ojos, aunque se tomó su tiempo mientras subía por el abdomen y los pechos húmedos. En específico, los pezones aún duros y mojados de saliva.

Lucius lleva una de sus manos al pezón desatendido y lo pellizca entre sus dedos, haciendo gemir a Severus.

—Eso ha sido abominable, Severus— Lucius levanta una ceja y mi mira con frialdad, sin dejar de jugar con el pezón de Severus—. Denigrarme de tal manera en la cama sin consentimiento de mi parte, completamente despreciable.

Severus aprieta los labios para evitar gemir mientras acelera su mano, creando un sonido de golpeteo húmedo en la habitación. Lucius mira la acción y sonríe con burla, llevando su mano libre para bajar los pantalones y poder ver sin obstáculos.

—Mírate— dice en voz baja, mirando a Severus masturbarse como si fuera algo extraño para él—. Estás haciendo un desastre allí. ¿Siempre sueltas tanto líquido antes de correrte, o es solo esta vez, que has sido malvado con tu pobre esposo?— Lucius levanta las cejas cuando Severus levanta sus caderas y se corre en silencio, chorreando sobre su estómago y llegando hasta uno de sus pechos. El pocionista jadea mientras se desploma sobre la cama nuevamente y se cubre los ojos con un brazo mientras recupera el aliento. Lucius se vuelve a inclinar sobre él, mirando fijamente las gotas de semen que alcanzaron el pectoral de Severus antes de comenzar a lamerlas. Severus suelta un pequeño gemido cuando Lucius pasa su lengua sobre su pezón sobreestimulado.

—Duele— gime en voz baja, y Lucius le da una pequeña lamida más antes de alejarse. Severus descubre sus ojos y lo mira, satisfecho. Lucius le sonríe, sus ojos brillantes de felicidad—. Lo lamento, de todas formas— dice, llevando sus manos a los brazos de Lucius y acariciándolos de arriba abajo. Lucius niega con la cabeza.

—Está bien— asegura—. Claramente me gustó, simplemente me sorprendió.

Lucius se encarga de lanzarles un hechizo de limpieza antes de volver a cubrirlos con sus pantalones y acostarse a un lado de Severus, enfrentándolo y enredando sus piernas con práctica. Severus lo mira en silencio todo el momento, y cuando apaga las velas con un movimiento de su mano, sonríe un poco, sabiendo que Lucius no puede verlo.

—Estaba pensando en crear alguna poción que me permita lactar.

Lucius gime con fuerza y aprieta su rostro contra el hombro de Severus, sacándole una pequeña risa.

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yo solo voy a publicar esto y luego hacer como si nunca lo hubiera hecho.