Cuarto día de la RinToriWeek2022.

Día 4: Boda

Advertencias: Fluff, OoC, posiblemente se pierde un poco el sentido de las situaciones, pero ¡Todo con buenas intenciones!

Disclaimer: Free! Ni sus personajes me pertenecen, todo está hecho de fans para fans.


Nuestro momento

A RinTori fanfiction

Lo había meditado más tiempo del que le gustaba admitir, había tenido que pensar en todos los pros y contras de tomar esa decisión y... Si era sincero, cada que rectifica a su lista mental, no existía ninguna razón aparente para no hacerlo.

Porque Aiichiro Nitori era el amor de su vida, la persona resplandeciente que había logrado sacarle del vacío emocional y desastre mental que por mucho tiempo fue, era ese alguien en quien podía confiar todos y cada uno de sus pensamientos y sentimientos y a quien podía recurrir por un cálido abrazo sin motivo alguno, quien le daba la mano y pacientemente lo apoyaba, amaba y todo lo demás.

Por ello, esa tarde, le prometería ante todo el mundo su amor, respeto y fidelidad, hasta el último día de su existencia y más allá.

Rin se miraba en el espejo de cuerpo completo situado dentro de la habitación del novio, mientras acomodaba la corbata de ese azul grisáceo que incluso parecía plateado ante la luz, y sonreía, tan feliz como podía demostrarlo, orgulloso de ese instante.

— Ya casi es la hora, Rin, debemos irnos —Sousuke habló desde la entrada, apenas asomándose, haciendo que el hombre de cabellera magenta dirigiera su mirada de su reflejo hacia el de su amigo, asintiendo con la cabeza.

— Estaré listo en un momento —su voz reflejaba la alegría interna, esa emoción silenciosa que apenas hacía temblar un poco sus palabras —Puedes esperarme fuera.

—Y que Miyako me mate por no hacer la única cosa que debía como padrino, claro que si—el pelinegro entró a la habitación, para tomar por el hombro a su mejor amigo y hacerle voltear — Deja de verte en el espejo, ya estás bien, listo y ... —juntó por unos segundos las cejas en una mueca de inconformidad, mientras tomaba el cuello de la camisa del próximo en casarse y la acomodaba perfectamente, así como el chaleco del traje del mismo tono de su corbata y, aprovechando el instante, acomodar el saco, sacudirlo un poco, dándole un rápido vistazo — ¿Como puedes ser tan desastroso este único día que no lo debes ser?

— ¿Y si se arrepiente? —de pronto, el rostro tranquilo e incluso seguro de Rin se transformó en una especie de sonrisa con temor, temor aparcado en su mirada — Si en realidad decide salir corriendo de aquí.

—No serás el primer novio abandonado en el altar, no te creas mucho —Yamazaki soltó con un deje de burla, mientras quitaba las extrañas pelusas de color azul marino sobre el inmaculado traje blanco que ahora utilizaba su amigo, negando con la cabeza — además tienes toda la razón en preocuparte porque esa siempre ha sido la reacción de Aiichiro, huir de ti y no brincar a tus brazos cada que te ve.

—Deja de ser sarcástico conmigo y entiende que ahora es lo único en lo que puedo pensar, sé que es casi imposible que suceda, pero jamás es totalmente imposible.

Y por más que Sousuke quisiera seguir burlándose de su mejor amigo dentro de una crisis insegura, tenía el tiempo contado, así que le tomó de un brazo y lo sacó de la habitación, sin decir nada más para evitar darle cuerda a sus pensamientos catastróficos, llevándolo directamente al sitio donde debía estar desde 20 minutos atrás.

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—¿En verdad debo llevar todas estas cosas? — Aiichiro miraba, como Gou ponía varios objetos en sus bolsillos, solapas y camisa de su traje blanco de novio, mientras ella sonreía entusiasmada.

—Son las tradiciones, Nitori-kun —la chica tomaba una de las manos de su cuñado para colocar en su muñeca un pequeño dije de oro completamente nuevo, con las Iniciales del nombre de los prometidos — Aquí tienes algo nuevo.

Después la joven volvió a sacar el pañuelo azul cielo del bolsillo de su saco para doblarlo de nuevo y colocarlo una vez más.

—Aquí lo azul... —para lo viejo Gou colocó un pequeño broche de crisantemo en el interior de la solapa derecha, que había encontrado entre las pertenencias de su padre, la cual también cumplía su función de ser algo prestado —Y esto pequeñito te lo presta mi papá, igual funciona como lo viejo.

La sonrisa de su cuñada le hizo sonreír y sentirse querido, mientras ella terminaba de arreglar la ropa, sobre todo la corbata de tonos rojizos que llamaba mucho la atención en conjunto con el chaleco a juego, peinado y cualquier cosa que estuviera aún mal puesto.

—Muchas gracias Gou-chan, por apoyarme en este día —el de cabello grisáceo hizo una reverencia frente. La joven, cosa que solo fue tomada por Gou con una sonrisa de medio lado.

—En menos de dos horas estarás casado con mi hermano, considero prudente que nos llevemos con mayor cercanía ¿no lo crees? De cualquier forma, nos vamos a ver en todas las celebraciones, los cumpleaños de sus hijos y esas cosas, así que puedes decirme Kou, sin nada más.

—L-lo haré —Nitori solo sonrió nervioso, mientras notaba como la chica frente de él inflaba el pecho con orgullo y decía lo que estaba pensando — Tal vez después de la ceremonia, aún falta que Rin me acepte y no salga huyendo del altar...

La pelimagenta miró con incredulidad al bajito chico frente de ella, levantando una sola ceja sin estar segura de lo que escuchaba.

—Bueno, mi madre va a preferir sacarle los ojos frente a su Dios antes de dejarle hacer tal cosa —Gou soltó cómo un chiste, viendo cómo la sorpresa se robaba la expresión del más bajito, como si en verdad lo creyera — S-sólo es una exageración, pero aun así, Rin es un hombre de palabra... No te va a dejar a la mitad de la ceremonia, ni mucho menos, deja de preocuparte que saldrás en las fotos con cara de miedo y no quieres aparentar que has sido obligado a hacerlo ¿o sí?

Aiichiro soltó un suspiro más tranquilo luego de oír todo el discurso de la chica, asintiendo con la cabeza.

—Bien, vayamos de una buena vez, antes de que el juez decida no casarlos.

Y como era una costumbre de solo ese día, luego de ver el rostro asustado del chico tuvo que repetir que no era cierto todo lo que decía, mientras lo sacaba de la habitación donde habían estado.

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Rin no podía creer que ese lugar estuviera ahí para su amado novio y para él. Ni como ese espacio ubicado en las cercanías del estanque de un tradicional parque japones, cercado por muchos árboles de cerezo en flor, y decorado con pequeños motivos blancos como las flores a lo largo del pasillo hasta el pequeño altar, era tan similar a lo que siempre soñó.

Miró a su alrededor, notando como las personas más cercanas a ambos estaban ahí, expectantes por el momento tan importante que iban a presenciar.

Sintió como la mano dulce de su madre jaló suavemente su brazo, tomándolo con cariño y escoltándolo hasta el altar, caminata que sentía eternamente larga, aún, cuando habían apenas 6 bancas a cada lado del pasillo y un espacio lo suficientemente grande para tener al conjunto musical, quienes en ese instante interpretaban una melodía para acompañarlo en su camino y el espacio para su padrino y la dama de honor de su novio, con unos cuantos floreros de lirios blancos decorando a cada lado.

Miyako tuvo que volver a llamar la atención de su hijo cuando quedó hasta el frente de todos, tomando su rostro con cariño para dejar un beso sobre su frente, deseándole con todo el corazón su felicidad, siendo respondida por una larga y profunda reverencia por parte de su hijo, antes de volver a su lugar.

Los minutos de espera eran eternos, Rin sentía como el aire aún frío de ese primer día de la primavera se sentía helar todos sus músculos y huesos debido a tanto tiempo expuesto a él, solo saliendo de su nerviosismo al sentir como Sousuke, del lado de su padrino, le daba un par de palmadas sobre la espalda, luchando para que su mejor amigo no se desmayara enfrente de todos debido a sobre pensar tanto las cosas.

— ¿Qué hora es? —murmuró el pelirrojo, inclinándose hacia atrás un poquito para llegar hasta el hombre de ojos verde agua

—La hora de calmarte, cállate y espera de una buena vez —espetó con algo de desinterés, estrategia que usaba para evitar el nerviosismo del otro.

Matsuoka estuvo a nada de hacer cualquier otro comentario para defenderse del ataque de su padrino, hasta que la música volvió a cambiar, y del pasillo entraba su hermana, apurando su camino para llegar al sitio de la dama de honor y, pocos segundos de su llegada, la música de nuevo cambió hacia esa marcha nupcial bien conocida y del brazo de su madre, el pequeño Aiichiro entraba al lugar.

Todos se habían puesto de pie y su prometido se mantuvo tranquilo esperando, notando lo hermoso que se veía, caminando despacio, con un pequeño ramo de flores entre sus manos, escoltado por la señora Nitori, hasta el lugar designado.

Así como Miyako lo había hecho, la madre de Aii se detuvo un par de pasos antes, para tomar a su hijo y dejar un beso sobre su frente, tomar sus manos y desearle toda la felicidad, acto que fue respondido con la reverencia más profunda, larga y respetuosa que jamás había visto hacer al peligris. La señora lo volvió a tomar ahora de la mano y la extendió hacia el pelimagenta, quien un poco nervioso, se apuró a tomarlo y así llevarlo hasta los últimos pasos frente al altar.

—Te ves hermoso —susurró Rin en el instante en que pudo tenerlo tan cerca como el momento lo ameritaba, sonriendo emocionado, sintiendo como su corazón latía más fuerte, feliz.

Aii no contestó nada, no porque no quisiera, más bien porque sentía que sí abría la boca iba a perder toda la fuerza, y caer desmayado en ese instante, así que solo asintió con la cabeza, haciendo una pequeña reverencia frente al más alto, mirándole a los ojos al final para hacerle notar cuán emocionado estaba.

Y Rin lo sabía mejor que nadie, porque conocía todas sus expresiones, su brillo en los ojos y todas esas emociones que emanaba de su cuerpo aun cuando ninguna palabra era usada.

–Hoy estamos reunidos aquí para ver nacer el vínculo de esta pareja, quien con amor se unen en esta tarde especial y vienen libres a prometer se una vida entre ellos —la juez comenzó a hablar, dando inicio a la ceremonia, a esos tan esperados 45 minutos.

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— Yo, Matsuoka Rin, te tomo a ti Nitori Aiichiro como mi esposo —recitó el más alto mientras colocaba el anillo en la delgada mano de su aun novio — Prometiéndote mi amor, fidelidad y respeto por toda la vida, en todos los momentos, sin importar cuán difíciles estos sean. Te amo y he estado a tu lado, conociendo y creciendo junto a ti, te amo más de lo que puedo decir en palabras y quiero hacer todo lo posible para demostrártelo, todos los días, en todos los instantes —las palabras del chico de sonrisa afilada fueron detenidas por sí mismo, tomando la mano con el anillo y llevándola a sus labios para besar suavemente sus nudillos con todo el cariño que le tenía

— Yo, Nitori Aiichiro, te tomo a ti Matsuoka Rin como mi amado esposo —acto seguido, el peligris recitó su parte, tomando la mano del más alto para colocar el otro anillo, volteando su mirada hacia el rostro contrario, sonriendo de oreja a oreja, en ese instante ya no existía ningún ápice de miedo, todo era perfecto a su alrededor — Para amarte, respetarte y serte fiel todos los días de mi vida, honrarte y estar a tu lado —las manos de Aii buscaron la forma de entrelazarse con las del mayor, sosteniéndose así por un largo momento — Contigo hasta el fin del mundo, permíteme amarte y hacerte feliz, apoyarte y quererte en todos los instantes hasta donde la vida nos permita estar juntos

Las palabras del más bajo dejaban ver cuán emocionado estaba y como irradiaba ese amor y admiración que mantenía sobre su pareja. Y Rin no podía soportar más las lágrimas que comenzaban a brotar de sus ojos, conmovido por las hermosas palabras de su ahora esposo, de quien amaba y este le amaba incondicionalmente, solo dejando salir un par de ella, siendo únicamente vistas por el más bajo de los dos.

—Por el poder que él gobierno me otorga, los declaró legalmente casados — la jueza terminó, conmovida por la dulce pareja presentada frente a ella.

Rin lo tomó con cariño abrazándolo, pegándolo a él para besarlo con deseo, cariño y mucha felicidad, Aiichiro pasó sus brazos sobre los hombros ajenos para atraerlo y no soltarlo, haciendo que el beso se volviera más largo de lo esperado, escuchando los vítores y aplausos a su alrededor, así como la música que pretendía hacerles saber que la ceremonia había terminado.

Justo a las 6 pm, cuando la boda terminó por ser oficial su matrimonio, todas las flores de cerezo comenzaron a caer en la bonita lluvia de color rosa, bañando a todos los presentantes en el lugar. Y con ello el último de los sueños de Rin, hacer que aquella flor que tanto le gustaba fuese parte del día más importante de su vida.

Con cariño soltó al delicado peligris, alejándose un poquito para mirarle a los ojos y reír, reír a su par, mientras las manos de Aii paraban en su rostro para limpiar el camino de lágrimas que habían surcado su rostro, Rin se moción para besar la palma de la mano derecha de su amado, con mucho amor y cariño, poco después volver a sus labios y dejar demasiados besos rápidos.

— Estamos casados —el chico de la mirada zafiro lo dijo con bastante alegría. Sin desear separarse, necesitaba seguir con él, abrazándolo — ¡por fin estamos casado!

—Te amo, Aii, gracias por ser mi esposo —el de ojos rojizos continúa a sujetándolo por la cintura sin desear apartarse de él — Y~ ¿si los dejamos aquí para que festejen ellos solos? —la mirada del más alto se volvió un poquito pícara al decir eso, acercándose a su oreja para susurrar y morder levemente en ella — Quiero comenzar a aprovechar mis derechos como esposo contigo y, estoy seguro que debajo de tu lindo traje hay algo muy sensual~

— ¡Una fotografía para los recién casados! —Hazuki salió saltando de entre los invitados, extendiendo su celular y tomando la fotografía de ellos dos hablando, perpetuando a Rin hablando muy cerca del oído de Aiichiro y este último sonriendo de medio lado, feliz y sonrojado por ello, con la lluvia de flores de cerezo a su alrededor.

—¡Felicidades! —Momo fue el segundo en acercarse, arrebatado a Aiichiro de los brazos de su esposo para abrazarlo efusivamente, tanto que lo hacía doblarse de un lado al otro, poco después para ir a hacer lo mismo con Rin, aunque con este último poco pudo lograr.

Sus amigos estaban ahí, felicitándolos, tomando fotos, las familias y otros invitados estaban ahí y el par de novios, a pesar de estar disfrutando el momento con sus personas favoritas, jamás se separaron, deseaban estar juntos, dedicándose a hacer cierto todo lo que se habían prometido en el altar.

Así por el resto de su vida.


Gracias por leer hasta aquí.