AMORES, ENREDOS Y UNA BODA

CAPITULO 1. A solo una semana.

Eran las 7 de la mañana, por el amor de Zeus.

Bueno, creía que eran las 7 de la mañana, pero probablemente el horario en China era muy distinto al de Grecia, y aun no se acostumbraba del todo.

Abrió los ojos cuando el bullicio fuera de la ventana de su habitación fue insoportable.

Muy bien, había sol, eso quería decir que al menos no era tan temprano aquí.

Con dificultad salió de la cama y se acurrucó en un jersey grande y algo viejo que su hermano le había regalado hace un par de años.

Se asomó por el amplio ventanal que tenía su habitación, tallándose un ojo, observó como un montón de gente arreglaba el jardín de aquella mansión. Los jardineros hacían maravillas con los arbustos a su alrededor y el organizador de bodas gritaba órdenes a todo el mundo sobre que rayos hacer.

-Solo lo mejor para la novia. –Murmuró mientras bostezaba y se ponía sus pantuflas favoritas.

Salió de su habitación en dirección a la cocina, si es que podía encontrarla en este laberinto de pasillos.

Preguntó a un par de sirvientes que le indicaron amablemente la dirección, aunque claramente se escandalizaron por la ropa que llevaba.

Se miró en uno de los espejos de cuerpo completo. Bien, no es que fuera a modelar en París con su camiseta rosada y sus cortos shorts blancos junto con su cabello verde desordenado, pero en su defensa era malditamente temprano como para que alguien estuviera despierto a esta hora.

Finalmente llegó al comedor que ya estaba siendo surtido con varias fuentes de exquisita comida y, bendita sea su suerte, una jarra llena de café humeante.

Y, por supuesto, ya había dos personas despiertas, frescas como lechuga, desayunando tranquilamente.

-Buenos días. –Saludó animada, mientras ponía su café en la mesa y empezaba a servirse un plato con todo lo que podría comer por el resto del día.

-Buenos días, Shun. No comas tanto, o después no querrás hacer nada después del desayuno. –Un guapo hombre de cabello negro y ojos verdes le sonreía, y la reprendía con cariño mientras tomaba un sorbo de su té, y comía de un plato de avena.

-Weños Diash... Teñes que probaf eto, eshtha delisshosho. –Le dijo un chico castaño que comía a montones varias tiras de tocino crujiente y bebía una taza de chocolate caliente junto con una soda.

-Seiya, no hables con la boca llena, por favor. –Ella le regañó antes de comer un poco de fruta.

Los tres se rieron luego de que el japonés tratara de pasarse su bocado bebiendo de su taza y término quemándose la lengua.

-¿Nervioso? –Le preguntó ella dulcemente a su amigo de cabello largo.

Shiryu, Seiya y Shun habían vivido juntos durante mucho tiempo en un orfanato, compartiendo carencias, malos ratos y algunos abusos por parte de sus cuidadores. Se habían convertido en mejores amigos, dado que Seiya tenía una gran tendencia a meterse en problemas, Shun tenía una carita de angelito, y Shiryu era un poco mayor que ellos y tenía un sentido de la justicia muy fuerte. Mezcla todo eso en unos niños pequeños no mayores a 8 años y con unos matones más grandes y aterradores que ellos, y obtenías una amistad duradera con más de 15 años de antigüedad.

Cuando Shun y Seiya cumplieron 10 años y Shiryu 12 años, finalmente fueron adoptados:

Shiryu había sido adoptado por un importante hombre de negocios con una hija pequeña. El hombre aparentemente vio algo en el niño que le llamó la atención lo suficiente como para sacarlo de aquel orfanato de mala muerte y encaminarlo hacia el éxito, con la educación de un chico privilegiado de la clase alta.

Seiya se había ido a vivir con su hermana Seika, una vez que ella había cumplido la mayoría de edad y había conseguido un trabajo estable para darle a su hermanito lo necesario para poder mantenerse. Podía no ser una vida lujosa, pero estar junto a su querida hermana era mucho más de lo que podía pedir.

Y finalmente, Shun se había reencontrado con su hermano mayor, Ikki. Él se había marchado desde los 15 años del orfanato, gracias a que un cazador de talentos le había dicho que tenía futuro en el mundo del boxeo, luego de que lo vio derrotar a 2 hombres adultos más grandes y fuertes que él. Había desaparecido por 6 años hasta que finalmente regresó por su hermana, con un trabajo estable, suficiente dinero en su cuenta bancaria para no preocuparse por cosas como que se negaran a entregarle a su hermana por la solvencia económica, y una encantadora esposa del brazo.

A pesar de sus diferentes clases sociales, estilos de vida, y horarios apretados, los tres siguieron siendo los mejores amigos hasta ahora.

-Un poco. –Admitió su amigo mirando su té como si este tuviera en su interior los secretos del Universo. –Aún falta mucho por hacer y solo tenemos una semana. Esto no es importante solo para mí, sino también para Shunrei. Quiero que todo salga perfecto.

Shun sonrió. Desde que habían conocido a esa dulce niña de trenza larga cuando Shiryu se las presentó cuando eran niños, Shun supo que ella estaba perdidamente enamorada de su amigo. No había que ser un genio para notarlo: Mejillas sonrojadas, ojos de cachorro y sonrisas embobadas cada vez que veía Shiryu siendo el mismo, le dieron una gran idea. Cualquiera que tuviera ojos lo hubiera notado.

Bueno, todos menos Seiya y Shiryu a esa edad.

-Shiryu, te vas a casar con Shunrei. Estoy muy segura de que nada puede ser más perfecto para ella que eso.

Seiya y Shun rieron al ver que su amigo se sonrojaba y apartaba la mirada, murmurando algo poco agradable seguramente.

-Aunque si quieres, tengo una camioneta sin matrícula y vidrios polarizados en la cochera, junto con varios pasaportes falsos en el maletero... Tu solo dame la señal y nos iremos tan rápido que ni siquiera sabrán a donde nos fuimos. –Seiya le dijo en un tono de malicia y secretismo.

-Estoy más que segura que el señor Dohko ya se deshizo de todo eso. –Shun señaló tranquilamente mientras le quitaba a Seiya un trozo de tocino de su plato.

Era lo más probable. El señor Dohko era un hombre amable y bondadoso, además de muy guapo a pesar de su edad, pero también era increíblemente protector con su familia. Esta era la boda de su mejor estudiante-protegido, quien se desposaría con su única hija. Todo iba a salir perfecto para los dos... Seguramente era capaz de atar a Shiryu al altar para que no fuera a llegar tarde.

-Dejen de decir tonterías los dos. No voy a ir a ningún lado.

Seiya se encogió de hombros mientras terminaba su plato y empezaba a hablar sobre partidos de futbol.

Shun, por su lado, saco su teléfono, viendo todas las cosas que tenían que preparar para la boda. Le había prometido a Shiryu y a Shunrei hacer su mejor esfuerzo como la madrina del novio.

Sí, por lo general era un hombre el que ejercía de padrino, pero se hizo una excepción en este caso. Seiya era el mejor amigo de la pareja y el de Shun, pero era un poco distraído y algo procrastinador cuando entraba en confianza. Ikki también era su amigo, pero no era tan cercano como Shun y Seiya, además de que estaba ocupado últimamente con los entrenamientos para defender su título como campeón actual. Y Okko... Bueno, eso ni siquiera era una opción.

Así que por defecto, ella era la mejor opción para el puesto.

Aunque Shunrei también había sugerido que fuese su dama de honor, Shun no pudo aceptarlo. Shunrei le agradaba y era muy buena con ella desde que se habían conocido, pero no eran amigas tan intimas, y ese título debía llevarlo alguien que la conociera bien y que fuera su apoyo. Shun era la mejor amiga de Shiryu, así que sabía mejor las cosas que le gustarían o cómo manejar sus nervios y estrés a la hora de que hubiera problemas en los preparativos de la boda.

-Por cierto, Shiryu, ¿Ya escribiste tus votos?

-¿Sus qué? –Seiya dejó su tercera taza de chocolate

-Ya sabes, él y Shunrei acordaron escribir sus votos para la boda. –Aunque su amigo era muy tradicional, a Shunrei le había emocionado la idea de confesar el alcance de su amor en el día de su boda, así que dio la sugerencia de escribir sus propios votos y leerlos en el altar. Lo dijo de una manera tan dulce, que Shiryu simplemente no podía decir que no.

Y por la cara que puso su amigo, probablemente lo mejor hubiera sido haber dicho que no en el momento.

-No he podido escribir nada aún. –Confesó con tono apenado, como si hubiera revelado el haber cometido el peor de los crímenes de los tiempos modernos.

-Tranquilo, aun te queda una semana para escribirlos. No lo presiones tanto, Shun. –Seiya trató de calmarlos, con su sonrisa despreocupada.

-Seiya, ¡Solo queda una semana para la boda! Y aún faltan de terminar los últimos detalles del traje, finalizar las decoraciones, recibir a los invitados, la despedida de soltero... –Shun enumeró todas las cosas que le hacían falta para la semana. Honestamente también la estaba poniendo nerviosa.

Aún tenía mil cosas por hacer y solo siete días. Sin presión.

Shiryu respiró profundamente, antes de terminarse su té en solo dos tragos grandes.

-¡Oh sí! ¡Despedida de soltero! Que salgan las nenas. –Seiya tronó los dedos de sus manos con una sonrisa picaresca.

-No contrataste strippers, ¿Cierto? –Shiryu entrecerró los ojos.

-Claro que no. Dohko me mataría. Además, a ti no te gustan esos espectáculos. –Shun se río cuando Seiya se sentó enfurruñado en su asiento.

-Si me hubieras dejado ser el padrino, hubiéramos traído unas sin problemas. –Murmuro como un niño pequeño.

Shun rodó los ojos antes de bostezar. Aún se sentía malditamente temprano.

-Shiryu, ¿Por qué todos hacen tanto ruido a esta hora? –Murmuró con cansancio.

-Shun, es medio día.

-¿Eh? –Su reloj le indicaba que eran las 7:59 de la mañana.

-Aún no está acostumbrada al horario. –Seiya se río divertido. –En Grecia aún es temprano, pero aquí ya se te hizo tarde.

-¿Y tú como rayos te levantaste a esta hora y estas tan fresco? –Shun entrecerró los ojos.

-Yo no he dormido. –Seiya sonrió radiante.

Eso explicaba muchas cosas.

-¿Por qué no duermes otro poco? A nadie le hará daño si descansas una hora o dos. –Shiryu le sonrió dulcemente antes de que una sirvienta recogiera su plato.

-A ti no... Pero a otro gruñón sí.

Y hablando del diablo...

Un muchacho de cabello azul oscuro y cuerpo musculoso entró por la puerta, su rostro normalmente serio y frio ahora tenía un aspecto más humano por la expresión de somnolencia y un pliegue de almohada pegado a su rostro.

-Mi café. –Murmuró en voz medio baja mientras se sentaba al lado de la peliverde.

Shun hizo un puchero, por lo menos podía decir un "Buenos Días".

-Solo si dices "Por favor".

Reaccionando un poco, abrió sus hermosos ojos azul oscuro, y la miró con seriedad. Ella solo le sonrió dulcemente.

-Por favor. –Dijo casi tan bajito que nadie podría escucharlo más que ella.

Besando su mejilla, se levantó de la mesa y se acercó a la mesita de café a prepararlo. Su hermano era un gruñón mal educado en la mañana sin su café. Bueno, era un gruñón mal educado todo el tiempo, pero el café le ayudaba a no matar a nadie.

Regresó poco después, con otras dos tazas de café. Su hermano ahora estaba hablando con Shiryu acerca de si próxima pelea, y Seiya veía algo en su teléfono.

Tomó un sorbo de su taza, y luego recargó su cabeza en el hombro de su hermano, aun necesitada de sus merecidas horas de descanso. Sintió los dedos de Ikki despeinando su cabello verde, y cerró los ojos para dormir un poco. Aún faltaba una semana para la boda, así que no había ningún invitado que se incomodara por el ambiente tan casual.

-Shun, Podemos ir a la piscina después del desayuno. –Seiya sugirió sin dejar de jugar en su celular. –Seika aún no sale de la cama y Aioria salió a correr así que me serviría para matar el rato.

-¿Por qué no dejas de acaparar a mi hermana y mejor te consigues una vida? Deberías empezar a buscar trabajo en vez de perder tu tiempo. –Ikki le dio un tragó tranquilamente a su café, y Shun pudo sentir que la tensión se iba del cuerpo rígido del peliazul.

-Cállate, Ikki. Además, tu hermana está en la misma situación que yo, ¿Por qué solo me regañas a mí?

Shun dejó de mirar mal a su hermano para darle una patada a Seiya por debajo de la mesa. El pobre saltó y se golpeó las rodillas con la mesa de madera.

-¡Seiya!

-¡Repite eso, maldito enano! –Ikki se levantó de golpe.

-¡¿Cómo demonios pateas tan fuerte con esas pantuflas de conejo?! –Seiya se lamentó con lagrimitas en los ojos.

-¿Ninguno de ustedes se sabe comportar? –Shiryu negó con la cabeza.

-¡¿Quieren dejar de gritar a esta hora?!

Todos se congelaron y se giraron a la entrada.

Una guapa muchacha entraba al comedor, su cabello rubio corto peinado perfectamente y sus preciosos ojos verdes miraban seriamente al mayor en la habitación.

Los tres más jóvenes rodaron los ojos al ver como uno de los hombres más fuertes del mundo, según las últimas estadísticas de los deportes, dejaba de ser el tipo duro y mal educado de hace dos segundos para ser un hombre enamorado que al parecer podía apreciar la belleza de la recién llegada, aunque parecía que la nombrada quería matarlo.

-Ikki de Fénix, te he dicho miles de veces que no molestes a los niños. –Se detuvo frente al hombre y se cruzó de brazos seriamente.

-Yo no hice tal cosa.

La mujer rodó los ojos y lo jalo de la camiseta azul para inclinarlo y que le diera un beso. Ikki correspondió tranquilamente, tomándola de la cintura.

-Awww, miren, el gruñón si tiene corazón. –Sonriendo burlonamente, Seiya dijo mientras les tomaba una foto con el celular.

Ikki se separó del beso con un chasquido, antes de mirar a Seiya de una manera tan asesina que Shun temió por la vida de su amigo.

-No quiero molestar a nadie. –Dijo Shiryu, recordando de su presencia en la estancia. –Pero ¿Puedo suplicar que no se maten entre ustedes esta semana? El organizador va a matarme a mí si se llega a regar sangre a tres kilómetros a la redonda de esta propiedad, y a Shunrei no le gustaría que me quedara sin apoyo moral de mis amigos antes del gran día.

-No puedo hacerte promesas. –Ikki dijo sin dejar de ver a Seiya. –A menos que lo mantengas a una distancia segura de mí.

Seiya, valientemente, dio un paso a la izquierda, colocándose detrás de Shun y sonriéndole tranquilamente al mayor.

-Tranquilo, amigo. Yo me encargo de que se comporten. –Shun tranquilizó al futuro novio, antes de empujar a Seiya a su lugar.

-¡Shun! ¿Qué rayos traes puesto? –Escuchó que su cuñada gritaba a unos buenos dos metros de ella.

La chica rubia se acercó en un parpadeo y le cerró el Jersey.

-Solo es mi pijama, Esmeralda. –Shun murmuró sin entender.

-No puedes hacer eso, Shun. Una chica debe estar linda y elegante a todas horas. –Dijo mientras le arreglaba el cabello con los dedos. –Estamos en una casa ajena y elegante. No puedes salir así de tu habitación.

Shun hizo un puchero, mirando a su alrededor pidiendo ayuda, pero todos los hombres presentes volvieron a hablar de deportes o cualquier otra cosa con tal de no contradecir a la esposa del Fénix.

Traidores.

-Vamos a ponerte algo bonito. Vendrán muchos sujetos de buenas familias. Quién sabe. Quizás y consigas pareja al final de esta semana. –Esmeralda le guiñó un ojo, y Shun se sonrojó avergonzada.

-Yo no... ¡Kya!

En un parpadeo, Shun estaba siendo apresada por los grandes brazos de su hermano, mientras seguía platicando con Shiryu sobre algo sobre acciones en la bolsa.

-Nii-san... No respiro. –Murmuró en voz baja.

-¡Ikki, por Zeus! No seas infantil. –Esmeralda se sentó en la silla donde antes se sentó la pequeña de cabello verde. –Shun es una chica muy bonita, y me gustaría conocerle algún novio alguna vez... Eso, o tal vez prefieras que se case con Seiya. –Lo último lo dijo con una sonrisa extremadamente dulce.

-¡Esmeralda! Por favor, soy muy joven para morir. –Seiya se levantó de un brinco.

Shun se puso colorada. Ahora tal vez morir asfixiada por los abrazos de su hermano no sonaba tan mala idea.

-No va suceder tal cosa. Shun no necesita a un hombre en su vida. Yo siempre voy a estar para ella, y no necesita de ningún cabrón, imbécil, calenturiento en su vida.

Esmeralda rodó los ojos antes de empezar a comer. Shun pensaba que las sirvientas deberían estar encantadas escuchando todo el chisme en primera fila.

-Amor, estas siendo irracional. A mí me gustaría que Shun conociera a un buen hombre, que se casaran y me dieran un montón de sobrinos que malcriar.

-Y a mí me gustaría arrancarle la cabeza a cada tipo que mira a mi hermana, pero no todos obtenemos lo que queremos. –Dijo antes de beber su café.

-Sí, recuerdo que te enojabas con todos los niños que se acercaban a Shun en la escuela. Pero era más gracioso cuando te enterabas de que hubiera algún chico que no la encontrara linda, parecía que ibas a matar al pobre tipo. –Seiya se rio a carcajadas.

-Seiya, si quieres seguir con vida para antes de que acabe el día, cállate. –Shiryu le dijo en voz baja.

-¿Podemos dejar mi vida amorosa de lado y dejarme desayunar en paz? Aún queda mucho por hacer. –Shun les recordó su presencia antes de zafarse de los brazos de su hermano.

Se sentó a su izquierda, y observó como Ikki y Esmeralda discutían dos segundos más antes de olvidarse del mundo y mirarse como si fueran lo más importante el uno del otro.

Tal vez lo eran.

La verdad le gustaría encontrar a alguien que la mirara así, pero no se hacía ilusiones. Ikki y Esmeralda se amaban tan intensamente que su hermano se volvía insoportable cuando se iba de viaje y no podía llevársela con él. Al menos eso decían su equipo de trabajo y representante.

Y Shiryu estaba a punto de casarse con una mujer que lo adoraba y amaba desde que se conocieron, y el sentimiento era más que correspondido por él.

Definitivamente el amor así de intenso existía... Pero no sabía si habría uno así para ella.

Quizás...

-Vaya, pensé que habíamos llegado temprano, pero parece que ya hay más invitados hospedándose previamente.

Los 5 se giraron a la puerta súbitamente.

Un apuesto hombre de largo cabello color Viridian y fríos ojos violeta los miraba con detenimiento.

-Camus-sama. –Shiryu se levantó de golpe. –Es un honor que haya venido antes, pero no lo esperábamos hasta dentro de tres o cuatro días.

-No quería que esperaran por nosotros. –Le hizo una ligera inclinación. –Además, a mis hijos y a mí nos urgían unas vacaciones. A Dohko no le molestó que adelantáramos nuestra estancia aquí. Espero que a ti tampoco.

-Por supuesto que no. Son absolutamente bienvenidos. Pediré que preparen sus habitaciones.

-Que amable eres.

Shun no los veía. Y apenas podía escuchar lo que ellos decían.

Porque detrás del señor Camus, había otros dos hombres parados detrás de él. A su derecha un hombre de cabello verde como el suyo y con un ojo color verde. Y a su izquierda un chico rubio de fríos ojos azules.

El rubio la miraba fijamente.

¿Por qué demonios ÉL tiene que estar aquí?