MI QUERIDO GOITA-KUN by DAVID SOGON (Historia basada en el universo Detective Conan de GOSHO AOYAMA)

DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: Los hechos, localizaciones transcurren en el mundo de Detective Conan de Gosho Aoyama. Con esto debo resaltar, que el personaje de Goita-kun es original mío, en cambio el resto de personajes y localizaciones pertenecen al propio Aoyama.

No es mi intención lucrarme de ninguna manera con la obra, solo pasar un rato entretenido escribiendo, dejar que las ideas me lleven a donde sea y compartir el trabajo con los demás fans para que puedan disfrutarla.

Cualquier tipo de creación basada en esta obra es permitida, siempre y cuando se siga el modelo de las CC (licencias creative and commons). En el caso de no cumplirlos, está totalmente prohibida (también entended el trabajito que me llevó escribirla)

Dicho todo esto, aquí está la historia...


DETALLES DEL PROTAGONISTA

Nombre: Goita

Apellido familiar: Minakata

Sexo: Hombre

Edad: 23 años

Altura: 1,70 cm

Peso: 120 kg

Estado civil: Soltero (¡y virgen!)

Estado laboral: NiNi

Descripción física: Cabello corto, castaño azulado. Sus ojos son enanos como dos canicas azul brillantes. Aunque sea alto, sus anchuras y sus anchuras y la acumulación de grasa tanto en espalda como el resto del cuerpo, le otorgan un tamaño considerable y una presencia poco deseable. Es fuerte y de piernas largas. Debido a su físico, su movilidad se ve afectada, llegando incluso a depender de algunos aparatos para que le sea mucho más fácil. Puede caminar, pero cada cinco minutos necesita sentarse en un banco o algún sitio. Siempre viste con ropas anchas de colores cálidos, a veces mezclados. Usa frecuentemente ropa deportiva corta.

Descripción personal: Es una persona muy tocada psicológicamente. Le duele que las personas hablen mal de él a sus espaldas, pero decide guardar todo ese dolor dentro de él haciendo incluso que se crea los propios comentarios, lo que le lleva a una profunda depresión personal y existencial. No tiene motivación alguna por cambiar. Muy pesimista y con una falta de autoestima muy grande, pero dejando a un lado lo malo, Tiene un lado muy tierno, es bastante divertido y generoso.


MI QUERIDO GOITA-KUN

Estamos en el distrito de Beika. Una zona, donde el crimen era un cuento de viejas y las organizaciones criminales una excusa para que la policía hiciera su labor en la ciudad; al menos como versión oficial queda muy bien para las pancartas de las elecciones...

¡Vaya! ¡Echad un vistazo!

¡Un hombre acaba de ser apuñalado en el apartamento 203 de la calle A!

¡OH, QUÉ DESAGRADABLE! ¡Una mujer fue hallada muerta con la carótida desgarrada en una habitación cerrada!...

¡DIOS MIO! Ahora... ¡Un niño fue secuestrado en un parque y metido en una furgoneta blanca! ¡Que alguien llame a la policía!

Pues sí, Tokio puede que sea la ciudad más segura del mundo, pero la peste siempre se cuela por cualquier rincón. El índice de asesinatos y robos está por encima de la media que en el resto de ciudades superpobladas. Donde más muertes, robos y secuestros se concentran, el distrito de Beika se lleva la palma.

Un barrio donde las personas adineradas, amargadas, egoístas, ladrones y todo lo peor que la sociedad podría correr el riesgo de morir de una muerte cruel y desagradable, y alguna que otra vez un ciudadano a pie será secuestrado o presenciara el robo de un banco.

Aunque, dejando la tragedia a un lado, es un barrio donde la gente trata de sobrevivir a los problemas del dia a dia y donde las segundas oportunidades pueden estar a la vuelta de la esquina.

Esa misma tarde, en una de las calles principales. Un joven muchacho, ancho y de grandes proporciones se zarandeaba de un lado a otro en la acera, emitiendo incontables jadeos de cansancio asfixiantes. Apoyo su gruesa mano contra un poste de la luz que había por allí y expulsó varias bocanadas de aire, exhausto. Sitio también que varias gotas de sudor resbalaban por su espalda Levanto sus ojos que parecían dos canicas brillantes al escuchar algunas risas. Lo mismo de siempre.

Tres colegialas estaban paradas a su lado conteniendo la risa, mirándole como si fuera un fenómeno de feria. Al ver que él las miraba, ellas se sonrojaron, hicieron una breve reverencia y salieron corriendo carcajeándose. Suspiro depresivo.

"Menudas chicas más crueles" pensaba Goita.

Pero no eran esas chicas las únicas. Los peatones que pasaban a su lado, se le quedaba mirando con un semblante desagradable, tratando de alejarse de su presencia, como si fuera una plaga. En cambio otros no filtraban lo que decían por sus bocas, soltando horribles comentarios a sus espaldas:

"¿Os habéis fijado en ese tipo? ¡Qué desagradable y asqueroso! ¿Que habrá comido para acabar en ese estado?" decía una señora mayor a su marido

"Sus padres debieron haber sido unos descerebrados, mira que no cuidar la salud de su hijo..." decía un señor.

"Si, a este paso jamás conseguirá ninguna novia y si la tiene, lo más seguro que este con el por pena jajajajaj" decía otra persona.

Los comentarios desagradables eran cada vez más subidos de tono hasta el punto de tratar a la persona como un desecho humano. Pero como siempre, él no hacía nada para ponerles fin. Las lágrimas caían de sus ojos. Le dolían mucho, pero según él, guardarlo dentro era la mejor solución sin llamar la atención. Permanecía cabizbajo sin mirar a nadie a la cara, tragando y tragando toda la mierda que esa sociedad pensaba de él con tal de no empeorar las cosas. Relativamente hace poco le daban igual todo aquello. Sabía que la gente era cruel, pero debido a una serie de circunstancias personales que le afectaron anímicamente, asumió que él era así como lo pintaba la gente. No había solución, solo aceptarlo cuanto antes para que el dolor fuera menos intenso.

Ese día, el joven llamado Goita Minakata, descubrió que las heridas emocionales en una persona tenían un límite. Sus oídos le dolían hasta estallarle. Su mente era un revoltijo de voces sin procedencia, sumido en una fuerte angustia emocional y por si fuera poco, pasaron todos esos acontecimientos que le han llevado a patearse toda la ciudad.

El ya lo sabía, ya no le quedaba nada ¿Por qué seguir alargando su sufrimiento en un lugar tan cruel? ¿Quizá como de alguna manera castigarse por todo lo que hizo? Se llevó la mano izquierda al exterior del bolsillo y apretó su contenido. Levantó su rostro al cielo por encima de los edificios altos y sentenció entre lágrimas cuál sería su siguiente destino.

"Lo siento...mamá"

Poco después, subió a la azotea de un edificio usando un ascensor de carga. Al principio, pensó en usar las escaleras, pero debido a que son ocho pisos se hubiera rendido nada más llegar al cuarto piso, entonces nada tendría sentido. Cuando las compuertas del elevador se abrieron, sintió la brisa agradable del viento. El cielo estaba encapotado por nubes negras y en el ambiente se respiraba tormenta, pero le daba igual. No iba a quedarse para comprobarlo.

Su mirada se perdió en los edificios de la ciudad hasta alcanzar ver la enormidad del Sky Tree. E inmediatamente se imaginó por un instante que hubiera pasado si su vida fuera diferente a la de ahora. ¿Qué pasaría si no hubiera tomado las decisiones que le condujeron hasta ese momento? Lo más seguro es que caminaría mejor, no tendría por qué preocuparse de tomar una serie de medicamentos todos los días para controlar su colesterol y sus ataques cardíacos que tenía muy a menudo. Así sus padres jamás hubieran tenido que empeñar la casa y sus objetos de valor ¿Sería ese el motivo de porque mi padre nos dejó a mí y a mi madre con esas deudas impresionantes? si no fuera así, él seguiría con nosotros, no cambiaría gran cosa, pero si hubiera sido una vida más sencilla y algo cómoda. Iría a la universidad, conocería a una preciosa mujer con la que se casaría y hubiera iniciado una familia con un trabajo estable. Lo que dicta la sociedad japonesa. Si hubiese tenido la oportunidad de cambiar su vida por esa no lo hubiese dudado un instante.

Pero, ahora para Goita todo aquello tenía poco sentido en la situación en la que se encontraba.

Llenó sus pulmones con aire y dio varios pasos entrando en la azotea del edificio. Mira a ambos lados, Por suerte no había nadie allí que pudiera detenerle, así todo sería mucho más sencillo. Sigue caminando hasta alcanzar el pequeño borde sin reja de protección que separaba la cubierta del abismo. Asomó su cabeza mirando hacia la calle transitada por cientos de coches yendo y viniendo. Un vuelco dio su corazón haciendo que tragara saliva y se alejó dos pasos, pero se repuso a la vez que sus ojos se vuelven llorosos.

Con dificultad, se sube al antepecho cogiendo impulso hasta quedar a un paso de su destino final. Su cuerpo temblaba de miedo, las piernas le empezaban a fallar y empieza a llorar angustiosamente, pero estaba muy seguro de la decisión que tomó.

"A... alguien como yo, no puede vivir en una sociedad tan cruel como esta, nunca seré aceptado y no podre cambiar jamás"

Cierra los ojos y en su mente ve toda su vida pasar, algunos eran momentos felices, otros donde desperdicio su vida de tal manera que su madre se sacrifico mucho para mantenerlo, pero ahora no le quedaba nada a lo que aferrarse ni nadie que cuidase de él. Tampoco sabe cómo mantenerse a sí mismo.

Levantó su rostro hacia el cielo, y se dio cuenta que había empezado a llover. Que milagrosa era la madre naturaleza, era como si las lágrimas de su madre fuera señal de lo decepcionada que estaba con el. Se lo merecía de todas formas.

—Perdóname, mamá... — dijo el hombre con una voz triste, casi infantil — Voy a reunirme contigo.

Cerró los ojos y sin pensarlo, preparo su pie derecho para dar el último paso, cuando inesperadamente, la puerta al lado del ascensor de carga se abrió en un ensordecedor golpe que le hizo abrir los ojos y detenerse en el acto.

— ¡Detente! ¡No lo hagas Goita! — una débil voz se oyó a su espalda y se volteo antes de que su rostro quedará sorprendido ante quien se encontraba plantado delante.

...

Hace unas semanas, su madre murió de una enfermedad incurable.

Al velatorio fueron pocas personas, de las cuales eran clientes habituales de su madre, familiares lejanos que no veía desde hace siglos y antiguos socios de su padre. Lo más ruin era que ni siquiera Él asomo su miserable cabeza por allí, era su ex-mujer, con quien había compartido una parte importante de su vida ¿Acaso no podía tener la decencia de despedirse? ¡Se lo debía a su madre!

— ¿Es que acaso tiene que ser tan malo como para no venir al funeral de mama?— pregunto enojado con los ojos llenos de lágrimas y un moco cayendo por la nariz. Uno de los socios, que estaba plantado delante puso las manos a modo defensiva. — En lugar de venir, envió a sus socios... que detalle.

— E... entiéndelo, él es un hombre muy ocupado, pero sin duda a él le apena mucho no poder estar aquí hoy. —tartamudeo uno de ellos, tratando de actuar con cordialidad.

"¡¿Con qué ocupado, eh?!" Pensó él mirando a su barriga, apretando bien los puños.

El hombre lo vio, tragó saliva y tratando de salir de aquella situación. Extrajo de su chaqueta una chequera que relleno y le entregó un cheque en mano, con la suma de 1.000.000 yenes por parte del señor. Goita, lo miró sin dar crédito ¿A qué venía eso?

— ¿Qué es esto?—preguntó, confuso y enojado.

Los socios, se miran entre sí y el que había hablado vuelve a intervenir.

—El nos pidió que te entregaremos esto. Conoce la situación por la que estas pasando así que pensó en hacer esto por ti para que vivieras bien, al menos durante un tiempo. — Explicó, suavemente.

Goita soltó una risilla desagradable. ¡¿Primero no se presenta y ahora pretendía comprarlo con dinero?! Como se nota que es un ricachón de una gran corporación. Si no se hubiera casado con esa hija de ese magnate hotelero, seguro no hubiera heredado todo ese dinero.

—Que considerado de su parte, pero... — dijo con sarcasmo. Coge por ambos lados el cheque y lo desgarra por la mitad, junta ambas partes y vuelve hacer lo mismo, pudo ver como el rostro de los hombres se iba poniendo pálido. Una vez que lo convirtió en cientos de pedacitos de papel, los lanzó contra ellos. — No pienso aceptar su dinero. Si tan preocupado está, primero que pague las deudas que nos dejo a mí y a mi madre, pero es tan sucio hasta para eso ¿No es verdad?

Los hombres quedaron en un incómodo silencio, pálidos hicieron una leve reverencia y salieron corriendo de la sala como cobardes. De tal palo, tal astilla. Puede que tuvieran las mejores intenciones, pero se les veía el plumero.

Una de las mujeres, que estaba al lado del joven, lo captó todo y no dudó en sacar su lengua viperina al ataque.

— ¡Menudo hombre! ¿Cómo se atreve a no venir? Pobre Goita, ¿Que será de el ahora?

Goita tomó aire, los mismos comentarios de siempre, pero no les reprocho nada. En el fondo tenían razón ¿Que iba hacer ahora? ¿Cómo iba a devolver la deuda? Observo los cientos de papeles esparcidos por el suelo y de repente una sensación de malestar le invadió. Se inclinó hacia delante con el rostro dolido y apoyó una de sus manos con la frente.

"¿Porque tuve que romper el cheque? ¡Era más que suficiente para pagarle al banco!" pensó con el rostro angustiado, de pronto, sus ojos se formaron dos regueros de lágrimas que discurrieron por sus mejillas. "¡No debí haberme dejado llevar por las emociones del momento! ¡Estoy jodido!"

Mientras estaba absorto en sus pensamientos. Por la puerta de la sala, hicieron acto de presencia, un señor mayor con gafas con un bigote blanco y a su lado, una niña de aspecto amenazante y aburrido. Examinan la sala como si buscaran a alguien, entonces la niña, le golpea en la pierna y señala con su cabeza hacia Goita.

Quedaron en frente del chico cabizbajo, sin decir ni una palabra durante diez segundos, entonces el hombre se presentó formalmente.

—Hola, Goita-kun... Mi nombre es Hiroshi Agase, pero todos me llaman profesor o profesor Agase y ella es Ai Haibara —se presentó —, Era un antiguo amigo de tu madre cuando íbamos a la universidad. Te acompañamos en el sentimiento.

—G... gracias — dijo, deprimido con el rostro en el suelo.

El profesor Agase miro a Ai Haibara pidiendo ayuda sin saber cómo empezar. Ella le hizo un gesto con su rostro para que se atreviera. Agase asintió con su rostro, miró a Goita-kun de nuevo hablo:

—S... sé que no es un buen momento para ti, pero si tienes un día libre, me gustaría hablar contigo de una cosa.

Goita no dijo nada, permaneció mirando el suelo inerte. El profesor Agase torna hacia arriba sus cejas preocupado. Extrae de su chaqueta negra, una tarjeta y se lo entrega, pero no la coge, así que se la deja al lado.

— ¡Muy bien!— exclamó el profesor —Estamos en contacto, ¿Vale?

—Vale— dijo sin más.

La niña, Si Haibara analizó al muchacho con aquella mirada amenazante, analizando su comportamiento. Entonces cerró los ojos y se dirigió a la puerta, pero sin antes decirle al joven.

— ¡Ánimo!— susurro, forzando una voz adulta y desinteresada.

El joven no reaccionó, permaneció en la misma postura incluso antes de que ellos salieran. En el camino Ai miraba de reojo al joven. No sabía porque, pero encontraba algo extraño en ese joven.

El entierro fue esa misma tarde. Toda la gente que estaba, era la mitad de los que había en la sala antes. Unas diez personas, contando al abogado familiar.

Después de una comida organizada por una vecina, el abogado le reunió a solas en el estudio de la casa. Él era el único miembro que quedaba de la estirpe familiar, por lo que era el único en recibir la herencia, algo que en esos momentos me daba igual, pero por el rostro preocupado del señor Handa, no pintaban buenas noticias.

—Bien, iré directo al grano — empezó su discursito, sacando de una carpeta con documentos oficiales. Vio como los extraía y los ordenaba encima de la mesa. Extrajo de un estuche unas gafas de lectura y se las puso con delicadeza antes de empezar. Parecía un intelectual de esos que no tenían problema en vivir bien — Tu madre y tu vivíais en un piso subarrendado desde hacía tres años y las pocas pertenencias que ella guardaba, las usó para pagar las deudas dejadas por su ex marido, pero no fueron suficientes. Por lo tanto no hay nada de valor que pueda ser pasado, pero...

—Lo sé, no me cuenta nada nuevo — dijo interrumpiendo con la mirada perdida en el tatami.

—Aunque entre sus cosas se encontró un fajo de billetes de 12.000 yenes en total,

—12.000 yenes...— susurro mareado. — pe... pero es algo ¿No?

— No. Esa cantidad fue un préstamo que solicitó al banco el día siguiente antes de su muerte, para pagar el piso, las facturas del mes y los dispositivos para tu problema de movilidad. — Explicó seriamente.

Aquella última frase parece haber sido intencional, como si le dijese en clave "Eres un verdadero inútil hasta para ayudar a tu pobre madre" aunque razón no le faltaba, hizo que se pusiera enfermo al imaginar lo mucho que tuvo que sacrificar ella por él. Un parásito chupa dinero.

— M... mierda —apretó los dientes frustrado consigo mismo.

— Aun así, no tienes problema en quedártelos. Puede que te ayuden un tiempo a reponerte, al menos hasta que encuentres trabajo...

El abogado le contempló con los ojos tornados, llenos de pena. Simpatizaba con aquel pobre chico, perdió todo aquello que significaba algo, no tenía casa, nunca había trabajado y ahora heredó la deuda de su padre.

"La situacion de Goita-kun es muy preocupante, ninguno de los parientes que tiene vivos se quiere encargar de de el, y... ¡Ese malnacido! en estos momentos podría estar cuidando del chico. Por su estado, no es apto para vivir solo. ¿Que será de él ahora?" pensó el abogado. De pronto, recordó algo que le dijo la madre del chico.

— Hay una cosa que ella me pidió que te diera, un mensaje...

— ¿Un mensaje?

— Hijo, cuando creas que todo este perdido, recuerda que algún punto de las tinieblas, hay una luz que te guiará de nuevo al camino. — cito el abogado.

— ¿Eso te dijo? — exclamó confuso.

— Sí, lo tengo por escrito si quieres consultarlo...

— No, está bien — dijo con tristeza, por un momento pensó que sería una última voluntad ¿pero qué significaba todo esto?

A la semana siguiente, embargaron el piso fruto de la finalización del pago. El abogado le había contado que tratar de llevar el caso a la corte sería inútil, pero gracias a que los 12.000 yenes no fueron usados, el joven uso ese dinero para alojarse en un manga café. Todo un planazo. Aunque el espacio era de reducidas dimensiones. Tenía ordenador, un sitio para dormir, aunque la comida era otro problema mayor. Tenía que recorrer varios metros con su peso, hasta una tienda de ramen, donde comía todos los días. Era un sobreesfuerzo mayor y que no tenía su aparato especial para moverse, era un reto complicado.

Antes de que se diera cuenta, el dinero se gastó, no tenía trabajo para ganarlo y las deudas habían crecido ¿Cómo iba ahora a devolver el dinero y los intereses? Vendió todas las cosas que llevo consigo, pero no le dieron para mucho, solo para cinco noches más en ese sitio. Cuando se quiso dar cuenta, no le quedaba nada. A menos que vendiera su cuerpo para pagarlo todo, ¿Pero quién querría comprarle? No sabía que podía hacer. Estaba en un buen dilema.

Al final, no tuvo otra solución que marcharse de allí y empezó a caminar por la ciudad buscando empleo, pero nadie le quería debido a su problema de movilidad, situación y falta de experiencia laboral y por si fuera poco, allá a donde fuera se encontraba todo tipo de gente que le llevó hasta al límite de acabar con todo.

Es por eso que llegó a la situación en la que se encontraba. Acabar con todo era la única solución que encontraba para librarse de esa deuda y esa carga gigantesca de culpa y soledad que portaba dentro. Creía que no existía otra solución más allá de la propia muerte.

Es entonces que una nueva voz, impidió que pusiera punto de ponerle punto y fin a su vida. Llamándole por su sombre. Era la voz de una niña. Al voltearse su rostro es de pura sorpresa. Una niña pelirroja rizado, de ojos amenazantes estaba jadeando de cansancio a sus espaldas. Llevando consigo unas gafas con una especie de palito-antena que sobresalía en la montura.

¿Q... quién era esa niña y como sabía su nombre? No le sonaba de haberla visto antes en ninguna parte.

— ¿Q... quién eres tú?— preguntó Goita, nervioso.

— Ai Haibara... ¿Te acuerdas de mí? Estuve en el funeral con un hombre mayor que se hacía llamar "Profesor" — Se presentó, jadeando de cansancio. Parecía haber corrido hasta allí.

De pronto, su mente lo recordó. No estaba muy atento, pero pudo escuchar las voces de una niña y un anciano hablándole. Así que eran ellos, pero aún había una duda.

—Ya me acuerdo de ti. — pregunto, extrañado—. ¿Cómo supiste que estaba aquí?

— Te pegue un rastreador en la tarjeta — Ella señala con un dedo las gafas con aquel ridículo palito sobresaliendo —, y gracias a estas gafas rastreadoras me llevaron hasta tu actual posición.

"¿Un rastreador? Se puede saber qué edad tiene esa cría para saber de esas cosas..." pensó mientras se reía para sus adentro,

— ¿Estás diciendo que llevas estas últimas semanas siguiéndome?

— No. Te vi golpear ese poste de lejos, al reconocerte tuve un mal presentimiento y pensé que cometerías una locura como esta.— dijo doblando las gafas — Estoy aquí para evitar que lo hagas

— Pues lo siento mucho— prodigio con el tema inicial —, Pero voy a saltar y no vas a poder impedirlo.

Haibara abrió los ojos alarmada, entonces noto que el cuerpo de Goita temblaba sobre el borde. Analizó sus gestos, como cerraba los ojos para no ver su final, como su cuerpo sudaba fruto del pánico a la muerte. Entonces lo comprendió todo.

— ¿Estás seguro de lo que haces? — Pregunto, con seriedad — Si saltas no conseguirás arreglar nada. Solo empeoraras las cosas.

— ¡Tu no entiendes cómo me siento, niña! ¡Tú tienes suerte de no estar en esta situación! — grito dolido. Haibara abrió los ojos sorprendida —. No sabes que se siente ser yo. Ser humillado por ser obeso, depender de alguien que no está porque sabes que por tu cuerpo no puedes conseguir nada y... y... pagar una deuda imposible dejada por un padre que nos abandonó por mi culpa... No tienes idea de nada.

Se hizo un silencio muy en la azotea. El rostro de Ai Haibara se entenebreció, siendo sus ojos ocultados por el cabello.

— Créeme, si se lo que se siente...— dijo ella, de repente—. Ser odiado y odiarte a ti mismo.

Los ojos de Goita se negaron a creer las palabras de la niña.

— ¡No te rías de mi! Es imposible que alguien de tu edad lo comprenda.

— Créeme, ¡Lo sé más que nadie!— Haibara no sabía porque, pero sentía que podía confiar en aquel chico, no le iba a contar su verdadero secreto, pero pensó que a lo mejor si entraba en detalles relacionados con su pasado, podía hacer que reflexionara. Entenebreció su rostro y continuo—Hice cosas en mi vida de las que no me siento muy orgullosa, incluso Perdí a mi familia por culpa de una organización criminal. Durante mucho tiempo me sentí así, que no llegue a ver la luz al final del túnel... — Geita entorno los ojos sorprendidos, mientras reflexionaba sus palabras. Ella continuó mostrando una cálida sonrisa —, pero gracias a que me ayudaron, tuve una segunda oportunidad que me permitió ser diferente a como era. Ahora soy feliz tengo amigos y... bueno, pude empezar de cero... — Haibara cerró sus ojos y exhaló una bocanada de aire — Por favor, déjame ayudarte, como me ayudaron a mí.

Se volvió a hacer un silencio en la azotea. Goita bajo su rostro hacia la calle. Los coches siguen circulando como si lo que pasara allá arriba no fuera crucial.

— Siento mucho que hayas tenido que pasar por eso y más aún a tu edad.

— acerca sus pies al borde, alterando a Haibara —Pero sabes, al menos tienes suerte de haber podido encontrar una manera de salir. En cambio yo, si no muero, todo seguirá yendo como hasta ahora Las deudas seguirán ahí y me volveré a encontrar solo... —Goita gira su cabeza para toparse con la de la niña sorprendida —Hay gente que tiene el valor de vivir y otra no, respeta mi decisión.

— ¡No! Espera...—Grito Haibara desesperada tratando de alcanzarle.

—Mi destino ya está escrito. ¡Adiós! — se despidió en un susurro, cerrando los ojos y levantando un pie hacia el abismo.

— ¡NOO!

Antes de que pudiera saltar, una voz resonó por toda la azotea.

— ¡pues en ese caso, yo me encargare de todo! — Gritó una voz desde el umbral de la puerta. Geita devolvió el pie a la plataforma, abrió los ojos sorprendido, se volteo y vio a un hombre mayor con bigote mirándole desde el umbral de la puerta.

—U... usted es...

—Profesor Agase — dijo Ai Haibara, aliviada.

El hombre caminó en línea recta en dirección al hombre con el semblante serio.

— El suicidio nunca es la solución a los problemas. — le reprendió —. Todos a lo largo de nuestra vida hemos pasado por malos momentos, pero no podemos tirar la toalla sin abrir los ojos y ver otras opciones. ¿Acaso crees que si tu madre te viera en este instante se sentiría orgullosa?

Goita abrió sus ojos.

— Usted que sabe, pero... ¿De qué conoce a mi madre?

— Ambos fuimos muy buenos amigos, pero al conocer a tu padre nos distanciamos y perdimos el contacto. Pero hace unos meses, nos encontramos haciendo la compra y me contó la situación precaria que estabais pasando y lo de su enfermedad. Fue entonces que decidí devolverle el favor sea como sea —Explicó Agase. Tomo aire y le miro con seguridad — y creo que la mejor manera de hacerlo es pagando vuestra deuda.

— ¿Cómo dice?— parpadeo sin salir de su asombro — ¿Pagar mi deuda? Pero... si son cinco millones de yenes.

—El dinero no es problema. Soy científico y gracias a mis proyectos he tenido suerte de ir ahorrando para un futuro ¿y qué mejor forma de hacerlo que ayudar a una vieja amiga?— Aseguro con una amplia sonrisa — A cambio, trabajaras conmigo como incentivo y te ayudare a descubrir una buena manera de bajar peso, ¿imagino que es lo que quieres, no?

—N... No me creo que esto sea verdad— dijo con un brillo de esperanza en sus ojos — ¿Sería capaz de hacer eso?

— El profesor no miente en estas situaciones, es demasiado sincero — aseguro convencida Haibara.

—Goita-Kun. Yo te ofrezco mi casa y la oportunidad de hacer algo con tu vida. —Insistió el profesor — Se que te sientes mal, porque tomaste malas decisiones en tu vida y tu madre tuvo que soportarlo todo ella sola. Pero ella te quería y tenía la esperanza de que pudieras encontrar el camino correcto ¡Haz que ella se sienta orgullosa de ti! — Agase tenía una brillante sonrisa en su rostro. No parecía un hombre con segundas intenciones.

Los ojos de Goita se le iluminaron.

— ¿Y bien? — Pregunto Haibara sonriendo con los brazos cruzados — ¿Qué eliges?

Miro a la niña en aquella posición que le confería un aspecto de seguridad y al profesor dándole una mirada cordial. Era un dúo bastante peculiar. Goita volvió a mirar hacia abajo, el que iba a ser su final y ahora lo sentía más lejos.

"Con que una luz en las tinieblas, eh?!"

Sonrió. Dio un salto al suelo de la azotea haciendo vibrar los enormes flotadores que tenia por su cuerpo. Sorprendiendo a Haibara con un "Guau". El profesor simplemente sonrió con la mano levantada. La miro y se la estrecho.

— ¿Q... qué es lo que tengo que hacer?— dijo Goita, rompiendo el contacto visual, mientras se rascaba con su mano libre la coronilla de su cabeza.

Los rostros de Haibara y el profesor se iluminaron, entonces el profesor levanto una mano hacia él.

—Ven, ¡Acompáñanos!

...

La noche había caído. Los faros del escarabajo del profesor Agase atravesaban las estrechas calles de la zona residencial del distrito 2 de Beika. Mientras, dentro del coche, Goita hacía lo posible por no ocupar mucho espacio en la parte de atrás, pero por sus anchuras iba demasiado apretujado contra el asiento del profesor y el de Haibara, quienes al recibir un bache sentían como el asiento se iba contra ellos, emitiendo un gemido.

Una situación vergonzosa en la que desearía poder ser tragado por la tierra.

"Deben de sentirse muy incómodos al tener una mula de carga detrás de ellos" pensó ensombreciendo su rostro. Agase miró a través del retrovisor al chico y se puso imaginar lo que se le estaba pasando por la mente. Puso una sonrisa.

— Tra... tranquilo Goita-kun, el coche es pequeño...

— ¡D... De verdad que lo siento! —dijo Goita con las mejillas teñidas.

— ¡Ay que ver, profesor! — protesto Haibara con una sonrisa amplia para fastidiar al profesor—La próxima vez, asegúrate de traer un coche de alquiler.

— ¿Que vamos a hacerle? Cuando me llamaste alarmada por teléfono, no tuve otra que cogerlo; pero no preví que esto pasaría. — se justificó el profesor.

Goita sorprendido, miró por el retrovisor a la niña que estaba en el asiento del copiloto, con la mano apoyada contra su mentón y el codo en la ventanilla. Sus ojos afilados verdosos miraban distraídamente todo el tiempo hacia afuera. No imagino que alguien de su edad hubiera sospechado en tan poco tiempo el plan que tenía en mente. También era extraño que usara un localizador para encontrarle, pero si tenía en cuenta que vivía con un científico puede que sepa cómo utilizarlos... aun así...

— ¡Bueno, ya hemos llegado! — le sacó de sus pensamientos el profesor y con dificultad echó una mirada por la ventanilla que tenía a la izquierda y sus ojos se abrieron como platos y su boca abierta por la impresión.

El coche paró frente a una propiedad donde se levantaba una casa muy moderna. Más que eso, parecía una mansión futurista. Los ojos de Goita brillaron por la emoción no podía creerse aún que a partir del momento que bajara del coche, esa iba a ser su casa.

Se soltó el cinto del cierre y con mucha dificultad busco la forma de abrir la puerta, pero ya que su cuerpo ocupaba casi todo el espacio del coche y su cabeza chocaba contra el techo, tratar de buscar el cierre de la puerta, era misión imposible, haciendo que se sintiera aún más avergonzado y patético.

— ¿Necesitas ayuda para salir, Goita-kun? — dijo la voz del profesor.

Aquello lo puso en alerta.

— ¡N... no, estoy bien! — aseguró nervioso.

"Venga! No quiero que ellos piensen que soy un inútil..." pensaba desesperado en su búsqueda.

Haibara le miró por el retrovisor interior con cierta curiosidad, entorno sus ojos. Salió del coche emitiendo un bufido, dio la vuelta al coche y tiró de la manilla de la puerta con brusquedad.

— ¡Anda, sal! — dijo ella con rigurosa brusquedad, alejándose hasta la valla de la propiedad.

— ¿Ehm... Gracias? — confundido, mientras se levantaba con dificultad del asiento y se la quedo mirando con tristeza. Seguro que esa niña pensaba que él era Un chico patético y estúpido al no poder abrir una puerta. Suspiro, si una niña pensaba así, una mujer ya no le querría ver la cara. De pronto, recordó a aquellas chicas de preparatoria riéndose de su condición, sintiendo un fuerte pinchazo.

— No la tomes en serio, ella parece ser borde, pero en el fondo está contenta de que estés aquí. — Comentó el profesor, Cerrando el vehículo.

Al oír esas palabras, se sintió aliviado y el dolor fue desapareciendo poco a poco.

— Y... ya veo — susurro aliviado, miró de nuevo hacia la casa futurista, esta vez sintiéndose no merecedor de estar ahí. Habían pasado tantas cosas que no cayó en eso —. Oiga profesor, espero no ser una molestia quedándome aquí y que usted tenga que pagar la deuda...

— Ya te hemos dicho que no tienes porqué preocuparte por eso — aseguró levantando las manos, entonces le conduce hacia el interior de la propiedad —, pero no hablemos de eso, deja que te enseñe dónde vas a dormir. Mañana va a ser tu primer día y tienes que prepararte para lo que haremos.

— ¿Mañana? ¿Qué pasa mañana?

No debió haberlo preguntado.

...

A la mañana siguiente...

— ¡Muy bien Goita! ¡Así se hace! — animaba el profesor dando palmadas

— ¡Bieeen! — dijo Ai con tono apagado, dando pequeñas palmas y rostro inexpresivo.

El rostro de Goita era un poema. Sudaba como un pollo en el horno, y daba cada jadeo que era como si hubiese hecho una maratón alrededor del planeta. Sus piernas le impedían correr que iba a una especie de trote lento balanceándose por la complexión de su cuerpo, y sus flotadores danzaban un arriba y abajo a cada paso que daba. Parecía un equilibrista en la cuerda floja a punto de perder el equilibrio.

Ai Haibara, noto que sus fuerzas no daban más. Era un pequeño comienzo. Sonó un silbato que llevaba consigo y Goita cayó al suelo mirando hacia el cielo despejado.

— ¡Esto es mortal! No me dijisteis que se trataba de ejercicio físico.

— Acaso si te lo hubiéramos dicho, ¿hubieras aceptado venir? — dijo Haibara, interrumpiendo su vista del cielo.

— Pues claro que no! — sé sincero Goita frunciendo el ceño

— Pues por eso mismo — dijo

— ¡Al menos no te quejes, que lo he dado todo de mi! Seguro que hice muchos kilómetros, verdad?

Haibara suspiro y dirigió su mirada hacia su derecha.

— Pues a decir verdad... Solo has hecho 200 metros.

— ¿Qué? —Exclamó el sofocado.

Goita mira hacia la derecha. Apenas a dos casas, se encontraba la puerta del profesor Agase y emitió un bufido.

— ¡N... no puede ser!— dijo con actitud de derrota — ¡Es... es imposible!

— ¡Vamos, vamos! No todo está perdido. — Le tranquilizó el profesor — piensa que solo estás empezando, cuando le vayas pillando el tranquillo iras mejorando.

—es que no lo ve ¿Profesor? Es una pérdida de tiempo hacer esto. Soy una bola de grasa, no puedo correr ni mover apenas las piernas. ¿Por qué no me prepara una posición que me permita adelgazar y así acabamos antes?—gritó frustrado. — La gente como yo no

—Con esa actitud no conseguirás llegar a ninguna parte— se sincero Haibara, molesta de escucharle —Me da asco la gente que se rinde sin haberlo intentado tan siquiera.

Haibara se aleja en dirección a la casa.

— ¿Y ahora qué mosca le ha picado?— dijo Goita enojado.

—Haibara en el fondo tiene razón. Ella está enojada porque sabe que tú tienes el potencial necesario para conseguirlo, solo que no quieres hacerlo. — confesó el profesor dándole una mano para subir.

—No es que no quiera, profesor, sino que no sé cómo hacerlo...— confesó frustrado, incorporándose.

—La respuesta es fácil, y se encuentra dentro ti— dijo el profesor poniendo una mano en la zona de su corazón.

"Dentro de mi..." Pensó, pero rápidamente a la mente le vinieron pensamientos negativos "¡Eso no me ayuda nada!"

—Venga, te enseñaré lo que vas a tener que hacer a partir de ahora— Entonces se aleja hasta la casa.

Dentro de la casa, estuvo atento a cómo el profesor reparaba una tostadora inteligente (una de sus nuevas invenciones, al parecer). Era ingenioso y muy rápido en los procesos: primero extrajo la tapa y con unas pinzas extrajo de la placa base una pequeña pieza rectangular y la depositó con cuidado encima de la mesa. Con un destornillador de estrella, sacó los tornillos y extrajo la placa dejándola sobre una superficie acolchada. Centro toda su atención en la placa, aproximando una lupa de grandes dimensiones a la cara.

—Muy bien, ahora debemos encontrar el fallo en la placa que pudo haber ocasionado el problema. A ver...— explicó el profesor mirando a través de ella.

Goita miró también. Rápidamente todos los elementos quedaron en su cabeza, como una máquina. Entonces noto algo raro y señaló un área concreto de la placa.

— ¿Ese chisme no está suelto?

Agase miro de reojo a Goita y luego a la placa, no podía haberse dado cuenta tan pronto. Aproximó el ojo de la lupa al área que señalaba y si, era verdad que ese conector faltaba ¿Como pudo haberlo pasado por alto? Lo que era más, estaba muy sorprendido por Goita.

—Eres muy observador Goita, pero "ese chisme" como tú lo llamas, es un condensador. —Concluyó el profesor poniendo un dedo bajo su mentón.— Con mucha practica, quizás valgas para esto.

— ¡No lo diga en broma, anda!— dijo sonriendo.

— ¿Acaso crees que me estés riendo? Lo creas o no, este trabajo se necesita mucha agudeza visual y lo que acabas de hacer, demuestra que la tienes — dijo el profesor, dándole golpecitos — ¿Lo ves? No eres tan inútil como te imaginas...

— La única cualidad

—Tienes grandes cualidades dentro de ti, Goita-kun, si te esfuerzas un poco más, podrás descubrir otras que ni te imaginabas que tenías.

Las palabras del profesor calaron a Goita como nunca antes. La semilla había sido plantada en un terreno regado por el agua.

Aquella misma noche, él no podía dormir. Salió de su cama, y caminó en línea recta hasta la cocina. Fue hasta la nevera, la abrió y buscó algo para comer. pero se dio cuenta que en aquel momento no estaba solo.

— ¿Sabías que comer entre noches ayuda a ganar peso?— dijo Haibara observándola desde la mesa, tenía puesto un pijama rosa de corazoncitos, mientras tecleaba en un portátil. Notaba que tenía ojeras de campeonato en su rostro inexpresivo.

— Oh, ¡Eres tú enana! ¿No me irás a juzgar ahora por comer una fruta, verdad?

— ¿Ahora comes sano? — preguntó con sarcasmo, poniendo una débil sonrisa.

—Por algo tengo que empezar ¿No? —respondió

Se acercó lentamente hasta la mesa, arrastró el taburete y se sentó con dificultad. Haibara lo noto por el rabillo del ojo, suspiro y señaló hacia el sofá que quedaba a unos metros.

—Si no quieres cargarte el taburete, es mejor que te sientes en el sofá.— dijo secamente, pero con un tono preocupado.

—Vale, Vale— volvió a levantarse, soltando un quejido y camino hasta donde había indicado, una vez que se sentó vio a la pequeña niña y con una media sonrisa —Por cierto, no te he dado las gracias por haberme salvado ayer.

Haibara dejo de teclear. Entorno los ojos con tristeza hacia la pantalla.

— ¡Idiota! Hice lo que cualquier ser humano haría en esa clase de situaciones. — explicó ella, entonces se cogió de su brazo. —Solo asegúrate de que esos pensamientos no se te vuelvan a pasar por la cabeza.

—Tranquila, eso no va a ocurrir.

—No es cierto— aseguró ella— Si te sigues infravalorando como ser humano, solo aumentarán tus ganas de querer quitarte la vida.

— ¿I... infravalorar? No sabes lo...

—Lo veo muchas veces en tu cara y en tu forma de actuar — Le interrumpió ella clavándole su mirada amenazante. Haciendo que por algún extraño motivo sintiera como si ella leyera su mente y no le quedará otra cosa que ser sincero. Goita trago saliva. Ella entrecerró sus ojos —. Eres tan obvio, como un libro abierto.

—Tienes razón, pero es complicado cambiar...— dijo entornando los ojos con tristeza — Toda mi vida he sido siempre así.

— ¿Y quién te dice que sea fácil? Todos pasamos por momentos muy duros en nuestra vida, pero mientras quede oxígeno en nuestros pulmones, debemos luchar para volver a levantarnos y correr de nuevo hasta la meta. Como hiciste hoy allá afuera, en pequeños pasos — cierra el portátil y le mira con seriedad —. Así es como funciona la vida y la sociedad en general.

Goita tenía un brillo de inspiración en sus ojos.

— ¿Te puedo preguntar una cosa? — pregunto sorprendido ante el razonamiento de la niña. Su silencio hizo que prosiguiera — ¿Porque siempre que hablo contigo, parece como si estuviera hablando con un adulto?

Los ojos de Haibara se abrieron sorprendidos por un momento, ¿Habría hablado de más para que sospechara su verdadera identidad? Examinó a Goita. No era un chico que fuera excesivamente listo a la hora de extraer semejantes conclusiones. Un adulto normal, vería raro que una niña de siete años actuará como una de veinte, y no digamos en inteligencia o en madurez. Aun así no tenía porqué alarmarse, a dia de hoy en el mundo no era raro ver a muchos niños con un coeficiente intelectual de la talla de Albert Einstein ¿A que ser racional se le pasaría eso por la cabeza lo del encogimiento? Tomo aire para tranquilizarse y enseguida recobro su habitual rostro aburrido y sarcástico.

—No sé a lo que te refieres — dijo tratando de rehuir el tema, poniendo tono de niña mientras se alejaba dándole la espalda— tan solo soy una niña de siete años.

—Claro, claro es solo que por un momento pensé que a lo mejor el profesor te dio alguna extraña poción que te transformó en pequeña, pero serán imaginaciones mías jajajaja

Haibara no dice nada durante un rato, aumentando la seguridad en la respuesta de Goita-Kun.

"¡Maldición! ¡Este chico no era como yo me esperaba!" pensó ensombreciendo el rostro. "¡Tengo que pensar en algo y rápido!"

—Espera... ¿E... entonces es verdad?— abriendo sus ojos en shock.

— ¡¿Eres idiota o qué te pasa?!— le dijo ella en tono cortante.

— Ya, imaginaba que sería imposible...—rectificó.

Haibara suspiro, pero en su mente sabia que debía estar en alerta a partir de ese día para no llamar su atención. Dio un salto al suelo desde la banqueta y camino hacia las escaleras, pero se detuvo un momento y le miró de nuevo.

—Oye, mañana habrá entrenamiento, así que duérmete pronto—dijo con autoridad.

—Ya... buenas noches...

Ella no le dice nada. El la vio caminar hasta desaparecer por las escaleras que conducen hasta la puerta de su laboratorio. Una vez que se quedó solo, Observó la manzana que tenía entre sus manos con un rostro cansado y suspiro. No podía negar las palabras de aquella niña ni tampoco las del profesor a la mañana.

Durante la mayor parte de su vida, ha huido de las responsabilidades y la dejadez en su salud. Ahora se encontraba atrapado entre sí hacerlo o no hacerlo. La pereza y su movilidad reducida eran sus dos grandes baches en el camino. Se sentía frustrado e impotente que no pudo evitar a echarse llorar en silencio.

De pronto, noto que había algo entre sus bolsillos. Por curiosidad, Lo saco y sus ojos se abrieron de golpe al ver la carta que le había escrito su madre. Lo recordó, el día que había tirado la carta a la basura, poco después la recogió, metiéndola en su bolsillo. Desde entonces trato de buscarla. Así que era en ese donde la había metido.

"Mamá, lo siento. Tanto Haibara como el profesor están seguros de que yo puedo cambiar, pero... ¿cómo puedo hacerlo si ni yo mismo se cómo?" pensó.

De pronto, el móvil que llevaba en sus bolsillos empezó a sonar. Hacía mucho que nadie le llamaba ¿Quién podría ser ahora? Sacó su smartphone con la mano derecha y sus ojos se abrieron llenos de sorpresa.

"¿El abogado de mi familia? ¿Porque me llamara a estas altas horas de la noche?"

Lo cogió y puso el auricular en la oreja, mirando hacia el bulto del profesor que dormía plácidamente.

—A... abogado, cuánto tiempo ¿Que hace llamándome a estas altas horas de la noche?—Susurro

"Hola Goita-kun, nada te llamo desde un avión a punto de despegar desde Estambul a Tokio" dijo el abogado, al otro lado de la llamada."¿Eh? ¿Goita-kun estás ahí? Te oigo muy bajo"

—Me he quedado en casa de unos conocidos de mi madre, por lo que no puedo hablar muy alto.

"Ah, entiendo. De acuerdo, seré breve" dijo el abogado "¿Te parece bien si mañana por la tarde quedamos para vernos? Hay algo que se me olvido darte"

—Claro, no hay problema— susurro sorprendido.

"Perfecto, nos vemos entonces" colgó la llamada. Goita retiro el celular de su oreja y se sorprendió ¿Que fuera aquello que se le olvido darle?

...

A la mañana siguiente.

Las piernas de Goita Kun iban más lentas que ayer. Sentía las agujetas como finas agujas clavándose en los tendones y los músculos de sus piernas. Era un dolor bastante desagradable. Al mismo tiempo, su mente no dejaba de preguntarse qué sería aquello que el abogado tendría que darle ¿Dinero?, ¿Una pequeña pensión alimentaria? Iba tan absorto que no se dio cuenta del poste que tenía en frente y se chocó de bruces contra él, cayendo al suelo con las manos en su rostro. Sentía la sangre caliente brotar de su nariz.

— ¿Se puede saber en qué ibas pensando tan distraído? Solo has hecho esta vez 100 metros—le recrimino Haibara echando fuego por sus ojos. Por un momento, sintió que iba a morir.

— ¡Lo... lo siento! ¿Pero no vas a preguntar si estoy bien?

El entrecejo de Haibara tembló y la vena de su frente se hinchó. Parecía una fiera aún más terrorífica y dio media vuelta caminando sobre sus pies.

— ¡Acompáñame!— dijo mirándole sobre su hombro con seriedad.

Lo llevó hasta una sala estrecha en el interior de la casa, donde las ventanas estaban abiertas y una brisa soplaba moviendo las cortinas blancas. Goita se sentó en una camilla y quedó mirando la sala. Las paredes estaban llenas de estantes con inventos y un pequeño armario con medicinas. Miro a la niña hurgar en el armario buscando lo necesario. Después, arrastró con el pie un taburete que había al lado de la puerta hasta quedar enfrente suya, se subió de un salto y ambas cabezas quedaron a la misma altura.

— ¡AUCH! — se quejó Goita con los ojos cerrados, al poco tiempo.

— ¡Quieres estarte quieto! ¡Ni siquiera te he tocado!— protestó ella con seriedad mientras trataba de curarle una pequeña inflamación en la frente, en su mano tenía un pequeño algodón empapado con alcohol — ¡Pareces un niño! ¡Compórtate como un adulto!

—Mira quien fue a hablar.— se burló molesto sin abrirlos.

Haibara frunció el ceño molesta y aproximó el algodón a la piel escociendo, no sabía si lo hizo a posta o no, pero enseguida dejó de escocer la herida y la sensación se sentía cálida. Abre los ojos y se encontró a unos centímetros el cuerpo delgaducho de la niña, levantó un poco su mirada encontrarse el rostro concentrado de Haibara.

—¡Trata de no mover mucho la cabeza!— le ordenó ella.

Obedecio a su orden sin entendía como una niña de su edad podía llegar a imponer tanto. Estaba tan seria y concentrada en lo que hacia que de pronto, ella suspiró como una madre cuida a su hijo y Goita se avergonzó un poco.

—Gracias... no tendrías porqué estar haciendo esto. — Rasca él con sus dedos de la mano derecha su mejilla avergonzada, dándose de cuenta en qué lado estaba— Se siente un poco patético que una niña cuide de mí.

Haibara no dijo nada, en su lugar con la mano libre le dio un pequeño golpe en la palma de la mano para que la bajara. Entonces ella habló.

—El profesor tuvo que ir a visitar a un amigo en común. Si no era él, era yo. — Confesó limpiando la herida, le miro a los ojos un momento y preguntó de forma más relajada —. ¿En qué estabas pensando para chocarte contra el poste?

—No es nada... El abogado de mi familia me llamó anoche desde un avión para hablar conmigo, de una cosa del testamento— confesó.

—Hmm...— Dijo tratando de parecer desinteresada, sin éxito—. ¿Te dijo que era?

—No, íbamos a quedar hoy para vernos. No sé lo que será que tiene para darme, pero todo el dinero y las pertenencias que teníamos, se nos la quedó el banco para pagar parte de las deudas, pero no fue suficiente. — explico, y aprieta los puños — si mi padre las hubiera pagado en lugar de dejarnos con ellas.

Haibara notaba cierta incomodidad en sus palabras, tomó aire y siguió por un camino diferente.

—Cuando mis padres murieron, ellos me dejaron un legado de cintas numeradas,con las voces de ellos— dijo ella con una débil sonrisa.— Siempre que las escucho una por una, me recuerda que no debo bajar la guardia y mejorar como persona, sino ellos seguro que no estarían contentos con mi actitud.

—Eres muy valiente, Haibara, no como yo... — dijo algo triste. — No sé qué será lo que me quiera entregar el abogado, pero si son cintas con la voz de mi madre, deben estar llenas de odio hacia mi persona. Después de todo, no fui capaz de mover un dedo por ella cuando más me necesitaba. Me lo merezco.

Haibara ceso de curar la inflamación, miro a Goita con mirada inexpresiva, haciendo que este se incomodara. Ella frunció el ceño y le dio una bofetada que resonó por toda la casa. Goita se llevó la mano a la mejilla y se quedó mirando a Haibara, quien dio un salto del taburete y quedó de espaldas.

— ¡Eres patético, Goita-kun!— gritó ella — Una madre como la tuya, es una verdadera luchadora. Ella te amo hasta el último momento de sus fuerzas que no fue capaz de pedirte ayuda tan siquiera. Madres como ella no hay en el mundo, así que haz el favor y cumple su última voluntad.

Haibara salió de la sala enojada, cerrando con un fuerte golpe la puerta. Haibara se apoyo contra la puerta y su mirada se torno triste.

—No, yo no soy tan valiente como piensas...— se dijo a sí misma con los ojos llorosos, mientras caminaba hacia el laboratorio.

...

Por la tarde, en una cafetería del centro, el abogado observaba el movimiento de las personas por la acera, a través del enorme ventanal con las siglas Poirot en semicírculo pegadas. Un joven de buen aspecto y cabello blanquecino se acerco a el con una sonrisa, llevando consigo una jarra con cafe.

— Aqui esta su café, señor Noburo — dijo el joven, con cordialidad. — ¿Espera a alguien?

— Muchas gracias, Amuro. — respondió agradecido y sonrió con calidez —. Pues si, espero a un cliente. — Su atención cayó rápidamente en un joven que reconoció nada más verle.— Y al parecer ahí llega — Hace un saludo hacia la ventana, quien enseguida se da cuenta y entra por la puerta de la cafetería, sonando la campanilla colgada.

Amuro, al verle sonrió calidamente.

— ¡Buenas tardes, bienvenido al Poirot!— dijo regresando tras la barra.

—Ehm... Gracias...—dijo mirando a Amuro y luego al abogado que se levantó para recibirle.

—Me alegro que hayas podido venir con tan poca antelación, Goita-kun— exclamó alegremente levantándose de la silla estrechandole la mano con una sonrisa brillante.

—No ha sido nada — dijo el avergonzado. Miro al resto de mesas a su lado, las personas que estaban sentadas, le miraban furtivamente y las que estaban en la barra susurraban "¿Has visto a ese chico?". No parecían estar acostumbradas a ver a alguien de semejante corpulencia entrar en una cafetería. Trato de no darle importancia y rápidamente miró al abogado que seguía sonriendo — Tenía tiempo, así que pude venir.

—Ajam, Adelante, toma asiento. — le interrumpió un momento señalando la silla que tenía en frente. Ambos se sentaron al unísono y el abogado prosiguió —. Así que... ¿conseguiste un trabajo?

—Se podría decir que sí.

— ¡Qué bien! Eso es bueno, cuanto antes puedas pagar la deuda, más estarás libre. — Llevó a sus labios el contenido de una taza de café que tenía sobre la mesa. — ¿Quieres tomar algo? ¡Yo invito!

—Ehm, no hace falta. Gracias — dijo incómodo. Entre las miradas furtivas de los clientes, los susurros y las posibles preguntas que le haría el abogado, hacían que quisiera salir de aquel lugar cuanto antes. Se lanzó directamente al tema — Oiga, dijo que tenía algo para mi, ¿no?

— ¡Oh, sí! Espera— dijo alarmado y empezó a rebuscar en el maletín. Extrajo un sobre blanco y lo puso encima de la mesa y lo arrastró hacia él — El día que vino a verme tu madre para lo del testamento, me pidió que esperara unos días después de su muerte para que te entregara esto. Como ha pasado unas semanas, creo que es conveniente hacerlo ahora.

— ¿¡Una carta!?—pensó Goita abriendo los ojos sorprendido.

— Si. Es su última voluntad. No sé qué contiene, pero debe ser muy importante.

—A mi madre siempre le gustaron este tipo de cosas— confesó con una sonrisa triste, mientras en su mente se formaba la imagen de una mujer muy guapa sonriente. — ¿Puedo abrirla?

— Esa es otra parte — declaró el abogado — Ella me pidió expresamente que la leyeras cuando estés a solas

Goita miro la carta con preocupación y su rostro se ensombreció DE MIEDO, no era una grabación, pero las palabras escritas quedan grabadas en la mente.

El abogado no dijo nada, se quedó mirando con compasión al joven y luego a su taza casi vacía. Resopló fastidiado, y no tuvo otra que mirar hacia la barra.

— Amuro, tráigame otro café, por favor.

...

Aquella misma noche. Goita Kun observó a la luz de una lámpara. Su cuerpo estaba tenso y eso que aun no la había abierto. En el fondo, sabía que esa carta contenía todas aquellas palabras que ella nunca pudo decirle y eso le aterraba. En ese momento, recordó las palabras de Haibara. Aquella era la última voluntad de su madre y se lo debía. Nunca hizo nada por ella, esta era la única forma de compensarlo.

Cerró los ojos y soltó aire por su boca, repetidas veces, hasta sentirse preparado.

"Bien, vamos allá" pensó convenciendose a si mismo.

Abrió los ojos. Rompió el sobre y sacó el papel doblado de la carta y lo desdobló. Los ojos de Goita se fueron a posar en el primer trozo de carta que decía "Mi querido Goita-kun" era como si aquella parte del mensaje, fueran las palabras de su madre enviadas desde el más allá. Algo que la primera vez no había conseguido captar. Empezó a leer el resto del contenido.

Siento mucho que esto haya tenido que pasar. La muerte, nos viene a todos los seres humanos en el momento menos oportuno. Es por eso que quiero que vivas la vida. No tan encerrado entre cuatro paredes. Sal, disfruta de lo que queda de tu juventud, tienes 23 años y una larga y preciosa trayectoria. Tienes que descubrir eso que te mueve a seguir adelante.

Para empezar, le pedí a un viejo amigo que te ayude. No desperdicies está oportunidad.

Y otra cosa, no te culpes por las decisiones que he yo he tomado en esta vida. Lo mejor que me ha pasado, eres tú.

Te quiere.

Tu madre.

Una vez que la finalizó de leerla. Varias gotas, caían sobre el papel corriendo la tinta de las palabras. Por las mejillas de Goita se formaron dos riachuelos de lágrimas y por su boca, dejaba escapar un largo y profundo gemido lleno de un gran hundimiento y vacío personal. La desolación y malestar que sentia no era nada comparable a lo que había sentido nunca. Ahora, cada palabra parecía cobrar un significado especial para él. Sentía que su vida no había sido más que un intento inútil y patético de subsistir y que tenía que cambiar esa forma de ser. Algo nuevo nació dentro de él. Aquella semilla plantada había conseguido echar raíces, como finas excavadoras rompiendo cada nivel de tierra para poder expandirse y crecer.

Aquella carta, como las cintas grabadas para Ai Haibara, fue el mejor legado que podia haber recibido por alguien que le queria de verdad. Levantó su mirada hacia la habitación, miró al profesor Agase dormir como un tronco y sin hacer ruido, salió al jardín usando la puerta corredera, llevando la carta consigo.

La brisa de la noche acaricio su cara llevándose sus lágrimas. Era una sensación muy reconfortante, era como si por un momento su madre estuviera allí con el. Una sonrisa brillante se le formó en su rostro, y se llevó la carta a su pecho.

"Gracias mama, gracias..." dijo derrumbándose en el suelo entre lloros amargos y un espíritu de motivación nació dentro el "Te prometo que cambiare. ¡Lo haré para que te sientas orgullosa de mi!"

...

A la mañana siguiente, Ai Haibara despertó por el ruido de su despertador. Se incorporó en la cama toda desvestida y con el pelo revuelto y los ojos tan achinados por el cansancio que parecía como si hubiese estado en una secadora toda la noche. Dio un amplio bostezo, se rasco uno de sus costados aun aturdida y salió de la cama arrastrando su cuerpo. Una vez en el baño, se desnudó y se dio una ducha caliente para despejarla, pero solo con recordar lo que le esperaba hoy, le quitó ilusión a su vida.

"hoy también será un día largo." pensó con la mirada seria, mientras el chorro de agua caía sobre su cabeza. Poco después, sale de la ducha con la toalla rodeando el cuerpo y usa un secador frente a un espejo, para darle volumen a su cabello "Ayer tuvo esa reunión con el abogado y no se si estará en condiciones para superar los cien metros de distancia"

Poco después de vestirse, sube las escaleras del laboratorio y se dirige a la cocina. Al parecer era la primera en despertar. Activo la cafetera con el café dentro y colocó una taza al lado. Mientras esperaba a que el café se hacía, notó que corría algo de aire en la cocina ¿Dejaría el profesor alguna ventana abierta? Revoloteo su mirada por la estancia y para su sorpresa, un pequeño resquicio de la puerta corredera de cristal que daba al patio, se encontraba abierta.

"Habrá salido alguien al patio"

Sorprendida, abrió la puerta y pudo escuchar una serie de quejidos provenientes de la parte de atrás ¿Que estaría pasando?

Haibara piso la hierba con rocío, enchumbando sus sandalias, pero no le importaba en aquel momento, la curiosidad podía con ella. Se fue acercando a la voz y al torcer hacia la derecha en la casa, su rostro se le ilumino al ver lo que parecía ser un milagro.

Goita-kun estaba estirado haciendo lo que parecían ser los abdominales más absurdos y surrealistas que haya visto. Sus patas cortas y el cuerpo estaba bien estirado, pero sus carnes tocaban el suelo impidiendo flexionar sus hombros.

Ella apoyó su cuerpo contra la pared exterior de la casa, contemplándole con satisfacción y una sonrisa muy amplia en sus labios. Aunque fuera patético, reconoció el esfuerzo que estaba poniendo en ello, imagino por su rostro cubierto de ojeras que estuvo toda la noche intentándolo. Era sin duda un buen comienzo. Sin más volvió a caminar hasta la casa, sin antes decir:

— Creo que eres mucho más interesante de lo que me imaginaba, Goita-kun — lo admitió cerrando sus ojos con una amplia sonrisa.

...

— ¡Venga Goita-kun casi lo tienes! — la voz del profesor resonó por toda la calle animándole.

Goita movía su cuerpo hasta el límite, sus piernas cortas robustas luchaban por mantener el equilibrio y sus flotadores de grasa y músculo, rebotaban haciendo el paso más lento y cansado, reflejándose en la cara roja y sudada de Goita; estaba en los límites de su cansancio, el final de la calle daba la sensación de estar aún más lejos, pero prometió a sí mismo y a su madre que no se rendiría... aguanto y aguanto, pero llegó un momento en que su cuerpo terminó por vencerlo, tropezó y cayó de morros al suelo.

Haibara y el profesor corrieron alarmados hasta Goita.

— ¿Estás bien?—preguntó Haibara preocupada.

Goita al darse la vuelta, les miro a ambos y en su cara había una sonrisa animada de total satisfacción que iluminó sus rostros.

— ¡Mejor que nunca!, ¡Dejadme intentarlo una vez más... pero cuando haya descansado un poco!

FÍN


Y hasta aquí el final de esta historia. ¿Qué os ha parecido? Dejadme vuestro comentario y comentadme si queréis que haya o no, una secuela. Muchas gracias por leer. ¡No vemos!