Nota: Claramente tomé esta escena del baño del canon y la adapté a mi shipp. No leo lloros. Únicamente pido perdón si quedó ooc o soso. Es tarde y, bueno, quería escribir esto para Milo. Y porque odio el canon, que se joda.


I.

Ruby no sabe exactamente por qué la ha invitado a tomar un baño a su lado, eso puede percibirlo Freya en su silencio casi quietud. No es algo que deja pasar pero tampoco algo en lo que quiera profundizar; su invitación ha surgido de un capricho, de querer pasar un ratito más con ella.

No es como que bañarse sea algo malo.

Toma su mano con suavidad y ternura, sosteniéndola sobre la suya haciendo que la mire. Freya le dedica una sonrisa que susurra "Todo está bien" antes de tirar de ella y encaminarse así a la amplia bañera con agua caliente y reconfortante que les espera humeante.

No hay nadie más, sólo ellas en esta habitación.

– ¿Cuál esencia te gusta más, Ruby? ¿Lavanda, rosas o fresas? ¿O prefieres algún aceite corporal? – le pregunta, tomando entre sus manos los pequeños frascos, cerciorándose de que todavía estén llenos o bien cerrados. Al no obtener una respuesta, decide mirarla y llamarla –. ¿Ruby?

Rudbeckia parpadea, saliendo de una especie de trance antes de sonreírle con ligero nerviosismo y pena –. Perdón, Frey, eh… ¿Cuál fue la pregunta?

Freya se guarda un suspiro y una mueca de preocupación, en cambio, decide sonreírle y responder con calma –. Que si querías alguna esencia o un aceite corporal.

– Uh, cualquiera de las dos está bien.

– De acuerdo… Entonces el de rosas será.

Los dedos de Freya son amables y cálidos, desenredan sus cabellos con delicadeza y destreza, y cuando sus uñas rascan su cuero cabelludo, le hacen sentirse cuidada. Casi como si ella en verdad fuese humana y tuviera derecho a sentir cariño.

A sentirse querida.

– Aquí viene el agua~.

Una sonrisa pequeña se dibuja en sus labios mientras siente el agua caer en su cabeza.

II.

Cuando le toca tallar su espalda, no puede evitar hacer una mueca de tristeza ante las enredaderas de espinas en su espalda. Sabe la historia detrás de estas marcas y quién las hizo.

Le duele.

Le duele ver estas cicatrices pero sabe que no hay nada que pueda hacer por estas. Así que sólo se inclina y las besa en silencio, porque son parte de Ruby.

(Y Freya a jurado amar todo de Ruby).

Se anima un poco al ver las puntas de sus orejas rojizas.

III.

– Ruby… ¿Crees que me excedí?

Ambas yacen entre las mantas con camisones, acostadas en la cama y habitación de la rubia cenizo. Donde Rudbeckia se ha metido entre sus brazos y recostado su cabeza en su pecho mientras Freya peina sus cabellos con amor y cariño, lentamente, con sus dedos.

Ruby lo piensa un rato, antes de suspirar y acurrucarse más contra Furiana.

–… No, pero… ¿No te dio asco…verlas?

– No… puedo entender que no quieras que las vea, pero – detiene sus caricias para acunar sus mejillas en sus manos y mirarla a los ojos. Donde el zafiro temeroso se encuentra con la amatista sincera –, son parte de ti. Y yo amo cada parte de ti, Ruby.

– ¿Cada parte…?

– Cada parte, todo – deposita un beso corto en su frente, uno en la punta de su nariz y por último uno en sus labios para luego separarse y sonreírle –. Y te lo puedo demostrar.

Un rubor aparece en el rostro de Rudbeckia ante el significado detrás de esa oración. Pero antes de que pueda hacer algo, Freya se ha escurrido entre las mantas y entre sus piernas.

– ¡E-Espera, Frey…!

Esa noche Rudbeckia es amada devotamente.