Me voy a distraer un rato de TODO LO QUE TENGO PENDIENTE, ASÍ ES, SEÑORES, NO HE ESCRITO NADA.
Bienvenidos a mi primer NTR, pero esperense, antes de que saquen las antorchas, la categoría de este fic es hiccstrid. Acá ellos son la pareja principal, jajaja, no voy a poner a ninguno de los dos engañando al otro. A mí tampoco me gusta eso :c
Pero, ellos sí que van a engañar a alguien más.
Eh, este fic se me ocurrió después de que me acordé de un fic que leí hace añoooos, en serio, años, ya ni me acuerdo ni siquiera de que fandom era. Eso y también está basado en el cuadro de Gil Elvgren "Perfection", que me gustaría poner de portada, pero es un desnudo y que raro jaj. Esta cosa es una amalgama de muchas otras, espero que sea corto.
Siempre digo eso y termina de más de 14 mil palabras :c
Spoiler: Efectivamente, esto es de 18 mil palabras.
Bueh, ya, aclarando todo eso, ustedes pueden leer XD
Bienvenidos a un fic dónde Hiccup es un artista en busca de realizar un cuadro importante y Astrid una modelo que le debe un favor a una amiga.
— Déjame ver si entendí…— la rubia colocó sus manos en las caderas, tratando de comprender lo que le estaba pidiendo su amiga —. ¿Quieres que yo me desnude ante un tipo?
La carcajada de Heather resonó por todo el café.
— ¡No! ¡No dije eso!— gritó de vuelta Ruffnut, estampando sus manos contra la mesa —. Bueno, técnicamente sí es eso, pero no es. Es arte, Astrid —. apuntó, Astrid simplemente negó con la cabeza —. Hiccup es pintor.
— ¿Y se llama Hiccup?
— ¡No! ¡Así le decimos mi hermano y yo! Su nombre es Hayden. Hayden Haddock, lo puedes buscar… ¡Es más! ¡Heather, búscalo ahora en Google!— le exigió a su amiga pelinegra, quien solo parecía divertida con la escena. Ella sonriendo, extrajo el teléfono de su bolsa e hizo lo que su amiga le pidió —. ¡Así verás que no te estoy mintiendo!
— Ah, sí, el sujeto existe.
— ¡Ja!— exclamó Ruffnut triunfante, Astrid rodó los ojos mientras se acercaba al teléfono de Heather, ella le mostró lo que había encontrado: cuadros, pinturas, dibujos, mismos que hicieron que la rubia alzara las cejas—. Huh, Ruffnut definitivamente no mentía, el amigo de su hermano era bueno. Muy bueno dibujando, específicamente, mujeres desnudas —. Vamos, Astrid, no es tan malo… Yo misma lo haría…
— ¿Y por qué no lo haces tú?
— ¡Ya te lo dije! El sujeto que pagará el cuadro quiere a una modelo. No quiere a una chica ordinaria… agh, es un pesado —. Ruffnut se cruzó de brazos —. Te pagarán bien, en serio, van a exhibirlo en una galería de arte…
— No sé si quiera que cientos de personas me vean desnuda en una galería de arte —. Astrid continuaba renuente —. Jamás he aceptado un desnudo, Ruff, ni siquiera conozco a este sujeto o al comprador, ¿Qué tal que son unos asquerosos? ¿Has pensado eso?
— Hiccup es un profesional. Es demasiado educado, en serio.
— ¿Es gay?— preguntó Heather, la diversión para ella no paraba.
— ¡No!— espetó Ruffnut con una mueca, como si Heather hubiese dicho una grosería —. ¿Que un hombre heterosexual no puede ser educado?
— Solo decía.
— Bueno, podemos decirle a Hiccup que modifique tu rostro, ¡Yo puedo estar contigo en todo el proceso!— insistió, realmente quería que Astrid aceptara. Parecía desesperada, pero no tanto como Hiccup, quien, aunque ya había llamado a todas las agencias de modelos de Berk, ninguna le daba respuestas.
Mujer mayor de edad, ojos azules, rubia, alta y con caderas grandes. Eso era todo. Solo la vería unas cuantas sesiones, la paga iba a ser buena, sin embargo, ninguna agencia parecía tener a alguna chica disponible, y Viggo Grimborn no estaba muy contento con tener a Ruffnut Thorston en su cuadro.
Puede ser, también, que Ruffnut haya caído accidentalmente sobre él, derramando café hirviendo sobre su camisa. Eso le había quitado puntos vitales.
— ¿Tiene que ser rubia?— Heather mostró interés. A diferencia de Astrid, ella no se sentía tan incómoda con el hecho. Ruffnut asintió haciendo un mohín —. Ponme una peluca y lo hago.
— ¿En serio?— le preguntó Astrid a Heather.
— No suena tan mal. El tipo dibuja bien. Además, no es como que vayamos a hacer porno…
Astrid suspiró —. No es eso. Es… no lo conozco.
— Tú misma me dijiste que querías volver a modelar. — atajó Ruffnut —. Esto es como una foto, solo que sin ropa y… posando más tiempo —. dijo, poniendo su mejor cara de cachorro suplicante —. Por favor, Astrid, serías toda una celebridad… ¡Haré lo que quieras si dices que sí! Además me debes una —. finalizó con un puchero —. Dí que sí… anda…
Astrid suspiró, sí le debía una a Ruffnut, no solo eso, le había atacado con eso de ser modelo. Astrid no había modelado en un año, bueno, no había modelado desde que Eret y ella se habían mudado juntos; la estabilidad económica que brindaba Eret parecía ser suficiente como para sacarla de su agencia. Tampoco es como que extrañase mucho estar en una agencia, la paga no siempre era buena, las exigencias en medidas se llevaban la peor parte, pero… le estaba yendo bien en los llamados que le hacían.
Ahora ya no necesitaba el dinero, podría hacerlo solo como un hobby, sin embargo, no quería soportar las exigencias de una agencia, y los representantes son caros, ser modelo independiente era difícil a pesar de ser medianamente conocida en el medio… No solo eso, su próxima boda había absorbido casi todo su tiempo libre.
Luego estaba el tema del desnudo. No solo no se sentía tan cómoda con que un hombre la mirara fijamente durante horas, sino que, bueno, no sabía si ella era exactamente lo que estaban buscando. Ese tal Viggo Grimborn parecía ser exigente, ¿Y si buscaba a alguien con medidas exactas? Ella ya no las tenía, puede que sus caderas hayan aumentado, quien sabe, tal vez su rostro no le guste, puede que al sujeto le gusten los rostros más dulces…
— ¿Y si no le gusto al sujeto?
— ¿Por qué no le gustarías? ¿Te has visto en un espejo? Eres la rubia más despampanante de todo Berk —. respondió Ruffnut, mirándola de arriba a abajo —. Anda, dí que sí. Hazlo por el gato de Hiccup —. tomó su teléfono y buscó una foto en su galería: un lindo y tierno gato negro —. Si dices que no, esté dulce y tierno gatito se quedará sin comer por meses…
— Ruffnut, dudo mucho que tu amigo quede en bancarrota si digo que…
— ¡Meses! ¡Quizá se muera! ¡Mira al gato, Astrid!— suplicó Ruffnut usando un tono dramático. Demasiado, de hecho —. ¿Le dirías que no a esos ojos?
Además, no le vendría mal un ingreso extra. Podría comprar una buena cámara con eso. Vamos, su más grande sueño es ejercer su carrera de fotógrafa profesional…
Y no, jamás podría decirle que no a un gatito tan tierno.
— De acuerdo —. aceptó al fin, Ruffnut lanzó un grito de victoria. Heather sonrió, complacida con la resolución del conflicto —. Pero no haré nada extraño, ni poses extrañas. Y si a tu amigo si quiera se le ocurre tocarme, le rompo las piernas…
— Pierna —. corrigió Ruffnut. Astrid y Heather se miraron entre sí, confundidas —. Hiccup solo tiene una pierna. Bueno, tiene una y media, es una larga historia. Pero descuida, Hiccup sería incapaz de hacer esas cosas, en serio.
— ¿Cómo es que…?— empezó, sin embargo, ahora que lo pensaba bien, no quería una explicación a eso en este momento —. No importa. También quiero que estés conmigo en todo momento, Ruffnut, te juro que si me dejas sola en ese lugar yo…
— Me vas a romper las piernas, ya sé —. aceptó Ruffnut de un humor estupendo de todas formas. Se levantó de su sitio para abrazar a su amiga, a pesar de que Astrid no estaba acostumbrada al afecto excesivo —. ¡Eres la mejor! ¿Lo sabes, verdad?
— Sí, me lo dicen seguido.
Hiccup no estaba acostumbrado a trabajar en un lugar que no fuese su estudio. Tampoco le agradaba la idea de trabajar para Viggo Grimborn, sin embargo, está oportunidad era demasiado importante. Uno de sus cuadros podría ser expuesto en la galería de Viggo… ¡Dioses!
Aún así, Viggo era el hombre más exigente del mundo. Este no sería un cuadro para nada fácil, y a pesar de que este estudio era mucho más grande que el suyo, no se sentía tan cómodo. La única parte buena era que Ruffnut había conseguido una modelo para él.
Era perfecta. Había visto todo su book, cumplía con todas las características y se notaba su experiencia, incluso se atrapó a sí mismo reconociéndola de algún comercial o alguna publicidad de por ahí. Fue un milagro que ella aceptara, en especial porque había sido de último momento… ya sabría cómo agradecerle, quizá debería comprarle algo… o…
O podía invitarla a salir.
Ya, vale, sí, la modelo era demasiado atractiva para él. Demasiado. Le había gustado en el mismo momento en el que vio sus fotos, pero no era más que atracción física, además, no hablaba en serio, él tenía la regla de no salir con ninguna de sus modelos. No sería para nada ético.
Además, seguro que ya tenía novio. Seguro que tampoco querría salir con un desconocido que la miró desnuda por horas. Sería raro, ¿No?
Todo estaba listo, la escenografía, sus materiales, hasta Toothless se encontraba ronroneando en el banco que se supone iba destinado a Hiccup. Era parte del trato, Hiccup haría el cuadro en el estudio de Viggo siempre y cuando Toothless también fuera.
— ¡Ya estamos aquí!— avisó Ruffnut entrando al estudio, con la modelo a un lado de ella, ambas con ropa adecuada al clima. El invierno de Berk era helado. Y justo hoy, hacía un frío de muerte; a pesar de la calefacción, Hiccup y Toothless llevaban suéteres (a Valka, la madre de Hiccup, le encantaba tejer suéteres. Siempre hacía suéteres iguales para Hiccup y Toothless), no quería imaginar lo que sentiría la pobre modelo al tener que estar ahí, en el frío estudio, sin nada de ropa. — Había demasiada nieve, están despejando la calle veintitrés, ¿Sabían eso?— Explicó el retraso la gemela, sonriendo tanto para Hiccup como para Viggo, quien, al contrario de Hiccup, no se veía contento con el retraso —. ¡Oh! ¡Ella es Astrid! ¡Astrid…!
— Hofferson, sí —. la interrumpió Viggo, con los brazos cruzados —. El señor Haddock me envió su book. Muy impresionante —. se adelantó, ignorando por completo a Ruffnut, quien hizo una mueca y se cruzó de brazos. Astrid comprendió que Ruffnut no mentía, Viggo era un hombre grosero —. Viggo Grimborn, director de la galería de arte. Supongo que la señorita Thorston fue quién le informó sobre nuestro proyecto.
Prácticamente le había rogado, pero, sí, técnicamente sí —. Encantada de conocerle —. eh, no, en realidad no —. Sí, Rowan me dijo todo lo que se debe hacer aquí —. usó directamente el nombre real de Ruffnut en vez de su apodo, no le pareció apropiado usar "Ruffnut" frente a Viggo.
— Supongo que sabe, entonces, que debe firmar una responsiva —. oh, eso no lo sabía, de igual manera, le pareció lógico, aunque no le gustaba la idea. Siempre que le pedían a una modelo firmar una responsiva, había algo raro detrás. No hizo ningún gesto de desacuerdo de todas formas —. Es de rutina. Le aseguro que no hay nada…
— No te pediremos nada extraño. Es solo para poder usar tu cara en el retrato —. se metió el pintor. Se encontraba recargado en una de las paredes del enorme estudio, relajado. Astrid alzó las cejas al verlo, primero que nada, porque no había reparado en él desde que llegó, y segundo, porque había interrumpido a Viggo Grimborn como si nada.
Si había una palabra para describirlo, era relajado. Todo en él parecía eso, desde su postura, su suéter verde holgado, sus vaqueros azules y las botas café que estaba usando, hasta su cabello despeinado, ¿Se había visto al salir de casa? Parecía que no, seguro que solo salió de ducharse y ni siquiera se molestó en pasar un peine por el largo cabello castaño.
Le sonrió con amabilidad, incluso le saludó sacudiendo su mano. Astrid le devolvió el saludo, no muy convencida.
Bueno, de que tenía pinta de pintor loco, la tenía.
— Ya debe conocer al señor Haddock. Él será nuestro pintor estos días —. agregó Viggo Grimborn, un tanto molesto por la interrupción —. Insolente como siempre.
Vio al pintor encogerse de hombros con altanería, como si no le importara. Raro.
— Regresando al tema de la responsiva, supongo que quiere leerla a detalle.
— Por supuesto —. claro que eso haría, la leería a detalle.
Hiccup fue el que le pasó la tabla de madera con el documento. Ya frente a ella, se sintió extrañamente débil, podía deberse un poco a que ella era mil veces más bonita de cerca.
No sabía cómo iba a sobrevivir estás tres semanas.
Leído el contrato, habiéndolo aceptado después de ver qué todo esto estaba en regla, y con su firma sobre él, empezaron los preparativos. Le indicaron dónde desvestirse, le pidieron a Ruffnut el maquillaje específico que querían… todo estaba en orden.
Bueno, salvó tal vez por el gato durmiendo, pero le gustaba su presencia.
Tiempo del trabajo de Ruffnut: el maquillaje. La idea del cuadro era lo vintage, por lo que el maquillaje debía ser clasico, un cat eye de color negro, pestañas postizas no muy espesas ni largas, puesto que los ojos de Astrid eran lo suficientemente llamativos como para eso; el rubor la hacía ver sana, pero no conforme con eso le preparó la piel del rostro y aseguradonse que el tono del cuello no desentonara con el de la base de la cara. Lo único que resaltaba del maquillaje eran los labios rojos. El cabello estaba sostenido por una media trenza, que caía junto con el resto de su cabello suelto, con sus suaves curvas naturales. La rubia se veía exactamente como una modelo pin-up de los años cincuenta.
Una vez estuvo lista, Astrid salió del vestidor con una bata, muerta de nervios, pero sin demostrarlo.
El pintor alzó la vista cuando ella se acercó, se encontraba jugueteando con lo que parecía ser un muñeco de madera articulado. Le volvió a sonreír, aunque de una manera más torpe, al parecer ya no parecía tan altanero cómo hace un rato, sino más bien nervioso de tenerla tan cerca. Era normal.
— Hola —. la saludó, tratando de no parecer un idiota. O un raro. O los dos —. ¿Estás lista?
— Claro —. claro que no. Igual no había vuelta atrás y Astrid nunca demostraba miedo —. ¿Tú vas a decirme cómo debo ponerme o…?
— En realidad lo hace esto —. señaló al muñeco. Astrid pareció confundida y Hiccup se sintió estúpido —. Eh, esto… Es un maniquí, y, bueno…— vamos Hiccup, por los dioses, no eres un novato —. Es para indicar la posición en la que vas a estar. Yo no… no voy a tocarte si no quieres.
Bueno, eso era un alivio.
— ¿Solo debo imitarlo y ya?
— Esa es la idea, sí —. asintió, antes de colocar al muñeco sobre su base, sentado —. Supongo que conoces el pin-up, ah… tengo un álbum justo aquí —. dio una vuelta completa sobre su eje, buscando algo detrás de él. Jadeó al encontrar en donde lo había dejado, puesto que Toothless se encontraba durmiendo plácidamente sobre él —. Espera, yo…— tomó al gato en sus brazos, ganandose protestas por parte del gato negro. Astrid lo reconoció como el culpable de tenerse ahí, Hiccup solo tomó el álbum y dejó al gato sobre el banco de nuevo. Toothless se sacudió, dio un par de vueltas y se acomodó sobre el banquito para volver a dormir.
Astrid tomó el álbum y lo ojeó, claro que sabía qué era el pin-up, casi siempre se trataban de modelos sonriendo o con poses sugerentes, usualmente en ropa interior o con vestidos pequeños o ajustados.
— A Viggo le gusta el arte de Gil Elvgren, eh…— Hiccup trató de explicar el concepto del cuadro —. Aunque le gustan más que sean actividades cotidianas… es un poco largo de explicar. Mira, como está de aquí —. señaló una de ellas, un dibujo hecho con carbón de una mujer recostada sin nada de ropa, mirando a un punto en específico, aburrida*. Astrid alzó las cejas —. O está de aquí —. cambió la página y le enseñó el cuadro que más le gustaba de dicho autor: "Perfection", el cual retrataba a una mujer probando qué flor le quedaba mejor en el cabello, sobre un fondo blanco y mirándose en un espejo —. El tema es ese, un cuadro que parezca clásico, como si se dibujara a una modelo pin up, pero que se vea tan cotidiano que, al analizarlo no lo sea —. explicó, tratando de ponerlo en palabras, sin embargo, al verla entrecerrar los ojos, se sintió nervioso —. Pero si hay algo que te moleste o que… o que necesites que…
— ¿Tiene que verse sugerente pero cotidiano?
— Sugerente no. Solo… Cotidiano —. pasó una mano por su cabello, revolviéndolo aún más. Los mechones cerca de sus orejas se encontraban un poco más cortos que el cabello del centro, huh, mullet largo. No solo eso, se veía suave al tacto.
Se miraron por un segundo, Astrid trató de imaginarlo, un estilo clásico, como de revistas con modelos pin-up, viéndose relajada, estando completamente desnuda. No sonaba tan mal.
— Bien, supongo —. usualmente, las poses en donde una modelo debía verse relajada eran difíciles, porque la idea de verse así era diferente para todo el mundo.
— De acuerdo eh… entonces tú… este es el escenario —. la llevó entonces a la escenografía. Se trataba de un diván clásico de color rojo, con cojines pequeños del mismo color, siendo, de hecho lo unico con color del sitio. Lo demás se encontraba de color blanco, la pared y algunas cortinas, se preguntó cual sería la pose que tenía que hacer entonces.
— ¿Debo sentarme aquí?— señaló el sofá.
— Sí, ponte cómoda. Lo más cómoda que puedas, si quieres puedo salir, eh, o que no te mire en lo que…— su voz se agotó al verla deshacerse de la bata ante sus ojos. Abrió mucho los ojos, sorprendido. Astrid pensó que lo mejor era acabar con esto de una buena vez.
— Vas a verme de todas formas —. la vio rodar los ojos, y por alguna razón no quiso bajar la mirada más que de ellos. Astrid se sentó en el diván, empezando a sentir el frío de la habitación —. ¿Hay más calefacción aquí?
Hiccup regresó de su shock —. Eh, claro, haré que la suban…— y huyó.
Astrid miró a su alrededor, fuera del frío y de las ventanas que daban a un jardín, no había mucho de qué cuidarse. Ruffnut salió del baño, sonriendo y se vió muy sorprendida al ver a Astrid sentada en el diván, sin nada puesto, analizando el entorno y devolviéndole la mirada aliviada de verla.
— ¡Te ves preciosa!
— Hace un frío de muerte. — respondió Astrid entre dientes, frotándose los brazos. Ruffnut tomó la bata de su amiga para que no interfiriera con la idea de Hiccup —. Ni siquiera me dijo cómo posar, solo me dijo que me pusiera cómoda…
— Sí, Hiccup suele hacer esas cosas. Casi nunca le pide a la modelo que se coloque en una pose al principio, porque, bueno, estás desnuda y… te juro que es el sujeto más considerado de todos.
— Dime que no te vas a ir.
— Viggo Grimborn no me hará salir de aquí ni a patadas. — aseguró la gemela con una sonrisa confiada. Astrid suspiró, y empezó a sentir que la temperatura subía poco a poco —. Pero te ves muy linda, en serio.
Astrid se reclinó en el reposabrazos y subió las piernas en el diván, quedando acostada sobre este, siguió analizando la habitación —. ¿Es la casa de Hiccup?
— Nope, estamos en la casa de Viggo —.sonrió Ruffnut —. Hiccup vive mucho más cerca —. informó, sentándose junto a ella, esperando a que Hiccup volviera para empezar —. Es un maleducado, ¿verdad? Se puso peor cuando le caí encima —. Y con ello, Astrid saltó.
— ¿Le caíste encima?
— Sí, y digamos que… llevaba un café caliente en las manos…— reveló, Astrid le regresó la mirada con reproche —. Pero creo que tú le agradas.
Eso hizo que Astrid pensara en otra cosa —. ¿él también va a verme?
— Bueno, tiene qué. Aunque descuida, ni Hiccup ni yo vamos a dejar que te toque ni un pelo. Va a tener que enfrentarse a estos puños.
— Y a los míos, le romperé la nariz si llega a hacer algo extraño.
No pasó mucho tiempo hasta que la puerta se abrió, haciendo que ambas chicas volvieran la vista a esta. Hiccup venía junto con Viggo, Hiccup no viéndose muy animado, ni mucho menos, al parecer no estaban teniendo la mejor conversación del mundo; Astrid jamás había conocido a nadie tan expresivo, nadie que con solo verlo un segundo ya podía identificar cómo se sentía.
La mirada de Viggo se posó en su cuerpo, y a pesar de que quería cubrirse, no lo hizo. Esto no podía ser tan malo, de todos modos cientos de personas iban a verla así, también, no es como que sea la primera mujer en hacerlo.
— Señorita Thorston, me parece que usted no fue solicitada en el cuadro.
— Ya sé, ya sé, me sentaré por aquí —. se levantó de dónde estaba, caminó junto a Viggo y le hizo mala cara. A Astrid le pareció que la gemela estuvo a punto de sacarle la lengua, no solo eso, Hiccup parecía divertido con el comportamiento de la rubia.
Seguro que también sabía lo del café caliente.
Notó que Hiccup la estudió con la mirada, al igual que Viggo, ninguno de los dos parecía verla de forma morbosa, ni de forma inapropiada. Era la misma mirada que solían tener los fotógrafos y los representantes de las marcas con las que había trabajado, intentaban, en su cabeza, poner en orden todas las ideas, Hiccup con un poco más de intensidad, sus ojos vagaban del diván a su cuerpo, de ellos al fondo, a la luz que provenía del nublado día de invierno, de las farolas del estudio, en las sombras que creaba su cuerpo, su cabello… A pesar de que estaba lejos, a Astrid le dió la impresión que el pintor estaba analizando cada peca de su cuerpo, cada curva y redondez.
La hizo dudar, ¿Ella debía hacer algo?
— Trata que se siente —. le dijo Viggo, antes de dar media vuelta y tocarle el hombro a Hiccup, quien se contrajo ante su toque, con obvia repulsión. Viggo, por el contrario, fue hasta un extremo del estudio y se sentó sobre una de las sillas, como si quisiera vigilar todo desde esa distancia.
Y es que el estudio es enorme. Con sillas en todas partes, el techo tan alto que Astrid no le veía ningún sentido.
Hiccup se acercó lentamente hacia ella, el maniquí nuevamente en sus manos. En realidad, no era una mala idea tener a Astrid sentada, él mismo había pensado en algo similar. Sentía las mejillas más cálidas de lo habitual, jamás había estado ante una mujer tan hermosa, su sola mirada hacía que sus piernas se volvieran de gelatina e hizo que, por primera vez en mucho tiempo, se preocupara por no poder retratarla cómo ella se merecía. Tenía miedo que su cuadro no capturara toda su belleza, si él llegaba a olvidar un detalle de su delicado cuerpo, por más minúsculo que fuera, jamás se lo perdonaría.
Es más, justo ahora no sabía qué hacer, no sabía cómo hablarle, no tenía idea de nada, estaba hipnotizado.
Para su suerte, Astrid levantó una parte del torso, quedando sentada sobre el diván y con la espada sobre el respaldo —. ¿Me siento así o quieres que sea de otra forma?
Se sorprendió a sí mismo mirándole los labios, parpadeó y arrugó la nariz. Se sentía como un auténtico novato. Echó un mejor vistazo a la postura que ella había adoptado y le molestó que el reposabrazos opacara una buena parte de su cintura en esa pose.
— No…— su voz sonó sin aliento. Hizo que Astrid sonriera un poco, alzando una ceja, e hizo que Hiccup se avergonzara de sobremanera —. Es decir, no lo creo. Es que eso…— señaló el reposabrazos —. Se entromete mucho y… — sintió su mirada azul mirarlo con diversión y sospecha al mismo tiempo. Lo habían atrapado —. Lo siento, es que… jamás había dibujado a alguien tan…— se sentía estúpido, quería que se lo tragara la tierra.
— ¿Tan?
Hiccup torció los labios cómicamente antes de responder, sonrojado como un tomate —. Tan hermosa. — bajó la mirada al maniquí, como si de repente fuera lo más interesante del mundo. Astrid sintió una sorpresa extraña, que inmediatamente incendió sus mejillas e hizo que su corazón bombeara sangre mucho más rápido, con fuerza, estiró sus labios en una sonrisa repentina, que no pudo evitar.
— Oh…— su voz sonó rara, es decir, se estaba riendo, frenó un poco, ¿Por qué esto era gracioso? Tal vez era su expresión, él de verdad se veía nervioso de tener a alguien… ya, muchos le habían dicho que era bonita, de muchas maneras diferentes, vamos, Eret se la pasa diciéndole todo el tiempo lo hermosa que era, Ruffnut misma acababa de hacerlo, seguro que Viggo lo había pensado, pero… — Pues… gracias —. ¿Por qué se estaba sintiendo tan halagada?
Tal vez se debía a qué Hiccup no es su amigo, ni un licenciado en marketing, ni mucho menos un importante empresario como Eret. Hiccup es un pintor, Hiccup hace cuadros, retratos, dibuja e interpreta rostros, expresiones, no intenta vender algo, él parece, o por lo menos debe, ver más allá. Tal vez por eso sus palabras tenían más peso, porque no lo dijo con nada de morbo, ni con cualquier otra intención más que decirle que se veía hermosa, y que nunca había dibujado a nadie como ella.
Significaba demasiado para ella, a pesar de que no lo conocía.
— No es nada. — negó con la cabeza, pasó otra vez una mano por el pelo y después se rascó la nuca. — Yo… quiero que salga perfecto y… estoy algo nervioso —. confesó, sonriendo de forma encantadora, tierna. Astrid no podía dejar de mirar sus pecas, ¿Cómo es que no las había notado hasta ahora? Eran demasiadas, y sus pestañas…— Perdona, en serio.
— Está bien. — lo tranquilizó, le pareció extraño ser ella quien lo tranquilizaba a él, puesto que, bueno, ella es la que estaba desnuda y eso. Usualmente, a la modelo es a la que tranquilizan —. ¿Cómo quieres que me siente?
Hiccup movió sus ojos por toda la escenografía, preguntándose lo mismo. Dió unos pasos atrás y la vio incorporarse un poco, acomodándose en el diván, tratando que el reposabrazos no fuese un problema, alejándose de él. Hiccup hizo una mueca, antes de negar con la cabeza.
— No, el problema no eres tú. — le dijo antes de dejar el maniquí en el suelo —. ¿Puedes levantarte? Creo que ya sé cuál es el verdadero problema. — aseguró, Astrid se levantó de esté, tratando de no mirar la cara de nadie al hacerlo. En su lugar, observó a Hiccup ir hasta el diván y empujarlo, mientras lo hacía Astrid se preguntó si debía ayudarlo o algo —. ¿Te gusta algo de aquí?— le preguntó de pronto. Astrid frunció el entrecejo —. Me refiero a si te gusta algo del estudio… o el jardín…
Astrid volvió la vista al jardín, observando la fuente congelada de afuera —. Es lindo, supongo, ¿Por qué?
— Listo —. dijo una vez logró que el diván ahora le diera una vista de tres cuartos —. ¿Puedes sentarte como estabas antes?— pidió sin responder la pregunta anterior. Astrid se sentó de nuevo, no muy convencida, recargándose en el reposabrazos, sin saber si subir las piernas o no —. Solo… Ponte cómoda. Como si estuvieras sentada en el sofá de tu casa. — y para hacerla sentir más cómoda desvío la mirada a Toothless, que seguía roncando sobre el banco —. Una vez que te sientas cómoda, solo… observa la cosa que te haya llamado la atención. — Cuando volvió la vista a ella, su corazón dió un vuelco.
Astrid se encontraba sentada sobre el diván, la espalda sobre el único reposabrazos, los brazos cruzados sobre el vientre, las piernas sobre el resto del mueble; tenía el torso ligeramente girado a la izquierda, resaltando un poco más la curva de su cadera, con la pierna derecha flexionada hacia el lado contrario a su cuerpo y la izquierda completamente derecha. Mantenía la mirada fija en la fuente de afuera. La luz invernal le bañaba el cuerpo e iluminaba sus orbes azules, dándoles un brillo distinto. Sonrió, claro, siendo ella iba a ser demasiado fácil. La parte difícil se la llevaba él.
Ella notó que él no dejaba de mirarla, no la analizaba cómo hace un rato, más bien parecía admirarla.
— ¿Está mejor así?— le preguntó, halagada otra vez.
Hiccup volvió a despertar —. Ah… ¡Claro!— fue hasta su zona de trabajo, con el enorme lienzo y todas sus herramientas.
— ¿No quieres que me mueva, verdad?— tenía una idea de cómo eran estas cosas.
— No… Bueno, trata de no moverte mucho. Si necesitas un descanso solo dime —. indicó, Astrid asintió antes de volver su mirada a la ventana, bien, por lo menos no iba a tener que girar tanto el cuello. Hiccup la miró de nuevo y se sintió la peor persona del mundo por tener que pedirle algo más —. Una última cosa, ¿Puedes… puedes… poner tus brazos así?— Hiccup llevó una de sus manos al pecho y la otra la dejó al aire, junto a su costado. Astrid intentó imitar lo que estaba haciendo, sin mucho éxito.
Hiccup entonces usó el maniquí, ella lo captó mucho mejor así y le imitó perfectamente. Llevó la mano derecha hasta su pecho, la punta de los dedos rozando los huesos de su clavícula, estando la muñeca entre el espacio entre sus senos, sobre su esternón, la otra mano reposo sobre su costado.
— Toma un mechón de tu cabello, ¿Puedes?— Lo hizo, de forma tan distraída que ni siquiera parecía que él se lo hubiese indicado. Ah, claro, mucho mejor —. Gracias. De verdad —. le agradeció antes de, ahora sí, bajar la mirada y tomar su lápiz, los dedos temblando ligeramente. Volviendo su mirada a ella y memorizando la imagen tan hermosa frente a él.
Pasó un rato, en el cual lo único que se escuchaba era el sonido del grafito sobre el lienzo y algunas risas ocasionales de Ruffnut, quien se encontraba muy entretenida en su teléfono, probablemente hablaba con su hermano. De vez en cuando Astrid dirigía su mirada a ella, mirando también de reojo a Viggo, quién alternaba su mirada entre ella y Hiccup, como si estuviera vigilando todo, a veces, cuando algo llamaba su atención, se levantaba y le susurraba algo a Hiccup, quien respondía con mala cara, no muy contento de ser corregido. Cielos, a nadie le gusta ser corregido, mucho menos en medio de tu trabajo, para el pobre pintor debía ser frustrante.
También se fijaba en el gato del pintor, quien se había despertado y ahora era el tercer par de ojos que le observaba. Le maulló un par de veces, con curiosidad, cosa que a la rubia le pareció graciosa, porque primero parecía dirigirse a ella y luego a su dueño, quien solo le acarició la cabeza y le susurró un "shh", sin embargo, el gato volvió a maullarle.
— Oye, Hiccup —. Ruffnut se había levantado de su sitio y caminó directamente hacia su amigo. Él no se inmutó para nada, siguió trazando —. Apuesto a qué te mueres de hambre.
Lo vio sonreír —. Apuesto a qué no —. respondió, todavía concentrado en dibujar.
— Bueno, apuesto a que Astrid se muere de hambre —. resolvió Ruffnut en un tono más alto, señalando a su amiga. Astrid negó con la cabeza, no, no tenía hambre, estaba un poco cansada, pero no tenía hambre —. Uhm… ¡Pero el señor Viggo sí que debe…!
— No.
Ruffnut se cruzó de brazos —. ¿Quiere decir que solo yo tengo hambre?
— Probablemente. —respondió Hiccup, Toothless, como si se entrometiera en la conversación maulló —. Uh, tal vez Toothless también tiene hambre.
— ¡Genial! ¿Los gatos pueden comer hamburguesas?
— Estoy seguro que le gusta más su comida —. Hiccup se incorporó un poco y observó a Astrid quien empezaba a tratar de moverse —. ¿Necesitas un descanso?
Astrid relajó el cuello, moviéndolo de un lado a otro, antes de levantarse; le dió la espalda, mostrándole la suave piel de esta, así como su cabellera cayendo sobre ella, antes de que pudiera apartar la vista, Astrid se estiró, llevando sus brazos atrás, entrelazando los dedos de una mano con los de la otra y llevó el torso hacia adelante, poniéndose de puntitas, marcando sus delicados omoplatos. Gimió una vez realizada la acción, haciéndolo pasar saliva.
Iba a tomar eso como un sí.
Ruffnut fue hasta ella, con la bata en las manos, lista para cubrir a Astrid con ella, la rubia lo agradeció y la pasó por sus hombros. Ruffnut también tenía su bolso, de dónde extrajo su teléfono.
No más mensajes que su novio deseándole suerte hoy. Sonrió y redactó una respuesta para él mientras Ruffnut pedía algo de comer.
— ¿Segura que no quieres nada?
— Tal vez un café —. respondió, revisando sus correos. No era su bebida favorita, ni mucho menos, aunque Eret le había hecho tomarlo con un poco más de frecuencia. Sabía bien mezclado con otras cosas, nunca solo.
Hiccup, por su parte, anotó la petición en su mente. Tal vez a ella le gustaba el café tanto como a él.
— ¿Cómo te sientes? ¿Cómo es?
— Aburrido —. susurró Astrid con una mueca. Ruffnut soltó una risa nasal.
No mentía, una vez el pudor pasaba y no había ninguna sensación de frío, en realidad todo se volvía aburrido. Incluso tenía algo de sueño, tal vez por eso el café.
Caminó un poco por la estancia, tratando de relajar sus entumecidos músculos. La alfombra en el suelo era esponjosa y sedosa, por lo que no dejó de jugar con ella hasta que se topó con un gato negro en su camino, quien estaba sentado en el borde de esta y la miraba con curiosidad, maullando.
— Hey —. lo saludó antes de agacharse para ponerse a su altura. Le gustaban los gatos a pesar de que jamás había tenido uno como mascota. Ni ella ni Eret tenían tiempo para tener una.
— No la molestes, Toothless —. reprendió el pintor al gato, quien siguió maullando, mirándola ahora con anhelo. Astrid alargó la mano para rascarle el espacio entre las orejas, el gato cerró los ojos de gusto y ronroneó, haciéndola sonreír.
— ¿Toothless? ¿Ese es tu nombre?— le preguntó al gato, quien obviamente no respondió.
— Nació sin dientes, por eso se llama así —. respondió Hiccup, mirando como la modelo acariciaba a su gato con mimo. Este llevó una de sus patas a la muñeca de la mano que lo estaba acariciando, como si no quisiera que ella se apartará jamás —. Y sus dientes le salieron un poco pequeños.
— ¿De verdad?— le preguntó la rubia, continuando con su tarea de mimar al pequeño gato. Vio a Hiccup asentir, está vez volviendo su mirada a ella —. Debió ser un reto alimentarlo.
— Un poco, cuando lo encontré estaba lleno de pulgas y muy flaco —. dejó lo que estaba haciendo porque de pronto, Astrid quiso cargar a Toothless —. Es un poco desconfiado, no creo que se deje…— pero lo logró, la rubia logró cargarlo como si nada. Toothless se acurrucó en su pecho, ronroneando, tal vez le gustaban las uñas largas y bien cuidadas de la modelo —. Oh.
— No parece muy desconfiado —. le sonrió cómplice, acariciando al gato. Hiccup suspiró y se encogió de hombros, usualmente Toothless lo era, especialmente con la gente nueva; no era agresivo de todas formas, casi siempre que alguien intentaba acariciarle la cabeza él huía y se refugiaba entre sus piernas —. ¿Viene de la calle?
— Sí, estaba lloviendo, se veía muy pequeño… y no tenía a nadie —. aunque Astrid estaba vestida, seguía siendo un poco difícil verla. Aunque hablar de Toothless no era tan complicado —. Mi madre es veterinaria, así que lo llevé con ella. Después de unas dos horas en mi casa, supe que no podía separarme de él —. relató.
La vio sonreír una vez más, está vez ella no miraba a Toothless, lo miraba directamente, con una mezcla de curiosidad y ternura en sus ojos.
Pintor y rescatista de gatos. Lindo.
— Debe ser lindo tener una mascota —. opinó, acercándose a él, Hiccup asintió, mirando rápidamente a su entorno, Ruffnut había salido y no se veía a Viggo por ningún lado. Era su oportunidad, tal vez podría… podría tratar de hacer el movimiento de una buena vez e invitarla a salir, por lo menos a tomar un café, tal vez llevarla a casa —. Mi novio es alérgico a los gatos, así que nunca hemos tenido una oportunidad…
Auch, ¿Alguna vez les han dado un portazo en la cara? Hiccup sintió algo muy parecido. Claro, ¡Claro que tenía novio! ¿Cómo no lo tendría? Se forzó a seguir sonriendo, mientras la escuchaba hablar sobre cómo ella y su novio no podían tener animales en el apartamento en el que vivían y cómo las vías respiratorias del novio de ella se inflamaban con solo tener un animal con pelo cerca.
Novio. Por supuesto. Astrid tiene novio. La hermosa mujer a la que estaba pintando ya le pertenecía a alguien más. Hubiera sido demasiado bueno como para ser verdad, además, dudaba que ella fuera a responder que sí a su propuesta, ¿por qué salir con el tipo que la vio desnuda tanto tiempo? Seguro que creería que era un pervertido, o que solo quería un acoston con ella (en parte, no es del todo mentira, es decir, no sería tan malo y no le disgustaba la idea, pero vamos, ese no es el punto), no solo eso, también estaba su ética de no salir con ninguna de sus modelos; sin embargo no podía parar de sentirse mal por ello.
Ese sujeto debía ser el más afortunado del mundo.
— Oh…— fue lo único que pudo decir. Primero, porque seguía tratando de recuperarse de la repentina desilusión que había tenido y en segunda, porque no había prestado demasiado atención a todos los detalles de su relación con ese sujeto.
— ¿Y tú? ¿Estás saliendo con alguien?
— Eh… no, por el momento no —. se obligó a contestar. Astrid asintió, notando que el ambiente se había enfriado, lo identificó de inmediato, él se encontraba incómodo.
¿Había dicho algo mal? Reparó en el lienzo y se dió cuenta de que quizá quería volver a su trabajo —. Cielos, lo lamento, no te estoy dejando trabajar…
Hiccup dió un salto —. ¿Eh?— genial Hiccup, ella se acaba de dar cuenta de que estás incómodo —. Oh, no, no hay problema. También necesitaba un descanso —. aseguró. En realidad no lo necesitaba, no obstante, ella se veía tan preocupada por el hecho que no tuvo más remedio que decirlo —. ¿Quieres verlo? Aún no está…— tampoco acostumbraba mostrarles a las modelos el proceso de los cuadros —... aún no está ni un dos por ciento terminado…
Astrid se asomó al lienzo, dónde vio su silueta dibujada sobre la tela. El lienzo era enorme, siendo una cabeza más alta que ella, así que su dibujo no era para nada pequeño. Le sorprendía lo bien que se veía todo de momento.
— No es mucho, se verá mejor cuando tenga pintura y esas cosas…— continuó, Astrid volvió la vista a él, quien también miraba el cuadro, de forma distinta claro. No había reparado en que el lápiz que había estado usando se encontraba sobre su oreja, que tenía las manos jugando entre sí, estás llenas de grafito; sus dedos eran largos, un poco delgados, aunque rectos, la piel se veía delicada y suave, las uñas pulcras y cortas a pesar de que trabajaba con cosas que manchaban y el dorso de la mano estaba repleto de pecas.
¿Tenía pecas por todo el brazo? ¿La gente con pecas tiene pecas por todo el cuerpo? No supo porqué pero quiso preguntar eso en voz alta. Aunque no le parecía correcto, no quería ponerlo más incómodo.
— Se ve bien para mí —. le dijo volviendo la vista al cuadro.
Los problemas empezaron cuando se encontró en medio de la madrugada pensando en ella.
No se lo había dicho a nadie, había tenido que fingir ante los gemelos que lo inundaron de preguntas, especialmente Tuffnut.
— ¡Es una pena que tenga novio!
Claro que lo era.
Snotlout no lo hacía mejor, no paraba de parlotear sobre lo afortunado que era al tener que verla así en las siguientes tres semanas. Le hacía preguntas morbosas que lo obligaban a encerrarse en su cuarto, molesto, obviamente, lamentando el hecho y lamentando tener como roomie a su molesto primo.
Y no, no era un afortunado, era una auténtica tortura. Jamás le había pasado con una modelo, ni siquiera con la primera que pintó; nunca se sintió tan cautivado, ni se atrapó a sí mismo mirándola más de la cuenta, olvidando que tenía que seguir dibujando, anhelando poder acercarse y tocar su piel, verificar si era tan tersa cómo se imaginaba, pasar las manos por su cabello y cepillarlo con los dedos…
Escuchar su voz, verla sonreír. Le gustaba hablarle de improviso solo para escucharla responder.
— Entonces… ya no trabajas con agencias.
— No. De hecho, me he tomado una pausa.— respondió, todavía con la mirada fija en la fuente —. Le debía un favor a Ruffnut.
— ¡No se supone que debas decir eso!
Hiccup no pudo evitar reír —. Gracias de nuevo por aceptar.
— No es nada —. ahí está, esa sonrisa. Astrid sonreía con suavidad, y siempre de forma sincera. Por lo menos a él.
Verla estirarse era todo un tema, escucharla gemir de satisfacción al hacerlo lo volvía mucho peor. Quería salir huyendo cada que pasaba, al mismo tiempo quería quedarse, quería ver más, escuchar mucho más, se preguntaba si…
No le había preocupado tanto hasta ahora, acostado en su cama, miraba al techo, sin poder pensar en otra cosa más que en ella. En el interés que tenía por Toothless, en ella jugando con el gato y trayendo galletas para él, en verla beber café y hacer muecas porque estaba demasiado amargo, en lo soñolienta que se volvía después de un rato, en lo bien que le quedaba cualquier ropa. Cualquiera.
Le gustaba ver sus fotos, no había parado de ver su Instagram antes de dormir, sintiéndose como un obsesivo total. No todo era malo, sus ensoñaciones con ella terminaban cuando encontraba fotos con su novio, quien también era guapo, fornido, atlético, bastante atractivo…
Era obvio, por supuesto que su novio es perfecto. Ella lo era, ¿Por qué su novio no sería perfecto? Su corazón se rompió un poco más al ver la publicación de su compromiso. Enterró la cabeza en la almohada, ¿Por qué se seguía torturando con esto?
Tenía que hablarlo con alguien, sentía que se estaba ahogando con sus sentimientos, ¿Pero a quién podría decírselo? Tuffnut es su mejor amigo, sin embargo, no siempre era muy discreto, especialmente con cosas que tengan que ver con su hermana. Snotlout era un rotundo no y Fishlegs…
Huh, no había pensado en Fishlegs.
— Pero apenas la conoces.
— Ya sé —. escondió la cara entre sus brazos flexionados sobre la mesa, las manos enterradas en su cabello castaño rojizo —. Esto… es horrible. Me siento horrible, ella va a casarse, se ve muy enamorada de él, no tengo oportunidad y de todas formas… de todas formas quiero algo con ella. Es como si estuviera…
— ¿Enamorado de ella? Es muy pronto, ¿No?— recordó porque Fishlegs no era buena opción. Fishlegs es bueno en casi todas las cosas menos en los sentimientos —. Además, seguro es algo que le pasa a todos los artistas. Ya sabes, todos tienen ese problema de… tener… eh… Los artistas tienen musas, ¿No? Tal vez es eso.
Hiccup alzó la cabeza lentamente —. Eso es ridículo, Fishlegs, no…— pero si lo pensabas, tal vez podía tener razón —. Ella va a casarse. Ella no puede… yo no…
— Realmente no creo que estés enamorado. Pareces más obsesionado que otra cosa —. se veía preocupado por sus ojeras y por el cabello más revuelto que antes —. ¿No fue como la vez que tuviste un episodio de manía y no paraste de dibujar hasta que…?
— No, esto es distinto.
— Entonces se te pasará. Quizá solo estás tan enfocado en que el cuadro tiene que quedar perfecto —. se encogió de hombros —. Se te va a pasar cuando termines el cuadro.
Esperaba que sí o estaba jodido.
Mientras tanto, seguía torturandose. Se giró en su cama, incómodo, tratando de pensar en otra cosa que no fuera el cuadro y a la protagonista de este, sin mucho éxito, porque ella siempre lograba escabullirse en sus pensamientos.
Adoraba sus ojos. Había algo en ellos que lo volvía loco; especialmente cuando cambiaban de color con la luz, porque se volvían más claros, incluso la piel se llegaba a sonrojar debido a la ligera exposición del sol, y…
¡No podía soportarlo!
Tapó su cara con la almohada. Y mientras se preguntaba cómo rayos iba a representar la tonalidad tan única de sus ojos azules, le golpeó una imagen terrible en su cabeza.
Supongamos que ella le estaba mirando a él directamente, que él era lo que más le llamaba la atención entre todas las cosas en el estudio y jardín, que le sonreía y pasaba sus ojos por todo el cuerpo de él, mirándolo de arriba a abajo, se movía, acariciaba su cabello, ensortijaba su cabello entre su dedo índice, llevaba la mano libre hasta su…
Se levantó de golpe, miró hacia abajo. Oh no.
Estaba actuando como Snotlout actuaría. Estaba fantaseando con una mujer real, una mujer que conocía, que veía cada cierto tiempo, que se reía de sus chistes y adoraba a Toothless. Una mujer con sentimientos reales. Una que si se entera de esto, primero le rompería la cara y después… bueno, después ella podía renunciar a trabajar con él.
No era correcto pensar en ella de esa manera. No era profesional. No era ético. Aunque fuese la mujer más atractiva que él haya visto en toda su vida, esto no era algo que él debiese hacer…
Tampoco era como si pudiera evitarlo, o como que le disgustase del todo. Fishlegs debía tener razón, tal vez toda esta fijación que sentía por Astrid era solo culpa del maldito cuadro. Además, si él lo hacía ella no tenía porque enterarse, ¿Verdad?
No, eso no mejoraba las cosas. No había ninguna excusa para esto, era reprobable…
Se mordió el labio y dejó escapar un gemido grave, muy suave, sus ojos se entrecerraron un poco y las mejillas se tornaron de un color más oscuro. Al confirmar que él no había apartado la mirada de ella, le sonrió con todos los dientes, como si hubiese cometido una travesura.
— ¿Te molesta que me mueva un poco?— preguntaba cada que necesitaba una pausa, casi siempre ella no esperaba a que él respondiera y se terminaba moviendo. Estando de esa manera, era fácil que Hiccup pudiera apreciar con todo detalle algunas partes de su cuerpo.
No sabía si ella estaba consciente de eso. Él quería pensar que sí, y que, después de un tiempo, le tenía sin cuidado. No quería hacerse a la idea de que a ella le gustaba exhibirse un poco. Es más, seguro que él no…
Los colores eran más cálidos, tal vez porque su temperatura corporal estaba aumentando conforme seguía observando lo que ella estaba haciendo. Veía sus manos frotando suavemente, una arriba, sobre sus pechos, dándole atención a uno de sus pezones y la otra, mucho más abajo. Todo el tiempo teniendo contacto visual con él, el volumen de sus gemidos iban subiendo poco a poco conforme la intensidad de su toque aumentaba. Suspiraba, y únicamente dejaba de mirarlo cuando cerraba los ojos por el placer que estaba sintiendo.
Era como si le invitase a tocarla, a ayudarla con eso. Como si no necesitara a nadie más que a él, era una ensoñación en la que se encontraban en su propio estudio, en dónde Astrid no tenía ningún molesto novio y se encontraba deseosa de él, por su toque y por sus besos.
"Por favor, por favor, por favor" rogaba sin aliento, anhelando que él rompiera la estúpida regla de no tocar a la modelo, de no involucrarse con ella. Y eso hacía, le apartaba las manos, la tomaba por las muñecas y le plantaba un beso, le recorría todo el delicado cuerpo con ambas manos. Era como si estuviera tocando seda, tan suave y terso que lo hacía gruñir de gusto.
No contento con eso, bajaba sus besos por todo su cuerpo, sintiendo sus manos recorrerle el cabello, sus uñas clavándose en la piel del cuero cabelludo…
— ¿Nunca te cepillas el cabello, cierto?— le preguntó Astrid viéndolo pasar una mano por su cabello. Hiccup bajó la mirada avergonzado.
— Sí, el caso es que siempre hago… tengo tics todo el tiempo —. respondió, sintiéndose atrapado.
— Hiccup es un ansioso de lo peor —. comentó Ruffnut.
Astrid dirigió su mirada a él —. ¿Ah sí?
Lo confirmó viendo como él agitaba los hombros, le pareció gracioso —. Nunca se puede quedar quieto.
— ¿Nunca?
— Jamás he conseguido tener las manos quietas. Ni siquiera cuando era pequeño —. le respondió, alternando la mirada entre ella y el cuadro.
— Debe ser molesto.
— Te acostumbras.
— Pero es útil, ¿No? Justo ahora es útil —. comentó ella, su tono había sido distinto. No supo identificarlo, pero fue… un poco más grave de lo que ella acostumbraba.
— En ciertas ocasiones también lo es —. no supo porqué, pero le guiñó un ojo. Por increíble que parezca la vio sonrojarse y apartar la mirada de nuevo.
¿Ah?
Ruffnut, que se encontraba a su lado, le dió un codazo, preguntando con la mirada, ¿Eso había sido un coqueteo?
Respecto a Astrid, bueno, tampoco es como que ella no lo haya notado.
Notaba que el pintor la miraba más de la cuenta, notaba que apartaba la vista cuando ella lo atrapaba, notaba su nerviosismo y su intensidad al dibujarla, al representarla. En un principio le pareció normal, incluso un poco raro, sin embargo, Astrid no creía que fuese algo malo. Al contrario, encontraba su mirada como algo tierno, halagador, y… la hacía sentir bonita.
Es distinto. Astrid tiene suficiente autoestima como para sentirse bonita todos los días. No necesitaba que se lo dijeran para saberlo, pero esto era diferente, creaba un cosquilleo en su barriga y hacía que sus mejillas se sintieran un poco más cálidas que de costumbre.
Le gustaba hablar con él, era sencillo hablar con él, muy fácil.
— ¿Desde cuándo dibujas?
Hiccup masticó el trozo de manzana que había mordido antes de responder —. Desde que me acuerdo —. y sonreía. No le tomó mucho tiempo a Astrid notar que sus dientes no eran nada parecidos al de los modelos que ella conoció, con carillas dentales o con trabajos de ortodoncia para mantener los dientes alineados y sin espacios. Hiccup tenía un diastema en sus dientes superiores, justo en los dos incisivos centrales. Algunos dientes se notaban girados, no mucho. Eso sí, los tenía bien cuidados.
Era diferente. No se parecía a nadie que ella haya visto antes.
— ¿Tus padres siempre estuvieron de acuerdo con que modelaras?— preguntó Hiccup después de un largo día de trabajo. Astrid ya llevaba puesta su ropa de invierno y esperaba a Ruffnut quien guardaba sus cosas de maquillaje.
— Mi madre me llevaba a agencias desde niña. Creo que mi primer comercial fue a los ocho meses —. sí, su madre era así. Reparó en que Hiccup la miraba preocupado —. Oh, pero no es para tanto. Solo modelaba a veces. Recuerdo que solo me gustaban los castings de dulces. Siempre que te elegían podías comerlos durante todas las tomas —. le tranquilizó. Su madre no era de esas que presionaban a sus hijas para ser pequeñas estrellas y nunca le llenó la cabeza de ideas tóxicas, para su fortuna —. Me dedique de lleno a los catorce.
— Eras muy pequeña.
— Es la edad perfecta para iniciar como modelo. Fue en uno de mis llamados que conocí a Ruff —. Astrid no suele ser la que sigue con las conversaciones, tampoco suele alargarlas tanto mientras se espera a alguien más, tampoco suele ser muy curiosa respecto a la vida de las demás personas. Pero con Hiccup no podía parar de hacer preguntas —. ¿Tú cómo la conociste?
Por alguna razón quería saber más de él. No llevaba ni tres días de conocerlo y ya sentía que lo admiraba, siempre, todos los días él la animaba a mirar el cuadro, siempre nervioso, seguro preguntándose si a ella le gustaba. Y por supuesto que le gustaba.
— Conocí primero a su hermano, a Tuffnut. Es mi mejor amigo.
— ¿En serio?— Astrid frunció el ceño —. ¿No crees que Tuffnut es…?
— ¿Raro? Sí. Pero es un gran amigo —. metió las manos dentro de su chaqueta café. Astrid se preguntó si sus manos estaban tan cálidas cómo se imaginaba. Seguro todo su cuerpo lo estaba. Se preguntó, también, cómo sería estar en sus brazos —. Tampoco es como que yo no sea raro. Solo soy el más cuerdo de los dos.
Lo que más le gustaba eran sus ojos, porque siempre, aunque ella no estuviese desnuda, la miraba así. Era una mezcla entre fascinación y admiración que le alteraba el pulso, la ponía a temblar como si fuera una adolescente, teniendo ese impulso insoportable de tomarle por las mejillas y plantarle un beso.
Fue ahí cuando se dió cuenta.
Estaba mal. Muy mal.
Estaba mal querer besar a otro hombre que no fuese su prometido. Estaba mal coquetear de forma torpe e inocente con otra persona que no fuese el hombre con el que pasaría el resto de su vida. Estaba mal espiarlo de vez en cuando, mirar sus manos y no parar de pensar en ellas. Estaba mal encontrarlo tan atractivo, incluso si no era su tipo; todas sus parejas anteriores eran hombres fornidos, muy seguros de sí mismos, usualmente más atléticos… Hiccup se salía de la norma completamente, siendo un tipo alto, delgado y con una musculatura ligera, sin apariencia dura como Eret, cuerpo un poco más delicado…
Tal vez le gustaba hablar con él. Seguro que esto era pasajero, ella y Eret se encontraban ocupados, especialmente él, las cosas en su empresa estaban mejorando y eso implicaba un poco más de atención por su parte. Tal vez solo era eso.
No dejaba de estar mal.
Pero era pasajero.
Además, Hiccup no es feo. Ella puede fijarse en alguien, ¿No? Decir que es lindo y esas cosas, lo malo viene cuando se quiere hacer algo con ese alguien, ¿No? Y ella… pff, ella no hablaba en serio sobre besarlo, ¿Verdad?
No estaba tan segura, porque había empezado a pensar en él, quería su número de teléfono e incluso pensó en pedírselo a Ruffnut, aunque se detuvo al saber que no tenía idea de para que lo quería. Encontró su perfil, ella también observaba sus fotos, que eran menos que las que tenía ella hasta que recordaba que, no tenía que verlas porque, en primer lugar no era una psicópata y en segundo, porque no era correcto.
Esto no debería estar pasando.
Supo que tenía que terminar cuando, estando en la ducha, de forma completamente inconsciente, imaginó que eran sus manos las que recorrían su cuerpo.
Debía ser la abstinencia. No podía haber ninguna otra explicación.
¿Cómo iba a hablar de esto con alguien? Seguro que cualquiera que la escuchara pensaría que era una mala persona. No sabía cómo erradicarlo de todas formas, el sentimiento solo parecía crecer y crecer, sin ningún tipo de freno.
Siempre se preguntaba cómo era su tacto.
Jamás la había tocado. Ni ella a él. No había ningún motivo. Tal vez por eso lo anhelaba tanto. Pensaba en lo lindo que era cuando fruncía el ceño, y en lo extrañamente atrayente que era verlo molesto cuando alguien, Viggo, más bien le interrumpía.
Verlo molesto, de hecho, enviaba punzadas a su bajo vientre. Él solía tensar la mandíbula y hacer una cara de fastidio que borraba cualquier rastro de dulzura anterior. Luego, se concentraba de nuevo, tratando de serenarse de alguna forma, cambiando su fastidio por concentración total.
Y a veces, volteaba a verla con esa expresión. Entonces, Astrid no encontraba cómo volver a respirar.
Era ridículo, ella no es una adolescente deslumbrada, pero se estaba comportando como una. Intentaba convencerse de que esto no era más que simple admiración, sin embargo no paraba de pensar en él.
Especialmente ahora que estaba sola, que no había nadie a su alrededor, era tarde, y no sabía porque se sentía tan ansiosa. Era un sentimiento enfermizo y apenas podía soportarlo.
Recorrió con sus manos desde sus clavículas hasta su vientre bajo, recordando la mirada verde de él sobre su piel, volviéndose más y más intensa. Le gustaba pensar que con solo mirarla se volvía loco, ella tenía el poder sobre él y solo le permitiría tocarla si ella lo quería.
Justo como él había dicho.
Al contrario de Astrid, Hiccup creía que el del poder era él. Todos los movimientos y posiciones eran controlados por él, disfrutando de sus suspiros, de cómo repetía su nombre, sin aliento, pidiéndole más y más…
— ¿Prefieres que te llame Hiccup o Hayden?— le preguntó una de las primeras veces antes de irse.
— Hiccup está bien. Siento que Hayden no me queda. — respondió. Era rara la gente que le llamaba por su nombre de pila, vamos que ni siquiera su madre le llamaba así.
Bueno, solo cuando estaba enojada.
— ¿Por qué?— hizo una mueca, con una media sonrisa que lo contagió.
— No lo sé, nunca me han llamado así. Uh, además, "Hiccup" me queda un poco más, significa "el más pequeño."— explicó —. Cuando nací yo era muy pequeño, entonces mi padre empezó a llamarme así. —reveló con nostalgia —. Vikingos, ya sabes —. ella pareció no entenderlo —. Es que mi padre parece un vikingo, es enorme, tiene barba, es… es todo lo opuesto a mí —. continuó entre risas.
— ¿Vikingo, eh?— sonó divertida, cosa que lo hizo sentirse más confiado, aunque no pudo evitar sonrojarse.
— Sí, creo que lo único vikingo que tengo es la barba —. Pasó una mano por su mandíbula, haciendo énfasis en la barba de un día sobre su piel.
— Bueno, también eres muy alto…
Le quería comer las mejillas a besos, mudar sus besos a su cuello y escucharlo jadear, que él la abrazara contra sí, clavando sus dedos en su espalda, aunque sea por encima de su suéter, anhelado tener el permiso de tocar más.
Él quería inclinarse a su altura y robarle un beso, tomándola de las mejillas, bajando poco a poco hasta posarlas sobre su cintura. Le mordería los labios, tal vez en un principio ella colocaría sus manos contra su pecho, sorprendida para después dejarse llevar, anhelaba sus pequeñas manos recorriendo su pecho, gimiendo entre sus labios…
Casi siempre para ambos el escenario era la escenografía del cuadro, sobre el diván rojo. Astrid siempre terminaba tumbandolo sobre este, con ella sobre él, las manos sosteniendo las delicadas muñecas de Hiccup, casi podía visualizar su gesto de necesidad, rogando por tocarla. Hiccup la imaginaba debajo de él, sus largas uñas rasguñando su espalda, tomándola con posesividad, con ella clamando por más, sin importarle que estaban en el peor lugar para hacerlo, o sin recordar a su novio en ningún momento.
Daría todo de sí para que lo olvidara, para que solo pudiera pensar en él.
Cuando terminaba, cuando la cabeza de ambos ambos se sentían tan llenas de endorfinas que no podían hacer otra cosa más que jadear en busca de aire, casi siempre mirando al techo o al suelo, se daban cuenta de lo evidente: esto estaba mal. Hiccup no debía, no podía seguir imaginando de esa manera a su modelo, y Astrid, quien había tenido que contener sus gritos, se cubría la cara sintiéndose el peor ser existente del mundo.
Ella también sentía que debía hablarlo con alguien, así que un día no pudo resistirlo y tuvo que contárselo a Heather.
— ¿Te gusta el pintor?— arrugó la frente y luego suspiró —. Vaya, eso es… Por lo que me cuenta Ruffnut él es diferente a todo lo que…
— Lo sé. —cortó Astrid jugueteando con sus dedos —. Ni siquiera sé lo que me llamó la atención, es que… deberías verlo. La manera en la que me mira, y en la que… — supo que estaba hablando demasiado alto cuando vio a Heather entrecerrar los ojos —. No sé qué hacer, no debería sentir todo esto. Es horrible, ni siquiera hay una excusa, es decir, Eret y yo estamos bien, sí, suele llegar tarde a casa, pero lo entiendo, tiene demasiado trabajo, debo darle su espacio…
— ¿Y él sabe algo de eso?
— ¡No! Quiero decir, ¿debería? No quiero herir…— no quería herir sus sentimientos, no quería arruinar nada de lo que habían construido estos últimos tres años por un simple desliz. Respiró hondo, negando con la cabeza.
Heather permanecía tranquila, no sonó para nada alterada —. ¿Qué tanto te gusta? Tal vez solo es que extrañas a Eret, extrañas la atención…— la expresión de Astrid dijo algo diferente —. O tal vez no. — se cruzó de brazos y luego pensó en otra cosa —. Creo que lo mejor que puedes hacer es terminar el cuadro y alejarte de ese sujeto, lo que tú y Eret necesitan es tiempo a solas. Ya verás que después de eso, olvidarás a ese pintor.
Eso la tranquilizó… de momento.
Sin embargo, temía que no fuese suficiente.
A veces se preguntaba por qué. No sentía que fuese por la atención, ni se sentía abandonada del todo, pero, si todo estaba bien, ¿por qué se estaba fijando en otro hombre?
Finalmente, cuando la última sesión llegó, ella no sabía cómo sentirse al respecto. Estuvo despierta desde temprano, escuchando la fuerte respiración de su prometido de fondo, mirando al techo, preguntándose si de verdad iba a olvidarlo tan fácil. Una vez el sol empezó a salir débilmente, bañando el cuarto con una tenue luz azul grisáceo se levantó, se iba a meter a la ducha, arrastrando los pies cuando recibió un mensaje de Ruffnut.
"Me vas a matar."
Huh. "¿Qué hiciste?"
"No podré acompañarte hoy. Eh, digamos que tuve una emergencia."
Una emergencia en el lenguaje de Ruffnut no siempre significaba una emergencia como tal. Astrid suspiró, antes de teclear: "¿Me vas a dejar plantada por un sujeto?"
Ruffnut escribió, luego dejó de hacerlo, volvió a escribir, así unas tres veces hasta que al final, su mensaje llegó: "Es muy guapo.", seguida de una carita suplicante. Astrid apretó el teléfono en sus manos, gruñendo en voz alta, llamando la atención de su prometido. "Prometo compensarlo." Seguido de otro mensaje: "Además, es Hiccup. Te cae muy bien. Ya lo conoces."
Y deseaba no hacerlo.
— ¿Sucede algo, linda?
Eret no tenía ni idea, Astrid se giró apretando los labios y haciendo poco para ocultar su enfado —. Ruffnut no va a acompañarme hoy al estudio y está es la última sesión —. en realidad estaba más preocupada que enojada, jamás había estado completamente a solas con Hiccup.
— ¿Ya van a terminarlo?— sonaba bastante interesado, genuinamente interesado, tanto que sorprendió a la rubia.
— Ah, sí —. frunció los labios —. Ya casi lo termina.
A Eret se le iluminaron los ojos —. ¡Vaya! ¿Y lo has visto?
Astrid asintió. — Un par de veces —. mintió, y no supo porqué estaba mintiendo justo ahora, haber visto el cuadro no tenía nada de malo —. Hiccup es muy bueno dibujando.
— Más le vale —. Eret se levantó, estaba bromeando, obviamente —. Está dibujando a la mujer más hermosa del mundo —. y le dió un beso en la sien. Astrid se encogió en su sitio; le asustó no haber sentido algo muy significativo, ni haberse sonrojado como lo hacía cada que Hiccup lo decía. Creó un nudo en su garganta —. Yo puedo llevarte, atrasaré la reunión de hoy.
— No, no es necesario, puedo ir en taxi o…— empezó, sintiendo la culpabilidad crecer y crecer.
— Lo es, déjame llevarte —. la tomó de las manos, mirándola a los ojos, Astrid no podía soportar su mirada mucho tiempo —. Hey, escucha, estaba pensando… no hemos pasado mucho tiempo juntos. Ya sabes, con todo esto del nuevo acuerdo empresarial, siento que he estado dejandote de lado estos días —. Astrid, por un momento, pensó en la posibilidad de que Heather hubiera hablado con él —. Tal vez yo pueda acompañarlos hoy, ¿qué te parece?
Astrid abrió los ojos con sorpresa, ni siquiera pudo evitar soltar un seco:— No —. su respuesta lo sorprendió porque él también abrió los ojos sorprendido —. Es decir, no creo que se pueda, Viggo Grimborn es un exagerado, dudo mucho que él te deje estar ahí —. no solo eso, ella de verdad no quería que Hiccup y Eret se conocieran. No le gustaba para nada la idea, tampoco tenía ni idea de por qué —. Además, tienes trabajo —. le acarició la mejilla con cariño, de la misma forma en la que a él le gustaba —. Y es algo aburrido después de un rato —. agregó haciendo una mueca, diciendo la primera verdad de todo eso —. Ya sé, ¿qué tal si mejor salimos este fin de semana?— sugirió.
Era una buena idea, una buena forma para olvidar sus extraños sentimientos hacía el pintor.
— Suena bastante bien —. sus enormes manos le rodearon la estrecha cintura, atrayéndolo más contra sí, Astrid se sintió mejor, bastante mejor —. Aun así voy a llevarte —. le dijo acercando poco a poco su cara a la de ella —. No vas a poder escapar de eso —. agregó con un tono seductor, que la hizo reír con ganas.
La besó con profundidad, tanto que supo que si no lo frenaba ahí, dejaría a Hiccup y a Viggo plantados.
Hiccup por su parte no tenía ni idea de que no iban a estar acompañados esta sesión, solo había puesto a Toothless en una mochila transportadora para gatos y se montó en su motocicleta, sin siquiera mirar el teléfono con todos los mensajes que Ruffnut u otras personas le habían dejado. Después de este día, cabía la posibilidad de no ver a Astrid en un buen tiempo, probablemente hasta que el cuadro se exhibiera.
No sabía exactamente cómo se sentía, tenía miedo de bloquearse justo ahora. Le había inundado un sentimiento inquietante de abandono que no le gustaba para nada, incluso manejar la moto era un poco difícil ahora.
Aunque estaba bien si lo pensaba mejor. No verla en un buen tiempo le serviría para aclarar sus ideas, poner en orden todo…
En eso estaba pensando cuando llegó a la casa de Viggo, justo en la entrada del estudio, vio un auto estacionandose cerca de ahí, le pareció sospechoso, jamás había visto ese auto antes, ¿a quién más iban a ver hoy?
Su corazón dió un vuelco cuando vió a Astrid salir de él, empeoró un poco (demasiado) cuando identificó al conductor: era su prometido, quien de hecho se veía mucho mejor que en las fotos, parecían estarse despidiendo y quedando para algo. No podía dejar de mirarlos, era como un accidente de auto, le dolía pero no podía dejar de verlo.
No pudo evitar hacer una mueca cuando los vio besarse, fue fugaz, natural, un simple beso de despedida lleno de cariño; fue suficiente para hacerlo dejar de mirar hacía ellos y querer arrancar la moto de nuevo. Quería salir pitando de ahí.
No lo hizo.
Una vez el auto se fue, Astrid finalmente se dió cuenta de que Hiccup estaba ahí, casi no lo reconoce con el casco puesto, esté víctima del dolor y la incomodidad decidió revisar sus mensajes, así que, cuando ella le saludó, tuvo que alzar la cabeza, interrumpiendo sus pensamientos.
Tal parece que ambos iban a estar solos el día de hoy.
— Hola —. le devolvió el saludo, sonriendo mientras se quitaba el casco, alborotando aún más su cabello. Hiccup al principio pensó que iba a ser más difícil sonreírle después de haberla visto con su novio, sin embargo fue sorprendentemente sencillo —. ¿Así que Ruffnut…?
Astrid resopló antes de responder, fastidiada —. Me dejó plantada aquí —. el castaño no pudo evitar reír con suavidad negando con la cabeza.
— Sí, dijo algo así —. se bajó de la motocicleta. Por encima de su suéter y bufanda llevaba puesta una chaqueta de cuero para motociclistas, así como unos guantes; sobresalían las correas de la mochila dónde Toothless se encontraba durmiendo. — Viggo tampoco estará — esa era, de hecho, la mejor noticia que le había recibido en semanas, ella no pudo evitar notarlo. Su alivio le parecía sumamente adorable.
Luego reparó en lo evidente —. ¿Quiere decir que no podemos entrar?— preguntó señalando la puerta cerrada del estudio. Hiccup negó con la cabeza.
— Dejó una llave por ahí —. se encaminó hasta la puerta, buscando entre las piedras de la entrada. Había algo sobre tener el estudio entero para sí mismo que le gustaba demasiado, no solo significaba no interrupciones, sino también una presión menos, su mano se sentiría un poco menos tensa. Aunque a veces no era tan malo, es decir, las interrupciones de Ruffnut eran divertidas, aligeraban el ambiente.
No contempló que de hecho estaría solo con Astrid hasta que se vió en medio de la habitación, después de organizar todos sus materiales. Se fijó en el cambio de luz; hoy era un día soleado, los rayos de sol penetraban desde el ventanal.
La luz y el silencio, únicamente pertubado por algunos ruidos sordos provenientes del vestidor. Se estremeció violentamente a pesar de que ya había encendido la calefacción, se sintió un poco nervioso, aunque era estupido.
Todo este caso lo era, si lo piensas.
Astrid, por su parte, no sabía si quería salir del vestidor, se miraba el maquillaje, el cuál había tratado que quedase idéntico al que Ruffnut le hacía todos los días. No solo eso, desde que se había quitado toda la ropa no había querido colocarse la bata. Tenía el impulso de salir así, que Hiccup la viese de está manera desde el principio. No sabía porque, aunque podía haber una razón: quería provocarle. Vamos, esta era la última vez que lo vería (por lo menos en un buen tiempo) y todo parecía haberse acomodado para que sucediera algo. Claro, igual no iba a pasar nada, pero, no dejaba de tener curiosidad.
Era malvado. Aunque no dejaba de ser tentador. Podría sacarle de juicio, tal vez saborear un poco del poder que poseía ante él.
Pero tendría que controlar su pulso, las piernas le temblaban de solo pensarlo. Después de unos quince minutos, decidió salir, sin usar la bata, así como así, descalza y sin ninguna prenda sobre el cuerpo. Logró que con el sonido de la puerta abriéndose, él girara la cabeza, quien se sorprendió al verla salir así como así, caminando de puntitas sin siquiera mirarle.
En realidad ella sí que estaba al tanto de su mirada, podía sentirla de manera intensa. Astrid también se sorprendió bastante al ver la luz natural viniendo de la ventana, hacía que todo tuviera un tono más alegre y menos artificial que antes.
Se sentó sobre el diván, ahí fue mucho más no difícil verla. Su piel parecía brillar ante la luz, volviéndose de un color pálido y con destellos dorados y sus ojos se veían más celestes que nunca. La sola imagen le quitó el aliento, verla moverse era hipnótico, le era complicado desviar la vista.
Astrid no pudo evitar sonreír —. ¿Qué?— le preguntó, divertida por el hecho y también porque ni siquiera había hecho algo y él ya estaba mirándola embobado.
Hiccup solo rió por lo bajo y como pudo, miró hacía abajo —. Nada — negó con la cabeza, sintiéndose sonrojar —. Te ves muy linda hoy —. comentó antes de volver a los óleos y a la paleta. Astrid adoptó la posición de siempre, halagada y con un sentimiento de triunfo al verlo de esa manera —. Al parecer no necesitas a Ruffnut —. se refería al maquillaje. Le había quedado demasiado similar a lo que Ruffnut solía hacer.
— La he visto hacerlo cientos de veces —. se encogió de hombros. Aunque había logrado alterarle el pulso sin hacer nada, Astrid aún no se encontraba del todo satisfecha. Aún podía hacer más —. No es tan complicado.
— Eso es bueno —. la insatisfacción menguó un poco al verlo concentrado en el cuadro, con el ceño fruncido.
— Seguro que no quieres hablar ahora, lo siento —. puede que fuese así, al parecer este era el único momento en el que él tenía para concentrarse sin tener tantas interrupciones tontas.
— Oh, no —. se apresuró a responder —. No te disculpes… Realmente no me molesta que hablen, Viggo es lo único que me molesta —. confesó. Su voz, por alguna razón se escuchaba distinto, tal vez por el eco que causaba el sitio, así que cualquier susurro se escuchaba perfectamente en cualquier lugar de la habitación.
Por lo que sí, sus oídos captaron perfectamente su pequeña risa —. Jamás he preguntado, es obvio que se llevan mal, pero, ¿Por qué?— le preguntó divertida. Hiccup hizo una mueca y rodó los ojos.
— Es un odio mutuo —. tomó el pincel y decidió con qué empezar. No mentía, a Astrid no le molestaba, incluso era relajante escucharla —. Fue mi profesor en la escuela de arte. Ya te debes imaginar qué tipo de profesor es —. la miró de reojo, asentía. Su mirada no pudo evitar posarse sobre su pecho y su perfecto vientre, ambos subían y bajaban con su respiración, se le veía tranquila, atenta…— Odiaba todo lo que yo pintaba, nunca le gustó ninguno de mis cuadros —. Astrid frunció el ceño, ¿entonces, por qué…?— Hasta que un día vio uno de mis cuadros y lo compró. Así que no sé exactamente porqué quiso que yo pintara este cuadro.
— Tal vez quiso desafiarte —. respondió con simpleza, empezó a jugar con el mechón de su cabello que tenía entre sus dedos.
— Puede ser —. se encogió de hombros —. Vaya que lo ha hecho.
— ¿Soy dificil de pintar?— le preguntó la rubia, como si le reprochara. Hiccup negó con la cabeza.
— Yo no diría eso. No es tu culpa — repuso, empezando a tomar nota de sus caderas y sus piernas —. Ya te lo he dicho, es difícil pintar a alguien tan bello —. volvió a confesar. Astrid rodó los ojos y negó con la cabeza, sonriendo.
— Estoy segura que lo lograste —. le animó, se fijó en Toothless, quien se encontraba curioseando por todo el estudio con total libertad.
— Eso espero.
Silencio, no ocurrió nada extraordinario en un rato. Ambos estaban atrapados en sus propios pensamientos, tanto así que nadie se dió cuenta de que Toothless subió al diván para recostarse junto a Astrid, acurrucado desvergonzadamente contra ella, ronroneando.
Astrid esperó a que Hiccup dijera algo, incluso acarició la cabeza del gato. Hiccup se quejó en voz baja, haciéndola reír.
— Ah, Toothless…— regañó al gato, abandonando su puesto y caminando hacia ella, quien notó que tenía las manos llenas de pintura —. Baja de ahí —. y alargó las manos hacía el gato, quien no quería abandonar el cómodo lugar que había encontrado—. Lo siento…
— No te preocupes —. le disculpó, viendo como el gato aferraba sus uñas a la tela del mueble —. Oh, cuidado, puede romperlo.
— Sí, ya lo noté —. Hiccup empezaba a impacientarse —. Siempre hace esto cuando…— perdió el equilibrio y por poco, de no haber sido porque logró colocar una mano sobre el mueble antes, le hubiera caído encima. Quedó muy cerca de ella, prácticamente con la nariz sobre su cuello.
Incluso Astrid no lo esperaba, tanto así que ella estrelló una de sus manos sobre el pecho, deteniendolo justo ahí.
Toothless huyó del sitio, Hiccup había aplastado una de sus patas. No solo eso, no quería meterse en problemas. Más de los que ya tenía —. ¿Estás bien?— preguntó la rubia, Hiccup intentó levantarse, sin embargo, había algo mal. La prótesis de su pierna se había desajustado un poco.
— Sí, yo…— alzó la mirada. Y odió haberlo hecho, porque se topó con sus hermosos ojos azules, que lo hizo trabarse —. E-estoy bien…— jamás le había tenido tan cerca, ni siquiera planeaba hacerlo alguna vez. Cómo pudo, trató de alejarse unos centímetros, buscando como estabilizarse —. Esto pasa todo el tiempo —. se excusó. La mano de Astrid no se apartó de su pecho, aunque la presión ejercida no era la misma. Era mucho más suave.
Astrid no lo quería lejos, en un principio quiso creer que era por mera preocupación, aunque, muy en el fondo, sabía que no era por eso.
— ¿Te caes seguido?— le preguntó, en voz baja, sus ojos fijos sobre su pecho. Su suéter rojo de lana era suave, no pudo evitar frotar un poco la tela con la punta de sus dedos.
— A veces. Siempre es por la…— oh, ella no sabía eso. Bueno, sí, lo sabía, pero nunca lo había escuchado de su viva voz. Hiccup se humedeció los labios antes de continuar —. La pierna. Tengo una prótesis… o sea una pierna de… metal —. agregó, tratando de bromear con eso. Astrid le miró a los ojos, intrigada.
— ¿De verdad?— no sonó tan sorprendida como esperaba. Seguro que ya lo sabía. Le llamó la atención que ella no parecía disgustarle el hecho.
— Uh, sí —. tenía que levantarse, la cadera iba a matarlo si no, pero sus brazos no le respondían —. Accidente de coche —. resumió. No iba a extenderse demasiado en el trauma más grande de toda su adolescencia.
— Debió ser terrible.
— Tengo algunas cicatrices —. intentó de nuevo levantarse, sin mucho éxito.
— Me agradan las cicatrices —. le sonrió acercándose un poco. Sabía que estaba jugando a algo muy peligroso, incluso podía leerlo en el rostro del pintor, quien se había ruborizado ligeramente.
— Yo… no creo que te gusten las mías. Son bastante feas —. tragó saliva después del hecho, ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué ella le estaba acariciando el pecho? ¿Por qué insistía en tenerlo cerca?
— Uhm, podrías enseñarme, quizá no lo sean.
Hiccup solo pudo reír, nervioso —. No… no es…— ¿No es qué? ¿Correcto? Por supuesto que no, ¿Apropiado? Mucho menos —. No debería, soy…— mientras más trataba de alejarse, Astrid le seguía, estando tan cerca que podía sentir su respiración sobre su piel. Apenas podía escuchar sus propias palabras sobre el retumbar de su corazón.
— Aquí tienes una —. señaló Astrid, acariciando con los dedos de la otra mano su barbilla, deslizando sus dedos sobre la cicatriz de esta. Hiccup parpadeó repetidas veces.
— Sí, es… es…— se aclaró la garganta, Astrid miró su manzana de Adán subir y bajar —. Esa no es del accidente, me la hice de bebé…— ella mordió su labio inferior, deleitándose con su nerviosismo.
Iba a casarse. En cuestión de semanas se casaría con el hombre que más amaba en todo el mundo, con el que se supone que iba a formar una familia, con el que pasaría el resto de su vida… No habría espacio para nadie más.
Pero todavía no estaba casada. Y ya, sabía que pensar eso era horrible, sin embargo, sentía que no podía dejar pasar esta oportunidad. Si lo hacía, jamás iba a saber qué era esto, ni como sería, ni lo mucho que lo necesitaba… nada de eso.
Tal vez si le daba un beso, solo uno, quizás pueda sacárselo de la mente. Podría volver a enfocarse en qué estaba enamorada de Eret y de nadie más, que su deseo por el pintor no era más que un simple capricho. No lastimaria a nadie si nadie se enteraba. No tenía porqué decirle a nadie…
Hiccup, por su parte, estaba paralizado, necesitaba alejarse o terminaría estampando sus labios contra los de ella. Y si eso pasaba, entonces todo su profesionalismo se iría al carajo.
¿Valía la pena?
Buena pregunta.
— Necesito terminar el cuadro. — se sintió expuesto al escuchar su tono de voz, porque fue débil, apenas audible. Su respiración se había entrecortado y no podía dejar de mirarle los labios, con el pulso desbocado. Fue un intento patético de escapar, no muy convincente.
— ¿Ah sí?— le preguntó, entrecerrando los ojos, tan cerca que podía escuchar con total claridad su respiración —. Puedes terminarlo después —. después de obtener lo que quería.
— No… es que…— intentó protestar, aunque no se movió. Astrid dejó de acariciar su barbilla para tomarlo de esta, acomodó su cabeza de tal manera en la que era más fácil obtener su cometido. — Astrid yo…— la llamó por su nombre, y esto lejos de hacerla entrar en razón, la volvió completamente loca.
Tanto así que lo besó. Estampó sus labios con suavidad contra los suyos; no fue rápido, él pudo separarse en cualquier momento, sin embargo, no lo hizo, Hiccup se quedó ahí, petrificado, con los ojos muy abiertos, sabiendo que debía separarse de algún modo. E iba a hacerlo, en serio, de no ser porque ella profundizó el beso moviendo los labios con los suyos, no solo eso, lo tenía sujetado de las mejillas, le acariciaba la piel con sus manos suaves, aumentando la intensidad a cuenta gotas. Al ver su falta de participación, Astrid pensó en separarse, uh, tal vez se había equivocado, tal vez Hiccup solo la veía como una modelo muy bella y nada más…
Le regresó el beso, primero de forma tímida, su mente empezaba a ponerse en blanco, como si el carrete de sus pensamientos se hubiese quemado. Poco a poco empezaba a olvidarse que se encontraba besando a su compañera de trabajo, en su lugar de trabajo, que ni siquiera era su casa, que había demasiados riesgos. Sin embargo, el pensar en eso, en todos los riesgos, en todas las posibilidades negativas que podrían suceder, aumentó su morbo, sus ganas de aprovechar esta oportunidad.
Su colaboración la hizo mudar sus manos a su nuca, empezando a jugar con los largos mechones que caían sobre esta, Hiccup por su parte, empezó a apoyarse un poco más sobre ella, todavía no se atrevía a tocarla, lo cual era gracioso, porque Astrid no hacía nada más que acercarse hacía él, ansiando su toque, el sentir sus manos sobre su piel, lo necesitaba, su piel ardía por lo mismo, lo quería cerca, muy cerca, dentro de ella había despertado un hambre que no sabía que tenía. O quizá lo sabía, siempre lo había sabido. Lo había reprimido desde que lo conoció, y el hecho en vez de disminuir, había aumentado con creces.
No por nada estaba explorando la boca del castaño con su lengua, ansiosa, casi sobre él, jadeando. Fue inevitable tomar una de sus manos para colocarla sobre uno de sus pechos, provocando que él lo apretara con suavidad a modo de respuesta automática. Fue como una respuesta inmediata, una ola placentera que se extendió por todo su cuerpo haciéndola soltar un gemido sonoro. Esto lo hizo despertar.
De verdad estaba pasando. Y de verdad no estaba bien.
Se separó de ella, e intentó incorporarse de golpe. Lo único que logró fue irse de bruces contra el suelo, también estaba jadeando, y en general estaba hecho un desastre; su pierna prostética se había doblado un poco, volviéndose evidente a simple vista, estaba sonrojado en extremo, sudaba un poco, toda la piel del rostro picaba y el prurito abarcaba hasta sus brazos, las pupilas dilatadas, los ojos vidriosos, como si fueran de corderito degollado. Ella le había manchado los labios con su lápiz labial, por lo que había rojo carmesí alrededor de sus labios, combinando con su sonrojo. Estaba jadeando, su pecho subía y bajaba, estaba nervioso, seguro que estaba temblando.
Astrid se sentó en su sitio, sorprendida y medio riendo. Se veía adorable, vulnerable y adorable en extremo. Se levantó con gracia de su sitio, y se colocó frente a él, como si lo estuviera acechando, mirándolo desde abajo, sonriendo con triunfo.
— ¿Estás bien?— preguntó en un susurro, su tono le paralizó el corazón, le robó las palabras de la garganta.
— A-ajá —. tartamudeó. Astrid caminó hasta él, hasta que llegó a la altura de su cintura, pasó un pie por encima de su cuerpo para quedar prácticamente sobre él, con la misma mirada arrogante de antes —. Escucha… yo…— intentó frenarlo hasta que notó como ella se sentaba sobre su vientre —. Esto…— tragó saliva, ella estaba volviendo a acariciar su pecho con mimo, recorriendo las clavículas por encima de la tela, acercándose cada vez más, en busca de otro beso —. Esto no es correcto. —murmuró, nervioso antes de recibir otro beso de parte de la rubia, conservando la intensidad del anterior, siendo ella quien estaba arriba y esta vez colando sus pequeñas manos por debajo de su suéter, rasguñando ligeramente con sus uñas largas, provocando jadeos y gruñidos quedos por parte de él. Perdería el control si ella no paraba —. No. —la tomó de las muñecas, usando su fuerza para inmovilizarla y apartarse un poco. La imagen frente a él no fue a su favor, Astrid le miraba con los ojos entrecerrados, con hambre y mordiendo su labio inferior. Seguro y estaba soñando… No había otra explicación.
— ¿No?— preguntó sin aliento. Se volvió a acercar, robándole de nueva cuenta otro beso, mucho más corto que los anteriores, siendo ella la que se separó antes de que él siquiera lo intentara. Hizo un puchero —. Creí que te gustaba —. dijo a modo de chantaje —. ¿No te gusto?— impulsó su torso hacía adelante. No sabía porque se estaba comportando así, ella jamás se había sentido tan excitada, ni tan necesitada por el toque de alguien. Ellos dos solo se habían besado y ella ya se estaba derritiendo, vamos, que el sentir sus manos alrededor de sus muñecas, apretando fuerte la hacían desesperarse mas y mas.
— N-no es eso —. negó con la cabeza, aflojando su agarre y arrastrando sus manos por los antebrazos de ella. Fue ahí cuando cayó en la cuenta de que no sabía donde colocar sus manos —. Es que esto no se debe de hacer, yo… Yo no debería hacer esto, eres… Eres mi modelo y eso no es muy ético…— mustió, tratando de aparentar estar tranquilo.
— ¿Ah sí?— su voz denotaba despreocupación.
— No es… yo no quiero que creas que me aprovecho de tí…
— No me molestaría —. le interrumpió, concentrando sus caricias sobre el vientre de él, bajando poco a poco. Hiccup luchaba por tener los ojos abiertos y las manos fuera de ella —. ¿Quiere decir que no te gusto?
— ¡N-no! Es decir… No sería muy profesional que yo…
— No me importa si no es profesional, solo quiero saber… He notado como me miras, ¿Así miras a todas tus modelos?— reprochó, sabiendo la respuesta.
— ¡No! Tú eres…— no podía pelear más con esa mirada tan ansiosa, ni con las sensaciones que su tacto le hacía sentir. — Dioses me gustas muchísimo —. confesó, apretando los puños, apenas consciente de lo que había dicho. Astrid se relamió de gusto, tanto así que clavó sus uñas sobre su piel, él gimió de dolor al sentirlo —. Pero…— seguía insistiendo en que esto no podía estar pasando. Astrid intentó hacerlo desistir de una vez por todas empezando a repartir besos húmedos por su cuello. Dioses, olía estupendo… — Tu novio…
Ah.
Eso.
Subió sus besos por la yugular, hasta llegar a su oído, el cual besó con mimo, ganándose más sonidos por parte del pintor —. Él no está aquí —. respondió en un susurro. Hiccup se estremeció, cada vez era más difícil controlarse, no tocarla ni responder al afecto —. Así que te gusto, mi novio no está aquí y yo te necesito —. No estaba mintiendo, lo necesitaba demasiado. Estaba tan fuera de sí que incluso llegó a considerar alguna manera de forzarlo, si es que había oportunidad —. Uhm, ¿qué vas a hacer al respecto?
Tenía varias ideas.
Estaban solos. Nadie se iba a enterar, nadie tenía por qué enterarse. Esto podía quedarse solo entre ellos, la reputación de ambos podía seguir intacta, no tenía que haber consecuencias al respecto.
La tomó de la nuca con brusquedad, temblando, sorprendiendola en el acto. Hiccup fue está vez quien la besó, con necesidad y de forma tan ruda que era obsceno el solo mirar, sus manos recorrieron su cintura, enterrando sus dedos en la suave piel de la rubia, con posesividad. Astrid por su parte, fue quitandole la camisa, y únicamente se separaron para darle paso a la tela.
Una vez se separaron, Astrid le miró el torso, sí, tenía algunas cicatrices, había una que le recorría el pecho y parte de su vientre. Hiccup era delgado, sí, pero sus brazos estaban tonificados, se veían fuertes, con una que otra cicatriz pequeña, el pecho estaba repleto de pecas diminutas, que le manchaban también los hombros, las recorrió con la punta de los dedos. Ni bien le tocó, Hiccup volvió a atacarla, está vez empezó por el cuello tal y como ella lo había hecho antes, con la peculiaridad de que fue bajando poco a poco, mordiendo ligeramente la piel, sonriendo cada que ella soltaba algún sonido, orgulloso. Recorrió todo su cuerpo delicadamente, de arriba a abajo, regresó sus manos a los pechos de ella, todavía temblaba, aunque su agarre era firme y no titubeaba demasiado. Con la punta de los dedos pulgares frotó ambos pezones al mismo tiempo, primero despacio y luego los apretó con delicadeza, a modo de prueba, verificando si le gustaba en base a sus expresiones y sus sonidos.
Era mucho mejor que todas sus fantasías con ella. Mucho, mucho mejor. Ella era ruidosa, cosa que agradecía de sobremanera, porque adoraba escucharla. Sus sonidos le parecían adictivos, no solo eso, sino la manera en la que ella enterraba sus uñas en el cuero cabelludo, ansiando más, en ocasiones atrapaba mechones de su cabello y tiraba de ellos mientras arqueaba la espalda. No demoró mucho para que su boca llegara a sus pechos y empezara a lamer y succionar como si fuese un bebé, provocándole gritar.
Viéndola tan distraída, se empeñó en girarla para cambiar de posición con el fin de quedar sobre ella, para obtener un mayor control al respecto. Astrid sintió su espalda sobre el frío suelo de madera, abrió ligeramente los ojos, mirando fijamente al techo alto, las luces no estaban encendidas y la luz iluminaba cada rincón; bajó la mirada. Se encontraba muy complacida con el hecho, no podía dejar de sonreír.
Notó como ella lo miraba, así que alzó la vista. La besó de nuevo, fue un poco más controlado, Astrid pasó sus dedos por las cicatrices, recorriendo la textura de la nueva piel, un poco más rugosa que la piel normal.
Lo hizo reír. Ella no mentía, le gustaban las cicatrices.
— ¿De verdad te gustan?— susurró contra sus labios, Astrid sonrió y asintió.
— Me encantan — respondió, seductora.
Hiccup volvió a bajar sus besos, esta vez bajando desde su boca, pasando por la barbilla y besándole la tráquea, el esternón y llenandole el vientre de besos, le besó las piernas, suavemente, evadiendo su sexo, solo para impacientarla un poco más. Disfrutaba bastante por su impaciencia, sonaba cada vez más desesperada y sus espasmos eran mucho más atrayentes, besó primero dentro del ángulo de las rodillas, creando un camino de besos por sus muslos, haciéndola estremecerse y tomarle del cabello, primero acariciando con suavidad y luego apretó los mechones de cabello entre sus dedos, ordenandole a donde ir.
Sentir su respiración sobre la sensible piel la hizo jadear de forma sonora, cerró los ojos, a la expectativa, ¿cómo es que Hiccup la tenía así?
Lo primero que hizo fue besar el centro, ella le atrapó la cabeza con ambas piernas impidiéndole escapar. Él decidió usar su dedo índice también, introduciendolo dentro de ella, ganándose un grito de su parte, así como un espasmo que la obligó a elevar sus caderas y apretar un poco más su cabeza con los muslos. Su cordura fue en picada cada vez más, era como si su cerebro se estuviera derritiendo a cada segundo, volviéndola solo un cuerpo que no paraba de gemir y jadear, no paraba de llamarlo por su nombre, casi sin aire, medio gritando; en medio de tanta quietud, resonaban con eco por toda la habitación. Algo bueno de este estudio es que se encontraba a buena distancia de los vecinos más próximos, técnicamente ella no tenía que ser escuchada. Aunque, ahora que lo consideraba un poco, con el resto de razón que le quedaba, no le molestaría para nada que alguno de ellos le escuchase. No estaba pensando con claridad, esto era obvio, sin embargo no parecía ser tan malo, la adrenalina de ser atrapada con la cabeza del pintor entre sus piernas, completamente desnuda y viéndose como la imagen viva del nuevo cuadro de Hiccup Haddock, aunque una versión mucho más sugerente, más erótica y sin la cotidianidad que se suponía debía reflejar el cuadro original.
A veces, él abría los ojos, alzando un poco la vista para obsevarla. Cada gesto era mejor que el anterior, mucho más cautivador. No podía creer que estuviese pasando, le parecía casi imposible que hubiera sucedido. Ella no había estado bromeando, ¿Desde hace cuánto que ella siente esto? ¿Su novio lo sabe?
Alto, ¿Cómo iba a saberlo?
¿Le estaba mintiendo?
Frenó. No, claro que no, ¿O sí?
— ¡No pares!— lloriqueó la rubia, sonando extrañamente desesperada, mucho más que antes. Sus caderas se sacudían, ansiando más —. No te detengas…— pidió, acariciando su cabello con fuerza —. Estoy muy cerca, yo…
Le causaba una sensación rara saber que el novio de Astrid estaba tan tranquilo con toda esta situación. Su novia, a merced de otro, ansiosa, a punto de correrse gracias a otro. La acarició lentamente, formando ligeros círculos con su dedo índice.
— Por favor…
Su novia, con la que se casaría algún día, le estaba pidiendo a otra persona que la hiciera correrse, ¿Había problemas en la relación? ¿Esto era solo un antojo o algo así?
— Hiccup…— suplicó, gimiendo su nombre de forma prolongada. Él tembló, también estaba ansioso, también quería que ella se corriera, tenía curiosidad…
Además, ¿Quién era él para negarse? No era nadie para negarle nada. Por lo que, desabrochó su pantalón, la mente en blanco, actuando con el puro instinto, como una versión primitiva y desconocida de él mismo; terminó de desnudarse cómo pudo, y aprovechando su confusión, se introdujo de golpe en ella.
Astrid no hizo más que soltar un grito ahogado, abrir los ojos y apoyarse en sus codos. La intromisión había sido violenta, pero nada dolorosa, ella estaba preparada para eso. De hecho, demasiado preparada, porque el solo sentirse llena, la arrojó directamente al borde. Hiccup la tomó de las caderas y se separó casi por completo para luego volver a penetrarla, con la misma violencia anterior.
Su estrechez, su humedad, su calor, incluso los latidos de su corazón, crearon una sensación placentera indescriptible en él. Era directo, brusco, pero no la dejaba de lado, repartía besos por todo su cuerpo; en ocasiones la hacía abrir más sus piernas, tomándola directamente de los muslos. Era en ese momento en el que besaba sus rodillas.
Astrid lo hizo mirarla, tomándola de la barbilla otra vez. — ¿M-me…?— tragó saliva, él era de un tamaño considerable, y pegaba en un punto que era mucho más sensible que todos los demás —. ¿Querías tenerme así, verdad?
Por supuesto.
En respuesta le sonrió de lado, pasando una de sus piernas por sobre su hombro. Astrid, sorprendida por la nueva posición, aferró sus dedos a la piel de los brazos de él, clavando sus uñas dentro de la carne. Se mordió el labio inferior, ahogando sus sonidos en este, los ojos fueron de nuevo al techo, aunque no se mantuvieron ahí por mucho tiempo, al contrario, con velocidad fueron a la parte posterior de su cabeza, sintiendo una oleada de placer inflarse como si fuera una burbuja dentro de su bajo vientre.
— Mierda…— gimió por lo bajo, Hiccup también pudo sentirlo. Sus paredes se volvían cada vez más estrechas, los espasmos empezaban a ser frecuentes, y dada su expresión, estaba cerca. Lo estaba volviendo loco, incluso lo estaba impacientando, necesitaba verla así, necesitaba verla para después plasmarla en algún lienzo…
Dibujar su expresión durante el éxtasis sería un reto, pero también lo mejor que podría dibujar, la cosa más bella que él pudiese retratar. Por lo que llevó una de sus manos a la muñeca derecha de ella, la estrechó y la encaminó hacia abajo, sin dejar de empujar.
— Tócate —. ordenó, susurrando en su oído, acomodando los dedos de ella con los propios para enfatizar la indicación. Astrid abrió los ojos e intentó recriminarle con la mirada… ¿Qué se ha creído? ¿Él cree que tiene el control aquí? Incluso trató de decirlo, pero le fue difícil, debido a que en sí, y en realidad, ella no estaba del todo en desacuerdo con su idea, por lo que bufo y le obedeció.
— Ah…— soltó sorprendida, al principio sonó grave, bajo, para después tornarse en agudo y progresivamente alto. No ayudaba que le estuviese besando el cuello y le acariciara todo el cuerpo.
— Más fuerte. — pidió, también conteniendo la respiración. Astrid obedeció sus órdenes, todo cada vez se tornaba un poco más borroso. Concentrarse en una sola sensación era difícil, porque estaba sintiendo demasiadas a ese punto. Ni siquiera notó cuando la tomó en brazos y la recostó sobre el diván de nuevo, estando su cabeza ahora entre las almohadas o cuando él hizo que la mano libre que le quedaba apretara uno de sus senos, con la mano de él encima.
Con solo mirarlo fue suficiente. Se sintió estallar, ni siquiera pudo gritar, es más, ni siquiera estaba consciente de lo que había pasado, había luces blancas contra su iris, dificultandole ver. Solo podía pensar en él, que no paraba de observarla, de analizarla, como si estuviera a punto de dibujarla, con la misma dedicación y estudio de siempre, mezclada ahora con un hambre extraño que no podía controlar.
Y que no estaba seguro de volver a controlarla alguna vez.
Hiccup grabó en su mente cada gesto, cada expresión, la presión de sus dedos sobre su piel, su grito atorado en la garganta, los pliegues de piel cuando ella se movía sin control, su cabello revuelto… quiso arrojar el cuadro en el que llevaba trabajando por tanto tiempo por la ventana, destruirlo, porque, está era la imagen más hermosa que él haya visto, mucho mejor, más cautivadora, incluso no le importaron sus movimientos evasivos con tal de mirarla.
Cuando se terminó, Astrid tomó una bocanada de aire, se alzó sobre sus codos, ahora sí notando que se encontraba sobre el diván de nuevo. Aún jadeante, le dirigió una mirada sorprendida, como si lo hubiese subestimado. Y es que, puede ser, ella no esperaba nada tan intenso, en parte era culpa suya pero…
— Podría pintarte justo así —. habló Hiccup sin siquiera pensarlo. Cuando la escuchó reír fue que se dió cuenta de su error. — Lo siento, yo…
— ¿Podrías?— preguntó, incorporándose poco a poco. Hiccup tembló al verla casi sentada. — Creí que necesitabas mirarme por un tiempo como para hacerlo.
— Soy bueno recordando cosas —. le acarició los muslos, haciéndola relamerse ante su toque. — Aunque puede que necesite ver eso de nuevo, ya sabes, solo para confirmar…
Ella volvió a reírse, con ganas, negando con la cabeza.
— ¿Crees que puedes lograrlo de nuevo?
— ¿Crees que no podría?— retó. Astrid levantó una de sus cejas, se incorporó hasta sentarse frente a él, lo miró a los ojos, entre pestañas, mordiendo su labio inferior y sonriendo, divertida y más relajada de lo que ella se había sentido en semanas. Planear bodas a veces es estresante.
— ¿Sabes qué?— le susurró, acercándose lentamente. Vio su manzana de Adán subir y bajar, así como su pecho moverse errático —. Podría ayudarte con eso.
No supo a qué se refería hasta que ella se levantó. Astrid trató que no se notará que sus piernas eran de gelatina en aquel momento. Esperaba no caerse, sería vergonzoso.
Hiccup se giró hacia ella, quedando de espaldas contra el respaldo, ella sonrió satisfecha con el cambio de posición e inclinándose un poco, posando ambas manos sobre el pecho de él, le empujó contra el diván, dejándolo acostado sobre este. Una vez hecho esto, se sentó sobre su regazo, continuó acariciando su pecho, divertida
Gimió e incluso tuvo un espasmo cuando lo sintió, aún duro sobre su sexo. Hiccup la sostuvo por las caderas, entendiendo lo que tenía que hacer ahora.
Se posicionó debajo de su entrada, la miró a los ojos antes de besarle la nariz, en un gesto tierno e íntimo a la vez. Vio sus mejillas ruborizarse antes de que ella lo tomara de las muñecas, apartándolo de ella.
— Yo lo hago —. tuvo su pequeño momento de dominancia. Este era el momento de ella.
Bajó lentamente, flexionando sus rodillas, disfrutando de la sensación, abriendo su boca sin emitir ningún sonido, sin apartar su iris azul del verde, disfrutando del nuevo poder que había adquirido, que probablemente siempre tuvo sobre él, de forma implícita, claro, ahora esto sería mucho más directo.
Le vio apretar los puños, notando entonces las venas marcadas en sus muñecas, ¿Había algo en él que no fuera atractivo para ella? En cualquier otra situación, ella no se hubiera fijado en él en absoluto, sin embargo, ahora que había fijado sus ojos en él, encontraba cosas que le gustaban cada vez más. No había nada que le desagradara o que la hiciera desistir; adoraba sentirlo dentro de ella, estirando sus paredes, llenándola por completo, estando sobre él, siendo ella quien controlaba la velocidad y la intensidad del acto en sí. Con el tiempo fue aumentando ambas cosas, empezando a prácticamente saltar sobre él.
Podría acostumbrarse a sus sonidos, la mayoría de hombres con los que había estado no solían hacerlo, pero Hiccup era distinto. No se guardaba ni un solo jadeo o gruñido, escucharlo gemir era el mejor sonido del mundo, porque sonaba tan masculino y al mismo tiempo tan frágil que la arrojaban justo al borde.
A pesar de que ella era fuerte, mantenerlo sujeto de las muñecas cada vez era más difícil, Hiccup no tenía suficiente, necesitaba tocarla, marcar el ritmo él mismo. Eso era lo más extraño y provocador de todo, ambos estaban luchando por la dominancia de la situación; ella yendo lento, sosteniendo sus muñecas e impidiéndole levantarse, y él forcejeando para tocarle, los ojos fijos en sus pechos, que rebotaban conforme al ritmo, cielos, incluso la quería tomar del cuello, sin embargo, también le gustaba jugar de esta manera. Era entretenido e interesante saber quien iba a ganar la batalla al final.
Eso estaba pensando cuando ella se inclinó sobre él, ligeramente, adquiriendo un nuevo ángulo que lo hacía sentir que iba mucho más profundo dentro de ella. Astrid controló la respiración lo suficiente como para hacer una pregunta.
— ¿Desde cuándo?
Hiccup la miró a los ojos de nuevo, le preguntó con la mirada a qué se refería, Astrid le entendió perfectamente, no pudo evitar soltar una risa débil, entrecortada y sin aire debido a que no había parado de rebotar sobre su eje —. Esto — aclaró vagamente, sin embargo fue suficiente como para que él entendiera.
No supo bien porqué, pero también le pareció gracioso. Tomó aire e intentó tomarle de la mejilla, ella le dejó hacerlo, pero no soltó en ningún momento su muñeca.
— Desde que te conocí. —respondió con total sinceridad, recordando todas las veces en las que él se la pasaba fantaseando con ella, todas habían iniciado justamente el primer día en el que la vio en persona. Repasó todo ese primer día, él tratando de invitarla a salir sin saber que ella estaba con alguien más…
Curioso que hayan terminado así de todas formas.
Astrid abrió los ojos sorprendida, ah, ¿de verdad?— ¿En serio?
Hiccup asintió con lentitud —. Dioses, no he dejado de pensar en tí desde… —. agregó, quebrándose en las últimas sílabas. Astrid, en medio de todo lo que estaba pasando, pudo sentir como sus mejillas eran llenadas por sangre tibia, se estaba ruborizando y la piel le picaba le picaba por lo mismo.
— ¿Y querías acostarte conmigo desde entonces?
— En realidad…— vaciló, desviando la mirada —. Solo quería invitarte un café —. pero no se quejaba por esto.
Esta vez volvió a reír, a carcajadas, lo contagió, causando que la velocidad disminuía poco a poco hasta detenerse, quedando ella sobre su regazo y soltando el agarre sobre las muñecas de él. Casi se va de espaldas, de no ser por el agarre oportuno de Hiccup sobre su delgada cintura, la cual aprovechó para darle una estocada fuerte.
Continuó riendo, a la par que él repartía besos cortos por todo su cuello y pecho, riendo también, está vez la tenía envuelta en un abrazo, con las palmas de las manos recorriendo su espalda, atrayéndola aún más contra sí.
— ¿Quién te ha dado permiso de tocarme?— preguntó la rubia, juguetona. Hiccup atrapó uno de sus pezones con los labios y succionó un poco antes de responder.
— No sabía que tenía que pedirle permiso, mi lady. —respondió de vuelta.
El apodo le tomó por sorpresa, fue agradable, le gustaba, mucho más de lo que ella hubiese pensando. No era una chica de apodos, pero…
De todos modos, le jaló el cabello, apartándole la cabeza un poco —. Recuerdo que me dijiste que no me tocarías porque eres un profesional, ¿No es así?
Hiccup alzó las cejas y sonrió de forma torcida —. Cierto —. aceptó, asintiendo con la cabeza —. Puede que contigo no tenga que ser tan profesional.
Tomadolo aún del cabello, Astrid lo atrajó de vuelta a sus labios, aflojó el agarre a una caricia y volvió a marcar el ritmo, está vez con ayuda de Hiccup. Igual hubieron disputas sobre este, siguió la lucha de poder, por supuesto. Él quería ir rápido, ella lento y profundo, y aunque en general era un ritmo irregular, se sentía increíblemente bien.
No fue hasta que le dió una nalgada cuando ella reventó así, sin previo aviso, ante su atenta mirada. Cómo prometió, Hiccup no le quitó la vista de encima y memorizó cada gesto. Ella gritó un sinfín de incoherencias, las palabras se atropellaban unas con otras, sus uñas se clavaron en su espalda y sus espasmos fueron controlados gracias a las grandes manos sosteniéndola por las caderas.
Hiccup supo que no iba a poder aguantarlo más. Aprovechando su debilidad, su cabeza en las nubes y sus ligeros jadeos, cambió a la posición anterior, recostandola delicadamente en el diván.
Y entonces, se le ocurrió.
Con las manos temblando todavía, en señal de anticipación, le acomodó, colocando su cuerpo ligeramente de lado, peinó ligeramente el cabello revuelto, las manos las puso de la misma manera en la que recordaba. Astrid reconoció esta pose como la del cuadro y el hecho en vez de desagradarle, le gustó. Era como corromper el cuadro mismo, una señal clara de que esto estaba roto, su profesionalismo se había ido al caño, y a Hiccup no le importaba en lo más mínimo, lo único que quería era seguir hasta correrse sobre la piel de su musa, de la mujer que lo estaba volviendo loco.
No tardó mucho en hacerlo, quedó hecho polvo después de eso. La admiró nuevamente, el líquido le había manchado el vientre, la parte baja de sus pechos y parte de su brazo, Astrid le regresaba la mirada, satisfecha.
— ¿Qué tanto miras?— preguntó, medio curiosa y medio jugando. A pesar de que ahora se sentía mucho mejor al respecto, su teoría de que su deseo por él disminuiría con un acoston se fue al desagüe.
Necesitaba más de él. Su satisfacción no duraría mucho; necesitaba besar cada cicatriz, cada peca, necesitaba hacerlo gritar de nuevo, quería verlo implorar por su toque una vez más…
Y nunca iba a ser suficiente.
Hiccup negó con la cabeza. Él pensaba algo similar. Ahora cada trazo que él fuese a dibujar le pertenecería a ella, cosa que se le antojaba enfermiza. La tenía justo ahí, le apartó de su novio, aunque fuese por un momento.
Tal vez con sus dibujos esto podría durar para siempre.
— Yo…— iba a quedar como un loco si le decía que estaba enamorado de ella, como un obsesivo. Probablemente lo era, sin embargo, ella no tenía porqué saberlo. Se le ocurrió una idea mejor, una idea más tranquila, por lo que preguntó, con el tono más tierno y dulce del mundo —. ¿Te gustaría ir por un café?
Astrid, que esperaba una respuesta dura, tal vez un poco más vulgar, se ruborizó y desencajó el rostro. Terminó sonriendo, ruborizandose de nuevo.
— Claro.
Está madre iba a ser más larga. Neta, se los juro, quería añadir mas escenas, una continuación...
Pero ya, mejor le cortó acá pq no vaya a ser que lleguemos a las veinte mil palabras. O peor.
Tengo otros fics que atender, una comisión en camino y esto estaba opacandolo todo un poco, ¿ya vieron que los de "Es de Fanfics" hicieron un flufftober? Pensaba participar, aunque por cuestiones de tiempo tal vez haga uno o dos trabajos.
Sí me dan ganas de hacer a Hiccup y Astrid cuidando un bebé falso jaj
Respecto a mis clases, ando de aca para alla. Voy a seguir escribiendo, lo juro, solo que con menos frecuencia. Si me desaparezco por mucho tiempo, pues ahí tengo mi página para que chequen qué pasó, capaz que ando escribiendo algo terriblemente largo o así. Eso o estoy en la busqueda de pacientes.
Si eres de la cdmx y ocupas que te saquen un diente, yo lo puedo hacer xd
Entre los avisos parroquiales, quiero hacerle promoción a Dee, que ya anda emprendiendo su negocio: ¿Cansado de siempre ver dedazos en tus fanfics? ¿Tu ortografía es pésima y no sabes a quien acudir? Bueno, Dean ofrece sus servicios para revisar tanto fanfics como historias originales. Si buscan contactarla, tienen de dos: o buscan mi pagina de facebook o buscan la suya, que es "Simp de Tuffnut".
Ya sé, el nombre es medio raro, pero el trabajo de ella es 100% en serio.
¿Han notado que Hiccup está bien planito? JAJAJJAJAJAJ
Listo, ya, espero les haya gustado. No sé si le haga continuación, a lo mejor sí o no, no sé, quien sabe, puede ser...
No creo.
Les quiero mucho, cuidense uwu
Ah, no, les dejo con la estrofa que me hizo escribir este fic:
No me busque' en Instagram
Mami, búscame en casa
Pa' que vea' lo que pasa, ey
Si tú me pruebas te casa', ey
Ese cabrón ni te abraza
Y yo loco por tocarte
Pero ni me atrevo a textearte
Tú con cualquier outfit la parte'
Mami, tú eres aparte
Shorty tiene un culo bien grande, eh
De-demasiao' grande
Y yo lo tengo estudiao', ya mismo me gradúo
Y en la cara me lo tatúo
