Tercer día de la RinToriWeek2022.
Día 3: Vida doméstica.
Advertencias: Fluff, OoC, posiblemente se pierde un poco el sentido de las situaciones, pero ¡Todo con buenas intenciones!
Disclaimer: Free! Ni sus personajes me pertenecen, todo está hecho de fans para fans.
Esta vida, contigo.
A RinTori fanfiction
Si alguien, en algún momento de su vida, le hubiera dicho que estar casado era, la mayoría de las veces, lo mejor que iba a experimentar, jamás le hubiera creído y si a esa profecía sacada como premio de una caja de cereal le hubieran agregado que estaría casado con su primer amor de toda la vida, posiblemente se habría reído de tal afirmación.
Tan alto y seguido que le hubiera dolido el estómago de tanto tiempo riendo.
Sin embargo, descubrir que lo era por sí sólo simplemente se describía como una maravilla, un sueño hecho realidad y la mejor de todas las noticias antes obtenidas.
Y estaba claro que la actitud siempre positiva de Aiichiro frente a lo más mínimo de la vida, maximizaba todo.
Habían tenido que pasar 3 años de una relación de noviazgo iniciada en la escuela preparatoria, después de un largo camino de altibajos emocionales por parte de Matsuoka y con un año de compromiso para hacer realidad todos sus sueños.
Rin fue el primero en sacar a relucir sus deseos de vivir juntos, formar una familia y todo lo necesario, aunque su manera de explicarlo siempre fue contando las anécdotas más bonitas que tenía viviendo con su familia, el amor que sus padres se profesaron durante toda su vida juntos y lo asombroso que había sido cuidar y ver crecer a Gou.
Una historia que Aiichiro siempre mantuvo como el recuerdo más importante de su amado novio y del cual debía sentirse especial por saberlo, pero jamás pudo sacar la verdadera intención de esas palabras, pues parecía estar más encantado con el aura color de rosa que la anécdota le transmitía.
—Rin... —una noche, mientras tomaban un café y un pastelillo en la cafetería predilecta de la pareja, Nitori bajó la taza del cappuccino, con los labios decorados por la espuma blanquecina del mismo, mientras sus brillantes ojos azules miraban con intensidad frente de él a su pareja, quien dejaba el tenedor de su tarta a un lado para ponerle toda la atención. — Acaso... ¿Me estás proponiendo matrimonio?
Rin había acabado de contar la cuarta escena más adorable de su familia, cuando su padre les enseñó a nadar a su hermana y a él, como Gou había llorado al sentir el agua fría sobre sus piernitas de bebé y como su madre reía divertida ante los juegos que su padre hacía con ella en la piscina, luego de que entrará a rescatar a su única hija.
El pelirrojo sonrió de medio lado, tomando la servilleta de tela que reposaba sobre sus piernas, para limpiar sus labios antes de siquiera pretender decir algo más.
—Pensé que tendría que contarte la vez que mi madre hizo sándwiches para un día de campo y los olvidó —contestó Rin, mientras estiraba sus manos hacia las del más bajo, sujetándolas con mucho cariño, suavemente y usando sus pulgares para acariciar el dorso de cada mano del peligris — "pero, te agradezco que te hayas dado cuenta, entonces ¿aceptas?
No faltaba decir que había sido el "sí" más fuerte, claro e impaciente que había cruzado de la garganta del menor y posiblemente de cualquier persona en la misma situación.
Habían tenido que esperar un año más para hacer realidad su sueño de estar juntos para siempre, después de que Aiichiro entrara en la universidad y Rin tuviera un lugar estable en el equipo de natación donde ahora pertenecía; sintiéndose como el año más largo de todos según la parejita.
Encontrar un departamento donde vivir no fue tan difícil como lo pensaban, a decir verdad, había sido más rápido de lo que imaginaron, un precioso departamento, ubicado en los últimos pisos de un edificio de estilo occidental, en una zona tranquila cerca de Tokio les había llamado la atención y luego de mucho papeleo, ambos pudieron mudarse.
—Woah! ¡Lo recuerdo más pequeño de lo que ahora parece! —Nitori entró corriendo al piso colocándose a la mitad de lo que sería la sala y el comedor, dando vueltas sobre su propio eje mientras usaba sus dedos para hacer la señal de traer una cámara frente de él, juntando el pulgar derecho con su índice izquierdo y el índice derecho con su pulgar izquierdo, intentando enfocar cualquiera de las blancas paredes frente de él.
El pelirrojo miró a su pequeña y delicada pareja, ataviada en esa ropa de colores brillantes que tanto le describían, dando vueltas sin cesar, tan emocionado y feliz que parecía más pequeño de lo que era. Bajó la caja de cartón que llevaba sobre sus manos para descansar un poco, mientras mantenía su atención sobre de él.
—El que vimos por primera vez fue un departamento muestra —explicó con total calma, viendo cómo lentamente el de ojos azules dejaba de dar vueltas, extendía los brazos a los lados como buscando mantener el equilibrio — estaba amueblado y nosotros tendríamos muebles si me ayudaras a traer las cajas
El más joven de los dos expresó un alto "A la orden" mientras salía ligeramente tambaleante de la casa hacia el pasillo, Rin soltó un suspiro y una risa combinados, mientras volvía al pasillo por un par de cajas para meter, siendo testigo de cómo Aii, siendo tan pequeño como le recordaba, iba arrastrando la caja del librero más pesado de todos, el cual se trababa luego de haber sido desplazado por unos pocos centímetros.
Y sin pensarlo ni un segundo, el de sonrisa de tiburón dejó de hacer cualquier cosa para ir con él y meter la gran caja del mueble sueco recién adquirido.
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Ese sábado por la mañana, Matsuoka Rin tuvo un instante de recordar el pasado, justo cuando el sueño había escapado de él y lo único que le quedaba era ver la tranquilidad emanando de su adorado patito, quien continuaba en los brazos de Morfeo y no parecía tener interés por despertar.
Paso sus brazos sobre el cuerpo de su esposo, con cuidado, manteniéndolo pegado sobre su pecho, aprovechando que estaba de espaldas a él.
Era cálido, pequeño, tanto que no necesitaba mucho espacio entre sus brazos o sobre la cama en general. Su aroma era suave, tenue, pero sobre todo su favorito, apretó con un poco más de firmeza sobre su cuerpo estrujándolo con algo más de fuerza sin querer, arrebatado un quejido por parte del más bajo.
Pero ello no lo detuvo se acercó a su cuello, dejando unos cuantos besos sobre de este, con ternura y suavidad, deleitándose con su aroma, sintiendo como entre sueños el de cabellos grises se estremecía y quejaba, ese quejido típico de no desear ser despertado.
— ¿Se... Senpai? —la voz adormilada de Nitori se escuchó, después de un bostezo por parte de él, llevando su mano derecha hacia su rostro para restregarla sobre sus ojos y despegarlos del sueño — ¿ocurre algo?
—Buenos días, Aii— musitó en voz baja, mientras continuaba besando sobre su cuello, bajando hacia su espalda y luego sus hombros, deseando mantenerlo cerca de él — Aii...
Los labios del nombrado se separaron ligeramente para dejar salir un par de suspiros, mientras sentía como las manos del pelirrojo bajaban sobre su pecho y vientre, acariciando delicadamente la parte de su abdomen, sin dejar de distribuir las caricias sobre su cuerpo por parte de sus labios.
—Tengamos un bebé —Rin lo pidió, sin buscar una mejor manera de decirlo, continuando con las caricias, antes de hacer que su pareja se recostara con la espalda sobre la cama y así, poder recostarse sobre su pecho.
El dueño del lunar debajo del ojo quedó perplejo, subiendo una mano hacia su cabeza para acariciar el cabello de su pareja, mientras intentaba que su cabeza recién despierta y algo adormilada aún procesará más rápido la información.
—Un bebé... —repitió con la voz rasposa, bastante lento mientras competía contra las ganas de quedarse dormido aún — ¿por qué?
—Me gustaría tener una versión pequeña parecida a ti, con esas bonitas mejillas redondas y la pequeña nariz que tienes —Rin contestó, mientras miraba desde abajo el rostro de su esposo, usando una de sus manos para señalar los lugares que iba describiendo — además, sería tan pequeño que parecería una muñeca y te verías adorable con él en brazos.
Nitori abrió los ojos por completo mirando al techo de la habitación por unos cuantos segundos, asegurándose de estar totalmente despierto en ese preciso instante.
—Pero a mí me gustaría que se pareciera más a ti— comentó en voz baja mientras llevaba sus manos hacia el rostro del pelirrojo y acarician a también.
Rin se levantó sobre de él, lo suficiente para alcanzar sus labios y dejar un beso suave sobre los mismo.
—Tengamos un bebé —contestó el de cabellos platinados, con una sonrisa curvando su expresión.
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El día que Sakura nació, Rin no pudo llegar a tiempo, aunque la ausencia de Matsuoka no fue un problema, pues en el hospital había estado Gou, quien se dedicó a ser el apoyo emocional de Aiichiro y la primera Matsuoka en ver a la nueva integrante de la familia.
No había sido culpa del avión donde viajaba Rin, tampoco la diferencia horaria entre Australia y Japón de apenas una hora, mucho menos las 12 horas de vuelo que representaba ir de un país al otro, simplemente por más que Aiichiro quiso soportar los dolores intensos del parto, la pequeña Sakura de 2 kilos y medio había decidido nacer a las 9:30 a.m. el 21 de marzo, dos años después del día de su boda que, por cuestiones de la vida, había sido ese mismo día.
Rin llegó 4 horas más tarde de lo imaginado, recordando la dolorosa y emocionada llamada de Aiichiro, informándole que, apenas había iniciado con los dolores y que, si sus cálculos no fallaban, él podría llegar para ver a su bebé nacer e incluso cortar el cordón.
Pero si, la pequeña niña que ahora tenían había decidido dejar en mal los cálculos de su madre.
—¡Gou! —entró corriendo a la sala de espera de la clínica con un ramo de rosas un poco maltrecho donde se podía ver que había corrido mínimo un par de cuadras hasta el lugar y no solo desde el estacionamiento, encontrando a su adorada hermana sentada ahí, llamando por teléfono y sintiendo como su teléfono vibraba contra su pierna.
—¡Hermano! —recibió al mayor en un abrazo, emocionada de contarle todo lo que había sucedido en ese momento, pero sin saber realmente qué decir — Mamá y la señora Nitori están en camino, pero... ¡Debes entrar! —la pelirroja le dio un par de palmadas sobre la espalda, mientras empujaba su hermano hacia el sitio donde debía estar.
Cuando entró a la habitación donde su adorable pareja descansaba, supo en ese instante, que todo en ese momento era lo que había deseado.
Frente a él la imagen de Aii recostado sobre la pequeña camilla de hospital, con un pequeño bulto ataviado en sabanitas de color rosado a un lado, recostado también, mientras el mayor hablaba bajito y acariciaba dentro de ese bultito, sonriendo, lozano a pesar de ese tono pálido que mantenía sobre su piel y el cansancio notable de aquel instante.
—Aii —llamó por lo bajito, mientras cerraba detrás de él la puerta y dejaba el ramo de flores sobre el mueble a un lado de la entrada, acercándose con tanta lentitud, la única razón de ello, el evitar hacer ruido y molestar a la pequeña criatura apenas nacida.
— Senpai —Nitori levantó la mirada hacia su pareja, dedicándole la sonrisa más dulce antes vista, acto seguido tomó al bebé a su lado, cargándole con cuidado, indicándole con la mirada de que se sentará con ellos.
El pelirrojo hizo caso, acercándose cautelosamente hacia la escena, tanto como podía, primero para dejar un beso sobre el rostro de su amado antiguo kohai, y después simplemente encontrarse con la diminuta niña que habían tenido juntos.
— Te presento a nuestra bebé —murmuró, mientras levantaba un poco la posición de la nena, quien dormía tan tranquilamente que no parecía inmutarse por nada.
El mayor de ambos pidió tomarla en sus brazos, el peligris se la pasó y pudo notar como Rin se veía inquieto, aunque se controlaba para mantener segura a la recién nacida.
— Es tan pequeña —suspiró el padre de la bebé, mientras veía el rostro aún rojizo de su hija y sonreía de una forma que dejaba ver el amor que le profesaba — Ja, tiene tu nariz y tus mejillas, es hermosa.
Sin pensarlo mucho se acercó a su esposo, besando sus labios rápidamente mientras le felicitaba y pedía que descansara, mientras le decía que iba a hacerse cargo de ahora en adelante.
—Dormiré después —Aiichiro se acercó de cuenta nueva al más alto para besar su mejilla con cariño para después estirarse a un lado y tomar una tabla de apoyo con un documento en ella — Quería esperarte para elegir el nombre de la bebé... Sabía que era muy importante para ti estar aquí con nosotros
El tono formal que ahora usaba en sus palabras logró regresar al de dientes de tiburón muchos años en el pasado, podía ver a su adorable segundo al mando llenando las hojas de tiempos del equipo, de forma eficiente y prolija, aunque ahora era algo sumamente más importante.
—Oh... Bueno, no me hubiera molestado si hubieras tenido que nombrar a la bebé antes de que llegara.
—¡qué bueno que lo dices, Rin! —con un tono de emoción Aii se acercó a su lado mientras se acomodaba con todos los cables y mangueritas que estaban conectadas a él — Porque decidí llamarla Harumi, porque nació el día de la primavera, iba a ponerle Haruka pero no me convenció.
El rostro de Rin se torció en una mueca incomoda, como si hubiera olido lo peor en el ambiente, dejando de ver a su pequeño pedacito de amor para voltear a ver a su marido.
—Sobre mi cadáver se llamará Haruka, Harumi o cualquier cosa que me recuerde al idiota de Nanase — sí, Haru era de sus mejores amigos, pero estaba claro que no quería tenerlo diario en su vida de ahora en adelante hasta que la muerte se lo llevará.
Aiichiro soltó una risa bastante alta, que rápidamente se volvió en una mueca de dolor, llevando sus manos hacia el vientre para apretarlo un poquito en búsqueda de calma de la incomodidad.
— ¿Que es tan divertido? Porque el nombre de mi hija no puede ser ese tan feo.
—Sa-sabía que ibas a reaccionar así —tomó aire mientras se recriminaba por reírse aun sabiendo que no debía, volviendo a la normalidad después de un corto tiempo — Solo quería ver tu rostro, tampoco me gustaría tener que ponerle el nombre de alguien más...
—Podría llamarse Ai, es el único nombre que puede tener de alguien más en esta vida —Rin volvió a calmarse, mientras sonreía y volvía la mirada a la bebé, que seguía sin hacer nada, más que estar dormida con la boquita levemente abierta.
—Uhmm, no creo que sea buena idea, sería un nombre muy corto.
—¿Cuál es el problema con los nombres cortos?
—¡Ah! ¡Ninguno, por supuesto!, pero llamarla Ai nos quitaría la oportunidad de buscarle un apodo adorable, porque sólo sería Ai y... Aparte, es la manera en que tú me llamas y se volvería incómodo.
—¿Incómodo? ¿De qué man... —de pronto la única neurona apartada de la ensoñación provocada por la existencia de la bebé hizo sinapsis, ayudada también por la mirada de "Te debo explicar en qué momento?" realizada por Nitori — Ah... Gracias por arruinarlo.
—Iba a ser una mala elección de sonidos —continuó el peligris con seriedad, mirando detenidamente el formato de nacimiento que llevaba en sus manos.
—Y retrocedimos de nuevo en la elección... —Rin soltó un suspiro, mientras se acomodaba en la camilla y dejaba un pequeño espacio entre ambos para recostar a la bebé.
Un largo instante de silencio se apoderó del lugar en el instante en que ambos padres primerizos miraron al diminuto retoño descansando con tranquilidad.
—Sakura —ambos hablaron al mismo tiempo, levantando la mirada para encontrarse entre ello, sonriendo satisfechos por la elección.
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—¡Estoy en casa! — luego de subir por tantos pisos las maletas, después de enterarse que el elevador del edificio había dejado de funcionar justo la semana de su regreso a Japón, Rin Matsuoka entró a su casa, sin siquiera poder pasar del rellano una ráfaga de cabellos magenta ligeramente más claros que incluso parecían más un tono rosado y mucha energía corrió para recibirle, abrazándolo con cariño.
—¡Papi! —exclamó la pequeña Matsuoka Sakura mientras estrujaba al más alto y no se disponía a dejarlo entrar por completo a la casa.
—Hola Sakura, cada vez estas más alta ¿has estado comiendo todo lo que tu Mami te da? —la niña asintió con la cabeza, en el momento en que la levantaba para mirarle y ahí, ese par de ojos tan parecidos a los de Aiichiro, aunque de tonos desiguales, uno azul y el otro de ese marrón rojizo propio, le hacían asentir simplemente estar más feliz de volver.
—Sa-chan, deja que papá entre, aunque sea —saliendo desde la cocina el adorable peligris se reunía con su familia en el recibidor, riendo despacito ante la escena de uno de los mejores nadadores olímpicos siendo capturado por una niña pequeña de apenas 5 años.
La única niña soltó un quejido mientras dejaba de aprisionar a su padre, separándose para mirarlo desde lejos, como si no pudiera creerle que estaba ahí.
—Siempre es una alegría volver a verlos —Rin se deshizo de las maletas, botando las a un lado para agacharse a tomar a su hija y cargarla para luego ir hacia donde su esposo se encontraba y llenar el rostro de este de besos —Los extraño cada que tengo que irme, pero me dan energía cada que tengo que volver, apenas subí al avión y quería que el tiempo pasara más rápido, necesitaba verlos.
—También te extrañamos, es difícil no verte tan seguido —Aiichiro hizo un pequeño puchero, puchero copiado por Sakura luego de verle y que reforzada lo dicho—Pero por eso vamos a aprovechar todo el tiempo... ¿Tendrás que volver, cierto?
—Si, los entrenamientos son importantes y... Quizá esta temporada sea la última vez que compita —Rin bajo a Sakura con cuidado, dejando que la niña fuese tranquila hacia su mesita de juguetes a seguir con lo suyo —Por cierto, Mikhail te manda a saludar y a la pequeña "Malen'kiy tsvetok", fue él quien me dijo que tal vez considerar el retiro de la competencia es una buena idea para mi edad.
—¿Ah? ¡Pero aún eres capaz y muy talentoso! ¡Además para competir no hay edad! —Aii se apuró a hablar, tan rápido como podía y como siempre lo había hecho — ¡Yo sé que puedes hacerlo! ¡A VECES TÍO MIKHAIL ES UN COMPLETO...
El dedo índice del pelimagenta fue a parar hacia sus labios, para hacerle callar antes de decir cualquier otra cosa, aprovechando para que su mano libre se acercara a la cintura de su esposo para atraerlo y poder cambiar aquel dígito por sus labios, besándolo con cariño.
— Lo mismo pensé, pero, es mejor irme ganando competencias y siendo reconocido que dejar ver cómo me deterioro —explicó con más tranquilidad y una verdadera cabeza fría mientras lo decía —además, de los 5 años que mi hija tiene he pasado con ella apenas unas semanas, es un milagro que me reconozca siquiera y, si tengo un empleo d pasaría más tiempo con ustedes y tal vez... Sería mucho mejor.
El de ojos azules tenía muchas ganas por decir cualquier cosa contra la simple idea, pero se mantuvo tranquilo, aceptando las decisiones del más alto y sus razones muy válidas para hacerlo.
—Entonces... ¿Vas a volver a casa? Aquí, en Japón.
—Otra noticia —anunció, mientras voltea a ver hacia la mesa del centro de la sala a la pequeña hija de ambos quien jugaba con sus ponies de colores divertidos — Me volveré entrenador, así que tendré que estar en Australia por un largo período, tal vez en algún instante tenga que viajar, pero, es relativamente un trabajo con horarios y puesto fijo.
El rostro de Nitori había cambiado de uno que mostraba emoción por tenerlo en casa de nuevo a otro que le hizo mostrar cuán estrujado estaba su corazoncito luego de saber que iban a estar separados una vez más.
—Oh... Bueno, las videollamadas nos han servido hasta ahora, aunque te extraño cada día más y solo tenerte unas semanas cada cierto tiempo, no creo poder soportar más tiempo de esta forma.
—Bueno, tampoco creo soportar estar más tiempo sin ti a mi lado, extraño todo de ti y una pantalla de computadora me hace sentir más alejado... así que lo he pensado mucho y...
Y sin ser esperado se arrodilló frente del más joven, tomando la mano de este con mucho cuidado y ternura.
—Aiichiro Nitori, ¿me harías el honor de mudarte conmigo a Australia? Las fronteras me tienen harto, quiero tenerte a mi lado, quiero besarte cada mañana y ver tu hermosa cara cada noche, quiero volver a abrazarte, saber que estarás esperando por mí, deseo volver a hacerte el amor cada noche y tener la seguridad de que nada malo va a pasar a miles de kilómetros, necesito ver a mi pequeña florecita crecer, verla entrar a la escuela y graduarse, quiero oírla hablar como tus mensajes me dicen que lo hace, quiero jugar con ella y sus ponies, los necesito a mi lado, tal vez tener una mascota y más hijos... Por favor, Aii, vengan conmigo a Australia.
Nitori estaba conmocionado, mirando y prestando toda su atención al mayor, sin saber verdaderamente cómo reaccionar.
—P-pero Sakura comenzará la primaria el próximo año y, será difícil que se adapte...
—Bueno, entre más rápido entre al otro tipo de sociedad, más rápido se adaptará.
—Pero el idioma... Ella no...
—¿en serio te preocupa eso? —Rin volteó hacia dónde estaba su hija y con voz bastante alta y un acento muy pronunciado y rápido comenzó a hablar — Hey Saks, want vegemite sandwich?
—Not mate, that's gross
El chico del lunar debajo del ojo derecho no tuvo más motivos para colocar frente al pelimagenta, quien continuaba abajo, esperando una respuesta y sin pensar nada más se agachó para abrazarlo con cariño, mientras repetía muchas veces que lo harían, que aceptaba la nueva aventura y le apoyaría.
Rin lo abrazo de vuelta, pegándolo a su cuerpo, oliendo su aroma y recordando lo perfecto que era todo eso. Sabía que lo amaba y el tiempo alejado había válido únicamente por ese instante en el que volvían a estar juntos. Ahora con la promesa de no tener que vivir así nunca más.
Gracias por leer hasta aquí.
