Sol de medianoche: Edward y Bella

The characters are not mine and this story belongs to SavKelly. I just translate.

Los personajes no son míos y esta historia pertenece a SavKelly. Yo solo traduzco.


N/A: Esta historia está basada en el capítulo 12 "Complicaciones" de Sol de Medianoche. Bella y Edward estaban en el salón de biología sentados cerca el uno del otro cuando el profesor Banner apagó las luces para ver una película. Cuando estaba leyendo esta parte había mucha tensión y anhelo por el contacto físico que no pude soportarlo. La primera parte de esta historia está basada principalmente en el libro; quería que esto se sintiera como si todavía estuvieras leyendo el libro y no solo como un fanfic.


Edward

Bella y yo caminamos en silencio hacia Biología.

Nos cruzamos con Angela Weber en la acera mientras ella suspiraba enamorada por el chico de su clase de matemáticas. Qué tonta era al creer que una relación humana tan simple y frágil realmente importaba. Mi relación con una frágil mortal era el verdadero problema en juego, pero era extrañamente consolador saber que no era el único que vivía una trágica historia de amor. Los corazones rotos estaban por todas partes.

Me sentí abruptamente frustrado. La historia de Ángela no tenía por qué ser trágica. Ella era humana y él era humano. La diferencia que parecía tan insuperable en su cabeza era ridícula, verdaderamente ridícula comparada con mi propia situación. No había ninguna razón para su corazón roto. Era una chica agradable, siempre con los pensamientos más amables hacia Bella.

Todavía sentía la necesidad de encontrarle el regalo perfecto por pensar con tanto cariño en Bella, mientras Jessica se deshacía en celos. Los horribles pensamientos que surgían de Jessica – ¿cómo podía una persona de mente inexpresiva hablar tan mal de la belleza de Bella? Pensaba que el desinteresado e imprudente imán para el peligro no era lo suficientemente bueno para Edward Cullen. Mis cejas se fruncieron mientras sentía que mi mandíbula se trababa. Mis manos se formaron en puños y mis uñas se clavaron en mis palmas.

Ángela. Esto era acerca de Ángela. ¿Y por qué esa historia no debería tener un final feliz?

Le daría lo que ella quisiera y conociendo la generosidad de Carlisle y Esme no sería muy difícil. Escudriñé la conciencia del chico a su lado, el objeto de sus afectos. Él no parecía indiferente y todo lo que tendría que hacer sería plantar la sugerencia. Necesitaría la ayuda de Jasper; la naturaleza humana era mucho más fácil de manipular que la naturaleza inmortal. Estaba satisfecho con mi solución de un regalo para Angela, ya que fue una buena distracción de mis propios problemas. Qué egoísta de mi parte querer que mis problemas se solucionaran tan fácilmente como los de Angela.

Sacudí la cabeza aflojando mis puños al recordar que la única persona a la que debería ponerle atención estaba a mi lado y que no podía darme el lujo de mirar a otro que no fuese ella. Tampoco podía ser sabio que me concentrara en los problemas de los demás.

Al entrar en el salón el ambiente mejoró cuando Bella y yo tomamos asiento. Realmente debería ser más positivo. Tal vez había alguna solución para nosotros que se escapaba a mi conocimiento, de la misma manera que la solución obvia de Ángela era tan invisible para ella. La desesperanza era solamente eso.

Tiempo. Sólo necesitaba más tiempo.

El señor Banner entró por la puerta arrastrando una antigua tele y video. Él decidió saltarse un tema en el que no estaba particularmente interesado por enseñarnos esta semana y darnos tres días para ver una película. El Aceite de Lorenzo no era una pieza muy alegre, pero eso no detuvo la emoción del salón por tener menos lecturas. Sin notas, sin pruebas. Los humanos estaban eufóricos.

No me importaba de todos modos. Ya conocía todo el material de la clase considerando que había tenido más de 10 décadas aprendiendo. Difícilmente pondría atención a otra cosa que no fuera Bella.

Hoy no alejé mi silla de la de ella en la mesa. Normalmente me daba espacio para respirar; para evitar arañar mi garganta con su dulce aroma. En su lugar, me senté cerca de ella como cualquier pareja humana normal de secundaria lo hubiera hecho. Mezclarse era lo que importaba. Esto estaba mucho más cerca que cuando nos sentamos dentro de mi auto, lo suficientemente cerca como para que el lado derecho de mi cuerpo se sintiera sumergido en el calor de su piel.

Fue una experiencia extraña, tanto agradable como estresante, sin embargo, preferí esto a mi posición habitual sentado al otro lado de la mesa lejos de ella. Era más de lo que estaba acostumbrado y, sin embargo, me di cuenta de que no era suficiente. No estaba satisfecho. Necesitaba más y estar tan cerca de ella solo me hacía querer estar aún más cerca.

La había acusado de ser un imán para el peligro y ahora se sentía como una verdad literal. Yo era el nuevo peligro en su vida. Cada centímetro que me acercaba a ella, sintiendo el calor que irradiaba de su piel, me obligaba a acercarme más a ella.

La atracción creció en fuerza.

El Sr. Banner rutinariamente apagaba las luces durante estas presentaciones, pero era extraño la gran diferencia que esto hacía. La falta de luz significaba poco para mi vista perfecta. Todavía podía ver tan perfectamente como antes. Cada detalle de la habitación estaba claro, cada detalle de los pequeños mechones de cabello de Bella mientras descansaban y se enroscaban inmóviles sobre su clavícula.

Entonces, ¿por qué el repentino choque de electricidad en el aire? ¿Fue porque podía ver todo mientras Bella y yo éramos prácticamente invisibles para los demás? Como si estuviéramos solos, solo nosotros dos, escondidos en este aula oscura, sentados tan cerca el uno del otro. Sentí el veneno babeando en mi boca y succioné detrás de mis dientes tratando de tragarlo.

Mi mano se movió hacia ella sin su permiso, solo para tocar la suya y sostenerla en la oscuridad. ¿Sería un error tan horrible? Si mi piel fría la molestaba, simplemente podría alejarse.

Tiré de mi mano hacia atrás y crucé mis brazos con fuerza sobre mi pecho, convirtiéndolos en puños para lograr una apariencia de control. Sin errores, me había prometido. Si tomaba su mano, solo querría más. Sólo otro toque insignificante, otro movimiento más cerca de ella. Podía sentir eso. Un nuevo tipo de deseo estaba creciendo en mí, trabajando para anular mi autocontrol.

Sin errores.

Autocontrol.

Bella cruzó los brazos de forma segura sobre su propio pecho, sus manos cerradas en puños, idénticos a los míos. Esto solo hizo que mi deseo se fortaleciera más. Mientras mantenía sus brazos allí, su pecho se hizo más pronunciado. En su lugar, traté de apartar la mirada ansiosamente hacia sus ojos color chocolate.

¿Qué estás pensando? Me estaba muriendo por susurrarle esas palabras, pero el salón estaba tan en calma como para interrumpirlo incluso con una conversación en susurros.

La película comenzó, iluminando la oscuridad solo un poco. Bella me miró. Ella notó la forma rígida en que sostenía mi cuerpo, al igual que el de ella, y sonrió. Sus labios se abrieron ligeramente y sus ojos parecían llenos de cálidas invitaciones.

Tal vez estaba viendo lo que quería ver.

O tal vez ella también sintió deseo. Deseo de que yo estuviera más cerca de ella. Deseo de más.

Le devolví la sonrisa y su respiración se detuvo con un jadeo bajo. Cobarde, es probablemente lo que ella pensó de mí. Apartó rápidamente la mirada de mí y su corazón latió más rápido.

Eso lo empeoró. No conocía sus pensamientos, pero de repente estaba seguro de que había tenido razón antes y que quería que la tocara. Ella sintió este deseo peligroso al igual que yo.

Entre su cuerpo y yo, la electricidad zumbaba.

Solté los brazos de mi pecho, apoyándome contra el escritorio. Inclinándome más cerca de ella.

Sus mejillas se pusieron rosadas y la sangre hirvió bajo la membrana de su piel. Mi garganta comenzó a arder mientras tomaba aire.

No me miró. Miró inexpresivamente a la aburrida pantalla de la televisión.

¿Estaba asustada? Sería mejor si lo estuviera. No era natural que ella sintiera ningún tipo de deseo por alguien que fácilmente podría matar a todos en este salón de clases. Podría hacer que esta situación se convirtiera en un baño de sangre.

Nuevamente me di cuenta de que la habitación aún estaba oscura. Nadie me habría notado mordiendo su cuello. Excepto por su grito; el grito desgarrador de Bella lleno de agonía y pánico mientras pensaba en todas las formas posibles de alejarse de mí. Al final, ella no pensaría. Verdaderamente tranquilo para siempre.

Fruncí el ceño de nuevo, apretando más los puños, si eso era posible, y llevándolos al escritorio. Eso no era lo que quería. No. Solo sentí deseo. Deseo por ella. Deseo de tocarla.

Abriendo mis puños, noté que ella hizo lo mismo mientras descruzaba sus brazos apoyándolos en el escritorio. Ella golpeaba su dedo índice contra su pulgar a lo largo de sus otros dedos como si estuviera pensando profundamente, tratando de sentirse menos ansiosa.

¿En qué estaba pensando? ¿En mí?

Una vez más, pensé en cómo expresó sus sentimientos a Jessica: que sentía que a ella le gustaba más yo que a mí ella. Que pensamiento más masoquista. Su joven mente humana no podía empezar a comprender o a compararse con lo que yo sentía por ella.

Me miró a los ojos de nuevo. Casi podía sentir su mirada vacía chocando con la mía, desafiándome, como si me desafiara a tocarla.

Llevé mi mano en diagonal hacia sus brazos extendidos mientras me encorvaba sobre el escritorio. Ella se apartó rápidamente mirando de nuevo a la pizarra, golpeando con sus dedos la mesa.

Acerqué mi dedo a su cálida mano, tocándola.

Ella se estremeció ante mi toque frío, pero no se apartó como solía hacer.

Quería que la tocara.

Sentí que se me hacía agua la boca de nuevo cuando puse la palma de mi mano en el dorso de la suya, aferrándome a ella, sosteniéndola allí.

¿Cómo podría no estar alejándose de mí? No me sorprendió, pero una parte de mí todavía cuestionaba cómo podía soportar tocarme; ella prácticamente estaba corriendo hacia el peligro.

Su corazón se aceleró más cuando su respiración se agitó. Nerviosa miró a través de su vista periférica a los compañeros de clase en el otro lado de la habitación.

Nadie nos miraba. Por supuesto que no. Todos estaban preocupados por sus propios pensamientos. Sus propios problemas de la escuela secundaria. O simplemente en la proyección de la película en la televisión.

Contuve la respiración para evitar que su olor ardiera en mi garganta. Moví mi dedo por su muñeca. Su piel se puso de gallina por todo su antebrazo.

Bajó la mirada hacia el escritorio y vio cómo mi mano se movía a lo largo de su brazo y luego se alejaba por completo. Deslicé mi mano hacia el final del escritorio, hacia ella. Hice una pausa por un minuto, analizando su respiración. Esta aumentó, ella estaba casi hiperventilando en este punto.

Cobarde, seguí pensando. Esto es lo que probablemente pensó de mí cuando hice una pausa. Siempre fui muy cuidadoso con ella.

Empujé mi mano debajo del escritorio frotándola a través de su muslo. Se puso rígida y de alguna manera el calor de su cuerpo se hizo más notorio, saliendo de ella. Pellizqué mis dedos en los jeans que envolvían sus muslos suaves y demasiado calientes. La tela era demasiado tentadora. Quería rasgarla por las costuras.

Tirando del lado donde estaban las costuras, rasgué la pernera del pantalón más cercana a mí. Ella me miró rápidamente con una expresión facial de asombro y disgusto hacia mí. Rápidamente agarró mi mano y me detuvo. Mientras ella mantenía el contacto visual, comencé a entrar en pánico y me congelé por completo.

¿Quería que me detuviera? ¿O estaba molesta porque rompí uno de sus muchos pares de jeans?

Cobarde. Cobarde. No podía sacar ese pensamiento de mi cabeza.

En un movimiento rápido, mi mano estaba debajo de la tela rasgada. Estaba rozando su muslo excesivamente cálido, casi sudoroso, con un toque refrescante que seguramente pondría más piel de gallina sobre su carne. Moví mi mano con gracia hacia arriba y hacia abajo, mis dedos trazando círculos.

Los latidos de su corazón se aceleraron, pasando de un suave aleteo a un latido errático que era tan fuerte que silenciosamente elogié a los humanos por tener una audición horrible.

Una mirada tímida apareció en su rostro cuando rápidamente miró hacia el escritorio. Sus dedos se movieron lentamente hacia el escritorio con ella. Se movió con dificultad y sus ojos cayeron un poco. Su respiración era más notoria.

Las comisuras de mi boca se movieron ligeramente hacia arriba mientras escuchaba su respiración. Moví mi mano más cerca de su pelvis; se sentía incluso más caliente que su muslo. Lo suficientemente caliente como para hacer que mi piel ardiera un poco.

¿Ella estaba realmente disfrutando esto? Si mi frío corazón aún fuera humano, estaría latiendo junto con el de ella. Estaba enamorado de sus reacciones e infinitamente sorprendido de poder hacerla sentir así.

La sentí temblar y tal como esperaba, mis manos frías contrastaron con el calor que ella desprendía y su piel se erizó aún más. Mis dedos se abrieron paso por debajo de la tela de sus jeans lenta y suavemente subieron hacia el punto caliente donde se unían sus piernas. Me moví a lo largo del dobladillo de la fina tela que me separaba de su carne, trazando suave y lentamente los patrones que sentía bordados allí.

Una flor, qué apropiado. No pude evitar que se me escapara una ligera risa entre los dientes.

Esta era su dulce y fragante flor y ella estaba muy dispuesta a dejarme acercarme para recogerla. Era tan temeraria. Le pasé los dedos por la parte delantera de la pelvis, por encima de la flor bordada de algodón.

Al mover mi dedo hacia la costura de su muslo, sentí que se estremecía y se echaba hacia atrás en su silla. Se llevó la mano a la frente y se apartó algunos mechones de cabello en un intento evidente de actuar con naturalidad por si algún compañero miraba hacia nosotros, pero no me preocupaba en lo más mínimo. La bomba que era Bella estaba estallando directamente detrás de ellos y todos en la clase eran felizmente inconscientes. Su ritmo respiratorio aumentó un poco, volviéndose más entrecortado.

Ella estaba nerviosa. Dios, debería estarlo.

Para tranquilizarla, miré hacia el escritorio del Sr. Banner para mostrarle que estaba de espaldas a la clase. El hombre estaba tan absorto en la película como el resto.

Mis ojos parpadearon sobre su rostro de forma interrogativa para asegurarme de que tenía pleno permiso para continuar. Ella no se inmutó, no me quitó la mano. Se limitó a mantener el pesado jadeo con los párpados cerrados.

Se estremeció cuando mis dedos traspasaron el forro de sus bragas. Un escalofrío recorrió su espina dorsal y viajó visiblemente desde la base de su espalda hasta su cuello, donde sus hombros se encorvaron minuciosamente. La tentadora humedad de sus pliegues cubrió las puntas de mis dedos en movimiento y me concentré en ella. Me concentré en cada reacción, cada escalofrío y cada temblor muscular que me brindaba.

Mi dedo se deslizó hacia abajo, abriendo a duras penas sus labios; un movimiento facilitado por la humedad que los recubría. El cuerpo de Bella reaccionó a mi contacto como lo haría cualquier cuerpo adolescente hormonal. Su olor era potente, pero no desagradable. Seguía emitiendo ondas de calidez floral que olían deliciosamente. Me recordaba a su sangre, pero con un toque más almizclado y embriagador.

Sentí como si me hubieran clavado un hierro caliente en la garganta; el aroma de Bella era tan tentador que sabía que solo me tomaría una inhalación profunda para perder el control. Inhalé profundamente para sentir el aroma de su sangre y el calor y la excitación golpearon la parte posterior de mi garganta.

No podía perder el control.

Mis ojos recorrieron su rostro nervioso y enrojecido. Su labio estaba atrapado entre sus dientes. No podía distraerme con ella, debía ser cuidadoso.

Contuve la respiración y la observé de cerca, porque si no podía saborear su delicioso aroma, seguramente bebería tanto como pudiera en cualquier otro lugar.

Moví mi dedo por su abertura acariciando suavemente su zona más sensible. Ella se sobresaltó. No sabía exactamente lo que estaba haciendo, pero observé sus expresiones faciales en busca de cualquier indicio de malestar. Había visto lo suficiente en los pensamientos humanos, la literatura y las películas como para saber una dirección general a la que dirigirme, pero nada demasiado explícito. Esta era una experiencia nueva para mí, algo que no creí poder tener después de estar vivo durante más de 100 años. Volví a poner el dedo en el mismo lugar, frotándolo con un movimiento circular. Sus labios se separaron más y un suave gemido escapó de su garganta.

Mis ojos se abrieron y sentí una extraña especie de orgullo de que mis atenciones la llevaron a hacer un sonido tan erótico, que era expresamente para mí.

Mantuve el ritmo del patrón circular y sus muslos se contrajeron. Su otra mano colapsó contra su muslo presionándolo. El labio atrapado entre sus dientes estaba desnudo de una manera que casi me preocupó porque le saliera sangre.

—¿Te estoy haciendo daño? —susurré teniendo que expulsar el aire de mis pulmones obligándome a tomar otra respiración.

Ella sacudió la cabeza y fue como si pudiera ver cómo se desmoronaba.

—Por favor, más —dio un suave susurro y su cabeza se agachó, dejando que su pelo cayera hasta cubrir ambos lados de su cara. Me mantuve atento a los posibles pensamientos que circulaban por el aula.

¿Qué está pasando allá?

Miré en dirección hacia donde los pensamientos procedían, que casualmente estaban del otro lado de Bella, y sonreí con altivez ante la cara sorprendida de Mike Newton.

¿Qué iba a hacer? ¿Venir aquí? ¿Decirle al Sr. Banner? No, claro que no. Por mucho que odiara la idea de que alguien la mancillara en su mente, podía seguir dejando que Mike Newton se preguntara en sus pensamientos cómo sería complacer a Isabella Marie Swan. Pero ella era mía, y sólo mía. No había duda en mi mente acerca de eso.

En ese momento de sentirme posesivo con Bella y confiado en mi habilidad para sacar reacciones de ella que indicaran placer, bajé mi dedo de su área sensible y flexioné sobre la entrada de su calor. Todo ella estaba demasiado lista y dispuesta, pero no avancé sin el permiso de mi amor. Abrí sus suaves labios húmedos y froté arriba y abajo en la abertura.

Sus dedos comenzaron a apretarse contra su muslo. Sabía que no la estaba lastimando esta vez; ella prácticamente se retorcía de calor y placer tratando de reprimir sus sutiles movimientos y sonidos. El cómo nadie los había notado estaba más allá de mi percepción. Dulce, inocente, hermosa Bella. Mi Bella.

Ante el pequeño asentimiento de su cabeza, deslicé mi dedo medio con bastante facilidad. Estaba irrazonablemente mojada y su calor rápidamente se cerró alrededor de mi dedo. Me sorprendió ver que respondía tan lascivamente a mis dedos fríos cuando solo unos meses antes había dicho que odiaba cualquier cosa fría y húmeda. Ahora mírenla.

Bella dejó escapar otra bocanada de aire de entre los dientes, tratando de evitar ser demasiado ruidosa. Tratando de contenerse de dejar que toda la clase supiera cómo la estaba haciendo sentir. Podía ver la guerra que estaba librando entre su mente y su cuerpo. Debajo de su exterior tenso yacía un campo minado de terminaciones nerviosas explosivas y emociones en conflicto.

Me di cuenta de que mientras su mente le decía que se detuviera, que alguien nos vería a ambos y seríamos castigados, la idea de que cualquiera pudiera atraparnos en cualquier momento era estimulante. Ella no era la única que se sentía así y, sinceramente, me resultaba sumamente emocionante.

Deslicé mi dedo dentro y fuera de nuevo, y no podría haber sido más fácil. La humedad goteaba hasta mis nudillos y manchaba el asiento, lo que también la hacía más propensa a hacer ruidos suaves y húmedos. Afortunadamente, estos eran lo suficientemente silenciosos como para ser cubiertos por el volumen de la película que había subido a un nivel bastante alto.

Levanté la vista para asegurarme de que aún tenía permiso. No importaba cuántas veces tuviera que pedirlo, quería estar seguro de que ella estaba disfrutando de todo esto y de que no tenía ninguna duda.

Añadí mi dedo anular junto con mi dedo medio, deslizándolos adentro y afuera. Mientras movía mis dedos en forma de gancho para acceder más fácilmente al manojo de nervios que la empujaría por el borde de este peligroso precipicio, ella comenzó a hundirse más en su asiento, abriendo sus muslos dándome la bienvenida a un acceso más fácil para que mi mano se moviera a su alrededor.

—Edward... por favor. Tienes que parar —ella exhaló ligeramente. Mi pequeña Bella estaba prácticamente temblando. Su orgasmo, estaba seguro, estaba a punto de ser lo más espectacular que mis ojos habían presenciado hasta la fecha.

Levanté una ceja hacia ella y le di una sonrisa casi salvaje, mis ojos se oscurecieron por la lujuria tanto por ella como por su sangre que soltaba como un perfume dulzón. Mi garganta ardía, incluso me dolía, en este punto no estaba seguro si era por su cuerpo o por su sangre. Se habían convertido casi en sinónimos para mí, así que encontré divertido hacer la distinción en un momento como este.

—¿Quieres que me detenga?

Los ojos de Bella se posaron en los míos con un destello de lo que parecía preocupación detrás de sus cálidos orbes marrones antes de que este fuera expulsado por el puro calor que irradiaba. Sacudió la cabeza frenéticamente, casi aterrorizada de que me detuviera ahora y dejara su tortuoso calor sin apagar. Mi sonrisa se hizo más amplia y sentí un gruñido bajo y silencioso atravesar mi pecho que solo ella pudo escuchar.

Curvé mi mano para que mi pulgar pudiera alcanzar su clítoris, su punto sensible palpitante. Empecé a frotar mi pulgar en círculos de la misma manera que la última vez, pero más suave. Solo para burlarme. Todo mientras empujaba mis dos dedos dentro de ella.

Podía sentir su cuerpo sacudirse. Podía sentir sus nervios latiendo dentro de ella. Ella movió su pie sobre la silla todavía encorvada jadeando más.

De ninguna manera él le está haciendo esto a ella. ¿Cómo puede aprovecharse de ella ahora mismo? Ese debería ser yo tocándola así, los pensamientos de Mike eran fuertes, casi como si me estuviera gritando.

Miré a Mike, y para colmo de males, le mostré una sonrisa deslumbrante y torcí mi mano de una manera que hizo que Bella se sobresaltara. Ella no se dio cuenta de que Mike estaba mirando.

Mike se sonrojó y miró hacia su escritorio, sabiendo que no podía desafiar a un Cullen, y mucho menos a mí.

Tiré de mis dedos una vez más en la posición de gancho, moviéndolos con una fuerza cuidadosamente calculada, no para lastimarla, sino solo para aplicar una fuerte fricción en el lugar que le daría la liberación más satisfactoria. Sentí sus dulces fluidos goteando fuera de ella ahora, por sobre mi mano y acumulándose en el asiento. Dejó escapar un grito ahogado, con los ojos muy abiertos.

¿Hice que Bella se corriera?

Ciertamente lo hice. Tenía el deseo de hacerlo de nuevo. Decidí que sería en una próxima vez, ya que la clase casi había terminado y los demás comenzaban a poner atención.

Con un movimiento rápido, mi mano salió de sus pantalones antes de que casi toda la clase nos mirara con expresiones confundidas en sus rostros.

Sonreí un poco mirando hacia abajo, llevándome los dedos a la boca y lamiendo el dulce jugo pegajoso que Bella me había dado, de mis dedos...


Ahh, este oneshot me gustó mucho cuando lo leí. Gracias a Savannah por permitirme traducirlo «3

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