Las risas y los aplausos sonaban mientras la luz de numerosas fogatas iluminaban el patio interior del castillo. Pese a que ya no existían los nobles, la estructura se mantenía firme en el exterior y el pueblo solía usarlo durante los eventos importantes. Los juglares amenizaban el ambiente, la gente hablaba y bebía junto a mesas repletas de comida y de los frutos de la cosecha. Unos malabaristas entretenían a los más pequeños que luchaban por mantenerse despiertos lo más posible. En otra parte reían, danzaban y cantaban los campesinos con sus esposas y las mozas del pueblo.
En medio de ese clima festivo se hallaba Raki sentado sobre una roca, con ambas manos en las rodillas y contemplando uno de los juegos en los que se encontraban sumidos los muchachos. Un viejo juego heredado de los nobles en el que dos competidores sujetaban los extremos de un pañuelo y tiraban de este. El primero en soltarlo perdía. Solía ser un duelo en el que se permitía golpear el rostro del rival, pero en la versión inocente de ahora solo se permitían los empujones en los hombros.
Raki observaba divertido lo que ocurría, era una demostración de fuerza en la que nunca había participado, pero aquella noche se sentía motivado. Y sin nada que perder, decidió ponerse de pie y desafiar al actual vencedor. Un muchacho pelirrojo con el rostro cubierto de pecas. Al verlo venir, le sonrió desafiante a la vez que le extendía el pañuelo. Él lo sujetó entre el pulgar y el índice. El duelo comenzó. Fue rápido, el muchacho estaba tan confiado que no se lo tomo en serio en los primeros segundos y eso fue todo lo que Raki necesitó. Hubo algunas risas y burlas inofensivas mientras el vencido se reincorporaba al grupo avergonzado. Otro joven tomó su lugar.
Esta vez no fue tan sencillo. Su contrincante venía preparado desde el principio. Ambos tiraron mientras los presenten vitoreaban al campesino. No era de extrañar ya que Raki era un forastero. Pudo sentir como su brazo era jalado hacia adelante por unos instantes antes de comenzar a tirar. El muchacho se encontraba tan tenso que fue tomado por sorpresa cuando Raki hizo serpentear su brazo de repente. Perdió el equilibrio y cayó a tierra. Nuevas risas mientras se ponía de pie y se sacudía la tierra.
El tercer muchacho sujetó su extremo con fuerza y supo que tenía que cambiar el agarre. Empezaron a tirar y de inmediato un puño golpeo el hombro de Raki. Sus dedos se deslizaron sobre la tela, pero no la soltó. Un nuevo golpe, pero esta vez lo esperaba. No se vio afectado. El muchacho iba a dar un tercero y cuando se lanzó hacia adelante, Raki se hizo a un lado. Al mismo tiempo, atravesó su pie delante del contrincante haciéndolo caer de cara al suelo. Hubo algunas risas, pero ya no parecían tan animadas. Después de todo un forastero estaba ganando la competencia. Tal vez era hora de dejarse ganar. Recorrió la multitud con la mirada esperando que alguien se adelantara para desafiarlo.
—Quiero intentarlo —dijo una voz a su espalda.
Volteó para descubrir a Clare adentrándose al círculo. Llevaba su vestido raboniano, el largo chal, las manos cubiertas por finos guantes y reflejos dorados de las fogatas sobre sus ojos verdes. Y algo más. Sus mejillas se encontraban enrojecidas y algo en su andar era diferente.
— Clare ¿Qué estás haciendo?
Ella se quitó uno de sus guantes con delicadeza dejando al descubierto su delicada mano. Flexionó los dedos con lentitud, preparándolos para la lucha.
— Como dije, voy a intentarlo.
Tampoco hablaba como de costumbre, ni siquiera cuando pretendía ser humana. Había algo resbaladizo en su voz. Sujetó su extremo del pañuelo entre el pulgar y el índice. Raki pudo oír algunos murmullos burlones a su alrededor. Después de tres victorias, la idea del forastero siendo vencido por una mujer parecía imposible. Pero a la vez era algo tentador, incluso si eso dejaba como vencedor a otra persona ajena a la aldea.
— Clare…yo.
— Suficiente charla. Se rudo conmigo —dijo guiñándole un ojo.
Raki sintió que sus mejillas ardían. Tragó saliva con dificultad, los ojos abiertos como platos. Algo en Clare no estaba bien. Un aroma emanaba de ella. Una vez que se percató de eso, lo reconoció de inmediato. Una clase de vino especiado.
— No puede ser —murmuró Raki.
Por unos instantes ninguno de los dos se movió y esto provocó ligeros abucheos por parte del público. El joven no sabía cómo reaccionar. Para que Clare estuviera ebria debía haber ingerido una gran cantidad de alcohol, incluso si no estaba filtrando la substancia de su torrente sanguíneo. Ese no era su estilo, ni siquiera en una fiesta como aquella. Las razones que hubiera tenido para hacerlo lo intrigaban.
— Que aburrido —dijo ella cerrando los ojos y suspirando al cielo—. Pensé que tú darías el primer paso, pero tengo que tomar la iniciativa de nuevo.
— ¿Qué?
Por respuesta solo recibió un repentino tirón del pañuelo que lo obligó a apretarlo con fuerza. Sin embargo la muchacha apenas se había movido. A simple vista parecía que no hacia esfuerzo alguno, pero él podía notar la fuerza que lo estaba arrastrando. Algunos comentarios burlones en la multitud de jóvenes y aplausos sarcásticos No creían lo que estaba pasando. Para Raki en cambio llegó el momento de empezar a tirar con más fuerza que antes. Clare abrió los ojos de inmediato y sonrió.
— Así está mejor.
Raki pudo sentir como sus pies dejaban pequeños surcos en la tierra mientras la guerrera empezaba a mover el brazo. Sabía que no podía ganar y tampoco quería dejar en evidencia la fuerza de ella.
— Esta bien. Sé cómo ganar esto rápido.
Y dicho eso, Clare se lanzó hacia delante de un paso tomando por sorpresa a Raki. De repente ella estaba junto a él, tan cerca que podría haberla rodeado con los brazos. El olor a vino era más fuerte, y podía sentir el calor de su cuerpo irradiando a través de las ropas. Su corazón empezó a latir con fuerza, le martillaba las sienes como tambores de guerra. Fue entonces que los sintió. Húmedos, suaves y cálidos fueron algunas de las palabras que cruzaron por su mente en un blanco estallido que se hundió a lo más profundo de su cerebro al mismo tiempo que el aroma del vino especiado envolvía su rostro.
No había sido un beso en la boca, sino justo debajo, en el mentón. Pese a eso no había diferencia. La sensación era igual a la vez anterior. Una euforia que se adueñaba de su cuerpo, paralizándolo mientras el pañuelo se escapaba de sus dedos. Pero eso no podía importarle menos ahora. Los labios de Clare habían estaban tan cerca de los suyos y solo podía pensar en eso. Quería devorarlos y dejar que lo devoraran. Aquella no era una sensación inocente. Lo comprendió al luchar contra su cuello para que este no bajara la cabeza lo suficiente para unir sus labios. Su resistencia iba cediendo y la nuca le temblaba. Sus brazos empezaron a formar un circulo alrededor de Clare.
—Yo gane.
Sus palabras brotaron de sus labios solo para introducirse en los de Raki. Fue entonces que se apartó, con lentitud y colocando una mano en el antebrazo del joven. Levantó el pañuelo ante la mirada del turbado joven y con una sonrisa triunfante en los labios.
— Yo gane —repitió casi desafiante.
Raki colocó ambas manos en los hombros de la joven haciéndola dar un suspiro de sorpresa. La miraba a la cara, pero principalmente veía sus pequeños labios con un destello de sed en sus ojos. Trago saliva con pesadez antes de hablar.
—No estoy tan seguro de eso.
